martes, 19 de febrero de 2019

Las teorías de la conspiración

Fuente: Memes de Teología y Filosofía para ex Fundamentalistas
En los dosmiles llegaron las redes sociales. Las primeras que aparecieron, como Hi5, nos permitían hacer pocas cosas pero ya contenían esa cosa fundamental que tocaba esa fibra poderosa que no se puede separar de la curiosidad y la vanidad. Tiempo después estuvo MySpace, y se consolidaron Facebook, Twitter, Snapchat e Instagram. Linkedin hizo su camino paralelo, y Google+ fracasó en su intento de luchar contra Facebook. Son hoy ineludibles para la vida de la mayoría.

Estas redes nos han transformado la vida. Solo hago notar una cosa que es enorme e importante, entre tantas cosas que han provocado: les ha dado una voz a todos que puede retransmitirse, viralizarse, llegar a todas partes. Hoy día cualquier persona puede decir algo, hacer un video, escribir un post en un blog o una actualización del perfil de Facebook, y el contenido potencialmente puede ser visto por miles de personas. Esta capacidad no existía antes. Recuerdo que hace diez años esto se vendía como algo muy positivo, como una cuestión revolucionaria. En el papel, por supuesto, eso parece ser así. Suena como un ideal bonito el que todos tengamos voz. ¿Quién se opondría a esto?

No pasó mucho tiempo para que pronto tengamos que anunciar problemas a Houston. La voz para todos no dio los resultados pensados, todo lo contrario. Prontamente surgieron personas que parecían ser especialistas en cada tema existente, todólogos completos que iban en contra de la tendencia mundial a la especialización de los conocimientos. De pronto se impuso la ira detrás de la desinhibición que las redes fomentan. Con perfiles anónimos, trolls insultaron sin misericordia y muchas veces de manera innecesaria. Se nos impuso el reinado de la bilis, de la malaleche. Tal vez siempre estuvo allí, restringido a las esquinas de las calles o a las bancas de los parques, pero ahora se manifiesta al mundo porque tiene el poder para hacerlo. Lo inteligente y lo estúpido puede difundirse a todas partes al mismo nivel, pero una es más poderosa que la otra. El que lee, entienda.

Pronto se hizo evidente la vieja desconfianza por la ciencia y el muy vigente anti-intectualismo. Bueno, desde el colegio ya esto se ve: la mayoría tiene dificultades con los cursos de ciencias; que per se desconfíen o minimicen su impacto o la desprecien al menos a mí no me sorprende. Luego se infló eso de "mi verdad, tu verdad", acentuándose esa tendencia tan postmoderna. También el rechazo a la lógica. O el dominio de las fake news, como una licuadora donde la verdadero y lo falso se mezclan sin tener la capacidad de distinguirlos. Todo junto hizo que las redes se convirtieron en el caldo de cultivo perfecto para el surgimiento de varios movimientos que al inicio eran casi pintorescos, una broma, un meme gracioso, pero que se expandieron como una especie de virus y ahora tienen seguidores por todo el mundo: los antivacunas, los terraplanistas, los luchadores por la familia y anti ideología de género, los negacionistas del cambio climático.

Si rechazas visceralmente a las ciencias, si la minimizas, desprecias o usas de ella solo lo que te conviene, te preguntarás el porqué la ciencia convencional trata de imponer su discurso a todos. ¿A quién beneficia eso? Dirán de inmediato que hay intereses ocultos. Un paso más allá llegan en masa las teorías de la conspiración: el gobierno de Estados Unidos, la NASA, la CIA, el FMI, la ONU, la OEA, George Soros, los masones, los Illuminati, los satanistas, el lobby gay, los LGTBI, la izquierda, los marxistas, los comunistas, los judíos, el Estado, siempre el terrible Estado. Súmale a este cóctel la religión que tienes (bonus si eres católico o evangélico), tu tendencia política (otro bonus si eres de derecha o simpatizante de los republicanos), el conservadurismo reflejado en la explosión y difusión del miedo, y listo, tenemos nuestro mundo de 2019.

¿Dónde están los científicos? Perdiendo la batalla mediática-rediática porque están cómodos dedicados a hacer experimentos complejos y escribir libros o papers para revistas indexadas, mientras miran por debajo del hombro a todas las demás personas. Bien metidos en su Olimpo, sin interés en combatir estas narrativas. No creo que les sería tan difícil volver a hacer el experimiento de Eratóstenes para medir la circunferencia de la tierra, pero no aparecen. Algunos de estos grupos llegan a negar la condición de ciencia de, por ejemplo, las ciencias sociales, pero ni eso hace bajar de las nubes a nuestros hombres de ciencia. Sí, científicos, es más que importante lo que hacen, pero hay una batalla en el llano que deben enfrentar.

Por supuesto, hay algunos que están aprovechando este nuevo escenario. Por ejemplo, llama la atención del impacto internacional de la oposición a la perspectiva de género. Hay sincronización entre el movimiento en los distintos países, no parece ser algo tan espontáneo tal como sus promotores lo quieren vender. Además, es curiosa las similitudes de pensamiento de los líderes del movimiento, que la transmiten a sus seguidores: marxismo cultural, anticomunismo, antiizquierdismo, liberalismo económico. O sea, de contrabando pasan principios, a lo caballo de Troya, que van más allá del aparente mensaje conservador o cristiano. Y aunque los argumentos iniciales hayan nacido en El Vaticano, ya este avance exponencial parece tener otros promotores. Pero no tengo tanta información o sensibilidad para detectar el origen.

La lluvia sobre mojado: nos influencia Cambridge Analytica y quien puede pagar nos empuja a donde quiere. Que embrollo; no sé bien cómo podemos salir de esto.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Los nuevos científicos

Cuando era adolescente algunas voces ya mayores me decían que la universidad era un reto para los cristianos, no necesariamente por la complejidad de los tópicos a estudiar sino, más bien, porque nos adentraríamos en paradigmas científicos que son marcadamente opuestos a las enseñanzas del cristianismo. Nos iríamos a la cueva del lobo y debíamos estar preparados intelectual y espiritualmente. 

Por ello, existían -aún permanecen- ministerios que trabajan con estudiantes universitarios y sus particulares luchas y dudas de fe ante las muchas consignas que pueden serles rebatidas, como la evolución con su universo de 13,800 millones de años en contraste con un mundo de 6,000 años con dinosaurios apiñados en el arca, la posibilidad de más vida inteligente además de la terrícola o, si eras estudiante de ciencias sociales, el temible marxismo, la doctrina político-económica atea por excelencia. Ya ni hablemos de la filosofía y su particular manera en que se enfrenta a la existencia de Dios: muchos ya consideran, en la práctica, un rechazo a la existencia de la Divinidad. Por eso, en los setentas, o más atrás, ir a la universidad era algo no fomentado en el pequeño mundo evangélico latinoamericano. Cierta [gran] parte de lo científico era visto con mucho recelo. 

Sin embargo, desde hace poco veo que se ha dado un gran viraje en la visión de lo científico. Ahora usamos la “ciencia” para fundamentar nuestras explicaciones. Por ejemplo, debido a la perspectiva particular respecto a la teoría de género, cientos de cristianos usan como argumento el cliché de que no es científica; hablan hoy de evidencia, de biología, de anatomía. Otros hablan de postulados ideológicos, de lo natural y antinatural, de diseño original [científico, claro está], de que los hombres y mujeres son fisiológicamente diferentes, que sus diferencias se basan en lo que determinan sus genes y nada más, que la superposición de las construcciones culturales y sociales es algo que no tiene relevancia, que es un mito o una mentira. La “ciencia” por detrás de todo. Pero las naturales nada más. 

Por andar en las labores mundanas, me perdí de la reconciliación del evangelicalismo con la “ciencia”, aunque me da la impresión de que es cosa utilitaria. ¿O me equivoco?

viernes, 28 de septiembre de 2018

La ley Guía y la prevención de los abusos eclesiales

Hace unos días el congresista Moisés Guía presentó un proyecto de ley que agrega un artículo a la ley 29635 (Ley de Libertad Religiosa). Este versa así:

Artículo 16: De los principios para el establecimiento de las entidades religiosas Las entidades religiosas se establecen en el país bajo la libertad que les brinda la Constitución Política del Perú. Se rigen bajo los principios, valores, cultura y prácticas democráticas, prohibiéndose prácticas autoritarias, abusivas, discriminatorias y contrarias a los derechos de las personas, así como actividades de proselitismo político. Su establecimiento y autorización se rige conforme al reglamento de la presente ley.

