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domingo, 28 de febrero de 2010
Solidaridad con Chile
Mi solidaridad con Chile, gravemente golpeado por un terremoto fortísimo, con maremoto incluído. El dolor es enorme, el clamor incesante, pero la esperanza es siempre más grande. Como ya lo hicieron antes, estoy seguro que saldrán adelante de esta destrucción calamitosa.
Mis oraciones van por el país, por la familia de las víctimas y por la recuperación.
viernes, 15 de enero de 2010
Haití: lloviendo sobre mojado
Todos sabemos que Haití es el país más pobre de América. Sus indicadores económicos y de desarrollo humano están a niveles de un país africano, y si el Perú no ha caído más bajo en sus números índices relativos es porque existe Haití como eterna cola de todas las estadisticas. Pobre hasta la saciedad, contaba con hospitales paupérrimos, pésimas carreteras, servicios básicos deficientes, una dependencia atroz de la ayuda internacional inclusive hasta con cosas tan elementales como la seguridad interior (un contingente de soldados peruanos está allá como cascos azules de la ONU). Literalmente, un desastre como nación y como colectividad.
Como si la pobreza extrema no fuera suficiente castigo, suficiente carga, exagerado impuesto por vivir en la tierra, le cae a ese pueblo un terremoto que le destruye lo poco que tenía. Si ya la pasaban bastante mal, con este sismo que trajo abajo su maltrecha capital se les vino el acabose, les llovió sobre mojado. ¿Es que así es Dios, que trae castigo tras castigo debido a su idolatría histórica? ¿Los haitianos merecían el terremoto por andar lejos de los caminos del altísimo? ¿Cien, doscientos mil muertos por su pecado?
Ya están insinuando eso algunos líderes evangélicos que vienen del transfondo fundamentalista. Hablan de un Dios que tiene todo bajo control, que domina todo y decide todo. Que es amor y propietario de una justicia eterna, inexorable y quizá cruel ante nuestros ojos. Hablan de la idolatría como un pecado gravísimo, que según los textos veterotestamentarios merece escarmientos tan severos como la muerte completa de una ciudad con mujeres, niños, ancianos y animales incluidos: son los costos de la pureza exigidos por un Dios tres veces santo. Que Dios juzga a todas las naciones y Haití, hogar del vudú, sede destacada del espiritismo y la brujería, llena de viejas prácticas llegadas de la oscura África, atada a poderosos espíritus territoriales, cavó su propia tumba al no seguir los consejos del Todopoderoso. Su práctica pseudo-religiosa fue su castigo directo que trajo la perdición para ellos: el reino de la muerte y la destrucción, un adelanto de las copas y trompetas apocalípticas. Curiosamente, lo mismo decían de la Nueva Orleans del Mardi Gras.
Cuando uno percibe el dolor de un niño de dos años rescatado de los escombros de su casa, cuando observa los cadáveres de los bebés amontonados junto con los de otros cientos de personas, resulta incomprensible pensar en una justicia divina que, sin piedad, aniquila a vidas ya miserables por efecto de la pobreza. ¿Todos esos muertos son porque “Dios tiene un propósito que ahora no podemos comprender, pero que en el futuro, quizá en el más allá, dilucidaremos y, al tener todo claro, no podremos dejar de alabar la grandeza de nuestro Dios”? ¿Son ejemplo de la sabiduría alabada por Salomón? “El Antiguo Testamento lo avala” Dirán algunos. ¿Existirán otras herramientas interpretativas que nos brinden otras lecturas de esos textos? A mi entender, sí. Planteamientos más acordes con la imagen de Dios que Cristo nos trajo, comprometido con los marginales, alejado del poder, cercano al dolor de los necesitados, venido a servir y a entregar su vida por todos (Mc. 10:45).
