Mostrando las entradas con la etiqueta Política peruana. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Política peruana. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de agosto de 2014

La teología que empodera

Hace tiempo que observo con atención este nuevo escenario de la iglesia evangélica, que ha pasado de un rechazo casi patológico al mundo, a no involucrarse con él en lo absoluto, al predominio de teologías escapistas que esperan el arrebatamiento y la segunda venida (y, claro está, el privilegio de las actividades evangelísticas como único contacto con el mundo), a esta situación actual en donde muchos pastores y creyentes entran en política de manera visible. ¿Qué cambió en estos pocos años? ¿Qué explica esta mutación radical de la manera en que la iglesia ve al "mundo"? ¿Cómo así llegamos a tener una Primera Ministra evangélica en el Perú? En la página “Teología Feminista” de Facebook, encontré este excelente texto de la teóloga paraguaya Esther Baruja, quien reflexiona sobre la relación entre la teología de la prosperidad y la participación de los evangélicos en la política. Dice ella:

"Muchos pastores a lo largo de Latinoamérica han incursionado en la política y hasta han creado partidos políticos. En el Brasil por ejemplo hasta tienen bancada parlamentaria. Si van a sus iglesias escucharan sermones relacionados con el éxito y la prosperidad material que los "hijos de dios" merecen. Según esta teología, estas bendiciones vienen en premio a la obediencia. Obediencia a las reglas y a las interpretaciones dogmáticas de cada grupo. Entonces la obediencia es a la denominación, principalmente, y no a "dios" ya que las interpretaciones varían. Aunque se crea presión, miedo, y luego culpa si no se obedece. La explicación de la existencia de la pobreza, desde esta teología, es por la desobediencia y el alejamiento de "dios" de los infieles. No existe una reflexión sobre las estructuras sistémicas de opresión que van más allá de cumplir preceptos religiosos. El ir los domingos a las reuniones, diezmar puntualmente, asistir a conciertos de alabanzas y promover la idea del sexo como lo peor que pasó a la humanidad que sólo se redime con matrimonio heteronormativo son motivos para que "dios" "bendiga grandemente" a una nación.

La nación, sea cual sea el país en donde se encuentre el pastor en cuestión, será "cabeza y no cola", será "lumbrera para todas las otras naciones" y el pueblo prosperará de una manera inimaginable. Estos mensajes se repiten en todas las iglesias de todos los países que tienen este tipo de denominaciones de la teología de la prosperidad.

Siguiendo estas ideas los pastores entran a la arena política, con miles de seguidores ya influenciados con este sueño de partido teocrático, con la certeza de que "dios" debe dirigir el país con la "mayordomía" de estos "siervos", a los que no hay que criticar por cierto. En este escenario es fácil ver [por ejemplo, en Paraguay] como Arnoldo Wiens, pastor menonita, logró ser senador por el Partido Colorado, y ahora su hijo Esteban [está postulando a] un puesto en la intendencia de Ciudad del Este.

Quizá pueda haber comparación entre la elección de Lugo y Wiens. Pero creo que la [teología] católica y la evangélica de la prosperidad [crean] mentalidades diferentes. La primera es más sobre la esperanza hacia un caudillo, que por ser religioso, sea más justo. En el segundo caso es sobre poder, sobre crear una teocracia, sobre "exigir los derechos de príncipes por ser hijos del rey de reyes". El liderazgo político de los evangélicos que siguen esta teología, raya en lo mesiánico”

Yo no sé si por la teología de la prosperidad venga la explicación completa de estos cambios profundos, pero si creo que tiene influencia en todo esto. Esta teología es muy criticada por muchos de sus énfasis, pero si ella es parte responsable de este viraje, lo interpretaría como cosa positiva: sin quererlo directamente, empoderó a los fieles y los empujó fuera de las cuatro paredes de las iglesias. Solo espero que en el futuro no hayan más casos como los de Efraín Ríos Montt, o el de funcionarios menores vinculados a la corrupción generalizada de nuestros países, pero soy poco optimista al respecto.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Cuestión de imagen

Ya pasaron algunas semanas desde el gran escándalo que los medios periodísticos generaron por el particular juramento de la ministra evangélica Ana Jara y la posterior entrevista con Beto Ortiz en su noticiario mañanero. 






Nuestra mediocre prensa fue inmisericorde con ella, catalogándola –con un nivel supremo de ignorancia y prejuicio- como una fanática cucufata (esos fueron los términos más amables). Por supuesto, ellos, muy sabihondos, comentaban sobre lo que es el evangelicalismo, mezclaban términos con un profundo desconocimiento y de inmediato la tacharon, como si el hecho de tener una fe y profesarla fuera un causal potente para no ser un funcionario público de confianza. Hace años que perdí el respeto por la prensa peruana, y esta actitud parcializada que una vez más mostró no me sorprendió en lo absoluto. Como le comenté a una amiga por Twitter, si es tan evidente la desinformación de estos periodistas sobre lo evangélico, y a pesar de “estar en la calle” en los temas que comentan, tratan de mostrar una imagen de conocimiento ante sus lectores, ¿en cuántos otros temas pasa lo mismo? La respuesta se cae de madura: en bastante de lo demás. 

Fuera de ese asunto, hay varias cuestiones que han quedado manifiestas. La primera, la ya mencionada: la pobreza de la prensa. La segunda, la inocencia de la ministra, que en la entrevista con Beto Ortiz mostró una candidez política en sus respuestas que la hizo presa fácil de los buitres mediáticos. Lo tercero, la opinión generalizada de que la religión no debe intervenir en la política. Entiendo que el estado debe ser laico, que las iglesias como instituciones deben permanecer al margen de las decisiones políticas excepto la inevitable misión profética, pero de allí a satanizar a gente que cree en algún Dios, y mueve su vida de acuerdo a la forma en que interpreta a ese mismo Dios, es demasiado. Uno tiene una especial cosmovisión, y el hecho de que ésta sea teísta no me descarta para la función pública, en especial si tengo los conocimientos y habilidades profesionales necesarias (el cual es el caso de la ministra). ¿Por qué debe restringirse mi participación pública, a la cual tengo derecho como cualquier ciudadano, por el simple hecho de tener una cosmovisión teísta? ¿Qué la hace inferior a una cosmovisión no teísta? ¿Qué la hace descartable? ¿Por qué una cosmovisión personal que puede basarse en traumas y prejuicios sería necesariamente superior a una basada en la enseñanza de una iglesia de dos mil años de antigüedad? 

