Mostrando las entradas con la etiqueta Aparencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Aparencias. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de mayo de 2009

Viejas frustraciones

Hay una frase que escuche hace años a alguien en la universidad: “No existe el brasilero moderado, ni el argentino humilde, ni el peruano sincero”. Con eso de “o mais grande do mundo”, o el conocido orgullo argentino que ha trascendido fronteras, la hipocresía peruana resalta como una cualidad abyecta, más negativa, aunque siempre sospeché que más que sólo nuestra, es un defecto latinoamericano, heredado de nuestros vicios históricos que comenzaron con el grito de “¡Tierra!” la madrugada que Colón llegó a las Bahamas.

Al casarme con una mujer de diferente cultura, me di cuenta que Dios me había traído un espejo que permitía verme con claridad, sin la sutileza de las excusas de mi “medio ambiente”. Lo que varios escritores decían, al igual que amigos que venían de vivir en el extranjero, era totalmente cierto: somos la tierra de las dobles caras, de la doble moral, de la envidia y las palabras indirectas. Nunca decimos las cosas de frente, nunca encaramos, nos cuesta confrontar, y utilizamos otros mecanismos para expresar lo que pensamos. Procedimientos que están muy, muy lejos de “la verdad os hará libres”.

Es triste ―aunque natural, porque no somos seres aculturados― cuando esto se mete en la iglesia. Triste cuando un pastor aprovecha su sermón para dar el “café” de la semana, en lugar de hablar con la persona supuestamente en falta. Triste cuando utiliza la prédica o la clase de escuela dominical para dar el mensaje de corrección. Triste cuando uno percibe que el caso que él cuenta en la prédica es en verdad algo que le ha sucedido a alguien de la congregación.

Es triste cuando el pastor/apóstol/predicador/líder es tan cobarde que no tiene las agallas de decir lo que realmente piensa sobre la gente, sino que mediante pequeños mensajes desde el púlpito, utilizando la palabra de Dios como arma, o en devocionales totalmente manipulados ―donde se critica a sí mismo, asumiendo la falta que ve en el otro―, expresa su pensamiento real, que no es el del domingo de después del culto, con la sonrisa falsa al darte la mano y diciéndote un estereotipado “Dios te bendiga”. Que asqueroso uso de la Palabra, cuando se proclama como el llamado por Dios, como el santo o la voz autorizada, pero utiliza la Biblia para argumentar a favor de su carne y sus oscuros deseos. Y cuando alguien lo confronta… pues evade, se hace el loco, con él no es, dice que estamos pecando porque no nos sometemos al ungido; como decía, la cobardía sale a flote.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, por si acaso.

domingo, 12 de octubre de 2008

Simplificados


Pasa el tiempo y no se me pasa la frustración por el exceso de simpleza de los cristianos. Por leer tres líneas sacan conclusiones; por ver el perfil en Facebook ya me conocen de la cabeza a los pies y logran detectar la naturaleza de mi “problema”; por un comentario borrado en un blog comunitario me acusan directamente de actuar con saña cuando nada he tenido que ver.

Claro que las tres únicas líneas que leen suelen no están de acuerdo con lo que piensan esos cristianos. Ergo, quien está mal soy yo. Sin embargo, pronto no pueden pelear en el campo de la argumentación y las ideas coherentes (los evangélicos no estamos acostumbrados a la argumentación racional sino a la afirmación categórica. Y eso que no hablamos de teología compleja ya que yo sólo soy un aficionado curioso) y entonces van con lo siguiente: "la actitud, es un problema de tu actitud: lo veo en tu blog, en ese otro blog, en TSN, en Lupa". Siempre es lo mismo: cuando no puedes con lo objetivo, anda con lo subjetivo. Allí, todo vale.

La cadena simplista del uno-más-uno-igual-a-dos con demasiada frecuencia va así:

- A los ungidos nunca se les toca porque inclusive el propio David respetó al ungido de Jehová cuando tuvo la oportunidad de matarlo.

- A las congregaciones tampoco se las toca.

- Mucho menos, a la iglesia.

- Si hay problemas deben SIEMPRE quedar en casa, jamás exponerse al gran público de Internet porque no son de edificación y causan división en la iglesia. Ni más ni menos que la teología del maquillaje.

- Si haces lo contrario, por supuesto, es por tu actitud beligerante o por tus conflictos no resueltos. Puedes ser inteligente, saber argumentar, pero tu actitud negativa mata todo lo positivo que pueda existir. Mejor sería que te quedes callado, que cambies el tono de lo que escribes o que suprimas el blog.

Yo creo que los problemas se enfrentan, sea desde el seno de las propias comunidades aunque también desde la vereda de enfrente, desde afuera, porque muchas veces esa es la única tribuna disponible. Y creo que deben enfrentarse más allá del uno-más-uno-igual-a-dos, abandonando los cómodos silencios de la complacencia. Pensemos en los apóstoles del mundo neopentecostal que me hacen recordar a los brahmanes hindúes. ¿Saben la historia? (1) Se supone que cuando nace un brahmán es superior a todo el planeta y, por ello, es señor de todas las criaturas. Todo lo que existe en el mundo es su propiedad privada, teniendo derecho a todo. Su única labor es instruir en el conocimiento del mundo al resto de la gente, inferiores. Entonces, los brahmanes son intocables como los apóstoles son en la práctica. ¿Qué haces con esta anómala situación? ¿Sólo orar, como me decía un hermano guatemalteco mediante un correo electrónico? ¿Esperar el juicio del Señor, ya que sólo él toca a su “ungido”? ¿Quedarse callado es lo que edifica a la iglesia? ¿Exponer el problema es malo porque causa división? ¿Es mejor la inacción ante lo que nos destruye poco a poco?

Hablar sobre lo defectuoso del liderazgo -por ejemplo- no es hablar mal de la congregación que muchas veces sufre en silencio el abuso. ¿Creen que así se divida la iglesia? ¿Mas de lo pulverizada que ya se encuentra? Yo no creo: es, en realidad, el modelo monolítico del liderazgo el causante de nuestra triste realidad en cuanto a la "unidad". Hablar de los problemas no mata ya que la autocrítica es siempre necesaria para la supervivencia sin caídas monstruosas como las que vemos ahora, por ejemplo, en el otrora orgulloso mundo de las altas finanzas. Mostrar sólo lo bonito distorsiona la vista.

