No estoy seguro si la Qana de hoy es la Caná bíblica, aquella en donde Jesús hizo su primer milagro: el convertir el agua en vino (un artículo en Trome, un diario de cincuenta céntimos que leí en el taxi mientras venía al banco, lo afirmaba). Dos mil años después ya no hay motivos de fiesta sino de luto, porque un daño colateral mató a más de 50 personas, 40 de ellas niños, que se ocultaban de las bombas en un sótano. Sé que mi voz es ínfima, microscópica, al nivel de partícula subatómica, pero con todo expreso mi rechazo absoluto a esa masacre infame y cruel que merece la condena mundial pero no, claro está, la de la ONU -por presión- y la del gobierno de los Estados Unidos. ¿Qué debemos hacer para que esos muertos libaneses sean válidos, respetables? ¿Qué hacer para que algunos de verdad sientan el dolor de quien perdió a sus infantes eludiendo su culpa?
Hablo del hecho aislado. No digo que Hizbolá es un cuerpo angélico e inocente porque ellos son en parte responsable de la situación al lanzar misiles katiushka desde el mismo poblado, escudándose en la población civil. Tampoco lo es Hamás al mandar a un kamikaze a inmolarse en un bus de Tel Aviv -no ha pasado ahora, pero puede suceder-, pero Israel merece toda la condena por este hecho. Ojalá se la den porque ya están acostumbrados a actuar con demasiada impunidad.
lunes, 31 de julio de 2006
viernes, 21 de julio de 2006
¿Lo que es, es? ¿O lo que es, está cambiando?
Todos estamos convencidos del hecho de que Dios se comunica. Lo sabemos desde el punto de vista trinitario, por la comunión perfecta entre las tres personas de la divinidad que son una al mismo tiempo (ej. Jn. 17:20-21). Lo sabemos desde el punto de vista creativo, ya que mediante la complejidad de la naturaleza material podemos percibir el diseño inteligente y por ende la participación de un ser poderoso en la formación de todo lo observable, que hace conciente a la humanidad-receptora de la relevancia de Dios-emisor (Rom. 1:20, Sal. 19:1-6). Lo sabemos desde el punto de vista cristológico, ya que si creemos en la veracidad de las palabras de Jesús tendremos que aceptar el hecho de que es Dios (Jn. 8:58-59). Lo sabemos desde el punto de vista práctico, ya que si somos creyentes entonces seremos concientes de la forma en que Dios se comunica con nosotros, siendo esto algo que podemos aseverar sin importar qué tan devotos seamos.
Al mismo tiempo sabemos que Dios no cambia (Mal. 3:6). También que la Biblia se escribió en 1,500 años en tres continentes, en tres idiomas, por 40 personas aproximadamente. Esa es una circunstancia invariable (Mt. 5:18, 24:35; Mr. 13:31; Lc. 21:33). La cultura y cosmovisión del Rey David no va a mutar, tampoco la del apóstol Pedro o la del profeta Malaquías. Puede suceder que aparezcan nuevos descubrimientos que ajusten nuestros conocimientos sobre el mundo de la época de los escritores, pero fuera de eso, es un hecho afianzado, ya dado.
¿Por qué digo esto? Porque la esencia de la hermenéutica es ser concientes de nuestra realidad actual, ir al texto que fue escrito en un contexto particular en el pasado, y traerlo al presente. Dios no cambia y el ambiente del tiempo de escritura de la Palabra tampoco pero el hoy del intérprete sí, y por ello la teología se hace tan rica porque necesita reescribirse constantemente según evolucione el entorno de los tiempos. Cuando este proceso no se hace, la iglesia se desfasa y pierde relevancia. Esta es una explicación de lo que ha sucedido en Europa, donde el cristianismo ha cedido mucho espacio e influencia.
Como el hoy es cambiante, el intérprete -o sea nosotros- está sujeto a su forma de entender el mundo y a lo que pasa en él (cosa que interviene profundamente en el modo de ser de la gente). Acontecimientos políticos, guerras, tendencias, la tecnología, la cultura y los trasfondos familiares han influido y en ocasiones determinado enseñanzas teológicas, que posteriormente se establecieron como LA verdad, olvidando la parte profana de su origen y siendo sacralizadas. Claro que ha habido posturas que se hundieron en el foso del olvido.
Esto es normal, es parte del mecanismo que instauró Dios en el proceso hermenéutico: Dios fijo, autores fijos, intérprete variable. No hay que temer a este asunto, hay que asumirlo como parte del modus vivendi del teólogo y del cristiano. Por ello brota naturalmente la respuesta al título del artículo, que es a propósito una vieja discusión entre dos filósofos presocráticos: Parménides (“todo es uno y lo mismo) y Heráclito (“todo fluye”).
Una vez asimilado esto, hay que reconocer las áreas más volátiles, las que muestran más sensibilidad a elementos perturbadores por los cambios en el mundo. A mi entender deben ser añadidas en esta lista la relación entre la fe y la ciencia, la eclesiología y la escatología. Por ejemplo, dentro de esta última debemos saber que la migración entre amilenialismo, postmilenialismo y premilenialismo se dio por el traslado de la visión mundial desde el optimismo generalizado por el avance tecnológico (primera y segunda revolución industrial) al desánimo por la capacidad de destrucción humana (guerra de secesión, primera y segunda guerra mundial, guerra fría) estableciéndose el premilenialismo como lo “bíblico” olvidándose del contexto de su origen. Dentro de la eclesiología la idea de iglesia se desarrolla hablando de términos como “iglesia emergente” que no depende de templos físicos sino de comunidades reunidas en un sinfín de lugares con un liderazgo mucho más horizontal, o de la concepción de las “comunidades del sentimiento” donde se da preferencia a la experiencia con Dios más que al argumento sobre las creencias y la fe.
