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lunes, 21 de septiembre de 2009

Pensamientos en rojo

Por estos días es noticia permanente los ataques de los remanentes narco-terroristas de Sendero Luminoso a las fuerzas del ejército en el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE): un helicóptero derribado en una operación de rescate, los casi cincuenta militares muertos, los juicios a los soldados que combaten el terrorismo, las dudas del gobierno como si no supiese exactamente qué hacer ni qué decir, el negocio enorme de las drogas que se gesta en esa zona del Perú que tan eficientemente toleró Vladimiro Montesinos en el fujimorato. Un problema elefantiásico que parece no tener solución.

Casi treinta años después del inicio de las operaciones violentistas de los terroristas (Chuschi, 1980), es triste decir que el problema de fondo sigue existiendo en nuestro país. La pobreza lacerante que somete a la mitad de la población peruana continúa igual que siempre. Siguen los pueblos serranos olvidados sin servicios básicos, con niños muriendo por causas perfectamente solucionables, sin educación decente, sin posibilidades de superación en sus propias comunidades, y viviendo con menos de un dólar al día. El perfecto caldo de cultivo para reacciones radicales está allí, cocinándose a fuego lento. Por ello Humala puede ser presidente, por ello Sendero Luminoso puede tener adeptos.

El combate contra los remanentes senderistas tiene tres frentes. Primero, el militar, el cual está en este momento en aplicación, combatiendo las columnas terroristas que vagan por los montes de la ceja de selva. Segundo, el económico-social, donde siento que no hay respuestas contundentes que satisfagan a las poblaciones hambrientas y deseosas de superación. Alan García se llena la boca de nuestro crecimiento económico, pero la inequidad es brutal. El neo-liberalismo a ultranza que sigue Alan García está mostrando con meridiana claridad en el mundo que no es solución al problema de la pobreza en el tercer mundo y las apuestas de solución son demasiado tímidas como para causar impactos relevantes. Tercero, el ideológico. Creo que aún no hemos avanzado mucho en esto, más aún cuando las respuestas son tibias ante el reciente libro escrito por el líder terrorista Abimael Guzmán Reinoso, donde insiste con su asesina ideología sin arrepentimiento alguno. Hablan algo por el Congreso, otras cosas extras por algún ministerio o periódico, pero nada más.

¿Por dónde iniciar en el combate ideológico? El punto de partida es que Sendero Luminoso es maoísta, esto es, cree estrictamente en la toma del poder por métodos violentos. Su historia demuestra la fidelidad de su praxis a su pensamiento, y dado esto, es iluso pensar en la posibilidad de que tomen el camino de la democracia como otros grupos terroristas de países como Colombia o Uruguay. Para ellos, democracia es un idioma distinto; es una ruta descartada por la propia esencia de su corriente política. Es como decirle a un testigo de Jehová que acepte una transfusión de sangre. No lo hará, y estará dispuesto a morir. Los senderistas viven en la selva en condiciones insalubres por seguir una idea, y que mañana dejen todo por algo en lo que no creen, suena imposible e iluso.

