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lunes, 4 de agosto de 2014

La teología que empodera

Hace tiempo que observo con atención este nuevo escenario de la iglesia evangélica, que ha pasado de un rechazo casi patológico al mundo, a no involucrarse con él en lo absoluto, al predominio de teologías escapistas que esperan el arrebatamiento y la segunda venida (y, claro está, el privilegio de las actividades evangelísticas como único contacto con el mundo), a esta situación actual en donde muchos pastores y creyentes entran en política de manera visible. ¿Qué cambió en estos pocos años? ¿Qué explica esta mutación radical de la manera en que la iglesia ve al "mundo"? ¿Cómo así llegamos a tener una Primera Ministra evangélica en el Perú? En la página “Teología Feminista” de Facebook, encontré este excelente texto de la teóloga paraguaya Esther Baruja, quien reflexiona sobre la relación entre la teología de la prosperidad y la participación de los evangélicos en la política. Dice ella:

"Muchos pastores a lo largo de Latinoamérica han incursionado en la política y hasta han creado partidos políticos. En el Brasil por ejemplo hasta tienen bancada parlamentaria. Si van a sus iglesias escucharan sermones relacionados con el éxito y la prosperidad material que los "hijos de dios" merecen. Según esta teología, estas bendiciones vienen en premio a la obediencia. Obediencia a las reglas y a las interpretaciones dogmáticas de cada grupo. Entonces la obediencia es a la denominación, principalmente, y no a "dios" ya que las interpretaciones varían. Aunque se crea presión, miedo, y luego culpa si no se obedece. La explicación de la existencia de la pobreza, desde esta teología, es por la desobediencia y el alejamiento de "dios" de los infieles. No existe una reflexión sobre las estructuras sistémicas de opresión que van más allá de cumplir preceptos religiosos. El ir los domingos a las reuniones, diezmar puntualmente, asistir a conciertos de alabanzas y promover la idea del sexo como lo peor que pasó a la humanidad que sólo se redime con matrimonio heteronormativo son motivos para que "dios" "bendiga grandemente" a una nación.

La nación, sea cual sea el país en donde se encuentre el pastor en cuestión, será "cabeza y no cola", será "lumbrera para todas las otras naciones" y el pueblo prosperará de una manera inimaginable. Estos mensajes se repiten en todas las iglesias de todos los países que tienen este tipo de denominaciones de la teología de la prosperidad.

Siguiendo estas ideas los pastores entran a la arena política, con miles de seguidores ya influenciados con este sueño de partido teocrático, con la certeza de que "dios" debe dirigir el país con la "mayordomía" de estos "siervos", a los que no hay que criticar por cierto. En este escenario es fácil ver [por ejemplo, en Paraguay] como Arnoldo Wiens, pastor menonita, logró ser senador por el Partido Colorado, y ahora su hijo Esteban [está postulando a] un puesto en la intendencia de Ciudad del Este.

Quizá pueda haber comparación entre la elección de Lugo y Wiens. Pero creo que la [teología] católica y la evangélica de la prosperidad [crean] mentalidades diferentes. La primera es más sobre la esperanza hacia un caudillo, que por ser religioso, sea más justo. En el segundo caso es sobre poder, sobre crear una teocracia, sobre "exigir los derechos de príncipes por ser hijos del rey de reyes". El liderazgo político de los evangélicos que siguen esta teología, raya en lo mesiánico”

Yo no sé si por la teología de la prosperidad venga la explicación completa de estos cambios profundos, pero si creo que tiene influencia en todo esto. Esta teología es muy criticada por muchos de sus énfasis, pero si ella es parte responsable de este viraje, lo interpretaría como cosa positiva: sin quererlo directamente, empoderó a los fieles y los empujó fuera de las cuatro paredes de las iglesias. Solo espero que en el futuro no hayan más casos como los de Efraín Ríos Montt, o el de funcionarios menores vinculados a la corrupción generalizada de nuestros países, pero soy poco optimista al respecto.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Cuestión de imagen

Ya pasaron algunas semanas desde el gran escándalo que los medios periodísticos generaron por el particular juramento de la ministra evangélica Ana Jara y la posterior entrevista con Beto Ortiz en su noticiario mañanero. 






Nuestra mediocre prensa fue inmisericorde con ella, catalogándola –con un nivel supremo de ignorancia y prejuicio- como una fanática cucufata (esos fueron los términos más amables). Por supuesto, ellos, muy sabihondos, comentaban sobre lo que es el evangelicalismo, mezclaban términos con un profundo desconocimiento y de inmediato la tacharon, como si el hecho de tener una fe y profesarla fuera un causal potente para no ser un funcionario público de confianza. Hace años que perdí el respeto por la prensa peruana, y esta actitud parcializada que una vez más mostró no me sorprendió en lo absoluto. Como le comenté a una amiga por Twitter, si es tan evidente la desinformación de estos periodistas sobre lo evangélico, y a pesar de “estar en la calle” en los temas que comentan, tratan de mostrar una imagen de conocimiento ante sus lectores, ¿en cuántos otros temas pasa lo mismo? La respuesta se cae de madura: en bastante de lo demás. 

Fuera de ese asunto, hay varias cuestiones que han quedado manifiestas. La primera, la ya mencionada: la pobreza de la prensa. La segunda, la inocencia de la ministra, que en la entrevista con Beto Ortiz mostró una candidez política en sus respuestas que la hizo presa fácil de los buitres mediáticos. Lo tercero, la opinión generalizada de que la religión no debe intervenir en la política. Entiendo que el estado debe ser laico, que las iglesias como instituciones deben permanecer al margen de las decisiones políticas excepto la inevitable misión profética, pero de allí a satanizar a gente que cree en algún Dios, y mueve su vida de acuerdo a la forma en que interpreta a ese mismo Dios, es demasiado. Uno tiene una especial cosmovisión, y el hecho de que ésta sea teísta no me descarta para la función pública, en especial si tengo los conocimientos y habilidades profesionales necesarias (el cual es el caso de la ministra). ¿Por qué debe restringirse mi participación pública, a la cual tengo derecho como cualquier ciudadano, por el simple hecho de tener una cosmovisión teísta? ¿Qué la hace inferior a una cosmovisión no teísta? ¿Qué la hace descartable? ¿Por qué una cosmovisión personal que puede basarse en traumas y prejuicios sería necesariamente superior a una basada en la enseñanza de una iglesia de dos mil años de antigüedad? 

Además, creo que es necesario que se tome nota de esa percepción de una parte de la sociedad respecto a los evangélicos. Siempre existirá, por supuesto, una visión restringida de algunas personas a las cuales hemos contribuido con nuestras particulares taras, pero la pregunta real es si esa imagen que estamos dando es la adecuada en términos de participación política. Porque es evidente que la política nos empieza a interesar cada vez más, pero también es claro que la imagen que tanto ha servido para el crecimiento explosivo de las últimas décadas puede ser contraproducente desde el lado político, porque ser representante de una comunidad implica serlo de todos, no solo de los que son como uno mismo. Esto comienza en asuntos pequeños como el de someternos a un juramento o nuestro desenvolvimiento en una entrevista con un periodista complicado.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Una mirada a los riesgos subyacentes del crecimiento eclesial

domingo, 23 de enero de 2011

Rosas con espinas

La semana que pasó sorprendió al mundo evangélico al conocer que el número uno de la lista de Fuerza 2011 por Lima sería un pastor de una de sus principales denominaciones: Julio Rosas, de la Alianza Cristiana y Misionera. Por años estuvo a cargo de una iglesia en San Martín de Porres, al norte de Lima, fue presidente del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP) en los noventas, antes que la Alianza se aparte de él por razones que hoy suenan a excusa, y asimismo fungió de presidente de su denominación. A estas alturas seguramente ya renunció al pastorado, listo para subir a bordo del achacoso barco legislativo (porque, qué duda cabe, será elegido gracias al autómata voto de las irreductibles masas naranjas) que no le es tan ajeno.

Muchas voces han mostrado su rechazo a este emprendimiento de Rosas. Sin embargo, las cosas deben ser claras desde el principio: todo ciudadano peruano tiene el derecho de participar en política. Sea un sacerdote como el padre Arana, un profesor universitario como Toledo o un economista como Kuczynski, el derecho trasciende nuestra actividad particular. ¿O es que el llamado exime a los pastores por alguna mística razón? Hasta el inmaduro y engreído Kenji Fujimori tiene el derecho de postular. Más aún si somos animales políticos. Rosas, por supuesto, lo es. Su deseo de incursionar en la política es muy grande, y esta aspiración se ha notado al dirigir el CONEP y a la Alianza Cristiana por varios años. Parece gustar del poder, teniendo bastante ambición. Eso, per se, no es malo; en ocasiones se convierte en algo hasta necesario. En realidad, el rechazo viene por otro sitio. Para ubicarlo, creo que nos debemos hacer la siguiente pregunta: ¿Cómo un pastor, que se dice abanderado de la justicia, la paz, la defensa de la vida, la restauración ante Dios y los hombres, la afirmación de principios venidos de Dios y la búsqueda de una vida santa, se involucra con un grupo político que avala las violaciones de derechos humanos, el copamiento abusivo del poder, el autoritarismo, la cultura de la muerte, la virtud política traída del caudillismo familiar, el transfuguismo, el robo a camionadas del patrimonio nacional y la máxima corrupción de la historia peruana? ¿Cómo puede involucrarse con un grupo político que en 1990 utilizó a los evangélicos, hermanos nuestros, con mentiras alevosas, descartándolos luego cuando ya no eran necesarios? Aquí tenemos que indagar.

