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jueves, 30 de agosto de 2018

La larga ruta de Dios

En el principio, al menos hasta lo que sabemos hoy, estaba toda la masa concentrada en un pequeño punto, el átomo inicial de Lemaitre, lejos de lo ex-nihilo que han configurado varios teólogos que andan lejos de la ciencia física. Trece mil ochocientos millones de años antes de este instante en que, frente a mi computadora, machaco con fuerza este papel digital. Luego, una singularidad y la expansión del espacio, la inflación cósmica, la aceleración de la expansión y el inicio de un largo proceso de formación de todo lo existente. El enfriamiento, las partículas subatómicas, la relatividad, todo lento, con calma. Mi visión teísta dice: es la creación inicial, el bereshit, la forma escogida de trabajar por Dios. Un Dios que construye, paciente, sin el apuro del humano del siglo XXI que nos ahoga en un agrio estrés. Luego el tiempo hizo lo suyo. Miles de millones de años. Galaxias, estrellas, planetas, satélites. Pasaron las tardes y las mañanas. 

Insisto, todo fue paso a paso, en un aparente ensayo y error. Un día, la vida, que desde el principio aparenta ser un árbol que crece con ramas que se expanden en todas las direcciones. Una de esas, dicen, es de donde surge el hombre. Sigue pasando el tiempo, tardes y mañanas, y un día que se pierde en nuestro olvido, de repente, la conciencia del hombre llega. Cómo, no sabemos. El homo sapiens mira al cielo y se aplasta. Lo dice Sabato de una forma brillante: “al incorporarse sobre las dos patas traseras, un extraño animal abandona para siempre la felicidad zoológica para inaugurar la infelicidad metafísica; descabellada ansia de eternidad en un miserable cuerpo destinado a la muerte”. Su intuición le dice que algo tiene que haberlo hecho. La eternidad lo carcome. Piensa en divinidades. Surgen éstas, por todas partes. En los animales, en los montes, en los astros, en el mar. El creador, que le gusta el ir paso a paso, que tiene paciencia, no se complica, sigue este curso de las cosas. Él, que se había tomado miles de millones de años en crearlo todo, sigue ese modus operandi con el ser humano. No le importa verse en muchas formas. No se hace líos con ser parte del lenguaje mitológico, con la explicación primitiva que trata de dar respuestas ante un universo que no se entiende. No se hace problemas en compartir el protagonismo con miles de dioses que, en el fondo, son Él mismo. Acepta la monolatría. Es como si aceptara que el concepto de Dios puede ser construido por los humanos. 

La Biblia muestra esto con claridad. Deu. 10:17 dice que Dios es Dios de dioses, o sea, se afirma la existencia de otros dioses y que, además no acepta soborno, en contraste con otros dioses a los cuales se les daba regalos en fechas que no correspondían. Se portaban como los jueces peruanos, miren ustedes. Exo. 15:11 compara a Dios con otros dioses. Deu. 4:19 nos dice que el sol, la luna y las estrellas son dioses, pero que la adoración de los hebreos debe ser a Yahveh. Deu. 32:8-9 dice que El-Elyon repartió la tierra entre los pueblos, y lo hizo según el número de dioses existente, no en vano habla de la porción de Yahveh (este pasaje hace una clara distinción entre el Altísimo y Yahveh, mostrando que ¡no es el mismo!). Jue. 11:23-24 habla del dios Quemosh, que también quita y da territorio, como Yahveh. Sal. 82:1 menciona al panteón semita, cuando dice que “Dios se levanta en la asamblea divina, en medio de los dioses juzga” (BJ), aclarando que se refiere a El-Elyión (el altísimo), el líder del panteón. Un panteón que, en la mentalidad antigua de los pueblos del medio oriente, tiene cuatro categorías: (a) el altísimo (El), (b) los setenta hijos del altísimo entre los que están Yahveh o Baal (c) los pequeños dioses de comerciantes y artesanos y (d) los mensajeros divinos. 

