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viernes, 28 de septiembre de 2018

La ley Guía y la prevención de los abusos eclesiales

Hace unos días el congresista Moisés Guía presentó un proyecto de ley que agrega un artículo a la ley 29635 (Ley de Libertad Religiosa). Este versa así:

Artículo 16: De los principios para el establecimiento de las entidades religiosas Las entidades religiosas se establecen en el país bajo la libertad que les brinda la Constitución Política del Perú. Se rigen bajo los principios, valores, cultura y prácticas democráticas, prohibiéndose prácticas autoritarias, abusivas, discriminatorias y contrarias a los derechos de las personas, así como actividades de proselitismo político. Su establecimiento y autorización se rige conforme al reglamento de la presente ley.

Este agregado a la ley 29635 contó con el apoyo de dos de las principales asociaciones de iglesias evangélicas peruanas: el Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP) y la Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (UNICEP). Por supuesto que esto no es gratuito, sino que surge a partir del escándalo de la Iglesia El Aposento Alto y su apóstol, Alberto Santana, aspirante a la Presidencia del Perú (ha creado su partido político, Perú Nación Poderosa), el cual por una "revelación divina" tuvo una concubina por varios años, evidentemente en secreto. Se suma a esto las afirmaciones de su hijo, Cohelet Santana, que en una prédica afirmó que la correa siempre hará que las esposas sean sumisas, esto es, una abierta apología a la violencia doméstica, y el incidente de la invasión a la explanada del estadio de Alianza Lima hecha por miembros de la congregación. También las enormes dudas respecto al financiamiento de algunas iglesias, las cuales han construido grandes templos (no es una discusión exclusiva del Perú. Aquí un ejemplo de Guatemala, citado en Puente) o han hecho gala de su poder económico. Aquí el congresista Guía ha mencionado a los diezmos y ofrendas, recalcando que ningún pastor o miembro de la iglesia se los puede adjudicar, haciendo velada evidencia a la familia Santana. También ha enfatizado el que las iglesias no pueden impedir el ingreso de nadie, ni tener ninguna práctica discriminatoria. Si esta existe, el Estado debe actuar de oficio. Esto último ha levantado las alertas de todos los conservadores, algunos de los cuales han mencionado alguna vez del derecho a discriminar.

Tras la publicación de este proyecto de ley, hay mucho alboroto en el entorno eclesial, desde los que están de acuerdo con las regulaciones y hasta los que afirman que esto viola su libertad religiosa. Como es usual, los que están en contra muestran una agresividad en redes que no se distingue de las oposiciones vistas en entornos no eclesiales. Que viva el testimonio. Tratando de analizar con algo de calma, pienso que lo primero que hay que tomar en cuenta es que el evangelicalismo ya está profundamente politizado, y que este proyecto de ley debe circunscribirse a este contexto. En otras palabras, este proyecto es parte de la pugna existente en el seno de las iglesias. El intento de la prohibición del proselitismo político que han hecho líderes conservadores como el propio Santana, Rodolfo Gonzales, los Hornung, Linares, Rosas y otros, tiene un sentido evidente: restringir su participación política o el uso de la iglesia en beneficio de sus intereses o preferencias políticas. Aunque estoy muy de acuerdo con el que los púlpitos no deben ser usados jamás para la defensa o apología de un partido político ni para promocionar a algún candidato o para "moldear" el voto de los feligreses de la iglesia (porque la preferencia política debe tener la misma libertad de la preferencia religiosa), creo que el mecanismo no debe ser el que una ley lo haga. Las subjetividades son enormes, en especial cuando estamos en un entorno en el cual una confesión es la predominante, y tiene antecedentes de restringir las voces de otras tradiciones cristianas usando las plataformas del Estado para esto.

Lo segundo que observo es la mención al control que podría hacer el Estado en los aspectos económicos de las iglesias. El famoso diezmo. Por supuesto, en las iglesias se dan abusos enormes y la manipulación emocional y económica es pan de cada día. Hay demasiados casos. Pero hacer un control por parte del estado es en extremo difícil porque nuestra realidad eclesial es profundamente informal, tal cual es nuestra realidad económica. Hace diez años escribí algo pequeño al respecto, y las cosas han cambiado poco. Iglesias que no pagan beneficios sociales, iglesias que pagan menos del sueldo mínimo, iglesias que no pagan sueldo, iglesias que no tienen contabilidad, iglesias que no tienen políticas de análisis de las ofrendas que reciben (que potencialmente pueden estar dentro de un proceso de lavado de activos). Miles de iglesias independientes. El Estado ha demostrado ser incapaz de hacer un control efectivo del fenómeno informal; lo eclesial no será la excepción. Además, se presta a posibles presiones políticas o a contubernios con la autoridad de turno. Iglesias que se verías cuestionadas mientras otras que seguramente serían favorecidas. Sería un perjuicio enorme, solo pensando en los conflictos potenciales de esta hipotética situación.

