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jueves, 25 de enero de 2018

Francisco en el Perú

El Papa, en el Perú, vino, vio y venció. Fuera de las discusiones numéricas sobre los asistentes a los eventos de Lima, Trujillo y Puerto Maldonado, incluso si asumimos las cifras más conservadoras podemos considerar su visita como muy exitosa, en especial si la comparamos con lo ocurrido en Chile, donde Francisco tuvo mayores resistencias debido al mediático caso Karadima y al accionar del obispo Barros, que según los testimonios trató de ocultar lo sucedido. Todo, a pesar de mensajes controvertidos como el que dio en Puerto Maldonado, a favor de los pueblos selváticos originarios y en contra de la voracidad extractivista. O a los silencios, como el caso Sodalicio, que hiede hace tiempo en el país. 

Los evangélicos hemos visto de reojo toda la ebullición vivida con diversas reacciones, desde el silencio respetuoso hasta la mención de la “demoníaca” palabra ecumenismo ante una foto de algunos representantes de iglesias evangélicas históricas con el Papa, antes de la misa que dio en la base aérea de Las Palmas. Yo que pensaba que tras la colaboración íntima que muchos grupos evangélicos han tenido con el catolicismo en las marchas pro-vida y movimientos tipo #conmishijosnotemetas (no olvidemos que el marco ideológico pro-vida fue configurado en el Vaticano), ya el viejo recelo católico-evangélico había sido superado. Pero parece que no es así. Los mensajes de oposición a la reunión protocolar, inocua además, si es que se lee el comunicado que fue entregado a Francisco, han sido agresivos y han mostrado con claridad el dominio de ciertas escatologías en el imaginario popular de ciertos sectores evangélicos. Es muy peruano esto: acepto la colaboración velada (en los movimientos pro-vida) pero no acepto la foto explícita. Hipocresía, a fin de cuentas. 

Sí, cientos de miles fueron a ver a Francisco. Ante ello, varios han hablado de que el Perú es un país cristiano, de mucha fe. Han inflado el pecho, orgullosos. ¿De verdad podemos decir esto? ¡Miren nuestro país, reventando en corrupción! El mismo Francisco ha dicho que la política está enferma, y creo que más en el Perú, donde hemos casi elegido dos veces a la representante del fujimorismo, los directores del gobierno más corrupto de la historia peruana. ¿De verdad, somos cristianos? ¿Seguimos los preceptos de Cristo? Los funcionarios públicos roban, los políticos velan por sus propios intereses, los policías piden coimas y nosotros las pagamos, somos indiferentes ante el dolor ajeno, manejamos horrible, no nos importa el otro, botamos la basura en cualquier lugar, contaminamos con desparpajo, golpeamos a nuestras parejas y le damos un cariz cultural a ese mal. De nuevo: ¿de verdad, somos cristianos? No lo pregunto solo como mención a los hermanos católicos, nuestro lado evangélico tiene mucho que aportar al respecto. 

El Perú se cae a pedazos y si la moral no es algo importante es, en parte, por responsabilidad de las iglesias. Todas, sin excepción, por acción u omisión. Ya somos el veinte por ciento de la población en el Perú (más de seis millones de evangélicos) pero Odebrecht nos domina, el fujimorismo es mayoría en el Congreso con nuestra venia, buscamos los privilegios que tiene la Iglesia Católica para nosotros. Hemos, pues, de cambiar. Hemos, pues, de poner nuestro grano de arena más allá de lo pro-vida y de la anti-homosexualidad que es casi lo único que parece importar, las únicas palabras de nuestro discurso monotemático. Debemos, por lo tanto, avanzar. ¿Hacia dónde? Mi impresión, desde una perspectiva ideológica, es que los teólogos evangélicos deben trabajar en una teología social evangélica que trascienda denominaciones, y que pueda ser reconocida por todos. Una que recalque el papel del ser humano más allá de su condición caída, que lo reconozca en el contexto de la economía, la sociedad y la cultura enfatizando su condición de creatura de Dios, que defienda la moral y ética cristianas como alternativas a un país en crisis y que ubique a los cristianos como personas en un entorno social que no buscan el poder por mero derecho de una posición de dominio (como es sugerido por el mensaje neopentecostal) sino que podemos acceder a él para servir a la ciudadanía como un todo, sin importar su clase social, su color de piel, su orientación sexual o su religión. Ya hay cosas escritas, por supuesto, pero creo que se hace necesario seguir construyendo hacia esta dirección.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Economía y misión en la Biblia Clase 1

Hola a todos.

Les adjunto la presentación de la primera clase del curso que estoy dictando en el Centro de Misología Andino-Amazónica de Lima-Perú. Sus comentarios serán bienvenidos.

Un saludo,


jueves, 12 de marzo de 2009

Añorando otros tiempos

Una realidad ineludible es que los problemas en la historia van cambiando. Lo que ayer nos preocupaba hoy es baladí; lo que en la época de nuestros bisabuelos era la comidilla en las tertulias de los bares y fondas, hoy no merece ni siquiera el recuerdo en nuestras conversaciones vía chat. Bien dicen, aplicado a la ética, que "cada siglo elabora su ética y no puede conformarse con la repetición de un modelo de ética anterior, precisamente porque las éticas –y las éticas de la responsabilidad- se ocupan de los problemas que se van planteando en las diferentes realidades de nuestra Historia. Lo que es peor, nos sorprenden las crisis mundiales y personales, los puntos cumbres de los problemas, siempre semidesnudos de una ética que nos haga responsables, que nos componga aptos para responder ante sus demandas.

Parece una obviedad, pero no estoy segura de que entre cristianos se sepan de un modo acabado: Los problemas del siglo 1, del siglo 2, del siglo 3, del siglo 4, 5, 6, 7… son distintos a los problemas que surgieron –o que generamos- en otros siglos. No se puede ser responsable ante un problema planteado en el siglo 21 confrontándolo con la ética de la responsabilidad del siglo 19.


Son distintos los problemas y, en consecuencia, las éticas deben ser distintas.

Si esto no es así, nos creeremos muy responsables aplicando las éticas del siglo 16 a nuestro tiempo, pero en realidad seremos –y somos- unos completos irresponsables, porque con nuestro sistema de regurgitación de santidades no estamos siendo consecuentes con la interpelación que se nos presenta
"

Tan igual es con la teología. Les cuesta muchísimo a los cristianos admitir que el pensamiento teológico es hijo de su tiempo, que surge en respuesta a retos específicos que aparecieron en un momento determinado, que quizá los esquemas que marcan su vida pueden ser obsoletos. No comprenden que cada época configura modelos de demostración de la existencia de Dios, distantas escatologías, enfoques distintos de la cristología, eclesiologías novedosas. Piensan que el brillante modelo hecho por un teólogo de los tiempos renacentistas es casi palabra divina, casi como si fuera la propia Biblia. Y así y todo les parece repulsiva la Tradición de los católicos.
Les planteas algo distinto, y se les sale el complejo del inquisidor. No toman en cuenta que el caminar del pensamiento y la forma de vivir la vida cristiana es un flujo permanente, que responde al alma de la gente. Lo que hoy llena nuestro ser, mañana puede ser subalterno. Y las explicaciones que tratan de responder a las preguntas básicas se tienen que actualizar.
Estos hijos de Torquemada añoran profundamente el pasado. Los daguerrotipos. El excremento de los caballos en cada esquina. Los tiempos seguros en que la verdad era sólo una y nada más que una -la de ellos, por supuesto-. Los arcabuces. Los bergantines. El machismo extremo. La peste negra. Las cacerías de brujas. Los dragones y duendes. La hogueras. Los piratas.