Es que, vamos, el Israel pre-exílico era politeista y como pueden ver, la Biblia lo muestra con claridad. 2 Re. 23:4 nos muestra que en esa era, todos los dioses estaban en el templo, y la idea del monoteísmo es posterior, ya que se comienza a configurar con Josías, afianzándose tras el exilio a Babilonia. David era, según el relato veterotestamentario y si existió, pagano, ya que 1 Sam. 19:11-23 menciona a la estatua (un terafim, un ídolo) que posiblemente le pertenecía y que su esposa usa para disimular su fuga. La presencia de Baal, dios del clima y de la tormenta, era fundamental, con su representación de hombre, con un casco tipo cono, con una lanza en forma de rayo (1). El hijo de Saúl se llamaba originalmente Es-baal (Hombre de Baal) y el hijo de Jonatán se llamaba primero Merib-baal (luego Mefiboset). Yahveh era un dios más, el dios de la guerra (por eso el titulo Yahveh Sebaot: Jehová de los Ejércitos), un dios de momentos específicos, porque en paz, mandaba Baal. Además, otra de las diosas era Ashera, la diosa de la fertilidad. A ella recurrían en los casos desesperados de infertilidad de las mujeres o de la tierra, tal era su importancia (2). Pero tras el exilio, las referencias a ella son eliminadas ya que fue considerada como la culpable de la deportación según el pueblo, a pesar de ser la más famosa de todas las divinidades. El señalamiento hacia ella fue trasladado hacia Eva, la introductora del pecado en el mito creacional de los primeros capítulos del Génesis, escrito en esta época post-exílica. 

El Shaday, El Elyon y El Olam fueron adorados en Ugarit y se convirtieron en menciones del Dios todopoderoso en el Antiguo Testamento. Pero Yahveh, uno más del panteón, tuvo origen más humilde. Nació entre nómades del sur de Israel, más específicamente en Edom. Se le representó como un toro y la arqueología ha encontrado múltiples representaciones de toros, todas identificadas como Yahveh. 1 Rey. 12:27-33 habla que Jeroboam hizo dos becerros (toros) de oro y los colocó en Bethel y en Dan diciendo “Israel, este es tu Elohim”. ¿Por qué lo hace? Porque era la representación usual de Yahveh, y debía representarlos si quería independizarse del culto en Jerusalén, tenía que hacer necesariamente sus propios toros. La representación del becerro (toro) de fundición de Exo. 32:4 se vincula a Yahveh, por eso los hacen. Pero quizá una de las representaciones más gráficas es la de Jue. 17 y 18, que relata la fundación de Dan, consolidada con el establecimiento de un idolo (seguro, un toro) hecho por Mica y robado por los danitas para que ellos lo puedan adorar en la nueva Dan bajo el sacerdocio de Jonatan hjo de Gerson, hijo de Moisés, lo que nos muestra que la familia de Moisés eran sacerdotes de ídolos en la ciudad de Dan. Pero casi no se habla de esta descendencia, solo de la de Aarón. 

Más aún: se han encontrado estatuas de Ashera con cuernos, lo que significaba que para algunos era la esposa de Yahveh (3) tal como se muestra en la imagen del post. Volviendo al punto anterior, no solo Dan tenía esa representación. Cuando en Jos. 18:1-8 el pueblo conquistador se reune en Silo y se habla de estar “delante de Yahveh” se estaba refiriendo literalmente a estar delante de su imagen… o sea, el toro. Cuando llevan a Samuel a Silo (1 Sam. 1:24) lo llevaban al centro de adoración de Yahveh, representado otra vez por el toro. Y podemos seguir: 1 Rey. 22:11 y 2 Cro. 18:10 hablan de lo mismo: Sedecías “se había hecho unos cuernos de hierro” que, en realidad, eran muy gráficos. Era como decir “soy profeta, soy tu representante, me pongo los cuernos y, entonces, puedo realmente profetizar porque, de alguna manera, soy como Dios, como el toro”. 1 Rey. 1:50 y 2:28 hablan de los cuernos del altar. ¿Por qué el altar tiene cuernos? ¿Por qué los doce toros de 1 Rey. 7:25 en el Templo de Salomón? Eran representación de Yahveh y cada toro representaba a una tribu. Los toros eran especiales y por eso eran fundidos y no de arcilla. Por eso se han encontrado muchos en buen estado de conservación. 