“Todos moriremos. La muerte no nos debe asustar y Dios ve todo desde una perspectiva cósmica, donde la muerte no es más que un evento superfluo”, quizá alguien diga por allí. Pero Dios es un Dios de vida, que hizo un sacrificio enviando a su hijo para vencer a la muerte (1 Cor. 15:21,22). Cristo, con su crucifixión y resurrección de la tumba (Jn. 11:25), proclamó su victoria e implantó un nuevo tiempo con el acercamiento de su reino. Si Cristo trajo la vida eterna derrotando a la muerte, ¿tiene sentido que la utilice para pulverizar herejes? Para mí, no. Las ideas de un Dios en control, surgidas de los padres de la iglesia y hoy bien implantadas en las cabezas y corazones de millones de cristianos, no tienen razón de ser al confrontarlas con la realidad del dolor humano. Un Dios asesino no es la nota al pie de página del Cristo sufriente. Un Dios que acompaña en el dolor y nos ayuda, en cambio, sí lo es (Mt. 28:20b). Y eso debemos mostrar como cristianos, en lugar de erróneos mensajes de juicio y destrucción merecida. Ver el dolor haitiano nos llama a la ayuda, al soporte y la solidaridad. Si nos llama al ímpetu de predicar el juicio y el merecimiento de la destrucción haitiana, algo anda mal en nuestro corazón.
Lecturas adicionales sugeridas
Recomiendo la lectura sobre el tema de Haití de los artículos de Carolina García, Akire San, FFuentes y Eduardo Galeano.
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www.timesonline.co.uk
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miércoles, 29 de agosto de 2007
Nada oculto que no sea manifestado (a propósito del terremoto en el Perú)
"Mamá, la ciudad esta peor que lo que aparece en la TV. ¡Huele a muerto!"
Eso dijo mi hermana, voluntaria de un programa llamado "Un techo para mi país" que construye casas prefabricadas en la zona del desastre, al llegar a Pisco luego de un viaje por barco de doce horas (por carretera el mismo trayecto demanda aproximadamente quince horas, ¡por sólo 250 kilómetros!). Las escenas son tristes en la pequeña ciudad rota, la herida duele en el alma y la sufrimos, de alguna manera, todos los peruanos.
Ante un evento de esta magnitud todo sale a flote, todo se manifiesta; lo bueno y lo malo, lo depresivo y lo esperanzador, los miedos y las fortalezas. La indiferencia es casi imposible cuando uno mismo, en Lima, pensó que hubiera podido morir aplastado por los edificios o enterrado en las grietas enormes de la tierra. No hay abulia y para muestra un botón: los servicios dominicales religiosos estuvieron abarrotados el domingo siguiente al sismo (y seguro, los que vendrán también).
El terremoto sacó nuestras miserias. Un ex-candidato presidencial, apoyado por el mandatario de un país latinoamericano, distribuyo latas de atún con la foto de ambos y un mensaje proselitista de "apoyo". Seiscientos presos escaparon de una cárcel al derribarse todas las paredes laterales de la prisión (la mitad ya han sido recapturados) causando el pánico de toda la región. Otros delincuentes aprovecharon el caos para saquear –porque esa es la mejor palabra- las pocas pertenencias que le quedaron a la gente en varios poblados. Una funcionaria de una municipalidad fue detenida por apoderarse de donaciones de empresarios textiles de Lima y guardarlas en su casa porque, según ella, "ya no eran necesarias en el sur". Una compañía de trasporte interprovincial, bajo la excusa de la oferta y la demanda, subió el precio de los pasajes en 100% a las ciudades afectadas el día siguiente del sismo. "Es que es el libre mercado" adujo su gerente de ventas. El gobierno peruano tiene la intencion de regalar a los funcionarios de los paises que gentilmente nos estan ayudando botellas del trago peruano de bandera: el pisco, bautizandolo como Pisco 7.9 (en alusion a los grados Richter que alcanzo el terremoto). El rechazo del nombre
fue mayusculo. ¿Pisco 7.9? ¿Por que no Pisco 540? (por el numero de muertos) ¿Acaso puede alcanzar la insensibilidad de los burocratas un mayor nivel que este?
El terremoto sacó nuestras tristezas. 540 fallecidos. Miles de damnificados. Miles de casas destruidas. Empleos pulverizados. Lagrimas. Duelo. Orfandad. Pérdida. La incertidumbre de la palabra desaparecido. Una iglesia repleta de gente, por una misa de difuntos, se desplomó matando a 60 personas, incluyendo familias enteras (un congresista perdió a cinco familiares). Ica llora la semidestrucción de uno de sus santuarios principales: la iglesia del Señor de Luren, y el Perú ha perdido una formación rocosa en un acantilado llamada La Catedral, en la Reserva de Paracas, que se derrumbó y era uno de los atractivos naturales principales del país. Allí estuve el 2005, bajando hasta la Bóveda, sorteando las olas del mar y las rocas tras bajar un barranco.