Que pena que el siglo XXI se los está comiendo con zapatos y todo. En vez de asumir el reto de las nuevas problemáticas, prefieren el calorcito de un genio que supo responder a su tiempo. Quizá el reto les resulta demasiado grande. Quizá se mueran de miedo. Quizá sospechan que perderían la fe en el intento.
Imagen: Ateneo Teológico

lunes, 7 de abril de 2008

Esas cosas que uno a veces no entiende (IX)

Juan Rebelde se ha inscrito en el nuevo ciclo del Seminario y esta vez va a su clase de Escatología con un misionero llamado Jack Chick III, PhD en Fe Fundamentalista, recién egresado de un seminario norteamericano y llegado al Perú algunas semanas atrás como misionero de la denominación.

Chick: Bueno alumnos, como bosquejo de la clase, debo decirles que lo que les enseñaré en este semestre será la escatología bíblica y cristocéntrica, lo que las más importantes iglesias, (las más cercanas a lo bíblico por supuesto) tienen como doctrina sobre los tiempos futuros.

Juan Rebelde (murmurando): ¿Lo bíblico? Mmmmm, ya comenzamos mal. ¿Qué será para este gringo lo bíblico?

Chick: Lo que en este curso es importante que sepan, dentro de la escatología, es que todo se inicia en los pactos de Dios con el hombre, encajados dentro de las dispensaciones bíblicas….

Juan Rebelde (murmurando, otra vez): ¿Dispensaciones? ¡Se me vienes las arcadas!

Chick (que no ha escuchado nada): …Y ya centrándonos en el futuro nos concentraremos en el esquema pretribulacionista-premilenial, de apostasía creciente, arrebatamiento, tribulación, segunda venida, juicios y milenio. Les digo, mis amados estudiantes, que luego de hacer un análisis sincero y tras solicitar la guía del Espíritu Santo, se llega inevitablemente a la conclusión de que este es el esquema más adecuado a los patrones bíblicos.

Juan Rebelde: Señor misionero, tengo una pregunta. Si uno ve los libros de historia, uno encuentra que primero surge el amilenialismo, luego el postmilenialismo y recién al final el premilenialismo. Y si hablamos del rapto, la cosa es mucho más reciente. ¿Por qué creer en lo más reciente como si fuera lo correcto? ¿Eso quiere decir que 1800 años de cristianos estuvieron errados escatológicamente?

Chick: Alumno, efectivamente es una doctrina nueva, pero piense en el caso de Lutero. Dios decidió mostrarle, por su Espíritu Santo, la doctrina de la justificación por la fe. Todos los cristianos anteriores a él no sabían nada de nada de eso. Y cuando quiso, el mismo Espíritu Santo le mostró a otros hombres santos la doctrina del premilenialismo y el arrebatamiento para la edificación de la iglesia. Así ha sido también con otras doctrinas. Dios va mostrando su luz.

Juan Rebelde: A ver si entiendo bien… usted dice que soteriológicamente Lutero estaba excelente porque Dios le mostró la nueva interpretación de la justificación por fe, pero ¿estaba escatológicamente errado porque era amilenialista?

Chick: Es parte del proceso de Dios. A quien le quiere dar algo, se lo da. Si le quiere dar a otro de una manera distinta, pues será así. A Lutero le dio lo suyo, a Scofield lo otro, y así sucesivamente Dios va mostrando las doctrinas adecuadas que debe creer su iglesia.

Juan Rebelde: Entonces, ¿Cómo estar seguros de que lo que enseñamos ahora no será cambiado en diez años porque Dios le mostrará a otro el significado más exacto? ¿No es ese un relativismo monstruoso? Si le hago caso a su argumento y asumo que eso es un proceso natural (cosa que, en realidad, creo que no es tan descabellada teniendo en cuenta el proceso constante de actualización teológica), ¿Por qué la iglesia es tan cerrada a nuevas posturas teológicas y es tan resistente a la innovación eclesiológica? ¿Por qué se muestra tan fundamentalista con los nuevos tiempos?

Chick: Alumno, sus preguntas no tienen sentido porque Cristo ya viene, el mundo ya no puede estar más degenerado de lo que está ahora. ¡Transexuales embarazados! ¡Matrimonios gays! ¡Libertad sexual total! Por ello es obvia la venida en esta generación. Por ello, le recomiendo concentrarse en lo espiritual, orar sin cesar y velar, porque la venida ¡es inminente! Y sobre su actualización… es antibíblica. Ya tenemos lo definitivo.

Juan Rebelde: ¡Tenemos dos mil años con esa excusa, y Cristo no viene! Ojo que yo quiero que venga, pero no podemos usar eso como argumento para nuestros vacíos intelectuales.

Chick: Alumno, más respeto que soy su profesor.

Juan Rebelde: Y le pido lo mismo, respetando a la clase contestando con consistencia las preguntas y no con evasivas.

Chick: No entiendo, ¡Señor, no entiendo! ¿Dónde está la humildad? Cuando me convertí oré mucho al Señor, y él me dijo que le obedezca en todo, cosa que quería de verdad hacer. ¿Y saben qué me dijo? Que vaya a una iglesia y reciba toda la enseñanza.

Juan Rebelde: Y eso es muy bueno…

Chick: ¿Y saben qué más me dijo Dios? Que obedezca fielmente a mis pastores y escuche todas sus enseñanzas sin criticar porque el corazón es engañoso y la razón, que parte del corazón de pecado, también nos engaña. Por ello, debemos escuchar a nuestros pastores, sin criticar y con mucha fe.

Juan Rebelde: ¡No puede ser! ¿Y si dice una herejía?

Chick: El Espíritu Santo se encargará de él.

Juan Rebelde: ¿Y si el Espíritu Santo te elige a ti para eliminar la herejía?

Chick: Eso es difícil de determinar. Dios se encargará de mostrar sus métodos y no creo que utilize a un miembro de la iglesia para corregir a su pastor. Iría en contra del orden impuesto por Dios.

Juan Rebelde: ¡Eso es irresponsable! ¡Por eso la iglesia está como está!