Además, creo que es necesario que se tome nota de esa percepción de una parte de la sociedad respecto a los evangélicos. Siempre existirá, por supuesto, una visión restringida de algunas personas a las cuales hemos contribuido con nuestras particulares taras, pero la pregunta real es si esa imagen que estamos dando es la adecuada en términos de participación política. Porque es evidente que la política nos empieza a interesar cada vez más, pero también es claro que la imagen que tanto ha servido para el crecimiento explosivo de las últimas décadas puede ser contraproducente desde el lado político, porque ser representante de una comunidad implica serlo de todos, no solo de los que son como uno mismo. Esto comienza en asuntos pequeños como el de someternos a un juramento o nuestro desenvolvimiento en una entrevista con un periodista complicado.

viernes, 29 de julio de 2011

Lo mismo de siempre

Hace unas semanas inicié una secuencia de entrevistas con muchas personas vinculadas al ambiente evangélico, investigando sobre una serie de temas sobre los cuales pretendo escribir si las circunstancias lo permiten en los próximos meses: el papel evangélico en el fujimorismo primigenio de 1990, la actuación del CONEP y de iglesias locales y denominaciones hacia los delitos del fujimorato, la fundación del partido político semi-confesional Restauración Nacional, la fundación de UNICEP, y el tedeum bardalista. Ante la amplitud de los temas, decidí comenzar con el tedeum, quizá lo más contextual en el horizonte de un julio de cambio de mando. Además, hay muy poco escrito al respecto y abundantes cuestiones por aclarar. Y digo aclarar porque es una práctica muy común, de muchos miembros del alto liderazgo evangélico, el hacer cosas sin pensar en su efecto en los demás, de tomar decisiones zurrándose en lo que otros puedan pensar. De aquí, como pueden suponer, han nacido gruesos malentendidos; las grietas se han profundizado; la unidad, bien gracias, sólo va para el discurso.

La investigación está incompleta porque se me vino encima la maestría en finanzas, postergando un poco la secuencia de entrevistas que tuve. Además, aún me falta conversar con personajes claves en la organización del tedeum evangélico. Espero que ese artículo esté listo pronto; sin embargo, hay cosas que trascienden y que sí puedo ir comentando a pesar de que aún no tengo todos los cabos atados. En especial por los dimes y diretes que se han dado por estos días a raíz del tedeum 2011.

Hay la sensación generalizada de que el tedeum es un emprendimiento personal del pastor Miguel Bardales, que él organizó al margen de las organizaciones representativas de los evangélicos que hoy existen (léase CONEP y UNICEP). La inscripción ante Registros Públicos del Ministerio de Acción de Gracias donde él, junto a un pastor más, y las esposas de ambos figuran como miembros del consejo directivo, apunta en este sentido. Muchos creen que trató de mostrarse como un pastor importante ante la opinión pública, aprovechándose de algunos vínculos con Alan García y el fujimorismo. Por lo tanto, hay motivos para pensar en una personalización del evento. ¿Bueno o malo? La personalización es algo muy frecuente en los ambientes evangélicos, una de nuestras características negativas que más nos identifican. Por lo tanto, que Bardales haya hecho esto no sorprende en lo absoluto. Praxis le llaman.

Ahora, CONEP y UNICEP iniciaron gestiones para hacer otro tedeum hace poco, de forma independiente. Evidentemente, surge el conflicto con los organizadores del tedeum original. Se dice que Miguel Bardales buscó contactos con el gobierno entrante para continuar con la organización del tedeum, se dice que él se mostró como representante de todos los evangélicos ante ciertas instancias gubernamentales (esto es perfectamente posible ya que una de las intenciones de este Ministerio de Acción de Gracias es la de “representar a las iglesias evangélicas ante las autoridades políticas, militares y civiles, entidades públicas y privadas en el país y en el extranjero”), se comenta que se buscó una organización única del evento, pero como tantísimas otras veces la intransigencia se hizo presente, los acuerdos se hicieron imposibles (no en vano la atomicidad nos caracteriza), no se llegó a nada y el tedeum se hará pero muy cuestionado. Hasta comunicados irregulares circularon por allí. ¡Una vergüenza! Es triste que, en contra de lo esperado, los conflictos de poder sean idénticos a los de cualquier otro ámbito. Se pensaría que en la política pastoral-eclesial sean las enseñanzas del Maestro las que predominen sobre los beneficios y deseos personales, pero la realidad nos da una cachetada. Como ya he dicho en otros posts, es lo mismo de siempre.

sábado, 18 de junio de 2011

Integralidad




Les presento la novena edición de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

domingo, 10 de abril de 2011

Por qué jamás votaré por el fujimorismo

Parece que muy a mi pesar Keiko Fujimori pasará a la segunda vuelta con Ollanta Humala. Como en el 2006, aparecerá el anti-voto, y muchos de los que votaron por Castañeda, PPK y quizá algunos toledistas votarán por Keiko. No es mi caso. Yo jamás votaré por el fujimorismo. Mis alternativas en segunda vuelta es votar por Ollanta Humala, el voto blanco o el voto nulo. Algunos ven mi postura como irracional, como enemiga del Perú. Debo defender el crecimiento, dicen, así como hicimos muchos el 2006, cuando tapándonos la nariz marcamos la estrella de Alan García.