Claro, la simpleza no tolera la autocrítica porque nos obliga a pensar. Y pensar, lamentablemente, es un ejercicio poco desarrollado en las iglesias de mi país, el Perú.


Referencias
(1) La historia la saco de http://www.elpais.com/articulo/semana/Culpables/millonarios/impunes/elpepueconeg/20081012elpneglse_5/Tes
(2) La fuente de la imagen es http://cremc.ponce.inter.edu/carpetamagica/images/suma2.gif

lunes, 16 de junio de 2008

Plancha quemada

Una pequeña introducción

Aquí en el Perú, cuando somos niños, solemos jugar un juego llamado “las escondidas” que, por lo que sé, tiene nombres diversos en cada país de Latinoamérica. Uno de los niños, al que llamaré el buscador (olvidé el nombre) cierra los ojos, de frente contra una pared, y cuenta hasta 20, 50 o lo que se haya predeterminado. Luego, tiene que buscar a todos los demás. Si encuentra, por ejemplo, a Daniel grita:

¡Ampay Daniel!

Y va corriendo al lugar donde hizo el conteo, tocándolo para que el ampay sea válido. Y así sucesivamente con los otros. El primero en ser encontrado es el perdedor, mereciendo el castigo de hacer el próximo conteo, y cada uno tiene la oportunidad de salvarse si toca la pared antes de la persona buscadora gritando:

¡Ampay me salvo!

Y ya, está salvado. El último en ser encontrado tiene un poder especial: puede salvar a todos si llega primero a la pared de conteo, y el buscador deberá repetir todo de nuevo encontrando a los demás.

¡Ampay me salvo y con todos mis compañeros!

Hay otra particularidad. El buscador puede ver a alguien y correr a la pared de conteo:

¡Ampay Daniel!

Y no era Daniel, era Christian. Entonces Christian salía corriendo gritando:

¡Plancha quemada! ― Porque el buscador creía que era uno, pero era en realidad otro. En algunas versiones del juego allí terminaba todo para reiniciar otra vez. En otras, en cambio, simplemente se salvaba el beneficiado por la plancha quemada.

La torre de Babel

Ahora sí voy al punto. Para mí, prender la principal radio evangélica de Lima ―Radio del Pacífico― para escucharla es un desafío para la ecuanimidad. Con el fin de aglutinar a la mayor cantidad de tendencias, la anterior administración de la emisora decidió que temprano en la mañana oigas el programa de un presbiteriano, reemplazado por un locutor de un ministerio carismático que habla del espíritu del resfrío; luego predica un pastor bautista, e inmediatamente escuchas a Cash Luna, Luis Palau o alguno de su tipo hablando de un tema del tipo Dios te ama, perdonando al vecino o las cinco maneras de ser un vencedor; de inmediato un grupo de hermanos nos entrega una secuencia de oración para liberar a Lima del control de su espíritu territorial; otros nos ofrecen la franquicia del G12 de Castellanos o venden el modelo de iglesia con propósito y así sucesivamente. Es, en cierto sentido, la torre de Babel, donde se hablan todos los idiomas teológicos.

Con frecuencia se escuchan verdaderas rarezas como seminarios (¿?) que ofrecen doctorados en menos de un año junto a prédicas que sorprenden no por su llegada sino por su contenido de cartón reciclado que de sólo escucharlas uno siente vergüenza ajena. ¿Cómo este individuo puede decir esa tontería en una radio que es escuchada por una proporción no tan pequeña de la comunidad evangélica? ¿Cómo puede opinar tal cosa digna de un actor cómico? ¿Y la censura? ¿Cómo afirmar con con tanta seguridad tal otra cosa? La sensación es igual o peor que la que tienes al leer los comentarios de un foro “cristiano”: la gente aquí tiene un tornillo suelto o ni siquiera tiene tornillos. Parecería que no tienen nada.

Hay problemas demasiado serios. Terriblemente severos.

Y no hablamos de hermanos recién convertidos, sino del pastorado militante que dirige a la ovejuna masa evangélica de nuestra América Latina. Por estos días hay un escenario extraño en el pastorado porque una parte ha ascendido convirtiéndose en apostolado, rechazando toda sumisión a otros. Algunos dirigen con mano de hierro y autocracia absoluta sus iglesias locales. Otros, sutilmente, reemplazaron las normas denominacionales de tradición democrática por leyes que les dan todo el control en su parcela local. Algunos desean pleitesía y fama mientras toleran algunos pecados de sus miembros más importantes. Otros pierden el control por una falda, el dinero, el reconocimiento, la envidia corrosiva, la necesidad de una iglesia grande y exitosa, el viajar por muchos países, el tener muchos cargos de bonitas siglas para que se sientan un poco más importantes (1). Algunos están engullidos por un orgullo enfermante. Otros, por vicios ocultos que jamás serán capaces de admitir pero que son evidentes al tan solo escucharlos aunque por supuesto predican santidad y corrección desde el púlpito o sus clases. El común denominador es que todos nunca han resuelto sus problemas emocionales.

Psicólogo ¡urgente!

¿Pastores con problemas emocionales? ¿No es que en Cristo somos nuevas criaturas y las cosas viejas son dejadas atrás? ¿No es que a los ungidos del Señor no se les puede tocar?

Una vez escuché que el alma de un niño es como un piso de cemento fresco, totalmente moldeable. Una paloma se posa en él, y deja su huella. En cambio, un adulto suele ser como el cemento seco de una vereda o una cancha de fulbito. Viene un elefante dejando sus pisotones pero nada pasa. Sin embargo, allí está la vieja huella de la paloma, que no se borra.

Suele suceder que pocos, con seriedad, ayudan a los cristianos con problemas emocionales serios a solucionar sus conflictos porque se espera que el Espíritu Santo corrija todos los problemas del creyente. Es obvio que esto no es así (ya escucho las vocecitas que dicen que no tengo fe, que soy un liberal, que blablabla) pero más aún, los líderes a veces no están capacitados para eso. Además, la conversión suele cubrir temporalmente las huellas de los problemas emocionales que resurgen cuando el primer amor se acaba, cuando la emoción de las primeras palabras de la conversión se evapora. Y allí el cristiano se transforma. O vuelve a ser el de siempre, cubierto de huellas de palomas.