Chick: ¡No critique a la iglesia de Dios que es un pecado! ¡Ni a sus escogidos que son sus siervos! ¡Arrepiéntase! ¿Cómo entró a este seminario?

Juan Rebelde: No me arrepiento de nada porque nada he hecho de malo. Mas bien usted debe hacerlo porque su teología escapista dañó a la iglesia y al mundo, pero bueno, como ya está degenerado ese daño no importa demasiado, ¿no?

jueves, 26 de enero de 2006

Los eventos futuros y el comportamiento de la iglesia en el presente (6)

A modo de conclusión: preguntas pendientes[xvi]


Ante esta situación, más que conclusiones directas quedan una serie de preguntas pendientes que es necesario responder. Juan Stam se interroga con respecto al quehacer escatológico, y aunque su trabajo tiene otro enfoque, los cuestionamientos son plenamente relevantes para los fines de la presente monografía.

1. A la luz del fin de la historia revelado en la escatología bíblica, ¿cómo hemos de entender el proceso histórico que vivimos hoy? cómo hemos de mostrar hoy nuestra fidelidad a Aquel que es el Alfa y la Omega, "el Rey de los siglos"? ¿Cuál es la relación entre la escatología y la teología de la historia?

2. ¿Cuáles son los principios exegéticos para una fiel interpretación de los pasajes bíblicos proféticos, escatológicos y apocalípticos?

3. Como corolario pedagógico-pastoral de dichos principios, ¿cómo podemos ayudar al pueblo evangélico a leer fiel y sensatamente estos pasajes, sin ser confundidos por los complicados problemas históricos y exegéticos resultantes de casi dos mil años de distancia temporal y de un abismo de diferencia cultural que nos separan de los lectores originales?

4. ¿Cómo debemos entender la relación entre la historia de la salvación y la historia mundial, y entre escatología y política? ¿Qué relación hay entre la escatología y el Apocalipsis en particular, y las potencias de hoy (especialmente Estados Unidos, Rusia e Israel), con todos los conflictos internacionales actuales, y cuáles son las pautas hermenéuticas válidas para controlar las "relecturas" modernas?

5. ¿Qué significa la escatología cristiana para nuestra ética social y política?

6. Inversamente, ¿qué deben significar para nuestra interpretación de la escatología bíblica los conceptos modernos de la historia, por un lado, y las modernas ciencias socia-les, por otro lado? ¿Podemos interpretar la escatología fiel y responsablemente, sin "traducir" sus conceptos fundamentales, por lo menos en parte (y quizá inevitablemente) a los términos de las realidades actuales?

7. En la interpretación escatológica, ¿cómo podemos determinar el "grado de certeza" de diversas enseñanzas? ¿Cuáles interpretaciones deben tener un carácter confesional, como inviolables desde el punto de vista de la fidelidad bíblica y evangélica, y cuáles deben relegarse al terreno de la opinión personal, con legítimo espacio para diferencias de criterio? ¿Caben entre evangélicos diferencias de postura en relación al milenio o al rapto? Por otra parte, ¿podría un evangélico negar la Parusía o el castigo eterno? ¿Cómo determinar cuáles aspectos toleran diferencias de opinión dentro de una verdadera fidelidad exegética, y cuáles no?

8. La respuesta a la pregunta anterior parece implicar un criterio hermenéutico de "grados de certeza exegética", Aunque la escatología en general involucra problemas hermenéuticos algo complejos, es indudable que algunas enseñanzas escatológicas y apocalípticas tienen un fuerte grado de certeza (el Retorno de Cristo, el juicio final, la tierra nueva, etc.) y otros un grado menor (los 144.000, las calles de oro, las bodas del Cordero) o quizá un saldo negativo exegéticamente. Esto nos impone la tarea de un análisis exegético riguroso, crítico y científico de cada uno de los puntos de la escatología tradicional y de todos los libros que nos llegan del exterior, a fin de estar seguros de tener una base bíblica y no meramente condicionados por especulaciones humanas y hasta erradas.

En toda interpretación, y sobre todo en la interpretación escatológica, ¿cuál es la relación entre "métodos exegéticos" (de estricta interpretación del texto como tal) y "métodos sistemáticos" (con inferencia racional y correlación lógica según esquemas no presentes en el texto mismo)? ¿Hasta qué punto proponen los textos bíblicos "esquemas globales" para un ordenamiento sistemático de su rica diversidad de detalles? ¿Hasta qué punto son válidos exegéticamente los esquemas escatológicos que se proponen hoy, o válido bíblicamente el intento de esquematizar las enseñanzas en tales sistemas?

¿Qué hacer ante el desbarajuste provocado por la visión premilenialista en la iglesia? ¿Es posible revertirlo? ¿Es necesario? ¿Cómo hacerlo? ¿Hay que volver al postmilenialismo o adoptar el amilenialismo?

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[i] Ryrie, Charles. “Teología Básica”. Miami: Editorial Unilit, 1993. Pag. 503.
[ii] Ryrie, Charles. Op. Cit. Pag. 504.
[iii] Los siguentes tres ítems se basan en http://www.ejesus.com.br/home/exibir.asp?arquivo=2996, original en idioma portugues. Traducción libre.
[iv] http://www.uaca.ac.cr/acta/1991oct/adimare.htm
[v] Berkhof, Luis : “Teología Sistemática”. Grand Rapids, TELL. 1979. Pag. 793.
[vi] Op. Cit.
[vii] Op. Cit.
[viii] Op. Cit. Pag. 794.
[ix] Op. Cit.
[x] Op. Cit.
[xi] http://www.kairos.org.ar/sdelreino.php?ID=1838
[xii] Kuzmic, Peter. “Historia y Escatologìa”. En. “Al servicio del reino”, Grellert, Myers y McAlpine, compiladores. San José: Varitec, 1992. Pag. 80.
[xiii] Op. Cit.
[xiv] Op. Cit.
[xv] Op. Cit.
[xvi] http://www.kairos.org.ar/articuloderevistaiym.php?ID=1732

Los eventos futuros y el comportamiento de la iglesia en el presente (5)

Las consecuencias de la migración de pensamiento escatológico en la misión


¿Qué consecuencias en la misión trajo el cambio desde el postmilenialismo hacia el premilenialismo? “La filosofía de la historia sobre la que descansa el premileniarismo tiene consecuencias negativas inevitables para la responsabilidad social cristiana. Esta perspectiva lo llevó a abandonar los asuntos mundanos. Se espera que el mundo vaya de mal en peor y se tiene una nula esperanza de poderlo mejorar por el esfuerzo humano.

En un período relativamente corto, entonces, hubo un significativo giro de una comprensión totalizadora postmileniarista de la misión (Edwards y Finney consideraron que la predicación del evangelio junto con la acción política y la reforma social eran medios de hacer avanzar el reino de Cristo) a una postura premileniarista con sus dudosos efectos para producir una dicotomía que es tan común entre los evangélicos conservadores hoy en día.

