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miércoles, 17 de junio de 2026

Confesión de una fe integral

1. Mi visión se basa en la Biblia, compuesta por 66 libros separados en dos testamentos: Antiguo y Nuevo, de origen divino, fuente fundamental de la revelación de Dios a los hombres y regla de fe y ética cristiana, veraz en todo lo que afirma para nuestra fe y nuestra salvación.

2. Dios, uno y trino, santo y fiel, justo y misericordioso, que camina con nosotros y no nos abandona, es el creador de todo lo existente, visible e invisible, que forjó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza con un propósito sistematizado en cuatro aspectos fundamentales: una relación con Dios, una relación consigo mismo, una relación con los otros, y una relación con el medio ambiente que lo rodea.

3. Desde una perspectiva teológica, la entrada del pecado en la creación material, debido a la desobediencia, daña todas estas relaciones del hombre y la mujer, distorsionándolas y dejando al ser humano incapaz de salvarse a sí mismo, originando el mundo tal como lo vemos hoy, trayendo además la muerte física y la muerte espiritual. El efecto es devastador y alcanza a toda la creación. Sin embargo, aun en medio de esta ruina, la gracia de Dios precede y hace posible la respuesta humana a Él.

4. Sin embargo, Dios, en sus propósitos, envió a su Hijo Unigénito Jesucristo, completamente Dios y completamente hombre, para Su obra sublime, que incluye la expiación, propiciación, sustitución, justificación por gracia mediante la fe, y redención. Este proceso ataca todos los efectos del pecado y podemos afirmar que la obra de Cristo es global, reparando las cuatro relaciones fundamentales: Dios, uno mismo, los otros, el medio ambiente que nos rodea. La resurrección corporal de Jesús al tercer día es la manifestación de su victoria absoluta y esperanza básica de que Dios es Señor de la vida y de lo que pasa en la vida, siendo capaz de revivirlo todo, si Él así lo quiere.

5. La llegada de Cristo a la tierra es el evento categórico por excelencia, e implicó que el reino de los cielos se acercó, condición que no ha variado hasta hoy, manifestada como una realidad presente en Su propia persona y acción (predicación, obras de justicia, misericordia), al mismo tiempo que como algo futuro, porque no se ha consumado; por eso se dice que existe una tensión de tipo escatológico: el "ya pero todavía no".

6. Una vez que Cristo deja la tierra, la continuación de los efectos del acercamiento del reino queda en manos del Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad, que da soporte a la iglesia en el trabajo que lleva esta tarea ya que enseña y guía tanto al creyente como a la comunidad. La iglesia debe manifestar el reino de Dios en la historia, haciéndolo realidad por los dones del Espíritu Santo.

7. Esta continuación de efectos implica que la iglesia debe involucrarse activamente en las cuatro reconciliaciones fundamentales: la relación con Dios, la relación consigo mismo, la relación con los otros, y la relación con el medio ambiente que lo rodea. Estas cuatro dimensiones son inseparables y mutualmente implicadas.

8. Dios llama a los creyentes a vivir su fe en comunidad, ya que la iglesia es una manifestación del reino de Dios, aunque imperfecta y todavía en camino. Porque nosotros, que somos la iglesia, no solo hemos sido hogar, sino que también hemos herido, hemos ejercido poder en lugar de servir, hemos excluido a quien Dios recibía, hemos lastimado en su nombre. Por eso vivimos la misma gracia que predicamos porque la necesitamos para nosotros antes que nadie. Y por esa gracia recibida, en el seno de la iglesia personas reconciliadas y redimidas, las cuales viven un proceso de transformación constante, comparten vida, servicio, oración, intercesión, mesa, consuelo, cobijo, alegría, lágrimas, descanso, alabanza y misión. Es en la comunidad donde se encarna la misión, donde encontraremos: gracia para el pecador que se arrepiente sin distinción alguna, gracia para el hijo de Dios que vuelve, consuelo para el quebrantado, misión para los discípulos, esperanza para los que esperan, espacio para que Dios transforme a las personas.

9. La comunidad tiene gestos físicos y visibles con los que celebra la gracia y hace memoria de la obra redentora de Cristo, y expresa su fe y compromiso: el bautismo y la cena del Señor. Ambos también son medios mediante los cuales Dios se acerca a nosotros.

10. La vida cristiana ocurre en medio de la fragilidad humana y la incertidumbre. Dios obra no solo a través de la fortaleza y el éxito de la iglesia, sino que se manifiesta con potencia a través de la vulnerabilidad, el arrepentimiento, el sufrimiento y la dependencia de su gracia inmerecida. El saber que vivimos en la incertidumbre nos llama a ser plenamente dependientes de Dios y su misericordia, sabiendo que él quiere lo mejor para nosotros y que confiemos en él con todo el corazón.

11. La gracia es el eje de la vida. Mediante la gracia Dios se acerca a nosotros, mediante la gracia nosotros servimos a pesar de no merecerlo, mediante la gracia podemos alabarlo, mediante la gracia amamos a nuestros semejantes, mediante la gracia Dios nos usa, a pesar de nosotros.

12. Por la gracia Dios nos ve y nos transforma, y nos da nuevas oportunidades. Inclusive si caemos y “volvemos en sí”, Dios nos recibe con los brazos abiertos y se alegra de tenernos en casa de nuevo. Incluso si pecamos y merecemos el apedreamiento, Dios nos dice que no nos juzga pero nos exhorta a no pecar más. Incluso si lo negamos tres veces, él después nos llama a apacentar a sus ovejas. La gracia maravillosa buscará restaurar y redimir, nos da otra oportunidad y nos redime del mal que está en nosotros mismos —pero solo si así lo queremos—. El joven rico, a fin de cuentas, se fue triste sin seguir a Jesús.

13. Lo perfecto será cuando Él venga, por segunda vez; por ahora, debemos mostrar cómo podría ser el mundo completamente reconciliado, tanto en nuestras comunidades de fe como en los ambientes en donde nos movamos. Esto es parte intrínseca de la misión. Mientras tanto, esperamos su venida, la resurrección de los muertos y la renovación de toda la creación. El anhelo es que esta renovación alcance a todos, pero la gracia que salva respeta nuestra libertad, y los hombres y mujeres son libres de aceptar o no la invitación de Dios. La manera y el alcance final de todo esto permanecen en misterio, y se lo confiamos completamente a Dios.


viernes, 28 de septiembre de 2018

La ley Guía y la prevención de los abusos eclesiales

Hace unos días el congresista Moisés Guía presentó un proyecto de ley que agrega un artículo a la ley 29635 (Ley de Libertad Religiosa). Este versa así:

Artículo 16: De los principios para el establecimiento de las entidades religiosas Las entidades religiosas se establecen en el país bajo la libertad que les brinda la Constitución Política del Perú. Se rigen bajo los principios, valores, cultura y prácticas democráticas, prohibiéndose prácticas autoritarias, abusivas, discriminatorias y contrarias a los derechos de las personas, así como actividades de proselitismo político. Su establecimiento y autorización se rige conforme al reglamento de la presente ley.

