1. Brasil, una explicación demasiado sencilla
Se está diciendo en distintos foros y yo repetiré lo mismo en este blog: el voto evangélico no es homogéneo. Desde fuera el imaginario nos ve a los evangélicos como una fuerza casi militar que vota disciplinadamente, pero esto está alejado de la realidad, porque lo que existe es una inclinación del voto, no una obediencia cerrada. Pretenden analizar la influencia política evangélica sin tener en cuenta que la influencia política de la religión no equivale necesariamente a obedecer electoralmente al pastor. ¿De verdad los miembros de las iglesias votan mecánicamente según lo que les digan desde sus púlpitos? Los datos disponibles parecen decir que no, y los presento en la sección 5. Una pregunta distinta es si los evangélicos explican el resultado, y tal vez convenga hacer un poco de números. Según Datafolha (Correio Braziliense, 2026), Flávio Bolsonaro tenía 52% de intención de voto entre evangélicos frente a 26% de Lula. Entre católicos, Lula ganaba 50% a 32%. Según cálculos propios, si los evangélicos son cerca del 27% del electorado, entonces aportan alrededor de un tercio de los 47 puntos de Flávio, y los católicos tantos votos o más. Sin su ventaja entre los evangélicos, Lula habría terminado primero. Son parte necesaria de su coalición, no su mayoría.
Con estos datos en mente les plantearía a todos la siguiente pregunta: ¿estamos de verdad intentando comprender cómo piensan los evangélicos? Podría añadir una segunda pregunta: ¿cómo interpretamos este fenómeno desde una mirada que tome en serio lo religioso? Mi impresión es que muchos minimizan el papel de la religión en las vidas de las comunidades y en su capacidad transformadora.
2. La CIA y la expansión evangélica latinoamericana
La teoría de la CIA es una interpretación histórica que tiene muchos años y merece escrutinio. Dice que el crecimiento evangélico de América Latina sería resultado de una estrategia estadounidense diseñada para debilitar al catolicismo (en especial esa creación latinoamericana llamada teología de la liberación) o combatir la izquierda política que se encontraba en conflicto con los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX. Es verdad que la CIA investigó el fenómeno religioso en América Latina (Kissinger, 1969), pero otros documentos como el Informe Rockefeller (1969) son antecedentes que alertan sobre los movimientos católicos de base influenciados por ideas precursoras de la Teología de la Liberación que pueden convertirse en focos de potenciales revoluciones sociales, afirmación que se afianza en textos como el Documento de Santa Fe I y II (1980/1988), que defienden la necesidad de contener estas influencias teológicas. Frei Betto (2025) resalta que si bien los textos no mencionan explícitamente el apoyo a las iglesias evangélicas, la lógica subyacente es clara: la necesidad de promover formas de religiosidad anticomunistas, individualistas y apolíticas, alineadas con los valores del mundo libre capitalista.
Pongamos los puntos sobre las íes. Es verdad que el poder de las misiones dirigidas hacia América Latina era muy grande. También era cierto que había mucho financiamiento misionero, y que desde Estados Unidos las posturas eran marcadamente anticomunistas y existían convergencias geopolíticas entre muchos misioneros y los intereses del gobierno norteamericano en la región durante la Guerra Fría. Y que por supuesto sectores de la derecha religiosa estadounidense estuvieron muy interesados en combatir a la Teología de la Liberación. En la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Santo Domingo (1992), Juan Pablo II habló expresamente de una “cierta estrategia” destinada a debilitar la unidad religiosa latinoamericana y de “importantes recursos económicos” destinados a campañas proselitistas. Existen documentos vaticanos posteriores que hablaron incluso de grupos procedentes de Estados Unidos con abundantes recursos. Pero eso está muy lejos de imaginar siquiera que la CIA causó o dirigió la expansión evangélica, aunque quienes la defienden suelen invocar casos concretos, como el apoyo evangélico a Ríos Montt en Guatemala, las sospechas sobre el Instituto Lingüístico de Verano, o los televangelistas que respaldaron a la Contra. Los tres fueron episodios reales de convergencia entre misión y política exterior, pero desde ellos no se puede explicar la conversión de millones. Además, el pentecostalismo latinoamericano nació antes de la Guerra Fría. Por ejemplo, en Chile comienza en 1909, y en Brasil se marca el principio con la Congregação Cristã (1910) y las Asambleas de Dios (1911), fundadas por inmigrantes italianos y suecos. La CIA se creó recién en 1947.