Para cerrar, recalco que la intención de reglamentar esto por ley no es la mejor solución, pero sí resalto la idea de que algo debemos hacer como iglesias evangélicas. Tenemos un problema que hay que enfrentar, y decir que tenemos libertad de culto no basta. Debemos combatir los abusos. Bien lo dice Darío Lopez en su muro de FB:

...¿cómo determinar, para el caso de las confesiones religiosas, cuando ésta es o no democrática, o incurre en prácticas autoritarias, abusivas, discriminatorias y contrarias al derecho de las personas? ¿Son democráticas las iglesias o tienen que serlo porque el Estado así lo determina? E incluso, hacía adentro, podrían formularse preguntas como: ¿Qué mecanismos y prácticas de regulación interna tienen las iglesias para prevenir y sancionar prácticas autoritarias, abusivas, discriminatorias y contrarias al derecho de las personas? ¿Se deben o no prevenir y controlar estas malas prácticas?


domingo, 29 de noviembre de 2009

Economía y misión en la Biblia Clase 1

Hola a todos.

Les adjunto la presentación de la primera clase del curso que estoy dictando en el Centro de Misología Andino-Amazónica de Lima-Perú. Sus comentarios serán bienvenidos.

Un saludo,


miércoles, 25 de noviembre de 2009

Economía y misión en la Biblia

Hola a todos.

Les adjunto el silabus del curso que dictaré en el Centro de Misología Andino-Amazónica de Lima-Perú. Sus comentarios serán bienvenidos.

Un saludo,


viernes, 31 de julio de 2009

Esas cosas que uno a veces no entiende (XI)

Juan Rebelde escucha, en los anuncios que siempre dicen luego de la prédica, que hay una reunión al final del culto con todos los líderes de la iglesia. Insisten que el tema es sumamente importante. La cara de Jorge Iscariote, encargado de las finanzas de la iglesia, es de seriedad. “¿Será por el tema del diezmo, otra vez?” se preguntó Juan. “Si es por eso, pucha, me caerá entonces mi café por ser un líder que no diezma”. Juan piensa que lo toleran solo porque aún es necesario por la escasez de líderes.

Pepe Caifás (pastor asistente): Hermanos, los hemos reunido aquí por un tema muy importante. Quizá algunos saben que hace unos días, el Reverendo Anás (pastor titular de la iglesia), recibió una invitación para predicar en una iglesia de la denominación por su aniversario, y mientras se encontraba allí le robaron su carro. Hemos orado para que Dios castigue a los malhechores que han hecho esa monstruosidad contra un siervo amadísimo por Dios. Sin saberlo, esos individuos han acumulado sobre sus hombros un castigo feroz por parte del Dios de los cielos y de la tierra. Lamentablemente el mal está hecho y, por eso, el tesorero Jorge Iscariote tiene una propuesta que hacerles.

Sube el tesorero. La gente, muda, nerviosa, no dice ni una palabra.

Jorge Iscariote: Hermanos, como ya escucharon, el reverendo Anás no tiene carro por el robo sufrido mientras predicaba la palabra de Dios. Por ello, surge la necesidad imperiosa de que un siervo de Dios como él tenga la reposición del vehículo. No es digno de él que se tenga que movilizar en taxis o en el transporte público. Creemos también que a pesar de los pocos ingresos de la iglesia por el poco compromiso que hay (los magros diezmos) debemos responder a esta oposición del demonio con la mayor dedicación, expresando la fe de la mejor manera.

Juan Rebelde (susurrando a su amigo de al lado): Esto no me gusta nada…

Jorge Iscariote: Por lo tanto, creemos que la expresión de la fe es reemplazar el carro del pastor robado, un auto coreano del año 1995, por una SUV del año, preferentemente de fabricación europea. Así le responderemos al diablo, dejándolo en ridículo y proclamando la victoria del Señor mediante la manifestación tangible de la dignidad de sus hijos.

