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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Inevitable obsolescencia

Supongamos la existencia de una realidad “R”. “R” está afectada por una serie de variables “X” en una relación de causalidad directa. Imaginemos que son tres mil las variables “X” que determinan la realidad “R”. Es decir: 

 
No tenemos idea de la ecuación exacta que relaciona las tres mil variables “X” con la realidad “R”. Jamás lo sabremos porque es imposible de determinar. Sin embargo, tenemos la necesidad de interpretar a “R”, de explicarla, de entenderla. Por eso, podemos hacer simplificaciones y tomar, en lugar de las tres mil variables “X”, solo tres o cuatro de ellas -cantidad de variables más manejable para nuestro intelecto limitado-, las más importantes a nuestro parecer, y con ellas establecer relaciones de causalidad. Por ejemplo, tendríamos lo siguiente: 

 
Son miles de posibilidades, y cada analista de la realidad puede tomar diferentes alternativas. La combinatoria es grande, y aunque es un número que puede calcularse, no es relevante para el propósito de este pequeño post. Lo que debemos tener en cuenta es que relacionamos a “R” con dos sets distintos pero limitados de variables “X”, ya no con las enormes tres mil variables apabullantes. Sin embargo, aparece un problema: yo no sé cómo se determina la relación entre las limitadas variables “X” y la realidad “R”. Se me ocurren las siguientes maneras a manera de ejemplo: 


Tendré miles posibles ecuaciones que intentan explicar “R”. Cada una de ellas es un modelo, esto es, una aproximación de la realidad. Dicho de una manera un poquito diferente, el resultado de mis ecuaciones será una simplificación, un modelo que tratará de explicar el funcionamiento de la realidad “R” de manera aproximada. Mis modelos jamás lograrán explicar a plenitud “R”, y esto es así porque no considero todas las variables. Siempre será lo siguiente, para cualquier modelo: 


Existirá una tendencia del modelo a la realidad, pero no llegaremos a ella. Ahora, imaginemos que nuestro set de variables es el siguiente: 


Las cuales son modelizadas de la siguiente manera: 


Supongamos que este modelo explica muy bien la realidad. Digamos que en un 95%. Somos felices con nuestro nivel de interpretación de “R”. Ahora imaginemos que la realidad “R” es dinámica, esto es, que las tres mil variables cambian en el tiempo, que las que eran importantes antes ya no lo son ahora, que las que antes eran despreciables ahora son relevantes, o que variables desconocidas aparezcan por modificaciones en el entorno. Digamos que estos cambios afectan a nuestro modelo, y dos de nuestras tres variables se hacen irrelevantes, y una de ellas sirve poco en el nuevo escenario. El poder de explicación del modelo ha bajado, digamos que a un 20%. El modelo ya no sirve, y debe ser reemplazado completamente, o quizá solo ajustado. Esto quiere decir que los modelos se hacen obsoletos, y tienen que ser cambiados cuando las variables “X” que explican a la realidad “R” son dinámicas, y cambian continuamente. Creo que no vale la pena explicar el hecho de que nuestro mundo es ferozmente dinámico. 

En resumen, podemos decir que: 

(1) Para explicar la realidad “R”, hago simplificaciones y solo tomo algunos aspectos relevantes de ella, descartando los demás. 

(2) Mis explicaciones, dependiendo de su nivel de complejidad, pueden ser simples opiniones o puntos de vista, pero pueden llegar a ser modelos o doctrinas sumamente elaboradas. 

(3) Estas explicaciones serán siempre aproximaciones a la realidad “R”. No pueden pretender abarcarlo todo por su origen simplicador. Nunca una explicación toma todas las variables. Pretender abarcarlo todo, explicando toda la realidad “R” con un modelo o doctrina, es un error serio. 

(4)La realidad es dinámica. Lo que antes era significativo, ahora no importa. Lo que hoy es fundamental, ayer no existía. 

(5) El hecho de que la realidad sea dinámica, significa que nuestras opiniones o puntos de vista, o nuestros modelos o doctrinas, se hacen obsoletos. Por lo tanto, deben formarse nuevas opiniones y puntos de vista, y deben hacerse nuevos modelos y doctrinas. Insistir con un modelo que puede ser caduco, es un error serio. 