David Stoll dedica buena parte de “¿América Latina se vuelve protestante?” (1990/1993) precisamente a esas interacciones entre evangelicalismo, Estados Unidos, Centroamérica, Guerra Fría y Teología de la Liberación. Su interpretación global no es la de una operación norteamericana que fabrica evangélicos, sino que habla de un despertar religioso y de una transformación mucho más compleja del campo religioso latinoamericano. Por ejemplo, crecieron más las iglesias autóctonas y peor financiadas en contraste con las denominaciones misioneras con dinero y, si hacemos una comparación, el pentecostalismo creció igual en África o en China, donde el Estado persigue a la iglesia.
Yo me hago una pregunta sincera: la existencia de intereses políticos externos, ¿basta para explicar la conversión religiosa de millones de latinoamericanos? Yo les digo que es difícil que esa intervención, dinero, intereses y utilización política de la religión por sí solas expliquen la conversión de millones de personas a la nueva fe. Esta explicación geopolítica es sumamente reduccionista y la cuestiono enfáticamente. Busquemos, entonces, por otros lados, como en la historia de las misiones, el crecimiento de las congregaciones locales, el evangelismo personal o los testimonios de conversión.
3. El poder del mensaje religioso
Hay cierto análisis político, en especial cuando mira religiones o creencias con las cuales no se está familiarizado o hay sesgos ideológicos, que parece incapaz de imaginar que alguien pueda convertirse simplemente porque ha creído. Que cree que el mensaje poderoso del diálogo entre Pablo, Silas y el carcelero de Filipos, a quien le dijeron “cree, y serás salvo tú y tu casa” (Hch. 16:31) es una frase cualquiera. No, ese mensaje lo puede cambiar todo. Parece no verse que las convicciones religiosas tienen una muy fuerte capacidad para movilizar personas, transformar conductas, y sostener compromisos extraordinarios.
Los ejemplos son múltiples. Recordemos a los primeros cristianos, que comenzaron una nueva fe desde cero, sin grandes recursos ni poder estatal durante sus primeros siglos, expandiéndose por todo el imperio romano. No era convicción política sino religiosa: la certeza de que se seguía el mandato de Dios. Algo parecido ocurrió con el proceso de difusión del budismo. Las grandes religiones han demostrado que las ideas religiosas poseen una gran capacidad autónoma de movilización. Es cierto que en distintos momentos de su historia interactúan con estados, dinero, conquistas, instituciones y la cultura, pero no pueden reducirse a ellos. Desde mi esquina cristiana podría decir que Constantino ayuda a explicar la historia posterior del cristianismo hasta nuestros días, pero Constantino no explica Pentecostés. Para el creyente cristiano Pentecostés es el poder que lo invita a ir “hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8). ¿La CIA, sola, detrás de esta expansión? No desprecien, por favor, el poder majestuoso de la religión. La gente cambia por él, predica por él, muere por él.
He mencionado Pentecostés y no debo pasar por alto a la Gran Comisión: “Por tanto, vayan, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19). El cristianismo tiene un mensaje que puede transformar a las personas y la Gran Comisión incluye un mandato explícito de Jesús para transmitirlo. Para millones de cristianos estas palabras no son una bonita metáfora ni solo una recomendación, sino que son una orden directa del Señor. Se predica porque se cree, y porque se cree se obedece. Todos quienes reciben el mensaje adquieren la responsabilidad de transmitirlo tal como lo hizo la iglesia primitiva. El relato de Hechos presenta a personas que, habiendo recibido el Espíritu Santo, anuncian públicamente a Cristo incluso frente a la oposición de las autoridades religiosas. “Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:20) era la convicción que los movía, la experiencia religiosa categórica que se convierte casi de inmediato en necesidad de comunicar. Por lo tanto, la predicación puede experimentarse no solo como una elección conveniente o que solo le corresponde al pastorado, sino como una obligación interior de cada uno de los creyentes.
Aquí no hay solamente consignas institucionales, estrategias de crecimiento o campañas de penetración cultural. Lo que existe es un mandato divino. Y cuando alguien cree profundamente que Dios le ha encargado una misión, esa convicción puede convertirse en una fuerza extraordinaria de movilización. Aquí, creo yo, es que está un factor fundamental del crecimiento evangélico. No quiero ser absolutista porque este mandato lo tenían denominaciones históricas que no crecieron, y lo tienen también los católicos. Lo tenían los pentecostales que centraron la expansión, y era el mismo entre países, sin embargo Guatemala y Brasil crecieron mucho y México mucho menos. La fe, entonces, es condición necesaria y el contexto explica el cuándo y el dónde.