No acepto eso. El fujimorismo fue un régimen abiertamente delincuencial, como si los barrios bajos de Lima hubieran tomado el poder para saquear las arcas fiscales y asesinar a los enemigos. Nos gobernó lo más selecto de la Trinchera Norte y el Comando Sur. Por eso, no votaré ahora, mañana ni jamás por el fujimorismo porque no quiero más dobles mensajes políticos (por ejemplo, digo “no shock” para el aplauso de las masas, y a la hora de la hora aplico el shock), no más patadas en el trasero a nuestros hermanos evangélicos que lo apoyaron en 1990 con fervor y que se convirtieron rápidamente en inservibles, no quiero más "disolver el Congreso", no quiero más combate al terrorismo con la doctrina del "ojo por ojo y diente por diente" (esto es, combatir a los terroristas con el mismo terror. Somos gente civilizada, somos el Estado, ¿no? No podemos convertirnos en criminales con el fin de combatirlos). No quiero más nueve alumnos y un profesor muertos en La Cantuta, incinerados y luego enterrados en un páramo desolado, no quiero más grupo de aniquilamiento Colina, no quiero más ejecuciones de Barrios Altos (donde murieron inocentes -¡un niño de ocho años!- que hacían una pollada pro-fondos: los ajusticiadores querían asesinar a otras personas, terroristas ellas, que se encontraban en otra parte del edificio), no quiero más jueces sin rostro que juzgaban en tres días, no quiero más inocentes que pasaron 10 años en la cárcel porque alguien los inculpó sin pruebas, no más mentiras respecto a la derrota del terrorismo: Fujimori no derrotó a nadie; todo fue el trabajo de un cuerpo especializado de policía que capturó a la “cuarta espada del marxismo” y con ello, listo, el golpe maestro. No quiero más esterilizaciones forzadas a campesinas inocentes de los andes perdidos, no quiero más apropiación del FONAVI, que hasta hoy sufrimos. No quiero más copamiento de las instituciones públicas (Poder Judicial con sus magistrados provisionales, con Blanca Nélida Colán; Ministerios, poderes electorales –con la vergüenza de mi universidad, la UNI, como referencia: José Portillo, el artífice del fraude del 2000-) ni la destrucción de ellas. No más prensa chicha que insultaba a los opositores en la carátula sin notas en el interior, no más prensa comprada (cómo olvidar la pared de dinero para Crousillat o la de Schutz), no quiero más estado benefactor estupidizante, que solo se dedicaba a entregar papas, arroz y calendarios, sin interesarse plenamente en el desarrollo. No quiero más Laura Bozzo (perdonen por ella, amigos mexicanos), no quiero más Ministerio de la Presidencia corrupto y centralizado, no quiero más robos de los fondos de las privatizaciones, no más saqueo de la Caja de Pensiones Militar-Policial, no más japonesitos ladrones de ropa donada y dinero venido del Japón. No quiero más los 15 millones de CTS entregados a Montesinos por su “servicio al país” y devueltos en efectivo por Fujimori, no quiero más robos a Popular y Porvenir (con el prófugo Miyagusuku), no más leyes de interpretación auténtica del tristemente célebre Carlos Torres y Torres Lara, no quiero más decretos secretos que hacían que algunas empresas pagaran menos impuestos. No quiero más renuncias por fax, no quiero Presidentes que intenten capturar a sus asesores con un enorme contingente policial que ellos mismos comandaban (buscando…). No quiero más fraudes electorales, no quiero más aviones presidenciales que carguen cocaína. Basta de salitas del SIN, y basta de presidentes allanando una casa llevando un fiscal falso. Basta de primeras damas electrocutadas y de amenazas a periodistas. No quiero otra Mariela Barreto ni otra Leonor La Rosa. No quiero más especímenes como Santiago Martin Rivas. No quiero otros Beto Kouris que pedían dinero a Montesinos con el fin de "comprar un camioncito para repartir pescado". Ya estuvo bueno de lacras como Nicolás Hermosa Ríos, que en su juicio reconoció haberse robado 20 millones de dólares (sí, el eterno Comandante General de Ejército, íntimo de Montesinos y Fujimori). No quiero más venta de armas a las FARC pagadas con cocaína. No quiero más cerros pintados y ya es suficiente con hijitos estudiando en Boston con dos mil soles de sueldo. No quiero más congresistas comprados ni transfuguismo. No quiero más dinero repartido en decenas de cuentas secretas de todo el mundo, no quiero un ex-presidente candidateando al Senado de un país extranjero. No quiero geishas ni más torturas en el sótano del Servicio de inteligencia del Ejército. No más chuponeo telefónico. No más “Vaticanos”. No más a la mayor corrupción de la historia republicana peruana. No quiero más declaraciones de hoy que hablan que todo lo anterior fueron “errores”. ¿Comandos de aniquilamiento, errores? ¿Narcotráfico abierto, errores? ¡Indignante!

Puedo seguir, pero creo que he probado mi punto: en resumen, jamás votaré por el fujimorismo porque tengo memoria. Por ello, en segunda vuelta solo tengo tres opciones: blanco, viciado u Ollanta Humala. Por ahora, no he decidido nada. Ya se verá.

domingo, 23 de enero de 2011

Rosas con espinas

La semana que pasó sorprendió al mundo evangélico al conocer que el número uno de la lista de Fuerza 2011 por Lima sería un pastor de una de sus principales denominaciones: Julio Rosas, de la Alianza Cristiana y Misionera. Por años estuvo a cargo de una iglesia en San Martín de Porres, al norte de Lima, fue presidente del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP) en los noventas, antes que la Alianza se aparte de él por razones que hoy suenan a excusa, y asimismo fungió de presidente de su denominación. A estas alturas seguramente ya renunció al pastorado, listo para subir a bordo del achacoso barco legislativo (porque, qué duda cabe, será elegido gracias al autómata voto de las irreductibles masas naranjas) que no le es tan ajeno.

Muchas voces han mostrado su rechazo a este emprendimiento de Rosas. Sin embargo, las cosas deben ser claras desde el principio: todo ciudadano peruano tiene el derecho de participar en política. Sea un sacerdote como el padre Arana, un profesor universitario como Toledo o un economista como Kuczynski, el derecho trasciende nuestra actividad particular. ¿O es que el llamado exime a los pastores por alguna mística razón? Hasta el inmaduro y engreído Kenji Fujimori tiene el derecho de postular. Más aún si somos animales políticos. Rosas, por supuesto, lo es. Su deseo de incursionar en la política es muy grande, y esta aspiración se ha notado al dirigir el CONEP y a la Alianza Cristiana por varios años. Parece gustar del poder, teniendo bastante ambición. Eso, per se, no es malo; en ocasiones se convierte en algo hasta necesario. En realidad, el rechazo viene por otro sitio. Para ubicarlo, creo que nos debemos hacer la siguiente pregunta: ¿Cómo un pastor, que se dice abanderado de la justicia, la paz, la defensa de la vida, la restauración ante Dios y los hombres, la afirmación de principios venidos de Dios y la búsqueda de una vida santa, se involucra con un grupo político que avala las violaciones de derechos humanos, el copamiento abusivo del poder, el autoritarismo, la cultura de la muerte, la virtud política traída del caudillismo familiar, el transfuguismo, el robo a camionadas del patrimonio nacional y la máxima corrupción de la historia peruana? ¿Cómo puede involucrarse con un grupo político que en 1990 utilizó a los evangélicos, hermanos nuestros, con mentiras alevosas, descartándolos luego cuando ya no eran necesarios? Aquí tenemos que indagar.

