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domingo, 18 de noviembre de 2007

Recordando a Amós

Debo reconocer previamente que he leído poco, en todo mi tiempo de cristiano, a los profetas denominados “menores” salvo a Jonás por la recurrencia en las prédicas oídas y a Malaquías por la insistencia de los líderes de la congregación con respecto al muy sensible tema del diezmo, aunque he tratado de remendar mi falta con mis recientes estudios veterotestamentarios. Considerando esto ingreso en el mundo de Amós.

¿Cuáles son las características del tiempo, del contexto? Él fue un profeta dirigido al reino del norte aproximadamente en el siglo XIII a.C en un tiempo de relativa paz y mucha prosperidad. La bonanza económica era notoria –de haber tenido un instituto de estadística o un ministro de economía, los reyes hebreos habrían anunciado con mucha publicidad el crecimiento de la economía de la época-, mucho lujo en ciertos estratos pero con una desigualdad calamitosa y abusos notorios contra los pobres desde el punto de vista económico (salarios deplorables, iniquidades en el comercio, adulteración en las pesas y medidas) como el legal (corrupción en los jueces, injusticia institucionalizada). Era en la práctica un sistema que abusaba enormemente de unos en detrimento de otros.

Desde el punto de vista religioso hubo una vida de fe ficticia. Los lugares sagrados rebosaban de gente, activismo, sacrificios al maximo de su capacidad, diezmos al tope y prédicas sacerdotales frecuentes y, seguramente, impactantes, lo que les sustentaba una actitud de falsa seguridad: tranquilos y felices de la situación del país ya que pensaban que nada les iba a pasar porque “cumplían” todos los requerimientos religiosos que representaban obediencia a Dios y, por lo tanto, la nación estaba protegida ante cualquier amenaza. La verdad era, sin embargo, que el pueblo del norte estaba concentrado en las apariencias y habia olvidado a Dios completamente. Su religión no era más que los actos cultuales, el incienso y la sangre de los corderos en el altar pero Jahveh estaba muy lejos de sus vidas.

¿Quién era Amos? No era un religioso, ni levita, ni sacerdote, ni siquiera un acólito del templo sino un ganadero dedicado a sus negocios y a su vida normal, probablemente rico, que en cierto momento de su vida recibe el llamado profético por parte de Dios. ¿Qué anuncia? Denuncia fuertemente el abuso contra los pobres y la dualidad de un sistema barnizado de piedad que favorece a pocos: la riqueza extrema que hace que se tenga una casa de veraneo (Am. 3:15) o que se atesore en los grandes palacios (Am. 3:9) pero que al mismo tiempo se maltrate escandalosamente de los que tienen poco (Am. 4:1) denotando una profunda hipocresía religiosa (Am 5:21-27) que es rechazada absolutamente por Amós, abominando toda la parafernalia religiosa vacía e inútil. Proclama el castigo de Dios que parece ser inminente y duro, un castigo de muerte (Am. 5:3), pero siempre deja un resquicio para la esperanza: “Busquenme, ¡y vivirán!”. Es un mensaje impopular, incómodo al extremo que el sacerdote expulsará al profeta tras el anuncio radical (Am. 7:10-17) pero él se mantiene fiel a la palabra recibida, una palabra de reprimenda, punitiva, de un dolor que se acerca por culpa de nuestro olvido de Dios. Lo peor es que el pueblo no se daba cuenta de lo dramática y frágil de su situación.

Amós vio las cosas con claridad: la fe en Jahveh es una y sus implicancias prácticas no son transables. Poner los ojos en Dios requiere amarlo sobre todas las cosas, vivir comprometido con sus preceptos y buscar la justicia en todos los ambientes en los que nos encontremos. Podemos ser ricos -eso no es lo que Amós condena per se-, pero debemos tener en nuestro corazón una sincera búsqueda de la justicia social, económica y religiosa si nos decimos cristianos. ¿Cómo puedo decir que soy un discípulo de Dios si fomento sin remordimientos las partes negativas de un sistema que empobrecerá a mi prójimo, paga bajos salarios, aprovecha las asimetrías, corrompe el sistema jurídico para que algunos se queden con los bienes ajenos y fomenta el estado de consumismo suntuoso? No tiene sentido y, ante ello, cabe la denuncia vehemente.