¿Qué ha pasado? Simplemente ha cambiado el intérprete, pero como decía arriba, Dios y la Biblia siguen siendo los mismos. Recalco e insisto una vez más que esto es normal. Por ello la necesidad de plantearnos la labor enorme de editar teología latinoamericana, peruana y postmoderna conociendo que hacemos la voluntad de Dios de esta forma sin miedo a reconocer que el resultado es hijo de su tiempo, como muchas otras enseñanzas que fueron relevantes pero que quizá ya cumplieron su función.
Sino, posiblemente pase lo que leí en un artículo hace años: que seremos piezas de bibliotecas y museos, solamente parte de los cursos de historia, y nada más.
Al mismo tiempo sabemos que Dios no cambia (Mal. 3:6). También que la Biblia se escribió en 1,500 años en tres continentes, en tres idiomas, por 40 personas aproximadamente. Esa es una circunstancia invariable (Mt. 5:18, 24:35; Mr. 13:31; Lc. 21:33). La cultura y cosmovisión del Rey David no va a mutar, tampoco la del apóstol Pedro o la del profeta Malaquías. Puede suceder que aparezcan nuevos descubrimientos que ajusten nuestros conocimientos sobre el mundo de la época de los escritores, pero fuera de eso, es un hecho afianzado, ya dado.
¿Por qué digo esto? Porque la esencia de la hermenéutica es ser concientes de nuestra realidad actual, ir al texto que fue escrito en un contexto particular en el pasado, y traerlo al presente. Dios no cambia y el ambiente del tiempo de escritura de la Palabra tampoco pero el hoy del intérprete sí, y por ello la teología se hace tan rica porque necesita reescribirse constantemente según evolucione el entorno de los tiempos. Cuando este proceso no se hace, la iglesia se desfasa y pierde relevancia. Esta es una explicación de lo que ha sucedido en Europa, donde el cristianismo ha cedido mucho espacio e influencia.
Como el hoy es cambiante, el intérprete -o sea nosotros- está sujeto a su forma de entender el mundo y a lo que pasa en él (cosa que interviene profundamente en el modo de ser de la gente). Acontecimientos políticos, guerras, tendencias, la tecnología, la cultura y los trasfondos familiares han influido y en ocasiones determinado enseñanzas teológicas, que posteriormente se establecieron como LA verdad, olvidando la parte profana de su origen y siendo sacralizadas. Claro que ha habido posturas que se hundieron en el foso del olvido.
Esto es normal, es parte del mecanismo que instauró Dios en el proceso hermenéutico: Dios fijo, autores fijos, intérprete variable. No hay que temer a este asunto, hay que asumirlo como parte del modus vivendi del teólogo y del cristiano. Por ello brota naturalmente la respuesta al título del artículo, que es a propósito una vieja discusión entre dos filósofos presocráticos: Parménides (“todo es uno y lo mismo) y Heráclito (“todo fluye”).
Una vez asimilado esto, hay que reconocer las áreas más volátiles, las que muestran más sensibilidad a elementos perturbadores por los cambios en el mundo. A mi entender deben ser añadidas en esta lista la relación entre la fe y la ciencia, la eclesiología y la escatología. Por ejemplo, dentro de esta última debemos saber que la migración entre amilenialismo, postmilenialismo y premilenialismo se dio por el traslado de la visión mundial desde el optimismo generalizado por el avance tecnológico (primera y segunda revolución industrial) al desánimo por la capacidad de destrucción humana (guerra de secesión, primera y segunda guerra mundial, guerra fría) estableciéndose el premilenialismo como lo “bíblico” olvidándose del contexto de su origen. Dentro de la eclesiología la idea de iglesia se desarrolla hablando de términos como “iglesia emergente” que no depende de templos físicos sino de comunidades reunidas en un sinfín de lugares con un liderazgo mucho más horizontal, o de la concepción de las “comunidades del sentimiento” donde se da preferencia a la experiencia con Dios más que al argumento sobre las creencias y la fe.
¿Qué ha pasado? Simplemente ha cambiado el intérprete, pero como decía arriba, Dios y la Biblia siguen siendo los mismos. Recalco e insisto una vez más que esto es normal. Por ello la necesidad de plantearnos la labor enorme de editar teología latinoamericana, peruana y postmoderna conociendo que hacemos la voluntad de Dios de esta forma sin miedo a reconocer que el resultado es hijo de su tiempo, como muchas otras enseñanzas que fueron relevantes pero que quizá ya cumplieron su función.
Sino, posiblemente pase lo que leí en un artículo hace años: que seremos piezas de bibliotecas y museos, solamente parte de los cursos de historia, y nada más.
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Teología
viernes, 14 de julio de 2006
La eterna pregunta (*)
El otro día vi a una niña posiblemente huérfana que lloraba de hambre en una calle con su bolsa de caramelos de diez céntimos mientras la gente pasaba por su lado muy ocupada y ensimismada ignorando su sufrimiento. Y le pregunté a Dios: "¿Por qué existe tanta injusticia? ¿Podrías hacer algo por ella? ¿Algo más tangible, más efectivo? Me parece injusto que sufra tanto siendo tan inocente y joven" En ese momento me di cuenta que esa respuesta clásica de que es responsabilidad del hombre todo lo malo del mundo ya no me satisface, no me convence del todo.
Dios no me contesto al instante, pero al llegar la noche, cuando estuve en mi cuarto mirando la penumbra, sí respondió:
"Ya hice algo"- y luego de una pausa Dios exclamó: "Te hice a ti"
_________________________________________________________
(*) Le hice algunos cambios a esta historia que me enviaron por correo electrónico.
Dios no me contesto al instante, pero al llegar la noche, cuando estuve en mi cuarto mirando la penumbra, sí respondió:
"Ya hice algo"- y luego de una pausa Dios exclamó: "Te hice a ti"
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(*) Le hice algunos cambios a esta historia que me enviaron por correo electrónico.
