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domingo, 5 de marzo de 2017

Ese diseño ya no existe

Juan Stam escribió que la creación es un “eje decisivo de todo el pensamiento bíblico” (1). En efecto, es fundamental, tanto o más importante como el éxodo, el exilio y la venida de Jesucristo. Se insiste en que la creación era “muy buena” (Gen. 1:31), toda, incluyendo la sexualidad; y el que todos los seres humanos somos imagen de Dios (Gen. 1:26). De nuevo: todos, sin distinción. Stam también dice que estamos en un periodo transitivo entre la creación inicial y la creación final que promete nuevos cielos y nueva tierra como esperanza final a nuestros tiempos convulsionados (2). Una transición dominada por los efectos del pecado, que transformó la realidad inicial planeada por Dios.

Hay una frase que he leído muchas veces en las últimas semanas: “estamos de acuerdo con el diseño original”. Hay paneles recientemente colocados en algunas calles de Lima con ese mensaje. Por supuesto, se refiere a que Dios creó solo hombres y mujeres (Gen. 1:27; 5:2) a su propia imagen y semejanza, lo que se amplía hasta la idea del matrimonio cuando se habla de multiplicar la tierra (Gen 1:28; 9:1, aunque siendo estrictos, Adán y Eva jamás se casaron, el matrimonio se inventa mucho después). Es muy importante tener en cuenta que este “diseño original” se dio en una circunstancia particular que con frecuencia olvidamos: el relato describe la realidad antes de la introducción de la muerte en la esfera material. Por lo tanto, este diseño original no existe más en esta etapa transitiva de la creación.

El pecado trajo la muerte (Gen. 2:17; 3:19). Nos queda claro. Por la desobediencia del hombre, la tierra quedó maldita (Gen. 3:17) y se hizo necesario el trabajo para hacerla producir. La maldición trae temor, enfermedad, dolor (Gen. 3:16) y angustia (Gen. 4:13), lo que hace irrumpir al sufrimiento como una realidad plena de la humanidad. Pronto el sufrimiento sería relacionado a la condición pervertida de la humanidad y por ello no es casual que se prometa que la obediencia a Dios traería liberación del yugo de la enfermedad (por ejemplo, Ex. 15:25-26). Por supuesto, la enfermedad es una consecuencia del pecado y suele ser una antesala a la muerte. La miopía es una consecuencia de la caída de Adán como lo es un cáncer o el VIH. Esta es nuestra condición en la creación transitoria. No podemos salir de ella, y nuestra alternativa es la esperanza de la nueva creación. “La visión de nuevos cielos y nueva tierra apunta claramente hacia el cumplimiento cabal de las intenciones del creador. En cuanto cumplimiento, trae novedad y trasciende el pasado; en cuanto creación, va en continuidad con el pasado que cumple. El siglo venidero no se concibe como una negación de la creación como realidad física, sino como su transformación y perfeccionamiento. Esta perspectiva caracteriza el pensamiento hebreo en general: el estado final es una realización de la vida y la comunidad, o en esta tierra o en una tierra nueva, más que en un cielo espiritual sin tierra (concepto platónico). Para el profeta, la vida perfecta no podrá concebirse sin una nueva comunidad, ni esa comunidad sin un nuevo contexto, un nuevo mundo físico y real” (3).

¿Podemos estar de acuerdo con algo que no existe? Nuestra condición es la creación transitoria, no los tiempos de Adán y Eva antes de que comieran el fruto prohibido. Decir que estamos de acuerdo con el “diseño original” respecto al hombre y la mujer, es como si estuviéramos afirmando que no estamos de acuerdo con la muerte o que negamos la existencia de la enfermedad porque no era parte del “diseño original”. Es una negación fragrante de la realidad, la cual es muy diferente tras la introducción del pecado en la realidad material. ¿Por qué ese afán negacionista? ¿Por qué enterrar la cabeza con base en las descripciones bíblicas de una era caduca? Mejor mirémoslo desde otra perspectiva: ¿Por qué para unos temas enarbolo las banderas del diseño original mientras que para otras no? Me explico con un ejemplo. Supongamos que conocemos a un cristiano que trabaja en ministerios de apoyo a los enfermos (con lo que se reconoce la realidad de la creación transitoria) pero que al mismo tiempo rechaza el diálogo con personas homosexuales porque éstas no son parte del diseño original (rechazando la realidad de esta misma creación transitoria). Hay aquí una inconsistencia. Evidentemente, la diferencia no está en el principio teológico, sino en otra parte. ¿En dónde?


Referencias

(1) Stam, Juan. Las buenas nuevas de la creación. Buenos Aires: Kairós. Pág. 11
(2) Stam, Juan. Idib. Pag. 11-13
(3) Stam. Ibid. Pág. 37
Imagen: https://www.bibliatodo.com/ImagenesCristianas/wp-content/uploads/2016/05/diseno-original-de-Dios.jpg

lunes, 21 de septiembre de 2009

Pensamientos en rojo

Por estos días es noticia permanente los ataques de los remanentes narco-terroristas de Sendero Luminoso a las fuerzas del ejército en el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE): un helicóptero derribado en una operación de rescate, los casi cincuenta militares muertos, los juicios a los soldados que combaten el terrorismo, las dudas del gobierno como si no supiese exactamente qué hacer ni qué decir, el negocio enorme de las drogas que se gesta en esa zona del Perú que tan eficientemente toleró Vladimiro Montesinos en el fujimorato. Un problema elefantiásico que parece no tener solución.

