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miércoles, 10 de enero de 2018

Pronunciamiento Núcleo Perú - FTL

El Perú acaba de tener un proceso de vacancia presidencial y, tras él, Fujimori fue liberado. Muchas voces claman. El ambiente se pone más convulso, y amenaza ponerse peor. Ante esto, la Fraternidad Teológica Latinoamericana Núcleo Perú (grupo al que pertenezco) se pronuncia.


domingo, 10 de abril de 2011

Por qué jamás votaré por el fujimorismo

Parece que muy a mi pesar Keiko Fujimori pasará a la segunda vuelta con Ollanta Humala. Como en el 2006, aparecerá el anti-voto, y muchos de los que votaron por Castañeda, PPK y quizá algunos toledistas votarán por Keiko. No es mi caso. Yo jamás votaré por el fujimorismo. Mis alternativas en segunda vuelta es votar por Ollanta Humala, el voto blanco o el voto nulo. Algunos ven mi postura como irracional, como enemiga del Perú. Debo defender el crecimiento, dicen, así como hicimos muchos el 2006, cuando tapándonos la nariz marcamos la estrella de Alan García.

No acepto eso. El fujimorismo fue un régimen abiertamente delincuencial, como si los barrios bajos de Lima hubieran tomado el poder para saquear las arcas fiscales y asesinar a los enemigos. Nos gobernó lo más selecto de la Trinchera Norte y el Comando Sur. Por eso, no votaré ahora, mañana ni jamás por el fujimorismo porque no quiero más dobles mensajes políticos (por ejemplo, digo “no shock” para el aplauso de las masas, y a la hora de la hora aplico el shock), no más patadas en el trasero a nuestros hermanos evangélicos que lo apoyaron en 1990 con fervor y que se convirtieron rápidamente en inservibles, no quiero más "disolver el Congreso", no quiero más combate al terrorismo con la doctrina del "ojo por ojo y diente por diente" (esto es, combatir a los terroristas con el mismo terror. Somos gente civilizada, somos el Estado, ¿no? No podemos convertirnos en criminales con el fin de combatirlos). No quiero más nueve alumnos y un profesor muertos en La Cantuta, incinerados y luego enterrados en un páramo desolado, no quiero más grupo de aniquilamiento Colina, no quiero más ejecuciones de Barrios Altos (donde murieron inocentes -¡un niño de ocho años!- que hacían una pollada pro-fondos: los ajusticiadores querían asesinar a otras personas, terroristas ellas, que se encontraban en otra parte del edificio), no quiero más jueces sin rostro que juzgaban en tres días, no quiero más inocentes que pasaron 10 años en la cárcel porque alguien los inculpó sin pruebas, no más mentiras respecto a la derrota del terrorismo: Fujimori no derrotó a nadie; todo fue el trabajo de un cuerpo especializado de policía que capturó a la “cuarta espada del marxismo” y con ello, listo, el golpe maestro. No quiero más esterilizaciones forzadas a campesinas inocentes de los andes perdidos, no quiero más apropiación del FONAVI, que hasta hoy sufrimos. No quiero más copamiento de las instituciones públicas (Poder Judicial con sus magistrados provisionales, con Blanca Nélida Colán; Ministerios, poderes electorales –con la vergüenza de mi universidad, la UNI, como referencia: José Portillo, el artífice del fraude del 2000-) ni la destrucción de ellas. No más prensa chicha que insultaba a los opositores en la carátula sin notas en el interior, no más prensa comprada (cómo olvidar la pared de dinero para Crousillat o la de Schutz), no quiero más estado benefactor estupidizante, que solo se dedicaba a entregar papas, arroz y calendarios, sin interesarse plenamente en el desarrollo. No quiero más Laura Bozzo (perdonen por ella, amigos mexicanos), no quiero más Ministerio de la Presidencia corrupto y centralizado, no quiero más robos de los fondos de las privatizaciones, no más saqueo de la Caja de Pensiones Militar-Policial, no más japonesitos ladrones de ropa donada y dinero venido del Japón. No quiero más los 15 millones de CTS entregados a Montesinos por su “servicio al país” y devueltos en efectivo por Fujimori, no quiero más robos a Popular y Porvenir (con el prófugo Miyagusuku), no más leyes de interpretación auténtica del tristemente célebre Carlos Torres y Torres Lara, no quiero más decretos secretos que hacían que algunas empresas pagaran menos impuestos. No quiero más renuncias por fax, no quiero Presidentes que intenten capturar a sus asesores con un enorme contingente policial que ellos mismos comandaban (buscando…). No quiero más fraudes electorales, no quiero más aviones presidenciales que carguen cocaína. Basta de salitas del SIN, y basta de presidentes allanando una casa llevando un fiscal falso. Basta de primeras damas electrocutadas y de amenazas a periodistas. No quiero otra Mariela Barreto ni otra Leonor La Rosa. No quiero más especímenes como Santiago Martin Rivas. No quiero otros Beto Kouris que pedían dinero a Montesinos con el fin de "comprar un camioncito para repartir pescado". Ya estuvo bueno de lacras como Nicolás Hermosa Ríos, que en su juicio reconoció haberse robado 20 millones de dólares (sí, el eterno Comandante General de Ejército, íntimo de Montesinos y Fujimori). No quiero más venta de armas a las FARC pagadas con cocaína. No quiero más cerros pintados y ya es suficiente con hijitos estudiando en Boston con dos mil soles de sueldo. No quiero más congresistas comprados ni transfuguismo. No quiero más dinero repartido en decenas de cuentas secretas de todo el mundo, no quiero un ex-presidente candidateando al Senado de un país extranjero. No quiero geishas ni más torturas en el sótano del Servicio de inteligencia del Ejército. No más chuponeo telefónico. No más “Vaticanos”. No más a la mayor corrupción de la historia republicana peruana. No quiero más declaraciones de hoy que hablan que todo lo anterior fueron “errores”. ¿Comandos de aniquilamiento, errores? ¿Narcotráfico abierto, errores? ¡Indignante!