Este agregado a la ley 29635 contó con el apoyo de dos de las principales asociaciones de iglesias evangélicas peruanas: el Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP) y la Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (UNICEP). Por supuesto que esto no es gratuito, sino que surge a partir del escándalo de la Iglesia El Aposento Alto y su apóstol, Alberto Santana, aspirante a la Presidencia del Perú (ha creado su partido político, Perú Nación Poderosa), el cual por una "revelación divina" tuvo una concubina por varios años, evidentemente en secreto. Se suma a esto las afirmaciones de su hijo, Cohelet Santana, que en una prédica afirmó que la correa siempre hará que las esposas sean sumisas, esto es, una abierta apología a la violencia doméstica, y el incidente de la invasión a la explanada del estadio de Alianza Lima hecha por miembros de la congregación. También las enormes dudas respecto al financiamiento de algunas iglesias, las cuales han construido grandes templos (no es una discusión exclusiva del Perú. Aquí un ejemplo de Guatemala, citado en Puente) o han hecho gala de su poder económico. Aquí el congresista Guía ha mencionado a los diezmos y ofrendas, recalcando que ningún pastor o miembro de la iglesia se los puede adjudicar, haciendo velada evidencia a la familia Santana. También ha enfatizado el que las iglesias no pueden impedir el ingreso de nadie, ni tener ninguna práctica discriminatoria. Si esta existe, el Estado debe actuar de oficio. Esto último ha levantado las alertas de todos los conservadores, algunos de los cuales han mencionado alguna vez del derecho a discriminar.

Tras la publicación de este proyecto de ley, hay mucho alboroto en el entorno eclesial, desde los que están de acuerdo con las regulaciones y hasta los que afirman que esto viola su libertad religiosa. Como es usual, los que están en contra muestran una agresividad en redes que no se distingue de las oposiciones vistas en entornos no eclesiales. Que viva el testimonio. Tratando de analizar con algo de calma, pienso que lo primero que hay que tomar en cuenta es que el evangelicalismo ya está profundamente politizado, y que este proyecto de ley debe circunscribirse a este contexto. En otras palabras, este proyecto es parte de la pugna existente en el seno de las iglesias. El intento de la prohibición del proselitismo político que han hecho líderes conservadores como el propio Santana, Rodolfo Gonzales, los Hornung, Linares, Rosas y otros, tiene un sentido evidente: restringir su participación política o el uso de la iglesia en beneficio de sus intereses o preferencias políticas. Aunque estoy muy de acuerdo con el que los púlpitos no deben ser usados jamás para la defensa o apología de un partido político ni para promocionar a algún candidato o para "moldear" el voto de los feligreses de la iglesia (porque la preferencia política debe tener la misma libertad de la preferencia religiosa), creo que el mecanismo no debe ser el que una ley lo haga. Las subjetividades son enormes, en especial cuando estamos en un entorno en el cual una confesión es la predominante, y tiene antecedentes de restringir las voces de otras tradiciones cristianas usando las plataformas del Estado para esto.

Lo segundo que observo es la mención al control que podría hacer el Estado en los aspectos económicos de las iglesias. El famoso diezmo. Por supuesto, en las iglesias se dan abusos enormes y la manipulación emocional y económica es pan de cada día. Hay demasiados casos. Pero hacer un control por parte del estado es en extremo difícil porque nuestra realidad eclesial es profundamente informal, tal cual es nuestra realidad económica. Hace diez años escribí algo pequeño al respecto, y las cosas han cambiado poco. Iglesias que no pagan beneficios sociales, iglesias que pagan menos del sueldo mínimo, iglesias que no pagan sueldo, iglesias que no tienen contabilidad, iglesias que no tienen políticas de análisis de las ofrendas que reciben (que potencialmente pueden estar dentro de un proceso de lavado de activos). Miles de iglesias independientes. El Estado ha demostrado ser incapaz de hacer un control efectivo del fenómeno informal; lo eclesial no será la excepción. Además, se presta a posibles presiones políticas o a contubernios con la autoridad de turno. Iglesias que se verías cuestionadas mientras otras que seguramente serían favorecidas. Sería un perjuicio enorme, solo pensando en los conflictos potenciales de esta hipotética situación.

Para cerrar, recalco que la intención de reglamentar esto por ley no es la mejor solución, pero sí resalto la idea de que algo debemos hacer como iglesias evangélicas. Tenemos un problema que hay que enfrentar, y decir que tenemos libertad de culto no basta. Debemos combatir los abusos. Bien lo dice Darío Lopez en su muro de FB:

...¿cómo determinar, para el caso de las confesiones religiosas, cuando ésta es o no democrática, o incurre en prácticas autoritarias, abusivas, discriminatorias y contrarias al derecho de las personas? ¿Son democráticas las iglesias o tienen que serlo porque el Estado así lo determina? E incluso, hacía adentro, podrían formularse preguntas como: ¿Qué mecanismos y prácticas de regulación interna tienen las iglesias para prevenir y sancionar prácticas autoritarias, abusivas, discriminatorias y contrarias al derecho de las personas? ¿Se deben o no prevenir y controlar estas malas prácticas?


jueves, 13 de septiembre de 2018

Los cristianos de ahora

Los cristianos han cambiado una barbaridad en los últimos tiempos. Hace mucho que se nota que se vienen poniendo más y más agresivos. Las explicaciones son variadas, pero sin duda un punto relevante es el crecimiento numérico: ese 15% aproximadamente que dice el censo 2017 en el Perú, que muestra con claridad que nuestra minoría ya no es insignificante. Ya tiene peso, ya no se nos puede ningunear. Ya nos toman en serio, ya se acercan a los líderes a un coqueteo abierto. Ya vienen en elecciones a que oren por ellos y a que les impongamos las manos. Ya somos importantes. 

Otra cosa que se nota es que, siguiendo la corriente de los tiempos, algunas voces de la iglesia suelen mentir. Pienso de inmediato en el ejemplo por excelencia: Christian Rosas y sus múltiples y recurrentes declaraciones, con falsedades continuas. 

Sintiéndose con poder, no resulta extraño que los miembros de una iglesia que compraron unos terrenos de una manera peculiar (vamos, quién compra un terreno que abiertamente tienen otro poseedor, quién lo hace a precios muy por debajo del mercado sin que eso les llame la atención) y que dicen que fueron a celebrar un culto a las tres de la mañana con cascos, palos, piedras, escaleras, aparatos de soldadura y abundantes brochas y pintura, en lo que es “suyo”, entrando sin orden judicial alguna, hagan lo que hacen, pretendiendo que es normal, desdibujando por completo lo que debe ser el modo de hacer las cosas de un cristiano. 

¡Qué lío cuando crees que la voz de tu subconsciente es la voz de Dios! ¡Qué problema cuando crees que Dios habla a través tuyo! (varios, varios he visto de esos en mis años como cristiano) 

A todo esto, como quien no quiere la cosa, se le pueden sumar curiosas coincidencias que benefician al partido del cual el pastor es simpatizante abierto y aportante. Todo el coctel se hace explosivo e intimidante. ¿Qué fue de la forma de ser un seguidor del Maestro, de Jesucristo? ¿Ahora usamos cascos, entramos a la fuerza en una explanada, invadiéndola, nos peleamos con una hinchada de un equipo de fútbol, pintamos los símbolos ajenos? ¿Estos son los cristianos de ahora?

viernes, 3 de agosto de 2018

Misericordia quiere y no sacrificios

Las últimas semanas han estado particularmente convulsionadas por múltiples frentes. Mientras el mundial ya terminaba con el Perú eliminado en primera ronda aunque ganando su partido de cierre, salió la noticia de la separación de padres e hijos en la frontera de México con Estados Unidos, cosa terrible que refleja los múltiples problemas que ha tenido la política migratoria del país norteamericano en las últimas décadas, que van más allá del contraste entre las medidas de Trump y Obama. Pero también ha estado en boca de muchos la discusión sobre el aborto que desde Argentina ha trascendido a los demás países. La cosa ya está a nivel del Senado con tensión in crescendo. Como siempre, la polarización ha estado en niveles máximos, y la discusión virtual ha estado intensa. Que tóxico se pone el Twitter con frecuencia. Los evangélicos, por supuesto, hemos salido en bloque con una defensa cerrada de la vida, con múltiples armas. 