Una realidad que se debe reconocer es que el pastorado puede llegar a atosigar con una presión enfermante. Por ejemplo, lo políticamente correcto se vuelve variable importante y te ves obligado a portarte de cierta manera diciendo las cosas de una forma determinada para no ser marginado por el gremio o la congregación. La gente te observa permanentemente: como miras, como te suenas la nariz, la ropa con la que te vistes, tu sonrisa, tu tono de voz. Eres permanentemente evaluado. Y la presión que se genera es enorme, un poco como una estrella famosa, y por supuesto existe el riesgo de colapso a lo Britney.

Otro riesgo gigante es el orgullo, el viejo serás como Dios del jardín del Edén que es un lastre de nuestros políticos y los pastores. Por el orgullo se han creado denominaciones enteras que olvidaron la misión de Dios por construir su propio feudo de religiosidad, conviertiéndose en nuestros fariseos modernos. En nuestra Latinoamérica abundan por montones, aunque gracias a Dios también tenemos muchos de los buenos, que de verdad viven el sacrificio del ministerio y se entregan completamente a la tarea de ser obreros de la grey de nuestro Señor Jesucristo.

La ecuación es peligrosa:
Problema emocional +
Conversión +
Poca ayuda efectiva +
Llamado al ministerio +
Grandes presiones del pastorado (atosigamiento) +
Grandes presiones del pastorado (orgullo)

= BOMBA DE TIEMPO (de estas tememos miles de miles)

Imaginen entonces, la siguente secuencia:

X es una persona con problemas emocionales muy serios que un día se convierte a la fe de Jesucristo. Se consagra completamente dejando de lado los problemas y parece mejorar pero sin que nadie lo ayude con efectividad a una real solución de sus conflictos. Tiempo después, siente un “llamado” y se mete al Seminario convirtiéndose en el centro de atención de su iglesia, en un creyente de otra categoría (¡es un seminarista, por favor!). Los problemas emocionales continúan pero están cubiertos. Luego, X se gradúa y se va a trabajar a una iglesia, donde los hermanos lo tienen en buena estima y la amenaza del orgullo se multiplica por 1000. X sucumbe, se vuelve controlador, personalista, nadie lo puede corregir porque se siente más cerca de Dios, porque sabe más, es más inteligente (según él mismo) y así sucesivamente… aquí los viejos problemas emocionales han mutado hasta convertirse en un monstruo incontrolable. Pasan los años y X se cree todavía más santo hasta que explota por completo. Si es casado, se fuga con su secretaria o con el vigilante de la iglesia. Si es soltero, es descubierto en su adicción a la pornografía, su enervante envidia a los casados o acaba acosando sexualmente a una adolescente. ¿Pura ficción lo que digo? Les aseguro que ha pasado con exagerada frecuencia.

Prolegómenos

¿Y dónde comenzó todo? En el viejo problema emocional irresoluto, que se ignoró por completo, ese que nunca se quiso admitir. ¿Es que todos los pastores latinoamericanos son así? No, jamás dije eso. Conozco excelentes pastores que fielmente sirven a su grey sin tratar de alimentarse de la carne de las ovejas. Pero tras escuchar Radio del Pacífico y leer los foros cristianos, leer un poco y andar un tanto por allí es evidente que… hay serios problemas en el liderazo evangélico. Las perspectivas son oscuras a pesar de las promesas de avivamiento o de la campaña de consagración del país de Franklin Graham o Marcos Witt.

Plancha quemada, entonces. La gente suele creer que el pastor es perfecto, santo, casi sagrado, y muchas veces el pastor también lo cree así, pero luego saca las garras y se manifiesta realmente tal como es: una persona completamente humana, llena de conflictos como cualquiera, pero que puede seguir los pasos de los dictadores autoritarios que copan todo el poder, o cometer un pecado grosero. Plancha quemada, porque muchas veces se creen lo que no son. Plancha quemada, porque la iglesia necesita otro tipo de liderazgo (aunque estén jubilosos de su pastor-sacerdote-caudillo). Plancha quemada, pero jamás lo querrán admitirlo. Y si lo aceptan, no se hace nada.
Referencias
(1) Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos, de Los Prisioneros.
(2) La fuente de la foto es www.electromanuales.org

viernes, 11 de enero de 2008

Esas cosas que uno a veces no entiende (VII)

Pastor Caifás: Juan, ya es verano, y esta época es la que más me preocupa. Yo oro muchísimo por todos los jóvenes de la iglesia.

Juan Rebelde: No entiendo, ¿le preocupa el verano? ¿Es peor que otra estación? ¿El sol le preocupa? ¿El cáncer de piel? ¿Los accidentes en la autopista? Pastor, la verdad es que no lo entiendo.

Pastor Caifás: Es que se nos ofrecen tantas cosas durante el verano aparentemente inofensivas pero que en realidad son muy peligrosas.

Juan Rebelde: Pastor, sigo sin entender. ¿Los helados contagian alguna enfermedad? ¿Algo así?

Pastor Caifás: No te burles, Juan. Piensa en la playa, los bikinis, los cuerpos bronceados en la arena, las fiestas de fin de semana hasta el amanecer en algún balneario, los tragos, los ceviches a medio día. Hay un erotismo que es muy fuerte, hay un énfasis en lo terrenal, en lo vacío, en la relajación, en el descanso, en el placer, y nada de eso edifica la vida cristiana. Son cosas que como hombres de fe no podemos tolerar.

Juan Rebelde: Pero creo que el descanso no es malo. Yo estudio todo el año en la universidad y el seminario, y espero pasar el verano descansando luego de nueve meses muy intensos. Y la playa es perfecta para eso. Descansar tomando sol luego del esfuerzo del año, nadar en el mar, despreocuparse… ¿Será que ustedes los pastores no saben lo que en realidad es el trabajo y el descanso? Ahora que lo pienso… puede ser. ¿Los pastores trabajan?