Ensayando tres respuestas

Se ha hablado de que Rosas es un tonto útil que se está prestando al juego de Keiko Fujimori. Sin embargo, tras pensarlo bien, tengo la convicción de que no es así. Rosas no es un pastor que no sabe nada de política. Él conoce de ella y mucho más de lo que la gente cree: las denominaciones y sus luchas de poder son tremendamente políticas, llenas de negociaciones, concesiones, acuerdos, bandos, serruchos, cuchilladas por la espalda y todo lo que todos ya sabemos de la política, con el matiz de que hay formas que se suelen guardar: todo es para la gloria de Dios. Entonces, ¿qué lo empujó a aceptar la invitación fujimorista? Rosas ha deseado intensamente ingresar a la política desde hace tiempo, pero no parecía tener muchas opciones. Keiko Fujimori estaba buscando la manera de limpiarse de la mugre intrínseca que su candidatura representa: el fujimontesinismo putrefacto. Pocos creen en sus deslindes de Vladimiro Montesinos. Rosas y Keiko tenían una necesidad y algo qué ofrecer. Rosas daría algo de limpieza, de “ética y moral” a la lista fujimorista. Keiko le daría al pastor la oportunidad de su vida, aquella que ansió por tanto tiempo: ser político, y más aún, ser congresista. Entonces, ambos han hecho un trueque que los beneficia, ambos se están utilizando mutuamente.

Lo que llama la atención es cómo Rosas, teniendo ya en sus manos el gran deseo de su vida, no le importó lo demás: hoy defiende a muerte a Fujimori y su camarilla. ¿Qué dice, pastor Rosas, de los muertos de La Cantuta, del niño de ocho años asesinado en la pollada de Barrios Altos? ¿Qué opina de la renuncia por fax de Fujimori? ¿Está de acuerdo con la secreta pero real política de exterminio que ciertos militares aplicaron contra los terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA, de la cual su líder conoció? Hace poco estuvo en la radio, y dijo que el fujimorismo había pedido perdón al país por sus errores; que eso era como el matrimonio, que para avanzar era necesario perdonar, dejando atrás el pasado. No pude evitar la carcajada. Primero, el fujimorismo no está arrepentido. Por ello dicen que las condenas continuas a Fujimori (por corrupción, por allanamiento ilegal, por violación de derechos humanos, por fraude electoral) no son justas, sino parte de un proceso político. Segundo, lo que se cometieron fueron delitos, no faltas. Por ello, tenemos a tanta gente presa, incluyendo al propio Fujimori. Lo que se instauró fue un régimen abiertamente delincuencial, al cual se debe rechazar porque su propia naturaleza ya está pervertida. Las faltas se “perdonan”, los delitos se “pagan” con cárcel. Es patético cuando se buscan argumentos para defender lo indefendible.

La segunda teoría salió de una conversación que hace poco tuve con un amigo sobre el asunto Rosas. Hablábamos de la idea de democracia, y este amigo me dijo que los grupos con los que Rosas tendría más en común -respecto a su idea de la democracia- serían los fujimoristas y los humalistas, los más autócratas del espectro. Quedé intrigado, pero pensándolo mejor, me di cuenta que este amigo tiene razón. La realidad del pensamiento se ve en la práctica, no solo en el discurso, por lo que es necesario considerar al papel de Rosas como presidente de la Alianza Cristiana y Misionera. ¿Qué tan democrático fue? La denominación es vertical, rígida, y fomenta que los pastores alcancen la categoría de vitalicios. Varios de sus pastores tienen veinte o más años en las iglesias que dirigen, las que manejan sin dar cuentas. La democracia se desprecia, ignorando tradiciones protestantes (que, por ejemplo, son la base de la democracia norteamericana) y justificando pobremente su postura argumentando que la iglesia es una “teocracia” y no una democracia. ¿Puede ser el pastor demócrata a niveles nacionales pero autócrata a niveles de su iglesia? Al creer poco en la democracia, Rosas buscaría un grupo afín; como pertenece teológicamente hablando a la derecha de trasfondo fundamentalista, despreciará a los partidos con tendencias de izquierda. Chau Humala. Ergo, su pensamiento calzará con el ideario fujimorista, autoritario como el esquema de gobierno de su denominación. Entonces, que sea el número uno de la lista fujimorista no es algo que debiese llamar la atención.

Una tercera posibilidad es que Rosas fuera tragado por ese virus llamado mesianismo, que ha contagiado a miles de pastores en Latinoamérica, pero que tiene una versión política especializada. Rosas recibe el mensaje de Keiko, creyendo sinceramente que es la respuesta a sus oraciones (como tantos pastores que están convencidos que Dios les habla directamente). Sienten que Dios los “llama” a una nueva “misión”, que en este caso es grande: limpiar el fujimorismo. Está convencido de que los pastores adecentan la política, que puede contribuir a mejorarla; ser congresista da la oportunidad de predicar en las altas esferas del poder, a ser sal y luz. ¡Se cree un escogido por Dios! Esto le hace no percatarse de la imposibilidad de la obra, no percibe que Dios no les está hablando, quizá si hubiese leído bien la Biblia se habría dado cuenta que por estos rincones Dios no camina. Al final, inocentemente colaborará con el partido que lo convoca, siendo manipulado a la larga. Porque, ¿Rosas será el independiente que pretende ser? Intentará ser luz, pero será consumido por el poder. Recordemos el tristemente célebre caso de Gilberto Siura, que llegó a decir que las víctimas de La Cantuta se habían autosecuestrado. Este es el muy posible destino de Rosas. Sinceramente, espero equivocarme.

Espinas puntiagudas

Para mí, Rosas ha tomado una pésima decisión porque está privilegiando sus intereses personales en detrimento de los muchos principios que dice defender por su condición de pastor. Cuando los principios personales predominan sobre los intereses comunitarios, comenzamos mal. Ante el diablo que le mostraba todos los reinos del mundo, él prefirió arrodillarse y adorarlo. ¡Le estaban ofreciendo lo que siempre quiso! Ya sabemos lo que pasa cuando caemos en las tentaciones.