Mi aproximación a este tipo de temas es burda y tal vez primariosa: primero, ir a las palabras del Maestro cuando le decía al pueblo indignado por la transgresión cometida por la adúltera que le tire la primera piedra aquel que no tiene pecado (Jn. 8:7). Esto es, eliminar nuestro complejo de justicieros; segundo, también ir a las palabras del Señor cuando decía que él prefiere la misericordia y no los sacrificios de los ceremoniales judíos (Mt. 9:13). Esto es, debemos fulminar nuestra religiosidad y el privilegio de la visión legalista, para ser reemplazada por la mirada amorosa, tan bien reflejada en Jn. 13:35, cuando el Señor dijo que se sabrá quienes son sus seguidores solo observando si se aman los unos a los otros. La dualidad de la que escribí más arriba es un eje de ortopraxis para mí, que choca frontalmente con nuestra predilección por juzgar a otros y esa tendencia casi natural a la religiosidad.

Mi mirada de misericordia me lleva a recordar a las tres mujeres que conozco que se sometieron a un aborto. Especialmente para dos de ellas, las secuelas fueron devastadoras, con años de sufrimientos mientras traían siempre al presente el caos de la decisión tomada. Un volcán de dolor. Pero ante eso hoy muchos hablan del aborto como si fuera un corte de uñas, una depilación, banalizándolo por completo, olvidando que es una cosa terrible, atroz. ¿Quién, pues, puede estar a favor del aborto? Vamos, nadie lo está, no se necesitan fotos para graficarlo mientras se busca generar repugnancia. Sin embargo, muchas veces las mujeres son puestas contra las cuerdas, por un novio que las abandona, una familia que amenaza con dejarlas desamparadas, un Estado que no ayuda en nada o una vida al límite, sin opciones, y ante ello ponen su vida en riesgo. ¿Imaginan por un momento la disyuntiva que obliga a tantas a tomar esa decisión extrema? Miles de cristianos pensamos que esa fue una decisión fácil y nuestras voces no tiene la más mínima misericordia ni compasión, sino el juicio intenso, hablando de que defienden al más débil, al sin voz, mientras lanzamos las piedras. ¿Es ese, de verdad, el móvil que nos mueve a oponernos? 

Ya lo he dicho antes: nuestros temas de interés público pasan todos por el sexo: nuestra oposición a la homosexualidad, la lucha contra el aborto, la tremenda ideología de género (que es lo peor porque, aunque no se entiendan las definiciones básicas de la teoría de género, es muy mala porque visibiliza a los homosexuales y otros pervertidos y sugiere que se brinde educación sexual en los colegios como una de las muchas herramientas que podemos utilizar para disminuir las asimetrías entre los géneros). De la cama parece que no salimos. Es nuestra obsesión. Y aunque no lo decimos de manera expresa, nuestro deseo es el que nuestra ética sexual sea la que todos tengan que vivir. Relaciones sexuales solo para el matrimonio. Aborto criminalizado a la par del asesinato. Homosexuales de regreso al closet y criminalizados también de ser posible porque son abominación ante Dios. Autarquía y soberanía para el Perú, porque hay organismos como la ONU u otros internacionales que quieren destruir la familia y homosexualizar el mundo. Es volver al siglo XV. Quizá por eso clamamos por las tradiciones, curiosamente usando argumentos que los católicos han tenido por décadas, cuando nuestro mensaje siempre recorría otros caminos.

domingo, 18 de febrero de 2018

¿Más puntos en común?

No hay duda alguna: el Perú es un país conservador. Para muestra un botón: la reciente visita de Francisco al país. Cientos de miles de personas lo siguieron, llenaron casi todos los espacios posibles en donde se presentó el Papa, sea en la selva de Puerto Maldonado, las playas trujillanas o el descampado del aeropuerto de Las Palmas, en Lima. Por más que en las redes sociales y las calles muchos colectivos luchen por agendas a favor de diversos derechos, entre los que destacan el de las libertades sexuales, la mayoría conservadora es categórica: domina el incienso, la gente haciendo fila por la hostia un domingo en cualquier parroquia. 

Es en este contexto conservador en que el evangelicalismo ha crecido en el Perú hasta rondar el 20% actual, muy grande pero aún inferior al 30% de Brasil o el 50% de Guatemala según Pew Research Center. Cosas como la urbanización, que ha crecido a un ritmo similar, o las misiones norteamericanas, también conservadoras, le han dado esta cara tan particular. No obstante, estas cifran tan halagadoras, tenemos una característica furibunda que nos juega en contra: nuestra atomización patológica. Nosotros crecemos rápidamente pero hacemos pronto una mitosis, tal vez porque hemos aprendido a que la manera de enfrentar los diferendos es dividiéndonos. Por eso, hablar de una unidad evangélica es una tarea casi imposible. Misión conflictiva y áspera. Mejor ni meternos con ella porque saldremos magullados. 

Pero vamos, podemos encontrar convergencias entre todos los evangélicos, a que sí. Los tiempos actuales han sido reveladores y nos han mostrado varias: la oposición al aborto, la defensa de la familia “natural”, una especial visión de la sexualidad que se opone a la libertad sexual y los derechos reproductivos, una oposición radical al homosexualismo, a su visibilidad y a aproximaciones al matrimonio de personas del mismo sexo, y la oposición estricta a la “ideología” de género, que de cierta manera engloba a todas las anteriores. En estos puntos la convergencia ha ido más allá porque también ha alcanzado a grupos católicos conservadores, con los que se ha logrado un ecumenismo en la práctica a pesar de los sentimientos anti-católicos y anti-evangélicos, que allí están, muy latentes pero como escondidos debajo de la mesa. Así, pueden marchar juntos en #conmishijosnotemetas o las “marchas por la vida”. 

Desde este punto en común, la agenda política que se plantea desde esa orilla es aún restringida, y no pretende ir más allá con seriedad. Los evangélicos elegidos han insinuado restricciones a la vestimenta (pienso en aquel congresista Vicuña, quien quiso prohibir las minifaldas), al arte (donde quieren evitar desnudos u otras manifestaciones culturales como los carnavales) o las posturas laicas, donde abiertamente están buscando que la educación cristiana se afiance en los colegios. Este es el caso del Brasil. En realidad, los evangélicos no tenemos mucho que ofrecer cuando salimos de nuestro discurso. Bien lo ha explicado David Gaitán en su blog, cuando se plantea varias inquietantes preguntas: ¿Pueden hablar los evangélicos de calidad educativa cuando sus instituciones educativas son calamitosas? ¿Pueden hablar de gratuidad de la enseñanza si no promueven esquemas de becas en sus instituciones educativas? ¿Pueden hablar de empleos dignos cuando las iglesias suelen ser pésimos lugares para trabajar porque no les pagan o pagan muy poco a sus trabajadores, con frecuencia sin ninguna prestación social? ¿Cómo hablarán sobre la corrupción cuando sus organizaciones e iglesias están llenas de nepotismo, donde los hijos y familiares del pastor suelen ocupar los lugares más altos de liderazgo, sin pensar en los más capaces?