El terremoto sacó nuestros temores. Mientras todo temblaba Lima se ilumino de algo parecido a un relámpago, explicado posteriormente como descargas eléctricas (en Youtube algunos videos muestran la luz blanca con mucha claridad) simultáneas de múltiples centrales eléctricas de la ciudad que colapsaron (eso explica también los apagones que hubo en amplios sectores de la capital). Varios cristianos con los que he conversado me dijeron que al ver la luz, muy luminosa, muy brillante, pensaron que era el arrebatamiento y sé de algunos en especial que se asustaron porque se veían aún en la tierra y no subiendo al cielo: "¡No puede ser, no soy salvo!". Yo mismo, por dos segundos pensé que moriría al sentir el bamboleo de los dieciocho pisos del edificio en donde trabajo –debo aclarar que nunca pensé en ser raptado en ese momento, por si acaso-. Una chica que se puso a rezar el Padre Nuestro me despertó a la realidad y me hizo pensar en mi fragilidad, en la poca cosa que en realidad somos, en lo endeble que puede ser mi vida, en mi esposa poco acostubrada a los temblores, en mi hijo en camino, en todo un universo que puede cambiar de un segundo a otro, sin que podamos hacer nada por evitarlo.
El terremoto saco nuestras esperanzas. El día siguiente nació un bebé en el hospital de campaña de Pisco, mostrando con su llanto que la vida sigue a pesar de la muerte. Hace dos días otro bebé nació en un puesto de asistencia médica venido desde España ubicado en Humay, pueblito al norte de la ciudad de Ica. Precisamente ese nombre, España, le pondrán a la bebe en agradecimiento a los médicos que atendieron a la madre. Todo el Perú se ha movilizado para ayudar a la gente; por ejemplo, los supermercados incrementaron sus ventas en 80% sobre todo en alimentos no perecibles. Las cadenas de solidaridad han sido impresionantes. Empresas privadas de manera desinteresada, gobiernos extranjeros tan distantes como la India o tan cercanos como Chile o Bolivia, han colaborado con ayuda. Evo Morales, por ejemplo, ha donado la mitad de su sueldo de Agosto para las los deudos. En la iglesia en la que murieron 60 personas, el sacerdote logro sobrevivir ya que sobre él cayo la cúpula que le permitió tener espacio suficiente para estar un par de días cubierto de escombros. Una bebe de seis meses logro ser rescatada de la misma iglesia: el cuerpo inerte de su padre, que se coloco sobre ella para salvarla, le permitió vivir.
El padre héroe hizo como Cristo en la cruz dando su vida por la de su pequeña hija. Los periódicos han dedicado párrafos enteros al Payaso Terremoto, que es un hombre que anima fiestas infantiles y que lo perdió todo, pero que al día siguiente del sismo, al ver a los niños llorosos y asustados, se cambió como pudo e hizo una función para ellos. Desde allí no para porque toda la niñez lo pide. Una alegría es todo lo que da, en estos momentos algo igual de valioso que otras formas de ayuda.
Este terremoto ha manifestado muchas cosas, pero ninguna de ellas reemplazará a los que se fueron ni devolverán las calles perdidas que cobijaban las vidas de tanta gente. Dios lo sabe y llora con cada persona sufriente trayendo consuelo, ofreciendo abrazos y ayudando a pasar el trago amarguísimo de la partida súbita. Es allí en donde se basa nuestra paz: en la seguridad absoluta de que Dios está presente, a pesar de todo, anunciando esperanza, protección, y brindando Su palabra como el Señor de la Vida.
Eso dijo mi hermana, voluntaria de un programa llamado "Un techo para mi país" que construye casas prefabricadas en la zona del desastre, al llegar a Pisco luego de un viaje por barco de doce horas (por carretera el mismo trayecto demanda aproximadamente quince horas, ¡por sólo 250 kilómetros!). Las escenas son tristes en la pequeña ciudad rota, la herida duele en el alma y la sufrimos, de alguna manera, todos los peruanos.
Ante un evento de esta magnitud todo sale a flote, todo se manifiesta; lo bueno y lo malo, lo depresivo y lo esperanzador, los miedos y las fortalezas. La indiferencia es casi imposible cuando uno mismo, en Lima, pensó que hubiera podido morir aplastado por los edificios o enterrado en las grietas enormes de la tierra. No hay abulia y para muestra un botón: los servicios dominicales religiosos estuvieron abarrotados el domingo siguiente al sismo (y seguro, los que vendrán también).