Desde el punto de vista eclesial todo esto es raro, la verdad, porque normalmente los pastores aliancistas de su generación hacen un escándalo si uno de sus líderes se toma una cerveza en un bar o bailan en un matrimonio, poniendo el grito en el cielo, pero Rosas ya está defendiendo al reo Fujimori sin pelos en la lengua. Tremenda contradicción, o una señal de dobles estándares. ¿Principios? No existen. ¿La moral y ética que dice llevar al fujimorismo? No existe. Todo es un intercambio, donde Rosas es uno de los beneficiados. No importa la gran contradicción de defender actos de probada corrupción y a la vez hablar de valores, lo que importa son los intereses y deseos personales: los de los fujimoristas y los de Julio Rosas. ¿Esto es asear la política? No, es la misma vaina de siempre.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Pensamientos en rojo

Por estos días es noticia permanente los ataques de los remanentes narco-terroristas de Sendero Luminoso a las fuerzas del ejército en el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE): un helicóptero derribado en una operación de rescate, los casi cincuenta militares muertos, los juicios a los soldados que combaten el terrorismo, las dudas del gobierno como si no supiese exactamente qué hacer ni qué decir, el negocio enorme de las drogas que se gesta en esa zona del Perú que tan eficientemente toleró Vladimiro Montesinos en el fujimorato. Un problema elefantiásico que parece no tener solución.

Casi treinta años después del inicio de las operaciones violentistas de los terroristas (Chuschi, 1980), es triste decir que el problema de fondo sigue existiendo en nuestro país. La pobreza lacerante que somete a la mitad de la población peruana continúa igual que siempre. Siguen los pueblos serranos olvidados sin servicios básicos, con niños muriendo por causas perfectamente solucionables, sin educación decente, sin posibilidades de superación en sus propias comunidades, y viviendo con menos de un dólar al día. El perfecto caldo de cultivo para reacciones radicales está allí, cocinándose a fuego lento. Por ello Humala puede ser presidente, por ello Sendero Luminoso puede tener adeptos.

El combate contra los remanentes senderistas tiene tres frentes. Primero, el militar, el cual está en este momento en aplicación, combatiendo las columnas terroristas que vagan por los montes de la ceja de selva. Segundo, el económico-social, donde siento que no hay respuestas contundentes que satisfagan a las poblaciones hambrientas y deseosas de superación. Alan García se llena la boca de nuestro crecimiento económico, pero la inequidad es brutal. El neo-liberalismo a ultranza que sigue Alan García está mostrando con meridiana claridad en el mundo que no es solución al problema de la pobreza en el tercer mundo y las apuestas de solución son demasiado tímidas como para causar impactos relevantes. Tercero, el ideológico. Creo que aún no hemos avanzado mucho en esto, más aún cuando las respuestas son tibias ante el reciente libro escrito por el líder terrorista Abimael Guzmán Reinoso, donde insiste con su asesina ideología sin arrepentimiento alguno. Hablan algo por el Congreso, otras cosas extras por algún ministerio o periódico, pero nada más.

¿Por dónde iniciar en el combate ideológico? El punto de partida es que Sendero Luminoso es maoísta, esto es, cree estrictamente en la toma del poder por métodos violentos. Su historia demuestra la fidelidad de su praxis a su pensamiento, y dado esto, es iluso pensar en la posibilidad de que tomen el camino de la democracia como otros grupos terroristas de países como Colombia o Uruguay. Para ellos, democracia es un idioma distinto; es una ruta descartada por la propia esencia de su corriente política. Es como decirle a un testigo de Jehová que acepte una transfusión de sangre. No lo hará, y estará dispuesto a morir. Los senderistas viven en la selva en condiciones insalubres por seguir una idea, y que mañana dejen todo por algo en lo que no creen, suena imposible e iluso.

Un segundo punto –y el central para este post- es el de la metodología. Como cristiano hay algo que me queda muy claro, y creo que se aplica perfectamente a esta situación, y es que los métodos brutales, asesinos y abusivos no pueden traer, bajo ninguna circunstancia, la paz y justicia social a una sociedad o comunidad. Esta contradicción es absolutamente inaceptable, profundamente inmoral y decididamente delincuencial. Matando a mi padre no me traerás justicia; matando a mi madre por no pensar igual que el “justiciero” no traerás jamás justicia; haciendo explotar con dinamita el cadáver de una dirigente social nunca me traerás paz. La justicia verdadera que concuerda con las enseñanzas del Reino de los Cielos desea la eliminación definitiva de la pobreza y la igualdad de oportunidades, pero no puede comulgar con una cultura que privilegie la muerte y el dolor sobre un sueño irrealizable: el comunismo sin estado al que quieren llegar, gran paradoja, con estados más represivos y controladores. Esta debe ser una de nuestras banderas en la lucha ideológica contra Sendero Luminoso. Basada en ella, pienso que de plano sus ideas deben ser rechazadas y combatidas, por su propia concepción criminal en su metodología, como bien lo expresa César Hildebrandt al preguntarse: “¿Así que fueron políticas las 215 masacres que, según la Comisión de la Verdad, perpetró Sendero Luminoso? Sí, fueron políticas. Pero políticas ejecutadas en el marco de una concepción criminal, intrínsecamente homicida, de la lucha de clases, del derecho popular y de la concepción misma del Estado y la justicia. Sendero no fue una guerrilla popular. No fue la respuesta a una dictadura que hubiese cerrado las vías legales para el debate y la contienda. Guzmán no fue Túpac Amaru ni Bolívar ni mucho menos Cáceres. Fue una obsesión cuchillera que sólo pudo prosperar en medio del atraso y la desigualdad extrema del Perú. Sendero, al revés que el Movimiento 26 de Julio, mataba al pueblo que quería salvar. Y hablaba de dictadura burguesa cuando lo que quería imponer era el cementerio de Phnom Penh”.



Imagen:

viernes, 7 de noviembre de 2008

¿Obamaniáticos?

Mi amigo Alexander Rodríguez y el pastor Ricardo Gondim han escrito sendos posts en sus blogs sobre la elección de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos, cada uno con enfoques muy diferentes. La emoción es bastante grande, mundialmente reflejada y extraordinaria dado los antecedentes electorales norteamericanos, y escribir algo sobre eso es totalmente justificable. El acontecimiento es histórico, aunque a algunos no le parezca.