Ensayando tres respuestas

Se ha hablado de que Rosas es un tonto útil que se está prestando al juego de Keiko Fujimori. Sin embargo, tras pensarlo bien, tengo la convicción de que no es así. Rosas no es un pastor que no sabe nada de política. Él conoce de ella y mucho más de lo que la gente cree: las denominaciones y sus luchas de poder son tremendamente políticas, llenas de negociaciones, concesiones, acuerdos, bandos, serruchos, cuchilladas por la espalda y todo lo que todos ya sabemos de la política, con el matiz de que hay formas que se suelen guardar: todo es para la gloria de Dios. Entonces, ¿qué lo empujó a aceptar la invitación fujimorista? Rosas ha deseado intensamente ingresar a la política desde hace tiempo, pero no parecía tener muchas opciones. Keiko Fujimori estaba buscando la manera de limpiarse de la mugre intrínseca que su candidatura representa: el fujimontesinismo putrefacto. Pocos creen en sus deslindes de Vladimiro Montesinos. Rosas y Keiko tenían una necesidad y algo qué ofrecer. Rosas daría algo de limpieza, de “ética y moral” a la lista fujimorista. Keiko le daría al pastor la oportunidad de su vida, aquella que ansió por tanto tiempo: ser político, y más aún, ser congresista. Entonces, ambos han hecho un trueque que los beneficia, ambos se están utilizando mutuamente.

Lo que llama la atención es cómo Rosas, teniendo ya en sus manos el gran deseo de su vida, no le importó lo demás: hoy defiende a muerte a Fujimori y su camarilla. ¿Qué dice, pastor Rosas, de los muertos de La Cantuta, del niño de ocho años asesinado en la pollada de Barrios Altos? ¿Qué opina de la renuncia por fax de Fujimori? ¿Está de acuerdo con la secreta pero real política de exterminio que ciertos militares aplicaron contra los terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA, de la cual su líder conoció? Hace poco estuvo en la radio, y dijo que el fujimorismo había pedido perdón al país por sus errores; que eso era como el matrimonio, que para avanzar era necesario perdonar, dejando atrás el pasado. No pude evitar la carcajada. Primero, el fujimorismo no está arrepentido. Por ello dicen que las condenas continuas a Fujimori (por corrupción, por allanamiento ilegal, por violación de derechos humanos, por fraude electoral) no son justas, sino parte de un proceso político. Segundo, lo que se cometieron fueron delitos, no faltas. Por ello, tenemos a tanta gente presa, incluyendo al propio Fujimori. Lo que se instauró fue un régimen abiertamente delincuencial, al cual se debe rechazar porque su propia naturaleza ya está pervertida. Las faltas se “perdonan”, los delitos se “pagan” con cárcel. Es patético cuando se buscan argumentos para defender lo indefendible.

La segunda teoría salió de una conversación que hace poco tuve con un amigo sobre el asunto Rosas. Hablábamos de la idea de democracia, y este amigo me dijo que los grupos con los que Rosas tendría más en común -respecto a su idea de la democracia- serían los fujimoristas y los humalistas, los más autócratas del espectro. Quedé intrigado, pero pensándolo mejor, me di cuenta que este amigo tiene razón. La realidad del pensamiento se ve en la práctica, no solo en el discurso, por lo que es necesario considerar al papel de Rosas como presidente de la Alianza Cristiana y Misionera. ¿Qué tan democrático fue? La denominación es vertical, rígida, y fomenta que los pastores alcancen la categoría de vitalicios. Varios de sus pastores tienen veinte o más años en las iglesias que dirigen, las que manejan sin dar cuentas. La democracia se desprecia, ignorando tradiciones protestantes (que, por ejemplo, son la base de la democracia norteamericana) y justificando pobremente su postura argumentando que la iglesia es una “teocracia” y no una democracia. ¿Puede ser el pastor demócrata a niveles nacionales pero autócrata a niveles de su iglesia? Al creer poco en la democracia, Rosas buscaría un grupo afín; como pertenece teológicamente hablando a la derecha de trasfondo fundamentalista, despreciará a los partidos con tendencias de izquierda. Chau Humala. Ergo, su pensamiento calzará con el ideario fujimorista, autoritario como el esquema de gobierno de su denominación. Entonces, que sea el número uno de la lista fujimorista no es algo que debiese llamar la atención.

Una tercera posibilidad es que Rosas fuera tragado por ese virus llamado mesianismo, que ha contagiado a miles de pastores en Latinoamérica, pero que tiene una versión política especializada. Rosas recibe el mensaje de Keiko, creyendo sinceramente que es la respuesta a sus oraciones (como tantos pastores que están convencidos que Dios les habla directamente). Sienten que Dios los “llama” a una nueva “misión”, que en este caso es grande: limpiar el fujimorismo. Está convencido de que los pastores adecentan la política, que puede contribuir a mejorarla; ser congresista da la oportunidad de predicar en las altas esferas del poder, a ser sal y luz. ¡Se cree un escogido por Dios! Esto le hace no percatarse de la imposibilidad de la obra, no percibe que Dios no les está hablando, quizá si hubiese leído bien la Biblia se habría dado cuenta que por estos rincones Dios no camina. Al final, inocentemente colaborará con el partido que lo convoca, siendo manipulado a la larga. Porque, ¿Rosas será el independiente que pretende ser? Intentará ser luz, pero será consumido por el poder. Recordemos el tristemente célebre caso de Gilberto Siura, que llegó a decir que las víctimas de La Cantuta se habían autosecuestrado. Este es el muy posible destino de Rosas. Sinceramente, espero equivocarme.

Espinas puntiagudas

Para mí, Rosas ha tomado una pésima decisión porque está privilegiando sus intereses personales en detrimento de los muchos principios que dice defender por su condición de pastor. Cuando los principios personales predominan sobre los intereses comunitarios, comenzamos mal. Ante el diablo que le mostraba todos los reinos del mundo, él prefirió arrodillarse y adorarlo. ¡Le estaban ofreciendo lo que siempre quiso! Ya sabemos lo que pasa cuando caemos en las tentaciones.

Desde el punto de vista eclesial todo esto es raro, la verdad, porque normalmente los pastores aliancistas de su generación hacen un escándalo si uno de sus líderes se toma una cerveza en un bar o bailan en un matrimonio, poniendo el grito en el cielo, pero Rosas ya está defendiendo al reo Fujimori sin pelos en la lengua. Tremenda contradicción, o una señal de dobles estándares. ¿Principios? No existen. ¿La moral y ética que dice llevar al fujimorismo? No existe. Todo es un intercambio, donde Rosas es uno de los beneficiados. No importa la gran contradicción de defender actos de probada corrupción y a la vez hablar de valores, lo que importa son los intereses y deseos personales: los de los fujimoristas y los de Julio Rosas. ¿Esto es asear la política? No, es la misma vaina de siempre.

miércoles, 6 de enero de 2010

Hijos de la insurgencia

Latinoamérica es amante de los esquemas controladores y dictatoriales. Nos gusta la mano dura y que las botas llenas de barro nos tengan bien pisoteados, mientras hacemos mil ejercicios de sobrevivencia con salarios subsaharianos. Para afuera deseamos libertad pero en el fondo, al lado del corazón, añoramos a los Chávez, Velascos, Fujimoris, Pinochets y Ortegas. Por ello los cristianismos que privilegian el control han prosperado tanto en nuestros países. El pentecostalismo, lleno de pastores estrictos y sometimientos inverosímiles que la gente acepta de buena gana, es un perfecto ejemplo, casi ideal a pesar de la horizontalidad que trajo la democratización del carisma. Su crecimiento sigue dándose porque calza con el alma latinoamericana, tan carente de figura paterna y abundante en dioses débiles y serviles.

Todo esquema de control siempre se va implantando por etapas, suave al inicio, pero que al final sataniza con voracidad a los críticos, mientras alaba las estructuras que se definen como tierra santa, como el santuario incólume que debe mantenerse por-los-siglos-de-los-siglos-amén. Los líderes mismos, los llamados, tienen caracterizaciones especiales, cada vez más altas y cercanas a las nubes. Los apóstoles de hoy son un claro ejemplo: intocables, casi todopoderosos, poseen un robusto apetito por controlar que se acompaña de una enorme hambre de sus congregaciones por ser controlados. Una sincronía perfecta en la que todos, aparentemente, están felices. Pero estar felices no necesariamente es sinónimo de que todo está bien.