El tiempo pasa, Yahveh crece en poder y en algún momento hay una dualidad dios-El (norte) vs. Yahveh (sur) en detrimento del resto del panteón. Pronto, el profundo sincretismo religioso hace que Yahveh se fusione con El, pero aún sin considerarse como único respecto a los dioses de otros pueblos, esa idea del monoteísmo es posterior, viene tras el contacto con Babilonia, Persia y la profunda crisis del exilio, cuando nace realmente la religión judía tal cual la conocemos. Antes del exilio el paganismo era lo que predominaba en Israel. Tras volver el pueblo a su tierra, Yahveh se convierte en Dios del universo, único. Miles de años para llegar a esa idea de alta complejidad y abstracción. 

Sigue pasando el tiempo. Las cosas no terminan allí. Se van los persas, llega Alejandro Magno, se divide su reino. Luego una corta independencia y tras eso, el poder romano, clamoroso. Pronto llega Jesús. Es un maestro imponente y se declara hijo de Dios. Su prédica es maravillosa e impactante, pero es crucificado. Unos pocos años después, Pablo, un genio de la teología, reinterpreta su muerte con la idea de la resurrección como eje que ya era parte de la creencia de los primeros cristianos. Le da sentido a la ley de Moisés bajo esta nueva perspectiva y el Antiguo Testamento se reinterpreta desde Jesús como evento disruptor, como la clave hermenéutica. Más tiempo, ahora es divinizado -tras largas discusiones en sendos concilios- y después Dios se convierte en trino. Pero uno al mismo tiempo. Esto, por supuesto, si seguimos la rama cristiana, porque la judía fue más fiel a la tradición post-exílica. 

Que larga esta ruta. No termina, caminamos en este instante y así seguirá hasta el fin de las cosas. En ella, Dios pasó de ser un toro a único, todopoderoso, trino y encarnado en la tierra. Desde esta ruta miramos el horizonte de la divinidad y su camino a nuestro lado, brotando la fe, profunda y fértil, que nos debe llevar a transformar nuestro ser y el entorno que nos rodea. A amar a nuestro prójimo y luchar por la paz y la misericordia.


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-El análisis de la evolución del concepto de Dios descrito en este post se lo agradezco a dos excelentes cursos de Mitología Hebrea a cargo a César Silva, a quien agradezco por las enseñanzas impartidas.

-La imagen es extraída de http://jamesmacarthurll.blogspot.com/2014/08/a-todo-estoquien-es-jehova.html



(1) No en vano Elías pide que “Baal lance un rayo y encienda la fogata” en su conflicto con los sacerdotes de Baal en el Monte Carmelo.



(2) Los textos de Ugarit nos ayudan mucho para entender esta realidad religiosa (puede revisarse, por ejemplo, Guillermo Calderón Núñez: Los textos de Ugarit en la Biblia: Una introducción en la tradición mitológica del Medio Oriente antiguo. Disponible en https://www.researchgate.net/publication/28296341_Los_textos_de_Ugarit_en_la_Biblia_Una_introduccion_en_la_tradicion_mitologica_del_Medio_Oriente_antiguo). De allí, por ejemplo, se infiere que en el templo de Jerusalén estaban los sacerdotes de Baal y de Ashera, los cuales cantaban juntos textos que posiblemente inspiraron a Cantar de los Cantares ya que era necesario el ambiente de erotismo porque un sacerdote de Baal y una sacerdotisa de Ashera tenían relaciones sexuales recreando el sexo entre Baal y Ashera, donde la lluvia era el semen de Baal, la cual fecundaba la tierra.

(3) El lugar más antiguo donde se han encontrado referencias sobre JHVH es Kuntilled Ajrud, en el Sinaí, donde hallaron ostracas del 950a.C. El detalle es que JHVH trae esposa, su esposa, Ashera. A ella se le representa con un árbol. ¿Qué árbol? El árbol de la vida. Ashera también es representada como esposa de Baal y, a veces, del Dios Supremo.

miércoles, 11 de enero de 2017

La agresividad, ¿nuevo valor cristiano?