Donald Dayton, en su libro Evangelical Heritage lo analiza de la manera siguiente:

Este giro en la escatología tuvo un impacto profundo, algo confuso, en la participación social de los evangélicos. Por un lado, la expectativa del inminente retorno de Cristo liberó a muchos del afán de construir para el futuro inmediato (garantías sociales, planes de pensión, etc. ) para entregarse sin reservas al trabajo misionero en ultramar. El consecuente contacto con los pobres y los pueblos oprimidos a menudo impelió a estas devotas almas a ofrecer socorro y ayuda asistencial y ocasionalmente en alguna reforma.

Pero lo más característico fue la tendencia a abandonar totalmente la superación social a cambio de un masivo esfuerzo por predicar el evangelio a la mayor cantidad posible de personas, antes del retorno de Cristo. La visión era rescatar al mundo caído. Puesto que Jesús aparecería repentinamente en las nubes para llevarse a sus santos, el que trabajaba en los barrios bajos fundaba misiones para rescatar pecadores del mundo los cuales, entonces, se sumarían a los que se encontrarían con el Señor en el aire. El esfuerzo evangelístico que hasta entonces había provisto impulso y personal para hacer avances reformadores se reorientó hacia especulaciones exegéticas sobre el tiempo en que Cristo regresaría y hacia el mantenimiento de la expansión de la conferencia profética.

(a) El gran cambio

El surgimiento y esparcimiento del fundamentalismo norteamericano en el siglo XX está intimamente relacionado, entonces, con el surgimiento del premilerialismo. La actitud de los fundamentalistas se tornó fuertemente defensiva cuando sintieron que la fe cristiana era agredida desde varias direcciones. Primero, era atacada por la teología liberal, que minaba las doctrinas cristianas cardinales; segunda, la asediaba el clima secular generalizado, que se acrecentaba rápidamente gracias a los nuevos descubrimientos y a las teorías de las ciencias naturales y sociales. En tercer lugar, los fundamentalistas se sintieron amenazados con el llamado movimiento del “evangelio social”. El resultado de esta controversia entre los fundamentalistas fue desastroso para la preocupación social evangélica.

Según Mardsen, este gran cambio (frase acuñada por Timoteo Smith) tuvo una etapa preparatoria de 1865 a 1900 que consistió en la transición de la visión calvinista de la cultura cristiana, la cual consideraba las “acciones políticas como medios muy importantes para adelantar el reino, a la perspectiva cristiana pietista, que no veía en las acciones políticas más que medios para refrenar el mal. Este cambio también se debió “al paso del postmilenialismo al premilenialismo en cuanto a la relación del reino con el presente orden social y político”. El gran cambio ocurrió en realidad desde cerca de 1900 a 1930 “cuando todo el interés progresista social, tanto político como privado, empezó a verse con sospecha por los evangélicos partidarios del avivamiento y se relegó con una función casi insignificante”. El estigma del evangelio social y su identificación con el liberalismo teológico ciertamente contribuyó a una fuerte y desbalanceada reacción de los dispensacionalistas conservadores y los empujó mucho más a abrazar el premilenialismo, y especialmente la variedad dispensacionalista que llegó a dominar el fundamentalismo americano en la década de 1920.

Lo anterior no significa que todos los evangélicos premilenialistas fueran pasivos en reacción con los males sociales.

(b) Salvar almas, no sociedades

Ya hemos establecido que el premileniarismo es débil en cuanto al interés social y hemos mencionado algunas razones históricas para tal actitud. Además de estos factores, la misma visión pesimista de la historia humana es la razón principal para su relativa falta de involucramiento en el destino político, social y cultural del “planeta tierra” y de sus habitantes. Por un lado, los premileniaristas parecen tomar esta tierra en serio al rechazar espiritualizar las profecías que otros toman sólo simbólicamente o como algo cumplido en la iglesia. Por otro lado, sin embargo, estas promesas y la esperanza para la tierra se considerarían como sólo realizables en el futuro. No se espera que sean realizadas por el esfuerzo humano, sino solamente por la segunda venida de Cristo y su reino de 1000 años sobre esta tierra. El mal está tan fuertemente atrincherado y entrelazado con la matriz de la sociedad humana, que sólo el retorno poderoso de Cristo será capaz de vencerlo. Puesto que se espera, especialmente en opinión de los dispensacionalistas, que el mundo vaya de mal en peor, como parte del programa de Dios para los últimos días, no tiene sentido tratar de mejorar la sociedad. Sería solamente un desperdicio de tiempo y energía. Algunos, inclusive, podrían considerar que involucrarse en esta tarea es un peligroso entretenimiento y que de alguna manera va en detrimento de la esperanza cristiana.

Los premileniaristas, sin embargo, tienen un notable historial en evangelización. “El avivamiento urbano y el nuevo premileniarismo se desarrollaron lado a lado”. Los historiadores de la religión norteamericana nos dicen que “desde Dwight L. Moody, todos los avivamientos han sido premileniaristas”.

Los premileniaristas consideran que este mundo va rápidamente cuesta abajo y espera el juicio. Lo ven “como un barco que se hunde, cuyos pasajeros están condenados y sólo pueden salvarse asiéndose del bote salvavidas que es la conversión personal”. Moody describió esta posición en uno de sus sermones de la manera siguiente:

Veo este mundo como un barco destrozado. Dios me ha dado un bote salvavidas y me ha dicho: “Moody, salva a todos los que puedas”. Dios vendrá a juzgar y a quemar este mundo… el mundo se adentra cada vez mas en la oscuridad y su ruina está cada vez más cerca. Si tienes amigos que no han sido salvados del naufragio, no pierdas tiempo en ir en su búsqueda.

El énfasis del premileniarismo sobre el inminente retorno de Cristo hace que la evangelización tenga un cierto sentido de urgencia. Puesto que Cristo podría regresar en cualquier momento, el tiempo es corto tanto para los evangelistas y su labor, como para los que quizás no respondan hasta que sea demasiado tarde. El premileniarismo dispensacional ve la profecía cumplida con precisión en nuestros días de muchas maneras y señales, y usa ampliamente esta “prueba” de las “señales de los tiempos” como un eficaz ardid para hacer que la gente tome decisiones rápidas”[xiv].