Juan Rebelde (susurrando otra vez a su amigo de al lado): Se viene la estocada, acuérdate de mí…

Jorge Iscariote: Para que esta expresión de victoria se concrete, necesitamos de la ayuda de todos ustedes. Se requiere una cuota extraordinaria, independiente del diezmo, de doscientos dólares por familia con hijos, cien dólares por persona sola con salario independiente, veinte dólares por persona que recibe una pensión de jubilación y lo mismo por jóvenes mayores de 18 años. ¡Hermanos! ¡Este ataque espiritual contra el reverendo Anás debe ser respondido! ¡Ataquemos con las armas de la fe! ¡Entre todos, compremos algo digno de la investidura del reverendo y Satanás no se atreverá a tocarlo nunca mas! Hermanos, llamaré al pastor Caifás para orar y luego recibiremos preguntas y sugerencias.

Tras la oración, la mano levantada de Juan Rebelde era la única que se distinguía entre todas las cabezas silenciosas

Juan Rebelde: Hermanos, antes de comentar, una pregunta previa: ¿el auto tenía seguro?

Reverendo Anás: Juan, tomar un seguro es una falta de confianza, es no creer en el cuidado de Dios. Jamás seremos acusados de falta de fe en el cuerpo pastoral de esta iglesia.

Juan Rebelde: Entiendo. Eso quiere decir que no hay ni un sol para recuperar del robo; y los pasivos al cuadrado de ese descuido los debemos tomar nosotros.

Reverendo Anás: No entiendo…

Juan Rebelde: Si hubieran tomado el seguro, se hubiera repuesto como la mitad del costo del carro. Allí se tendría algo. Pero bueno, aceptemos que no se tome el seguro. Lo que me parece absolutamente incomprensible es que en las condiciones de los diezmos de la iglesia pretendan hacer que los líderes paguen una 4x4 de 25,000 dólares, y más con el manipulador argumento ese de “derrotar al diablo” y “la dignidad del siervo de Dios”.

Jorge Iscariote: ¿Te opones a la compra? ¿Para ti nuestro reverendo debe andar por allí como un cualquiera? ¿No vez todas las bendiciones que Dios hace a través de él?

Juan Rebelde: Me opongo por principio a los privilegios. Si me roban el carro que seguro compraré en el futuro con mucho esfuerzo, y si cometo la irresponsabilidad de no tener seguro, pues debo asumir los costos totales. Y si quiero reponerlo con uno mucho más caro, pues debo tener los ahorros suficientes para ello o una línea bancaria aprobada. ¿Por qué no hace eso el pastor Anás? Que frescura. Me encantaría perder algo caro y que la iglesia lo pague. Así cualquiera. Los pastores en esta iglesia definitivamente tienen muy, muy, muy buenos privilegios.

Jorge Iscariote: Tu mezquindad es colosal. ¿Qué problema tienes? ¿No dice la Biblia que cuidemos a nuestros pastores?

Juan Rebelde: Claro, pero si pretenden comprar un auto –cosa que se puede discutir-, pues que sea usado. Todas las semanas nos repiten y nos repiten y nos tienen hartos con el asunto ese del diezmo: que no dan, que hay poco, que hay deudas, que no han pagado sueldos, que la luz, que el agua, que los teléfonos. Si es así, hay que ser prudentes y considerados, siendo conservadores. ¿Doscientos dólares por familia? Es un abuso, la verdad es que es un verdadero abuso. A propósito, ¿A nombre de quién está el carro?

Jorge Iscariote: En este caso, de quien lo usa. O sea, a nombre del Reverendo Anás.

Juan Rebelde: ¿Y no debería estar a nombre de la iglesia? ¿Porqué a nombre del pastor Anás si con los diezmos de la iglesia se compró el carro anterior?

Pastor Caifás: Estamos entre hermanos, y hay confianza total. Lo de la propiedad es algo irrelevante.