Pastor Caifás: ¡Los pastores trabajamos muy intensamente! Y pensamos en la edificación incluso para nuestros momentos de descanso. Es como debe ser. Y te digo, Juan, que no es edificante que alguien que se dice cristiano vaya a lugares que no enriquecen nuestra vida espiritual. ¿Un cristiano libertino? ¿Un cristiano junto con los del mundo? ¿No dice la Biblia que no debemos mezclar la luz con las tinieblas?

Juan Rebelde: Mmmmm, ¿propone la lógica del microclima? ¿Estaremos viviendo encima de unas columnas como en el primer siglo? ¿En una cueva, aislados?

Pastor Caifás: No, para nada. Esa mentalidad de convento yo la rechazo. ¿Cómo podría ser posible si vivimos en Lima, en una ciudad de ocho millones de habitantes? De lo que hablo es hacer morir lo terrenal en nosotros permanentemente.

Juan Rebelde: Hacer morir lo terrenal aislándonos. Porque, si sigo su lógica, no podría ir a muchísimos lugares, y si soy extremo, ni podría salir a la calle. Su propuesta es peligrosa, pastor Caifás, es descartable, ¡Inútil!

Pastor Caifás: Tú crees que la digo porque sí, por molestar. No, Juan, no es así. Mira, he visto con mucha pena a chicos que conocen a Jesús, cristianos de muchos años que caen, que ni siquiera pueden resistirse a frecuentar discotecas en esta época del año. Caen en algo tan simple, ¿te imaginas en lo más serio? Yo no puedo prohibirles ir, pero me frustra que ellos crean que la decisión de ir o no ir "no es algo tan importante"

Juan Rebelde: ¿Acaso ir a una discoteca es pecado? Otra vez con lo mismo, pastor, ¿Cuándo se liberará del trauma que tiene con las discotecas?

Pastor Caifás: ¡Ya vez! ¡Tú también crees que es algo no importante! ¡Pero es fundamental!

Juan Rebelde: ¿Fundamental? Si usted quiere medir mi espiritualidad por la asistencia a discotecas, si para usted esa es la vara del cristianismo, pues renuncio a ser cristiano. Ese cristianismo tan pobre, tal escuálido no es para mi. No lo acepto.

Pastor Caifás: Míralo de esta manera. Te aseguro que Satanás hace una gran fiesta cuando logra que el año nuevo que nos regala nuestro Dios lo inauguremos en una actividad que por donde se le mire jamás va a edificar tus valores espirituales. ¡Esta feliz! ¡Júbilo en los infiernos!

Juan Rebelde: O sea, para usted ir a una fiesta de año nuevo está malísimo. ¿Es acaso el año nuevo una fiesta espiritual? O sea, ¿la está equiparando a la navidad, o Semana Santa? ¿Desde cuándo el año nuevo es para eso???? ¡Ni siquiera es bíblico! Yo pienso que el año nuevo es una fecha de distracción, de sosiego, no sé si me entiende.

Pastor Caifás: El año nuevo debe ser un momento de reflexión, de análisis, de plantearse nuevos retos, de agradecimiento, pero lo dedicamos al jolgorio. ¿Y dónde está el interés por los recién llegados a la iglesia? La iglesia crece, Juan, y cada vez hay más "hermanos menores" que nos miran y que nos tienen como referentes espirituales. Si nos ven en la playa mirando a las chicas en bikini y tomando unos tragos en la fiesta de año nuevo, muchos volverán a ser presa del mundo. Nunca aprenderán a usar correctamente su libertad porque sólo la usan pensando en sus derechos de goce y diversión. Juan, sé que tú no piensas sólo en ti, pero en este punto debes pensar en los débiles, en los mas pequeños.

Juan Rebelde: Ay pastor… la mentalidad de “papito”, de “caudillo” aflora en usted y la iglesia. Yo creo que todos somos libres para decidir, por eso las herramientas deben ser expuestas por usted. Nuestra iglesia es de gente pensante, inteligente, no los puede tratar como niños desvalidos.

Pastor Caifás: Juan, ¿No te parece que algo anda mal si para "celebrar" todavía necesitamos una discoteca, alcohol, cigarrillos, música, danza erotizada, y cuando nos ponen una alabanza nos congelamos y no podemos abrir la boca? Algo anda mal con nuestra vida espiritual... ¿no te parece?

Juan Rebelde: Es verdad, algo anda mal. La pregunta es ¿en dónde?

Pastor Caifás: Pero es obvio que lo que anda mal es la mente llena de lascivia de los jóvenes. Yo no entiendo porqué no pueden comprar un poco de música cristiana y pasar una noche cantando, o aprendiendo a cantar, o escuchando historias personales donde Dios obró, compartiendo promesas recibidas, oraciones contestadas, gratitud por regalos de Dios, proyectos futuros, viendo una película cristiana, renovando los compromisos de servicio, tomando una cena del Señor, orando por el evangelismo y las misiones, por los futuros pastorees. ¡Estas sí son juergas que te duran para toda la vida! , ¡Yo jamás les prohibiré eso, tienen toda la libertad de hacerlo!

Juan Rebelde: ¡Ajá! Me preguntaba qué funcionaba mal, y ahora ya lo sé. ¿Es esa la idea de diversión que tiene? ¿Cantar coritos? ¿Orar? ¿Tomar una cena del Señor? Pastor, no me malentienda. Lo anterior está bien para momentos de reflexión espiritual, no para momentos de diversión. Eso es otra cosa, muy distinta, y la está confundiendo gravemente.

Pastor Caifás: ¿Acaso defiendes a esos libertinos?

Juan Rebelde: Si les dice que la diversión que deben tener es juntarse en una casa, en círculos a cantar un coro aburrido de Marcos Witt mientras escuchamos la biografía de Spurgeon, pues sí defiendo a aquellos que se van a la playa a divertirse. ¡Son cosas totalmente distintas!

Pastor Caifás: No estoy de acuerdo. Ese no es el verdadero cristianismo. Es light, es cualquier cosa.

Juan Rebelde: Pues si su idea del cristianismo es tan aburrida, pronto será sólo su cristianismo, para usted solito. Los despreciarán, lo ignorarán. Si quiere, puedo ayudarlo con algunas ideas para que eso no pase.

Pastor Caifás: ¿Tú, ayudarme? Yo soy el que te tengo que ayudar a ti. Tu liberalismo me preocupa.