Otro ardid escatológico empleado frecuentemente por el acercamiento evangelístico dispensacional es presentar el rapto de la iglesia antes de la tribulación. Kuzmic se pregunta, sin embargo, por “la calidad y duración de los resultados en las conversiones que se pueden obtener con tales métodos. También debe plantearse si tal presentación de la salvación no raya en una traición del evangelio (buenas nuevas) y lo que la Biblia nos explica de la naturaleza amorosa de Dios. Esta técnica apocalíptica de “terrorismo apocalíptico” pretende introducir, por miedo, al cielo tanto a cristianos nominales que necesitan salir de la iglesia “apóstata” (uno de los símbolos de los últimos días), como a los incrédulos que probablemente también desearán escapar de los horrores venideros que han oído y visto de la manera más gráfica y aterradora posible. La mayoría de las veces, “estar listo” para el retorno del Señor significa, según el dispensacionalismo pretribulacionista, estar listo para el rapto secreto a fin de evitar los “horrores” de la tribulación y la ira del anticristo. Los resultados de este método tienen una motivación que es más negativa que positiva. Es el temor de ser “dejado”, más que el anhelo de “ver” al Señor, lo que subyace a este esquema escatológico cuando se aplica a la evangelización[xv].

La concepción misionera del premilenialismo se basa en “Y será predicado este evangelio en todo el mundo para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mat. 24:14). “Esta afirmación de Jesús es crucial para comprender la motivación de los premileniaristas en su evangelización del mundo y las formas en que disciernen el tiempo de Dios. Aunque no esperan gran cantidad de resultados como los postmilenialistas, y a pesar de su visión pesimista del futuro de la humanidad, y su fuerte creencia en el poder del mal, los premilenialistas se sienten profundamente comprometidos con la evangelización y las misiones en el extranjero. Este compromiso se interpreta a veces como la forma de “acelerar” el retorno del Señor, el cual, por tanto, se considera supeditado a la evangelización del mundo.

Los premiliaristas desempeñaron un papel importante en el Movimiento Voluntario Estudiantil y fundaron las “misiones de fe”, las escuelas de preparación misionera y los institutos bíblicos. Para la década de 1920, proclamaron que “quienes creían en la inminente segunda venida conformaban entre un 75 y un 80 por ciento de la fuerza misionera a nivel mundial.

La expansión misionera del siglo XX está grandemente marcada por el despliegue de la versión o versiones norteamericanas del premileniarismo-dispensacionalismo. Esto explica, al menos en parte, porqué la cristiandad evangélica en muchos partidos del tercer mundo sufre las mismas dicotomías y distorsiones –o al menos muy similares- que se dan en occidente, las cuales instan a retirarse del mundo hacia una posición escapista que aguarda el cielo mientras el mundo sucumbe en el fracaso. De esta manera, con mucha frecuencia, defienden el statu quo en contextos donde el cambio se hace imperativo. Con su renuencia a ver y vivir la totalidad de la enseñanza de nuestro Señor, minan seriamente la credibilidad e importancia del evangelio, tanto para los pobres y multitudes hambrientas, como ante la juventud inteligente y los líderes para quienes la misión vacía de compromiso social no tiene ningún significado.”

Los eventos futuros y el comportamiento de la iglesia en el presente (4)

¿Por qué la migración del pensamiento? ¿Por qué pasamos desde el postmilenialismo al premilenialismo?


5.1 Lo primero: Los avivamientos del S. XVIII[xi]


Es probable que de todos los ejemplos de impacto social que se podrían extraer de la historia del protestantismo alrededor del mundo ninguno sea tan significativo como el impacto que produjeron los grandes avivamientos espirituales que ocurrieron en Europa y los Estados Unidos en el siglo XVIII.

Todo se centra en la influencia de John Wesley (1703-1791), la figura central en el avivamiento espiritual que recibió el sobrenombre de metodismo. Según algunos historiadores, este avivamiento fue uno de los principales factores para que en Inglaterra sucediera en ese siglo una profunda transformación social sin que fuera necesaria una revolución sangrienta como la que tuvo lugar en Francia.

Varias descripciones de la situación de la Inglaterra de los tiempos de Wesley dan la impresión de una total descomposición moral, social y espiritual que afectaba no sólo a la sociedad sino también a la iglesia. La corrupción más bochornosa se extendía a todas las clases sociales, desde la corte del rey Jorge II hasta las masas populares. La opresión de los pobres, el abuso del poder, la crueldad del sistema carcelario, la borrachera, la prostitución, el adulterio, la superstición y el libertinaje eran marcas comunes del estilo de vida de la época. El soborno a los jueces y la impunidad que favorecía a los poderosos eran la moneda corriente en los tribunales. La horca pública, muchas veces por delitos menores, era una diversión popular. A todo esto se agregaba el execrable tráfico internacional de esclavos, que arrojaba grandes ganancias en las arcas de los traficantes no sólo de negros del África sino también de blancos de Escocia e Irlanda, y no sólo de adultos sino también de niños secuestrados.

En este contexto, la predicación de Wesley enfocó la necesidad tanto de la regeneración personal como de la justicia social. Un célebre sermón que predicó en Oxford en 1744 resume una convicción básica de todo su ministerio: «Todo proyecto para reconstruir la sociedad, que pasa por alto la redención del individuo, es inconcebible . . . Y toda doctrina para salvar a los pecadores, que no tiene el propósito de transformarlos en cruzados contra el pecado social, es igualmente inconcebible». En concordancia con esa convicción, en 1771 publicó su Serio discurso al pueblo de Inglaterra sobre el estado de la Nación, en el cual se pronunció abiertamente contra el nefasto comercio de esclavos. «¡Ruego a Dios –decía—que ya no haya más de eso! ¡Que jamás robemos y vendamos ya a nuestros hermanos como bestias! ¡Que ya no los asesinemos por miles y decenas de miles!». En 1774, en su libro intitulado Pensamientos sobre la esclavitud, volvió a la carga contra ese tráfico, que se llevaba a cabo con aprobación legal. «¿Hay leyes algunas que obliguen más que las eternas leyes de la justicia?», preguntaba. Y luego respondía: «A pesar de diez mil leyes, el bien sigue siendo bien, y el mal sigue siendo mal. . . . Yo niego de manera absoluta que cualquier posesión de esclavos sea consistente con grado alguno de justicia, aun de la justicia natural».

La semilla de abolición de la esclavitud plantada por Wesley dio su fruto posteriormente gracias a un miembro del Parlamento inglés, William Wilberforce, un hijo espiritual del famoso predicador. Cuando Wilberforce, el gran emancipador de los esclavos, fundó la «Sociedad Pro Supresión del Tráfico de Esclavos», en 1787, Wesley, ya anciano, le dio su apoyo y unos pocos días antes de morir le escribió la última de sus cartas, alentándolo a seguir luchando por «la empresa de oponerse a esa execrable villanía, que es el escándalo de la religión, de Inglaterra y de la naturaleza humana».

Aunque Wesley no vivió para ver la abolición de la esclavitud, el tráfico de esclavos se abolió legalmente en 1807, y el Acta de Emancipación dio el golpe final a la esclavitud legal en 1833.