Juan Rebelde: No es irrelevante. Tampoco la pretensión de comprar un carro tan caro. Si es así, mañana querrán construir un templo para mil personas sin tener el dinero necesario para eso. Pasado querrán una radio, luego un canal de TV, esquilmando a los miembros, manipulando algunos textos bíblicos para justificar, hablando siempre que "la fe", "la fe" y "la fe". ¿Se podrán tolerar esas irresponsabilidades? Mejor cortar eso por lo sano desde ahora, y nos libraremos de cosas muy ingratas en el futuro. La sanidad financiera ante todo, hermanos.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Iglesias informales

La informalidad es una característica importante dentro del mundo latinoamericano e inclusive del total del mundo subdesarrollado. Millones de pequeños negocios florecen en todos nuestros países empleando a la gran masa trabajadora que de esa manera mantiene a la economía a flote, generando flujos difíciles de medir para las estadísticas oficiales que no tienen otra alternativa que estimar las cifras de esta economía a la que se adjetiva con frecuencia como subterránea o sumergida.

Los negocios informales surgen por varios motivos. Uno de ellos son los altos costos de la formalidad. Es célebre el estudio de Hernando de Soto detallado en “El otro sendero” donde demuestra que para constituir una empresa se necesitaron casi diez meses en el Perú de los ochentas (sólo cuatro horas en los Estados Unidos). El mismo estudio habla de otra de las causas de la informalidad: el alto costo de la permanencia como formal, donde se estimaba que más del 300 por ciento de las ganancias después de impuestos era el equivalente del dichoso costo. Por supuesto, la informalidad es mucho más barata, la opción real de las grandes masas pobres con ganas de emerger.

Ojo que no me refiero a las actividades ilícitas, como el tráfico de drogas o el robo, sino a acciones completamente lícitas pero que por su propio modus operandi tienen prácticas que no se ciñen absolutamente a la ley. Por ejemplo, pagan salarios por debajo del sueldo mínimo –lo que está de acuerdo a la teoría microeconómica-, no pagan los beneficios existentes como la compensación por tiempo de servicios (una especie de seguro de desempleo en el Perú), la seguridad social o los seguros médicos, no reportan todo el trabajo o todas las ventas realizadas y, por supuesto, o pagan muy pocos o ningún impuesto al gobierno. ¿Qué tan grande es esta economía? En Perú se estima que va por el 40 por ciento del total del producto bruto interno (PBI), algo realmente enorme.

La informalidad penetra en muchos estamentos de la sociedad y genera un estilo de vida, una manera de ver el mundo, un modo de hacer las cosas, que provoca desde el desorden en las calles hasta la desobediencia abierta a muchas de las normas establecidas (que, valga la pena decir, no tienen un mecanismo eficiente de inspección de su aplicación por la fragilidad de los organismos de control). Sus influencias llegan, inclusive, hasta las iglesias evangélicas. Obviamente también a las más fundamentalistas, las que se jactan de ser las más correctas.

La iglesia suele ser profundamente informal en lo económico. No hablo de la naturaleza de los diezmos, ya discutida hace tiempo, sino en cómo se gastan esos recursos dentro de los “gastos operativos” de muchas comunidades. Pongamos de ejemplo las que están legalmente constituídas. Una práctica muy frecuente es no pagar los beneficios sociales de la misma forma que no los pagan las empresas informales. No hay provisión para la jubilación (hermanos, Dios proveerá, y más si es para los llamados por Él). Hay atrasos en los sueldos y sueldos por debajo del mínimo (y para colmo, se exige que la esposa también trabaje casi a tiempo completo en la iglesia porque el llamado “también es para la idonea”). Que el pastor languidezca por la pobreza no interesa; que limiten el trabajo de la esposa es lo correcto –dicen-. Hay que creer siempre en Jahveh Jireh. ¿Pensión de jubilación? Pensar en eso es falta de fe.

El personal que trabaja y no tiene cargo pastoral, como las secretarias, conserjes, vigilantes u otros quienes sean, tiene problemas parecidos pero a la vez un poquito distintos. Los pastores, al menos, tienen una base escritural neotestamentaria cuando se dice que “digno es el obrero de su salario”, tal cual lo escribió el apóstol Pablo. Los demás, en cambio, no tienen nada que extraer de la Biblia en manera explícita, y además algo adicional les juega en contra: la lógica del “servicio”. ¿A qué me refiero? Que su salario se recategoriza y pasa al rubro “ofrenda” por lo que ningún beneficio les corresponde. Así, también, se justifica el pagar sueldos menores al mínimo establecido por ley. Realmente lo que hacen –a los ojos de esas iglesias- no es un trabajo tal cual lo harían en una empresa cualquiera. Es un servicio para Dios que tiene lugar en la iglesia local. ¿Visión errónea? Evidentemente.