Lima está en ebullición por la discusión sobre la igualdad de género. Muchos grupos de corte eclesial se están manifestando haciendo sentir su opinión respecto al tema, utilizando el cliché “ideología de género”, de la misma forma que en otros países, para oponerse a ciertas políticas educativas que el gobierno quiere implantar en la educación básica peruana. La cantidad de desinformación que he podido percibir es brutal. Pocos entienden la materia que se discute: es la post-verdad en su máxima expresión.

Ha llegado la confluencia de posiciones antagónicas. El gran problema es que una gran parte de la iglesia evangélica no está acostumbrada a dialogar con el otro, con el diferente, sino más bien que está habituada al diálogo vertical y sumiso. El pastor o el líder determina, dice qué hacer; la iglesia o la teología implícita marca qué es lo correcto. Para agravar la situación, existe en la cabeza de muchos evangélicos la dualidad mundo-iglesia, en donde el mundo está condenado, basados en la teología construida por el apóstol Pablo y afianzada por el fundamentalismo cristiano. ¿Cómo dialogar con alguien que es un pecador y se irá al infierno? Si ni siquiera podemos dialogar con lo que piensan distinto dentro de la Iglesia, que es hermano nuestro, ¿podré realmente hablar con alguien a quien considero en la práctica un inferior? Otra cuestión es lo que un amigo me decía por la mañana: el pueblo evangélico está muy acostumbrado a espiritualizar la realidad, en la cual el que no cree en Cristo es un potencial instrumento de Satanás, y es nuestro antagonista porque nosotros somos luz, y es a la luz a donde ha venido la revelación. ¿Dialogar con las tinieblas? No hay manera, a las tinieblas hay que reprenderlas porque estamos en una literal lucha contra sus huestes. ¿Dialogo? En esta perspectiva se hace mucho más difícil.

Es tremendo esto. Porque el gran crecimiento numérico de la iglesia evangélica y su evidente manifestación en las calles muestra un notorio empoderamiento. Ya no nos restringimos a las cuatro paredes de la iglesia, sino que ahora salimos, y nos manifestamos con la seguridad de poseer la verdad. Pero hay un problema: el empoderamiento está denotando una gran agresividad en muchos evangélicos. Las redes están llenas de insultos contra todo aquel que piense distinto, que sea el antagonista. Es, a fin de cuentas, la caída en la tentación del monte alto, del poder, y la caída en ella está clara en la actitud del dominio sobre el otro que no nos gusta, en el intento de aplastarlo. La agresividad parece haberse convertido en un valor nuevo del cual se nutren héroes de la fe del siglo XXI que pelean en las redes y en las calles por el cristianismo.

¿Cómo salimos de este nudo? Apelo al espíritu de los 500 años de la reforma de Lutero, que buscaba volver a los valores de Jesús. El que lee entienda.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Integralidad N°10




Les presento la décima edición de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

martes, 19 de julio de 2005

Una reflexión sobre la economía y la misión de la Iglesia (4)

1.4. El caso romano
Ya para los tiempos romanos el sistema esclavista estaba plenamente desarrollado. Lo fundamental de éste es, valga la redundancia, el esclavo como agente básico del proceso productivo que produce el excedente del cual se apropian sus amos, representados en última instancia por la figura del emperador romano, el César.

Jesús vivió en ese régimen. Y existe un evento fundamental en el que interactúan en sobremanera la parte política y económica, aunque de manera sutil, dentro del pensamiento de Jesús: La cuestión del tributo. Lucas 20:20-25 lo narra de la siguiente manera:


Mandaron a unos espías que, aparentando ser hombres honrados, hicieran decir a Jesús algo que les diera pretexto para ponerlo bajo el poder y la jurisdicción del gobernador romano. Estos le preguntaron:
—Maestro, sabemos que lo que tú dices y enseñas es correcto, y que no buscas dar gusto a los hombres. Tú enseñas de veras el camino de Dios. ¿Está bien que paguemos impuestos al emperador romano, o no?
Jesús, dándose cuenta de la mala intención que llevaban, les dijo:
—Enséñenme una moneda de denario. ¿De quién es la cara y el nombre que aquí está escrito?
Le contestaron:
—Del emperador.
Jesús les dijo:
—Pues den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios
[xii].