Ese análisis, ante la incredulidad de aceptar algo tan simple (y tan real para los que somos creyentes) de que hay transformación porque se cree, busca otras causas como la CIA, el dinero, la manipulación, los pastores, la televisión, el imperialismo, la ignorancia, o la pobreza. Es verdad, todos pueden ser factores en la ecuación, pero ignoran el elemento más relevante de todos: la gente escucha un mensaje religioso, encuentra que ese mensaje para ella es verdad, o fue sanada, o encontró una comunidad, o vivió una transformación por completo que restauró a su familia y todas sus relaciones, o dejó el alcohol o las drogas, o encontró esperanza. Luego quiere transmitir ese mensaje para que otros se transformen. Para los evangélicos eso es el pan de cada día.
Hace unos años, Pew (2014) le preguntó a los latinoamericanos por qué se pasaron del catolicismo al protestantismo. La respuesta dominante no fue el factor económico, ni la política, ni la influencia de los Estados Unidos. Lo que dijeron fue que buscaban una relación más personal con Dios (81%, mediana de los países con resultados publicados) y que fue relevante la actividad evangelizadora de las nuevas iglesias (58%, mediana de los países con resultados publicados). También aparecen el estilo de culto, una mayor insistencia moral, una iglesia que ayuda a sus miembros y el contacto personal de otros creyentes. Además, el mismo estudio de Pew encontró que los protestantes latinoamericanos declaraban compartir su fe con personas de otras confesiones con mayor frecuencia que los católicos.
Estos números no demuestran por sí solos que la Gran Comisión sea la causa predominante del crecimiento, pero ofrecen evidencia consistente de su relevancia. Cuando se pregunta a los propios conversos por qué se convirtieron, ellos dan razones religiosas, aunque buena parte del análisis secular decide ignorar sistemáticamente la autopercepción de los actores sociales. Al descartar de plano las motivaciones declaradas por los creyentes, asumen una postura epistémica que minimiza la validez de la experiencia religiosa, asumiendo que siempre debe haber una causa oculta (política o económica) detrás de una decisión de fe. Dicho de una manera más simple, la fe no explica todo, pero tampoco podemos colocarla como un elemento secundario que deba desaparecer de nuestras explicaciones. El mensaje religioso tiene una gran capacidad para movilizar y transformar a la gente y al mundo que la rodea.
4. ¿Por qué creció tanto el evangelicalismo latinoamericano?
Puedo ensayar un análisis muy sencillo desde la convergencia de dos grandes fuerzas:
- La fuerza interna de la fe: convicción del llamado de Dios y de obediencia a la Gran Comisión, misioneros enviados, predicación de la Palabra, conversión personal, encuentro con Dios, lectura bíblica, comunidad y discipulado, transformación de la vida, predicación y evangelización, expansión de las iglesias evangélicas, el ciclo vuelve a comenzar. Los evangélicos conocemos esto demasiado bien. La pauta está bien marcada en la Gran Comisión (Mt. 28:19).
Lo particular es que la expansión evangélica no depende solamente de pastores y misioneros profesionales, sino que cada nuevo creyente puede convertirse en un evangelizador. La Gran Comisión no se percibe como una responsabilidad exclusiva de la jerarquía de la iglesia, sino como un mandato que alcanza a todos los discípulos de Cristo. Así, el evangelio pasa de una persona a otra, de una familia a otra, de un barrio a otro, de una ciudad a otra, de un país a otro. Para esto no necesito un sistema de planificación central, solo miles de personas convencidas de que deben anunciar a Cristo hasta el final. Se puede incluso vincular el sacerdocio universal de todos los creyentes y la pneumatología pentecostal, que autorizan a cualquier converso a predicar, frente a una eclesiología sacramental que requiere un clero ordenado y escaso. En la línea de Chesnut (2003), esto explica por qué crecieron los pentecostales y no los protestantes históricos.
- La capacidad de adaptación histórica: la segunda mitad del siglo XX fue profundamente transformadora en América Latina. Urbanización exponencial, migraciones del campo a la ciudad y entre países, crecimiento de las periferias empobrecidas, liderazgos locales de las iglesias, congregaciones flexibles y nuevas formas de comunicación.