Lamentablemente no tengo estadísticas de ningún tipo del grado de penetración de la informalidad en el seno de las iglesias, pero estimo que es importante. Para mí, no hay dudas en declarar que esta es una situación injusta para muchos, y no hay dudas en decir que algo debemos hacer al respecto. ¿O es que no nos importa una efectiva mayordomía del dinero en nuestras iglesias?


Referencias

De Soto, Hernando. “El otro sendero”. Lima: Editorial Barranco, 1986.

http://www.comexperu.org.pe/archivos%5Crevista%5Cfebrero04%5Canalisis.pdf -(22/10/08)

Imagen: http://www.prensalibre.com/pl/2005/septiembre/28/images/01e28sep05.jpg (22/10/2008)

domingo, 17 de febrero de 2008

Esas cosas que uno a veces no entiende (VIII)

Pastor Caifás (desde el púlpito): Y, hermanos míos, les recuerdo que esta asamblea anual de la iglesia es muy importante. A la salida los ujieres les entregarán un sobre con información para esta reunión. Allí tendrán todas las explicaciones. Y ahora, cantemos la alabanza final...

Tras el fin del servicio, Juan Rebelde sale a buscar el sobre que le corresponde. Por supuesto, lo abre de inmediato y lo lee.

Lima, 17 de Febrero del 2008.

Hermano(a): Juan Rebelde
Código Miembro: 1994-1-04
Presente.

Tema: Participación en la Asamblea Anual de la Iglesia Local

En concordancia con el Acuerdo 2007.23.589.3.1.D del Concilio Mundial Denominacional, refrendado por el Acuerdo 2007.58.653.2.2.J del Concilio Latinoamericano Denominacional, refrendado por el Acuerdo 2007.36.324.6.1.J del Concilio Directivo Denominacional (con las firmas de los estimados Reverendos Anás, Ananías, Elí y Diotrefes), refrendado por el Acuerdo 2007.36.236.4.2.A del Concilio Regional Denominacional (Lima), refrendado por los pastores a cargo de la iglesia local, Reverendo Anás, y Pastor Caifás, se establece las siguientes directivas para la participación en la Asamblea Anual de la Iglesia Local:

- Ratio de 10/12 en la entrega de diezmos a la iglesia (10 meses de 12). Refrendo del área de Finanzas.

- Participación ministerial. Refrendo del pastor o líder responsable.

En la parte final de la presente carta se montrará su condición. Si es considerado APTO, se le rogará asistir a la Asamblea. Si es considerano NO APTO, se le rogará abstenerse de asistir a la Asamblea.

De acuerdo a las directivas anteriores, el(la) hermano(a) 1994-1-04 posee:

I. Ratio de diezmos:
Enero: 0.00
Febrero: 0.00
Marzo: 0.00
Abril: 0.00
Mayo: 0.00
Junio: 0.00
Julio: 0.00
Agosto: 0.00
Septiembre: 0.00
Octubre: 0.00
Noviembre: 0.00
Diciembre: 0.00

Ratio de diezmos: 0/12 = 0

Refrendo del área de Finanzas: Miembro no apto.


II. Participación Ministerial

Refrendo del pastor o líder: Miembro apto.

III. Resultado:
MIEMBRO NO APTO.


Rogamos al Señor por las mayores bendiciones para usted y su familia.

En el amor de Cristo Jesús.


Reverendo Anás
Pastor

sábado, 3 de marzo de 2007

El paradigma económico: diezmando al diezmo (*)

Lo he visto antes, con algo de frecuencia, pero más he oído o leído sobre lo que sucede en otros lugares distintos al mío. Cuando la iglesia tiene problemas financieros, los miembros suelen recibir una carta o quizá escucharán una admonición desde el púlpito sobre la necesidad y obligatoriedad de diezmar, de cumplir los compromisos o los mandatos estipulados en la Palabra. La gente suele relajarse en el verano o cuando vacaciona, y se desconecta del mundo, olvidando sus compromisos –o postergándolos- como su contribución monetaria a la iglesia. Muy a menudo es utilizando el siguiente pasaje, todo un clásico dentro de la cristiandad protestante latinoamericana: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado” (Mal. 3:8-9). Mediante este texto implícitamente se nos está llamando ladrones, aunque soy bienpensado ya que creo que no es la intención directa de los líderes o pastores de las iglesias utilizar ese pasaje de esta manera tan vil. Sin embargo, una pregunta directa llama a nuestra puerta: ¿Somos ladrones si no diezmamos? ¿Pecamos si no diezmamos?

