lunes, 30 de octubre de 2006

Conversación sobre la misión de Dios

Hola a todos.

Hace unas semanas conversamos con unos amigos sobre la misión para un programa de TV de uno de los canales evangélicos de Lima (en UHF). Parte de las conclusiones están en los dos videos adjuntos que, espero, contribuyan a la discusión sobre el tema.

Video 1



Video 2




De izquierda a derecha: Daniel Villón, Franccesca Bocchio, Abel García y Marcos Paredes.

Saludos a todos.

viernes, 20 de octubre de 2006

Hermano, nos vemos luego


Como dijo el Señor en la cruz casi al final de su agonía, "Todo está cumplido" (Jn. 19:30, Biblia de Jerusalén). Mi hermano Gabriel finalmente, luego de once meses de lucha contra la leucemía, pasó a la presencia del Señor.

Era el tiempo. Ya sufría demasiado.

Fue un tiempo difícil. Cuando le detectaron la enfermedad, en la mañana del 2 de Noviembre del 2005, y en las semanas posteriores, tuve la crisis de fe más grande de toda mi vida, al punto de estar cerca de dejar el cristianismo, de descartar a Dios, de preferir ese infierno futuro de fuego y oscuridad a la barata promesa de una nube y un arpa en el cielo, todo para poder estar lejos de la presencia divina que colocaba a mi familia una carga demasiado pesada. No lo podía soportar. Decía: "Dios, ¡Te equivocaste de persona! ¡Era yo, era yo a quien debías tocar! ¿Por qué todo esto?" Sin embargo, las cosas fueron cambiando poco a poco.

En Agosto viajé junto a mi esposa Dorcas y mis amigos Miguel Paredes y Francisco Meza a Cusco, Puno y Arequipa. En Puno, (3,800 metros sobre el nivel del mar) a las 11 de la noche y con un frío que debía estar cerca a los cero grados, estuve con Miguel en una mesa del comedor del hostal en donde nos hospedamos, conversando de muchas cosas -el proyecto misiológico en el que estamos embarcados hoy, su partida al MIT, la vueltita al lago que dimos en la tarde-. Entre ellas, el asunto de mi hermano, recién desahuciado por los médicos. ¿Podemos encontrarle un sentido a esta situación? ¿Una pizca de justicia? ¿Sucederá el milagro?

Intentaba pensar en ese momento, mientras tomaba el café casi helado. Recordé al Señor Jesucristo, muriendo joven. Y estaba a punto de llorar, tratando de hallar una salida, un bálsamo, algo que me calme en ese momento. Seguía pensando en Jesucristo y su obra, en su muerte, en su redentora muerte, como si tuviera la impresión, la sospecha que allí puedo encontrar algo de paz. Recuerdo decirle algo a Miguel sin aparentemente pensarlo demasiado:

"Hay personas que, aunque no lo entienda, tienen el sentido de su vida en su muerte"

En su muerte porque este evento, dolorosísimo, es el que debe ser el inicio, el movil, el detonante de una transformación de los que quedan en la tierra, de tal trascendencia que el efecto multiplicador que provoca la partida de la persona a quien amamos tiene años de duración. Cristo tuvo eso, aunque como era Dios, el valor de su muerte tiene consecuencias permanentes, infinitas. Nosotros, simples humanos, podemos tener el mismo sentido pero a una escala infinitesimal.

En este caso, mi hermano debía morir para que personas como yo, que aún caminamos en este planeta, despertemos a la realidad de la vida y hagamos lo que tenemos que realizar con pasión y sin miedos. Por ello, tras enterrar a mi hermano, siento que lo mejor que puedo hacer para recordarlo es tomar todo lo que Dios quiere mostrarme y corregir mi vida, enderezando la senda en pos de una existencia más santa y ceñida a la misión de Dios en la tierra. Borrar taras, pedir perdon y inspirarme en la valentía de mi hermano, su fortaleza al enfrentar la adversidad, el dolor y el destino final que sabía estaba por llegar. Porque mientras yo me hundía en el desaliento, él flotaba en la certeza del poder de Dios.

Al ver eso, salí del hoyo y volví a creer con más fuerza que antes.

Gabriel, clamo como David: "¡Jonatán! Por tu muerte estoy herido, hermano mío, Jonatán" (2 Sam. 1:25b Biblia de Jerusalén). ¿Sabes algo? Es un vacío muy grande el que tengo ahora. Quizá por esas estúpidas razones que el latinoamericanismo tiene, no fue demasiado afectivo ni te dije todo lo que hubiera sido necesario, pero quiero que sepas -se que no leerás esto, pero igual deseo escribirlo- que te quiero muchísimo y que tengo que darte gracias por todo, por tu vida, por nuestros juegos de infancia en la tierra de detrás de la casa, por ser mi testigo de boda, por mostrarme a través de esos increíbles amigos tuyos de tu universidad el valor de la solidaridad y el compañerismo sin condiciones (no olvidaré jamás el bus de San Marcos en la puerta de mi casa y el detalle hecho en tu honor de la bandera a media asta en el frontis de la facultad de Medicina Veterinaria), por ser mi hermano, por ser un importantísimo elemento de la obra de Dios en mi vida que ha hecho que sea un cristiano distinto el día de hoy.