En el Perú hubo ciertas expectativas cuando salió elegido Alejandro Toledo Manrique como presidente el 2002, en su tercer intento por conseguir la presidencia. Racialmente andino, Toledo nació en Cabana, pequeña provincia arrinconada en los andes del departamento de Ancash, en una familia numerosa y pobre. Él supo explotar este detalle en su campaña, identificándose con las grandes masas de origen andino que son la mayoría en mi país. En cierto momento era extraño, porque se trató de demostrar que se iniciaba un proceso reinvindicatorio hacia lo indígena ya que nunca habíamos tenido un presidente cholo, nacido en un pueblito y que había vivido la pobreza. Siembre gobernaron al Perú las elites adineradas de origen racial blanco –o mestizos vinculados a ellos–. Toledo, además, era un símbolo de éxito: estudió su carrera profesional en Stanford, culminando sus estudios con un doctorado en educación. Estaba casado con una extranjera (como Belaúnde y Alan García, ex-presidentes peruanos): Eliane Karp, una temperamental mujer belga que no asumió el estereotipo clásico de las primeras damas latinoamericanas.

Pero al final no pasó nada. Toledo era más feliz embriagándose con tragos caros y yendo una vez cada quince días a Punta Sal, balneario al norte del Perú. Su identificación con el hombre del Perú profundo era superficial, porque para gobernar se alió con los mismos tecnócratas de siempre. Resultó que el cholo ya no era cholo: incluso, tenía un español con tantas faltas que en ocasiones se especulaba que pensaba en inglés, y que hacía mentalmente la traducción.

Diferente fue el caso boliviano. Evo no estudió en Estados Unidos ni estaba acostumbrado a la vida cómoda. Él, al contrario, sí era un indígena por nacimiento, formación y cosmovisión. Y también la elección fue histórica en Bolivia, donde era la primera vez que un indígena se hizo presidente de la nación. A pesar de sus defectos, el simple hecho de ser presidente nos arroja una especie de proceso reinvindicatorio de los excluídos tradicionales que se sintió fuertemente en el Perú con la candidatura de Ollanta Humala, casi elegido presidente en el Perú el 2006. Por supuesto que todo no es color de rosa, todo no es lo racial sino que hay muchos otros componentes, pero hay algo de eso, sí, definitivamente.

Pensando en todo lo anterior me encuentro con la victoria de Obama. Yo realmente pensé que no ganaría la elección interna demócrata porque consideraba a Hilary Clinton como inexpugnable. Me equivoqué. Pensé que perdería con McCain, esperando la manifestación del poder del Bible Belt. Volví a equivocarme, aunque debo decir a mi favor que la crisis financiera le hizo un poderoso favor a Obama. Sin ella, creo que McCain hubiera tenido muchas más posibilidades. Sin crisis sub-prime no habría obamanía.

¿Motivos de emoción? Creo que existen. La minoría negra ha sido marginada históricamente a través de los años en los Estados Unidos. Aún viven muchas personas que tienen el recuerdo de los baños para negros y baños para blancos, los asientos obligatorios para los blancos, iglesias para negros y para blancos o el Ku Klux Klan. Aunque ya no hay más segregación en Estados Unidos, la separación entre razas sigue siendo marcada, creando pequeñas sub-culturas, diferenciadas las unas de las otras. La lucha por la igualdad ha sido larga y lenta, llena de pequeños logros que han costado sudor, lágrimas y muertos como Martin Luther King. Si me centro sólo en estos aspectos, en el hecho racial, en lo que significa un presidente negro en los Estados Unidos, si vale el júbilo. Sí se justifica, sí se valida la celebración.
Por lo tanto: ¿Emocional? Pues bastante. Sólo espero que no pase lo de Toledo en el Perú.

Pero, ¿júbilo porque sea demócrata? No lo creo (bien nos ilustra Alex al respecto). ¿Jubilo porque arreglará la porquería que dejó Bush? No creo, porque Obama no es un superdotado ni más inteligente que los Clinton o John McCain. ¿Jubilo porque acabará la guerra? Pues lo dudo, ya que los demócratas también han estado en guerras. El júbilo es por lo que representa para el país un presidente de raza negra, una señal de que realmente se quiere una igualdad real para todos, no de mentira, no superficial, no de papel. Si se ve desde ese lado, entonces comparto la alegría de Ricardo Gondim.

¿Será el mundo mejor con Obama? Pues me gustaría creer que sí. Amén, espero que así sea.


Imagen: http://www.coxandforkum.com/archives/CARI.Obama.gif

domingo, 3 de junio de 2007

La triada de la política

Suelen hacer payasadas junto a sendas tonterías, dándole de comer al gremio periodístico con sus frecuentes deslices y alimentando a la radio bemba de las esquinas citadinas, pero en los últimos meses siento que los parlamentarios peruanos se han pasado de la raya. Ya era bastante que en el hemiciclo pasado tuviéramos a un anciano congresista violador que sufrió de prisión domiciliaria, pero en éste las cosas parecen ser más recurrentes, por lo menos en cuestión del número de implicados.

Damas recién electas le dieron macizas trompadas a un guardia de seguridad (según ellas, en defensa propia a pesar del video testigo) la noche que se estaba debatiendo en el pleno la aprobación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos con la precisión de la práctica que seguramente les dio su pasado de dirigentas cocaleras en los valles selváticos. Pero se venía más, algo que mantendría alterado al gallinero por varias semanas. Una “madre de la patria”, Notaria Pública de la ciudad de Huancayo, “contrató” a su empleada doméstica como asesora del Parlamento (En su defensa inicial, Elsa Canchaya dijo que por tres años “ella había preparado a su asesora personalmente de manera especial”, afirmando indirectamente que su “enseñanza” era superior a los cinco años de carrera universitaria que hay que estudiar en el Perú.). Otro parlamentario, Walter Menchola, hizo contratar a su “amiga cariñosa” como asesora de otro despacho congresal (no le quedó otra que pedir disculpas públicas). Y ahora, otra más, Tula Benites, del APRA, el partido de gobierno, empleó a un empleado fantasma de esos que cobran puntualmente a fin de mes pero que nadie conoce porque nunca van a trabajar. “La vamos a investigar” dijo con dolor Mercedes Cabanillas, presidenta del Congreso.

Al mismo tiempo, y con la incomodidad de la opinión pública por la ola de denuncias por las contrataciones irregulares, este mismo Congreso ha iniciado el debate de la Bicameralidad, medida que tiene un repudio general. A los miembros del gobierno les es poca cosa los cincuenta millones de dólares anuales que costaría la cámara nueva al país. “La funcionalidad del Congreso los vale” ha sido el argumento esgrimido por algunos. Para serles sincero, me harta en sobremanera escuchar estas cosas. Estoy seguro que los que leen estas líneas podrán decir cosas parecidas de sus países. Latinoamérica se parece mucho. Demasiado, a veces.