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Realidad
lunes, 10 de julio de 2006
La misión, más grande de lo que creemos
Hace unos cuatro meses escribí sobre la dimensión triple del Génesis en el sentido de la mayordomía, que consiste en que Dios por su propia mano -o mejor dicho, por medio de la Segunda Persona de la Trinidad, o sea, el Verbo de Juan 1:1- forjó dos creaciones: la directa material o natural, que se explica en los dos primeros capítulos del Génesis; y la directa inmaterial, que es el mundo espiritual compuesto por los seres de tipo angélico. Al mismo tiempo Dios diseñó el sistema de tal forma que germine una tercera creación: la indirecta material, que es la que concibe el hombre por su propia actividad en la Tierra pero que estaba dentro del plan divino desde el inicio, denominada también creación derivada o de segundo orden. Todas las relaciones económicas, psicológicas, filosóficas, sociológicas o antropológicas entran en esa categoría.
Cuando hablamos de mayordomía, tenemos que hablar de misión ya que son dos caras de una misma moneda. Por diferentes motivos –he enfatizado el tema escatológico como de importancia superior- pensamos que lo que Dios quiere que hagamos en la tierra se vincula exclusiva y perentoriamente con la predicación, enseñanza de la Biblia, campañas masivas, retiros, reuniones en la iglesia, comités, cultos, reuniones de oración, campamentos, células, aires libres y todo lo demás que no se me ha ocurrido que de seguro hace que la lista deba ser muy larga. Peor aún, hemos restringido la palabra misión a tan solo ir a países distintos al nuestro o a zonas apartadas y disímiles con nuestra región originaria para establecer iglesias, devaluando el término, y perdiendo definitivamente una gran parte de su riquísimo significado. No minimizo el trabajo intercultural, mi esposa es nieta de un misionero que sin el apoyo de nadie vino al Perú dejándolo todo porque sintió un fuerte llamado de Dios, pero no es lo único.
La misión es en verdad muy amplia, abarcante y comprende la labor simultanea en las tres creaciones. Muchas veces –me ha sucedido a mí en el pasado- nos asfixiamos en la iglesia por la poca cantidad de gente comprometida, porque escasas personas hacen todo, y concluimos que con dificultad podemos avanzar en la expansión del reino de Dios. Sin embargo, si tomáramos en cuenta que la realidad de nuestro trabajo es global, literalmente nos ahogaríamos por el peso de la ingente responsabilidad que nace ante nuestros ojos. Si antes un kilo era nuestro día a día y a duras penas llevábamos la carga, ¿qué tenemos hoy, con una tonelada? He aquí el reto real y poderoso: asumir lo que nos toca del mandato de Dios donde Su prioridad nos ponga. ¿Cómo puede ser, por ejemplo, que seamos concientes como cristianos que la humanidad tiene el llamado de salvaguardar la creación pero que sin embargo no hagamos gran cosa en el cumplimiento de esa función? ¿Por qué se le ha delegado esto a otras personas –no digo que esa gente no lo haga, por supuesto que debe continuar, sino que como persona conciente de la actividad de Dios y de su voluntad un cristiano no haga nada al respecto-?
Este desafío manifiesta una gran cantidad de aristas. Temas que van desde las discusiones de género, pasan por la lucha por la solución de los conflictos y la búsqueda de la paz, los derechos humanos, la política, el trato hacia los grupos socialmente marginados (pobres, homosexuales, migrantes, enfermos de sida, niños en estado de abandono, mendigos y otros), la ecología y la bioética, la justicia económica, y muchos más, son lugares en los que Dios quiere que participemos de una forma activa y militante, no como hasta ahora, donde el proverbial aislamiento de la iglesia evangélica ha dado un testimonio negativo hacia el conjunto de la sociedad, que nos consideran desde sectarios hasta indiferentes.
Percibo que algunas personas están ampliado su concepto de misión, unos quizá sin saberlo, otros poseyendo claridad. También que la amplitud de posibilidades ha creado una nebulosa que vuelve impreciso el futuro ya que tal vez no se sabe qué escoger, pero al mismo tiempo no se entiende todavía el tema de la simultaneidad de la misión, donde debe hacerse todo con equilibrio (comunidad cristiana, planeta, sociedad) pero con prioridades distintas según cada uno. Pero también veo un sincero deseo por comprender estos conceptos que son parte de la gran maravilla que es la obra de Dios en nosotros, porque finalmente –y a modo de trabalenguas-, ¿qué es mejor que hacer lo que Dios quiere que hagamos?
Cuando hablamos de mayordomía, tenemos que hablar de misión ya que son dos caras de una misma moneda. Por diferentes motivos –he enfatizado el tema escatológico como de importancia superior- pensamos que lo que Dios quiere que hagamos en la tierra se vincula exclusiva y perentoriamente con la predicación, enseñanza de la Biblia, campañas masivas, retiros, reuniones en la iglesia, comités, cultos, reuniones de oración, campamentos, células, aires libres y todo lo demás que no se me ha ocurrido que de seguro hace que la lista deba ser muy larga. Peor aún, hemos restringido la palabra misión a tan solo ir a países distintos al nuestro o a zonas apartadas y disímiles con nuestra región originaria para establecer iglesias, devaluando el término, y perdiendo definitivamente una gran parte de su riquísimo significado. No minimizo el trabajo intercultural, mi esposa es nieta de un misionero que sin el apoyo de nadie vino al Perú dejándolo todo porque sintió un fuerte llamado de Dios, pero no es lo único.