Juan Rebelde: ¿Liberalismo? Pastor, está loco. Yo no soy liberal. Ahora, si me permite, es viernes y me tengo que ir a alistarme para pasar el fin de semana en la casa de playa de un amigo. ¡Nos vemos la próxima semana!

domingo, 18 de noviembre de 2007

Recordando a Amós

Debo reconocer previamente que he leído poco, en todo mi tiempo de cristiano, a los profetas denominados “menores” salvo a Jonás por la recurrencia en las prédicas oídas y a Malaquías por la insistencia de los líderes de la congregación con respecto al muy sensible tema del diezmo, aunque he tratado de remendar mi falta con mis recientes estudios veterotestamentarios. Considerando esto ingreso en el mundo de Amós.

¿Cuáles son las características del tiempo, del contexto? Él fue un profeta dirigido al reino del norte aproximadamente en el siglo XIII a.C en un tiempo de relativa paz y mucha prosperidad. La bonanza económica era notoria –de haber tenido un instituto de estadística o un ministro de economía, los reyes hebreos habrían anunciado con mucha publicidad el crecimiento de la economía de la época-, mucho lujo en ciertos estratos pero con una desigualdad calamitosa y abusos notorios contra los pobres desde el punto de vista económico (salarios deplorables, iniquidades en el comercio, adulteración en las pesas y medidas) como el legal (corrupción en los jueces, injusticia institucionalizada). Era en la práctica un sistema que abusaba enormemente de unos en detrimento de otros.

Desde el punto de vista religioso hubo una vida de fe ficticia. Los lugares sagrados rebosaban de gente, activismo, sacrificios al maximo de su capacidad, diezmos al tope y prédicas sacerdotales frecuentes y, seguramente, impactantes, lo que les sustentaba una actitud de falsa seguridad: tranquilos y felices de la situación del país ya que pensaban que nada les iba a pasar porque “cumplían” todos los requerimientos religiosos que representaban obediencia a Dios y, por lo tanto, la nación estaba protegida ante cualquier amenaza. La verdad era, sin embargo, que el pueblo del norte estaba concentrado en las apariencias y habia olvidado a Dios completamente. Su religión no era más que los actos cultuales, el incienso y la sangre de los corderos en el altar pero Jahveh estaba muy lejos de sus vidas.

¿Quién era Amos? No era un religioso, ni levita, ni sacerdote, ni siquiera un acólito del templo sino un ganadero dedicado a sus negocios y a su vida normal, probablemente rico, que en cierto momento de su vida recibe el llamado profético por parte de Dios. ¿Qué anuncia? Denuncia fuertemente el abuso contra los pobres y la dualidad de un sistema barnizado de piedad que favorece a pocos: la riqueza extrema que hace que se tenga una casa de veraneo (Am. 3:15) o que se atesore en los grandes palacios (Am. 3:9) pero que al mismo tiempo se maltrate escandalosamente de los que tienen poco (Am. 4:1) denotando una profunda hipocresía religiosa (Am 5:21-27) que es rechazada absolutamente por Amós, abominando toda la parafernalia religiosa vacía e inútil. Proclama el castigo de Dios que parece ser inminente y duro, un castigo de muerte (Am. 5:3), pero siempre deja un resquicio para la esperanza: “Busquenme, ¡y vivirán!”. Es un mensaje impopular, incómodo al extremo que el sacerdote expulsará al profeta tras el anuncio radical (Am. 7:10-17) pero él se mantiene fiel a la palabra recibida, una palabra de reprimenda, punitiva, de un dolor que se acerca por culpa de nuestro olvido de Dios. Lo peor es que el pueblo no se daba cuenta de lo dramática y frágil de su situación.

Amós vio las cosas con claridad: la fe en Jahveh es una y sus implicancias prácticas no son transables. Poner los ojos en Dios requiere amarlo sobre todas las cosas, vivir comprometido con sus preceptos y buscar la justicia en todos los ambientes en los que nos encontremos. Podemos ser ricos -eso no es lo que Amós condena per se-, pero debemos tener en nuestro corazón una sincera búsqueda de la justicia social, económica y religiosa si nos decimos cristianos. ¿Cómo puedo decir que soy un discípulo de Dios si fomento sin remordimientos las partes negativas de un sistema que empobrecerá a mi prójimo, paga bajos salarios, aprovecha las asimetrías, corrompe el sistema jurídico para que algunos se queden con los bienes ajenos y fomenta el estado de consumismo suntuoso? No tiene sentido y, ante ello, cabe la denuncia vehemente.

¿Es un mensaje relevante el día de hoy? Sí, porque en el Perú las injusticias económicas son abismales pero una buena parte de los evangélicos, en vez de denunciarlas sin ambages, hemos preferido -por ejemplo- hablar de mensajes escapistas que predican un rapto y una segunda venida inminente, siendo un calmante al sufrimiento del tiempo actual (¡un sedativo como lo era el culto de la época de Amós!). Hay hipocresía religiosa dentro de nuestras iglesias pero preferimos la comodidad de teologías dominantes, controladoras y abusadoras. “¿Qué me importa la hipocresía si los hermanos pagan el diezmo?” parecen decir algunos. Hoy en día la iglesia evangélica predica un discurso cómodo, popular, que llena estadios y coliseos, que hace milagros a granel, que tiene cuatro o cinco muletillas a las que llama teología, que fomenta el negocio de la música cristiana absolutamente laxa y sin contenido, que le da la mano al presidente en el Te Deum y le predica suavecito porque algunos pastores están haciendo cálculos políticos por detrás, que predica para ella misma de manera calculadora para no estar mal con nadie a pesar de las injusticias. Esto es muy diferente a lo que el profeta hacía en su tiempo, totalmente comprometido con su situación histórica (al contrario de hoy, que preferimos la máxima espiritualización posible y desconocemos lo que sucede en el mundo), comprometido con los abusados, comprometido con Dios denunciando la manipulación religiosa.