Puedo seguir, pero creo que he probado mi punto: en resumen, jamás votaré por el fujimorismo porque tengo memoria. Por ello, en segunda vuelta solo tengo tres opciones: blanco, viciado u Ollanta Humala. Por ahora, no he decidido nada. Ya se verá.

domingo, 23 de enero de 2011

Rosas con espinas

La semana que pasó sorprendió al mundo evangélico al conocer que el número uno de la lista de Fuerza 2011 por Lima sería un pastor de una de sus principales denominaciones: Julio Rosas, de la Alianza Cristiana y Misionera. Por años estuvo a cargo de una iglesia en San Martín de Porres, al norte de Lima, fue presidente del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP) en los noventas, antes que la Alianza se aparte de él por razones que hoy suenan a excusa, y asimismo fungió de presidente de su denominación. A estas alturas seguramente ya renunció al pastorado, listo para subir a bordo del achacoso barco legislativo (porque, qué duda cabe, será elegido gracias al autómata voto de las irreductibles masas naranjas) que no le es tan ajeno.

Muchas voces han mostrado su rechazo a este emprendimiento de Rosas. Sin embargo, las cosas deben ser claras desde el principio: todo ciudadano peruano tiene el derecho de participar en política. Sea un sacerdote como el padre Arana, un profesor universitario como Toledo o un economista como Kuczynski, el derecho trasciende nuestra actividad particular. ¿O es que el llamado exime a los pastores por alguna mística razón? Hasta el inmaduro y engreído Kenji Fujimori tiene el derecho de postular. Más aún si somos animales políticos. Rosas, por supuesto, lo es. Su deseo de incursionar en la política es muy grande, y esta aspiración se ha notado al dirigir el CONEP y a la Alianza Cristiana por varios años. Parece gustar del poder, teniendo bastante ambición. Eso, per se, no es malo; en ocasiones se convierte en algo hasta necesario. En realidad, el rechazo viene por otro sitio. Para ubicarlo, creo que nos debemos hacer la siguiente pregunta: ¿Cómo un pastor, que se dice abanderado de la justicia, la paz, la defensa de la vida, la restauración ante Dios y los hombres, la afirmación de principios venidos de Dios y la búsqueda de una vida santa, se involucra con un grupo político que avala las violaciones de derechos humanos, el copamiento abusivo del poder, el autoritarismo, la cultura de la muerte, la virtud política traída del caudillismo familiar, el transfuguismo, el robo a camionadas del patrimonio nacional y la máxima corrupción de la historia peruana? ¿Cómo puede involucrarse con un grupo político que en 1990 utilizó a los evangélicos, hermanos nuestros, con mentiras alevosas, descartándolos luego cuando ya no eran necesarios? Aquí tenemos que indagar.