Un segundo punto –y el central para este post- es el de la metodología. Como cristiano hay algo que me queda muy claro, y creo que se aplica perfectamente a esta situación, y es que los métodos brutales, asesinos y abusivos no pueden traer, bajo ninguna circunstancia, la paz y justicia social a una sociedad o comunidad. Esta contradicción es absolutamente inaceptable, profundamente inmoral y decididamente delincuencial. Matando a mi padre no me traerás justicia; matando a mi madre por no pensar igual que el “justiciero” no traerás jamás justicia; haciendo explotar con dinamita el cadáver de una dirigente social nunca me traerás paz. La justicia verdadera que concuerda con las enseñanzas del Reino de los Cielos desea la eliminación definitiva de la pobreza y la igualdad de oportunidades, pero no puede comulgar con una cultura que privilegie la muerte y el dolor sobre un sueño irrealizable: el comunismo sin estado al que quieren llegar, gran paradoja, con estados más represivos y controladores. Esta debe ser una de nuestras banderas en la lucha ideológica contra Sendero Luminoso. Basada en ella, pienso que de plano sus ideas deben ser rechazadas y combatidas, por su propia concepción criminal en su metodología, como bien lo expresa César Hildebrandt al preguntarse: “¿Así que fueron políticas las 215 masacres que, según la Comisión de la Verdad, perpetró Sendero Luminoso? Sí, fueron políticas. Pero políticas ejecutadas en el marco de una concepción criminal, intrínsecamente homicida, de la lucha de clases, del derecho popular y de la concepción misma del Estado y la justicia. Sendero no fue una guerrilla popular. No fue la respuesta a una dictadura que hubiese cerrado las vías legales para el debate y la contienda. Guzmán no fue Túpac Amaru ni Bolívar ni mucho menos Cáceres. Fue una obsesión cuchillera que sólo pudo prosperar en medio del atraso y la desigualdad extrema del Perú. Sendero, al revés que el Movimiento 26 de Julio, mataba al pueblo que quería salvar. Y hablaba de dictadura burguesa cuando lo que quería imponer era el cementerio de Phnom Penh”.



Imagen:

miércoles, 4 de junio de 2008

EXHUMACIÓN DE FOSA REVELA HORROR DE MASACRE EN 1984

Por HUGO NED - PUTIS, Perú

Un pequeño cráneo de un niño de unos tres años descansa en el fondo de una fosa como dramática evidencia del horror de una matanza de más de un centenar de campesinos a manos de militares en 1984, en una zona que fue asolada por enfrentamientos entre el ejército y los subversivos de Sendero Luminoso.

La fosa abierta, ubicada en la localidad de Putis, a 3.500 metros de altura en el departamento de Ayacucho, guardó por casi 24 años los restos de 60 personas, entre hombres, mujeres y niños muy pequeños, que fueron ultimados a balazos por soldados del ejército por considerarlos colaboradores de Sendero Luminoso.

"Lastimosamente, hemos podido comprobar que hay muchos niños, de un año, niños en proceso de formación. Lo más doloroso es encontrar tantos niños en una sola fosa y victimados con armas de fuego", dijo a la AP la fiscal Cristina Olazábal, titular de la 2da. Fiscalía Provincial de Ayacucho, que hacía esfuerzos por no llorar.

La fiscalía investiga la matanza con apoyo de un equipo de antropólogos forenses que exhumaron los 60 restos en una penosa tarea de 15 días, en un improvisado campamento y expuestos a las bajas temperaturas de la zona, a 320 kilómetros al sudeste de Lima."Se han encontrado muchísimos niños... Hay familias enteras dentro de la fosa", dijo con visible consternación José Pablo Baraybar, jefe forense. Setenta casquillos de bala fueron hallados también en la fosa.

La fiscalía dispuso la exhumación luego que los familiares de las víctimas, apoyados legalmente por la organización no gubernamental Asociación Paz y Esperanza, iniciaran este año una campaña para abrir una investigación de la masacre. Según la Asociación Paz y Esperanza, que brinda asesoría legal a los familiares de las víctimas, la fosa excavada sería la más grande alguna vez hallada en el país.

Pero en Putis aún quedan otras cuatro fosas de menores dimensiones por desenterrar. La matanza de Putis aparece en el informe que elaboró la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) en 2003, que detalla que en diciembre de 1984, 123 campesinos de esa comunidad y de otros caseríos cercanos fueron asesinados por militares tras ser reunidos y obligados a cavar con engaños su propia fosa.

Los campesinos de Putis y poblados aledaños habían huido a las partes altas de los cerros, escapando de los ataques subversivos, pero los militares de la base contrasubversiva de Putis los convencieron de mudarse nuevamente al pueblo, prometiéndoles que los protegerían. Muchos de ellos volvieron y los militares los obligaron a cavar una fosa, luego de decirles que iban a construir una piscina para criar truchas.