Algunos de nosotros no vemos las cosas como si estuvieran al lado del cielo sino que, con cierto temor, consideramos que el riesgo que la iglesia asume hoy por su estilo de liderazgo es desmedido. Creemos que la verticalidad en las relaciones del clero evangélico y el laicado no hace bien a la gente, la estupidiza, no la permite desarrollarse, la convierte literalmente en un rebaño. Sin embargo, entendemos que la superación de esto puede tomar algunos años más. ¿Muchos? No lo creo. La tecnología y la facilidad de la interacción de las personas de hoy puede empujar con mucha rapidez a los cambios, a pesar de la pobreza y la enclenque educación que recibimos.

Mientras las cosas van cambiando, sin embargo, algunos tratan de apurar el proceso, en abierta oposición al establishment. Por supuesto que el liderazgo reacciona y ve a los opositores casi como embajadores del mismo Satanás. Han protegido las estructuras generando marcos de “pensamiento” bastante estrictos, en donde los disidentes son poco espirituales y deben ser alejados y sus palabras no escuchadas. No quiero ni imaginarme si aún estuvieran vigentes los métodos de la inquisición católica romana.

La rebeldía y la insurgencia son, entonces, malas palabras, antivalores dignos de los no creyentes, de los ateos que no quieren saber nada con Dios. Lo paradójico del asunto es que si estas actitudes no hubieran existido en la historia de la iglesia, probablemente aún se cobraría dinero por las indulgencias. Sin rebeldía e insurgencia, Lutero jamás habría publicado sus 95 tesis, Savonarola se hubiera quedado tranquilo en su monasterio dominico, silencioso ante la degeneración de los Borgia, y Calvino nunca hubiera configurado su teología. Y no existiríamos. O seríamos los católicos que muchos no toleran, o los sectarios que otros desprecian u alguna otra cosa que solo imaginarla provoca escalofríos. Sin rebelión ni enfrentamiento contra la institucionalidad religiosa, no existiría la iglesia evangélica. Somos, pues, hijos de la insurgencia, y querrámoslo o no, debe ser algo que debe marcar nuestro constante caminar. Nuestro andar en pos de ser los mejores cristianos que nos sea posible. Insurgencia no debe ser una mala palabra.


Imagen: http://www.manueltalens.com/imagenes/angel.jpg

viernes, 25 de septiembre de 2009

Iglesia reformada, siempre reformándose

Una de las clases de microeconomía de todas las universidades del mundo introduce al estudiante al estudio de la ley de los rendimientos decrecientes. Supongamos que deseamos producir algún bien agrícola, como por ejemplo papas, en una hectárea de terreno. Puedo usar un trabajador y produciré 10 kilos de papas; usando dos trabajadores produciré 25 kilos de papas (una producción obtenida más que proporcional a la que logra un sólo trabajador). Puedo añadir uno más y quizá se produzcan 45 kilos de papas. Si se dan cuenta, el aporte del primer trabajador generó 10 kilos de papas, el aporte del segundo añadió 15 kilos más y el aporte del tercero puso 20 kilos adicionales. A esto se le llama productividad marginal del trabajo, que al inicio suele ser siempre creciente.

Lo que va a suceder es que uno puede continuar contratando trabajadores y aumentando la producción, pero llegará un punto en que ya no crecerá más, sino que puede incluso menguar. Imaginen 50,000 trabajadores en una hectárea de terreno: probablemente se estorben más que lo que puedan trabajar. ¿Hay una solución a este dilema, que genere un aumento de la producción? Sí, y pasa por incrementar la productividad de cada trabajador, o la productividad de la misma tierra o de las semillas, o cambiar radicalmente la totalidad del sistema de producción.

Es posible hacer una extrapolación de estos principios. Por ejemplo, dentro del mundo de los movimientos religiosos, existe “un fenómeno típico en los movimientos históricos, que consiste en que después de comenzar con la espontánea creatividad de una búsqueda dinámica, poco a poco se van institucionalizando hasta perder casi totalmente la flexibilidad de sus inicios y su original capacidad de sorprender. En muchos casos, este proceso termina en un estado senil de arterioesclerosis institucional” (1). Surge un momento de creación y explosión de las comunidades que suelen reaccionar ante la devaluación de sus grupos matrices. Estas comunidades determinan nuevas formas de hacer la fe, más libres y más ceñidas al texto bíblico, y poseen un gran dinamismo y vida espiritual, con gran celo evangelístico y, en ocasiones, con desarrollos teológicos interesantes (en términos del párrafo anterior, esto es el cambio de todo el sistema de producción). Lamentablemente con el tiempo se solidifican, se aburguesan, olvidándose de la motivación que les dio origen. En ocasiones la misma generación creadora que hizo los cambios en sus años mozos es la que la lleva al adormecimiento año tras año, mientras su liderazgo envejece sin deseos de ceder la posta. Muchas denominaciones evangélicas han sufrido de este proceso que es prácticamente natural. Y la propia Reforma del siglo XVI es esto a un nivel macro, donde la iglesia católica con sus muchas perversiones sufrió una escisión que buscaba la pureza y el respeto por los principios bíblicos. Vale la pena decir que el protestantismo ha visto muchas veces este proceso de nacimiento-crecimiento-aburguesamiento de nuevas formas de ver la fe.

Estudiar estos ciclos es en verdad un tema apasionante, porque encontrar el secreto que extienda al máximo los períodos de crecimiento de la espiritualidad de las iglesias suena a panacea, y saber qué hacer cuando nos encontramos en productividad negativa (en palabras de Stam, estado senil de arterioesclerosis institucional) es algo que las iglesias pagarían caro por saber. No hay respuesta definitiva, pero sí algunos principios que son un punto de partida.

Los propios reformadores parecen haber estado atentos a estos procesos históricos y hablaron de algo que se puede hacer para alargar, y quizá perennizar, los procesos de vida de las iglesias: “la iglesia reformada, siempre reformándose”. De esta manera, la iglesia de manera permanente podría estar en un proceso virtuoso que la lleve a una dinámica de inquebrantable vida espiritual y eclesial, de ejemplo y referencia para el mundo que la rodea. Lástima que esto les guste a pocos, en especial a los que controlan iglesias y denominaciones en todo el planeta. Pedir una reforma permanente implica revisión de dogmas, cambio constante de personas, cero hambre de poder y control, relaciones horizontales con el mundo en el que vivimos, activo sacerdocio de todos los creyentes, altas dosis de humildad, mucho amor por el reino de los cielos, desprofesionalización de la labor pastoral/sacerdotal, pasión sincera por las almas, escasa tendencia al fundamentalismo, oído permanente a la voz profética que es enviada por Dios, corazones abiertos a los cambios que vienen de lo alto. En realidad es bastante pedir. Casi un sueño muy preciado.

Pero sin sueños, ¿vale la pena seguir?



Referencias

(1) Juan Stam. “Sobre la teología de los reformadores: unas reflexiones” http://www.iglesiareformada.com/Stam_Teologia_Reformadores.doc (25/09/2009)

(2) Imagen: http://economiauniversitaria.files.wordpress.com/2009/04/042509-1235-tallerdeeco2.png

miércoles, 15 de julio de 2009

Cansado

Estoy muy cansado.

- Cansado del sí pero no ("tu mensaje es válido pero no tienes derecho a hablar", "tu crítica tiene sentido pero no sirve porque no planteas soluciones", “tu espíritu es bueno pero tu carne te gana y no se ve la orientación del Espíritu”). ¿Siempre tenemos que dorar la píldora? ¿Acaso nada está bien?

- Cansado del sometimiento al receptor de los mensajes porque "atacamos a lo que ama, pobrecito. Debemos amar al hermano débil". ¿15 años en la iglesia, y lo siguen considerando débil?

- Cansado de mi nula inteligencia a la hora de transmitir lo que quiero decir. Se me olvida que a los peruanos no nos gusta el mensaje directo. Se me olvida el amor que deben transmitir mis palabras.

- Cansado de lobbys y políticas eclesiales, a todo nivel. De sínodos denominacionales, o de miembros que intercambian información entre ellos. Cansado de ser parte de esto.

- Cansado de no aprender a medir mis reacciones y ser algo más diplomático.

- Harto de ver cosas que el resto no ve. ¿Son cosas reales? ¿Son cosas gaseosas e irrelevantes? ¿El pastor en realidad no es autoritario? ¿La gente en realidad no es adicta a él? ¿No somos fundamentalistas? ¿Todo eso no es más que mi subjetividad?

- Harto de hacer algo por cambiar las cosas (algo, al menos levantar la voz de crítica) sin hacerme el loco, o el disimulado o el que trata de cambiar las cosas desde dentro de a pocos.

¿No era todo más fácil antes? ¿En los tiempos de ovejas sometidas? ¿No era mejor ser bien peruano y hacerme de la vista gorda? ¿No viviría más tranquilo de esa manera?

viernes, 15 de mayo de 2009

Viejas frustraciones

Hay una frase que escuche hace años a alguien en la universidad: “No existe el brasilero moderado, ni el argentino humilde, ni el peruano sincero”. Con eso de “o mais grande do mundo”, o el conocido orgullo argentino que ha trascendido fronteras, la hipocresía peruana resalta como una cualidad abyecta, más negativa, aunque siempre sospeché que más que sólo nuestra, es un defecto latinoamericano, heredado de nuestros vicios históricos que comenzaron con el grito de “¡Tierra!” la madrugada que Colón llegó a las Bahamas.