¿Es un mensaje relevante el día de hoy? Sí, porque en el Perú las injusticias económicas son abismales pero una buena parte de los evangélicos, en vez de denunciarlas sin ambages, hemos preferido -por ejemplo- hablar de mensajes escapistas que predican un rapto y una segunda venida inminente, siendo un calmante al sufrimiento del tiempo actual (¡un sedativo como lo era el culto de la época de Amós!). Hay hipocresía religiosa dentro de nuestras iglesias pero preferimos la comodidad de teologías dominantes, controladoras y abusadoras. “¿Qué me importa la hipocresía si los hermanos pagan el diezmo?” parecen decir algunos. Hoy en día la iglesia evangélica predica un discurso cómodo, popular, que llena estadios y coliseos, que hace milagros a granel, que tiene cuatro o cinco muletillas a las que llama teología, que fomenta el negocio de la música cristiana absolutamente laxa y sin contenido, que le da la mano al presidente en el Te Deum y le predica suavecito porque algunos pastores están haciendo cálculos políticos por detrás, que predica para ella misma de manera calculadora para no estar mal con nadie a pesar de las injusticias. Esto es muy diferente a lo que el profeta hacía en su tiempo, totalmente comprometido con su situación histórica (al contrario de hoy, que preferimos la máxima espiritualización posible y desconocemos lo que sucede en el mundo), comprometido con los abusados, comprometido con Dios denunciando la manipulación religiosa.

¿Por qué nos habremos olvidado de Amós?

martes, 19 de julio de 2005

Una reflexión sobre la economía y la misión de la Iglesia (6)

¿Y QUÉ TIENE QUE VER LA MISIÓN EN TODO ESTO?

Tiene mucho que ver. Sobotka dice que “[la lectura de la creación dada líneas atrás] en forma de doctrina y aplicación posterior está explícitamente dada desde la perspectiva de la iglesia que cree que el mundo fue redimido potencialmente y puede serlo de hecho si se observan los principios del orden creado [xxiii]”. La realidad, sin embargo, indica que “los seres humanos creados como portadores de la imagen de Dios, son corresponsables del orden social, ecológicamente armonioso, se vuelven individualistas y egoístas, arruinan su vida individual y destruyen comunidades, amenazan la vida de la naturaleza, se vuelven opresores, amantes del poder e injustos [xxiv]”. ¿Debemos actuar los cristianos ante esta realidad? ¿Nuestra misión debe incluir como parte fundamental la respuesta ante estas situaciones?

Sí, debe incluir la denuncia de la injusticia. Como dice Sobotka, “ante esta realidad es imposible no actuar [xxv]”. Cita a Lim para reafirmar su posición: “en el mundo modero es imposible ser políticamente neutral o [en su defecto] no tener compromiso. No se puede amar al prójimo sin involucrarse en la esfera política –lo cual implica buscar el bien común por medio de la acción política a favor de la libertad, la justicia y la paz [xxvi]” y concluye diciendo que “al confesar que por medio de Jesucristo la esperanza fue restablecida y el mundo fue potenciamente restaurado, también somos llamados a lograr el potencial de esta esperanza mediante el uso de todas sus facultades. Así, ponen sus vidas al servicio del propósito original del Dios Creador: una vivencia comunitaria en paz, justicia, gozo y libertad, lo que hoy es una utopía [xxvii]

Hay que proclamar la verdad de Dios, la necesidad que tiene el hombre de su amor y cobijo, de su perdón de los pecados y de la infinita salvación que nos redime y nos libera realmente. Pero, no hay que olvidar que a nuestro alrededor “toda la creación gime a una” (Rom. 8:22) incluyendo la creación por delegación, esa que el hombre ha hecho y que, frente a ello, no deberíamos quedar callados, orando a Dios y mirando solamente al cielo mientras el mundo es selva salvaje. Nuestra misión jamás debe ser el silencio.

