Hace unas semanas inicié una secuencia de entrevistas con muchas personas vinculadas al ambiente evangélico, investigando sobre una serie de temas sobre los cuales pretendo escribir si las circunstancias lo permiten en los próximos meses: el papel evangélico en el fujimorismo primigenio de 1990, la actuación del CONEP y de iglesias locales y denominaciones hacia los delitos del fujimorato, la fundación del partido político semi-confesional Restauración Nacional, la fundación de UNICEP, y el tedeum bardalista. Ante la amplitud de los temas, decidí comenzar con el tedeum, quizá lo más contextual en el horizonte de un julio de cambio de mando. Además, hay muy poco escrito al respecto y abundantes cuestiones por aclarar. Y digo aclarar porque es una práctica muy común, de muchos miembros del alto liderazgo evangélico, el hacer cosas sin pensar en su efecto en los demás, de tomar decisiones zurrándose en lo que otros puedan pensar. De aquí, como pueden suponer, han nacido gruesos malentendidos; las grietas se han profundizado; la unidad, bien gracias, sólo va para el discurso.
La investigación está incompleta porque se me vino encima la maestría en finanzas, postergando un poco la secuencia de entrevistas que tuve. Además, aún me falta conversar con personajes claves en la organización del tedeum evangélico. Espero que ese artículo esté listo pronto; sin embargo, hay cosas que trascienden y que sí puedo ir comentando a pesar de que aún no tengo todos los cabos atados. En especial por los dimes y diretes que se han dado por estos días a raíz del tedeum 2011.
Hay la sensación generalizada de que el tedeum es un emprendimiento personal del pastor Miguel Bardales, que él organizó al margen de las organizaciones representativas de los evangélicos que hoy existen (léase CONEP y UNICEP). La inscripción ante Registros Públicos del Ministerio de Acción de Gracias donde él, junto a un pastor más, y las esposas de ambos figuran como miembros del consejo directivo, apunta en este sentido. Muchos creen que trató de mostrarse como un pastor importante ante la opinión pública, aprovechándose de algunos vínculos con Alan García y el fujimorismo. Por lo tanto, hay motivos para pensar en una personalización del evento. ¿Bueno o malo? La personalización es algo muy frecuente en los ambientes evangélicos, una de nuestras características negativas que más nos identifican. Por lo tanto, que Bardales haya hecho esto no sorprende en lo absoluto. Praxis le llaman.
Ahora, CONEP y UNICEP iniciaron gestiones para hacer otro tedeum hace poco, de forma independiente. Evidentemente, surge el conflicto con los organizadores del tedeum original. Se dice que Miguel Bardales buscó contactos con el gobierno entrante para continuar con la organización del tedeum, se dice que él se mostró como representante de todos los evangélicos ante ciertas instancias gubernamentales (esto es perfectamente posible ya que una de las intenciones de este Ministerio de Acción de Gracias es la de “representar a las iglesias evangélicas ante las autoridades políticas, militares y civiles, entidades públicas y privadas en el país y en el extranjero”), se comenta que se buscó una organización única del evento, pero como tantísimas otras veces la intransigencia se hizo presente, los acuerdos se hicieron imposibles (no en vano la atomicidad nos caracteriza), no se llegó a nada y el tedeum se hará pero muy cuestionado. Hasta comunicados irregulares circularon por allí. ¡Una vergüenza! Es triste que, en contra de lo esperado, los conflictos de poder sean idénticos a los de cualquier otro ámbito. Se pensaría que en la política pastoral-eclesial sean las enseñanzas del Maestro las que predominen sobre los beneficios y deseos personales, pero la realidad nos da una cachetada. Como ya he dicho en otros posts, es lo mismo de siempre.