Si hacemos un ejercicio de predicción, surge de inmediato la pregunta de si pueden existir más puntos en común entre los evangélicos. Me arriesgo a decir que no los encontrarán, aunque sí existan en teoría. Cuando la realidad los obligue a ir más allá de los terrenos conocidos, vendrán los fracasos de los “elegidos por Dios”, y posiblemente algunos “modelos” políticos entrarán en crisis, cuando tengan que gobernar de verdad. A menos que, de alguna manera, desarrollen algo en el camino, que les dé continuidad a su movimiento. Tal vez, tomando las palabras de José Luis Pérez Guadalupe, si hacemos una transición de ser evangélicos políticos (casi todos ellos son pastores que insinúan o abiertamente hablan de teocracia) hacia convertirnos en políticos evangélicos, que trabajen abiertamente desde la ciudadanía, buscando el bien común para todos. Quizá aquí more la esperanza.

viernes, 14 de abril de 2017

Construyendo la fe mirando al exilio

Muchos creen, hoy en día, que el mensaje bíblico es uno solo, grabado en piedra, estable, plano, cuando en realidad es una construcción que demandó cientos de años. No solo me refiero al armatoste religioso, sino también a lo más sagrado: a Dios. El Dios de la Biblia, digámoslo así, fue evolucionando. Dios, para Abraham, era muy distinto a Dios para el apóstol Juan. Esta construcción fue un largo proceso en el que se recibieron muchos aportes de un lado y de otro, no exclusivamente de sitios santos sino también de rincones con influencias directas del paganismo o culturas totalmente distintas a la hebrea. Basta pensar en el cristianismo primitivo, Pablo y el profundo influjo heleno en nuestra fe. 

Pero de Pablo no quiero hablar esta vez, sino del exilio babilónico, un evento trascendente que, sin saberlo, tuvo y tiene poderosa influencia en nuestra manera de entender a Dios. ¿Por qué el exilio? ¿Para qué el Exilio? ¿Cómo se dio el Exilio? La reinterpretación de los profetas –que lo sentían íntimamente- dice que el exilio se dio porque el pueblo pecó, porque no cumplió con su parte de la alianza hecha con Dios. Este pecado recurrente (Deuteroisaías, Jeremías) fue el causante de que Dios decidiera castigarlos. Dentro de la lógica de los profetas tiene sentido porque Dios había sido bastante paciente con ellos (unos 400 años) y por supuesto la paciencia tiene un límite. Se había adelantado con Asiria en el reino del norte, pero se venció el plazo con Babilonia en el reino del sur, cuando Nabucodonosor sitia Jerusalén y se lleva a la clase dirigente, en varias oleadas de exilio. 

Esta invasión fue dramática. Pero no todo es malo: a veces, lo catastrófico es una oportunidad de reinterpretar a la divinidad y la forma de aproximarse a ella. El exilio, desde los profetas, sirvió para una nueva definición de Dios: nace allí un Dios universal, todopoderoso, único (aquí surge la idea del monoteísmo), que liberará a su pueblo y que reinará sobre todas las demás naciones de la tierra. Además, el exilio sirvió para crear una nueva identidad: antes del exilio, el culto estaba centrado en Jerusalén, en los sacerdotes, en los sacrificios, en la parafernalia que giraba en torno al templo salomónico del monte Moriah. Aquí estaba el eje de la identidad de los judíos. Sin embargo, al destruir Nabucodonosor el templo, hay una enorme crisis del culto. ¿Y ahora? ¿Qué se hace? Pues se definió una nueva identidad basada en la Ley, el sábado, el ritualismo y la circuncisión. Así, el pueblo pudo tener una identidad nueva, distinta a la anterior. El mensaje, por supuesto, cambia. Antes del exilio era duro, justiciero, casi una aplicación directa de la ley del talión; luego del exilio el mensaje se hace amoroso, consolador (esto se ve profundamente en Ezequiel, que tiene una división en su énfasis). Deuteroisaías escribe pocos años antes de Ciro, tras la segunda deportación en un escenario de crisis de fe y esperanza por la pregunta: ¿Quién trae a Ciro, Jahveh o Marduk? Su mensaje es de énfasis del poder de Dios, del Dios creador (sin ayuda) que es Señor de los ejércitos celestes y ante el cual ningún poder puede competir. Además, configura el monoteísmo y enfatiza que Dios es el Señor de la Historia, por lo cual se debe tener confianza en que el pueblo volverá a Israel. Ezequiel muestra que Dios está siempre al lado del pueblo (Ez. 3:15) en los tiempos de crisis (Ez. 33:10) y de fe bamboleante. ¡Nunca abandona al pueblo! Y promete la restauración, como ese relato poderoso del valle de los huesos secos (Ezequiel 37). 

Con el mensaje del Deuteroisaías en la mente, el pueblo vuelve a Israel. Pero hay problemas, porque los que vuelven son un poco babilónicos y los que se quedaron (que no fueron pocos) se hicieron un poco paganos. Sin embargo, el estado de carestía, pobreza, enemistad con los pueblos vecinos, y falta de liderazgo, hacen que el pueblo pierda rápidamente la fe. ¿Dónde está el Dios que es único y con el que tenemos una alianza? ¿Dónde está ese Dios creador de todo? ¿Por qué no hay templo? ¡La capital es paupérrima! Esta crisis traída por el exceso de expectativa traída por el Deuteroisaías hace que llegue el mensaje de ánimo de Zacarías y Hageo, junto con la obra de Nehemías y el trabajo del nuevo configurador de la fe: Esdras. Este último puso las bases del judaísmo que existe hasta hoy, muy distinto al que estuvo vigente antes de Nabucodonosor. 

El mensaje bíblico es, entonces, una construcción. El exilio es un ladrillo importante en nuestra casa llamada cristianismo. Y la construcción es, en esencia, acción. Dios es acción, y nosotros debemos serlo también. Los que salieron de Egipto “hicieron” la ley; los que salieron de Babilonia, reescribieron la fe, crearon una nueva identidad, distinta a la anterior. Jesucristo volvió a reescribir la fe. Por ello, los cristianos le predicamos al mundo del amor de Cristo, de su obra salvífica, de la buena noticia; nuestra esperanza escatológica en el reino de Dios hace que nuestra fe nueva nos impulse a hacer cosas concretas en este mundo, nunca aislarnos, llamándonos también a reescribir-construir nuestra fe como los que nos antecedieron, como los que, por ejemplo, volvieron del exilio.

sábado, 18 de febrero de 2017

La voz de los invisibles

Jesús paró un día en un pueblo llamado Sicar, en territorio no amigo. Era mediodía, y sus discípulos se habían ido a buscar provisiones. Él, en un pozo, esperaba y al rato una mujer se acerca a buscar agua. De manera sorprendente, le dirige la palabra y tiene un largo diálogo con ella, cosa tan rara que se dice que los discípulos "se maravillaron de que hablaba con UNA mujer" (Jn. 4:27, RV60). Ella tiene todo en contra: mujer, samaritana, sin marido, apartada -buscaba agua sola, a la mitad del día- pero a ella le dice con una claridad pasmosa: "Yo soy [el Mesías], el que habla contigo" (Jn. 4:27, RV60). Se acerca a ella, la escucha, y a una invisible revela lo más maravilloso de su mensaje, la naturaleza de su ministerio.

Tiempo después, Jesús entra en su centro de operaciones de su ministerio galileo: Capernaum. Cerca de allí vivía un centurión romano, extranjero, del imperio opresor. Es cierto que era converso y piadoso con los judíos, pero eso no implicaba que su posición particular en el ejército fuera ignorada por los demás. Por eso los ancianos judíos enviados tratan de persuadir a Jesús al comienzo diciendo que "ama a la nación y edificó una sinagoga para nosotros" (Lc. 7:5). Extranjero, finalmente, no tenía voz por sí mismo. Jesús va, y ocurre un evento de fe maravilloso, tanto que exclama que ni siquiera entre los hijos de Israel había encontrado tanta fe (Lc. 7:9). Un extranjero, fuera del perímetro del pueblo de Dios, recibe la atención de Jesús y una sanidad excepcional.