Ensayando tres respuestas

Se ha hablado de que Rosas es un tonto útil que se está prestando al juego de Keiko Fujimori. Sin embargo, tras pensarlo bien, tengo la convicción de que no es así. Rosas no es un pastor que no sabe nada de política. Él conoce de ella y mucho más de lo que la gente cree: las denominaciones y sus luchas de poder son tremendamente políticas, llenas de negociaciones, concesiones, acuerdos, bandos, serruchos, cuchilladas por la espalda y todo lo que todos ya sabemos de la política, con el matiz de que hay formas que se suelen guardar: todo es para la gloria de Dios. Entonces, ¿qué lo empujó a aceptar la invitación fujimorista? Rosas ha deseado intensamente ingresar a la política desde hace tiempo, pero no parecía tener muchas opciones. Keiko Fujimori estaba buscando la manera de limpiarse de la mugre intrínseca que su candidatura representa: el fujimontesinismo putrefacto. Pocos creen en sus deslindes de Vladimiro Montesinos. Rosas y Keiko tenían una necesidad y algo qué ofrecer. Rosas daría algo de limpieza, de “ética y moral” a la lista fujimorista. Keiko le daría al pastor la oportunidad de su vida, aquella que ansió por tanto tiempo: ser político, y más aún, ser congresista. Entonces, ambos han hecho un trueque que los beneficia, ambos se están utilizando mutuamente.

Lo que llama la atención es cómo Rosas, teniendo ya en sus manos el gran deseo de su vida, no le importó lo demás: hoy defiende a muerte a Fujimori y su camarilla. ¿Qué dice, pastor Rosas, de los muertos de La Cantuta, del niño de ocho años asesinado en la pollada de Barrios Altos? ¿Qué opina de la renuncia por fax de Fujimori? ¿Está de acuerdo con la secreta pero real política de exterminio que ciertos militares aplicaron contra los terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA, de la cual su líder conoció? Hace poco estuvo en la radio, y dijo que el fujimorismo había pedido perdón al país por sus errores; que eso era como el matrimonio, que para avanzar era necesario perdonar, dejando atrás el pasado. No pude evitar la carcajada. Primero, el fujimorismo no está arrepentido. Por ello dicen que las condenas continuas a Fujimori (por corrupción, por allanamiento ilegal, por violación de derechos humanos, por fraude electoral) no son justas, sino parte de un proceso político. Segundo, lo que se cometieron fueron delitos, no faltas. Por ello, tenemos a tanta gente presa, incluyendo al propio Fujimori. Lo que se instauró fue un régimen abiertamente delincuencial, al cual se debe rechazar porque su propia naturaleza ya está pervertida. Las faltas se “perdonan”, los delitos se “pagan” con cárcel. Es patético cuando se buscan argumentos para defender lo indefendible.

La segunda teoría salió de una conversación que hace poco tuve con un amigo sobre el asunto Rosas. Hablábamos de la idea de democracia, y este amigo me dijo que los grupos con los que Rosas tendría más en común -respecto a su idea de la democracia- serían los fujimoristas y los humalistas, los más autócratas del espectro. Quedé intrigado, pero pensándolo mejor, me di cuenta que este amigo tiene razón. La realidad del pensamiento se ve en la práctica, no solo en el discurso, por lo que es necesario considerar al papel de Rosas como presidente de la Alianza Cristiana y Misionera. ¿Qué tan democrático fue? La denominación es vertical, rígida, y fomenta que los pastores alcancen la categoría de vitalicios. Varios de sus pastores tienen veinte o más años en las iglesias que dirigen, las que manejan sin dar cuentas. La democracia se desprecia, ignorando tradiciones protestantes (que, por ejemplo, son la base de la democracia norteamericana) y justificando pobremente su postura argumentando que la iglesia es una “teocracia” y no una democracia. ¿Puede ser el pastor demócrata a niveles nacionales pero autócrata a niveles de su iglesia? Al creer poco en la democracia, Rosas buscaría un grupo afín; como pertenece teológicamente hablando a la derecha de trasfondo fundamentalista, despreciará a los partidos con tendencias de izquierda. Chau Humala. Ergo, su pensamiento calzará con el ideario fujimorista, autoritario como el esquema de gobierno de su denominación. Entonces, que sea el número uno de la lista fujimorista no es algo que debiese llamar la atención.