Ya nos veremos después, allá arriba. No te olvides de guardarme un buen sitio. Hasta luego, castor.

lunes, 9 de octubre de 2006

Jesús haciendo misión: su dialogo con la samaritana (Jn. 4:1-42)

Una revisión detallada de las páginas del Evangelio de Juan es muy útil para aprender no sólo los fundamentos de la fe, sino también el método de Jesús en su aplicación de la misión, donde tras explorar la Palabra de Dios podemos llevarnos algunas sorpresas que nos alejarán de algunas corrientes tradicionales. Dentro de todo el evangelio, uno de los primeros lugares en importancia para explorar es la narración del encuentro con la mujer samaritana. Decisivamente fundamental.

Una visión personal y no masiva

Para entenderlo con mayor claridad, debemos recordar que los judíos detestaban a los samaritanos, no aceptaban que descendían de los patriarcas, y cuestionaban severamente la validez de su culto. Es evidente que estaban al margen de su sistema religioso y restringieron el trato con ellos, tratándolos en la práctica como gentiles. Por ello, llama la atención el hecho que a pesar de no tener la necesidad de pasar por ese territorio (el camino entre Galilea y Judea pasaba por el gran rodeo a través de Perea, y lo hacían todos los judíos o galileos) Jesús toma el atajo caminando por la región de los samaritanos.

Lo primero que Jesús nos enseña mediante la praxis es su trato de igualdad hacia las personas, superando el conflicto que existe entre judíos y samaritanos al ver a la mujer como un ser humano necesitado de una relación con Dios. Se distancia kilométricamente del juicio judío tradicional sobre los samaritanos con una prédica que anuncia las puertas abiertas para todos (Lc. 9:55s, 17:16, 10:30ss, 17:11) aunque en otras ocasiones aceptó la exclusión de ellos de la comunidad (Mt. 10:5-6; Lc. 17:18).

Jesús esta solo con la mujer (v. 6-8), y qué importante es que lo esté. ¿Por qué? Implícitamente nos están diciendo que para Jesús la misión no se trata de un comportamiento colectivo-masivo sino de un procedimiento íntimo y cercano. La persona vista como ser humano y social, creado en relación con Dios y como el centro de atención a la cual Él se aproxima con una ética adecuada que muestra la mirada hacia el interior, al corazón de la gente. El corazón es el punto de llegada en el encuentro de Jesús con la mujer samaritana.

“Dame de beber”

Dije antes que el centro de atención es la persona misma, en este caso particular, Cristo y la mujer, como personas individuales. Jesús, sabiendo perfectamente donde estaba y con quien estaba tratando, escoge la necesidad de la mujer para entrar al dialogo. Él va directamente al grano con su mensaje, pero en una manera figurativa ya que la metáfora del agua como una necesidad para la gente se entiende en todo contexto (v. 10). Algo demasiado importante es la petición por algo de beber manifiesta la igualdad porque implica la disposición de Jesús de recibir del “otro lado”, de una mujer samaritana, de alguien odiado, marginado, pecador (v. 7). ¿Qué tan dispuestos estamos nosotros a recibir de ese otro lado? Cuando predicamos, ¿recibimos de ese “otro lado”, de los sujetos de la predicación, o nuestra santidad no nos deja? ¿Acogemos de aquel católico que nos escucha en un retiro? ¿De aquel ateo que piensa que estamos locos? ¿De nuestro amigo agnóstico que nos bombardea a preguntas en una célula?

La Identidad de Jesús

La mujer identifica a Jesús como un profeta (v. 19), por supuesto, dentro de su perspectiva samaritana - la doctrina religiosa de los samaritanos consideraba su propio centro del culto, en el monte Guerizim, totalmente independiente del lugar cultual en Jerusalén y esperaba un profeta en vez de un Mesías salvador de la nación-. Aunque es claro el hecho que ella interprete su realidad desde su etnocentrismo y subjetivismo, lo trascendente es la reacción creativa y renovadora de Jesús ante la lectura de la mujer. Él comprende su perspectiva y a pesar que ella estaba en un error a la hora de identificar a Cristo no como Mesías sino como profeta (pues era una samaritana), Él no rechaza al instante sus palabras sino busca, por su visión escatológica (“llegará el momento en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraremos” -v. 22- ), el punto del encuentro entre ella (los samaritanos) y Él (los judíos) para una nueva unión en el futuro. Este punto común: la adoración, permite inclusión en vez de exclusión. Que diferencia a nosotros, que nos creemos dueños de la verdad y al anunciar la fe exclamamos los defectos del otro calificando, por ejemplo, su estilo de vida como pecaminoso, generando abismos y no aproximaciones constructivas.

En otras palabras, Jesús, creativa y novedosamente, va hacia un universalismo que respeta las identidades religioso-culturales enseñándonos una nueva identidad misionera en unidad (Ef. 4:4-6).