El terremoto sacó nuestras miserias. Un ex-candidato presidencial, apoyado por el mandatario de un país latinoamericano, distribuyo latas de atún con la foto de ambos y un mensaje proselitista de "apoyo". Seiscientos presos escaparon de una cárcel al derribarse todas las paredes laterales de la prisión (la mitad ya han sido recapturados) causando el pánico de toda la región. Otros delincuentes aprovecharon el caos para saquear –porque esa es la mejor palabra- las pocas pertenencias que le quedaron a la gente en varios poblados. Una funcionaria de una municipalidad fue detenida por apoderarse de donaciones de empresarios textiles de Lima y guardarlas en su casa porque, según ella, "ya no eran necesarias en el sur". Una compañía de trasporte interprovincial, bajo la excusa de la oferta y la demanda, subió el precio de los pasajes en 100% a las ciudades afectadas el día siguiente del sismo. "Es que es el libre mercado" adujo su gerente de ventas. El gobierno peruano tiene la intencion de regalar a los funcionarios de los paises que gentilmente nos estan ayudando botellas del trago peruano de bandera: el pisco, bautizandolo como Pisco 7.9 (en alusion a los grados Richter que alcanzo el terremoto). El rechazo del nombre
fue mayusculo. ¿Pisco 7.9? ¿Por que no Pisco 540? (por el numero de muertos) ¿Acaso puede alcanzar la insensibilidad de los burocratas un mayor nivel que este?El terremoto sacó nuestras tristezas. 540 fallecidos. Miles de damnificados. Miles de casas destruidas. Empleos pulverizados. Lagrimas. Duelo. Orfandad. Pérdida. La incertidumbre de la palabra desaparecido. Una iglesia repleta de gente, por una misa de difuntos, se desplomó matando a 60 personas, incluyendo familias enteras (un congresista perdió a cinco familiares). Ica llora la semidestrucción de uno de sus santuarios principales: la iglesia del Señor de Luren, y el Perú ha perdido una formación rocosa en un acantilado llamada La Catedral, en la Reserva de Paracas, que se derrumbó y era uno de los atractivos naturales principales del país. Allí estuve el 2005, bajando hasta la Bóveda, sorteando las olas del mar y las rocas tras bajar un barranco.
El terremoto sacó nuestros temores. Mientras todo temblaba Lima se ilumino de algo parecido a un relámpago, explicado posteriormente como descargas eléctricas (en Youtube algunos videos muestran la luz blanca con mucha claridad) simultáneas de múltiples centrales eléctricas de la ciudad que colapsaron (eso explica también los apagones que hubo en amplios sectores de la capital). Varios cristianos con los que he conversado me dijeron que al ver la luz, muy luminosa, muy brillante, pensaron que era el arrebatamiento y sé de algunos en especial que se asustaron porque se veían aún en la tierra y no subiendo al cielo: "¡No puede ser, no soy salvo!". Yo mismo, por dos segundos pensé que moriría al sentir el bamboleo de los dieciocho pisos del edificio en donde trabajo –debo aclarar que nunca pensé en ser raptado en ese momento, por si acaso-. Una chica que se puso a rezar el Padre Nuestro me despertó a la realidad y me hizo pensar en mi fragilidad, en la poca cosa que en realidad somos, en lo endeble que puede ser mi vida, en mi esposa poco acostubrada a los temblores, en mi hijo en camino, en todo un universo que puede cambiar de un segundo a otro, sin que podamos hacer nada por evitarlo.
El terremoto saco nuestras esperanzas. El día siguiente nació un bebé en el hospital de campaña de Pisco, mostrando con su llanto que la vida sigue a pesar de la muerte. Hace dos días otro bebé nació en un puesto de asistencia médica venido desde España ubicado en Humay, pueblito al norte de la ciudad de Ica. Precisamente ese nombre, España, le pondrán a la bebe en agradecimiento a los médicos que atendieron a la madre. Todo el Perú se ha movilizado para ayudar a la gente; por ejemplo, los supermercados incrementaron sus ventas en 80% sobre todo en alimentos no perecibles. Las cadenas de solidaridad han sido impresionantes. Empresas privadas de manera desinteresada, gobiernos extranjeros tan distantes como la India o tan cercanos como Chile o Bolivia, han colaborado con ayuda. Evo Morales, por ejemplo, ha donado la mitad de su sueldo de Agosto para las los deudos. En la iglesia en la que murieron 60 personas, el sacerdote logro sobrevivir ya que sobre él cayo la cúpula que le permitió tener espacio suficiente para estar un par de días cubierto de escombros. Una bebe de seis meses logro ser rescatada de la misma iglesia: el cuerpo inerte de su padre, que se coloco sobre ella para salvarla, le permitió vivir.