Una tercera posibilidad es que Rosas fuera tragado por ese virus llamado mesianismo, que ha contagiado a miles de pastores en Latinoamérica, pero que tiene una versión política especializada. Rosas recibe el mensaje de Keiko, creyendo sinceramente que es la respuesta a sus oraciones (como tantos pastores que están convencidos que Dios les habla directamente). Sienten que Dios los “llama” a una nueva “misión”, que en este caso es grande: limpiar el fujimorismo. Está convencido de que los pastores adecentan la política, que puede contribuir a mejorarla; ser congresista da la oportunidad de predicar en las altas esferas del poder, a ser sal y luz. ¡Se cree un escogido por Dios! Esto le hace no percatarse de la imposibilidad de la obra, no percibe que Dios no les está hablando, quizá si hubiese leído bien la Biblia se habría dado cuenta que por estos rincones Dios no camina. Al final, inocentemente colaborará con el partido que lo convoca, siendo manipulado a la larga. Porque, ¿Rosas será el independiente que pretende ser? Intentará ser luz, pero será consumido por el poder. Recordemos el tristemente célebre caso de Gilberto Siura, que llegó a decir que las víctimas de La Cantuta se habían autosecuestrado. Este es el muy posible destino de Rosas. Sinceramente, espero equivocarme.

Espinas puntiagudas

Para mí, Rosas ha tomado una pésima decisión porque está privilegiando sus intereses personales en detrimento de los muchos principios que dice defender por su condición de pastor. Cuando los principios personales predominan sobre los intereses comunitarios, comenzamos mal. Ante el diablo que le mostraba todos los reinos del mundo, él prefirió arrodillarse y adorarlo. ¡Le estaban ofreciendo lo que siempre quiso! Ya sabemos lo que pasa cuando caemos en las tentaciones.

Desde el punto de vista eclesial todo esto es raro, la verdad, porque normalmente los pastores aliancistas de su generación hacen un escándalo si uno de sus líderes se toma una cerveza en un bar o bailan en un matrimonio, poniendo el grito en el cielo, pero Rosas ya está defendiendo al reo Fujimori sin pelos en la lengua. Tremenda contradicción, o una señal de dobles estándares. ¿Principios? No existen. ¿La moral y ética que dice llevar al fujimorismo? No existe. Todo es un intercambio, donde Rosas es uno de los beneficiados. No importa la gran contradicción de defender actos de probada corrupción y a la vez hablar de valores, lo que importa son los intereses y deseos personales: los de los fujimoristas y los de Julio Rosas. ¿Esto es asear la política? No, es la misma vaina de siempre.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Equilibrio de poderes

La democracia que se vive de manera imperfecta en muchos países del mundo se sustenta, entre otras cosas, en el equilibrio de poderes que se fiscalizan los unos a los otros. Por ejemplo, en los congresos las fuerzas políticas negocian acuerdos y, mal que bien, se controlan las unas a las otras, aunque tristemente el espíritu de cuerpo suele proteger a legisladores faltosos que nos regalan actos impropios que son sancionados laxamente. También podemos mencionar a las instituciones de control y supervisión del aparato del Estado: Contralorías, Defensorías del Pueblo, Poder Judicial, Tribunales Constitucionales, Superintendencias, Organismos Supervisores, Oficinas de Defensa de Consumidor, etcétera. Además de todo eso, tenemos a la prensa, que con todas sus tremendas deficiencias ha servido para el destape de un sinfín de abusos y delitos no vistos por los entes oficiales. Todos estos organismos han sido hecho para el control; en palabras cristianas, todos somos pecadores, somos un poco buenos pero también un poco malos, somos propensos a caer, al despotismo, a la prepotencia, a vernos afectados por la radiación del poder que nos contamina. Por lo tanto, necesitamos que nos fiscalicen, que mi incentivo a abusar sea dominado.

Los tiranos saben esto muy bien. En el Perú, la dictadura fujimontesinista pretendió tener todo el poder para gobernar por muchos años. Por ello, su esfuerzo descarado en copar todas las instancias de control o pretender desaparecerlas (caso Tribunal Constitucional). Ese afán hizo que parte de la prensa fuera comprada con la desfachatez más abierta del mundo. Algunos directores de medios están hoy presos, pero su carroña la sufrieron los opositores al régimen podrido de Fujimori. Recuerdo particularmente el caso de Alberto Andrade, ex–alcalde de Lima, al que acusaban de las cosas más inverosímiles. Hoy la hija de Fujimori, candidata presidencial, pide limpieza en las elecciones, la que su padre no tuvo con sus contendores. Paradojas de la vida.