La misión es en verdad muy amplia, abarcante y comprende la labor simultanea en las tres creaciones. Muchas veces –me ha sucedido a mí en el pasado- nos asfixiamos en la iglesia por la poca cantidad de gente comprometida, porque escasas personas hacen todo, y concluimos que con dificultad podemos avanzar en la expansión del reino de Dios. Sin embargo, si tomáramos en cuenta que la realidad de nuestro trabajo es global, literalmente nos ahogaríamos por el peso de la ingente responsabilidad que nace ante nuestros ojos. Si antes un kilo era nuestro día a día y a duras penas llevábamos la carga, ¿qué tenemos hoy, con una tonelada? He aquí el reto real y poderoso: asumir lo que nos toca del mandato de Dios donde Su prioridad nos ponga. ¿Cómo puede ser, por ejemplo, que seamos concientes como cristianos que la humanidad tiene el llamado de salvaguardar la creación pero que sin embargo no hagamos gran cosa en el cumplimiento de esa función? ¿Por qué se le ha delegado esto a otras personas –no digo que esa gente no lo haga, por supuesto que debe continuar, sino que como persona conciente de la actividad de Dios y de su voluntad un cristiano no haga nada al respecto-?
Este desafío manifiesta una gran cantidad de aristas. Temas que van desde las discusiones de género, pasan por la lucha por la solución de los conflictos y la búsqueda de la paz, los derechos humanos, la política, el trato hacia los grupos socialmente marginados (pobres, homosexuales, migrantes, enfermos de sida, niños en estado de abandono, mendigos y otros), la ecología y la bioética, la justicia económica, y muchos más, son lugares en los que Dios quiere que participemos de una forma activa y militante, no como hasta ahora, donde el proverbial aislamiento de la iglesia evangélica ha dado un testimonio negativo hacia el conjunto de la sociedad, que nos consideran desde sectarios hasta indiferentes.
Percibo que algunas personas están ampliado su concepto de misión, unos quizá sin saberlo, otros poseyendo claridad. También que la amplitud de posibilidades ha creado una nebulosa que vuelve impreciso el futuro ya que tal vez no se sabe qué escoger, pero al mismo tiempo no se entiende todavía el tema de la simultaneidad de la misión, donde debe hacerse todo con equilibrio (comunidad cristiana, planeta, sociedad) pero con prioridades distintas según cada uno. Pero también veo un sincero deseo por comprender estos conceptos que son parte de la gran maravilla que es la obra de Dios en nosotros, porque finalmente –y a modo de trabalenguas-, ¿qué es mejor que hacer lo que Dios quiere que hagamos?
jueves, 6 de julio de 2006
El amor en los tiempos del internet

Todo un tema complejo este de los cupidos por internet teniendo en cuenta las noticias que aparecen en los diarios sobre los abusos que sugren algunas mujeres al tener una cita a ciegas por el chat u otra forma similar . Ahora, como dice la imagen, ya hay la posibilidad de entrar en el "mercado" de creyentes, donde uno puede encontrar a una persona de su misma fe. ¿Se animaría un(a) peruano(a) o latinoamericano(a) fiel asistente a una iglesia a probar suerte por estos medios? ¿Podría ser ese medio utilizado por Dios para conseguir una pareja? ¿Por qué no?
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Religión
lunes, 26 de junio de 2006
De todas las sangres (y pensamientos)
“En el poco poblado estado de Washington [U.S.A.], en un pueblo de 2,400 habitantes, pude contar hasta veintiocho iglesias diferentes. La gente lo llama socarronamente la ciudad santa”[1]
El debate sobre el denominacionalismo en la iglesia evangélica es muy complejo. Un estudio de hace una década registró 2,800 denominaciones sólo en los Estados Unidos sin incluir las iglesias “libres” que están compuestas por solo una comunidad y se cuentan por miles en todo el mundo, ni los grupos formados fuera de las fronteras del país. ¿Cómo afirmar de que somos un cuerpo en Cristo si estamos tan atomizados? ¿Qué argumento nos quedaría ante 1 Corintios 1:10-13 que exhorta a la unidad completa (Les ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que hablen todos una misma cosa, y que no haya entre ustedes divisiones, sino que estén perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado sobre ustedes, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre ustedes contiendas. Quiero decir, que cada uno de ustedes dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por ustedes? ¿O fueron bautizados en el nombre de Pablo? -RV60 adaptada-)? O peor aún, ¿Qué argumento nos quedaría ante Juan 17:20-21 (Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste –RV60-)? ¿Y ante Efesios 4:1-6?
Sin embargo, si nos damos el trabajo de visitar cada una de las miles de denominaciones, encontraremos que Dios trabaja dinámicamente en la mayoría de las iglesias. La obra se expande, mucha gente es conciente de su realidad espiritual y responde positivamente ante el llamado de Dios, muchas personas restauran sus relaciones dañadas, muchas sanidades milagrosas son hechas, y muchas bendiciones se transmiten a través de las miles de comunidades cristianas obedientes de los mandatos bíblicos. Todas parecen ser bendecidas por Dios con generosidad sobreabundante: los de derecha e izquierda, los de arriba y de abajo, los de más allá y los de más acá. Todos mueren, todos se enferman, todos sufren, todos tienen encuentros con Dios, todos se llenan de alegría, todos tienen profundas experiencias religiosas, todos son protegidos, todos reciben la gracia multiforme. ¿Qué, entonces, de la unidad? ¿De qué hablamos si Dios bendice finalmente a todos? ¿De una unidad orgánica? ¿O más bien de una unidad interna?
Hay que decir las cosas con claridad: hay pasajes en la Biblia que pueden alcanzar más de un significado y todo esto dentro de estrictos principios de interpretación. Por ello, hay gente que cree que la salvación se pierde, y otros en cambio, piensan que una vez que la obtienes nadie te la quita porque es un sello que conservarás por toda la eternidad. Hay algunos que creen en el poder incólume del accionar del Espíritu Santo, mientras que otros reconocen su presencia, pero en una función pasiva. Algunos creen que estamos en los últimos días, otros que ni siquiera piensan que el tema sea digno de ser tomado en cuenta. Dios dispuso eso de esa manera. La Biblia no cambia ni cambiará (Mt. 5:18) pero los seres humanos sí lo hacemos. Nuestras sociedades evolucionan permanentemente a la vez que nuestra visión de la palabra de Dios. Por eso a través del tiempo hay nuevas lecturas y puntos de vista de lo que la Biblia dice acorde con nosotros mismos, generando nuevas formas de hacer iglesia, de hacer misión, de entender a Dios. Lo mismo pasa en forma horizontal en distintas culturas. Una iglesia africana de Nigeria es diferente a una iglesia boer sudafricana, ésta muy distinta a una megaiglesia coreana o a una tradicional iglesia anglicana inglesa y todas no son como mi iglesia, la Alianza Cristiana y Misionera.
