miércoles, 17 de junio de 2026

Confesión de una fe integral

1. Mi visión se basa en la Biblia, compuesta por 66 libros separados en dos testamentos: Antiguo y Nuevo, de origen divino, fuente fundamental de la revelación de Dios a los hombres y regla de fe y ética cristiana, veraz en todo lo que afirma para nuestra fe y nuestra salvación.

2. Dios, uno y trino, santo y fiel, justo y misericordioso, que camina con nosotros y no nos abandona, es el creador de todo lo existente, visible e invisible, que forjó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza con un propósito sistematizado en cuatro aspectos fundamentales: una relación con Dios, una relación consigo mismo, una relación con los otros, y una relación con el medio ambiente que lo rodea.

3. Desde una perspectiva teológica, la entrada del pecado en la creación material, debido a la desobediencia, daña todas estas relaciones del hombre y la mujer, distorsionándolas y dejando al ser humano incapaz de salvarse a sí mismo, originando el mundo tal como lo vemos hoy, trayendo además la muerte física y la muerte espiritual. El efecto es devastador y alcanza a toda la creación. Sin embargo, aun en medio de esta ruina, la gracia de Dios precede y hace posible la respuesta humana a Él.

4. Sin embargo, Dios, en sus propósitos, envió a su Hijo Unigénito Jesucristo, completamente Dios y completamente hombre, para Su obra sublime, que incluye la expiación, propiciación, sustitución, justificación por gracia mediante la fe, y redención. Este proceso ataca todos los efectos del pecado y podemos afirmar que la obra de Cristo es global, reparando las cuatro relaciones fundamentales: Dios, uno mismo, los otros, el medio ambiente que nos rodea. La resurrección corporal de Jesús al tercer día es la manifestación de su victoria absoluta y esperanza básica de que Dios es Señor de la vida y de lo que pasa en la vida, siendo capaz de revivirlo todo, si Él así lo quiere.

5. La llegada de Cristo a la tierra es el evento categórico por excelencia, e implicó que el reino de los cielos se acercó, condición que no ha variado hasta hoy, manifestada como una realidad presente en Su propia persona y acción (predicación, obras de justicia, misericordia), al mismo tiempo que como algo futuro, porque no se ha consumado; por eso se dice que existe una tensión de tipo escatológico: el "ya pero todavía no".

6. Una vez que Cristo deja la tierra, la continuación de los efectos del acercamiento del reino queda en manos del Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad, que da soporte a la iglesia en el trabajo que lleva esta tarea ya que enseña y guía tanto al creyente como a la comunidad. La iglesia debe manifestar el reino de Dios en la historia, haciéndolo realidad por los dones del Espíritu Santo.

7. Esta continuación de efectos implica que la iglesia debe involucrarse activamente en las cuatro reconciliaciones fundamentales: la relación con Dios, la relación consigo mismo, la relación con los otros, y la relación con el medio ambiente que lo rodea. Estas cuatro dimensiones son inseparables y mutualmente implicadas.

8. Dios llama a los creyentes a vivir su fe en comunidad, ya que la iglesia es una manifestación del reino de Dios, aunque lo es de forma imperfecta. En el seno de la iglesia personas reconciliadas y redimidas, las cuales viven un proceso de transformación constante, comparten vida, servicio, oración, intercesión, mesa, consuelo, cobijo, alegría, lágrimas, descanso, alabanza y misión. Es en la comunidad donde se encarna la misión, donde encontraremos: gracia para el pecador que se arrepiente sin distinción alguna, gracia para el hijo de Dios que vuelve, consuelo para el quebrantado, misión para los discípulos, esperanza para los que esperan, espacio para que Dios transforme a las personas.

9. La comunidad tiene gestos físicos y visibles con los que celebra la gracia y hace memoria de la obra redentora de Cristo, y expresa su fe y compromiso: el bautismo y la cena del Señor. Ambos también son medios mediante los cuales Dios se acerca a nosotros.

10. La vida cristiana ocurre en medio de la fragilidad humana y la incertidumbre. Dios obra no solo a través de la fortaleza y el éxito de la iglesia, sino que se manifiesta con potencia a través de la vulnerabilidad, el arrepentimiento, el sufrimiento y la dependencia de su gracia inmerecida. El saber que vivimos en la incertidumbre nos llama a ser plenamente dependientes de Dios y su misericordia, sabiendo que él quiere lo mejor para nosotros y que confiemos en él con todo el corazón.

11. La gracia es el eje de la vida. Mediante la gracia Dios se acerca a nosotros, mediante la gracia nosotros servimos a pesar de no merecerlo, mediante la gracia podemos alabarlo, mediante la gracia amamos a nuestros semejantes, mediante la gracia Dios nos usa, a pesar de nosotros.

12. Por la gracia Dios nos ve y nos transforma, y nos da nuevas oportunidades. Inclusive si caemos y “volvemos en sí”, Dios nos recibe con los brazos abiertos y se alegra de tenernos en casa de nuevo. Incluso si pecamos y merecemos el apedreamiento, Dios nos dice que no nos juzga pero nos exhorta a no pecar más. Incluso si lo negamos tres veces, él después nos llama a apacentar a sus ovejas. La gracia maravillosa siempre busca restaurar y redimir, y nos da otra oportunidad: nos redime del mal que está en nosotros mismos.

13. Lo perfecto será cuando Él venga, por segunda vez, pero por ahora, debemos mostrar cómo podría ser el mundo completamente reconciliado, tanto en nuestras comunidades de fe como en los ambientes en donde nos movamos. Esto es parte intrínseca de la misión. Mientras tanto, esperamos su venida, la resurrección de los muertos y la renovación de toda la creación, aunque la manera en que esto suceda permanece en misterio.