Este no fue, sin embargo, el único fruto del avivamiento espiritual metodista. Como señala Gonzalo Báez-Camargo, «Wesley luchó, predicando y protestando, contra la explotación de los niños y las mujeres en las fábricas, abogó por el saneamiento y humanización de los talleres, propugnó la reducción de la jornada de trabajo, que era entonces de doce horas, y demandó el aumento de salarios». La Revolución Industrial había creado otro tipo de esclavitud, que era la de los «esclavos industriales», que en número creciente vivían aglomerados en barrios insalubres. Los predicadores metodistas, que conocían de cerca la opresión en que vivían estos esclavos, difundían el mismo mensaje en los barrios bajos. Prepararon así el terreno para las grandes reformas sociales que se llevarían a cabo posteriormente, en el siglo 19, y que están asociadas con el nombre de Lord Shatesbury (elegido como miembro del Parlamento británico en 1826), quien se ocupó sucesivamente de la condición de los enfermos mentales, los niños empleados en las fábricas y molinos, los deshollinadores y los "limpiachimeneas", las mujeres y los niños de las minas, y los niños de los barrios bajos, entre los cuales en Londres más de treinta mil carecía de hogar, y más de un millón en todo el país carecía de educación.

A todo lo dicho respecto a los efectos sociales del avivamiento metodista se debe añadir por lo menos una mención de su aporte a lo que Báez-Camargo ha denominado la «disciplina democrática», es decir, a una forma de gobierno no jerárquica, respetuosa de la autoridad pero también de la dignidad humana y de la libertad personal. Las así llamadas clases, formadas en 1742 con el propósito de fomentar el crecimiento cristiano, se constituyeron en verdaderos centros de educación democrática. No es exagerado afirmar que estos grupos, que se reunían semanalmente, junto con el movimiento de ministerio laico, fueron factores absolutamente decisivos para el proceso de instauración de la democracia en Inglaterra.

Wesley era postmilenialista y su postura hacia la sociedad está completamente de acuerdo con esa doctrina. El predominio de esa visión escatológica está a tono con la ilustración y la fe en el avance y el progreso de la humanidad.


5.2 Lo segundo: la guerra civil y la aparición del modernismo


En resumen, “Desde Agustín hasta los puritanos del siglo XVII, el amilenialismo fue la posición escatológica más popular. A esto le siguieron más o menos dos siglos de énfasis prostmilenialista, donde la predicación del evangelio y el trabajo social caminaron de la mano. Las creencias premilenialistas que abrazaron muchos de los padres de la iglesia en la época pre-agustiniana fueron de nuevo ampliamente esparcidas en la última parte del siglo XIX[xii]. Hoy en día es el premilenialismo lo que predomina en las iglesias y se defiende con agresividad y vehemencia. Mi iglesia, la Alianza Cristiana y Misionera, tiene esa postura teológica.

¿Por qué apareció? Kuzmic postula que el punto crítico fue la guerra civil en los Estados Unidos. Hasta antes de ella todavía predominaba un espíritu de progreso en los Estados Unidos, pero luego de ella, “las cosas en vez de mejorar se tornaron peor y peor. Esto aumentó la desilusión y el pesimismo, minando seriamente la credibilidad del postmilenialismo con su perspectiva optimista en cuando al progreso espiritual y cultural de la sociedad. Este desánimo, precedido por los trágicos acontecimientos del cambio de siglo y seguido por dos guerras mundiales en el siglo XX, proporcionó el marco para entender, al menos parcialmente, las razones que motivaron el rápido esparcimiento y popularidad del premilenialismo en los tiempos modernos. Es un hecho históricamente observable que el premileniarismo, con sus supuestos apocalípticos, tiene un atractivo especial y tiende a florecer en tiempos de gran crisis y angustia. Esto se debe tanto a su énfasis en el poder del mal y la resultante desesperanza en lo que concerne a la era presente, y a la defendida esperanza de una drástica irrupción de la intervención divina que reinvindica a los justos, seguida de un período de justicia, paz y prosperidad bajo el reinado de Cristo en esta tierra.


Sin embargo, hubo un desarrollo teológico un tanto paralelo que amplió la esfera de influencia premilenialista y fortaleció su posición. Tuvo que ver con una extraña alianza táctica que hicieron los premilenialistas, que interpretaban literalmente las escrituras, y los conservadores de la vieja escuela de Princeton, que defendían intelectualmente la autoridad de la Biblia al enfrentarse a un enemigo común y ver en el modernismo una amenaza a los presupuestos básicos de su cosmovisión.

Es necesario mencionar la fuerza dispensacionalista, que completa el panorama histórico, con John Nelson Darby y la profusión de la Biblia Scofield en América Latina. “Los premilenialistas dispensacionalistas han desempeñado un importante papel en la lucha entre el fundamentalismo y el modernismo en los Estados Unidos de América
[xiii].

Los eventos futuros y el comportamiento de la iglesia en el presente (3)

El pensamiento escatológico a través de la historia


La teología no es un armatoste monolítico sino que es un ente dinámico, con desarrollos diversos que la han hecho relevante a su época. Por ejemplo, dentro de las pruebas del proceso de la demostración lógica de la existencia de Dios, se encuentra el argumento “cristológico”, de Anselmo de Cantembury. Él, hijo del racionalismo extremo escolástico, “debía resolver este problema de forma lógica, encontrarle razón de ser, precisa y puramente racional, "remoto Christo" (como si Cristo no hubiera existido). Por ello escribió entonces su "Cur Deus homo", ya mencionado, en el cual dio las motivaciones de la divinidad, como si Dios fuese un señor medioeval; si así fuera, lo primero para Él sería proceder con la solemnidad debida, tomarse en serio, proceder congruentemente, con "rectitud", haciendo las cosas como debían hacerse, como correspondía, sin que fuera posible, ¡aunque Dios lo deseara ardientemente!, perdonar sin antes haber recibido la reparación debida, que habría deser una germana "wergild" (compensación), proporcional a la dignidad del ofendido, como estipulaba la costumbre medioeval. Esto implicaba que el perdón, la redención, estuviera fuera del alcance de la humanidad, incapaz de rendir una compensación infinita, como era lo debido.

Por donde Anselmo concluyó que Dios, en su abnegación, hubo de disponer que se pagara la "wergild" debida a su majestad divina con el acto expiatorio de un inocente, para que expiara por actos ajenos y no por los propios con su sacrificio, quien habría de ser un miembro de la humanidad, un hombre, pero, al mismo tiempo, Dios. Partiendo del "remoto Christo", de la inexistencia de Cristo, ha llegado a demostrar, aplicando ordenadamente la inteligencia, que Cristo debía existir, ineludiblemente
[iv].