Es que hay una disociación entre lo que es y lo que debe ser en la función política en mi país. Acostumbrados a los dislates, esperamos que vengan ya que han sido tantos a través de la historia que nuestra piel está absolutamente curtida y, a veces, nos invade la indiferencia o la sensación de no poder hacer nada ante el sistema corrupto que nos envuelve. Y el clásico aislamiento cristiano agrava el sentimiento de abulia política.

Sin embargo, el político tiene una misión olvidada, llena de polvo, telarañas y polillas, una pauta del debe ser del párrafo anterior. Dice Esdras 7:25:

“Y tú, Esdras, conforme a la sabiduría de tu Dios, que posees, establece escribas y jueces que establezcan la justicia a todo el pueblo de Transeufratina, a todos los que conocen la ley de tu Dios. A quienes la ignoran, habréis de enseñársela”. (Biblia de Jerusalén)

Según este texto, el escriba Esdras, fundador de la primera escuela hermenéutica judía, cumplió una triple función, una triada de labores definidas en el Decreto del rey persa Artajerjes, vinculadas a:

El gobierno

La justicia

La enseñanza.

“Habréis de enseñársela”. ¿Qué tenemos aquí? La Biblia nos sugiere con el ejemplo de Esdras que el político, puesto por Dios (de acuerdo al relato paulino) tiene una labor docente para con la gente que está por debajo de él, en nuestro contexto moderno, para con sus electores. Se entiende una labor pedagógica dentro de su función legislativa (que tampoco se hace), pero al mismo tiempo, por su propia posición encumbrada, hay un requerimiento ético que debe cumplir de manera estricta (ver Esdras 7:26 y sus castigos de muerte, destierro, multa o cárcel para los transgresores. Asumimos una sanción igual para aquel profesor que no haga lo que él mismo ha enseñado). Todo congresista debe ser hábil para gobernar, justo a la hora de tomar decisiones que involucran a miles de personas, y presto a enseñar a la gente con sus palabras, su conocimiento, y su ejemplo.

En Perú hay un olvido total de esto, un déficit, una carencia a niveles cercanos a la hambruna. “¿Labor docente? ¿Al elector? ¡Si ya votó, ya no me interesa! Además, para eso no me eligieron…” Cara sonriente para las elecciones, nos llenan la ciudad de afiches horribles con lemas absurdos, pero nunca cumplen su función triple. ¿Le enseñarán a la Nación, señores congresistas, el camino de la ética, del trabajo bien realizado, de la entrega, del servicio franco al país? ¿Lo harán alguna vez?

¿O se rasgarán las vestiduras cuando llegue otro Ollanta Humala, amigo de Hugo Chávez, con su grito antisistema, preguntándose del porqué del voto rebelde?

lunes, 25 de septiembre de 2006

No nos importa

Es ya casi un axioma -algo no necesita demostración-, a nosotros los evangélicos la pena de muerte no nos importa. En el Perú se ha generado un gran debate debido a la promesa electoral del ahora presidente Alan García de condenar a muerte a los violadores niños de menos de siete años y que provoquen su deceso. El conflicto ha sido serio entre algunos sectores del Congreso del Perú (sobre todo del partido de derecha Unidad Nacional) y la Iglesia Católica, que se ha pronunciado enfáticamente en contra del proyecto y, con todo, nosotros no hemos dicho nada.

Silencio.
Ausencia de palabras.
Vacío.

Bueno, en verdad muchas otras cosas no nos importan. O por lo menos, damos la imagen de que no nos interesan. ¿O es que no sabemos qué decir?

El pecado ha causado grandes deformaciones en la humanidad completa e inclusive en la creación material (Rom.8:22). La muerte de Cristo es, gracias a la misericordia de Dios, el puente, la medicina, mediante las cuales esas malformaciones son corregidas, parcialmente ahora, completamente cuando el Señor venga otra vez. La maldad del hombre es terrible, y a pesar de ella, Dios decidió hacer algo. A pesar de que el ser humano viola, asesina, miente, roba, abusa, manipula o tiraniza, igual, nos amó tanto que envió a su Hijo primogénito (Jn. 3:16).

Por ello, al pensar en temas como la pena de muerte, debemos recordar esta obra de Dios realizada para la salvación de la humanidad, a pesar de cómo somos. Dice el profeta Jeremías que "por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana. Grande es tu fidelidad” (Lm. 3:22-23). Merecemos como humanidad la destrucción, el castigo de la aniquilación por nuestro constante pecado y desobediencia a Dios. Pero Él, de puro amor, por bondad, no lo hizo, y no lo hace. Más bien, nos dio la solución, y nos da un marco a seguir.

Entonces, así como Dios nos redime, debemos intentar la redención del delincuente porque, ¿por qué pretender ser más estrictos que el Creador del universo? Si el Estado no quiere restaurar al delincuente, ¿para qué sirve el Estado entonces? ¿Para qué está? La discusión sobre el sistema penal es otra y podemos hablar sobre penas o regímenes penitenciarios pero en el fondo la lógica debe ser la recuperación del ser humano, su restauración y nueva integración a la sociedad.

Por lo tanto, le digo no a la pena de muerte.

martes, 28 de marzo de 2006

¿Y el tema religioso?

A falta de doce días para las elecciones presidenciales, el panorama electoral dentro del contexto de la segunda vuelta parece más claro, con el inminente ingreso de Ollanta Humala y la lucha entre Alan García y Lourdes Flores, con la bastante probable victoria de esta última. En esas instancias y a pesar de los últimos reportes de Apoyo y CPI, no hay certezas sobre quién gobernará el Perú por los próximos cinco años.

Como en todas las campañas presidenciales anteriores, la discusión programática ha quedado relegada por los insultos y las referencias personales. Quizá Ollanta ha sido el más atacado, aunque el resto no se ha salvado de adjetivos de grueso calibre que han tenido como triste colofón el calificativo de “hija de puta” por parte de Daniel Abugattas hacia Eliane Karp. Incendiarios candidatos han llenado de humo nuestra corta y parcial visión política aumentando la confusión del electorado que votará, otra vez, en forma incierta.