Este agregado a la ley 29635 contó con el apoyo de dos de las principales asociaciones de iglesias evangélicas peruanas: el Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP) y la Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (UNICEP). Por supuesto que esto no es gratuito, sino que surge a partir del escándalo de la Iglesia El Aposento Alto y su apóstol, Alberto Santana, aspirante a la Presidencia del Perú (ha creado su partido político, Perú Nación Poderosa), el cual por una "revelación divina" tuvo una concubina por varios años, evidentemente en secreto. Se suma a esto las afirmaciones de su hijo, Cohelet Santana, que en una prédica afirmó que la correa siempre hará que las esposas sean sumisas, esto es, una abierta apología a la violencia doméstica, y el incidente de la invasión a la explanada del estadio de Alianza Lima hecha por miembros de la congregación. También las enormes dudas respecto al financiamiento de algunas iglesias, las cuales han construido grandes templos (no es una discusión exclusiva del Perú. Aquí un ejemplo de Guatemala, citado en Puente) o han hecho gala de su poder económico. Aquí el congresista Guía ha mencionado a los diezmos y ofrendas, recalcando que ningún pastor o miembro de la iglesia se los puede adjudicar, haciendo velada evidencia a la familia Santana. También ha enfatizado el que las iglesias no pueden impedir el ingreso de nadie, ni tener ninguna práctica discriminatoria. Si esta existe, el Estado debe actuar de oficio. Esto último ha levantado las alertas de todos los conservadores, algunos de los cuales han mencionado alguna vez del derecho a discriminar.

Tras la publicación de este proyecto de ley, hay mucho alboroto en el entorno eclesial, desde los que están de acuerdo con las regulaciones y hasta los que afirman que esto viola su libertad religiosa. Como es usual, los que están en contra muestran una agresividad en redes que no se distingue de las oposiciones vistas en entornos no eclesiales. Que viva el testimonio. Tratando de analizar con algo de calma, pienso que lo primero que hay que tomar en cuenta es que el evangelicalismo ya está profundamente politizado, y que este proyecto de ley debe circunscribirse a este contexto. En otras palabras, este proyecto es parte de la pugna existente en el seno de las iglesias. El intento de la prohibición del proselitismo político que han hecho líderes conservadores como el propio Santana, Rodolfo Gonzales, los Hornung, Linares, Rosas y otros, tiene un sentido evidente: restringir su participación política o el uso de la iglesia en beneficio de sus intereses o preferencias políticas. Aunque estoy muy de acuerdo con el que los púlpitos no deben ser usados jamás para la defensa o apología de un partido político ni para promocionar a algún candidato o para "moldear" el voto de los feligreses de la iglesia (porque la preferencia política debe tener la misma libertad de la preferencia religiosa), creo que el mecanismo no debe ser el que una ley lo haga. Las subjetividades son enormes, en especial cuando estamos en un entorno en el cual una confesión es la predominante, y tiene antecedentes de restringir las voces de otras tradiciones cristianas usando las plataformas del Estado para esto.

Lo segundo que observo es la mención al control que podría hacer el Estado en los aspectos económicos de las iglesias. El famoso diezmo. Por supuesto, en las iglesias se dan abusos enormes y la manipulación emocional y económica es pan de cada día. Hay demasiados casos. Pero hacer un control por parte del estado es en extremo difícil porque nuestra realidad eclesial es profundamente informal, tal cual es nuestra realidad económica. Hace diez años escribí algo pequeño al respecto, y las cosas han cambiado poco. Iglesias que no pagan beneficios sociales, iglesias que pagan menos del sueldo mínimo, iglesias que no pagan sueldo, iglesias que no tienen contabilidad, iglesias que no tienen políticas de análisis de las ofrendas que reciben (que potencialmente pueden estar dentro de un proceso de lavado de activos). Miles de iglesias independientes. El Estado ha demostrado ser incapaz de hacer un control efectivo del fenómeno informal; lo eclesial no será la excepción. Además, se presta a posibles presiones políticas o a contubernios con la autoridad de turno. Iglesias que se verías cuestionadas mientras otras que seguramente serían favorecidas. Sería un perjuicio enorme, solo pensando en los conflictos potenciales de esta hipotética situación.

Para cerrar, recalco que la intención de reglamentar esto por ley no es la mejor solución, pero sí resalto la idea de que algo debemos hacer como iglesias evangélicas. Tenemos un problema que hay que enfrentar, y decir que tenemos libertad de culto no basta. Debemos combatir los abusos. Bien lo dice Darío Lopez en su muro de FB:

...¿cómo determinar, para el caso de las confesiones religiosas, cuando ésta es o no democrática, o incurre en prácticas autoritarias, abusivas, discriminatorias y contrarias al derecho de las personas? ¿Son democráticas las iglesias o tienen que serlo porque el Estado así lo determina? E incluso, hacía adentro, podrían formularse preguntas como: ¿Qué mecanismos y prácticas de regulación interna tienen las iglesias para prevenir y sancionar prácticas autoritarias, abusivas, discriminatorias y contrarias al derecho de las personas? ¿Se deben o no prevenir y controlar estas malas prácticas?


jueves, 13 de septiembre de 2018

Los cristianos de ahora

Los cristianos han cambiado una barbaridad en los últimos tiempos. Hace mucho que se nota que se vienen poniendo más y más agresivos. Las explicaciones son variadas, pero sin duda un punto relevante es el crecimiento numérico: ese 15% aproximadamente que dice el censo 2017 en el Perú, que muestra con claridad que nuestra minoría ya no es insignificante. Ya tiene peso, ya no se nos puede ningunear. Ya nos toman en serio, ya se acercan a los líderes a un coqueteo abierto. Ya vienen en elecciones a que oren por ellos y a que les impongamos las manos. Ya somos importantes. 

Otra cosa que se nota es que, siguiendo la corriente de los tiempos, algunas voces de la iglesia suelen mentir. Pienso de inmediato en el ejemplo por excelencia: Christian Rosas y sus múltiples y recurrentes declaraciones, con falsedades continuas. 

Sintiéndose con poder, no resulta extraño que los miembros de una iglesia que compraron unos terrenos de una manera peculiar (vamos, quién compra un terreno que abiertamente tienen otro poseedor, quién lo hace a precios muy por debajo del mercado sin que eso les llame la atención) y que dicen que fueron a celebrar un culto a las tres de la mañana con cascos, palos, piedras, escaleras, aparatos de soldadura y abundantes brochas y pintura, en lo que es “suyo”, entrando sin orden judicial alguna, hagan lo que hacen, pretendiendo que es normal, desdibujando por completo lo que debe ser el modo de hacer las cosas de un cristiano. 

¡Qué lío cuando crees que la voz de tu subconsciente es la voz de Dios! ¡Qué problema cuando crees que Dios habla a través tuyo! (varios, varios he visto de esos en mis años como cristiano) 

A todo esto, como quien no quiere la cosa, se le pueden sumar curiosas coincidencias que benefician al partido del cual el pastor es simpatizante abierto y aportante. Todo el coctel se hace explosivo e intimidante. ¿Qué fue de la forma de ser un seguidor del Maestro, de Jesucristo? ¿Ahora usamos cascos, entramos a la fuerza en una explanada, invadiéndola, nos peleamos con una hinchada de un equipo de fútbol, pintamos los símbolos ajenos? ¿Estos son los cristianos de ahora?

jueves, 30 de agosto de 2018

La larga ruta de Dios

En el principio, al menos hasta lo que sabemos hoy, estaba toda la masa concentrada en un pequeño punto, el átomo inicial de Lemaitre, lejos de lo ex-nihilo que han configurado varios teólogos que andan lejos de la ciencia física. Trece mil ochocientos millones de años antes de este instante en que, frente a mi computadora, machaco con fuerza este papel digital. Luego, una singularidad y la expansión del espacio, la inflación cósmica, la aceleración de la expansión y el inicio de un largo proceso de formación de todo lo existente. El enfriamiento, las partículas subatómicas, la relatividad, todo lento, con calma. Mi visión teísta dice: es la creación inicial, el bereshit, la forma escogida de trabajar por Dios. Un Dios que construye, paciente, sin el apuro del humano del siglo XXI que nos ahoga en un agrio estrés. Luego el tiempo hizo lo suyo. Miles de millones de años. Galaxias, estrellas, planetas, satélites. Pasaron las tardes y las mañanas. 