La iglesia evangélica suele pedir a sus feligreses que diezmen de todos los entradas que ganen. Se considera que el Diezmo es un acción de obediencia y de amor para con Dios, su obra, la iglesia y los pastores. Es evidente que Pablo defiende el sustento de los predicadores en 1 Cor. 9:3-14 (aunque pocos pastores se atreven a seguir el ejemplo paulino del v. 15 y v. 18: “Mas yo, de ninguno de estos derechos he hecho uso. Y no escribo esto para que se haga así conmigo… Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio”. Biblia de Jerusalén) y algunos ven en la tribu de Leví, que no recibieron heredad cuando repartieron la tierra porque se dedicarían a los asuntos del templo en forma exclusiva, una prefigura del pastorado moderno. Desde allí, infieren que el diezmo es válido el día de hoy, diciendo que los pastores son, en cierta manera, levitas modernos, y que diezmar es compulsorio para suplir las necesidades de los ministros de Dios. Sin embargo, ya no estamos bajo maldición si no diezmamos porque Cristo nos redimió de la Ley, pero si lo hacemos, recibiremos grandes bendiciones del Señor. Deliciosas discusiones se dan a nivel teórico sobre si los ingresos deben medirse desde el punto de vista bruto o neto, o si de lo regalado debe diezmarse o si podemos quedarnos con el diezmo temporalmente para entregarlo luego con algo de intereses. Es todo esto, no obstante, un debate superficial. El meollo del asunto, como siempre, pasa por saber cuál es la base bíblica de los que enseñan a diezmar. ¿Podemos encontrar una estructura, una lógica?

Los que enseñan que los cristianos tienen que diezmar se pueden clasificar en dos grandes grupos, donde evidentemente existen las posturas intermedias:

1.- Los que dicen que la Ley Mosaica es válida en partes o que sus principios y propósitos están vigentes hasta el día de hoy.

2.- Los que dicen que el diezmo es anterior a la Ley, parte del pacto de Dios con Abraham, y que esta alianza es válida para la iglesia. Siendo demasiado simplistas, el argumento es como sigue: Como Abraham diezmó, y él no estaba bajo la Ley, entonces nosotros también debemos hacerlo porque al igual que él tampoco estamos bajo la Ley.

La primera mención del diezmo en la Biblia está en Génesis 14. La historia cuenta que cuatro reyes le hicieron la guerra a otros cinco (en realidad, pequeños caudillos de pueblos minúsculos) y vencieron, saqueando varias ciudades, entre ellas Sodoma y Gomorra, adjudicándose gran cantidad de bienes y personas entre las que estaba Lot. Cuando se enteró Abraham de esta situación juntó a 318 de sus criados y siguió a los reyes vencedores, derrotándolos y recobrando todo el botín robado. Al volver, entregó el diez por ciento de lo recuperado al sacerdote Melquisedec y devolvió lo demás al rey de Sodoma.

Antes de continuar, tengamos presente que el diezmo era una práctica extendida en babilonios, persas y otros pueblos de la zona. Lo primero que me llama la atención del pasaje es que los bienes o “botín”, no eran propiedad de Abraham, sino del monarca de Sodoma, de los otros reyes y de sus súbditos. ¿Qué quiere decir esto? Que Abraham diezmó a Melquisedec de lo que no era suyo, en contraste de nosotros en la actualidad, que diezmamos de lo nuestro, de lo que ganamos con nuestro esfuerzo. Lo segundo que noto es que Abraham lo entregó todo, quedándose sólo con lo necesario para el alimento y una especie de retribución para tres de sus hombres principales, como si fuera una especie de “comisión por recupero”. En oposición, nosotros el día de hoy no entregamos nunca todo. No podríamos, no tendría sentido porque no tendríamos los necesario para vivir. Dadas estas dos observaciones pregunto inmediatamente: ¿Puedo colocar como regla global este evento como sustento de un diezmo pre-mosaico? Pienso que no en definitiva. Este hecho es completamente circunstancial, y que no puede considerarse como base de una regla “universal”. Basta una pregunta para recalcar esto: ¿Qué analogía moderna podemos encontrar para el “botín” del que Abraham diezmó?