El padre héroe hizo como Cristo en la cruz dando su vida por la de su pequeña hija. Los periódicos han dedicado párrafos enteros al Payaso Terremoto, que es un hombre que anima fiestas infantiles y que lo perdió todo, pero que al día siguiente del sismo, al ver a los niños llorosos y asustados, se cambió como pudo e hizo una función para ellos. Desde allí no para porque toda la niñez lo pide. Una alegría es todo lo que da, en estos momentos algo igual de valioso que otras formas de ayuda.Este terremoto ha manifestado muchas cosas, pero ninguna de ellas reemplazará a los que se fueron ni devolverán las calles perdidas que cobijaban las vidas de tanta gente. Dios lo sabe y llora con cada persona sufriente trayendo consuelo, ofreciendo abrazos y ayudando a pasar el trago amarguísimo de la partida súbita. Es allí en donde se basa nuestra paz: en la seguridad absoluta de que Dios está presente, a pesar de todo, anunciando esperanza, protección, y brindando Su palabra como el Señor de la Vida.
Imágenes:
jueves, 16 de agosto de 2007
Terremoto
El 16 de Agosto por la mañana estuve con un grupo de estudiantes de doctorado en teología. La alabanza era sencilla, pero poderosa. Estuve conmovido.
El 15 de Agosto por la tarde, en Pisco, 250 kilómetros al sur de Lima, un grupo grande de gente se encontraba en una parroquia católica, en un velorio. Tristes, llorosos, sensibles, recibían el consuelo por medio de la palabra del sacerdote.
El 16 de Agosto por la mañana, canté como hace mucho no cantaba. Siempre me gustó ese pequeño cántico que dice: "Tu fidelidad es grande, tu fidelidad, incomparable es, nadie como Tú, bendito Dios, grande es tu fidelidad". Tiempo especial, la verdad.
El 15 de Agosto por la tarde, en Pisco, al sur de Lima, había poco lugar para la esperanza. La pérdida del ser amado, del que queremos, de aquel a quien en vida nos dio mucho, siempre duele. Ese momento final, en la iglesia, con las oraciones y rezos, con la predicación y las palmas, la gente buscaba a Dios. La gente se acercaba a Dios. Algunos, de seguro, encontraban a Dios.
El 16 de Agosto por la mañana, encontré a Dios en un momento de melancolía, mientras escuchaba los cantares de norteamericanos, brasileros, e hispanohablantes de varios países de Latinoamérica. Me sentí cobijado, cerca de él. Y no necesité una alabanza prominente; apenas una guitarra, y nada más. Nada de espectacularidad, simplemente el clamor de la simpleza.
El 15 de Agosto por la tarde, la tierra comenzó a temblar, y aquellos que encontraron a Dios en la parroquia católica de Pisco, murieron aplastados por el terremoto. La iglesia se cayó.
Se cayó.
Se cayó.
Murieron aplastados, cuando encontraron a Dios.
Murieron cuando lo buscaron.
El 16 de Agosto, frente a los estudiantes doctorales y los profesores, di un devocional. Y hablé de Pisco, de su caleta de pescadores, de su Plaza de Armas llena de bancos, de un grupo grande de gente se encontraba en una parroquia católica...
Y no pude continuar. Lloré allí, no podía más.
Morir buscando a Dios, encontrando a Dios, como yo tres minutos antes.
¿Paradoja? ¿Destino? Simplemente se dio. Podía pasar, y pasó.
Y ya van 500 (no sólo en la parroquia. En todo lugar). Y seguro subirán.
Dios, ayuda a mi patria en este trance. Que los cristianos nos movamos y mostremos tu misericordia ayudando. Úsanos, Dios, sin intereses proselitistas. Simplemente permítenos ayudar por ayudar. El dolor es mucho. La muerte es mucha. Las lágrimas son muchas.
Pero allí estás tú, con el consuelo. Mostrando tu amor. Proclamando que eres el Señor de la Vida.
Amen.
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