¿Y dónde queda la diferencia teológica? ¿Es realmente importante o no ya que la bendición "chorrea para todos"? ¿Realmente algo quieren decir las diferencias? ¿Qué, exactamente?
Soy economista, y para tratar de explicar esto pondré el ejemplo de las bandas. ¿Qué es esto? En simple, significa definir un valor máximo y un valor mínimo para que entre estos podamos fluctuar sin nunca pasar los límites que previamente configuramos. Dadas la praxis observada de lo que Dios hace con sus hijos en la tierra, pensaría que Él, de alguna forma implícita ya que hay muchos temas en los que las cosas parecen no estar tan claras en la Biblia, permite flexibilidad en la interpretación y en la forma práctica de hacer iglesia, pero manteniendo límites. ¿Cuáles? Mi propuesta en este sentido es que son los que nos aproximan al comportamiento sectario. Por lo tanto, dentro de las bandas todo sería en cierta manera válido. Arminiano y calvinista. Premilenial y postmilenial. Pentecostal y no pentecostal. Esto explica la bendición para todos y la manifestación del poder de Dios a pesar de las diferencias.
Por ello la respuesta a la pregunta que me hice antes es que la unidad no es orgánica sino interna. Por lo tanto la discusión no es la unificación de denominaciones ni de estatutos de fe sino es, primero, la comprensión real de la posibilidad del diferendo; segundo, el reconocimiento de la otriedad; y finalmente el respeto mutuo. Sin embargo, esto es difícil sobre todo cuando los evangélicos latinoamericanos estamos acostumbrados a las formas caudillistas y populistas del pastorado, que deriva en el hecho que la voz del líder sea vox dei[2] y en donde si se osa hacer algún tipo de crítica se acusa de inmediato de poca espiritualidad o de ataque al cuerpo de Cristo, y a mostrar poco interés en el destino del otro, sobre todo si es desconocido –pensemos en el tráfico limeño para enfatizar esta última afirmación-. Muchas veces somos exclusivistas, se nos enseña que nuestra manera de ver las cosas es la mejor, miramos por encima del hombro a nuestro hermano que piensa distinto, somos burlescos y sarcásticos ante las experiencias de fe de otros, las calificamos de erróneas y originarias de un espíritu de contienda, de orgullo o de vil pecado. ¡Qué restringida es nuestra manera de entender a Dios! ¡Que soberbia nos invade cuando el Espíritu Santo nos enseña una verdad, al pensar que si alguien no ha recibido esa instrucción de la misma manera, no está cerca de Dios!
Aquí está el desafío real. Más que pensar en el meollo de las diferencias, las cuales parecen ser toleradas por Dios a pesar que muchas de ellas han aparecido no por la sincera postura sino por la agria discusión, nuestro trabajo se encuentra en cómo actuamos con ellas, en “soportarnos con paciencia los unos a los otros en amor” (Ef. 4:2b) y recordar que ese carismático es más que nuestro prójimo porque cree en el mismo Dios, lo respeta, lo ama, se somete a su voluntad y lo busca de la misma manera que lo hacemos nosotros. Lo mismo con el pentecostal, el bautista, el presbiteriano o el miembro de nuestra comunidad que piensa en otra forma. En última instancia, es un reto del agape[3] pleno, porque el aceptar al otro es en cierta forma amarlo. Y más si Cristo está en medio de todos.
[1] Jan Karel Van Baalen. “El caos de las sectas”, página 351. Aunque nos pueda sorprender, esta cita fue escrita en 1938.
[2] Voz de Dios
[3] Uno de los tres significados de la palabra amor en griego.
El debate sobre el denominacionalismo en la iglesia evangélica es muy complejo. Un estudio de hace una década registró 2,800 denominaciones sólo en los Estados Unidos sin incluir las iglesias “libres” que están compuestas por solo una comunidad y se cuentan por miles en todo el mundo, ni los grupos formados fuera de las fronteras del país. ¿Cómo afirmar de que somos un cuerpo en Cristo si estamos tan atomizados? ¿Qué argumento nos quedaría ante 1 Corintios 1:10-13 que exhorta a la unidad completa (Les ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que hablen todos una misma cosa, y que no haya entre ustedes divisiones, sino que estén perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado sobre ustedes, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre ustedes contiendas. Quiero decir, que cada uno de ustedes dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por ustedes? ¿O fueron bautizados en el nombre de Pablo? -RV60 adaptada-)? O peor aún, ¿Qué argumento nos quedaría ante Juan 17:20-21 (Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste –RV60-)? ¿Y ante Efesios 4:1-6?
Sin embargo, si nos damos el trabajo de visitar cada una de las miles de denominaciones, encontraremos que Dios trabaja dinámicamente en la mayoría de las iglesias. La obra se expande, mucha gente es conciente de su realidad espiritual y responde positivamente ante el llamado de Dios, muchas personas restauran sus relaciones dañadas, muchas sanidades milagrosas son hechas, y muchas bendiciones se transmiten a través de las miles de comunidades cristianas obedientes de los mandatos bíblicos. Todas parecen ser bendecidas por Dios con generosidad sobreabundante: los de derecha e izquierda, los de arriba y de abajo, los de más allá y los de más acá. Todos mueren, todos se enferman, todos sufren, todos tienen encuentros con Dios, todos se llenan de alegría, todos tienen profundas experiencias religiosas, todos son protegidos, todos reciben la gracia multiforme. ¿Qué, entonces, de la unidad? ¿De qué hablamos si Dios bendice finalmente a todos? ¿De una unidad orgánica? ¿O más bien de una unidad interna?