La sanidad es siempre el equilibrio de poderes, tener disponible un lugar en dónde reportar abusos, dónde pueda defenderme, sin importar el tamaño del poder al cual me enfrente. Las dictaduras cancelan esto, te limitan, quieren dejarte a merced de su propia voluntad. Si pudieran, no te dejarían siquiera pensar, como sucede en Corea del Norte -caso extremo- o, con algo menos de fuerza, en Cuba y China. ¿Cómo debe ser la iglesia? Un consenso generalizado trata de definir a la iglesia como un híbrido llamado “teocracia”, donde se dice que es el lugar donde Dios tiene el control. Esto no define nada. ¿Cómo Dios manifiesta ese control? ¿Cómo realmente la iglesia expresa que está siguiendo los mandatos de Dios? No es una respuesta fácil en lo particular, pero quizá sí en lo general: debe ser el lugar en donde los grandes principios directrices de Dios manifestados en el texto que los contiene, la Biblia, se apliquen. Aplicado a lo que estoy escribiendo en este texto, puedo decir que la iglesia debe ser el lugar en donde aprendamos la libertad en su máxima expresión, donde la vivamos, la gocemos en plenitud. Por lo tanto, para que esa libertad pueda ser manifestada, entonces la iglesia debe ser un lugar en donde el equilibrio de poderes se fomente.

Pero mecanismos que permitan este equilibrio son poco comunes en la iglesia evangélica, y el mecanismo de control que se invoca es fácilmente manipulable. Pensemos en lo siguiente:

(1) Un pastor, el usual líder de una iglesia local.

(2) Un consejo de ancianos que representa a la congregación, designado por el pastor. En cierta manera, es su personal de confianza que responderá ante él y lo “blindará”.

(3) El mecanismo de control está basado en el Nuevo Testamento: "Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano" (Mateo 18.15-17). Para efectos del ejemplo, esos “dos o tres” se aplica al consejo de ancianos.

Supongamos la aparición de rasgos autoritarios en el pastor: intentos de entrometerse en la vida privada de la gente, de decidir por la gente, exigencias excesivas de diezmos y ofrendas a la congregación, evidentes signos exteriores de riqueza. Yo observo esto, creo que es un problema y busco repararlo. Entonces, invocaré al mecanismo de control ¿Qué sucederá?

(1) Confrontaré al pastor a solas. El pastor, por supuesto, negará todo, me hará sentir mal, me dirá que cómo puede ser posible que acuse injustamente al ungido por Dios, a su elegido.

(2) Ante su negación, opto por ir con otra(s) persona(s). Aquí el pastor puede fingir ser condescendiente, escucharme, y finalmente dirá que recibe mi sugerencia en el amor del Señor, pensará en ella y la pondrá en oración.

(3) Pasará el tiempo y no se observan cambios. Siguiendo el esquema del mecanismo de control (que además es bíblico), iré ante el consejo de ancianos (la instancia superior). Pero hay un problema: ellos son un cargo de confianza del pastor. Rechazarán tu asunto porque es muy probable que hayan sido predispuestos en contra tuyo.

(4) A pesar del rechazo, trato de ir a la iglesia. El pastor ya se ha encargado de sugerir a la gente de mi insumisión, de mi falta de compromiso, de mi pecado por no someterte al ungido de Dios. La iglesia, tan propensa a la sumisión y la manipulación, quizá hasta adicta al pastor, me rechazará. En este punto ya estoy estigmatizado. Estoy asumiendo que me permitirán tener una tribuna desde el púlpito, cosa muy difícil.

(5) Al final, todo seguirá igual. El mecanismo “bíblico” no funciona porque ha sido distorsionado. Formalmente no existen otras instancias. No hay manera de denunciar injusticias pastorales. La atomización evangélica hace esta situación más compleja.

Lo que ha sucedido es el copamiento del poder a nivel de las iglesias locales o, en ocasiones, hasta en denominaciones enteras. Como las dictaduras, el pastorado controla todo, y es muy difícil ir en contra de ese poder. ¿Puede ser esto una expresión de Dios? ¿Puede venir de él? Definitivamente no. Yo soy mucho más radical respecto a lo que se debe hacer, pero creo que en este estadio lo fundamental es encontrar mecanismos de equilibrio que limite a las dos expresiones eclesiales. El clero debe ser un poder; el laicado debe ser un poder. El laicado debe encontrar mecanismos de representación claros que le permita manifestar su opinión por sí mismo (el clero ya los tiene). Si no, se le regala incentivos perversos al clero que no tardará en cometer abusos, a veces sutiles, a veces descarados. Pecadores somos todos, hasta el más espiritual, más aún si se nos pone una tentación al frente tan fuerte como la que tuvo Cristo cuando subió al monte alto y vio todos los reinos de la tierra (Mt 4:8-10).