Al casarme con una mujer de diferente cultura, me di cuenta que Dios me había traído un espejo que permitía verme con claridad, sin la sutileza de las excusas de mi “medio ambiente”. Lo que varios escritores decían, al igual que amigos que venían de vivir en el extranjero, era totalmente cierto: somos la tierra de las dobles caras, de la doble moral, de la envidia y las palabras indirectas. Nunca decimos las cosas de frente, nunca encaramos, nos cuesta confrontar, y utilizamos otros mecanismos para expresar lo que pensamos. Procedimientos que están muy, muy lejos de “la verdad os hará libres”.

Es triste ―aunque natural, porque no somos seres aculturados― cuando esto se mete en la iglesia. Triste cuando un pastor aprovecha su sermón para dar el “café” de la semana, en lugar de hablar con la persona supuestamente en falta. Triste cuando utiliza la prédica o la clase de escuela dominical para dar el mensaje de corrección. Triste cuando uno percibe que el caso que él cuenta en la prédica es en verdad algo que le ha sucedido a alguien de la congregación.

Es triste cuando el pastor/apóstol/predicador/líder es tan cobarde que no tiene las agallas de decir lo que realmente piensa sobre la gente, sino que mediante pequeños mensajes desde el púlpito, utilizando la palabra de Dios como arma, o en devocionales totalmente manipulados ―donde se critica a sí mismo, asumiendo la falta que ve en el otro―, expresa su pensamiento real, que no es el del domingo de después del culto, con la sonrisa falsa al darte la mano y diciéndote un estereotipado “Dios te bendiga”. Que asqueroso uso de la Palabra, cuando se proclama como el llamado por Dios, como el santo o la voz autorizada, pero utiliza la Biblia para argumentar a favor de su carne y sus oscuros deseos. Y cuando alguien lo confronta… pues evade, se hace el loco, con él no es, dice que estamos pecando porque no nos sometemos al ungido; como decía, la cobardía sale a flote.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, por si acaso.

domingo, 12 de octubre de 2008

Simplificados


Pasa el tiempo y no se me pasa la frustración por el exceso de simpleza de los cristianos. Por leer tres líneas sacan conclusiones; por ver el perfil en Facebook ya me conocen de la cabeza a los pies y logran detectar la naturaleza de mi “problema”; por un comentario borrado en un blog comunitario me acusan directamente de actuar con saña cuando nada he tenido que ver.

Claro que las tres únicas líneas que leen suelen no están de acuerdo con lo que piensan esos cristianos. Ergo, quien está mal soy yo. Sin embargo, pronto no pueden pelear en el campo de la argumentación y las ideas coherentes (los evangélicos no estamos acostumbrados a la argumentación racional sino a la afirmación categórica. Y eso que no hablamos de teología compleja ya que yo sólo soy un aficionado curioso) y entonces van con lo siguiente: "la actitud, es un problema de tu actitud: lo veo en tu blog, en ese otro blog, en TSN, en Lupa". Siempre es lo mismo: cuando no puedes con lo objetivo, anda con lo subjetivo. Allí, todo vale.

La cadena simplista del uno-más-uno-igual-a-dos con demasiada frecuencia va así:

- A los ungidos nunca se les toca porque inclusive el propio David respetó al ungido de Jehová cuando tuvo la oportunidad de matarlo.

- A las congregaciones tampoco se las toca.

- Mucho menos, a la iglesia.

- Si hay problemas deben SIEMPRE quedar en casa, jamás exponerse al gran público de Internet porque no son de edificación y causan división en la iglesia. Ni más ni menos que la teología del maquillaje.

- Si haces lo contrario, por supuesto, es por tu actitud beligerante o por tus conflictos no resueltos. Puedes ser inteligente, saber argumentar, pero tu actitud negativa mata todo lo positivo que pueda existir. Mejor sería que te quedes callado, que cambies el tono de lo que escribes o que suprimas el blog.

Yo creo que los problemas se enfrentan, sea desde el seno de las propias comunidades aunque también desde la vereda de enfrente, desde afuera, porque muchas veces esa es la única tribuna disponible. Y creo que deben enfrentarse más allá del uno-más-uno-igual-a-dos, abandonando los cómodos silencios de la complacencia. Pensemos en los apóstoles del mundo neopentecostal que me hacen recordar a los brahmanes hindúes. ¿Saben la historia? (1) Se supone que cuando nace un brahmán es superior a todo el planeta y, por ello, es señor de todas las criaturas. Todo lo que existe en el mundo es su propiedad privada, teniendo derecho a todo. Su única labor es instruir en el conocimiento del mundo al resto de la gente, inferiores. Entonces, los brahmanes son intocables como los apóstoles son en la práctica. ¿Qué haces con esta anómala situación? ¿Sólo orar, como me decía un hermano guatemalteco mediante un correo electrónico? ¿Esperar el juicio del Señor, ya que sólo él toca a su “ungido”? ¿Quedarse callado es lo que edifica a la iglesia? ¿Exponer el problema es malo porque causa división? ¿Es mejor la inacción ante lo que nos destruye poco a poco?

Hablar sobre lo defectuoso del liderazgo -por ejemplo- no es hablar mal de la congregación que muchas veces sufre en silencio el abuso. ¿Creen que así se divida la iglesia? ¿Mas de lo pulverizada que ya se encuentra? Yo no creo: es, en realidad, el modelo monolítico del liderazgo el causante de nuestra triste realidad en cuanto a la "unidad". Hablar de los problemas no mata ya que la autocrítica es siempre necesaria para la supervivencia sin caídas monstruosas como las que vemos ahora, por ejemplo, en el otrora orgulloso mundo de las altas finanzas. Mostrar sólo lo bonito distorsiona la vista.

Claro, la simpleza no tolera la autocrítica porque nos obliga a pensar. Y pensar, lamentablemente, es un ejercicio poco desarrollado en las iglesias de mi país, el Perú.


Referencias
(1) La historia la saco de http://www.elpais.com/articulo/semana/Culpables/millonarios/impunes/elpepueconeg/20081012elpneglse_5/Tes
(2) La fuente de la imagen es http://cremc.ponce.inter.edu/carpetamagica/images/suma2.gif

lunes, 16 de junio de 2008

Plancha quemada

Una pequeña introducción

Aquí en el Perú, cuando somos niños, solemos jugar un juego llamado “las escondidas” que, por lo que sé, tiene nombres diversos en cada país de Latinoamérica. Uno de los niños, al que llamaré el buscador (olvidé el nombre) cierra los ojos, de frente contra una pared, y cuenta hasta 20, 50 o lo que se haya predeterminado. Luego, tiene que buscar a todos los demás. Si encuentra, por ejemplo, a Daniel grita:

¡Ampay Daniel!

Y va corriendo al lugar donde hizo el conteo, tocándolo para que el ampay sea válido. Y así sucesivamente con los otros. El primero en ser encontrado es el perdedor, mereciendo el castigo de hacer el próximo conteo, y cada uno tiene la oportunidad de salvarse si toca la pared antes de la persona buscadora gritando:

¡Ampay me salvo!

Y ya, está salvado. El último en ser encontrado tiene un poder especial: puede salvar a todos si llega primero a la pared de conteo, y el buscador deberá repetir todo de nuevo encontrando a los demás.

¡Ampay me salvo y con todos mis compañeros!

Hay otra particularidad. El buscador puede ver a alguien y correr a la pared de conteo:

¡Ampay Daniel!

Y no era Daniel, era Christian. Entonces Christian salía corriendo gritando:

¡Plancha quemada! ― Porque el buscador creía que era uno, pero era en realidad otro. En algunas versiones del juego allí terminaba todo para reiniciar otra vez. En otras, en cambio, simplemente se salvaba el beneficiado por la plancha quemada.

La torre de Babel

Ahora sí voy al punto. Para mí, prender la principal radio evangélica de Lima ―Radio del Pacífico― para escucharla es un desafío para la ecuanimidad. Con el fin de aglutinar a la mayor cantidad de tendencias, la anterior administración de la emisora decidió que temprano en la mañana oigas el programa de un presbiteriano, reemplazado por un locutor de un ministerio carismático que habla del espíritu del resfrío; luego predica un pastor bautista, e inmediatamente escuchas a Cash Luna, Luis Palau o alguno de su tipo hablando de un tema del tipo Dios te ama, perdonando al vecino o las cinco maneras de ser un vencedor; de inmediato un grupo de hermanos nos entrega una secuencia de oración para liberar a Lima del control de su espíritu territorial; otros nos ofrecen la franquicia del G12 de Castellanos o venden el modelo de iglesia con propósito y así sucesivamente. Es, en cierto sentido, la torre de Babel, donde se hablan todos los idiomas teológicos.