Este evento sucede en la última semana de la vida de Cristo. Jesús ya había anunciado su muerte a sus discípulos en varias ocasiones sin que los doce lo entendieran, también ya se había instalado en Betania, que sería su morada en este tiempo final de su ministerio terreno antes de su crucifixión y sus pies ya habían sido lavados por María en una escena cargada de simbolismo. El domingo se dirige desde Betania a Jerusalén y ocurre la Entrada Triunfal, donde los peregrinos pascuales [xiii] lo reconocen simbólicamente como Rey de Paz [xiv]; el lunes Jesucristo realiza la purificación del templo (parecería ser que fue la segunda ocasión en la que hizo esto dado el relato juanino ubicado en los primeros capítulos de su evangelio), y el martes fue el día del conflicto con las autoridades religiosas judías. Cristo había hecho una ofensiva directa contra el negociado de los sumos sacerdotes Anás y Caifás sacando a los vendedores y cambistas del patio de los gentiles del Templo [xv], y atacando directamente su autoridad en una manera abiertamente desafiante mediante sus parábolas como, por ejemplo, la de los labradores malvados. Este escenario de tensión lo consigna Mateo en el capítulo 21:45-46:

Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta

Este es el escenario caldeado que engloba el pasaje analizado: Jesús que se había mostrado osado y el poder religioso que buscaba destruirlo. Teniendo en cuenta esto, ¿Qué quiere decir Cristo cuando dice “dad al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”? ¿Es tan solo una respuesta a la malicia de sus interrogadores? ¿En simplemente un escape al dificultoso dilema en el que se encuentra? ¿Una artimaña de Jesús? ¿Un pasaje que solamente debe tomarse desde el punto de vista espiritual?

Pienso que Erdman se equivoca al decir que “los enemigos de Jesús daban por supuesto un conflicto de deberes; él, en cambio, mostró que había una armonía perfecta[xvi]. No hay una búsqueda de equilibrio sino un afán de separación, de colocar cada cosa en su sitio correcto. Lo que Cristo parece estar haciendo es desligar la realidad práctica de la divinidad (reflejado en la esencia de la discusión del martes de la última semana de su vida y con el lugar en donde estaba ocurriendo el debate) de la vida político-económica de los seres humanos (algo muy simple ejemplifica esto: la moneda que pide Jesús). A él, con esta pregunta, lo quieren poner bajo la jurisdicción política de los romanos y, curiosamente, para esto le hacen una interrogante básicamente económica (nada tan claro como los impuestos, donde se fusionan poderosamente ambos elementos). Jesús está diciendo es que el régimen político, sus detalles, sus estructuras y su sostén económico son cosas que están bajo la mayordomía del César, es decir, de los seres humanos, mientras que bajo la jurisdicción directa de Dios están otros asuntos, como la iglesia, la vida santa, el alma nuestra. Esta es la razón por la que no “habló” en el caso de José, ni en el caso de la autarquía de los tiempos de los Jueces. El silencio de Dios con José y el tiempo de los Jueces se explica abiertamente aquí: lo económico está dentro de la mayordomía que Dios le expidió a los hombres.