“La hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorareis al Padre”

La mujer observa la diferencia de la adoración entre su tradición y la judía. Ante esto sucede algo sorprendente: Jesús silenciosamente le expresa su autocrítica hacia el culto judío, hacia el templo de Jerusalén y sus implicaciones, en cierta forma, hacia Él mismo (no en su persona como hombre perfecto y Dios, sino en su parte cultural judía que nunca dejó de lado –ver Mt. 15:21-28; 17:24-27– como hombre que seguía los preceptos religiosos; en otras palabras, la autocrítica es a esa humanidad que adquirió por ser un ser social) porque eran las cosas que le pertenecían. No corrige el culto de la mujer sino se une a su crítica enfatizando lo común: Ambos adoran a Dios y piensan que esta en un solo lugar presente. De esta manera se abren las puertas –buscando el encuentro, corrigiendo lo diferente– que superan las barreras existentes.

Jesús no se limitó a esta sola ocasión, porque las críticas a la parafernalia judía provocaron serias fricciones con los sacerdotes y escribas que lo llevaron finalmente a la muerte. De la misma manera el día de hoy muchos cristianos no queremos escuchar que nuestra praxis cultual, que nuestro modo de hacer iglesia, que nuestros modelos o costumbres no son la verdad absoluta, sino que juzgamos severamente a quien pretende “cuestionar” las formas establecidas. Decir que la iglesia se está equivocando en el camino o que está errando en el énfasis u olvidando parte su misión es un “pecado” muy serio, porque, indirectamente se piensa: ¿Estas acaso criticando a aquel llamado por Dios? ¿Quién eres tú para hacerlo? Sin embargo, precisamente esta capacidad de autocrítica, basada en un conocimiento amplio de si mismo y del otro, permite un dialogo misionero, tal como lo hiciera Cristo con la samaritana.

Es hora de concluir

En Jesucristo se facilitan los encuentros en igualdad y libertad. Cruzando este puente se facilita también mantener la propia identidad, es más, profundizarla y crear una comunicación transparente con diálogos abiertos, que significa estar en medio de los distintos mapas intelectuales sin poner un absoluto entre ellos. Jesús nos muestra una posición abierta dispuesta a buscar lo común, comunicándose personalmente con el otro. Nos llama para un aprendizaje mutuo sin imponer ni perder, sino siempre ganar. ¿Cuánto de esto aplicamos a nuestro ministerio?

Esto es valioso en nuestros tiempos posmodernos. Nada y nadie es constante y, permanentemente, nos vemos obligado a cruzar fronteras de la misma forma que Cristo con la Samaritana. Ante esta realidad Jesús nos da un ejemplo para evitar los extremos de la pérdida de nuestra posición o el cerrarse en ella obcecadamente. No se trata de uniformar sino de unirse manteniendo identidad en unidad entendiendo que el Espíritu Santo está en medio de todo.

Pienso y pienso y, como siempre, debo admitir que Cristo rompe nuestros esquemas una vez más. Priorizando lo personal a lo masivo, aceptando la igualdad y recibiendo del otro, tener visión autocrítica. ¡Algo diferente a lo que se ve hoy! ¿Qué hacer, entonces, ante esto? ¿Quedarnos quietos, porque “así es la realidad y nunca va a cambiar”? ¿O acercarnos al modelo de Cristo? Sin chistar, escojo esto último.


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"El crecimiento neoplásico o la perspectiva de la masividad" y el presente post son el resumen de una monografía que hice junto a Ulrike Sallandt para un curso de la maestría en misiología del Centro de Misiología Andino Amazónica de Lima-Perú.

miércoles, 4 de octubre de 2006

¡Con la plata no te juegues…!

Sigo debiendo el tema del diezmo tratado con algo más de rigurosidad, pero va un adelanto pequeño, que ni siquiera puede ser llamado avance o borrador, sino sólo la pobre “publicación” de un par de casos que creo nos debe llevar a la reflexión y reacción.

Sobre este espinoso asunto a veces mi denominación se pasa de vueltas. No es la regla, pero igual se ven unas cosas que dan mucho que pensar.

Caso 1:

Aviso en el panel principal de la iglesia: “Recuerden que quien no está al día en sus diezmos no puede hacer la Santa Cena”. Claro, si eso de no diezmar es robar a Dios, ¿cómo entonces un ladrón puede participar del recordatorio del sacrificio de Cristo?

Caso 2:

Reunión de líderes: “Y desde ahora vamos a monitorear estrictamente sus números de diezmo para ver cómo van sus aportes. No puede ser que un líder comprometido en cosas espirituales no diezme fielmente a Dios. Por ello, desde ahora, líder que no diezme no podrá servir en la iglesia hasta que regularice su situación”. Lo mismo: ¿Cómo un ladrón puede ministrar a las ovejas del Señor?

Como dicen por allí, “en todas partes se cuecen habas”, pero esta cocción ya hiede un poco.