Insisto, todo fue paso a paso, en un aparente ensayo y error. Un día, la vida, que desde el principio aparenta ser un árbol que crece con ramas que se expanden en todas las direcciones. Una de esas, dicen, es de donde surge el hombre. Sigue pasando el tiempo, tardes y mañanas, y un día que se pierde en nuestro olvido, de repente, la conciencia del hombre llega. Cómo, no sabemos. El homo sapiens mira al cielo y se aplasta. Lo dice Sabato de una forma brillante: “al incorporarse sobre las dos patas traseras, un extraño animal abandona para siempre la felicidad zoológica para inaugurar la infelicidad metafísica; descabellada ansia de eternidad en un miserable cuerpo destinado a la muerte”. Su intuición le dice que algo tiene que haberlo hecho. La eternidad lo carcome. Piensa en divinidades. Surgen éstas, por todas partes. En los animales, en los montes, en los astros, en el mar. El creador, que le gusta el ir paso a paso, que tiene paciencia, no se complica, sigue este curso de las cosas. Él, que se había tomado miles de millones de años en crearlo todo, sigue ese modus operandi con el ser humano. No le importa verse en muchas formas. No se hace líos con ser parte del lenguaje mitológico, con la explicación primitiva que trata de dar respuestas ante un universo que no se entiende. No se hace problemas en compartir el protagonismo con miles de dioses que, en el fondo, son Él mismo. Acepta la monolatría. Es como si aceptara que el concepto de Dios puede ser construido por los humanos. 

La Biblia muestra esto con claridad. Deu. 10:17 dice que Dios es Dios de dioses, o sea, se afirma la existencia de otros dioses y que, además no acepta soborno, en contraste con otros dioses a los cuales se les daba regalos en fechas que no correspondían. Se portaban como los jueces peruanos, miren ustedes. Exo. 15:11 compara a Dios con otros dioses. Deu. 4:19 nos dice que el sol, la luna y las estrellas son dioses, pero que la adoración de los hebreos debe ser a Yahveh. Deu. 32:8-9 dice que El-Elyon repartió la tierra entre los pueblos, y lo hizo según el número de dioses existente, no en vano habla de la porción de Yahveh (este pasaje hace una clara distinción entre el Altísimo y Yahveh, mostrando que ¡no es el mismo!). Jue. 11:23-24 habla del dios Quemosh, que también quita y da territorio, como Yahveh. Sal. 82:1 menciona al panteón semita, cuando dice que “Dios se levanta en la asamblea divina, en medio de los dioses juzga” (BJ), aclarando que se refiere a El-Elyión (el altísimo), el líder del panteón. Un panteón que, en la mentalidad antigua de los pueblos del medio oriente, tiene cuatro categorías: (a) el altísimo (El), (b) los setenta hijos del altísimo entre los que están Yahveh o Baal (c) los pequeños dioses de comerciantes y artesanos y (d) los mensajeros divinos. 

Es que, vamos, el Israel pre-exílico era politeista y como pueden ver, la Biblia lo muestra con claridad. 2 Re. 23:4 nos muestra que en esa era, todos los dioses estaban en el templo, y la idea del monoteísmo es posterior, ya que se comienza a configurar con Josías, afianzándose tras el exilio a Babilonia. David era, según el relato veterotestamentario y si existió, pagano, ya que 1 Sam. 19:11-23 menciona a la estatua (un terafim, un ídolo) que posiblemente le pertenecía y que su esposa usa para disimular su fuga. La presencia de Baal, dios del clima y de la tormenta, era fundamental, con su representación de hombre, con un casco tipo cono, con una lanza en forma de rayo (1). El hijo de Saúl se llamaba originalmente Es-baal (Hombre de Baal) y el hijo de Jonatán se llamaba primero Merib-baal (luego Mefiboset). Yahveh era un dios más, el dios de la guerra (por eso el titulo Yahveh Sebaot: Jehová de los Ejércitos), un dios de momentos específicos, porque en paz, mandaba Baal. Además, otra de las diosas era Ashera, la diosa de la fertilidad. A ella recurrían en los casos desesperados de infertilidad de las mujeres o de la tierra, tal era su importancia (2). Pero tras el exilio, las referencias a ella son eliminadas ya que fue considerada como la culpable de la deportación según el pueblo, a pesar de ser la más famosa de todas las divinidades. El señalamiento hacia ella fue trasladado hacia Eva, la introductora del pecado en el mito creacional de los primeros capítulos del Génesis, escrito en esta época post-exílica. 

El Shaday, El Elyon y El Olam fueron adorados en Ugarit y se convirtieron en menciones del Dios todopoderoso en el Antiguo Testamento. Pero Yahveh, uno más del panteón, tuvo origen más humilde. Nació entre nómades del sur de Israel, más específicamente en Edom. Se le representó como un toro y la arqueología ha encontrado múltiples representaciones de toros, todas identificadas como Yahveh. 1 Rey. 12:27-33 habla que Jeroboam hizo dos becerros (toros) de oro y los colocó en Bethel y en Dan diciendo “Israel, este es tu Elohim”. ¿Por qué lo hace? Porque era la representación usual de Yahveh, y debía representarlos si quería independizarse del culto en Jerusalén, tenía que hacer necesariamente sus propios toros. La representación del becerro (toro) de fundición de Exo. 32:4 se vincula a Yahveh, por eso los hacen. Pero quizá una de las representaciones más gráficas es la de Jue. 17 y 18, que relata la fundación de Dan, consolidada con el establecimiento de un idolo (seguro, un toro) hecho por Mica y robado por los danitas para que ellos lo puedan adorar en la nueva Dan bajo el sacerdocio de Jonatan hjo de Gerson, hijo de Moisés, lo que nos muestra que la familia de Moisés eran sacerdotes de ídolos en la ciudad de Dan. Pero casi no se habla de esta descendencia, solo de la de Aarón. 

Más aún: se han encontrado estatuas de Ashera con cuernos, lo que significaba que para algunos era la esposa de Yahveh (3) tal como se muestra en la imagen del post. Volviendo al punto anterior, no solo Dan tenía esa representación. Cuando en Jos. 18:1-8 el pueblo conquistador se reune en Silo y se habla de estar “delante de Yahveh” se estaba refiriendo literalmente a estar delante de su imagen… o sea, el toro. Cuando llevan a Samuel a Silo (1 Sam. 1:24) lo llevaban al centro de adoración de Yahveh, representado otra vez por el toro. Y podemos seguir: 1 Rey. 22:11 y 2 Cro. 18:10 hablan de lo mismo: Sedecías “se había hecho unos cuernos de hierro” que, en realidad, eran muy gráficos. Era como decir “soy profeta, soy tu representante, me pongo los cuernos y, entonces, puedo realmente profetizar porque, de alguna manera, soy como Dios, como el toro”. 1 Rey. 1:50 y 2:28 hablan de los cuernos del altar. ¿Por qué el altar tiene cuernos? ¿Por qué los doce toros de 1 Rey. 7:25 en el Templo de Salomón? Eran representación de Yahveh y cada toro representaba a una tribu. Los toros eran especiales y por eso eran fundidos y no de arcilla. Por eso se han encontrado muchos en buen estado de conservación. 

El tiempo pasa, Yahveh crece en poder y en algún momento hay una dualidad dios-El (norte) vs. Yahveh (sur) en detrimento del resto del panteón. Pronto, el profundo sincretismo religioso hace que Yahveh se fusione con El, pero aún sin considerarse como único respecto a los dioses de otros pueblos, esa idea del monoteísmo es posterior, viene tras el contacto con Babilonia, Persia y la profunda crisis del exilio, cuando nace realmente la religión judía tal cual la conocemos. Antes del exilio el paganismo era lo que predominaba en Israel. Tras volver el pueblo a su tierra, Yahveh se convierte en Dios del universo, único. Miles de años para llegar a esa idea de alta complejidad y abstracción. 