Ambas dimensiones son muy reales y se potencian mutuamente. El mensaje religioso puede adquirir especial fuerza cuando encuentra necesidades, lenguajes y circunstancias históricas que lo hacen significativo. Les pongo un ejemplo. La explosión pentecostal coincide con sociedades que se urbanizan aceleradamente, enormes migraciones internas, periferias urbanas nuevas, debilitamiento de las viejas estructuras comunitarias y una Iglesia católica cuya estructura territorial y escasez de sacerdotes hacían muy difícil acompañar semejante crecimiento. Ante este mundo, el pentecostalismo tenía características que se adaptaban muy bien a este mundo emergente latinoamericano: podía abrir una congregación prácticamente en cualquier barrio; formaba líderes locales con enorme rapidez; el pastor podía proceder de la misma clase social que sus miembros; convertía al creyente rápidamente en evangelizador; ofrecía pequeñas comunidades y redes personales; utilizaba lenguaje popular, música local y testimonio; ofrecía experiencia religiosa inmediata desde la conversión, oración, sanidad y Espíritu Santo; imponía disciplinas que podían transformar conductas destructivas; y no necesitaba esperar una gran infraestructura institucional.
Sin embargo, estas ventajas organizativas no explican por sí solas el fenómeno. Una congregación flexible, un pastor cercano a sus fieles o una iglesia que puede establecerse en cualquier barrio son condiciones que favorecen el crecimiento, pero detrás de todo ello existen creyentes firmemente convencidos de que deben predicar el evangelio a toda persona. Desde mi perspectiva, ninguna de las dos fuerzas basta sin la otra. Sin fe no habría habido nada que adaptar. La urbanización, por sí sola, produjo en Europa secularización, no iglesias. Y sin la transformación de América Latina, esa misma fe, que los protestantes predicaban en la región desde el siglo XIX, no habría estallado como lo hizo en la segunda mitad del siglo XX. La fe fue la condición necesaria, el contexto puso el detonante. Por ello, no necesitamos imaginar una estructura centralizada que dirige el crecimiento cuando existen comunidades enteras cuyos miembros creen que evangelizar es una obligación espiritual. Como creyente, sé que detrás de todo esto está Dios obrando en la historia, pero como observador me basta con mostrar que sin fe no hay explicación posible.
A veces resulta difícil comprender, desde fuera de la experiencia religiosa, algo como lo siguiente: una persona puede dedicar años de su vida a predicar, viajar a lugares remotos, aprender idiomas con poquísimos hablantes, traducir la Biblia a esos idiomas, abandonar comodidades, sostener una congregación sin remuneración o afrontar persecuciones porque está convencida de que obedece a Cristo. La experiencia religiosa tiene un poder movilizador que una explicación exclusivamente económica o geopolítica difícilmente puede recoger en su totalidad.
Doy un paso más. El evangelicalismo latinoamericano tuvo la suficiente inteligencia histórica para responder a los cambios sociales. Bien lo describe Andrew Chesnut en Masci (2014), cuando dice que el pentecostalismo consiguió “latinoamericanizarse” ya que sus líderes se parecían cultural y socialmente a sus congregaciones, y su énfasis en sanidad, transformación personal y comunidad respondía a necesidades concretas. Y citando a Chesnut de nuevo: el fenómeno terminó independizándose de Estados Unidos. Por ejemplo, las Asambleas de Dios brasileñas llegaron a ser varias veces mayores que las estadounidenses y hoy mismo el flujo misionero incluso empezó a invertirse. Nosotros en Latinoamérica ya vemos a Estados Unidos como campo de misión.
5. La fe, la política y la libertad del creyente
Volvamos a Flávio Bolsonaro, con todo lo anterior en mente. Las preferencias políticas pueden formarse dentro de comunidades religiosas evangélicas sin necesidad de instrucciones explícitas de voto. Al mismo tiempo, existe diversidad doctrinal, social, regional y política entre los evangélicos.
Dado esto, no podemos tapar el sol con un dedo. Por lo tanto, debemos reconocer las alianzas entre líderes religiosos y políticos, así como también debemos tener en cuenta los riesgos de instrumentalización de la fe. A su vez es necesario no reducir a los creyentes a una masa manipulada, cosa que siento hacen muchos analistas y también influencers de política. Por favor no olvidemos que la influencia de una cosmovisión religiosa no es idéntica a la manipulación de una autoridad religiosa.