¿Por qué nos habremos olvidado de Amós?

jueves, 12 de abril de 2007

Esas cosas que a veces uno no entiende (II)

Otra vez, Juan Rebelde, un amigo mío, cristiano de "mala influencia" o de "segunda división", conversa con su pastor Pepe Caifás, que lo ha citado a su oficina, preocupadísimo:
Pastor Caifás: ¡No puede ser! ¡Me siento muy triste! El hermano Lengua le contó al Cuerpo Pastoral, a la Asamblea de Ancianos y al Comité de Líderes que te vio en un bar, junto a dos personas más que estaban... ¡fumando!, y que tenías en tu mano un vaso con una sustancia espumosa que al parecer era cerveza.

Juan Rebelde: "Cusqueña", pastor (*). ¡La mejor de todas!
Pastor Caifás: ¡No puede ser! ¿Encima te burlas de mi? ¿Qué te está pasando, Juan? Yo te conozco desde pequeño y siempre has sido inclinado a las cosas espirituales; ganabas los concursos bíblicos, te bautizaste muy joven, incluso fuiste al seminario. ¡Te estás perdiendo y eso me duele! ¿Sabes? Estoy orando mucho por ti y, luego de hablar con los otros pastores, hemos decidido darte otra oportunidad porque entendemos que lo del bar puede ser un descuido que a veces pasa, y creemos que si te acercas al ministerio ese fuego intenso que tenías, revivirá.

Juan Rebelde: ¿Una nueva oportunidad?
Pastor Caifás: Sí. ¡Sé que eso es algo que te atrae! ¡Servir de nuevo, Juan! Puedes, si quieres, ser el segundo después de mi. Pero, debes prometer a todos que no volverás a un antro de ese tipo ni te juntarás con esos pecadores que fumaban y mucho mejos, tomarás alcohol de nuevo. Eso es de malísimo testimonio. Hay que pensar en nuestros hermanos más débiles.
Juan Rebelde: ¿Qué? ¿No volver a ese bar? ¿No tomar de nuevo? ¿No ver a esos amigos a los que les hablaba de Dios esa noche? ¡No entiendo!
Pastor Caifás: ¿Predicando en un bar? ¡Estás loco! ¿De dónde tienes edas ideas tan disparatadas? Juan, te lo diré claramente: ¡Tomar es un pecado! ¿Es que te olvidaste de eso?
Juan Rebelde: No pastor, está usted muy equivocado. Lo han engañado completamente. ¡Tomar no es pecado! Tampoco ir a un bar. Nosotros tenemos esa idea pervertida de que tomar una cerveza está mál. ¡Y se la enseñamos a otros! Y peor, nos hacen sentir culpables porque ponen sobre nuestros hombros la carga de nuestros hermanos nuevos en la fe.

Pastor Caifás: Juan... es que... estoy desconcertado, te oigo y te desconozco. ¿Qué ha pasado para que tus estándares éticos hayan caído tan bajo?
Juan Rebelde: ¿Ética? ¿Quién habla de ética aquí?

Pastor Caifás: ¡Pero por supuesto que es un tema ético!
Juan Rebelde: ¿Tomar una cerveza, un tema ético??? ¿Un tema ético como el robo o la infidelidad? Pucha, ¿en qué secta estoy para que se piense así??

Pastor Caifás: Juan, no insultes a la iglesia. Es una cuestión de ética, de testimonio, de evangelismo. Ay Juan... oraré por ti. Si no creyera que la salvación no se pierde, diría que ya estás en el camino del infierno. ¡Oraré de rodillas por tu alma!



(*) Una marca peruana de cerveza.

lunes, 22 de enero de 2007

La imagen lo es todo

Un día te conviertes al cristianismo, y llegas a la iglesia, feliz y contento: el dilema cósmico ha sido resuelto para ti. ¡Dios arreglará mis problemas! ¡Soy un Hijo del Rey!

Un curso de inducción, preparación, múltiples actividades. Es la leche inicial, dicen por allí. Ya vendrá el rico churrasco, el taco mexicano espectacular. Te asignan a alguien: “Míralo y haz lo que haga: así DEBEN actuar los cristianos”

Luego de demostrar los “frutos del Espíritu”, te haces líder, discipulador, Bernabé, mentor, tutor, responsable. ¡Y te alegras mucho! “Es que debo estar por el camino correcto” dices mientras hinchas el pecho (a veces).

Tan tan tan taaaaaan… pero hay una advertencia severísima: “El maestro recibirá doble condenación”.

Y hay una condición tácita: El líder debe ser intachable.

Lo repito por si no entendiste: INTACHABLE.

I
N
T
A
C
H
A
B
L
E

Debe levitar con sus flamantes alas de ángel del tercer cielo.

Debe hacer notar su fe evangelicaloide.

Los ojos de carnero degollado al cantar alabanzas, son indispensables. Practícalo en casa.

El alcohol, prohibido. El fumar, menos aún. ¡Pecaaaaaaaaaaados!

¿Fiesta? ¡Pecadote! ¿Baile? ¡Tentación a mi carne!

¿Una copita? ¡El infierno!

¿La Biblia? A leerla todo el día DE ACUERDO AL PUNTO DE VISTA de tu pastor (o denominación)
Advertencia: porque si no lo haces de esa manera, estás en riesgo y puedes ser instrumento de Satanás.

Al llamado por Dios, casi ungido, reverendísimo, que gana un sueldo financiado por tus diezmos y que te dirá lo que TIENE que hacerse, nunca se le critica ni se le objeta, y mucho menos en público: tiene la sabiduría de Dios, lo usa y a través de su criterio –terco a veces, destructor otras – Jehová hará. Puede cometer errores y dañar tu corazón, pero como él no se equivoca, su yerro fue voluntad de Dios, y a través de él nuestro Señor quiso enseñarnos algo. Puedes estar demolido, pero, así es hermanito, Dios lo llamó y debes someterte.

No hagas nunca obstrucción ni te opongas ni te vuelvas contumaz: si lo haces, eres poco espiritual, en camino a ser gentil y publicano. ¿Qué mas pruebas que tu actitud?

Entonces se crea una imagen: El modelo de cristiano “estándar”, como la Biblia lo “dice”. Así sería Jesús. Si alguien osa decir: “Yo creo que puede haber otras maneras de ser cristiano”, entonces será vomitado de la congregación. O puesto en perfil bajo, en observación, en cuarentena. Al margen, a la Siberia, al Polo Sur. A las punas andinas. Al Sahel. A Borneo. A la República Centroafricana. Total, es poco espiritual. Se nos mandará a no contaminarnos. “ESE con esas ideas rebeldes, que vienen del diablo. ¡No te juntes con él”.