Pero no fue la única historia con un extranjero. Hay una más, igual de impactante. Jesús estaba por Tiro y Sidón, tierras norteñas fuera de Palestina. Se le acerca una cananea, extranjera, mujer, invisible. Ella lo sigue, grita, ruega por la sanación de su hija. Debió ser un escándalo tremendo ya que los discípulos llegaron a pedirle a Jesús que, por favor, le conceda el milagro, "que viene gritando detrás de nosotros" (Mt. 15:23 BJ). Esta mujer no era conversa -en contraste con el centurión-, era pagana, por eso el uso del término "perrillos" del v.26 (los judíos llamaban perros a los paganos y Jesús lo usa en esta ocasión), pero luego, de nuevo lo sorprendente: las muros existen, pero pueden ser franqueados, así seas extranjera, adoradora de otros dioses, mujer, escandalosa. El milagro le fue dado.

Quizá el desprecio que sentían los judíos por los extranjeros se intensificaba cuando alguien del propio pueblo decidía servir al imperio romano. Los publicanos eran lo más selecto en esta categoría del menosprecio. Jesús había sido provocador al elegir a un ex-publicano como Mateo en su grupo íntimo de doce discípulos, pero eso no era todo. Ya casi al final de su ministerio, Jesús hace su viaje ulterior a Judea y va a Jericó. Allí, las multitudes usuales, que clamaban por su cercanía. Entre ellos, Zaqueo, jefe de los publicanos, la concentración del vilipendio. A ese rico, pero marginal, Jesús le dice: "... conviene que hoy me quede yo en tu casa" (Lc. 19:5 BJ). Por supuesto, de inmediato llegaron los murmullos y la desaprobación general (Lc. 19:7) pero de inmediato las palabras del Maestro fueron categóricas: Él ha venido a salvar lo que está perdido (Lc. 19:10). Lo perdido, a veces, está en esa condición por la propia presión de los salvos, del pueblo de Dios. Sí, para ellos también es la salvación. Dios también puede quedarse en la casa de esos que están en los márgenes.

Habían otros invisibles. Están, por ejemplo, los niños, que al ser traídos ante Jesús son tratados al margen y los trataron de poner a un lado los discípulos. Seguro había gente más importante a la cual atender. Pero Jesús no entiende eso, Él dice: "dejen a los niños que vengan a mí, porque de los que son como niños es el reino de Dios". Aplastante esta sentencia. También está la mujer con el flujo de sangre por doce años, por lo tanto, ceremonialmente impura (Lv. 15:25) y con una poderosa imagen de pecado (Ez. 36:17). Tan sólo el tacto hacía impuros a los demás, y a pesar de eso, y seguramente muy cubierta, se mete en la multitud para buscar el milagro. Toca a Jesús esta pecadora, esta apartada, esta invisible, y lo hace impuro. Por eso su temor y temblor (Lc. 8:47) al declarar lo que había hecho. Estaba en falta evidente, pero Jesús le dice: "tu fe te ha salvado, ve en paz". La fe y la misericordia por encima de nuestras barreras.

O la historia de la sanación del leproso (Mt. 8:1-4), tras el sermón del monte, cuando a pesar de que sería impuro, él toca al leproso que estaba de rodillas ante él, y lo sana. Un leproso era un apartado, un paria, un muerto viviente (Num. 12:12), su condición está vinculada a una condición pecaminosa que resaltaba con la pureza que tenía que tener el pueblo, tenía que vivir fuera de los pueblos y sin contacto con el resto de la gente. Las reglas con ellos eran estrictas (ver Levítico 13) pero Jesús lo toca. Lo dignifica, lo regresa a la comunidad, lo vuelve visible.

¿Qué nos queda entonces? ¿Qué hacemos? Siempre pienso que debemos recurrir a ese caso de misericordia máxima: el pasaje agregado juanino de Jesús y la mujer adúltera. Allí, Él, único con el derecho de apedrearla, queda solo ante ella, y en lugar de ejecutar el juicio da su sentencia: "yo tampoco te condeno. Ve y no peques más" (Juan 8:11).

Jesús les dio voz a los invisibles. Les dio su escucha, su revelación, sus milagros. Al pagano, al extranjero, a la mujer, a los niños. Sin embargo, hoy tenemos piedras en nuestras manos listos para apedrear al invisible de nuestros tiempos, al que consideramos como pecador, como indigno de nuestra aparente santidad. Nos creemos con derecho de ello, nos arrogamos la potestad de ser los poseedores del llamado divino, arriando banderas aparentemente justas pero lastimosamente nuestro móvil está lejos del amor cristiano, olvidando de algo que Jesús repitió varias veces: misericordia quiero, no sacrificios (Mt. 9:13, Mt. 12;7, ambos inspirados en Os. 6:6). Que la misericordia ante todos sea lo que mande nuestro andar por la tierra, antes que el juicio, acogiendo siempre a los invisibles del mundo.


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-RV60: Reina Valera 1960
-BJ: Biblia de Jerusalén
-Fuente de imagen: http://bibliadenavarra.blogspot.pe/2011/03/jesus-habla-con-la-samaritana-jn-45-42.html

miércoles, 25 de enero de 2017

La raíz de todo

Hace unos días leí que los colectivos #conmishijosnotemetas comenzarían a manifestarse buscando que se elimine de los documentos oficiales toda mención a la palabra “género”, cambiándola por “sexo”, enfatizando que no solo es una cuestión semántica sino que la propuesta busca algo más profundo: la eliminación de la ideología implícita en las normas y manuales del gobierno peruano que busca -según ellos- dañar a los niños. Es una cuestión compleja cuando llevamos años orientando ciertas políticas públicas desde la teoría de género aunque todo puede cambiarse, por supuesto, y más cuando el presidente quiere minimizar sus problemas ante la ola verdeamarilla llamada Odebrecht que se le viene y que probablemente lo revuelque sin piedad.

“Hay que ir a las razones de fondo de esta oposición” me decía una buena amiga. Ella centra las cosas en el fuerte machismo que impera en la sociedad peruana y, por supuesto, también en las iglesias. Es algo que desde pequeño se nos impregna a todos, haciendo que tengamos un terror enorme de tendencias que salgan fuera de los estereotipos machistas. Se nos enseña a ver lo diferente con recelo y a hacer mofa de eso. Vemos todos los días las consecuencias de la violencia doméstica, mujeres muertas por parejas o ex-parejas que no soportaron que ellas decidan terminar sus relaciones o poner un alto a los abusos. Ya estamos habituados a las noticias en la prensa, y las cosas son similares en la iglesia, donde muchas mujeres son alentadas a “soportar” los golpes de los esposos, a orar por un cambio de actitud, a “luchar” por la familia. Un triste estudio mostró una realidad dramática que muestra lo duro de la situación en el mundo evangélico. Sí, el machismo es un problema, que se agrava en las iglesias cuando tenemos una lectura literal de la Biblia, la cual fue escrita desde una perspectiva patriarcal y en una época patriarcal (y no hay otra opción porque es hija de su tiempo) y también interpretada desde una hermenéutica patriarcal: mucha de nuestra teología es formada en los siglos XVIII y XIX.

Considero que el machismo es una dificultad. Pero creo que existe un problema más de fondo en las iglesias, que es desde donde nace mucha de la virulencia del enorme y tenso debate actual: el sexo. Arrastramos viejos prejuicios que vienen desde hace cientos de años. No sabemos qué hacer. Todo es culpa: una emisión nocturna, masturbarse, disfrutar del sexo, ver un desnudo en una película, todo, todo está inmerso en la culpa. Tanto es así que tenemos serias dificultades de enfrentarnos al sexo opuesto. ¿Imaginan, en ese contexto, el enfrentarse a alguien con una orientación distinta? Nos rebasa. El sexo es algo que no se sabe manejar, de lo que se habla muy poco salvo incentivar la castidad hasta el matrimonio, y mucho menos en iglesias de corte más conservador. ¡La educación sexual en muchas iglesias es un desastre!