Los planes de gobierno se han olvidado y a lo más hemos llegado a discutir los “caballitos de batalla” de los candidatos, como la revisión de los contratos por parte de Humala, los seiscientos cincuenta mil puestos de trabajo al año de Lourdes, o la libre desafiliación de las AFP de García. Otros temas de fondo han sido tocados en foros especializados y las conclusiones muchas veces no han llegado al gran público que sin dudar merece conocerlas, aunque desconfíe de los planes de gobierno debido al “no shock” de Fujimori o al “no tocaré los depósitos del público” de Alan.

Algo que no he escuchado, por ejemplo, son las propuestas en el tema religioso. Como es de público conocimiento, el presente Congreso intentó sin éxito impulsar los principios de Estado Laico para el Perú. Enfatizo fuertemente que un Estado laico no significa una gobierno impulsor del ateísmo o enemigo de la fe, como sugieren algunos, sino que bajo ese concepto el Estado se compromete como institución representante de todos a respetar a todas las religiones y creencias que profesen los ciudadanos y a no identificarse ni privilegiar en ninguna forma a alguna en particular. Mientras respeten a los otros, no traten de impedir las creencias y prácticas religiosas de los demás y no realicen actos ilícitos como parte de su práctica cultual, los ciudadanos son libres de adoptar la fe que deseen.

En el Perú esto no sucede, porque aunque existe plena libertad de cultos, el Estado privilegia a una iglesia en particular: la Iglesia Católica Romana. Dada esta situación pienso que lo ideal es declarar el laicisismo del Estado Peruano y que el catolicismo, como cualquier otro grupo religioso, avance en la propagación y defensa de su fe sin apoyos gubernamentales como cualquier otro grupo, cosa que de por sí no es un problema ya que es la iglesia más grande, con más recursos y de más arraigo popular. Es importantísimo mencionar que los privilegios no deben ser para nadie, porque tampoco es un secreto que algunos pastores evangélicos estaría felices por tener parte de las ayudas que el Gobierno ofrece hoy al catolicismo.

Sin embargo, de este tema no se ha hablado. Sé que no es un tema capital en la agenda política ya que hay muchos otros asuntos de mayor importancia. Pero sería bueno conocer qué harán tanto Lourdes o Humala al respecto. ¿Dejarán todo como está? ¿Tendrá el comandante dentro de sus planes de fundación de la segunda república consideraciones sobre este punto? ¿Qué pensará Lourdes Flores como católica practicante?

domingo, 6 de noviembre de 2005

Poderosos intereses detrás del conflicto limítrofe entre Chile y Perú (*)

Este es un breve artículo que muestra que detrás del patrioterismo interesado de mucho de nuestros políticos, hay otros elementos escondidos que no debemos olvidar. Lamentablemente, lo mismo pasa en el país del sur, provocando más recelo del que ya existe actualmente.

***********************************************

Poderosos intereses económicos, políticos y militares están detrás del conflicto limítrofe entre Chile y Perú. En la disputa está en juego unos 35 mil kilómetros cuadrados de mar donde se explota entre el 30 y el 40 por ciento de los 4,5 millones de toneladas de pescado que sirve de materia prima para la industria chilena de la harina, segunda a nivel mundial.

Aunque han tratado de mantener un bajo perfil mediático en la disputa, importantes grupos económicos privados vinculados a pesca y la industria han estado presionando con el Gobierno y el Congreso en defensa de los intereses "estratégicos" del sector.

Desde esa zona, a lo largo de toda la Primera Región -arrebatada a Perú en la llamada Guerra del Pacífico (1879-1884)-, se extrae cerca de un millón de toneladas de anchoveta, usada principalmente para elaborar harina y aceite de pescado, que se utiliza para alimentar los salmones.
Chile es segundo mayor productor mundial de harina de pescado, con casi el 20 por ciento de participación en el mercado global, detrás precisamente de Perú que ocupa el primero con el 40 por ciento.

La principal flota pesquera del sector pertenece a Corpesca, ligada al clan Angelini, uno de los más poderosos grupos económicos chilenos. También está presente en la zona Camanchaca, de Jorge Fernández y Francisco Cifuentes.

De acuerdo con datos del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca), hay 63 naves industriales presentes en todo el litoral norteño. "La flota industrial de cerco opera hasta el límite norte mismo. Se desplaza por Arica e Iquique, por lo que no es posible estimar cuántos recursos específicos están en esa zona (reclamada por Perú)", dice el jefe provincial de ese organismo en la Primera Región, Gastón Julio.

PLANO POLÍTICO. Sectores de la izquierda -que llaman insistentemente a la moderación junto con la Iglesia- han criticado la sobrexposición mediática del conflicto por parte del gobierno, presuntamente con fines electorales.

Los líderes de los Partidos Comunista, Guillermo Teillier, y Humanista, Efrén Ozorio, llaman la atención de que la crisis se desencadene en medio de campañas electorales y cuando los gobiernos de uno y otro país enfrentan dificultades internas.

Para Teillier, la discusión con la vecina nación se gatilla por dos factores claramente diferenciados: Primero, la situación política interna del Perú, y el segundo "por acción de países foráneos a la región que ven en esta discusión la oportunidad de contener los conflictos sociales que se están generando en América Latina".

Ambos dirigentes coincidieron en que la baja popularidad del presidente peruano Alejandro Toledo, por un lado, y el hecho de que la candidata oficialista chilena Michelle Bachelet esté perdiendo puntos en las encuestas, por otro, influyen también en el manejo de la crisis.

En el factor militar -por último-, el limítrofe se transforma en la excusa perfecta para que el "gobierno chileno justifique el gasto excesivo en la compra de armas, por sobre el incremento de recursos en las políticas públicas y sociales", según Teillier.

Con el "boom" del cobre, de donde recibe el 10 por ciento del valor de sus exportaciones para su presupuesto militar, las Fuerzas Armadas chilenas se ha convertido en una de las principales compradores de armas del mundo.

La nueva crisis tomó cuerpo la semana pasada cuando la comisión de Relaciones Exteriores del Congreso peruano aprobó por unanimidad el proyecto de "ley de líneas de base", que fija puntos de referencia cercanos a la costa, y que hoy fue aprobada por el pleno.

A partir de esa referencia -una vez promulgada la norma- el Ejecutivo limeño delimitaría una zona marítima de 200 millas, que en opinión de Santiago se superpone a un área definida como chilena


(*) Por Ángel E. Pino, citado en
www.rebelion.org