CRISTIANO ESTANDAR, COMO LO DICE LA BIBLIA. ¡Eso hay que buscar, hermanito, hermanita, siervo, varón, Hombre de Dios!

“No olvides, hay que ser de buen testimonio” “Hay que ser de bendición para los nuevos” Entonces, sigo el manual escrupulosamente. La imagen es fundamental, lo es todo.

Pero hay inconsistencias. Y un poco grandes. Como si colásemos el mosquito y tragásemos el camello.

Un camello obeso, rechoncho.

El pecado privado se puede tolerar, pero nunca el pecado público: la imagen lo es todo.

O sea, soy un discipulador que ve pornografía hasta tarde en Internet todo los días. Eso puede ser consentido porque “la gracia de Dios me perdona,” pero si se me escapan lisuras en público, eso no se perdona: tu vida espiritual deja mucho que desear. Recapacita y cuando superes ese pecado, vuelves. Sobre la pornografía… si nadie lo sabe, no pasa nada. O si lo sabe tu pastor… no pasa nada tampoco, porque tienes su cobertura.

¿Y qué es peor?

Y si luchas, y te cuesta, no se lo digas a los nuevos: serás de tropiezo. Tú debes ser intachable, no lo olvides. Dios tolera el pecado pero no el escándalo.

O sea, si un día les digo: “Tengo un problema con la pornografía, y quiero dejarlo y no puedo, por favor oren por mí”, y soy totalmente honesto, esta mal. ¡Estas hundiendo, confundiendo a los nuevos en la fe! ¡Ni se te ocurra hacer eso! ¡Abominación! ¡Si lo haces, seas anatema!

Pero si guardo la imagen, eso sí es mejor. ES BUENO. Es que ellos no entenderían – los nuevos – .

La imagen lo es todo.

Y si hablamos de enamorarse… pues: Recuerda, tiene que ser de una chica que tenga, por lo menos, tu misma madurez. Sino, será de tropiezo.

Madurez, madurez, madurez, madurez, madurez, madurez, madurez…

T R O P I E Z O

TRO – PIE – ZO

En griego: “scandalon”. Según el diccionario Vine, es cualquier cosa que suscite prejuicios, o que venga a ser un obstáculo para otros, o que les haga caer en el camino.

Debe querer servir, amar a Dios, creer DE LA MISMA FORMA que tú.

Si no cumple esos requisitos, pues lo sentimos: te quedarás esperando sentado a “la idónea que Dios tiene para ti” (pasan los 40 y nos desesperamos mucho, casi a nivel de angustia, pero Dios sabe porqué hace las cosas).

Pero la gente se enamora: el líder también. Y si la pareja es “Inmadura(o)”, será una relación vetada.

Pero la atracción… es la atracción.

Y bueno… inicias relaciones por lo bajo. Te acercas, creas lazos… pero no formalizas.

Es que no se puede, varón. Es de tropiezo. Tengo que guardar el testimonio.

Y sufro mucho…. Me gusta pero no puedo estar con el(la).

Pero besa muy bien, eso sí. Y tocar su cuerpo es increíble. Me pone a mil por hora.

Pero no puedo estar. La imagen lo es todo. ¿Cómo yo, el líder superespiritual, podría estar con ella que es inmadura? Nunca. Pero la práctica puede decir otra cosa.

Rompemos corazones. Los pulverizamos a veces. A veces, el mío propio.

Imaginemos que usar pantalones verdes es interpretado como algo malo. No es seguro, no lo dice la Biblia directamente, pero por tradición es malo que un cristiano se los ponga (idea enseñada desde el primer día).

Pero es discutible en el universo eclesial porque la Biblia es ambigua. Qué difícil que es todo cuando no hay consensos.

Triple ética: uso pantalones verdes con mis amigos de la universidad, con mis compañeros de trabajo, con la gentita del colegio (porque es discutible). Pero con los chicos de mi iglesia: ¡Nunca!

Hermano, es el testimonio, pues. ¿Cómo voy a usar pantalones verdes con ellos?

¡Tienen que ser bien cristianos! ¡Aprender cómo un cristiano DEBE comportarse! ¡Y el cristiano no lleva pantalones verdes!

(O, si lo hace, debe ser bien maduro para que no caiga).

¡A la mierda con todo esto! (Uy, he pecado por escribir semejante palabrota. ¡Miserable de mí!) ¡Es insoportable! ¿Esta hipocresía toleramos?

Si, la disimulamos muy bien. Es lo políticamente correcto.

¿Hipocresía o la honestidad de un cristiano que tiene debilidades y lucha día a día, que las comparte sin hacerse el super hombre, el Sr. Pedro Pablo Juan Mateo de Tarso Fundamentalista del Siglo XXI?

Opto por la honestidad emancipadora. Me hace realmente libre: soy uno con la comunidad de pecadores que busca al Señor.

Pero por lo general no es así… es que la imagen lo es todo, hermanito.

martes, 23 de mayo de 2006

Sacralizando los modelos eclesiales

Comunión, qué palabra ésta. Es tan importante en el contexto de la iglesia que descuidarla implica prácticamente el condenar a la gente a la apostasía. Es claro para todos que si no hay comunión, no hay crecimiento, no hay iglesia, no hay vida, no hay nada. Por ello la importancia de la iglesia no como organización eficiente e inexpugnable sino como comunidad abierta y abarcante. Como un lugar en donde exista una conglomeración de personas que apoye, que soporte, que ame, que corrija, que enseñe, que escuche, que festeje las alegrías y llore las penas, que ayude a crecer. Esta comunión brilla esplendorosa en cosas tan cotidianas como en la conversación uno a uno sentados en el pasto de un parque, en la charla telefónica, en el almuerzo de amigos, en la pequeña reunión de cumpleaños con los amigos más íntimos, en las salidas de distracción a algún lugar indeterminado, en la plática sobre Dios y sus cosas en un auto estacionado en la puerta de una casa.