Hay que decir las cosas con claridad: hay pasajes en la Biblia que pueden alcanzar más de un significado y todo esto dentro de estrictos principios de interpretación. Por ello, hay gente que cree que la salvación se pierde, y otros en cambio, piensan que una vez que la obtienes nadie te la quita porque es un sello que conservarás por toda la eternidad. Hay algunos que creen en el poder incólume del accionar del Espíritu Santo, mientras que otros reconocen su presencia, pero en una función pasiva. Algunos creen que estamos en los últimos días, otros que ni siquiera piensan que el tema sea digno de ser tomado en cuenta. Dios dispuso eso de esa manera. La Biblia no cambia ni cambiará (Mt. 5:18) pero los seres humanos sí lo hacemos. Nuestras sociedades evolucionan permanentemente a la vez que nuestra visión de la palabra de Dios. Por eso a través del tiempo hay nuevas lecturas y puntos de vista de lo que la Biblia dice acorde con nosotros mismos, generando nuevas formas de hacer iglesia, de hacer misión, de entender a Dios. Lo mismo pasa en forma horizontal en distintas culturas. Una iglesia africana de Nigeria es diferente a una iglesia boer sudafricana, ésta muy distinta a una megaiglesia coreana o a una tradicional iglesia anglicana inglesa y todas no son como mi iglesia, la Alianza Cristiana y Misionera.
¿Y dónde queda la diferencia teológica? ¿Es realmente importante o no ya que la bendición "chorrea para todos"? ¿Realmente algo quieren decir las diferencias? ¿Qué, exactamente?
Soy economista, y para tratar de explicar esto pondré el ejemplo de las bandas. ¿Qué es esto? En simple, significa definir un valor máximo y un valor mínimo para que entre estos podamos fluctuar sin nunca pasar los límites que previamente configuramos. Dadas la praxis observada de lo que Dios hace con sus hijos en la tierra, pensaría que Él, de alguna forma implícita ya que hay muchos temas en los que las cosas parecen no estar tan claras en la Biblia, permite flexibilidad en la interpretación y en la forma práctica de hacer iglesia, pero manteniendo límites. ¿Cuáles? Mi propuesta en este sentido es que son los que nos aproximan al comportamiento sectario. Por lo tanto, dentro de las bandas todo sería en cierta manera válido. Arminiano y calvinista. Premilenial y postmilenial. Pentecostal y no pentecostal. Esto explica la bendición para todos y la manifestación del poder de Dios a pesar de las diferencias.
Por ello la respuesta a la pregunta que me hice antes es que la unidad no es orgánica sino interna. Por lo tanto la discusión no es la unificación de denominaciones ni de estatutos de fe sino es, primero, la comprensión real de la posibilidad del diferendo; segundo, el reconocimiento de la otriedad; y finalmente el respeto mutuo. Sin embargo, esto es difícil sobre todo cuando los evangélicos latinoamericanos estamos acostumbrados a las formas caudillistas y populistas del pastorado, que deriva en el hecho que la voz del líder sea vox dei[2] y en donde si se osa hacer algún tipo de crítica se acusa de inmediato de poca espiritualidad o de ataque al cuerpo de Cristo, y a mostrar poco interés en el destino del otro, sobre todo si es desconocido –pensemos en el tráfico limeño para enfatizar esta última afirmación-. Muchas veces somos exclusivistas, se nos enseña que nuestra manera de ver las cosas es la mejor, miramos por encima del hombro a nuestro hermano que piensa distinto, somos burlescos y sarcásticos ante las experiencias de fe de otros, las calificamos de erróneas y originarias de un espíritu de contienda, de orgullo o de vil pecado. ¡Qué restringida es nuestra manera de entender a Dios! ¡Que soberbia nos invade cuando el Espíritu Santo nos enseña una verdad, al pensar que si alguien no ha recibido esa instrucción de la misma manera, no está cerca de Dios!
Aquí está el desafío real. Más que pensar en el meollo de las diferencias, las cuales parecen ser toleradas por Dios a pesar que muchas de ellas han aparecido no por la sincera postura sino por la agria discusión, nuestro trabajo se encuentra en cómo actuamos con ellas, en “soportarnos con paciencia los unos a los otros en amor” (Ef. 4:2b) y recordar que ese carismático es más que nuestro prójimo porque cree en el mismo Dios, lo respeta, lo ama, se somete a su voluntad y lo busca de la misma manera que lo hacemos nosotros. Lo mismo con el pentecostal, el bautista, el presbiteriano o el miembro de nuestra comunidad que piensa en otra forma. En última instancia, es un reto del agape[3] pleno, porque el aceptar al otro es en cierta forma amarlo. Y más si Cristo está en medio de todos.
[1] Jan Karel Van Baalen. “El caos de las sectas”, página 351. Aunque nos pueda sorprender, esta cita fue escrita en 1938.
[2] Voz de Dios
[3] Uno de los tres significados de la palabra amor en griego.
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Teología
miércoles, 21 de junio de 2006
La manipulación en el eros
La Biblia no habla de todo. Puede parecer una obviedad ridícula pero a veces vale la pena mencionarla ya que en nuestras iglesias existen hermanos en la fe que honestamente tratan de hacer bíblicos todos los comportamientos, actitudes e interpretaciones sobre la vida. En muchos temas, Dios nos da la libertad de escoger las formas más adecuadas para realizar nuestra praxis siendo esto es sabio ya que dentro de la creación indirecta –la que hace el hombre- que Dios ya había previsto desde el inicio de los tiempos, el tema de la diversidad cultural y temporal había sido pensado por el Señor.