Pero una vez terminada la fosa, los soldados reunieron a todos los campesinos alrededor de ella, junto con sus mujeres y sus niños, y dispararon a matar. Según la CVR, los militares creían que los campesinos colaboraban con Sendero Luminoso, pero detrás de su acción también hubo un interés por apoderarse de su ganado y pertenencias.

Marina Quispe, una campesina de unos 50 años, observa la exhumación y llora mientras habla en quechua sobre la única hija que tenía y que perdió en la matanza. "Los militares nos buscaban, por eso nos escapábamos a los montes para dormir tranquilos. Mi hija vino con su abuela, su tío y su tía a la base de Putis. Aquí la mataron", cuenta la mujer, cuyo esposo había muerto antes, asesinado por Sendero Luminoso. Los militares "se han llevado los animales, nos hemos quedado sin casa, sin nada", agregó. Quispe y otros 11 familiares de las víctimas presenciaron las labores de exhumación para colaborar con la identificación de los restos. Aunque la CVR señaló 123 asesinados en Putis, los familiares afirman que el número es mucho mayor.

Germán Fernández Mendoza, presidente de la comunidad campesina de Putis, sostuvo que fueron asesinados 430 pobladores procedentes de Putis y de otros ocho caseríos. Ayacucho, que paradójicamente significa en quechua "rincón de los muertos", fue el foco del accionar de Sendero Luminoso en la década de los ochenta, y escenario de cruentas matanzas perpetradas por los insurgentes y por las fuerzas armadas, donde las víctimas eran las inermes poblaciones campesinas. Según el informe de la CVR, Ayacucho concentró el 40% de las muertes ocurridas por la violencia política, que dejó un saldo de casi 70.000 muertos y desaparecidos entre 1980 y 2000.
Evangélicos exigen disculpas públicas por matanza en Putis (*)

Al concluir la exhumación realizada por el Ministerio Público y el Equipo Peruano de Antropología Forense, de una de cinco fosas existentes en el lugar, se ha podido conocer que la mayor parte de las personas asesinadas y enterradas eran mujeres y niños. La identificación de cráneos de bebés de uno y hasta dos años de edad que aparecían cubiertos, hace suponer que habrían muerto en brazos de sus madres las cuales cubrieron sus rostros, quizás para evitar que sus pequeños contemplen el horror de ese momento.

Al respecto, Víctor Arroyo, director del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP), refirió que el descubrimiento del asesinato masivo en Putis nos coloca frente a un hecho indignante, que además de investigarse debería merecer que el Ejército Peruano ofrezca disculpas públicas a los familiares de las víctimas, pues resulta evidente que fueron los militares quienes perpetraron tan abominable crimen.

“Somos absolutamente respetuosos de las autoridades e instituciones del Estado, pero no se justifica su silencio frente al dolor de cientos de nuestros hermanos y compatriotas. La reconciliación nacional no se logrará callando ni ocultando el horror, un primer paso es, debe ser en hechos como los de Putis, pedir perdón”, indicó.

Por su parte, Alfonso Wieland, director nacional de la Asociación Paz y Esperanza, institución vinculada a la comunidad evangélica que asiste legal y psicológicamente a los familiares de las víctimas, señaló que por la salud del Ejército Peruano se debe reconocer que la matanza en Putis en la que se asesinó a más de 123 personas, no fue un accidente o un simple exceso.

“Que los militares pidan perdón no menoscaba su dignidad, al contrario, la enaltecería, y sería una evidencia clara de que nuestras instituciones armadas diferencian el heroico servicio prestado por muchos de sus miembros con el crimen y la vileza con que otros actuaron. Un gesto así es justo y necesario”, acotó.

(*) Desde aquí hasta el final se extrae de http://www.alcnoticias.org/interior.php?codigo_lang=11590_687