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[i] Coloco un nombre ficticio a un supuesto sistema económico futuro que se desarrollaría en una etapa post-capitalista.
[ii] Un amigo muy cercano.
[iii] Una encuesta publicada en La República del 16-08-2004 afirmaba que el 69.9% de los jóvenes entre 12 y 18 años deseaba irse al extranjero
[iv] El factor geográfico que presento aquí es netamente explicativo. Las burbujas en la que podemos estar inmersos son muy diversas. Pude decir: “las cuadro paredes de la Iglesia”, “las rutas entre las casas de los miembros de la célula” o cualquier otro elemento que nos puede hacer perder conexión con la realidad de la mayoría de la población de nuestro país.
[v] Dije teología, no Biblia, que no es lo mismo.
[vi] Datos sobre José extraídos de la Biblia de Estudio Thompson.
[vii] Frase atribuída al Premio Nobel Milton Friedman, uno de los más brillantes economías del siglo XX y líder de la llamada “Escuela de Chicago” o “Escuela Monetarista”.
[viii] Mucho se discute ahora sobre la venta del gas de Camisea a Chile y, en el país del sur hay reticencias ante la posibilidad de dependencia y el posible control geopolítico que puede tener el Perú sobre Chile por el tema del gas, teniendo en cuenta que ya Argentina domina el suministro a Chile y, por ende, tiene cierto poder de decisión en el país del sur. Resulta más que evidente poder que tienen los países que producen bienes estratégicos –podemos analizar el poder que posee la OPEP en el mundo cuando deciden reunirse y coordinar sus niveles de producción con el fin de modificar los precios-. En el caso bíblico vemos a Egipto en esa posición vital del proveedor de un bien estratégico: los alimentos. “Cuando el hambre se extendió por todo el país, José abrió todos los graneros donde había trigo, para venderlo a los egipcios; pues el hambre era cada vez peor. 57Y venían de todos los países a Egipto, a comprarle trigo a José, pues en ningún país había qué comer”. Más que evidente el poder mundial que adquirió Egipto por esto.
[ix] Un punto importante en este silencio es la actuación del mismo José. En los siete años de abundancia él grabó a los egipcios con un impuesto del 20% del total de la producción. Ya como siervos e inclusive luego de los años de escasez él mantuvo el impuesto del 20% del total de la producción, sin un incremento. ¿Marca un patrón de conducta este acto de José? Pienso que sí.
[x] El desarrollo económico implicó siempre un estado, que usualmente fue de tipo teocrático en sus comienzos. Israel en tiempo de los Jueces no lo tenía, por eso la afirmación de “economía a niveles de subsistencia”
[xi] Y económico. No olvidemos que la economía va siempre de la mano con la política.
[xii] Versión Popular en la que he cambiado la palabra emperador por la palabra César, ya que con esta última (usada en la Versión Evangélica estándar Reina Valera) ha pasado la frase al lenguaje común y corriente latinoamericano.
[xiii] Algunos calculan el número de peregrinos en dos millones.
[xiv] Como rey por el acto de colocar los mantos y las ramas de los árboles en su camino, y en paz por entrar en la ciudad en un pollino.
[xv] Los negociantes en el templo cumplían dos funciones básicas. La primera era la de ofrecer animales aptos para los sacrificios, desde simples palomas hasta grandes bueyes, y la segunda era la de brindar el servicio de cambio de monedas, dado lo internacional de la diáspora judía y de la existencia de una moneda especial, una especie de “dracma del Templo de Jerusalén”. Hasta aquí todo bien, salvo por algunos detalles adicionales. Primero, los animales ofrecidos en el templo eran mucho más caros que los vendidos fuera de él. Segundo, el tipo de cambio de las monedas foráneas a la moneda del templo era perjudicial al usuario –en términos modernos, el tipo de cambio de venta sería muy alto-. Tercero, los sacerdotes por lo general sólo aceptaban animales vendidos dentro del Templo. Cuarto, los comerciantes estaban ubicados dentro del Templo debido a un acuerdo con el Sumo Sacerdote, que a cambio del régimen de pseudo-monopolio compartirían parte de las ganancias con él. Por lo tanto, cuando Jesús expulsó a los comerciantes no era solamente un conflicto contra simples vendedores ambulantes sino que era un golpe bajo, un desafío abierto contra el máximo poder judio: el Sumo Sacerdote
[xvi] Erdman, Carlos: “El Evangelio de Lucas”. Grand Rapids, TELL. 1949 (Edición en Inglés), 1974 (Edición en Español). Pag. 237
[xvii] http://www.eumed.net/cursecon/dic/bzm/m/modoe.htm
[xviii] Dos casos básicos muestran esto en la historia del cine norteamericano: “Ben Hur”, un clásico, y “Gladiador”, reciente película por la que el actor principal ganó el Oscar.
[xix] Gran parte de las ideas de los siguientes cuatro párrafos son extraídas de la siguiente página web: http://www.monografias.com/trabajos10/laju/laju.shtml, trabajo realizado por Andrés Espíndola.
[xx] 'Umar Ibrahim Vadillo: Una Crítica Islámica de la Economía . 2005. Edición digital a texto completo accesible en www.eumed.net/libros/2005/uiv-eco/
[xxi] Así como respeta nuestra libertad de decidir vivir sin seguirlo, Él respeta la forma en que ejercemos la mayordomía que nos ha encomendado
[xxii] Estas ideas se extraen de Steuernagel, Valdir (Comp.). “La Misión de la Iglesia: una visión panorámica”. San José, Varitec, 1992. Pag. 311-335, trabajo de Emil Sobotka: “Hasta los demonios creen pero su fe está muerta”.
[xxiii] Steurnagel, Valdir. Op. Cit. Pag. 323.
[xxiv] Ibidem.
[xxv] Ibidem
[xxvi] Ibidem
[xxvii] Ibid. Pag. 324.