Uno de estos temas es el del emparejamiento, el del cortejo. No hay un patrón en la Biblia, y lo que vemos en casi todos los casos son las descripciones de los hábitos de los judíos. Por esta razón muchos pastores han sufrido en distintas congregaciones al limitar y reglamentar la forma en la que debe iniciarse una relación, cuál es la manera ideal de la “conquista”, e inclusive el medio ideal de terminar. Los pastores controladores, por ejemplo, exigen que se les pida permiso para iniciar una relación. Si el no acepta –se supone que luego de un período de oración y reflexión- la pareja no puede iniciar nada. Si dice que sí, sonarán las campanas.
Podemos discutir mucho en las formas. Sin embargo, cuando pasamos de ese nivel a la manipulación descarada de Dios, es necesario detenernos para plantear una casuística que no es tan común como para catalogarla como "regla general" pero que tampoco es tan excepcional como cara clasificarlo como "otros" o "varios". Lo que voy a describir lo he visto directamente tres veces en los últimos seis años y sé de otros casos por referencias que no he tenido el tiempo de comprobar ya que eran de iglesias de zonas alejadas de Lima o de otras ciudades del Perú. Mis tres ejemplos son de líderes de sus iglesias y en los tres casos ellos fueron rechazados por chicas que entendieron que de la manera que detallaré Dios no puede actuar.
Dios debe estar presente en la formación de una relación. De alguna manera, Él nos guía y puede llegar a actuar como una suerte de cupido con las parejas, sobre todo cuando hablamos de matrimonio. En ocasiones, él puede responder oraciones afirmativamente y confirmar el inicio de las relaciones. Obviamente, todos nos damos cuenta de lo subjetivo de todo esto, porque si uno está enamorado y escuchamos una voz que dice: “ella es”, ¿quién habló? ¿Dios o nosotros mismos?. Aquí llega el gran problema. Algunos líderes se enamoran de una chica, oran y llegan a la convicción que Dios les ha confirmado que ella ES la chica para ellos. Por supuesto, la fémina no se da por enterada, ella sigue su vida normal y quizá le guste otro chico. Pero, al tener la seguridad y “saber” que Dios está de su lado, nuestros tutores, líderes o simples cristianos convertidos, con el corazón latiendo a cien por hora, no dudan en acercarse a la inocente chica y hablarles primero de cosas espirituales, luego de su relación de amistad “siempre bendecida por el Señor” y finalmente dan la estocada: “He estado orando mucho, y Dios me ha dado la seguridad y la certeza que tú eres la chica que ha dispuesto para mi y por ello, debemos comenzar una relación”
¡Plop! Como diría Condorito, ¡Exijo una explicación! ¿Y la chica? ¿No debía Dios decirle algo al respecto también? ¿O es que el mensaje sólo se da a los hombres? En los tres casos que he visto ellas no tenían la más remota idea del asunto, ni tenían el mínimo gusto por el incauto conquistador. Ellas rechazaron la propuesta diciendo la respuesta obvia: “bueno, esperaré que Dios me confirme al respecto”, cosa que no pasó y que difícilmente pasará.
Ellos creyeron que Dios les hablaba. Pusieron su pensamiento y sentimientos como si fueran los de Dios. Lo usaron, lo manipularon, aunque quizá sin una mala intención. ¿Quién les dice que eso estuvo mal? ¿Lo volverán a hacer?
Uno de estos temas es el del emparejamiento, el del cortejo. No hay un patrón en la Biblia, y lo que vemos en casi todos los casos son las descripciones de los hábitos de los judíos. Por esta razón muchos pastores han sufrido en distintas congregaciones al limitar y reglamentar la forma en la que debe iniciarse una relación, cuál es la manera ideal de la “conquista”, e inclusive el medio ideal de terminar. Los pastores controladores, por ejemplo, exigen que se les pida permiso para iniciar una relación. Si el no acepta –se supone que luego de un período de oración y reflexión- la pareja no puede iniciar nada. Si dice que sí, sonarán las campanas.
Podemos discutir mucho en las formas. Sin embargo, cuando pasamos de ese nivel a la manipulación descarada de Dios, es necesario detenernos para plantear una casuística que no es tan común como para catalogarla como "regla general" pero que tampoco es tan excepcional como cara clasificarlo como "otros" o "varios". Lo que voy a describir lo he visto directamente tres veces en los últimos seis años y sé de otros casos por referencias que no he tenido el tiempo de comprobar ya que eran de iglesias de zonas alejadas de Lima o de otras ciudades del Perú. Mis tres ejemplos son de líderes de sus iglesias y en los tres casos ellos fueron rechazados por chicas que entendieron que de la manera que detallaré Dios no puede actuar.
Dios debe estar presente en la formación de una relación. De alguna manera, Él nos guía y puede llegar a actuar como una suerte de cupido con las parejas, sobre todo cuando hablamos de matrimonio. En ocasiones, él puede responder oraciones afirmativamente y confirmar el inicio de las relaciones. Obviamente, todos nos damos cuenta de lo subjetivo de todo esto, porque si uno está enamorado y escuchamos una voz que dice: “ella es”, ¿quién habló? ¿Dios o nosotros mismos?. Aquí llega el gran problema. Algunos líderes se enamoran de una chica, oran y llegan a la convicción que Dios les ha confirmado que ella ES la chica para ellos. Por supuesto, la fémina no se da por enterada, ella sigue su vida normal y quizá le guste otro chico. Pero, al tener la seguridad y “saber” que Dios está de su lado, nuestros tutores, líderes o simples cristianos convertidos, con el corazón latiendo a cien por hora, no dudan en acercarse a la inocente chica y hablarles primero de cosas espirituales, luego de su relación de amistad “siempre bendecida por el Señor” y finalmente dan la estocada: “He estado orando mucho, y Dios me ha dado la seguridad y la certeza que tú eres la chica que ha dispuesto para mi y por ello, debemos comenzar una relación”
¡Plop! Como diría Condorito, ¡Exijo una explicación! ¿Y la chica? ¿No debía Dios decirle algo al respecto también? ¿O es que el mensaje sólo se da a los hombres? En los tres casos que he visto ellas no tenían la más remota idea del asunto, ni tenían el mínimo gusto por el incauto conquistador. Ellas rechazaron la propuesta diciendo la respuesta obvia: “bueno, esperaré que Dios me confirme al respecto”, cosa que no pasó y que difícilmente pasará.