Sin embargo, ¿es que a Dios no le importa nada el régimen económico? ¿Es algo superfluo para él? ¿El hecho que la frase “A Dios lo que es de Dios” nos dice que hay cosas que dependen de él y que el resto no importa? ¿Si Dios no habló en el caso de José, significa que él no hablará nunca? Efesios 6:5-9 da una clave importante. La enseñanza teológica de la carta ya había sido dada y nos encontramos en la parte de las enseñanzas prácticas. 5:21 dice que “debemos someternos los unos a los otros” y engloba dentro de este principio a los tres elementos más importante del orden social, a saber, la relación esposo-esposa, la relación padres-hijos, y la base del sistema económico de la época: la relación amo-esclavo. Existe una manera cristiana de vivir esta tricotomía, un papel que los cristianos juegan, una forma en la que ellos pueden desenvolverse, siempre centrada en el sometimiento mutuo. Esta aparente poco importante disyuntiva entre amos y esclavos es realmente capital:

Esclavos, obedezcan ustedes a los que aquí en la tierra son sus amos. Háganlo con respeto, temor y sinceridad de corazón, como si estuvieran sirviendo a Cristo. Sírvanles, no solamente cuando ellos los están mirando, para quedar bien con ellos, sino como siervos de Cristo, haciendo sinceramente la voluntad de Dios. Realicen su trabajo de buena gana, como un servicio al Señor y no a los hombres. Pues deben saber que cada uno, sea esclavo o libre, recibirá del Señor según lo que haya hecho de bueno.

Y ustedes, amos, pórtense del mismo modo con sus siervos, sin amenazas. Recuerden que tanto ustedes como ellos están sujetos al Señor que está en el cielo, y que él no hace discriminaciones
.

En el pasaje de la cuestión del tributo se nos muestra que Dios no se involucra directamente en nuestro régimen económico y político, que eso es, mas bien, potestad de Dios que encaja dentro de la mayordomía dada a los hombres en el tiempo de la creación. Sin embargo, en este último pasaje bíblico Dios directamente y sin ambages se “entromete” en un tema aparentemente esquivo. ¿Por qué lo hace? Tengamos presente que “En el régimen esclavista, las relaciones de producción se basaban en la propiedad de los dueños de esclavos sobre los medios de producción y sobre los esclavos considerados como “instrumentos parlantes” sin derecho alguno y sujetos a explotación cruel. El trabajo del esclavo, que tenía un carácter abiertamente coercitivo, se aplicaba en gran escala en los latifundios y la producción artesanal, disponiendo el dueño no sólo del trabajo, sino también de la vida del esclavo. En la época en que se forma el régimen esclavista, la sociedad se divide en dos clases fundamentales: los señores esclavistas y los esclavos, y para mantener el dominio de los primeros se estructura un aparato de violencia y coerción, el Estado esclavista. Los contingentes de esclavos se nutrían sobre todo mediante las guerras y, parcialmente, con los campesinos y artesanos que se arruinaban. Se explotaba a los esclavos de manera tan cruel que su vida era corta[xvii], y a pesar de esta situación, de la explotación y crueldad en el trato, del cómo llegaban a ser esclavos [xviii], Dios no interfiere con el sistema. ¿Qué, entonces? Recordemos la lección de la visión teocrática de Jueces y fusionémosla con el punto de vista de Pablo y podemos llegar a concluir que lo que a Dios le interesa en verdad es, a saber, relaciones justas entre los agentes económicos, en este caso, amos y esclavos. Por eso la exhortación a trabajar bien, a tratar bien, a respetarse mutuamente teniendo en cuenta la nueva condición de nacidos de nuevo en Cristo Jesús. Por lo tanto debemos profundizar en el tema de la justicia.

El concepto recorre el Antiguo Testamento [xix] donde la justicia se refiere en primer lugar a un contexto concreto de relaciones sociales, especialmente significa rescatar a la victima, liberar al oprimido, expresando, por lo tanto algún tipo de reinvidicación.

La palabra hebrea Sedeq (Justicia) es expresión suprema y global de lo que es valioso, justo y correcto en la comunidad. Es el concepto central que gobierna todas las relaciones sociales que significa rectificar situaciones entre personas y grupos, vivir conforme a lo que la situación social exige pudiendo inferir por tanto que significa justicia para el oprimido. Mishpat, sedaqah, heded-y-emeth (amor constante) y yeshuah (liberación, salvación) pertenecen al campo semántico de sedeq, justicia. Explicitan uno o más aspectos de sedeq o matizan el concepto.