El sexo es la raíz de todo. Provoca el miedo que nos mueve, y como es así ya vamos perdidos. Primero, enfrentemos nuestros temores. Luego ya orientemos nuestra voz. 

miércoles, 11 de enero de 2017

La agresividad, ¿nuevo valor cristiano?

Lima está en ebullición por la discusión sobre la igualdad de género. Muchos grupos de corte eclesial se están manifestando haciendo sentir su opinión respecto al tema, utilizando el cliché “ideología de género”, de la misma forma que en otros países, para oponerse a ciertas políticas educativas que el gobierno quiere implantar en la educación básica peruana. La cantidad de desinformación que he podido percibir es brutal. Pocos entienden la materia que se discute: es la post-verdad en su máxima expresión.

Ha llegado la confluencia de posiciones antagónicas. El gran problema es que una gran parte de la iglesia evangélica no está acostumbrada a dialogar con el otro, con el diferente, sino más bien que está habituada al diálogo vertical y sumiso. El pastor o el líder determina, dice qué hacer; la iglesia o la teología implícita marca qué es lo correcto. Para agravar la situación, existe en la cabeza de muchos evangélicos la dualidad mundo-iglesia, en donde el mundo está condenado, basados en la teología construida por el apóstol Pablo y afianzada por el fundamentalismo cristiano. ¿Cómo dialogar con alguien que es un pecador y se irá al infierno? Si ni siquiera podemos dialogar con lo que piensan distinto dentro de la Iglesia, que es hermano nuestro, ¿podré realmente hablar con alguien a quien considero en la práctica un inferior? Otra cuestión es lo que un amigo me decía por la mañana: el pueblo evangélico está muy acostumbrado a espiritualizar la realidad, en la cual el que no cree en Cristo es un potencial instrumento de Satanás, y es nuestro antagonista porque nosotros somos luz, y es a la luz a donde ha venido la revelación. ¿Dialogar con las tinieblas? No hay manera, a las tinieblas hay que reprenderlas porque estamos en una literal lucha contra sus huestes. ¿Dialogo? En esta perspectiva se hace mucho más difícil.

Es tremendo esto. Porque el gran crecimiento numérico de la iglesia evangélica y su evidente manifestación en las calles muestra un notorio empoderamiento. Ya no nos restringimos a las cuatro paredes de la iglesia, sino que ahora salimos, y nos manifestamos con la seguridad de poseer la verdad. Pero hay un problema: el empoderamiento está denotando una gran agresividad en muchos evangélicos. Las redes están llenas de insultos contra todo aquel que piense distinto, que sea el antagonista. Es, a fin de cuentas, la caída en la tentación del monte alto, del poder, y la caída en ella está clara en la actitud del dominio sobre el otro que no nos gusta, en el intento de aplastarlo. La agresividad parece haberse convertido en un valor nuevo del cual se nutren héroes de la fe del siglo XXI que pelean en las redes y en las calles por el cristianismo.

¿Cómo salimos de este nudo? Apelo al espíritu de los 500 años de la reforma de Lutero, que buscaba volver a los valores de Jesús. El que lee entienda.

lunes, 4 de agosto de 2014

La teología que empodera

Hace tiempo que observo con atención este nuevo escenario de la iglesia evangélica, que ha pasado de un rechazo casi patológico al mundo, a no involucrarse con él en lo absoluto, al predominio de teologías escapistas que esperan el arrebatamiento y la segunda venida (y, claro está, el privilegio de las actividades evangelísticas como único contacto con el mundo), a esta situación actual en donde muchos pastores y creyentes entran en política de manera visible. ¿Qué cambió en estos pocos años? ¿Qué explica esta mutación radical de la manera en que la iglesia ve al "mundo"? ¿Cómo así llegamos a tener una Primera Ministra evangélica en el Perú? En la página “Teología Feminista” de Facebook, encontré este excelente texto de la teóloga paraguaya Esther Baruja, quien reflexiona sobre la relación entre la teología de la prosperidad y la participación de los evangélicos en la política. Dice ella:

"Muchos pastores a lo largo de Latinoamérica han incursionado en la política y hasta han creado partidos políticos. En el Brasil por ejemplo hasta tienen bancada parlamentaria. Si van a sus iglesias escucharan sermones relacionados con el éxito y la prosperidad material que los "hijos de dios" merecen. Según esta teología, estas bendiciones vienen en premio a la obediencia. Obediencia a las reglas y a las interpretaciones dogmáticas de cada grupo. Entonces la obediencia es a la denominación, principalmente, y no a "dios" ya que las interpretaciones varían. Aunque se crea presión, miedo, y luego culpa si no se obedece. La explicación de la existencia de la pobreza, desde esta teología, es por la desobediencia y el alejamiento de "dios" de los infieles. No existe una reflexión sobre las estructuras sistémicas de opresión que van más allá de cumplir preceptos religiosos. El ir los domingos a las reuniones, diezmar puntualmente, asistir a conciertos de alabanzas y promover la idea del sexo como lo peor que pasó a la humanidad que sólo se redime con matrimonio heteronormativo son motivos para que "dios" "bendiga grandemente" a una nación.

La nación, sea cual sea el país en donde se encuentre el pastor en cuestión, será "cabeza y no cola", será "lumbrera para todas las otras naciones" y el pueblo prosperará de una manera inimaginable. Estos mensajes se repiten en todas las iglesias de todos los países que tienen este tipo de denominaciones de la teología de la prosperidad.

Siguiendo estas ideas los pastores entran a la arena política, con miles de seguidores ya influenciados con este sueño de partido teocrático, con la certeza de que "dios" debe dirigir el país con la "mayordomía" de estos "siervos", a los que no hay que criticar por cierto. En este escenario es fácil ver [por ejemplo, en Paraguay] como Arnoldo Wiens, pastor menonita, logró ser senador por el Partido Colorado, y ahora su hijo Esteban [está postulando a] un puesto en la intendencia de Ciudad del Este.

Quizá pueda haber comparación entre la elección de Lugo y Wiens. Pero creo que la [teología] católica y la evangélica de la prosperidad [crean] mentalidades diferentes. La primera es más sobre la esperanza hacia un caudillo, que por ser religioso, sea más justo. En el segundo caso es sobre poder, sobre crear una teocracia, sobre "exigir los derechos de príncipes por ser hijos del rey de reyes". El liderazgo político de los evangélicos que siguen esta teología, raya en lo mesiánico”

Yo no sé si por la teología de la prosperidad venga la explicación completa de estos cambios profundos, pero si creo que tiene influencia en todo esto. Esta teología es muy criticada por muchos de sus énfasis, pero si ella es parte responsable de este viraje, lo interpretaría como cosa positiva: sin quererlo directamente, empoderó a los fieles y los empujó fuera de las cuatro paredes de las iglesias. Solo espero que en el futuro no hayan más casos como los de Efraín Ríos Montt, o el de funcionarios menores vinculados a la corrupción generalizada de nuestros países, pero soy poco optimista al respecto.

sábado, 5 de enero de 2013

Integralidad N°12




Les presento la edición N° 12 de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Exilio que no es exilio

Nicolás Panotto acaba de escribir un texto en su blog sobre los cuestionamientos hacia las personas que hacen teología desde el exilio, esto es, fuera del cobijo de la iglesia tradicional. Desde que supe que reflexionaría sobre eso en Facebook, me interesé en su escrito de una manera intensa. La razón es evidente: hablaría de mí, alguien que asistió a una iglesia por dieciséis años, sirviendo activamente por más de la mitad de ese tiempo, y que demoró cinco larguísimos años en tomar la decisión de abandonar las paredes del templo a pesar de que la situación dentro era, en verdad, un real desastre, un conflicto abierto e inmisericorde que había dejado en el camino muchos muertos y heridos; yo, entre ellos. 