¿Qué prácticas debe tener esta comunidad para incentivar, reflejar la comunión? ¿Qué debe hacer? Porque para ser sinceros, no se habla en la Biblia de cultos de adoración los domingos, de escuelas dominicales, de academia bíblica, de reuniones de grupos de crecimiento, células, grupo de jóvenes, matrimonios, retiros, encuentros, ni nada de esas cosas. Se menciona ekklesia, la comunidad, pero no se nos circunscribe a una práctica determinada, salvo la de guardar la comunión, evento directamente vinculado a la permanencia a un grupo estable y a la relación con éste.

¿Cómo debe ser la relación de un individuo con su grupo matriz? Ante esta interrogante han surgido siempre los modelos. Porque aunque quizá nunca lo pensamos, la forma en la que hacemos las cosas en la iglesia fue concebida en algún momento por alguien que las estableció, se objetivaron después, y finalmente se sacralizaron. La ropa de los religiosos, la forma de la alabanza, la estructura del culto, la supeditación de la prédica de un sermón a estrictas reglas homiléticas, la frecuencia y el modo de la Santa Cena, todo fue establecido en algún momento. Pocas cosas en tiempos bíblicos, mucho más en el transcurso de la historia. Muy adecuado y necesario todo esto, pero no deja de ser solamente un modelo. ¿Te reúnes en células para afianzar la comunión? El modelo celular está bien documentado y tiene sus variantes. Desde la distribución por grupos de edad, de género o de estado civil, como en mi iglesia, hasta los grupos de familias completas, como en Corea. Y ambas han funcionado en sus ambientes muy bien.

El problema es la sacralización del modelo. Nuestras cabezas limitadas, orgullosas y obcecadas han confundido la expresión pura y libre de la comunión con los modelos eclesiales, y eso es un gravísimo error. Supongamos una iglesia con modelo celular y una persona que, por algún tipo de escrúpulo personal, no quiere ir a las células establecidas. Inmediatamente es mal vista, es considerada anárquica, rebelde, malcriada. No importa si esta persona “revolucionaria” mantiene los vínculos de comunión espontáneos, o sea, se reúne con amigos en casa para conversar, orar, o simplemente apoyarse mutuamente, o mantiene lazos con algún cristiano de más años mediante su consejo. Nada interesa. Si no participas en la comunión mediante el modelo, estás fuera, te estás “enfriando”, tu vida espiritual es puesta en duda. Tomás de Torquemada revive y nos condena en el tribunal.

La inquisición se manifiesta en miles de formas, casi todas tan sutiles que nadie las percibe. Esta inquisición juzga a quien entiende la realidad de la iglesia de una forma distinta (en el caso del supuesto, quien comprende la lógica de los modelos y entiende a las células como uno más) y trata de hacer las cosas de un modo diferente (en este caso, no ir a las células). Esta inquisición lo aparta y lo expulsa. El que reflexiona, el que piensa un poco tomando una decisión respecto a su participación en la iglesia y no sigue a los demás como borregos es subversivo. Esta inquisición es tradicionalista, es temerosa, es letrista, es limitada en pensamiento porque no tiene la capacidad de dar el paso hacia adelante. ¿Es esta inquisición reflejo del amor de Dios? No es reflejo de este amor, sí de la limitada humanidad que cree tener siempre la razón

miércoles, 8 de marzo de 2006

Los chicos plásticos

Desde que lo conozco, alguien se quejó de la forma en que vivía su vida cristiana. Siempre inconforme, siempre infeliz. No era extraño conversar sobre lo triste y desanimado que se sentía porque no podía vivir el cristianismo de una manera digna y aceptable. No era mala persona, mas bien era uno de los más comprometidos con el trabajo en la iglesia, por encima de lo que yo fui alguna vez. Era más confiable, más experimentado, más eficiente y a mi entender más útil que yo. Me fue claro desde el inicio que él quería seguir ese pasaje de Mateo que dice “Sean ustedes perfectos, como su Padre celestial que está en los cielos es perfecto”.

Y es que la presión por la vida perfecta dentro de la iglesia puede ser asfixiante a veces, y eso que la mía no es extrema en ese sentido. A veces esa presión hace que se forme un ambiente hipócrita en donde todos se portan de forma adecuada, dicen las cosas de forma correcta –con la jerga apropiada, por supuesto-, se visten parecido -mucho recato en las mujeres, por favor- y hacen las cosas como deben hacerse -esto se agrava si la personalidad del pastor es dominante y si su mentalidad es untraconservadora-. Puede generarse un ambiente completamente artificial, parecido a un teatro donde muchos usamos tremendas máscaras, actuando de la mejor manera tratando de parecer impecables. Este medio ambiente plástico muchas veces genera la percepción –para el que lo observa desde fuera- de que los “cristianos” no tienen los problemas que tiene la gente normal, que no se puede hablar de muchas cosas ya que podría generarse un gran escándalo, o –cosa más seria- que allí está el caldo de cultivo para la intolerancia (¿Somos tolerantes acaso?), la mente cerrada (¿Somos empáticos acaso?) y el legalismo (¿No somos letristas acaso?). Claro que en casi todos los casos esto se hace con la mejor intención, pero reza el dicho –valga la redundancia- que de buenas intenciones está lleno el infierno.

Muchos de ellos en sus universidades, colegios o trabajos tienen otra personalidad. Allí afloran las lisuras, los comentarios libertinos o inician relaciones que son “prohibidas” es la iglesia. Aunque se insiste mucho en el templo sobre lo impropia de la doble vida, con frecuencia la presión a ser perfectos, esa que entristecía a mi amigo, nos hace actuar y fingir que somos las mejores personas, cuando realmente no es así, somos otros, distintos, inferiores a la expectativa que poseemos. Y eso es normal: somos imperfectos, y aunque Cristo vino y murió, seguiremos pecando. Y eso debe quedar claro: ¡No seré perfecto! Y aunque lo anhele, ¡No lo seré!, y aunque la iglesia me empuje, ¡No puedo serlo!

Entendiendo esto viviremos más tranquilos. Seremos más honestos con el Dios que ofreció la vida de su Hijo por nosotros. Seremos más honestos con nosotros mismos, y seremos más honestos con la comunidad que nos acoge.