Puede ser que un pastor no diga directamente “Vota a Bolsonaro”, pero los creyentes evangélicos tienen un pensamiento sobre la familia, el aborto, la sexualidad, la autoridad, la delincuencia, el mérito, la asistencia social, la libertad religiosa, el comunismo, Israel, Trump, la derecha norteamericana, y tantas cosas. Flávio Bolsonaro, por supuesto no crea esas preferencias, pero sí logra representar de alguna manera un universo moral que ya estaba presente. Este marco ético evangélico, centrado en la defensa de la familia tradicional, la ética del esfuerzo personal, el orden y una visión trascendente del bien y el mal, se ha intersectado orgánicamente con el conservadurismo político actual. Para muchos evangélicos, la derecha política ha sabido articular un discurso que empatiza con estas preocupaciones cotidianas, mientras que perciben en ciertos discursos progresistas o de izquierda una hostilidad directa hacia sus valores más sagrados. No es que el evangélico vote por la derecha porque el pastor se lo ordene, es que encuentra en ella un vehículo político que parece proteger su cosmovisión. ¿De dónde viene esa cosmovisión política? Volveré con esto al final.
Desde aquí debemos abordar ciertos datos. Por ejemplo, según Ferreira y Fuks (2021), ser evangélico sí aumentaba significativamente la probabilidad de votar por Jair Bolsonaro, y la frecuencia de asistencia a cultos explicaba aproximadamente 16% de ese efecto. Folha de S.Paulo (2026) cita un estudio de More in Common Brasil y el grupo Passagens (UFRJ), que analizó 7.456 cultos y misas celebrados antes de la primera vuelta. Es un estudio con limitantes: cultos transmitidos por YouTube, muestra de solo dos domingos (20 y 27 de septiembre 2026). Con una definición amplia (cualquier práctica que promoviera o atacara una candidatura, sea directa o indirectamente), encontró propaganda electoral en 0.7 % de las misas católicas, 1.4 % de los cultos bautistas y 8.3 % de los cultos de las Asambleas de Dios, un 3.2% del total. No incluyó a la Iglesia Universal ni a los neopentecostales. Nótese que las Asambleas lo hicieron doce veces más que los católicos.
Esto no significa que la influencia política evangélica no exista, sino que ha mutado hacia canales más horizontales e informales. La verdadera politización hoy ocurre a través de grupos de WhatsApp de la congregación, redes sociales, memes, tik-toks y líderes mediáticos que no necesariamente son pastores locales. En estos espacios cotidianos es donde se filtra la información política, se construyen narrativas de resistencia frente a amenazas percibidas contra la fe, y se consolida la identidad política del creyente, todo ello al margen de la liturgia formal de los domingos. Por ello sería absurdo negar la existencia de la afinidad: Almeida (2019) dice que ya Datafolha en 2018 estimó que Jair Bolsonaro tuvo cerca de 69% del voto evangélico frente a 31% para Haddad. Una ventaja gigantesca.
6. Tomarse en serio la religión
Vuelvo a las dos tesis del inicio. La de la CIA confunde convergencia con causa porque aunque es verdad que sí, hubo dinero, misioneros anticomunistas e intereses de Washington, el pentecostalismo latinoamericano nació antes de la Guerra Fría y las iglesias que más crecieron fueron las autóctonas, no las que recibían financiamiento del norte. La tesis del púlpito confunde afinidad con obediencia. Los evangélicos brasileños se inclinan con claridad hacia la derecha, pero no necesariamente es porque su pastor se lo ordene desde el altar. En ambos casos se trata al creyente como objeto de fuerzas ajenas y no como sujeto que cree, interpreta y decide. No es necesario compartir una fe para reconocer su peso histórico, sino que basta con no negar de antemano el poder causal que tiene la fe.
Reconocer agencia no equivale a absolver. Que el creyente elija libremente no significa que su elección no haya sido formada por alguien. La conversión puede ser obra del Espíritu Santo y de una decisión personal, pero la opinión de un evangélico de São Paulo o de Lima sobre Trump, Israel o el comunismo, tiene una genealogía que sí pasa por Estados Unidos. Existen editoriales, predicadores mediáticos y redes. Por eso, en este artículo les pido a los analistas de este fenómeno que se tomen en serio la religión. A mis hermanos les recuerdo que tomarse en serio nuestra fe significa no permitir que nadie, de izquierda o de derecha, la convierta en instrumento de un proyecto político. La influencia de una cosmovisión no es manipulación, pero una cosmovisión que no examina de dónde vienen sus lealtades políticas sí puede llegar a serlo.