Recuerdo cuando hice unas pocas lecturas sobre las experiencias de muchos cristianos que, por una razón u otra, decidieron vivir sin la iglesia. Poco a poco observé el fenómeno con más atención, en paralelo a los tiempos de convulsión y enfrentamiento que vivía con el clero de mi iglesia local; no obstante eso, no consideraba la idea de dejar la iglesia. Tenía mis serios rechazos a cristianos independientes, lo reconozco hoy. No podía comprender cómo una persona fuera del fuego de un templo, podría reflexionar, enseñar, tener comunión con un Dios que dejó una enseñanza expresa respecto al congregarnos. No lo lograba entender. Tenía los paradigmas eclesiales aún incrustados en la cabeza. 

Un día llegué un punto en que no pude más. Luego de un tiempo en que, en la práctica, faltaba más domingos de los que asistía, dejé de jugar al visitante ocasional cortando completamente los lazos. Estaba fuera. Sin intenciones de volver. Auto-expulsado. Sin embargo, aún me interesaban los temas teológicos, aún me interesaba Dios, como cuando era niño y pedí con toda la inocencia de mis diez años por un imposible que al día siguiente por la tarde me fue increíblemente concedido. Me sentía aún cristiano, aunque no de la misma forma en que lo era diez años atrás. Las palabras de algunos amigos –orientados hacia afuera- se hicieron más relevantes. Aunque siempre me fue claro que es fundamental vivir en relación con otros cristianos, descubrí, con estupor y maravilla al mismo tiempo, que no necesariamente la iglesia es sinónimo de comunidad. Que la comunidad de fe puede encontrarse en lugares inimaginables, y que uno puede construir el reino de Dios fuera de los usuales convencionalismos: campañas, prédicas y retiros. Hay mucho más que eso. La cosa es que nos demos cuenta. 

Decidí salir para detener el daño, para evitar profundizar más las heridas, para curarlas. Afuera, sin necesidad de encontrar congregación nueva (el requerimiento de mucha gente, que me lo hacía saber con frecuencia) encontré una comunidad de verdad. Un lugar de apoyo desde donde la fe podía, a pesar de lo aplastante de la oposición de tantas cosas que este mundo tiene, ser cobijada. Esa comunidad, de una u otra forma, es sostén de la vida, del espíritu y el alma, convirtiendo el exilio en no-exilio. Esa comunidad me acoge desde Lima pero también de otros lugares, con gente que con el tiempo se ha hecho muy cercana. Junto a esta comunidad, en la que cada uno mantiene sus propias dinámicas en sus particulares espacios, he podido avanzar en la labor de hacer teología desde el camino y no desde el balcón. Se puede hacer. Y me atrevería a decir que se debe hacer, sin falta. En esos espacios también Dios se manifiesta.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Una mirada a los riesgos subyacentes del crecimiento eclesial

viernes, 29 de julio de 2011

Lo mismo de siempre

Hace unas semanas inicié una secuencia de entrevistas con muchas personas vinculadas al ambiente evangélico, investigando sobre una serie de temas sobre los cuales pretendo escribir si las circunstancias lo permiten en los próximos meses: el papel evangélico en el fujimorismo primigenio de 1990, la actuación del CONEP y de iglesias locales y denominaciones hacia los delitos del fujimorato, la fundación del partido político semi-confesional Restauración Nacional, la fundación de UNICEP, y el tedeum bardalista. Ante la amplitud de los temas, decidí comenzar con el tedeum, quizá lo más contextual en el horizonte de un julio de cambio de mando. Además, hay muy poco escrito al respecto y abundantes cuestiones por aclarar. Y digo aclarar porque es una práctica muy común, de muchos miembros del alto liderazgo evangélico, el hacer cosas sin pensar en su efecto en los demás, de tomar decisiones zurrándose en lo que otros puedan pensar. De aquí, como pueden suponer, han nacido gruesos malentendidos; las grietas se han profundizado; la unidad, bien gracias, sólo va para el discurso.

La investigación está incompleta porque se me vino encima la maestría en finanzas, postergando un poco la secuencia de entrevistas que tuve. Además, aún me falta conversar con personajes claves en la organización del tedeum evangélico. Espero que ese artículo esté listo pronto; sin embargo, hay cosas que trascienden y que sí puedo ir comentando a pesar de que aún no tengo todos los cabos atados. En especial por los dimes y diretes que se han dado por estos días a raíz del tedeum 2011.

Hay la sensación generalizada de que el tedeum es un emprendimiento personal del pastor Miguel Bardales, que él organizó al margen de las organizaciones representativas de los evangélicos que hoy existen (léase CONEP y UNICEP). La inscripción ante Registros Públicos del Ministerio de Acción de Gracias donde él, junto a un pastor más, y las esposas de ambos figuran como miembros del consejo directivo, apunta en este sentido. Muchos creen que trató de mostrarse como un pastor importante ante la opinión pública, aprovechándose de algunos vínculos con Alan García y el fujimorismo. Por lo tanto, hay motivos para pensar en una personalización del evento. ¿Bueno o malo? La personalización es algo muy frecuente en los ambientes evangélicos, una de nuestras características negativas que más nos identifican. Por lo tanto, que Bardales haya hecho esto no sorprende en lo absoluto. Praxis le llaman.

Ahora, CONEP y UNICEP iniciaron gestiones para hacer otro tedeum hace poco, de forma independiente. Evidentemente, surge el conflicto con los organizadores del tedeum original. Se dice que Miguel Bardales buscó contactos con el gobierno entrante para continuar con la organización del tedeum, se dice que él se mostró como representante de todos los evangélicos ante ciertas instancias gubernamentales (esto es perfectamente posible ya que una de las intenciones de este Ministerio de Acción de Gracias es la de “representar a las iglesias evangélicas ante las autoridades políticas, militares y civiles, entidades públicas y privadas en el país y en el extranjero”), se comenta que se buscó una organización única del evento, pero como tantísimas otras veces la intransigencia se hizo presente, los acuerdos se hicieron imposibles (no en vano la atomicidad nos caracteriza), no se llegó a nada y el tedeum se hará pero muy cuestionado. Hasta comunicados irregulares circularon por allí. ¡Una vergüenza! Es triste que, en contra de lo esperado, los conflictos de poder sean idénticos a los de cualquier otro ámbito. Se pensaría que en la política pastoral-eclesial sean las enseñanzas del Maestro las que predominen sobre los beneficios y deseos personales, pero la realidad nos da una cachetada. Como ya he dicho en otros posts, es lo mismo de siempre.

domingo, 17 de julio de 2011

Unidad en serio

Cuando tenia menos años de edad pensaba que era un real escandalo que la cristiandad esté partida en miles de pedazos independientes entre sí. Me dolian las peleas, las guerras, los desplantes que unos cristianos le hacian a otros, las mutuas acusaciones de herejia, las excomuniones de un lado al otro. Claro esta, tambien pensaba que mi lado de la cristiandad (para dar una idea, ese lado podría definirse como el cristiano evangelico no pentecostal de transfondo conservador) era el que tenia las ideas correctas, las perspectivas mas sanas. Por lo tanto, de manera indirecta  pensaba que la unidad de la iglesia significaba que los demas debian converger al punto de vista de mi rincón eclesial.