Con frecuencia se escuchan verdaderas rarezas como seminarios (¿?) que ofrecen doctorados en menos de un año junto a prédicas que sorprenden no por su llegada sino por su contenido de cartón reciclado que de sólo escucharlas uno siente vergüenza ajena. ¿Cómo este individuo puede decir esa tontería en una radio que es escuchada por una proporción no tan pequeña de la comunidad evangélica? ¿Cómo puede opinar tal cosa digna de un actor cómico? ¿Y la censura? ¿Cómo afirmar con con tanta seguridad tal otra cosa? La sensación es igual o peor que la que tienes al leer los comentarios de un foro “cristiano”: la gente aquí tiene un tornillo suelto o ni siquiera tiene tornillos. Parecería que no tienen nada.

Hay problemas demasiado serios. Terriblemente severos.

Y no hablamos de hermanos recién convertidos, sino del pastorado militante que dirige a la ovejuna masa evangélica de nuestra América Latina. Por estos días hay un escenario extraño en el pastorado porque una parte ha ascendido convirtiéndose en apostolado, rechazando toda sumisión a otros. Algunos dirigen con mano de hierro y autocracia absoluta sus iglesias locales. Otros, sutilmente, reemplazaron las normas denominacionales de tradición democrática por leyes que les dan todo el control en su parcela local. Algunos desean pleitesía y fama mientras toleran algunos pecados de sus miembros más importantes. Otros pierden el control por una falda, el dinero, el reconocimiento, la envidia corrosiva, la necesidad de una iglesia grande y exitosa, el viajar por muchos países, el tener muchos cargos de bonitas siglas para que se sientan un poco más importantes (1). Algunos están engullidos por un orgullo enfermante. Otros, por vicios ocultos que jamás serán capaces de admitir pero que son evidentes al tan solo escucharlos aunque por supuesto predican santidad y corrección desde el púlpito o sus clases. El común denominador es que todos nunca han resuelto sus problemas emocionales.

Psicólogo ¡urgente!

¿Pastores con problemas emocionales? ¿No es que en Cristo somos nuevas criaturas y las cosas viejas son dejadas atrás? ¿No es que a los ungidos del Señor no se les puede tocar?

Una vez escuché que el alma de un niño es como un piso de cemento fresco, totalmente moldeable. Una paloma se posa en él, y deja su huella. En cambio, un adulto suele ser como el cemento seco de una vereda o una cancha de fulbito. Viene un elefante dejando sus pisotones pero nada pasa. Sin embargo, allí está la vieja huella de la paloma, que no se borra.

Suele suceder que pocos, con seriedad, ayudan a los cristianos con problemas emocionales serios a solucionar sus conflictos porque se espera que el Espíritu Santo corrija todos los problemas del creyente. Es obvio que esto no es así (ya escucho las vocecitas que dicen que no tengo fe, que soy un liberal, que blablabla) pero más aún, los líderes a veces no están capacitados para eso. Además, la conversión suele cubrir temporalmente las huellas de los problemas emocionales que resurgen cuando el primer amor se acaba, cuando la emoción de las primeras palabras de la conversión se evapora. Y allí el cristiano se transforma. O vuelve a ser el de siempre, cubierto de huellas de palomas.

Una realidad que se debe reconocer es que el pastorado puede llegar a atosigar con una presión enfermante. Por ejemplo, lo políticamente correcto se vuelve variable importante y te ves obligado a portarte de cierta manera diciendo las cosas de una forma determinada para no ser marginado por el gremio o la congregación. La gente te observa permanentemente: como miras, como te suenas la nariz, la ropa con la que te vistes, tu sonrisa, tu tono de voz. Eres permanentemente evaluado. Y la presión que se genera es enorme, un poco como una estrella famosa, y por supuesto existe el riesgo de colapso a lo Britney.

Otro riesgo gigante es el orgullo, el viejo serás como Dios del jardín del Edén que es un lastre de nuestros políticos y los pastores. Por el orgullo se han creado denominaciones enteras que olvidaron la misión de Dios por construir su propio feudo de religiosidad, conviertiéndose en nuestros fariseos modernos. En nuestra Latinoamérica abundan por montones, aunque gracias a Dios también tenemos muchos de los buenos, que de verdad viven el sacrificio del ministerio y se entregan completamente a la tarea de ser obreros de la grey de nuestro Señor Jesucristo.

La ecuación es peligrosa:
Problema emocional +
Conversión +
Poca ayuda efectiva +
Llamado al ministerio +
Grandes presiones del pastorado (atosigamiento) +
Grandes presiones del pastorado (orgullo)

= BOMBA DE TIEMPO (de estas tememos miles de miles)

Imaginen entonces, la siguente secuencia:

X es una persona con problemas emocionales muy serios que un día se convierte a la fe de Jesucristo. Se consagra completamente dejando de lado los problemas y parece mejorar pero sin que nadie lo ayude con efectividad a una real solución de sus conflictos. Tiempo después, siente un “llamado” y se mete al Seminario convirtiéndose en el centro de atención de su iglesia, en un creyente de otra categoría (¡es un seminarista, por favor!). Los problemas emocionales continúan pero están cubiertos. Luego, X se gradúa y se va a trabajar a una iglesia, donde los hermanos lo tienen en buena estima y la amenaza del orgullo se multiplica por 1000. X sucumbe, se vuelve controlador, personalista, nadie lo puede corregir porque se siente más cerca de Dios, porque sabe más, es más inteligente (según él mismo) y así sucesivamente… aquí los viejos problemas emocionales han mutado hasta convertirse en un monstruo incontrolable. Pasan los años y X se cree todavía más santo hasta que explota por completo. Si es casado, se fuga con su secretaria o con el vigilante de la iglesia. Si es soltero, es descubierto en su adicción a la pornografía, su enervante envidia a los casados o acaba acosando sexualmente a una adolescente. ¿Pura ficción lo que digo? Les aseguro que ha pasado con exagerada frecuencia.

Prolegómenos

¿Y dónde comenzó todo? En el viejo problema emocional irresoluto, que se ignoró por completo, ese que nunca se quiso admitir. ¿Es que todos los pastores latinoamericanos son así? No, jamás dije eso. Conozco excelentes pastores que fielmente sirven a su grey sin tratar de alimentarse de la carne de las ovejas. Pero tras escuchar Radio del Pacífico y leer los foros cristianos, leer un poco y andar un tanto por allí es evidente que… hay serios problemas en el liderazo evangélico. Las perspectivas son oscuras a pesar de las promesas de avivamiento o de la campaña de consagración del país de Franklin Graham o Marcos Witt.

Plancha quemada, entonces. La gente suele creer que el pastor es perfecto, santo, casi sagrado, y muchas veces el pastor también lo cree así, pero luego saca las garras y se manifiesta realmente tal como es: una persona completamente humana, llena de conflictos como cualquiera, pero que puede seguir los pasos de los dictadores autoritarios que copan todo el poder, o cometer un pecado grosero. Plancha quemada, porque muchas veces se creen lo que no son. Plancha quemada, porque la iglesia necesita otro tipo de liderazgo (aunque estén jubilosos de su pastor-sacerdote-caudillo). Plancha quemada, pero jamás lo querrán admitirlo. Y si lo aceptan, no se hace nada.
Referencias
(1) Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos, de Los Prisioneros.
(2) La fuente de la foto es www.electromanuales.org

lunes, 15 de octubre de 2007

La mutación del liderazgo

Aunque el coaching y el mentoring están cambiando el panorama del liderazgo en el mundo organizacional, todavía los líderes son vistos con un aura de misterio, como separados del resto, con cualidades especiales o talentos que los demás no tienen, despachando allá arriba en sus oficinas del tamaño de un departamento pequeño, tomando decisiones trascendentes para mucha gente, observando el panorama con visión global y expresando potentemente una imagen de seguridad.

Demás está decir que en las comunidades cristianas casi es lo mismo. Dentro del catolicismo, la separación entre el clero y el laicado tiene una explicación teológica (mis amigos católicos pueden explicar esto mucho mejor que yo), y en las iglesias protestantes es algo parecido aunque menos riguroso. ¿Cuál es la imagen del pastor? El terno, en lo posible impecable, la prédica homilética, la distancia respetuosa definida con la congregación. La formalidad. La liturgia. La profesionalidad, que a veces oculta al don. La seguridad. Eso para nada es malo. Ha sido el repositorio sobre la cual la iglesia ha crecido, y madurado por muchos años aunque las cosas están diseñadas para que el líder tome el control y no para que sirva al resto, pero esto está siendo cuestionado.

No sé qué piensen ustedes aunque ya he hablado de esto antes. Quizá canse a algunos, pero la cosa es hoy por hoy más horizontal y relacional. El pastor gurú que me daba todas las respuestas está al borde de la jubilación, y es el seno de la comunidad en interacción plena, en el compartir entre todos, en donde nacen todas las nuevas interrogantes y las nuevas soluciones. Esta comunidad tiene un diseño distinto al anterior que tiene presente que el que "anhela obispado es porque buena obra desea", pero sabiendo que "si alguien quiere ser primero pues debe ser postrero". Esta comunidad quiere aplicar de verdad esta realidad bíblica.