La anterior es una explicación absolutamente feudal de la interrogante de la existencia de Dios. El mismo fenómeno sucede con la escatología con concepciones distintas según el horizonte temporal. Durante el período del Imperio Romano, “la iglesia fue conciente perfectamente de los elementos separados de la esperanza cristiana, por ejemplo, que la muerte física no es la muerte eterna, que las almas de los muertos sobreviven, que Cristo volverá otra vez, que habrá una bienaventurada resurrección de los que pertenecen al pueblo de Dios, que ésta será seguida por el juicio general, en el que se pronunciará condenación eterna sobre los malvados y en donde los píos serán recompensados con las glorias eternas del cielo. Pero estos elementos se veían nada más como partes aisladas que correspondían a una esperanza futura, y que no se construían todavía en forma dogmática. Aunque los diversos elementos se entendían muy bien, su interrelación todavía no se veía con claridad[v]. Todo parece notar una visión amilenialista, pero Berkhof enfatiza que “el resultado fue que la escatología no se desarrolló durante este período[vi]

En el período posterior, hasta la época de la reforma, “la atención de la iglesia se dirigió desde lo futuro hacia lo presente[vii]. El autor recalca que “había una creencia general en la vida después de la muerte, en el retorno del Señor, en la resurrección de los muertos, en el juicio final y en un reino de gloria, pero se reflexionaba muy poco sobre la manera de cada uno de éstos. El pensamiento de un reino material y temporal dejó camino al de la vida eterna y de la futura salvación. Con el correr del tiempo la iglesia quedó colocada en el centro de atención, y la iglesia jerárquica se identificó con el reino de Dios. Ganó campo la idea de que fuera de la iglesia no había salvación, y que la iglesia determinaba la preparación pedagógica adecuada para el futuro. Se puso mucha atención en el estado intermedio y, en forma particular, a la doctrina del purgatorio. En relación con esto se colocó en primer plano la mediación de la iglesia, la doctrina de la misa, la de las oraciones por los muertos y la de las indulgencias[viii]. A pesar del exiguo desarrollo, podríamos hablar otra vez de amilenialismo.

Desde la reforma, el pensamiento teológico se circunscribió a la idea de la salvación, “y se procuró desarrollar la escatología partiendo esencialmente desde ese punto de vista. Muchos de los antiguos teólogos reformados la tratan nada más como un punto adjunto a la soteriología, tratando de la glorificación de los creyentes. En consecuencia, sólo una parte de la escatología se estudió y llegó a un mayor desarrollo. La reforma adoptó lo que la iglesia primitiva enseñó respecto al retorno de Cristo, la resurrección, el juicio final y la vida eterna”. Además, “en su oposición a Roma también reflejó mucho acerca del estado intermedio y rechazó los diversos principios desarrollados por la Iglesia Católico Romana. Difícilmente puede decirse que las iglesias de la reforma hayan hecho mucho por el desarrollo de la escatología. Ésta hizo su aparación de nuevo en el pietismo. El racionalismo del siglo XVIII retuvo de la escatología nada más la idea estéril de una inmortalidad sin color, de la mera sobrevivencia del alma después de la muerte.

Bajo la influencia de la filosofía de la evolución con su idea de un interminable progreso, la doctrina escatológica, si bien no se hizo anticuada, cuanto menos se encontró decadente. La teología amplitudista ignoró por completo las enseñanzas escatológicas de Jesús y colocó todo el énfasis en sus preceptos éticos. Como resultado no tiene nada que sea digno del nombre de escatología. Lo del más allá dejó el campo para lo de aquí y ahora; la esperanza bienaventurada de la vida eterna quedó reemplazada por la esperanza social del reino de Dios, exclusivamente reducido a este mundo; y la anterior seguridad respecto a la resurrección de los muertos y de la gloria futura fue suplantada por la vaga confianza de que Dios puede tener almacenadas para el hombre mejores cosas aún que las bendiciones de las que este goza actualmente
[ix]. Estas descripciones caben dentro de la postura postmilenial.

En los últimos tiempos, ha habido un cambio. Berkhof menciona que “apareció una nueva ola de premilenialismo, el cual no se limita a las sectas, sino que ha encontrado entrada en algunas de las iglesias de nuestro día, y sus abogados sugieren una filosofía cristiana de la historia, basada en particular sobre el estudio de Daniel y Apocalipsis y ayudan a poner atención sobre el fin de los siglos. [Teólogos como] Weiss y Schweitzer llaman la atención al hecho de que las enseñanzas escatológicas de Jesús fueron mucho más importantes en su bosquejo de pensamiento, que sus preceptos éticos, los cuales, después de todo, representan nada màs que un pensamiento intermedio. Y Kart Barth también acentúa el elemento escatológico de la revelación divina[x]. No es difícil observar en el presente evangélico que el premilenialismo es la postura predominante el día de hoy.

Los eventos futuros y el comportamiento de la iglesia en el presente (2)

Marco teológico básico: la escatología y el estado del desarrollo del pensamiento escatológico protestante

La escatología es el estudio de los eventos por venir en base a las enseñanzas bíblicas. “Trata de la consumación de todas las cosas, tanto de las que se relacionan con los individuos como las que tienen que ver con el mundo[i]

Los protestantes evangélicos, basados en la enseñanza de la Palabra de Dios, de forma general creemos –con respecto a los eventos futuros, en la vida después de la muerte, en la segunda venida del Señor Jesucristo, en la resurrección de los muertos, en el juicio final, la creación de un nuevo cielo y una nueva tierra. En estos términos los protestantes conservamos las mismas creencias que los demás cristianos que aceptan las Escrituras Sagradas como única e la última regla infalible de fe y práctica. Sin embargo, tenemos evidentes diferencias con respecto a cómo se van a cumplir. El estudio de la escatología puede realizarse desde varias ópticas. “Una es separar el futuro de individuo del futuro del mundo. Otro sería catalogar el futuro de la iglesia, el futuro de Israel, el futuro de los gentiles y el del mundo. Otra manera de abordarlo puede ser estudiar las varias enseñanzas en orden cronológico. Un enfoque de teología bíblica estudiaría la escatología del Antiguo Testamento, la escatología de Jesús, la escatología de Pablo, la escatología de Juan, etcétera[ii]. En estas distintas posibilidades de análisis surgen las tres grandes escuelas de interpretación: amilenialista, postmilenialista e premilenialista.


3.1 La visión amilenialista[iii]

Los amilenialistas, como L.Berkhof, O.T.Allis, G.C.Berkhouwer y otros creen que las Escrituras Sagradas no hacen ninguna distinción cronológica entre la segunda venida de Cristo, el arrebatamiento de la iglesia y la participación del creyente en el nuevo cielo y la nueva tierra. Para ellos habrá apenas una resurrección general de creyentes e incrédulos, la cual ocurrirá durante la segunda venida de Cristo y el juicio final será para todos los pueblos. La tribulación es algo que experimentamos en la presente era. El milenio referido en las Escrituras (Apocalipsis 20) no significa un milenio literal, pues el reino de Dios, inaugurado visiblemente con la primera venida de Cristo, continúa espiritualmente presente pero invisible (invisibilidad no es sinónimo de inexistencia), y será consumado con la segunda venida visible del Rey de la Gloria. Entramos en este reino por la fe (Juan 3). Para los amilenialistas las Escrituras no hacen distinción entre la iglesia en el Antiguo Testamento y la iglesia en el Nuevo Testamento ("el nuevo Israel", compuesta de circuncisos e incircuncisos).