Sigue pasando el tiempo. Las cosas no terminan allí. Se van los persas, llega Alejandro Magno, se divide su reino. Luego una corta independencia y tras eso, el poder romano, clamoroso. Pronto llega Jesús. Es un maestro imponente y se declara hijo de Dios. Su prédica es maravillosa e impactante, pero es crucificado. Unos pocos años después, Pablo, un genio de la teología, reinterpreta su muerte con la idea de la resurrección como eje que ya era parte de la creencia de los primeros cristianos. Le da sentido a la ley de Moisés bajo esta nueva perspectiva y el Antiguo Testamento se reinterpreta desde Jesús como evento disruptor, como la clave hermenéutica. Más tiempo, ahora es divinizado -tras largas discusiones en sendos concilios- y después Dios se convierte en trino. Pero uno al mismo tiempo. Esto, por supuesto, si seguimos la rama cristiana, porque la judía fue más fiel a la tradición post-exílica. 

Que larga esta ruta. No termina, caminamos en este instante y así seguirá hasta el fin de las cosas. En ella, Dios pasó de ser un toro a único, todopoderoso, trino y encarnado en la tierra. Desde esta ruta miramos el horizonte de la divinidad y su camino a nuestro lado, brotando la fe, profunda y fértil, que nos debe llevar a transformar nuestro ser y el entorno que nos rodea. A amar a nuestro prójimo y luchar por la paz y la misericordia.


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-El análisis de la evolución del concepto de Dios descrito en este post se lo agradezco a dos excelentes cursos de Mitología Hebrea a cargo a César Silva, a quien agradezco por las enseñanzas impartidas.

-La imagen es extraída de http://jamesmacarthurll.blogspot.com/2014/08/a-todo-estoquien-es-jehova.html



(1) No en vano Elías pide que “Baal lance un rayo y encienda la fogata” en su conflicto con los sacerdotes de Baal en el Monte Carmelo.



(2) Los textos de Ugarit nos ayudan mucho para entender esta realidad religiosa (puede revisarse, por ejemplo, Guillermo Calderón Núñez: Los textos de Ugarit en la Biblia: Una introducción en la tradición mitológica del Medio Oriente antiguo. Disponible en https://www.researchgate.net/publication/28296341_Los_textos_de_Ugarit_en_la_Biblia_Una_introduccion_en_la_tradicion_mitologica_del_Medio_Oriente_antiguo). De allí, por ejemplo, se infiere que en el templo de Jerusalén estaban los sacerdotes de Baal y de Ashera, los cuales cantaban juntos textos que posiblemente inspiraron a Cantar de los Cantares ya que era necesario el ambiente de erotismo porque un sacerdote de Baal y una sacerdotisa de Ashera tenían relaciones sexuales recreando el sexo entre Baal y Ashera, donde la lluvia era el semen de Baal, la cual fecundaba la tierra.

(3) El lugar más antiguo donde se han encontrado referencias sobre JHVH es Kuntilled Ajrud, en el Sinaí, donde hallaron ostracas del 950a.C. El detalle es que JHVH trae esposa, su esposa, Ashera. A ella se le representa con un árbol. ¿Qué árbol? El árbol de la vida. Ashera también es representada como esposa de Baal y, a veces, del Dios Supremo.

viernes, 3 de agosto de 2018

Misericordia quiere y no sacrificios

Las últimas semanas han estado particularmente convulsionadas por múltiples frentes. Mientras el mundial ya terminaba con el Perú eliminado en primera ronda aunque ganando su partido de cierre, salió la noticia de la separación de padres e hijos en la frontera de México con Estados Unidos, cosa terrible que refleja los múltiples problemas que ha tenido la política migratoria del país norteamericano en las últimas décadas, que van más allá del contraste entre las medidas de Trump y Obama. Pero también ha estado en boca de muchos la discusión sobre el aborto que desde Argentina ha trascendido a los demás países. La cosa ya está a nivel del Senado con tensión in crescendo. Como siempre, la polarización ha estado en niveles máximos, y la discusión virtual ha estado intensa. Que tóxico se pone el Twitter con frecuencia. Los evangélicos, por supuesto, hemos salido en bloque con una defensa cerrada de la vida, con múltiples armas. 

Mi aproximación a este tipo de temas es burda y tal vez primariosa: primero, ir a las palabras del Maestro cuando le decía al pueblo indignado por la transgresión cometida por la adúltera que le tire la primera piedra aquel que no tiene pecado (Jn. 8:7). Esto es, eliminar nuestro complejo de justicieros; segundo, también ir a las palabras del Señor cuando decía que él prefiere la misericordia y no los sacrificios de los ceremoniales judíos (Mt. 9:13). Esto es, debemos fulminar nuestra religiosidad y el privilegio de la visión legalista, para ser reemplazada por la mirada amorosa, tan bien reflejada en Jn. 13:35, cuando el Señor dijo que se sabrá quienes son sus seguidores solo observando si se aman los unos a los otros. La dualidad de la que escribí más arriba es un eje de ortopraxis para mí, que choca frontalmente con nuestra predilección por juzgar a otros y esa tendencia casi natural a la religiosidad.

Mi mirada de misericordia me lleva a recordar a las tres mujeres que conozco que se sometieron a un aborto. Especialmente para dos de ellas, las secuelas fueron devastadoras, con años de sufrimientos mientras traían siempre al presente el caos de la decisión tomada. Un volcán de dolor. Pero ante eso hoy muchos hablan del aborto como si fuera un corte de uñas, una depilación, banalizándolo por completo, olvidando que es una cosa terrible, atroz. ¿Quién, pues, puede estar a favor del aborto? Vamos, nadie lo está, no se necesitan fotos para graficarlo mientras se busca generar repugnancia. Sin embargo, muchas veces las mujeres son puestas contra las cuerdas, por un novio que las abandona, una familia que amenaza con dejarlas desamparadas, un Estado que no ayuda en nada o una vida al límite, sin opciones, y ante ello ponen su vida en riesgo. ¿Imaginan por un momento la disyuntiva que obliga a tantas a tomar esa decisión extrema? Miles de cristianos pensamos que esa fue una decisión fácil y nuestras voces no tiene la más mínima misericordia ni compasión, sino el juicio intenso, hablando de que defienden al más débil, al sin voz, mientras lanzamos las piedras. ¿Es ese, de verdad, el móvil que nos mueve a oponernos? 

Ya lo he dicho antes: nuestros temas de interés público pasan todos por el sexo: nuestra oposición a la homosexualidad, la lucha contra el aborto, la tremenda ideología de género (que es lo peor porque, aunque no se entiendan las definiciones básicas de la teoría de género, es muy mala porque visibiliza a los homosexuales y otros pervertidos y sugiere que se brinde educación sexual en los colegios como una de las muchas herramientas que podemos utilizar para disminuir las asimetrías entre los géneros). De la cama parece que no salimos. Es nuestra obsesión. Y aunque no lo decimos de manera expresa, nuestro deseo es el que nuestra ética sexual sea la que todos tengan que vivir. Relaciones sexuales solo para el matrimonio. Aborto criminalizado a la par del asesinato. Homosexuales de regreso al closet y criminalizados también de ser posible porque son abominación ante Dios. Autarquía y soberanía para el Perú, porque hay organismos como la ONU u otros internacionales que quieren destruir la familia y homosexualizar el mundo. Es volver al siglo XV. Quizá por eso clamamos por las tradiciones, curiosamente usando argumentos que los católicos han tenido por décadas, cuando nuestro mensaje siempre recorría otros caminos.

domingo, 18 de febrero de 2018

¿Más puntos en común?

No hay duda alguna: el Perú es un país conservador. Para muestra un botón: la reciente visita de Francisco al país. Cientos de miles de personas lo siguieron, llenaron casi todos los espacios posibles en donde se presentó el Papa, sea en la selva de Puerto Maldonado, las playas trujillanas o el descampado del aeropuerto de Las Palmas, en Lima. Por más que en las redes sociales y las calles muchos colectivos luchen por agendas a favor de diversos derechos, entre los que destacan el de las libertades sexuales, la mayoría conservadora es categórica: domina el incienso, la gente haciendo fila por la hostia un domingo en cualquier parroquia. 