La homilética se está transformando (¡y este lugar, Internet, es la prueba de eso!) y hoy todos podemos hablar y comentar gracias a esa maravillosa herramienta llamada blog, que permite que la voz fluya en dos sentidos; ya no sólo viene del púlpito, sino de “abajo”. Y este “abajo” presiona y condiciona al nuevo liderazgo (que, como decía, la tiene clarísima cuando entiende que tiene que servir de verdad y no hacerse servir) con sus propios parámetros: un fluir real del don que el Espíritu Santo nos ha dado, adiós a la formalidad disuasiva y separatista –no más corbatas, no más elegancia-, bienvenida a la prédica diseñada para el oyente y no para el esquema teológico del seminario, esto es, gráfica, narrativa y absolutamente dialogante, pero por sobre todas las cosas, priorizando la transparencia a la seguridad.

Sí, transparencia. Los líderes están distantes y no se muestran como realmente son -esta es una realidad fulminante en muchas iglesias-. Predican bonito, aconsejan muy bien, pero no se sabe lo que sienten, lo que sufren ni lo que sueñan (a menos que sean sueños de grandeza ministerial). Ahora la seguridad se está desechando porque es mejor la transparencia, y el “abajo” pide un líder como ellos, no un oráculo místico sino alguien que se muestre tal cual es con virtudes, defectos, luchas, crisis, dilemas, fracasos, éxitos, alegrías, penas, dudas, certezas, miedos, esto es, que se muestre en toda su humanidad. Sin imágenes prefabricadas, sin máscaras, totalmente cristalinos.

domingo, 12 de agosto de 2007

La campaña del 92

El primer día de Septiembre de 1992 un grupo de hermanos de la Iglesia “Vida Abundante” de Villa María del Triunfo[i] decidieron hacer una campaña evangelística en la Plaza de Armas del distrito, donde se encuentra la municipalidad. No era un buen tiempo en realidad ya que era una época confusa, perdida, temerosa, diría yo que hasta cruel (¡Sin exagerar!). En Julio los terroristas habían dinamitado la calle Tarata en Miraflores[ii], meses antes despedazaron a María Elena Moyano en Villa El Salvador[iii], a pocos minutos de la iglesia, y los juegos olímpicos en Barcelona daban una muy falsa sensación de equilibrio y orden, ese que envidiaba todo el Perú. La medalla de plata de Juan Giha[iv] era un pobre aliciente a la esperanza de la nación aunque, al menos, era algo. Pobre, yo sé, pero una cosita pequeña al menos.

En la reunión del consistorio se definió que la fecha ideal para la campaña era el sábado 12 de Septiembre. Una persona iría a la comisaría para informar de la campaña -tema básico ya que era indispensable tener un permiso policial-, otra se encargaría de alquilar el equipo de sonido con dos grandes parlantes usados usualmente para hacer polladas bailables[v] a un lugar frente al Hospital Maria Auxiliadora[vi]. Uno de los miembros hizo notar que según la cartilla de racionamiento del servicio eléctrico la zona tendría electricidad de cero horas hasta las 8 de la mañana, y luego desde las cuatro a la medianoche[vii]. Ese dato era importantísimo e hizo que todos acordaran la hora de la campaña: cuatro de la tarde. El pastor expondría una prédica instando a los asistentes a orar por el Perú pidiendo que la escalada de violencia se acabe de una vez, para terminar con un llamado a la conversión. No era fácil tomar la decisión de ir y predicar en una plaza, por lo menos no en ese tiempo y más aún en un barrio marginal. Para agravar el asunto, días antes aparecieron unas pintas apologéticas de Sendero Luminoso[viii] en las calles y pensaron en postergar, aunque se tomó la decisión de continuar.

-Siervos, oremos por un derramamiento del Espíritu Santo en el día de la campaña. Pidamos al Señor para que todo sea seguro y que Dios nos proteja de cualquier mal que pueda avecinarse.

El sábado a las dos de la tarde estaban todos en la iglesia cargando lo necesario a pesar del temor (¡Un par de hermanitos estaban literalmente muertos de miedo!). Alguien fue hasta la Pista Nueva[ix] para alquilar una camioneta destartalada -abollada por todas partes y con las puertas que se aseguraban con un alambre- donde llevar el equipo de sonido, las Biblias, el material, los cables, unas escobas, algunos trapos, las pancartas, unas banderas del Perú y otras cosas mínimas. Tan viejo era el vehículo, que parecía que no podría subir la pendiente, pero todos sabemos que los milagros existen. Al llegar, bajaron las cosas con calma, limpiaron el escenario y comenzaron la instalación. Los curiosos miraban con algo de recelo pero igual sólo observaban, conservando la plenitud de su desidia. Diez minutos antes de las cuatro, todo estaba listo, esperando que llegue la electricidad.

- ¿Estas seguro que la corriente viene a las cuatro?
- ¡Claro pe hermano!, Aquí está en el periódico, mira y no seas desconfiado.

Sin embargo, se hicieron las cuatro y veinte y nada pasó.

Todos empezaron a preocuparse. ¿Tanto esfuerzo, tanta oración para nada? Cundió la desesperación, se aceleraron los corazones, empezaron a sudar a pesar del invierno y la garúa que caía hasta que alguien notó que uno de los negocios adyacentes tenía un grupo electrógeno que sonaba muy discretamente, como queriendo ocultar su presencia. ¡Era la solución! Se designó a dos personas para que se acerquen a pedir el favor de que los ayuden con la contingencia. Pero regresaron en el acto con la cara pálida, como si hubieran visto a un fantasma o al mismo diablo.

- Hermanos, hay un problema
- ¿Cómo que hay un problema? ¿Qué puede pasar?
- Este… es que no se puede pedir nada a ellos.
- ¿Cómo que no? ¿Cuál es el asunto?
- Es que… ese negocio es una peluquería, y los que atienden son dos gays.

Aquí comenzó la vociferación.

-¡No puede ser! - Decía uno
- ¡No podemos contaminar la obra de Dios con el contacto con esos inmorales! –gesticulaba otro.
- No, ni hablar, se cancela la campaña. -Dijo uno de los pastores.
- Mejor nos vamos, no nos mezclemos con esos maricones, por favor, ¡vámonos, mejor venimos otro día! –gritó una anciana desdentada que parecía tener todos los años del mundo.

Una gran parte de la iglesia quería suspender todo. Pero Jorge Pérez, un joven no tan chato, gordito, medio mofletudo, fue a la esquina, habló con los peluqueros y consiguió que gentilmente ellos den el permiso para conectar el cable a su máquina. El mismo Jorge lo hizo y casi a las cinco de la tarde le ofreció el micro al pastor que dudó mucho porque tenía demasiadas miradas de desaprobación, lo que motivó a que Jorge mismo sea el que inicie la campaña:

- Buenas tardes, somos de la Iglesia Vida Abundante, y hemos venido a orar por el Perú…

Al poco rato el pastor tomó fuerzas, quizá porque habían muchísimas personas que se juntaban entre la tenue penumbra y no había demasiado tiempo, y tomó el micrófono. Al bajar, Jorge notó que uno de los gays se había acercado para escuchar. Se le aproximó e iniciaron una conversación. El resto de hermanos estaba algo lejos pero cuchicheando, pero no importaba demasiado. Quizá en ese momento algo se iniciaba en el corazón de estilista. Quien sabe.

Poco después de las seis y treinta se terminó todo orando por la paz en el país y haciendo un llamado al que respondieron algunas personas. Luego, mientras todos ponían en orden las cosas y acomodaban los equipos en la carcocha, Jorge se acercó a la peluquería para agradecer por el bonito gesto de permitir usar electricidad queriendo pagarles por eso, pero se rehusaron.

- ¿Cómo les vamos a cobrar, si hablan de Dios? Es un regalo para ustedes.

Había barullo, y a pesar de él, se podía conversar algo. Jorge les explicaba sobre la necesidad de orar por el país, la obra de Dios en nuestras vidas, la respuesta de Dios a las oraciones, el llamado de Dios a toda criatura.

- Todo suena muy bonito, pero tu iglesia no nos acepta, y Dios tampoco.

Difícil réplica a eso. Pero justo en ese momento, todo el universo se detuvo cuando el locutor de Panamericana Televisión anunciaba la captura de Abimael Guzmán[x] en una casa de La Calera[xi], junto a otros miembros de su cúpula. Nadie lo podía creer, era un shock tremendo similar quizá a lo que se sentiría si Perú gana la Copa Mundial de Fútbol. De inmediato la esquina se llenó de gente y uno de los clientes salió corriendo gritando como un loco, completamente incontrolable por el júbilo. Casi todos miraban a la pantalla, incrédulos, aplatanados, boquiabiertos, sin saber qué pensar, que sentir. ¿Cambiaría la vida? ¿Podrémos salir a la calle sin el temor que nos vuele un coche bomba en alguna esquina del centro? ¿Podremos viajar a ver a la familia con la seguridad de que no pararán el bus para pedir dinero en la puna o de simplemente no volver porque volaron un puente? ¿El futuro es posible? ¿La paz puede ser real?. A pesar de la reserva, muy en el fondo, oculto, bien adentro, la respuesta anhelada, en cada uno, era: ¡Sí! ¡Cambiará! ¡Todo puede ser mejor!