Poco a poco me fui dando cuenta que muchos de los diferendos eran -con frecuencia- simples cuestiones de prejuicios y que, en realidad, la propia naturaleza humana permite una multitud de acercamientos a una misma cosa: la diversidad, por lo tanto, es inevitable, natural, en particular en aspectos eclesiales-teológicos. Por lo tanto, ante ese escenario, lo fundamental era el dialogo, la capacidad de lograr acuerdos, y la aceptación de la existencia del diferendo. Me di cuenta, también, que mi propia perspectiva era fruto de muy diversos factores, no necesariamente superiores a los de los demás, que creían lo que creían por muy distintas razones, que si yo hubiera nacido en sus zapatos sería como ellos. Los otros podrían aprender de mi y yo de ellos; se eliminaron gradualmente las ínfulas de control y superioridad que mi tendencia fundamentalista me había inoculado. Llegó el esfuerzo por entender al otro, por aceptarlo a pesar de que no estaba de acuerdo con sus puntos de vista, la posibilidad de hacer comunidad con el distinto. Harto difícil.
Mi entendimiento de la unidad cambió. Se convirtió de la imposición de la posición "correcta" a martillazos -de ser necesario- al intento conciente de la mejor convivencia, sin importar la actitud del otro que puede rechazarme o tiene actitudes-estilos-de-vida que simplemente son la antípoda de mi visión de la existencia, provocando el no-dialogo. Este intento es algo que, sinceramente, aún no aprendo y quizá no acabe de hacerlo nunca, pero apunto en ese sentido. Es una especie de política personal. 

Me es claro que la unidad impuesta no funciona, pero muchos no están de acuerdo. Si mi visión de la unidad es sacar de en medio a quien tiene distintas perspectivas, con el fin de dejar sólo a los que creemos lo mismo, ¿de qué unidad estamos hablando? Si mi visión de la unidad es conspirar contra los demás con un complejo de salvador de la iglesia, para separar el trigo de la vil cizaña, ¿de qué unidad hablamos? Si quiero que la iglesia dialogue y ande junta en pos de colaborar de la forma más óptima con la misión de Dios, pero lo hago marginando a los demás, ¿es esto unidad?

No es unidad. Es solo un discurso, una declaración de intenciones. La unidad de verdad es inclusiva, amorosa, pastoral. Busca el latido de los demás, y lo sincroniza con nuestros corazones. Conversa, busca acuerdos, convive con el otro. Bueno, al menos lo intenta: la intransigencia -propia o ajena- a veces es cruel y no permite nada de esto. Por eso, si de verdad queremos unir a la iglesia, debemos asumir que el camino es largo y doloroso. No me refiero a la fusión de las estructuras organizacionales, por ejemplo el adosamiento a una de las iglesias representativas, como la Iglesia Católica. Me refiero a la unión espiritual de la que mucho se habla pero de la que poco se ve: la que implica que todos los cristianos nos consideremos hermanos a pesar de nuestras específicas confesiones, algo en teoría más sencillo. La via crucis de la unidad implica tener plenamente controlada a la tentación del poder y del control del prójimo. Puede significar ceder mi voluntad, o aceptar las ideas de otro. Implica tener oídos prestos a escuchar y un corazón sensible a la necesidad. Requiere persuadir con argumentos válidos. Necesita evitar la manipulación y el uso de la gente para nuestro propio beneficio. Implica la inexistencia de dobles discursos. Se basa en un alma conectada con la voz de Dios, que nos alumbra el camino: buscar a Dios con el otro es parte de la agenda. Tristemente, lo que nos sale de nuestra humanidad es lo opuesto: por ello estamos tan distantes de aquella oración que pedía que "seamos uno". Quizá un día las cosas cambien; por ahora, andamos lejos de ese ideal.

sábado, 25 de junio de 2011

Son mi prójimo

Nadie lo habla. Nadie ha sabido de ningún caso en sus congregaciones. Si juego un poco con algunas estadísticas, en el Perú hay la misma cantidad de homosexuales y de evangélicos, y son subconjuntos con escasa intersección. Por supuesto, si la opinión generalizada de las autoridades eclesiales apunta a condenar la práctica, a arrinconar al homosexual al celibato obligado, a colocarle más candados a su closet, es evidente el por qué son pocos los homosexuales evangélicos. No parece ser una alternativa razonable de un espacio de desarrollo de su espiritualidad.

Yo anduve muchos años en una congregación de corte conservador, de mediano tamaño. Nunca supe de alguien que tuviera inclinaciones homosexuales. Es curioso, porque sin importar que la iglesia considerase como un pecado a la homosexualidad, a la manera del alcoholismo o la drogadicción, sí conocí a través de los años a algunos alcohólicos o drogadictos en recuperación. Por ahí se sabía de alguien que peleaba con la ludopatía u otro que sufría de algún otro problema importante, pero de homosexualidad, nada. O no había ninguno, o simplemente los pastores no querían que la congregación sepa o la presión era tan fuerte que los homosexuales cristianos ni siquiera se atrevían a hablar del asunto. Con los años me di cuenta que la respuesta iba por el segundo lado o tercer lado.

La iglesia es inmadura y no puede aceptar a homosexuales “convertidos”, podían decir algunos, pero la propia teología armada de unos cuantos versículos bíblicos, algunos muy antiguos y de etapas que rayan con la mitología, es endeble y sumamente ofensiva; por eso algunos, toman de manera cuidadosa los textos para su interpretación, y encuentran otros significados, incluso distintos a los de los teólogos homosexuales. Otros cristianos refuerzan su postura en lo que escribió el apóstol Pablo y desde allí tienen argumentos para rechazar a los homosexuales de manera radical. Concluyen que son depravados y llenos de pecado. Por ello el afán por curarlos y los risibles métodos que a veces se utilizan en ciertos entornos. Hay testimonios que en internet se pueden leer con facilidad, pero siempre dan la impresión de que son excepciones y no reglas. Es curioso, pero normalmente los que conocen de manera cercana a un homosexual son menos radicales en sus conclusiones que aquellos cristianos que nunca han tratado cercanamente a uno.

Esa actitud ofensiva siempre me pareció extraña. La agresividad no es una virtud cristiana, pero en realidad así es como se han dado las cosas. Con cierta base bíblica y una particular interpretación han apartado con saña a personas que igual son creación e imagen de Dios, marginándolas a la miseria espiritual. Algunos de ellos tienen deseos serios de conocer a Dios, pero hay pocas oportunidades de hacer comunidad con la iglesia de Cristo si las puertas se cierran en sus narices.

¿Qué aproximación bíblica es la correcta? Si somos sinceros y honestos, debemos decir que no hay respuesta sencilla. En una página no pretendo dar una solución. No se puede. Ante esta complejidad, queda siempre privilegiar los dichos de Cristo para podremos encontrar luces, a manera de clave hermenéutica. Y lo que se nos enseña, con insistencia, con prioridad en los evangelios, es la ley del prójimo. La parábola del buen samaritano es tan gráfica que no queda dudas de quién es el prójimo, y con eso en mente, deberemos reconocer la posición de un homosexual. Por lo tanto, antes de acercarnos a la casuística desde el punto de vista teológico-condenatorio, hay un punto de partida que Jesucristo nos enseñó: debemos aproximarnos pensando que ellos son nuestro prójimo. Con eso en mente podemos teologizar e, inclusive, hacer la pastoral. Inclusive si nuestra conclusión es condenatoria desde el lado de la práctica, la misericordia vencerá al espíritu de las cruzadas que a veces nos invade.