Es en este contexto conservador en que el evangelicalismo ha crecido en el Perú hasta rondar el 20% actual, muy grande pero aún inferior al 30% de Brasil o el 50% de Guatemala según Pew Research Center. Cosas como la urbanización, que ha crecido a un ritmo similar, o las misiones norteamericanas, también conservadoras, le han dado esta cara tan particular. No obstante, estas cifran tan halagadoras, tenemos una característica furibunda que nos juega en contra: nuestra atomización patológica. Nosotros crecemos rápidamente pero hacemos pronto una mitosis, tal vez porque hemos aprendido a que la manera de enfrentar los diferendos es dividiéndonos. Por eso, hablar de una unidad evangélica es una tarea casi imposible. Misión conflictiva y áspera. Mejor ni meternos con ella porque saldremos magullados. 

Pero vamos, podemos encontrar convergencias entre todos los evangélicos, a que sí. Los tiempos actuales han sido reveladores y nos han mostrado varias: la oposición al aborto, la defensa de la familia “natural”, una especial visión de la sexualidad que se opone a la libertad sexual y los derechos reproductivos, una oposición radical al homosexualismo, a su visibilidad y a aproximaciones al matrimonio de personas del mismo sexo, y la oposición estricta a la “ideología” de género, que de cierta manera engloba a todas las anteriores. En estos puntos la convergencia ha ido más allá porque también ha alcanzado a grupos católicos conservadores, con los que se ha logrado un ecumenismo en la práctica a pesar de los sentimientos anti-católicos y anti-evangélicos, que allí están, muy latentes pero como escondidos debajo de la mesa. Así, pueden marchar juntos en #conmishijosnotemetas o las “marchas por la vida”. 

Desde este punto en común, la agenda política que se plantea desde esa orilla es aún restringida, y no pretende ir más allá con seriedad. Los evangélicos elegidos han insinuado restricciones a la vestimenta (pienso en aquel congresista Vicuña, quien quiso prohibir las minifaldas), al arte (donde quieren evitar desnudos u otras manifestaciones culturales como los carnavales) o las posturas laicas, donde abiertamente están buscando que la educación cristiana se afiance en los colegios. Este es el caso del Brasil. En realidad, los evangélicos no tenemos mucho que ofrecer cuando salimos de nuestro discurso. Bien lo ha explicado David Gaitán en su blog, cuando se plantea varias inquietantes preguntas: ¿Pueden hablar los evangélicos de calidad educativa cuando sus instituciones educativas son calamitosas? ¿Pueden hablar de gratuidad de la enseñanza si no promueven esquemas de becas en sus instituciones educativas? ¿Pueden hablar de empleos dignos cuando las iglesias suelen ser pésimos lugares para trabajar porque no les pagan o pagan muy poco a sus trabajadores, con frecuencia sin ninguna prestación social? ¿Cómo hablarán sobre la corrupción cuando sus organizaciones e iglesias están llenas de nepotismo, donde los hijos y familiares del pastor suelen ocupar los lugares más altos de liderazgo, sin pensar en los más capaces?

Si hacemos un ejercicio de predicción, surge de inmediato la pregunta de si pueden existir más puntos en común entre los evangélicos. Me arriesgo a decir que no los encontrarán, aunque sí existan en teoría. Cuando la realidad los obligue a ir más allá de los terrenos conocidos, vendrán los fracasos de los “elegidos por Dios”, y posiblemente algunos “modelos” políticos entrarán en crisis, cuando tengan que gobernar de verdad. A menos que, de alguna manera, desarrollen algo en el camino, que les dé continuidad a su movimiento. Tal vez, tomando las palabras de José Luis Pérez Guadalupe, si hacemos una transición de ser evangélicos políticos (casi todos ellos son pastores que insinúan o abiertamente hablan de teocracia) hacia convertirnos en políticos evangélicos, que trabajen abiertamente desde la ciudadanía, buscando el bien común para todos. Quizá aquí more la esperanza.

jueves, 25 de enero de 2018

Francisco en el Perú

El Papa, en el Perú, vino, vio y venció. Fuera de las discusiones numéricas sobre los asistentes a los eventos de Lima, Trujillo y Puerto Maldonado, incluso si asumimos las cifras más conservadoras podemos considerar su visita como muy exitosa, en especial si la comparamos con lo ocurrido en Chile, donde Francisco tuvo mayores resistencias debido al mediático caso Karadima y al accionar del obispo Barros, que según los testimonios trató de ocultar lo sucedido. Todo, a pesar de mensajes controvertidos como el que dio en Puerto Maldonado, a favor de los pueblos selváticos originarios y en contra de la voracidad extractivista. O a los silencios, como el caso Sodalicio, que hiede hace tiempo en el país. 

Los evangélicos hemos visto de reojo toda la ebullición vivida con diversas reacciones, desde el silencio respetuoso hasta la mención de la “demoníaca” palabra ecumenismo ante una foto de algunos representantes de iglesias evangélicas históricas con el Papa, antes de la misa que dio en la base aérea de Las Palmas. Yo que pensaba que tras la colaboración íntima que muchos grupos evangélicos han tenido con el catolicismo en las marchas pro-vida y movimientos tipo #conmishijosnotemetas (no olvidemos que el marco ideológico pro-vida fue configurado en el Vaticano), ya el viejo recelo católico-evangélico había sido superado. Pero parece que no es así. Los mensajes de oposición a la reunión protocolar, inocua además, si es que se lee el comunicado que fue entregado a Francisco, han sido agresivos y han mostrado con claridad el dominio de ciertas escatologías en el imaginario popular de ciertos sectores evangélicos. Es muy peruano esto: acepto la colaboración velada (en los movimientos pro-vida) pero no acepto la foto explícita. Hipocresía, a fin de cuentas. 

Sí, cientos de miles fueron a ver a Francisco. Ante ello, varios han hablado de que el Perú es un país cristiano, de mucha fe. Han inflado el pecho, orgullosos. ¿De verdad podemos decir esto? ¡Miren nuestro país, reventando en corrupción! El mismo Francisco ha dicho que la política está enferma, y creo que más en el Perú, donde hemos casi elegido dos veces a la representante del fujimorismo, los directores del gobierno más corrupto de la historia peruana. ¿De verdad, somos cristianos? ¿Seguimos los preceptos de Cristo? Los funcionarios públicos roban, los políticos velan por sus propios intereses, los policías piden coimas y nosotros las pagamos, somos indiferentes ante el dolor ajeno, manejamos horrible, no nos importa el otro, botamos la basura en cualquier lugar, contaminamos con desparpajo, golpeamos a nuestras parejas y le damos un cariz cultural a ese mal. De nuevo: ¿de verdad, somos cristianos? No lo pregunto solo como mención a los hermanos católicos, nuestro lado evangélico tiene mucho que aportar al respecto. 

El Perú se cae a pedazos y si la moral no es algo importante es, en parte, por responsabilidad de las iglesias. Todas, sin excepción, por acción u omisión. Ya somos el veinte por ciento de la población en el Perú (más de seis millones de evangélicos) pero Odebrecht nos domina, el fujimorismo es mayoría en el Congreso con nuestra venia, buscamos los privilegios que tiene la Iglesia Católica para nosotros. Hemos, pues, de cambiar. Hemos, pues, de poner nuestro grano de arena más allá de lo pro-vida y de la anti-homosexualidad que es casi lo único que parece importar, las únicas palabras de nuestro discurso monotemático. Debemos, por lo tanto, avanzar. ¿Hacia dónde? Mi impresión, desde una perspectiva ideológica, es que los teólogos evangélicos deben trabajar en una teología social evangélica que trascienda denominaciones, y que pueda ser reconocida por todos. Una que recalque el papel del ser humano más allá de su condición caída, que lo reconozca en el contexto de la economía, la sociedad y la cultura enfatizando su condición de creatura de Dios, que defienda la moral y ética cristianas como alternativas a un país en crisis y que ubique a los cristianos como personas en un entorno social que no buscan el poder por mero derecho de una posición de dominio (como es sugerido por el mensaje neopentecostal) sino que podemos acceder a él para servir a la ciudadanía como un todo, sin importar su clase social, su color de piel, su orientación sexual o su religión. Ya hay cosas escritas, por supuesto, pero creo que se hace necesario seguir construyendo hacia esta dirección.