- Mira Jorge –dijo uno de los estilistas con una risa difícil de ocultar-, puede ser que Dios no acepte a los gays, pero mira tú, sí escucha las oraciones.

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[i] Distrito de estrato popular al sur de Lima.
[ii] Este fue uno de los atentados más brutales hecho por los terroristas.
[iii] Otro distrito al sur de Lima, que se convirtió en campo de batalla de los terroristas ya que fue una de las cabezas de playa para el ingreso a la capital. María Elena Moyano fue una lideresa importante del distrito que se opuso permanentemente a Sendero Luminoso, por lo que encontró la muerte.
[iv] Tirador que consiguió la última medalla olímpica que tiene el Perú.
[v] La pollada bailable es una especie de fiesta muy común en el Perú en donde una familia, con el fin de recaudar fondos, vende un plato llamado precisamente pollada (un cuarto de pollo frito aderezado especialmente, papas sancochadas, una ensalada de lechugas con tomate, y ají al gusto), a la vez que organiza un gran festejo donde suele venir todo el barrio. Demás está decir que hay música a todo volumen y se vende cerveza en abundancia.
[vi] Hospital ubicado en el cono sur de Lima, en el distrito de San Juan de Miraflores.
[vii] Durante varios años Lima sólo tuvo electricidad por 16 horas al día por culpa de los atentados terroristas contra las torres de alta tensión. Dado esto, los barrios tenían una codificación publicada semanalmente en algún periódico donde se veían los horarios en los cuales no tendrías corriente eléctrica. Con suerte, de vez en cuando el racionamiento no te alcanzaba y tenías luz por todo el día.
[viii] Este es el nombre de uno de los grupos terroristas. El otro era el MRTA.
[ix] Sobrenombre para una avenida de la zona.
[x] Líder de Sendero Luminoso.
[xi] Barrio de clase media ubicado en Surquillo, Lima.

jueves, 12 de abril de 2007

Esas cosas que a veces uno no entiende (II)

Otra vez, Juan Rebelde, un amigo mío, cristiano de "mala influencia" o de "segunda división", conversa con su pastor Pepe Caifás, que lo ha citado a su oficina, preocupadísimo:
Pastor Caifás: ¡No puede ser! ¡Me siento muy triste! El hermano Lengua le contó al Cuerpo Pastoral, a la Asamblea de Ancianos y al Comité de Líderes que te vio en un bar, junto a dos personas más que estaban... ¡fumando!, y que tenías en tu mano un vaso con una sustancia espumosa que al parecer era cerveza.

Juan Rebelde: "Cusqueña", pastor (*). ¡La mejor de todas!
Pastor Caifás: ¡No puede ser! ¿Encima te burlas de mi? ¿Qué te está pasando, Juan? Yo te conozco desde pequeño y siempre has sido inclinado a las cosas espirituales; ganabas los concursos bíblicos, te bautizaste muy joven, incluso fuiste al seminario. ¡Te estás perdiendo y eso me duele! ¿Sabes? Estoy orando mucho por ti y, luego de hablar con los otros pastores, hemos decidido darte otra oportunidad porque entendemos que lo del bar puede ser un descuido que a veces pasa, y creemos que si te acercas al ministerio ese fuego intenso que tenías, revivirá.

Juan Rebelde: ¿Una nueva oportunidad?
Pastor Caifás: Sí. ¡Sé que eso es algo que te atrae! ¡Servir de nuevo, Juan! Puedes, si quieres, ser el segundo después de mi. Pero, debes prometer a todos que no volverás a un antro de ese tipo ni te juntarás con esos pecadores que fumaban y mucho mejos, tomarás alcohol de nuevo. Eso es de malísimo testimonio. Hay que pensar en nuestros hermanos más débiles.
Juan Rebelde: ¿Qué? ¿No volver a ese bar? ¿No tomar de nuevo? ¿No ver a esos amigos a los que les hablaba de Dios esa noche? ¡No entiendo!
Pastor Caifás: ¿Predicando en un bar? ¡Estás loco! ¿De dónde tienes edas ideas tan disparatadas? Juan, te lo diré claramente: ¡Tomar es un pecado! ¿Es que te olvidaste de eso?
Juan Rebelde: No pastor, está usted muy equivocado. Lo han engañado completamente. ¡Tomar no es pecado! Tampoco ir a un bar. Nosotros tenemos esa idea pervertida de que tomar una cerveza está mál. ¡Y se la enseñamos a otros! Y peor, nos hacen sentir culpables porque ponen sobre nuestros hombros la carga de nuestros hermanos nuevos en la fe.

Pastor Caifás: Juan... es que... estoy desconcertado, te oigo y te desconozco. ¿Qué ha pasado para que tus estándares éticos hayan caído tan bajo?
Juan Rebelde: ¿Ética? ¿Quién habla de ética aquí?

Pastor Caifás: ¡Pero por supuesto que es un tema ético!
Juan Rebelde: ¿Tomar una cerveza, un tema ético??? ¿Un tema ético como el robo o la infidelidad? Pucha, ¿en qué secta estoy para que se piense así??

Pastor Caifás: Juan, no insultes a la iglesia. Es una cuestión de ética, de testimonio, de evangelismo. Ay Juan... oraré por ti. Si no creyera que la salvación no se pierde, diría que ya estás en el camino del infierno. ¡Oraré de rodillas por tu alma!



(*) Una marca peruana de cerveza.

lunes, 6 de marzo de 2006

¡Crash!, somos una mesa coja

En el principio hizo Dios los cielos y la tierra, y esta tierra estaba desordenada y vacía. Según el relato del Génesis, al sexto día la humanidad fue hecha, encarnada en Adán y Eva, a él del polvo y a ella mediante una costilla. La corporalidad de la raza humana es evidente y más aún por su origen, el polvo de la tierra, hecho que enfatiza su pertenencia al mundo material. Resalta que el propio cuerpo físico sea el único vehículo por el que podemos expresar virtudes espirituales y no algún ente intermedio que nos ayude a acercarnos a Dios.

La materialidad de la condición humana (porque aunque lo deseemos, todavía no vivimos en el cielo tocando un arpa) provoca una obvia interdependencia entre los seres humanos y su habitat físico. Necesita del aire, las plantas, los animales, los minerales, el agua, la luz del sol y, por extensión, de Aquel que creó esas cosas con perfección y abundancia y les dio la capacidad de reproducirse. ¿Hay algún vínculo entre lo creado, imprescindible para nuestra vida, y nosotros como seres humanos dependientes de la creación? Indudablemente. Se lo dijo Dios a Adán cuando le encargó cuidar el huerto del Edén. Los seres humanos fuimos creados con la responsabilidad de velar por la creación realizada por el mismo Dios.

¿Es todo el velar por la creación directa de Dios? ¿O es que hay otras, de las que no se nos habla explícitamente? Existe una creación indirecta basada en el diseño del ser humano como hombre y mujer. Hemos sido capacitados para las dimensiones sociales de la existencia, para la asociación y la comunidad. En la relación de unos con otros, los seres humanos encuentran oportunidad para complementarse recíprocamente y forjar su propia creación. Definitivamente estaba dentro del plan de Dios esta capacidad de socializar y de la formación de cultura y sociedades por parte del hombre. También para esta creación indirecta, derivada, se nos ha llamado a velar. Y no hay escape de esto ya que el Señor así lo quiso desde el principio.

El hecho de convertirnos en cristianos no nos exime de la responsabilidad de velar por la creación directa –la naturaleza- y la creación indirecta –el medio social humano-. En cambio, nos debe recordar más todavía el hecho que no debemos ser indiferentes ante el entorno que nos rodea. Por lo tanto, como seguidores de Cristo tenemos entonces una triple responsabilidad muy seria: nuestra sociedad, nuestro mundo físico, y la realidad espiritual que sí conocemos bien. Este triplete es completo y funciona como las patas de una mesa triangular. Basta que falte una para que la mesa sea inútil. El que tenga oídos para oír, oiga.

Por lo tanto, el llamado de Dios hacia un cristiano debe ser en realidad para los tres elementos, aunque puede enfatizar en uno de ellos. Un pastor enfatizaría en el lado espiritual. Un laico puede enfatizar en los otros dos lados. Cumplimos la misión de Dios si nos entregamos a salvar un río, una reserva natural, a controlar el nivel de polución de nuestra ciudad, a hacer más justa una sociedad. Sin embargo la iglesia, sobre todo la evangélica, ha olvidado este mensaje y se ha concentrado solamente en la visión espiritual llegando al extremo de satanizar las otras, llamando sólo al arrepentimiento de los pecados, a la salvación del alma y a ver el futuro desde una perspectiva escatológica.