Sedaqah significa un acto de bondad o compasión. En ese sentido sedaqah es liberar al oprimido, reivindicar al huérfano, a la viuda, al inmigrante, al pobre contra sus opresores. En este sentido el antiguo Cántico de Débora habla también de las sidqoth (plural de sedaqah) de Yahvé Dios. Mishpat se traduce con frecuencia por derecho o justicia. Tiene matices jurídicos (regla, juicio, ley, proceso jurídico), pero estos son solo ampliaciones de su sentido primario: justicia liberadora, salvífica. De hecho lo que esta en el corazón de la Torah, consiste en hacer justicia allá donde reina lo contrario. Mishpat esta relacionado con amor y compasión, ya que la Biblia no reconoce justicia alguna sin amor y sin misericordia.

En el Nuevo Testamento, Jesús proclama el reino de Dios que representa la realización de la justicia (sedeq y mishpat) de Dios. De hecho Pablo en vez de hablar de reino de Dios habla de Justicia de Dios. Más importante es todavía que la constatación de que según el Nuevo Testamento Jesús realiza la justicia de Dios en su propia persona. Su preocupación por los pobres y marginados encarna la justicia del Dios justo. Más aún Jesús muestra de manera explicita lo que quedaba implícito en el Antiguo Testamento: el amor al prójimo es la norma suprema de sedeq de Dios y resumen de todas las demás normas. El amor "tratar al prójimo como uno quiere ser tratado, como otro yo", constituye la base y el alma de toda justicia. Los que siguen a Jesús en esta praxis se convierten en la justicia de Dios presente en el mundo. Jesús se convierte en el criterio último de lo que es la justicia: practicar la justicia es seguir a Jesús.

Y seguir a Cristo remece nuestro ser. Por lo tanto, así como los musulmanes dicen que “Vivir dentro del Islam le enseña al musulmán que la transformación del medio social, en un sentido auténtico, sólo es posible por una transformación de si mismo, y lo que es más importante, por el permiso de quien gobierna y ha creado el mundo, Allah, que alabado sea. Esto le hace al musulmán perder el temor de la existencia porque sólo le teme a Allah [y] cuando lo conoce de este modo el musulmán llega a entender que todo acto es adoración de Allah. Que no hay separación entre la política y la adoración de Allah, ni entre el comercio y la adoración de Allah. En este estado, el musulmán comprende que sólo vive por y para Allah, que depende y confía en Allah[xx], debemos entender que nuestra adoración a Jesús es completa y abarca todo, incluyendo las relaciones económicas.

Y no importa el sistema en el que se den estas relaciones. La Biblia se escribe dentro en el período esclavista, desde sus inicios hasta su apogeo máximo en el Imperio Romano y si hubiéramos nacido en esos tiempos, como amo, esclavo o quizá como hombre libre habríamos sido seguidores de Jesús y, como tales, buscadores de la justicia. Podemos ser esclavos económica y socialmente hablando, pero entre cristianos la acepción de personas no existe, siendo amos y esclavos iguales ante Dios, pero no ante los hombres. No se nos pide cambiar el régimen, destruirlo, se nos dice tratar “al esclavo como a nosotros mismos (si somos amos)” o “tratar al amo como a nosotros mismos (si somos esclavos) [xxi].”

Equivocan completamente el camino cristianos que honestamente piensan que el capitalismo es el régimen bendecido por Dios. Dios no bendice ni avala un régimen ni sistema ni nada que se le parezca. ¡Él pidió obedecer a Nerón!. Este tema lo deja a merced del hombre. Dios quiere que simplemente en el régimen en el que estemos, actuemos con justicia. Por lo tanto, la pregunta clave, capital e imposible de evitar es, ¿qué hacemos si existe la injusticia en las relaciones económicas? ¿Debemos los cristianos denunciarlas o simplemente concentrarnos en asuntos espirituales? ¿Basta con el modelo asistencialista? ¿Dónde podemos encontrar estas injusticias? ¿Hay en la Biblia un punto de partida donde pueden verse a plenitud la injusticia económica?