Una reflexión sobre la economía y la misión de la Iglesia (4)

1.4. El caso romano
Ya para los tiempos romanos el sistema esclavista estaba plenamente desarrollado. Lo fundamental de éste es, valga la redundancia, el esclavo como agente básico del proceso productivo que produce el excedente del cual se apropian sus amos, representados en última instancia por la figura del emperador romano, el César.

Jesús vivió en ese régimen. Y existe un evento fundamental en el que interactúan en sobremanera la parte política y económica, aunque de manera sutil, dentro del pensamiento de Jesús: La cuestión del tributo. Lucas 20:20-25 lo narra de la siguiente manera:


Mandaron a unos espías que, aparentando ser hombres honrados, hicieran decir a Jesús algo que les diera pretexto para ponerlo bajo el poder y la jurisdicción del gobernador romano. Estos le preguntaron:
—Maestro, sabemos que lo que tú dices y enseñas es correcto, y que no buscas dar gusto a los hombres. Tú enseñas de veras el camino de Dios. ¿Está bien que paguemos impuestos al emperador romano, o no?
Jesús, dándose cuenta de la mala intención que llevaban, les dijo:
—Enséñenme una moneda de denario. ¿De quién es la cara y el nombre que aquí está escrito?
Le contestaron:
—Del emperador.
Jesús les dijo:
—Pues den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios
[xii].