3.2 La visión post-milenialista

Los postmilenialistas, como Charles Hodge, B.B.Warfield, W.G.T. Shedd, e A.H.Strong, creen que la segunda venida de Cristo ocurrirá tras el milenio (no literal). La era presente se mezclará con el milenio de acuerdo con el progreso del Evangelio en el mundo. En general, los posmilenialistas sumen la misma postura amilenialista con relación a la enseñanza de la resurrección, el juicio final, la tribulación y la posición de Israel y la iglesia.

3.3 La visión premilenialista

Los premilenialistas se dividen en dos grupos principales: los premilenialistas históricos (como G.E.Ladd, A.Reese e M.J.Erickson) y los premilenialistas dispensacionalistas (como L.S.Chafer, J.D.Pentecost, C.C.Ryrie, J.F.Walvoord e Scofield). Los premilenialistas históricos creen que la segunda venida de Cristo para reinar en esta tierra y el arrebatamiento de la iglesia sucederán simultáneamente; habrá resurrección de los salvos al inicio del milenio (la primera resurrección) y la resurrección de incrédulos la final del milenio. Entre tanto, la posición premilenialista histórica es tanto presente como futuro. En el presente, Cristo reina en el cielo. En el futuro, Cristo reinará en la tierra, aunque en general no consideran el período de la tribulación y hacen una cierta distinción entre Israel y la iglesia (el Israel espiritual).

Los premilenialistas dispensacionalistas enseñan que la segunda venida del Señor Jesús acontecerá en dos fases: en la primera, el Señor Jesús se encontrará con la iglesia en el aire, llevará a los salvos para participar de las bodas del Cordero en las regiones celestiales y, tras siete años de tribulación en la tierra sin la presencia de la iglesia, regresará con ella para reinar en este mundo por mil años. Ellos hacen una distinción entre la resurrección para la iglesia, en la ocasión del arrebatamiento, la resurrección para aquellos que viniesen a creer durante a tribulación de siete anos (resurrección esta que ocurrirá en la segunda venida del Señor, al final de la tribulación) y la resurrección de los incrédulos al final del milenio.

Los premilenialistas dispensacionalistas hacen, también, una distinción entre el juicio de los creyentes tras el arrebatamiento, el juicio de judíos y gentiles convertidos al final de la tribulación de siete años y el juicio de los incrédulos al final del milenio. Los siete años de tribulación son literales, mas la iglesia será arrebatada antes. El milenio será inaugurado y establecido con la segunda venida, tras la tribulación y durará, literalmente, mil años. Sin duda, esta posición distingue completamente a Israel y su iglesia.

Los eventos futuros y el comportamiento de la iglesia en el presente

Resumen

La escatología, como la parte de la teología que analiza y sistematiza lo que dice la Biblia sobre el porvenir, ha tenido un desarrollo propio de las diversas épocas, de la visión de la iglesia de sí misma y de las vivencias históricas del mundo. Estas ideas puede centrarse en tres grandes divisiones vinculadas con la segunda venida de Cristo y el milenio: la posición amilenialista, que afirma que no existe el milenio; la postmilenial, que dice que Cristo vendrá al final del período milenial luego de un período de bonanza; y la premilenial, que dice que Cristo aparecerá antes del milenio, tras un período de degeneración mundial. El orden anterior es el sucedió en la historia. Los católicos siguen siendo amileniales hasta hoy, y los protestantes hemos pasado de esa postura al postmilenialismo después y al premilenialismo actualmente. ¿Por qué se dio este cambio en la perspectiva escatológica de la iglesia protestante? ¿Qué efectos ha tenido este cambio en la misión de la iglesia, en su manera de ver al mundo? ¿Ha sido inocuo o es algo que ha tenido consecuencias? ¿Qué preguntas surgen ante esta situación? Este es el tema que se desarrolla en la presente monografía de una manera absolutamente exploratoria.
Introducción

El evangélico tiene un modus viviendi particular, una cosmología definida, una forma de ver la vida, de reaccionar, de hablar, de sentir. En teoría, todo eso está de acuerdo con la imagen de Cristo que debemos seguir, o sea, con la idea implícita de que Jesús fue en la tierra como el evangélico promedio, con la actitud, la ropa, la música que escucha, los libros que lee, los pensamientos que tiene, los pudores que lo someten, etcétera.

La pregunta es: ¿Qué tan de cierto hay en eso? ¿Qué tanto de la forma de vivir de un evangélico promedio viene de la imagen de Cristo y cuanto de concepciones teológicas que tuvieron su lugar especial en un momento histórico pero que trascendieron su tiempo y llegaron hasta nuestra época, santificadas? En otros términos, la pregunta es: ¿Qué hay en el pasado que hace que nosotros, los evangélicos latinoamericanos, seamos como seamos hoy en día? ¿Podemos hurgar en la historia eventos o concepciones teológicas que nos ayuden a conocernos y entendernos más a nosotros mismos?

Por ejemplo, un tema sensible es la visión de los evangélicos con respecto al mundo. Hoy en día se piensa que el mundo va a la destrucción, a la degeneración, a la putrefacción moral y, si incluimos el tema ambiental, inclusive física. Si esa circunstancia fuera real, ¿Cuál sería la actitud natural de un creyente? Naturalmente, no involucrarse, ya que si somos santos y puros –al menos en el papel se intenta-, y el mundo es el lugar en donde Satanás actúa, si la contaminación de todos los calibres nos amenaza, ¿por qué debe el cristiano involucrarse? ¿”Puede tener comunión la luz con las tinieblas”? ¿No es más seguro mantenerse al margen, alabar y mantenerse “blancos” ante Dios, y orar nada más por la pronta venida del Señor? Parecería algo razonante y coherente. Definitivamente es más seguro. Sin embargo, ¿es bíblico esto? ¿Es lo que Jesús quería decir o ha habido alguna influencia histórica que explique esta actitud? Si existe, ¿Qué hacer?

Quiero reflexionar sobre el papel de la escatología al respecto. Lecturas previas me han dado el indicio que la inofensiva escatología de los últimos capítulos de los manuales de teología sistemática, esa que sólo nos configura la realidad de lo incierto, ha tenido un papel gravitante en la forma en que los cristianos han vivido la realidad de su presente y de la misión que ejercen en él.

La visión del fin del mundo es importante. Películas como “Impacto profundo” o “Armagedón”, casos de sectas como de los testigos de Jehová y su profecía del fin del presente estado de cosas en 1975, análisis filosóficos como el de Fukuyama y el fin de la historia o el hecho de que toda religión tiene una concepción sobre los eventos futuros, nos recuerdan la inquietud humana por el porvenir. Y la iglesia no está fuera de esto.