La segunda mención en la Biblia la encontramos con Jacob (Gen. 28:20-22). Él pasó la noche en Bethel en camino hacia Harán y observa, en sueños, la visión de una escalera de donde los ángeles suben y bajan desde el cielo, y la mañana siguiente, impresionado, se da una escena típica de su carácter: “Dios, si me beneficias y me prosperas, entonces te diezmaré”. Si es que me das lo que quiero, entonces y sólo entonces, te suministraré. Si no me das lo que quiero, entonces no te entregaré nada. En este punto planteo la misma pregunta anterior: ¿Puedo colocar como regla universal este evento como sustento de un diezmo pre-mosaico? Imposible, de aquí no podemos aprender gran cosa, salvo el resalte del estado de la condición humana, que pretende condicionar a Dios de la misma forma que Jacob.

Entonces, ¿Tengo una enseñanza categórica, sólida, que puedo exportar a los tiempo modernos desde la era patriarcal, que me dice que debo diezmar por mandato bíblico? La experiencia de Abraham es un caso particular, con detalles no generalizables, y la manipulación de Jacob no debe ni siquiera ser tomada en cuenta. ¿Y qué nos dice la Ley?

El diezmo de Moisés era específicamente agrícola y ganadero (Lv. 27:30-32), absolutamente obligatorio, cuyo centro fue el décimo de las semillas y de los frutos de la tierra, sin mención de otras actividades. Si uno lo quería rescatar (unos creen que se refiere a pagar en efectivo, otros al hecho de usar el diezmo hoy y devolverlo tiempo después, opción más probable) tenía que añadir el 20% del valor original. Si se tenía menos de 10 animales, no había la obligación de diezmar. No había redención de animales. Sin embargo, hubo adaptaciones a la ley (Deut. 14:24-26) antes de entrar a la tierra prometida, a punto de pasar de la vida nómada a la vida sedentaria: ya se pudo dar el diezmo en dinero para gastarlo en actitud de regocijo. Se consideraba el diezmo en formato anual, no diezmando el séptimo año. Es importante recalcar que sólo se entregaba el diezmo a los levitas porque ellos no heredaron la tierra y que el diezmo mosaico posee una importante orientación hacia los pobres.

¿Para qué era el diezmo en los tiempos del Antiguo Testamento?

1.- Para sostén de los levitas (Num. 18:21-24)

2.- Para ser consumido (redimido) en Jerusalén (Deut. 14:22-26)

3.- Para los menesterosos (Deut. 14:28,29; 26:12-13)

Una pregunta inmediata es: Imaginemos que el Diezmo es válido tal como lo estipulaba la Ley. ¿Es para estos propósitos hoy? Si seguimos las instrucciones al pie de la letra, el punto (1) y (2) no podrían ser cumplidos porque ya no hay levitas en la actualidad (en estricto, todos somos sacerdotes hoy en día), y no hay templo en Jerusalén para que pueda ser consumido. Sólo nos queda la tercera opción como la única probable, pero, ¿Va a allí todo?[i]

Añado interrogantes quizá insidiosas: ¿El séptimo año, los creyentes tienen una dispensa para no diezmar, como el Israel del Antiguo Testamento? Si alguien gana menos que un mínimo preestablecido, ¿Está exonerado de diezmar? ¿Por qué si utilizan la Ley para argumentar no se toma completa, sino sólo las partes que más nos convienen?

Vamos al Nuevo Testamento. En ninguna de las cuatro veces que el diezmo aparece (Mt. 23:23, Lc. 11:42; 18:12; Heb. 7:2-9) se nos enseña a guiarnos por esa medida[ii]. Jesús no pidió diezmos (porque sabía que no podía hacerlo porque era de la tribu de Judá). Juan el Bautista, levita, tampoco, y mucho menos Pablo (que era benjamita) ni ningún otro apóstol. Se nos dice, además, que “cualquiera que guarda toda la ley pero ofende en un solo punto se ha hecho culpable de todo” (Sgo. 2:10) por lo que no podemos escoger qué parte de la ley tomar como verdadera y qué parte rechazar. Además, la ley ya no es válida (Heb. 8:13; Gal. 4:21-26; 2 Cor. 3:4-18) por lo que normas como el seguir el sábado, y el diezmo, ya no están vigentes. La iglesia primitiva parece que entendió claramente el mensaje, porque ellos nunca diezmaban y se mantenía con contribuciones voluntarias.