Casi treinta años después del inicio de las operaciones violentistas de los terroristas (Chuschi, 1980), es triste decir que el problema de fondo sigue existiendo en nuestro país. La pobreza lacerante que somete a la mitad de la población peruana continúa igual que siempre. Siguen los pueblos serranos olvidados sin servicios básicos, con niños muriendo por causas perfectamente solucionables, sin educación decente, sin posibilidades de superación en sus propias comunidades, y viviendo con menos de un dólar al día. El perfecto caldo de cultivo para reacciones radicales está allí, cocinándose a fuego lento. Por ello Humala puede ser presidente, por ello Sendero Luminoso puede tener adeptos.

El combate contra los remanentes senderistas tiene tres frentes. Primero, el militar, el cual está en este momento en aplicación, combatiendo las columnas terroristas que vagan por los montes de la ceja de selva. Segundo, el económico-social, donde siento que no hay respuestas contundentes que satisfagan a las poblaciones hambrientas y deseosas de superación. Alan García se llena la boca de nuestro crecimiento económico, pero la inequidad es brutal. El neo-liberalismo a ultranza que sigue Alan García está mostrando con meridiana claridad en el mundo que no es solución al problema de la pobreza en el tercer mundo y las apuestas de solución son demasiado tímidas como para causar impactos relevantes. Tercero, el ideológico. Creo que aún no hemos avanzado mucho en esto, más aún cuando las respuestas son tibias ante el reciente libro escrito por el líder terrorista Abimael Guzmán Reinoso, donde insiste con su asesina ideología sin arrepentimiento alguno. Hablan algo por el Congreso, otras cosas extras por algún ministerio o periódico, pero nada más.

¿Por dónde iniciar en el combate ideológico? El punto de partida es que Sendero Luminoso es maoísta, esto es, cree estrictamente en la toma del poder por métodos violentos. Su historia demuestra la fidelidad de su praxis a su pensamiento, y dado esto, es iluso pensar en la posibilidad de que tomen el camino de la democracia como otros grupos terroristas de países como Colombia o Uruguay. Para ellos, democracia es un idioma distinto; es una ruta descartada por la propia esencia de su corriente política. Es como decirle a un testigo de Jehová que acepte una transfusión de sangre. No lo hará, y estará dispuesto a morir. Los senderistas viven en la selva en condiciones insalubres por seguir una idea, y que mañana dejen todo por algo en lo que no creen, suena imposible e iluso.

Un segundo punto –y el central para este post- es el de la metodología. Como cristiano hay algo que me queda muy claro, y creo que se aplica perfectamente a esta situación, y es que los métodos brutales, asesinos y abusivos no pueden traer, bajo ninguna circunstancia, la paz y justicia social a una sociedad o comunidad. Esta contradicción es absolutamente inaceptable, profundamente inmoral y decididamente delincuencial. Matando a mi padre no me traerás justicia; matando a mi madre por no pensar igual que el “justiciero” no traerás jamás justicia; haciendo explotar con dinamita el cadáver de una dirigente social nunca me traerás paz. La justicia verdadera que concuerda con las enseñanzas del Reino de los Cielos desea la eliminación definitiva de la pobreza y la igualdad de oportunidades, pero no puede comulgar con una cultura que privilegie la muerte y el dolor sobre un sueño irrealizable: el comunismo sin estado al que quieren llegar, gran paradoja, con estados más represivos y controladores. Esta debe ser una de nuestras banderas en la lucha ideológica contra Sendero Luminoso. Basada en ella, pienso que de plano sus ideas deben ser rechazadas y combatidas, por su propia concepción criminal en su metodología, como bien lo expresa César Hildebrandt al preguntarse: “¿Así que fueron políticas las 215 masacres que, según la Comisión de la Verdad, perpetró Sendero Luminoso? Sí, fueron políticas. Pero políticas ejecutadas en el marco de una concepción criminal, intrínsecamente homicida, de la lucha de clases, del derecho popular y de la concepción misma del Estado y la justicia. Sendero no fue una guerrilla popular. No fue la respuesta a una dictadura que hubiese cerrado las vías legales para el debate y la contienda. Guzmán no fue Túpac Amaru ni Bolívar ni mucho menos Cáceres. Fue una obsesión cuchillera que sólo pudo prosperar en medio del atraso y la desigualdad extrema del Perú. Sendero, al revés que el Movimiento 26 de Julio, mataba al pueblo que quería salvar. Y hablaba de dictadura burguesa cuando lo que quería imponer era el cementerio de Phnom Penh”.



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