“R” puede ser múltiples cosas. Puede ser, por ejemplo, las relaciones económicas. Las aproximaciones pueden ser, por ejemplo, teorías económicas como el neo-keynesianismo, la teoría neoclásica, el monetarismo, el marginalismo, el liberalismo o el marxismo. Todas, aproximaciones particulares de la realidad, todas simplificaciones, todas sujetas a la obsolescencia inevitable. “R” también puede ser la realidad teológica, y encontraremos la misma lógica: aproximaciones a la Divinidad que, inevitablemente, se harán obsoletas. Por eso, y como lección final, no se puede asumir un modelo o doctrina expuesta a la obsolescencia como un gemelo, un equivalente a una realidad dinámica. Mucho menos endiosarla. Eso ya es casi irracional, aunque, tristemente, es un mal generalizado.

jueves, 12 de marzo de 2009

Añorando otros tiempos

Una realidad ineludible es que los problemas en la historia van cambiando. Lo que ayer nos preocupaba hoy es baladí; lo que en la época de nuestros bisabuelos era la comidilla en las tertulias de los bares y fondas, hoy no merece ni siquiera el recuerdo en nuestras conversaciones vía chat. Bien dicen, aplicado a la ética, que "cada siglo elabora su ética y no puede conformarse con la repetición de un modelo de ética anterior, precisamente porque las éticas –y las éticas de la responsabilidad- se ocupan de los problemas que se van planteando en las diferentes realidades de nuestra Historia. Lo que es peor, nos sorprenden las crisis mundiales y personales, los puntos cumbres de los problemas, siempre semidesnudos de una ética que nos haga responsables, que nos componga aptos para responder ante sus demandas.

Parece una obviedad, pero no estoy segura de que entre cristianos se sepan de un modo acabado: Los problemas del siglo 1, del siglo 2, del siglo 3, del siglo 4, 5, 6, 7… son distintos a los problemas que surgieron –o que generamos- en otros siglos. No se puede ser responsable ante un problema planteado en el siglo 21 confrontándolo con la ética de la responsabilidad del siglo 19.


Son distintos los problemas y, en consecuencia, las éticas deben ser distintas.

Si esto no es así, nos creeremos muy responsables aplicando las éticas del siglo 16 a nuestro tiempo, pero en realidad seremos –y somos- unos completos irresponsables, porque con nuestro sistema de regurgitación de santidades no estamos siendo consecuentes con la interpelación que se nos presenta
"

Tan igual es con la teología. Les cuesta muchísimo a los cristianos admitir que el pensamiento teológico es hijo de su tiempo, que surge en respuesta a retos específicos que aparecieron en un momento determinado, que quizá los esquemas que marcan su vida pueden ser obsoletos. No comprenden que cada época configura modelos de demostración de la existencia de Dios, distantas escatologías, enfoques distintos de la cristología, eclesiologías novedosas. Piensan que el brillante modelo hecho por un teólogo de los tiempos renacentistas es casi palabra divina, casi como si fuera la propia Biblia. Y así y todo les parece repulsiva la Tradición de los católicos.
Les planteas algo distinto, y se les sale el complejo del inquisidor. No toman en cuenta que el caminar del pensamiento y la forma de vivir la vida cristiana es un flujo permanente, que responde al alma de la gente. Lo que hoy llena nuestro ser, mañana puede ser subalterno. Y las explicaciones que tratan de responder a las preguntas básicas se tienen que actualizar.
Estos hijos de Torquemada añoran profundamente el pasado. Los daguerrotipos. El excremento de los caballos en cada esquina. Los tiempos seguros en que la verdad era sólo una y nada más que una -la de ellos, por supuesto-. Los arcabuces. Los bergantines. El machismo extremo. La peste negra. Las cacerías de brujas. Los dragones y duendes. La hogueras. Los piratas.

Que pena que el siglo XXI se los está comiendo con zapatos y todo. En vez de asumir el reto de las nuevas problemáticas, prefieren el calorcito de un genio que supo responder a su tiempo. Quizá el reto les resulta demasiado grande. Quizá se mueran de miedo. Quizá sospechan que perderían la fe en el intento.
Imagen: Ateneo Teológico

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Que un día sea realidad...


... en todas nuestras iglesias cristianas.


Cartel tomado de www.ateneoteologico.org