Este evento sucede en la última semana de la vida de Cristo. Jesús ya había anunciado su muerte a sus discípulos en varias ocasiones sin que los doce lo entendieran, también ya se había instalado en Betania, que sería su morada en este tiempo final de su ministerio terreno antes de su crucifixión y sus pies ya habían sido lavados por María en una escena cargada de simbolismo. El domingo se dirige desde Betania a Jerusalén y ocurre la Entrada Triunfal, donde los peregrinos pascuales [xiii] lo reconocen simbólicamente como Rey de Paz [xiv]; el lunes Jesucristo realiza la purificación del templo (parecería ser que fue la segunda ocasión en la que hizo esto dado el relato juanino ubicado en los primeros capítulos de su evangelio), y el martes fue el día del conflicto con las autoridades religiosas judías. Cristo había hecho una ofensiva directa contra el negociado de los sumos sacerdotes Anás y Caifás sacando a los vendedores y cambistas del patio de los gentiles del Templo [xv], y atacando directamente su autoridad en una manera abiertamente desafiante mediante sus parábolas como, por ejemplo, la de los labradores malvados. Este escenario de tensión lo consigna Mateo en el capítulo 21:45-46:

Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta

Este es el escenario caldeado que engloba el pasaje analizado: Jesús que se había mostrado osado y el poder religioso que buscaba destruirlo. Teniendo en cuenta esto, ¿Qué quiere decir Cristo cuando dice “dad al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”? ¿Es tan solo una respuesta a la malicia de sus interrogadores? ¿En simplemente un escape al dificultoso dilema en el que se encuentra? ¿Una artimaña de Jesús? ¿Un pasaje que solamente debe tomarse desde el punto de vista espiritual?

Pienso que Erdman se equivoca al decir que “los enemigos de Jesús daban por supuesto un conflicto de deberes; él, en cambio, mostró que había una armonía perfecta[xvi]. No hay una búsqueda de equilibrio sino un afán de separación, de colocar cada cosa en su sitio correcto. Lo que Cristo parece estar haciendo es desligar la realidad práctica de la divinidad (reflejado en la esencia de la discusión del martes de la última semana de su vida y con el lugar en donde estaba ocurriendo el debate) de la vida político-económica de los seres humanos (algo muy simple ejemplifica esto: la moneda que pide Jesús). A él, con esta pregunta, lo quieren poner bajo la jurisdicción política de los romanos y, curiosamente, para esto le hacen una interrogante básicamente económica (nada tan claro como los impuestos, donde se fusionan poderosamente ambos elementos). Jesús está diciendo es que el régimen político, sus detalles, sus estructuras y su sostén económico son cosas que están bajo la mayordomía del César, es decir, de los seres humanos, mientras que bajo la jurisdicción directa de Dios están otros asuntos, como la iglesia, la vida santa, el alma nuestra. Esta es la razón por la que no “habló” en el caso de José, ni en el caso de la autarquía de los tiempos de los Jueces. El silencio de Dios con José y el tiempo de los Jueces se explica abiertamente aquí: lo económico está dentro de la mayordomía que Dios le expidió a los hombres.

Sin embargo, ¿es que a Dios no le importa nada el régimen económico? ¿Es algo superfluo para él? ¿El hecho que la frase “A Dios lo que es de Dios” nos dice que hay cosas que dependen de él y que el resto no importa? ¿Si Dios no habló en el caso de José, significa que él no hablará nunca? Efesios 6:5-9 da una clave importante. La enseñanza teológica de la carta ya había sido dada y nos encontramos en la parte de las enseñanzas prácticas. 5:21 dice que “debemos someternos los unos a los otros” y engloba dentro de este principio a los tres elementos más importante del orden social, a saber, la relación esposo-esposa, la relación padres-hijos, y la base del sistema económico de la época: la relación amo-esclavo. Existe una manera cristiana de vivir esta tricotomía, un papel que los cristianos juegan, una forma en la que ellos pueden desenvolverse, siempre centrada en el sometimiento mutuo. Esta aparente poco importante disyuntiva entre amos y esclavos es realmente capital:

Esclavos, obedezcan ustedes a los que aquí en la tierra son sus amos. Háganlo con respeto, temor y sinceridad de corazón, como si estuvieran sirviendo a Cristo. Sírvanles, no solamente cuando ellos los están mirando, para quedar bien con ellos, sino como siervos de Cristo, haciendo sinceramente la voluntad de Dios. Realicen su trabajo de buena gana, como un servicio al Señor y no a los hombres. Pues deben saber que cada uno, sea esclavo o libre, recibirá del Señor según lo que haya hecho de bueno.

Y ustedes, amos, pórtense del mismo modo con sus siervos, sin amenazas. Recuerden que tanto ustedes como ellos están sujetos al Señor que está en el cielo, y que él no hace discriminaciones
.

En el pasaje de la cuestión del tributo se nos muestra que Dios no se involucra directamente en nuestro régimen económico y político, que eso es, mas bien, potestad de Dios que encaja dentro de la mayordomía dada a los hombres en el tiempo de la creación. Sin embargo, en este último pasaje bíblico Dios directamente y sin ambages se “entromete” en un tema aparentemente esquivo. ¿Por qué lo hace? Tengamos presente que “En el régimen esclavista, las relaciones de producción se basaban en la propiedad de los dueños de esclavos sobre los medios de producción y sobre los esclavos considerados como “instrumentos parlantes” sin derecho alguno y sujetos a explotación cruel. El trabajo del esclavo, que tenía un carácter abiertamente coercitivo, se aplicaba en gran escala en los latifundios y la producción artesanal, disponiendo el dueño no sólo del trabajo, sino también de la vida del esclavo. En la época en que se forma el régimen esclavista, la sociedad se divide en dos clases fundamentales: los señores esclavistas y los esclavos, y para mantener el dominio de los primeros se estructura un aparato de violencia y coerción, el Estado esclavista. Los contingentes de esclavos se nutrían sobre todo mediante las guerras y, parcialmente, con los campesinos y artesanos que se arruinaban. Se explotaba a los esclavos de manera tan cruel que su vida era corta[xvii], y a pesar de esta situación, de la explotación y crueldad en el trato, del cómo llegaban a ser esclavos [xviii], Dios no interfiere con el sistema. ¿Qué, entonces? Recordemos la lección de la visión teocrática de Jueces y fusionémosla con el punto de vista de Pablo y podemos llegar a concluir que lo que a Dios le interesa en verdad es, a saber, relaciones justas entre los agentes económicos, en este caso, amos y esclavos. Por eso la exhortación a trabajar bien, a tratar bien, a respetarse mutuamente teniendo en cuenta la nueva condición de nacidos de nuevo en Cristo Jesús. Por lo tanto debemos profundizar en el tema de la justicia.

El concepto recorre el Antiguo Testamento [xix] donde la justicia se refiere en primer lugar a un contexto concreto de relaciones sociales, especialmente significa rescatar a la victima, liberar al oprimido, expresando, por lo tanto algún tipo de reinvidicación.

La palabra hebrea Sedeq (Justicia) es expresión suprema y global de lo que es valioso, justo y correcto en la comunidad. Es el concepto central que gobierna todas las relaciones sociales que significa rectificar situaciones entre personas y grupos, vivir conforme a lo que la situación social exige pudiendo inferir por tanto que significa justicia para el oprimido. Mishpat, sedaqah, heded-y-emeth (amor constante) y yeshuah (liberación, salvación) pertenecen al campo semántico de sedeq, justicia. Explicitan uno o más aspectos de sedeq o matizan el concepto.