miércoles, 10 de enero de 2018

Pronunciamiento Núcleo Perú - FTL

El Perú acaba de tener un proceso de vacancia presidencial y, tras él, Fujimori fue liberado. Muchas voces claman. El ambiente se pone más convulso, y amenaza ponerse peor. Ante esto, la Fraternidad Teológica Latinoamericana Núcleo Perú (grupo al que pertenezco) se pronuncia.


jueves, 28 de diciembre de 2017

Pronunciamiento Núcleo Perú - FTL Diciembre 2017

En el Perú el caos político se acrecienta. El Núcleo Perú de la Fraternidad Teológica Latinoamericana se pronuncia.



lunes, 25 de diciembre de 2017

La verdadera reconciliación

La navidad ya casi termina en Lima. El ambiente, tras el indulto al ex – presidente Fujimori, está caldeadísimo. Las manifestaciones han sido intensas y aún siguen. Ya han convocado a otras para los próximos días. El presidente PPK dio un mensaje a la nación, desde su casa, solo y grabado con la cámara de una laptop, donde asume la perorata fujimorista y enfatiza dos temas básicos de la discursiva naranja: el indulto del Chino es necesario para la reconciliación nacional, y la visión de los opositores está marcada por el odio. 

Un buen amigo, ante la noticia del indulto, me habló de que se hace necesario un esfuerzo por la reconciliación. Lo escuché, tomando el mensaje con mucha seriedad. Soy cristiano, es Navidad, y sigo al Príncipe de Paz que nos da esperanza y orden. La reconciliación es parte intrínseca de la teología cristiana, un eje capital. Cristo, al morir en la cruz, reconcilia a Dios Padre con los hombres debido al pecado de todos nosotros (Rom. 5:10; 2 Cor. 5:18; Col. 1:20-21). Tras la obra redentora, se nos llama a ser instrumentos de paz y reconciliación con todos los que nos rodean. Ahora, PPK habla de reconciliación, los fujimoristas hablan de reconciliación, los congresistas del partido de gobierno hablan de reconciliación. Todos nos volvimos teólogos y usan esa hermosa palabra, esa agraciada misión que tenemos los cristianos (2 Cor. 5:18-21).

Pero la reconciliación, ojo, siempre pasa por un reconocimiento de la falta y propósitos serios de enmienda. La muerte de Cristo en la cruz, aunque no tiene costo para nosotros ya que es un obrar de Dios por pura gracia (Rom. 3:23-25), nos trae el perdón pero con una acción previa nuestra: el reconocimiento de nuestro pecado, el arrepentimiento genuino y la metanoia posterior: el cambio de actitud completo y real que traiga frutos tangibles (Mat. 3:8). Por eso es tan importante en el catolicismo y el protestantismo la confesión de pecados (1 Jn. 1:9) como puente que nos llevará a una reconciliación verdadera. Por lo tanto, siempre la reconciliación implicará la aceptación de las culpas, el resarcir de una manera u otra a las víctimas de nuestras faltas (Lev. 6:4) y el compromiso de un cambio hacia el futuro. Todo es una sola cosa, no podemos hablar de reconciliación si alguna de los componentes nos falta. Veo lo que está sucediendo con Fujimori y el discurso de sus seguidores está muy lejos de reconocimiento de los delitos, y menos de un arrepentimiento genuino. El propio PPK habló de errores o transgresiones, evitando la palabra delito. Otros arrecian contra los juicios o traen de regreso los argumentos que centran los crímenes en el asesor Vladimiro Montesinos. Por lo tanto, su discurso respecto al arrepentimiento no es sincero. Suena, más bien, a impunidad. 

El discurso que aduce el odio de los que se oponen al fujimorismo en todas sus formas tiene larga data. Lo argumentan todos, desde los parlamentarios de Fuerza Popular hasta los operadores de redes sociales, que insisten con esa postura una y otra vez. Por supuesto, esta visión está vinculada a la ausencia de arrepentimiento real, y esta actitud se remonta a lo más atrás en el texto bíblico, a la misma creación del hombre y la mujer. Adan y Eva, ante la falta cometida por comer el fruto prohibido, no dudaron en achacar su responsabilidad a otros: la mujer, la serpiente (Gén 3:7-13). Ellos nunca asumieron con hidalguía su error, y eso sigue pasando hoy: al decir que sentimos odio y que es por ese odio que nos oponemos a Fujimori, lo que están diciendo realmente es que la culpa es nuestra porque son nuestros ojos los que ven el mal o la falta; nuestra visión está distorsionada y que lo que vemos como delitos es así por el odio que sentimos. Nos acusan de oponernos al mismo Dios que es amor en esencia al sentir odio, lo que es un pecado muy serio de nuestra parte. Es una visión perversa porque no solo no asumen sus culpas, sino que ponen en nuestros hombros la carga pesada que ellos deben arrogar y resolver. Que tremendo es esto. 

Si realmente se quiere una reconciliación genuina, entonces ya saben qué hacer. Asuman lo que les toca, pidan perdón, reparen a las muchas víctimas que aún esperan justicia, dejen el discurso inmaduro del odio del adversario, y en ese momento los otros tendremos en nuestra cancha la misión de pasar la página con nobleza y pensando en el país. Eso es posible, el Dios de la historia lo ha hecho muchas veces, pero veo Latinoamérica y me embarga el pesimismo. Ruego, clamo porque esta vez sea distinto.

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Foto: América TV

lunes, 11 de diciembre de 2017

Una ley muy importante

Si nos hablan de la hospitalidad, seguramente pensaremos en reglas sociales que tienen su importancia pero que no son cosas de vida o muerte. El no ser hospitalario seguro que se ve mal pero nadie hará cuestión de estado por esto. Si vamos a la Biblia encontraremos pocas menciones a la práctica de la hospitalidad, pero es casi seguro que esto sea así porque ésta ya se daba por sentada, tomada como una cuestión inherente y vital, tan obvia que no necesitaba ser documentada profusamente. Al contrario que en los tiempos actuales, la ley de la hospitalidad era una necesidad enorme en la vida de los nómades en el desierto. Bajo esta ley, el huésped era sagrado y era un gran honor recibirle, aunque este privilegio se le concedía de manera primigenia al líder del clan. Tan especial era el recibir a los huéspedes que, no en vano, Abraham se postró ante la visita de los tres varones (Gén. 18:2-3) o se hizo gran júbilo en Nacor ante la llegada del siervo de Abraham (Gén. 24:28-32). Se le debía salir al encuentro, manifestar un saludo, lavar sus pies, atender a sus animales y hacerle una comida especial. Al irse, también se le debía acompañar cierto trecho (Gén. 18:16). De esta manera, se “adoptaba” al forastero durante el corto tiempo que se quedaba en casa. 

Hay antecedentes de esta ley mucho más antiguos que los registros bíblicos. Por ejemplo, tenemos las leyes de Ur-Nammu, rey de Sumer (2000 años antes de Cristo), que seguro eran las normas que obedecía Abraham. En ambientes desérticos, es fundamental que seas hospitalario con el viajero ya que éste se encontraba en una situación de gran fragilidad: lo podía matar el sol del día, o el frío de la noche, o la ausencia de agua o alimentos. Si no se era hospitalario con aquel que viene a la tienda o a la casa, aunque sea un desconocido, se le dictaba una sentencia de muerte segura. Era una cuestión muy delicada y por eso fue una ley tan importante. 

Los pueblos del cercano oriente pensaban que, sin saberlo, podían recibir a un dios o a un enviado de los dioses al acoger a un viajero. Esto puede inferirse con facilidad, por ejemplo, de las visitas realizadas a Abraham (Gén. 18:1-8), a Lot (Gén. 19:1) o, haciendo un gran salto temporal, de la mención del autor de la carta a los Hebreos (13:2), cuando enfatiza la hospitalidad entre los cristianos. El celo por el forastero era extremo y su protección era un deber más grande que el de un padre. Por ejemplo, Lot prefiere la deshonra de sus hijas a la de los forasteros (Gén. 19:8). ¿Por qué era así? Porque no se podía permitir una afrenta de esa magnitud a los dioses (1)  o a los enviados de los dioses. Algo similar ocurrió en el crimen de Gabaa (Jue. 19:22-16), donde se prefería la entrega de la concubina, otro ejemplo del enorme celo en la aplicación de la ley de la hospitalidad. 