Por lo tanto, ¡No tengo que diezmar! ¿Esto implica que no debemos dar nada?

No, porque hay una nueva manera de dar: el modelo de Cristo que se concedió completamente y sin reservas, hasta la muerte. ¿Nos entregamos como Él? ¿Damos como Él, que ofreció su vida completa? En Hechos se ve hasta qué nivel era la entrega de los conversos (los primeros capítulos son categóricos). ¿Para qué daban sus ofrendas? Santiago dijo que “la religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Sgo. 1:27). Episkeptomai (visitar) no es simplemente ir y observar. Para entender mejor lo que implica leamos el contexto de Mt. 25:36,43 y la solución del conflicto de las viudas en Hch. 6:1-7. Por ello la Versión Popular traduce la palabra como “ayudar”. Adicionalmente no hay que olvidar que los creyentes que pueden llegar a estar dedicados a tiempo completo merecen ser sostenidos (1 Cor. 9:9; 1 Tim. 5:17-18).

¿Por qué se pide el diezmo hoy en día? Hablamos de dos paradigmas previos que pienso deben ser revocados: el de la autoridad y el espacial. La iglesia el día de hoy posee un clero profesional, un templo físico, un personal que lo administra y, cohesionando todo, una organización que la cobija. Esto implica costos a veces altos: el salario de los pastores, del conserje de la iglesia, de los vigilantes, las secretarias, los contadores, los administradores, el alquiler del local (o el pago del préstamo del mismo), los servicios básicos (luz, agua, teléfono, gas, Internet), útiles de oficina, material de enseñanza, y un largo etcétera. Debo costear lo que mis paradigmas cuestan. ¿Cómo pagar eso? Debo asegurar la consistencia en el tiempo del flujo económico que recibo. ¿Cómo hago esto? Sugiriendo la obligatoreidad de una porción de los ingresos de los miembros de las iglesias. De allí la necesidad del diezmo, aunque no sea válido. La presión, debe decirse, es fuerte.

Sin embargo, si el paradigma de la autoridad y el paradigma espacial desaparecen, ¿hay presión económica para la comunidad? No la habría, se elimina una carga grande y onerosa. En paz, haríamos como Pablo, que nunca dijo que estaban los creyentes robando a Dios, como nos dicen ahora, sino que más bien habla del dador alegre y que cada uno dé como propuso (2 Cor. 9:6-15), o sea, no hay una regla de cantidad de nuestro “dar”[iii]. Dado esto, las comunidades que siguen los patrones trinitarios deben eliminar la exigencia del diezmo, recibir las contribuciones voluntarias que Dios puso en el corazón de sus miembros sin topes o márgenes en sus entregas, incentivando la bendición del dar en contraste del castigo veterotestamentario, y ayudar a los necesitados.



(*) Este tema lo desarrollamos inicialmente con la gente de Enderezando la Senda, el cual fue enriquecido con los comentarios de El Ciberpastor, y las apreciaciones de mis amigos Gabriel y Gaby.
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[i] Mi amigo Gabriel Ñanco me dijo una vez lo siguiente: “Al pensar sobre este tema siempre me viene a la mente: ¿Qué porcentaje del dinero que entra mensualmente a las iglesias se da para ayudar a los pobres, asistir a los ancianos, en medicina para los enfermos, en proyectos solidarios, cuánto va a parar a hogares de niños, cuánto se destina para paliar el hambre? Mejor no me sigo preguntando ni me respondo, pues la tristeza se acrecienta”
[ii] Algunas personas están muy confundidas cuando leen Hebreos 7:8 “Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive”, porque piensan que aquellos “hombres mortales” de quien se está hablando son ministros de la iglesia cristiana, concluyendo inmediatamente que en la iglesia primitiva se cobraba el diezmo, cuando el autor de los Hebreos se refiere a los levitas hebreos que aún recibían el diezmo mosaico en los tiempos en que se escribió la carta.
[iii] Para ver cómo daba la iglesia del tiempo paulino sus ofrendas –porque las daban y en forma generosa-, leamos 2 Cor. 8 y 9. ¿Algún porcentaje que se mande? Ninguno.