Ya lo dije en un post anterior: vivimos en cuatro paredes y la iglesia consume nuestro tiempo de tal forma que si Dios nos llamase a cumplir con el cuidado de la creación directa o indirecta, no podríamos. ¡Estaríamos muy ocupados en el activismo del templo! Debemos ser concientes del llamado global y pensar qué es lo que quiere Dios en realidad con mi relación con el entorno. Definitivamente no es vivir “encerrado” en la iglesia. Me han llamado a predicar su Palabra. Me han llamado a cuidar la sociedad. Me han llamado a cuidar el mundo ¿A qué me llama Dios específicamente? ¿A qué te llama a ti?

miércoles, 1 de marzo de 2006

El evangélico, quien vive la vida entre cuatro paredes

No, no me refiero a una cárcel. Con esto debo enfatizar previamente que no es mi intención comparar a una prisión con la iglesia. No, para nada. Me refiero a una característica importante de la vida evangélica: su activismo dentro del templo. Intenso, muchas veces atractivo, emotivo a veces, divertido otras, pero en cuatro paredes finalmente. Y si sale… es solamente para campañas evangelísticas.

Un pastor me dijo que la absorción del tiempo por parte de una iglesia y su activismo era un mito. ¿Lo es?

Si una variable es cuantificable, hay que medirla entonces. Nos olvidamos de subjetividades pues no hay nada más concreto que un número, que un ratio, que un factor. Por ello podemos preguntarnos ¿Cuánto tiempo a la semana pasa un evangélico promedio en la iglesia? ¿Podemos medir esto? Claro que sí, y haremos un modelo muy sencillo al respecto. Como todo modelo, contiene supuestos que pueden ser rebatidos, pero a mi entender son bastante razonables.

La semana tiene 168 horas, de las cuales pasamos en sueño 56 (asumiendo 8 horas). El tiempo efectivo es, entonces, 168 – 56 = 112 horas. En el trabajo pasamos 40 horas a la semana, el transportarnos hacia él serán unas 7.5 horas (1.5 * 5 días), y el período mañanero y de llegada del trabajo pueden ser unas 12.5 horas (2.5 * 5 días). Esto nos da un total de horas libres de 52 horas, que deben repartirse entre las múltiples actividades que tenemos como opción, como la familia, el deporte, la lectura, la televisión, las reuniones sociales, etcétera.

¿Qué porcentaje de esas 52 horas la pasa un evangélico en su iglesia? Imaginemos una iglesia no activa (en el sentido que no tiene actividades todos los días aunque son muchísimas las que tienen muchas cosas casi todos los días) y una persona líder que participa en dos ministerios (el que le corresponde por su edad y estado civil –adolescentes, jóvenes, jóvenes adultos, matrimonios-, y uno extra -caballeros, damas, escuela dominical, alabanza, anfitrión-). El culto son dos horas, la academia bíblica son dos horas más, la reunión o célula del ministerio principal son dos horas, la reunión secular de afianzamiento de vínculos –si eres un líder que realmente hace su trabajo- usualmente sabatina demandan dos horas adicionales, los respectivos comités de actualización y logística son 1.5 horas, el ministerio extra 2.5 horas y actividades especiales (campañas, retiros, reuniones adicionales, consejerías) 1 hora a la semana. Dentro de este tiempo se incluye la actividad previa, como preparar temas, clases o el tiempo de llegada anticipada a la iglesia. En total tenemos 13 horas a la semana dentro de actividades eclesiales.

La matemática es bastante simple. 13 horas en las actividades entre 52 horas del total de tiempo libre dan un total de 0.25 o, si prefieren leerlo así, un evangélico consume 25% de su tiempo libre dentro de la iglesia. Es una proporción mayor a la del dinero que se suele entregar: 10% del diezmo más un 5% en promedio de ofrendas de los ingresos netos (aunque algunos pastores sostienen que debería ser de los ingresos brutos). Un 10% de diferencia. Y la cifra puede aumentar si nuestro sencillo modelo es cambiado. Podemos asumir que la persona trabaja medio día del sábado (horas libres totales = 45h. Tiempo consumido = 28.9%), o todo el sábado (horas libres totales = 40h. Tiempo consumido = 32.5%). E inclusive ampliar nuestro horario de trabajo, y e indicador superaría la barrera del 35%. Pero siendo conservadores, una cifra de 25% resulta más que adecuada.

El problema es que implícitamente se sugiere que a más ratio, más santos somos. En otras palabras, mientras más involucrados estemos en actividades en la iglesia, mientras más ministerios tengamos, mientras vayamos a más reuniones de oración, a más cultos, a más congresos, nos vinculemos en lo más posible, seremos mejores cristianos. Se cree esto porque detrás de todo se piensa que, como el mundo es pecaminoso, es el dominio del diablo y va camino a la destrucción, entonces no vale la pena involucrarse en él más que lo mínimo necesario –el trabajo usualmente es este mínimo. También pueden ser los estudios- por lo que todo puede y debe realizarse dentro del templo, llenado las agendas de los feligreses de actividades (“¿Por qué hacer tesoros en la tierra si todo es corrompible? ¡Hay que hacer tesoros en el cielo!”). ¿Puede el activismo reemplazar la esencia de la vida cristiana? ¿Los retiros, las células, las comisiones, los cursos pueden ser un sucedáneo del amor al prójimo o la comunión? A mi entender, no. Pero es un grandísimo peligro tan igual como el legalismo o la falta de fe. Y un asunto adicional es que muchos pastores incentivan eso –aunque si les preguntas directamente lo negarán, aduciendo alguna excusa-, al extremo de tener en su cabeza de forma inconsciente un indicador de madurez basado en el número de actividades realizadas.

Y ojo, de esto no hay vacaciones. Frecuentemente se ofenden si osas pedirlas: Falta de fe, ingratitud al sacrificio de Cristo, función importantísima que de no hacerse trabará el avance de la obra.

Ese pastor que me dijo que la absorción del tiempo por parte de una iglesia era un mito, ¿Habrá considerado estas cifras? ¿Puede ser 25% un mito? ¿Un 30%? ¿Qué cantidad debería ser la adecuada para desmitificar de la cabeza de este pastor la absorción?

lunes, 20 de febrero de 2006

Evangélico: ¿Estas seguro de saber quién eres?

Evangélico, ¿te has preguntado alguna vez si estas seguro de saber quién eres? Es una interrogante seria. En teoría los cristianos debemos llegar a tener el carácter de Cristo, y ello implica abandonar costumbres anómalas y controlar el indomable carácter. Es cierto eso, y miles de personas pueden dar fe de cómo sus vidas han sido transformadas para bien al seguir preceptos cristianos y al vivir según las enseñanzas de la Biblia. Drogadicciones sanadas, matrimonios restaurados, autoestimas reparadas, enfermedades físicas superadas y tantas otras cosas. Sin embargo, hay una pregunta capital: ¿Cuál es ese carácter de Cristo? ¿Es según como los evangélicos dicen? ¿Es así como dice tu pastor? Recuerda que los pastores tienen las mismas probabilidades de equivocarse que tú o yo.

¿El carácter de Cristo implica llenarse de palabras como “siervo”, “varón”, “hermano”, “alabado sea el nombre del Señor”, “oveja”, “pastor”, “la Biblia dice”, “aleluya”, “amén”, “bendecir” y muchas otras? ¿Significa vestidos largos y jamás pantalones para las mujeres, cabellos hasta la cintura, ropa formal los domingos? ¿Es ir la mayor cantidad de días posibles a la iglesia? ¿Es vivir la vida social por completo en el activismo eclesial? ¿Es centrar la esencia de la vida cristiana en la predicación del evangelio como cosa capital y hasta única? ¿Es leer la Biblia todo el día sin practicar el amor? ¿Es tratar de no involucrarse con el mundo, olvidando su responsabilidad con él? ¿Es someterse a la intransigencia de muchos pastores que piensan que pueden decidir sobre la vida de los miembros de las iglesias que dirigen? ¿Implica no tomar, no fumar, no bailar, no fiestas, no lisuras? ¿El carácter de Cristo implica ser apolítico y simplemente orar por los líderes nacionales?

Evangélico, parte del estilo de vida que sigues, ¿es la imagen de Cristo o es lo que a alguien se le ocurrió o interpretó como forma que debería tener dicha imagen? Lo digo de otra manera, ya que aprecias la Biblia: ¿Ese estilo está realmente de acuerdo con los principios bíblicos? ¿No será que algún misionero hace 80 años metió su cuchara y santificamos su punto de vista? ¿O nunca te pusiste a pensar en eso?

Por ejemplo, ¿Cómo crees que se soluciona la tensión entre 2 Corintios 6:14-15 (“No se unan en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿o qué parte el creyente con el incrédulo?) y Juan 17:15 (“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”)? Pero pensaremos en eso después. Mientras tanto tú, evangélico, no me acuses de tibio, de relajado, de descreído a priori. Yo también soy evangélico. 14 años yendo a la iglesia. 11 años de convertido. 9 años de trabajo en la iglesia. 2 años de estudios en un seminario. 1 año de estudios de una maestría en misiología. Después de tanto tiempo, uno observa lo bueno y lo malo, ¿y por qué molestarse si salen a flote los evidentes defectos? ¿No es así como el cambio comienza? ¿No debemos arrepentirnos de un pecado que se hace evidente para que Dios actúe? ¿No debemos actuar si parte de nuestro modus vivendi ha sido incorrecto o perjudicial?