Una norma relacionada era la ley del asilo. Por ejemplo, alguien pudo haber sido excluido de su tribu o clan o, tal vez, tomó por sí mismo la decisión de retirarse. Por lo tanto, en esta situación, debe buscarse otra tribu indefectiblemente. Ejemplo de esto lo tenemos en David: fue acusado de una falta grave y debió irse del país. ¿A dónde se dirigió? Aunque parezca inverosímil, acabó con los filisteos (1 Sam. 27:1-7), enemigos de Israel y del propio David en particular, pero la ley dice que si un enemigo viene para que se le acoja, entonces deja de ser enemigo. Es una ley extrema en apariencia pero es una cosa moral, con la que se salva una vida. Una persona no podía vivir fuera de una comunidad en esa época, se le condenaba a morir al quedar fuera de un clan, por eso la exigencia tan intensa a la recepción del excluido. Las propias ciudades de refugio (Num. 35:9-34; Jos. 20:1-9) eran parte de esta ley: Si alguien mataba a una persona, el goel o redentor tenía el derecho a cobrar venganza tomando la vida del asesino. Era una cuestión de equilibrio: si yo mato, deben matarme, muy marcada en las costumbres de medio oriente, pero si se hacía por accidente, podía llegar a una ciudad de refugio y así evitar la muerte. La ciudad me acogía. 

No cumplir la ley de hospitalidad o la ley del asilo era una maldad máxima, una absoluta ignominia (Deu. 23:4; Jue. 19:15). Se consideraba terrible el no ayudar a quien pide ayuda y que puede morir ante nuestra indiferencia. Por eso se podía considerar válido matar a aquel que no acogiese o no haya sido hospitalario: el “ojo por ojo y diente por diente” de Hammurabi en toda su expresión: recordemos los casos de Gedeón y los príncipes de Sucot (Jue. 8:5-17), el de Nabal, Abigail y David (1 Sam. 25:1-38), o los dos casos más emblemáticos: el levita, su concubina y el crimen de Gabaa, que termina con el casi exterminio de la tribu de Benjamín (Jue. 19-21) por parte del resto del pueblo de Israel, y el de Lot, Sodoma y Gomorra, ciudades destruidas por Dios. Ambos casos muy similares y que acabaron en enorme destrucción. Si se debía acoger a alguien, y no se cumplía con el mandato de la ley de la hospitalidad, se merecía la muerte, sea por Dios o por los hombres. 

No creo que debamos pensar en connotación sexual en los casos del levita y de Sodoma y Gomorra por cuatro razones básicas: Primero, no siempre la aparición de la palabra “conocer” en la Biblia implica una relación sexual; en su mayoría de casos el significado es el obvio sin otra connotación; segundo, lo que quería hacer el pueblo con los visitantes era, con mayor seguridad, matarlos, y esto se hace explícito en el pasaje de Jueces al interpretar el hecho en el 20:5 ("y levantándose contra mí los de Gabaa, rodearon contra mí la casa por la noche, con idea de matarme, y a mi concubina la humillaron de tal manera que murió"); tercero, porque estuvo “todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo” (Gén. 19:4), complejo de pensar que todos hayan estado arrastrados en cuestiones de índole sexual; cuarto, por la propia mención de la Biblia de los pecados de Sodoma y Gomorra en Is. 1:10-17 y Eze. 16:49-50. Lo corrobora el historiador Josefo: “Por aquella época los sodomitas, a causa de su gran riqueza, se volvieron orgullosos, injustos con los hombres e impíos en la religión, olvidando los beneficios recibidos; odiaban a los forasteros y se entregaban a costumbres repudiables. Dios se sintió ofendido y decidió castigar su insolencia, y no solamente derribarles la ciudad, sino también, devastar los campos para que no creciera ningún producto de la tierra" (Antigüedades I, Cap. XI-1). 

La ley de hospitalidad fue, por lo tanto, una ley formativa, propia de todos los pueblos de la zona, venida de los tiempos míticos, tan importante que varias situaciones narradas en la Biblia deben ser analizadas a la luz de esta ley. No hacerlo distorsionará el entendimiento de lo que realmente quieren decir dichas narraciones.


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(1) Vale la pena recordar la composición del panteón cananeo. En el primer nivel estaba El-Elion, el Dios altísimo. En el segundo nivel se encontraban los hijos de El-Elion, cada uno de los cuales estaba encargado de cada una de las setenta naciones del mundo conocido. Aunque originario de Edom, YHVH era considerado como el encargado de Israel. En el tercer nivel estaban los dioses menores, que no tienen país bajo su jurisdicción, pero eran los dioses de pequeños clases, familias o pastores, los cuales estaban representados por los terafines, pequeñas imágenes de barro o talladas en madera (hay algunas menciones en la Biblia, como aquella de Gén. 31:19, cuando Raquel roba los terafines de Labán al irse con Jacob). En un cuarto nivel estaban los mensajeros divinos, hombres en verdad, pero que vienen de los dioses

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Conferencia: Los orígenes del cristianismo

Conferencia: "Los Origenes del Cristianismo. 22 Tesis"
Dr. Antonio Piñero
25 Octubre, 2012


domingo, 30 de abril de 2017

No es porque Dios lo quiso

Dios es soberano. Esto lo aprendemos en una de las primeras clases de la academia bíblica que recibimos en la iglesia apenas nos convertimos al cristianismo. En ese momento, no somos conscientes que la soberanía de Dios es un viejo concepto que tiene cientos, quizá miles de años. Por ejemplo, los griegos solían decir que la historia seguía por los carriles del destino y nadie podía, por más que lo deseara, liberarse de ese yugo inevitable. Los epicúreos decían que el mundo está gobernado por la casualidad; los estoicos, que está gobernado por la suerte. ¿Qué hacer ante lo inevitable? Dejar que nos domine el fatalismo, lo que se reflejó en el mundo filosófico a través de la pasividad o inoperancia (estoicismo), la negación (cinismo), la permisividad (hedonismo) o el salto trascendental (platonismo). 

Estas ideas entraron en el pensamiento cristiano cuando la iglesia comenzó su expansión en el siglo I. Poco a poco, los cristianos comenzaron a contemplar a Dios de la misma manera en que lo hacían los griegos y los romanos. Esto es algo evidente: la conversión no dejaría de lado las maneras de pensar previas de los creyentes. Con los años, los concilios validaron estas ideas, abandonando la originaria cosmovisión judía que cobijó la génesis de la enseñanza de Jesús y, lentamente, se introdujo la concepción de que Dios determinó todo lo que sucede en el mundo. Ya no el azar, ya no la suerte, ahora es Dios. 

La reforma no implicó cambios en estas convicciones de la soberanía de Dios. Más bien, se profundizaron. Por ejemplo, Calvino afirmaba que Dios es el gobernador de todas las cosas, que determinó en la eternidad todo lo que iba a pasar, llevando a cabo lo que decretó mediante el uso de su poder. Todo sin excepción está bajo la atribución de la providencia de Dios. Para él, “la voluntad de Dios es la suprema y primera causa de todas las cosas, porque nada ocurre sino por su mandato o permiso” (1)  Dios en su providencia gobierna todos los eventos, sin negar que las cosas creadas tengan sus propias propiedades o leyes. Estas están supeditadas a lo que Dios les ha permitido, de acuerdo a Su voluntad. El mismo Calvino dice que “Dios detuvo el sol (Josué 10:13) para testificar que el sol no sale de mañana ni se esconde por un instinto secreto de la naturaleza, sino que Él mismo gobierna su curso para renovar la memoria de su favor paternal hacia nosotros” (2) 

Estas ideas se mantienen hasta hoy. Y se han ampliado. Por ejemplo, mi país (Perú) vive ahora momentos difíciles por las fuertes lluvias y los deslizamientos en muchos lugares de la costa y sierra. Mucha gente ha muerto, otros han perdido sus cultivos o sus casas. Para muchos, esto es la voluntad de Dios. Para otros, tal vez, esto es por un pecado que estamos cometiendo como nación, o porque el país no quiere someterse a Dios: la viejísima teología retributiva no quiere morir (3). Ya no han insinuado por allí algunas personas (4). 

