Lo hiciste de nuevo, Fito. Pusiste un espejo donde yo creía que había una canción.
[… fue tanto el dolor / Sos chiquito en el mar de la desolación]
Hay temporadas en que el suelo se vuelve gelatina bajo los pies. Y sin embargo, el cuerpo responde.
[Pero hay algo que te empuja siempre a resistir / A jamás bajar la guardia, siempre a resistir]
Nadie queda indemne. La lucha es demasiado larga, la piel aprende el nombre de las esquirlas.
[Al final de todo, queda una herida fiera]
Heridas que uno carga sin verlas, que dibujan el mapa de todo lo que vendrá, y también de lo que fue.
[Todos somos niños heridos / Tuve suerte, amor, en no terminar / En un fucking cementerio]
Terminas con una frase que me toca, Fito. “Tuve suerte”, dices. Yo no puedo decir eso. No fue suerte. Alguien me sostuvo. Alguien me sostiene todavía. Y perdóname, me atrevo a hacer un pequeño retoque.
[¿Quién nos cuidó en el camino? / ¿Quién protegió nuestros destinos? / Son las fuerzas armadas DE SU amor]
Las fuerzas armadas del amor de Dios. Las únicas que no hieren. Las únicas que guardan. Todavía.