Sedaqah significa un acto de bondad o compasión. En ese sentido sedaqah es liberar al oprimido, reivindicar al huérfano, a la viuda, al inmigrante, al pobre contra sus opresores. En este sentido el antiguo Cántico de Débora habla también de las sidqoth (plural de sedaqah) de Yahvé Dios. Mishpat se traduce con frecuencia por derecho o justicia. Tiene matices jurídicos (regla, juicio, ley, proceso jurídico), pero estos son solo ampliaciones de su sentido primario: justicia liberadora, salvífica. De hecho lo que esta en el corazón de la Torah, consiste en hacer justicia allá donde reina lo contrario. Mishpat esta relacionado con amor y compasión, ya que la Biblia no reconoce justicia alguna sin amor y sin misericordia.

En el Nuevo Testamento, Jesús proclama el reino de Dios que representa la realización de la justicia (sedeq y mishpat) de Dios. De hecho Pablo en vez de hablar de reino de Dios habla de Justicia de Dios. Más importante es todavía que la constatación de que según el Nuevo Testamento Jesús realiza la justicia de Dios en su propia persona. Su preocupación por los pobres y marginados encarna la justicia del Dios justo. Más aún Jesús muestra de manera explicita lo que quedaba implícito en el Antiguo Testamento: el amor al prójimo es la norma suprema de sedeq de Dios y resumen de todas las demás normas. El amor "tratar al prójimo como uno quiere ser tratado, como otro yo", constituye la base y el alma de toda justicia. Los que siguen a Jesús en esta praxis se convierten en la justicia de Dios presente en el mundo. Jesús se convierte en el criterio último de lo que es la justicia: practicar la justicia es seguir a Jesús.

Y seguir a Cristo remece nuestro ser. Por lo tanto, así como los musulmanes dicen que “Vivir dentro del Islam le enseña al musulmán que la transformación del medio social, en un sentido auténtico, sólo es posible por una transformación de si mismo, y lo que es más importante, por el permiso de quien gobierna y ha creado el mundo, Allah, que alabado sea. Esto le hace al musulmán perder el temor de la existencia porque sólo le teme a Allah [y] cuando lo conoce de este modo el musulmán llega a entender que todo acto es adoración de Allah. Que no hay separación entre la política y la adoración de Allah, ni entre el comercio y la adoración de Allah. En este estado, el musulmán comprende que sólo vive por y para Allah, que depende y confía en Allah[xx], debemos entender que nuestra adoración a Jesús es completa y abarca todo, incluyendo las relaciones económicas.

Y no importa el sistema en el que se den estas relaciones. La Biblia se escribe dentro en el período esclavista, desde sus inicios hasta su apogeo máximo en el Imperio Romano y si hubiéramos nacido en esos tiempos, como amo, esclavo o quizá como hombre libre habríamos sido seguidores de Jesús y, como tales, buscadores de la justicia. Podemos ser esclavos económica y socialmente hablando, pero entre cristianos la acepción de personas no existe, siendo amos y esclavos iguales ante Dios, pero no ante los hombres. No se nos pide cambiar el régimen, destruirlo, se nos dice tratar “al esclavo como a nosotros mismos (si somos amos)” o “tratar al amo como a nosotros mismos (si somos esclavos) [xxi].”

Equivocan completamente el camino cristianos que honestamente piensan que el capitalismo es el régimen bendecido por Dios. Dios no bendice ni avala un régimen ni sistema ni nada que se le parezca. ¡Él pidió obedecer a Nerón!. Este tema lo deja a merced del hombre. Dios quiere que simplemente en el régimen en el que estemos, actuemos con justicia. Por lo tanto, la pregunta clave, capital e imposible de evitar es, ¿qué hacemos si existe la injusticia en las relaciones económicas? ¿Debemos los cristianos denunciarlas o simplemente concentrarnos en asuntos espirituales? ¿Basta con el modelo asistencialista? ¿Dónde podemos encontrar estas injusticias? ¿Hay en la Biblia un punto de partida donde pueden verse a plenitud la injusticia económica?