¿Puede ser esto así? ¿Puede tener Dios que ver con los muertos por las lluvias, por la tragedia del hambre ante el corte de carreteras ¿Él lo determinó, lo quiso así? ¿Dónde queda la libertad humana? ¿O es que ésta es solo aparente? ¿Podemos hacer algo ante el Dios que lo domina todo? 

Nuestro libre albedrío es completamente real. Dios es soberano y todopoderoso, pero Él nos cedió la libertad y un compromiso con su respeto de las decisiones que nosotros tomáramos, con un claro esquema causa-consecuencias. Más aún, Dios permite que colaboremos con Él, caminando con el hombre en el recorrido de la historia, en una cooperación constante que puede verse a lo largo de toda la Biblia y que se prolonga hasta el día de hoy estableciendo su Iglesia como conducto para la predicación de las Buenas Nuevas y una sede donde pueda verse este reino de los cielos que ya se ha acercado. 

Esta libertad nos ayuda a comprender el verdadero papel del Señor. Dios nos da espacio y nosotros podemos hacer lo que queramos hasta ignorar sus mandatos, pero a pesar de eso Él nunca nos abandona. Dios nos dio principios y verdades, nos llama a que nos acerquemos a Él y nos convoca a que construyamos la historia junto a él. Ese espacio nos dice que Dios no ha determinado todos los eventos negativos que suceden a diario en nuestro mundo. Pensar que Dios tiene que ver con esos eventos negativos es una idea perversa que debemos descartar. Él no ha previsto todo lo que sucederá, porque ha resuelto construir la historia con su creación máxima. Por ello, debemos descartar esas ideas que dicen que Dios nos castiga porque el país no cumple sus leyes (y más aún cuando ese “castigo” es un fenómeno natural que se repite cíclicamente en el país por miles de años) o que los males que nos pasan son porque así Él lo quiere. Asumamos la responsabilidad que nos corresponde y vivamos nuestro cristianismo de manera trascendente en los espacios que nos toque estar, viviendo plenamente la libertad que el creador de todo nos ha dado.


Referencias

(1) Instituciones de la Religión Cristiana. I, XVI.8
(2) Instituciones de la Religión Cristiana. I, XVI, 2
(3) Cf. García García, Abel. “La hermenéutica de los amigos de Job”. En “Integralidad” Año 1 Edición 3. Revista Digital del CEMAA, Mayo 2008.
(4) http://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/pastor-evangelico-de-peru-culpa-la-ideologia-de-genero-por-las-inundaciones-en-el-pais-articulo-685717

viernes, 14 de abril de 2017

Construyendo la fe mirando al exilio

Muchos creen, hoy en día, que el mensaje bíblico es uno solo, grabado en piedra, estable, plano, cuando en realidad es una construcción que demandó cientos de años. No solo me refiero al armatoste religioso, sino también a lo más sagrado: a Dios. El Dios de la Biblia, digámoslo así, fue evolucionando. Dios, para Abraham, era muy distinto a Dios para el apóstol Juan. Esta construcción fue un largo proceso en el que se recibieron muchos aportes de un lado y de otro, no exclusivamente de sitios santos sino también de rincones con influencias directas del paganismo o culturas totalmente distintas a la hebrea. Basta pensar en el cristianismo primitivo, Pablo y el profundo influjo heleno en nuestra fe. 

Pero de Pablo no quiero hablar esta vez, sino del exilio babilónico, un evento trascendente que, sin saberlo, tuvo y tiene poderosa influencia en nuestra manera de entender a Dios. ¿Por qué el exilio? ¿Para qué el Exilio? ¿Cómo se dio el Exilio? La reinterpretación de los profetas –que lo sentían íntimamente- dice que el exilio se dio porque el pueblo pecó, porque no cumplió con su parte de la alianza hecha con Dios. Este pecado recurrente (Deuteroisaías, Jeremías) fue el causante de que Dios decidiera castigarlos. Dentro de la lógica de los profetas tiene sentido porque Dios había sido bastante paciente con ellos (unos 400 años) y por supuesto la paciencia tiene un límite. Se había adelantado con Asiria en el reino del norte, pero se venció el plazo con Babilonia en el reino del sur, cuando Nabucodonosor sitia Jerusalén y se lleva a la clase dirigente, en varias oleadas de exilio. 

Esta invasión fue dramática. Pero no todo es malo: a veces, lo catastrófico es una oportunidad de reinterpretar a la divinidad y la forma de aproximarse a ella. El exilio, desde los profetas, sirvió para una nueva definición de Dios: nace allí un Dios universal, todopoderoso, único (aquí surge la idea del monoteísmo), que liberará a su pueblo y que reinará sobre todas las demás naciones de la tierra. Además, el exilio sirvió para crear una nueva identidad: antes del exilio, el culto estaba centrado en Jerusalén, en los sacerdotes, en los sacrificios, en la parafernalia que giraba en torno al templo salomónico del monte Moriah. Aquí estaba el eje de la identidad de los judíos. Sin embargo, al destruir Nabucodonosor el templo, hay una enorme crisis del culto. ¿Y ahora? ¿Qué se hace? Pues se definió una nueva identidad basada en la Ley, el sábado, el ritualismo y la circuncisión. Así, el pueblo pudo tener una identidad nueva, distinta a la anterior. El mensaje, por supuesto, cambia. Antes del exilio era duro, justiciero, casi una aplicación directa de la ley del talión; luego del exilio el mensaje se hace amoroso, consolador (esto se ve profundamente en Ezequiel, que tiene una división en su énfasis). Deuteroisaías escribe pocos años antes de Ciro, tras la segunda deportación en un escenario de crisis de fe y esperanza por la pregunta: ¿Quién trae a Ciro, Jahveh o Marduk? Su mensaje es de énfasis del poder de Dios, del Dios creador (sin ayuda) que es Señor de los ejércitos celestes y ante el cual ningún poder puede competir. Además, configura el monoteísmo y enfatiza que Dios es el Señor de la Historia, por lo cual se debe tener confianza en que el pueblo volverá a Israel. Ezequiel muestra que Dios está siempre al lado del pueblo (Ez. 3:15) en los tiempos de crisis (Ez. 33:10) y de fe bamboleante. ¡Nunca abandona al pueblo! Y promete la restauración, como ese relato poderoso del valle de los huesos secos (Ezequiel 37). 

Con el mensaje del Deuteroisaías en la mente, el pueblo vuelve a Israel. Pero hay problemas, porque los que vuelven son un poco babilónicos y los que se quedaron (que no fueron pocos) se hicieron un poco paganos. Sin embargo, el estado de carestía, pobreza, enemistad con los pueblos vecinos, y falta de liderazgo, hacen que el pueblo pierda rápidamente la fe. ¿Dónde está el Dios que es único y con el que tenemos una alianza? ¿Dónde está ese Dios creador de todo? ¿Por qué no hay templo? ¡La capital es paupérrima! Esta crisis traída por el exceso de expectativa traída por el Deuteroisaías hace que llegue el mensaje de ánimo de Zacarías y Hageo, junto con la obra de Nehemías y el trabajo del nuevo configurador de la fe: Esdras. Este último puso las bases del judaísmo que existe hasta hoy, muy distinto al que estuvo vigente antes de Nabucodonosor. 

El mensaje bíblico es, entonces, una construcción. El exilio es un ladrillo importante en nuestra casa llamada cristianismo. Y la construcción es, en esencia, acción. Dios es acción, y nosotros debemos serlo también. Los que salieron de Egipto “hicieron” la ley; los que salieron de Babilonia, reescribieron la fe, crearon una nueva identidad, distinta a la anterior. Jesucristo volvió a reescribir la fe. Por ello, los cristianos le predicamos al mundo del amor de Cristo, de su obra salvífica, de la buena noticia; nuestra esperanza escatológica en el reino de Dios hace que nuestra fe nueva nos impulse a hacer cosas concretas en este mundo, nunca aislarnos, llamándonos también a reescribir-construir nuestra fe como los que nos antecedieron, como los que, por ejemplo, volvieron del exilio.