La Gran Comisión no es exclusivamente un mandato de convertir personas, sino en especial es un mandato para hacer discípulos, bautizándolos y enseñándoles a guardar lo que él había mandado, que se resume en la transmisión de una forma de vida. No solo se anuncia una creencia. Se invita a una comunidad, a unas prácticas, a una ética, a una manera de comprender el mundo. Y los conversos reproducen rápidamente esas mismas prácticas. De ahí que la expansión evangélica no sea simplemente el crecimiento numérico de las iglesias, los porcentajes del total de la población que ahora somos y que nos tiene atentos a los censos. En especial involucra la creación de comunidades y la transformación de relaciones personales, familiares y sociales.
Repito mi pregunta: ¿Por qué algunos analistas están dispuestos a reconocer que las ideas políticas transforman la historia, pero se resisten a reconocer esa misma capacidad en las ideas religiosas? Millones de latinoamericanos no se hicieron evangélicos porque alguien los fabricara, sino porque creyeron y, habiendo creído, no pudieron callar. Es algo extraordinario. Pablo lo dijo mejor que cualquier sociólogo o socióloga:
“...me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Cor. 9:16)
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Notas sobre el proceso
Este artículo fue revisado con la ayuda de Claude (Anthropic) y ChatGPT (OpenAI), modelos de inteligencia artificial, que actuaron como lectores críticos a lo largo de varias versiones del presente documento. Señalaron debilidades lógicas, verificaron algunos datos y propusieron redacciones para ciertos pasajes. La tesis, la estructura general, la perspectiva teológica, las decisiones sobre qué aceptar y qué descartar, y las ediciones finales son responsabilidad mía.
Referencias
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Chesnut, R. A. (2003). Competitive spirits: Latin America's new religious economy. Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/oso/9780195161847.001.0001
Ferreira, M. G. M., & Fuks, M. (2021). O hábito de frequentar cultos como mecanismo de mobilização eleitoral: O voto evangélico em Bolsonaro em 2018. Revista Brasileira de Ciência Política, (34), Artículo e238866. https://doi.org/10.1590/0103-3352.2021.34.238866
Frei Betto. (2025, 13 de abril). Documentos de Santa Fé e o perfil religioso da América Latina. https://www.freibetto.org/documentos-de-santa-fe-e-o-perfil-religioso-da-america-latina/
Juan Pablo II (1992, 12 de octubre). Discurso Inaugural de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/speeches/1992/october/documents/hf_jp-ii_spe_19921012_iv-conferencia-latinoamerica.html
Kissinger, H. (1969, 22 de julio). Memorandum from the President's Assistant for National Security Affairs (Kissinger) to President Nixon [Memorándum]. En Foreign Relations of the United States, 1969–1976, Volume E–10, Documents on American Republics, 1969–1972 (Documento 8). Office of the Historian, U.S. Department of State. https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1969-76ve10/d8
Lula tem 50% entre católicos, e Flávio 52% entre evangélicos, diz Datafolha. (2026, 2 de octubre). Correio Braziliense. https://www.correiobraziliense.com.br/politica/2026/10/7513140-lula-tem-50-entre-catolicos-e-flavio-52-entre-evangelicos-diz-datafolha.html
Masci, D. (2014, 14 de noviembre). Why has Pentecostalism grown so dramatically in Latin America? Pew Research Center. https://www.pewresearch.org/short-reads/2014/11/14/why-has-pentecostalism-grown-so-dramatically-in-latin-america/
Pesquisa refuta 'voto de cajado' nas igrejas: Propaganda eleitoral apareceu em 3%. (2026, 10 de octubre). Folha de S.Paulo. https://www1.folha.uol.com.br/poder/2026/10/pesquisa-refuta-voto-de-cajado-nas-igrejas-propaganda-eleitoral-apareceu-em-3.shtml
Pew Research Center. (2014, 13 de noviembre). Religion in Latin America: Widespread change in a historically Catholic region. https://www.pewresearch.org/religion/2014/11/13/religion-in-latin-america/
Rockefeller, N. A. (1969). Informe de Nelson Rockefeller sobre América Latina. Repositorio Digital de la Universidad Adolfo Ibáñez. https://repositorio.uai.cl/handle/20.500.12858/113
Stoll, D. (1993). ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico. Ediciones Abya-Yala. (Obra original publicada en inglés en 1990)