Ellos creyeron que Dios les hablaba. Pusieron su pensamiento y sentimientos como si fueran los de Dios. Lo usaron, lo manipularon, aunque quizá sin una mala intención. ¿Quién les dice que eso estuvo mal? ¿Lo volverán a hacer?
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viernes, 16 de junio de 2006
Ante el sufrimiento del otro, ¡comprométete!
El sufrimiento nos humaniza, porque muchas veces genera ese especial sentimiento llamado solidaridad, vinculándonos y permitiendo la hermandad. Sin embargo, en ocasiones no nos queda claro el objeto de lo solidario, si debemos ser inclusivos y abarcar a todo el mundo, o exclusivos y limitarnos a nuestra comunidad, nuestra familia o nuestra iglesia. Jesús medita y enseña sobre esto al responder la pregunta capital, la más importante de esta vida: “¿Haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?” (Mt. 19:16, Mr. 10:17; Lc. 10:25, 18:18).
Jesús la responde con Levítico 19:18 (“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, Y a tu prójimo como a ti mismo”). No parece haber mayores objeciones con la parte correspondiente a Dios, pero el escriba que hizo la pregunta, judío y elitista, quiso ir más allá y pidió una especificación, una aclaración sobre el prójimo. Quizá esperaba que el Maestro le dijera que eran el judío, el compañero en la fe o el pueblo de Dios, algo así de específico, pero la respuesta rebasó todas las expectativas.
Cristo contó la parábola del Buen Samaritano (Lc. 11:25-37), conocida por todos. En ella, se nos enseña que ese prójimo no es sólo mi hermano de sangre o mi amigo íntimo, sino el odiado vecino, el desconocido que reniega de Dios, el familiar mundano, la persona que dañó mi vida, el político espiritualmente indiferente o el indígena de una tribu de las selvas de Borneo. Todos, no sólo mis hermanos en la fe, son mi prójimo. De esta manera, nos marcan una visión absolutamente universalista.
El ejemplo de Jesús no es casual. El hecho que ponga una situación directamente vinculada al sufrimiento del otro, del prójimo, nos quiere decir algo. Además de anticipar su obra redentora a la humanidad completa y no sólo a los hebreos, nos dice que debemos amar a todos sin exclusión exhortándonos con firmeza: “Ante el sufrimiento del otro, cuando las circunstancias de la vida lo dejen herido y medio muerto (Lc. 11:30) aunque ese otro puede no tener ningún vínculo contigo, aunque sea yo un samaritano y el otro un judío, ante su sufrimiento, comprométete”.
Comprometerse con el dolor ajeno como lo hizo el Señor al venir a la tierra para morir por nosotros. Qué tal reto, imposible de realizar sin la ayuda del Espíritu Santo, como el resto de las exigencias del cristiano. Yo quedo perplejo ante la enseñanza lucana y percibo al instante que he fallado en el pasado por mi indiferencia ante la desgracia de los que me rodean, ante las lágrimas de mi país que se desangra y se corrompe. Más fácil era taparme los ojos, pero Cristo no vino a enseñarnos a seguir la ruta sencilla. Y ante esto, sólo me queda pedir perdón a los amigos que no apoyé cuando sufrían. Pero más que eso, a ese mundo que ignoré porque pensaba que su degeneración era irreversible.
Pero hay esperanza. “Haz tú lo mismo” (Lc. 11:37). Mi esperanza es la metanoia, el cambio de actitud. Y aunque he perdido muchos años, jamás será tarde para Dios.
Jesús la responde con Levítico 19:18 (“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, Y a tu prójimo como a ti mismo”). No parece haber mayores objeciones con la parte correspondiente a Dios, pero el escriba que hizo la pregunta, judío y elitista, quiso ir más allá y pidió una especificación, una aclaración sobre el prójimo. Quizá esperaba que el Maestro le dijera que eran el judío, el compañero en la fe o el pueblo de Dios, algo así de específico, pero la respuesta rebasó todas las expectativas.
Cristo contó la parábola del Buen Samaritano (Lc. 11:25-37), conocida por todos. En ella, se nos enseña que ese prójimo no es sólo mi hermano de sangre o mi amigo íntimo, sino el odiado vecino, el desconocido que reniega de Dios, el familiar mundano, la persona que dañó mi vida, el político espiritualmente indiferente o el indígena de una tribu de las selvas de Borneo. Todos, no sólo mis hermanos en la fe, son mi prójimo. De esta manera, nos marcan una visión absolutamente universalista.
El ejemplo de Jesús no es casual. El hecho que ponga una situación directamente vinculada al sufrimiento del otro, del prójimo, nos quiere decir algo. Además de anticipar su obra redentora a la humanidad completa y no sólo a los hebreos, nos dice que debemos amar a todos sin exclusión exhortándonos con firmeza: “Ante el sufrimiento del otro, cuando las circunstancias de la vida lo dejen herido y medio muerto (Lc. 11:30) aunque ese otro puede no tener ningún vínculo contigo, aunque sea yo un samaritano y el otro un judío, ante su sufrimiento, comprométete”.
Comprometerse con el dolor ajeno como lo hizo el Señor al venir a la tierra para morir por nosotros. Qué tal reto, imposible de realizar sin la ayuda del Espíritu Santo, como el resto de las exigencias del cristiano. Yo quedo perplejo ante la enseñanza lucana y percibo al instante que he fallado en el pasado por mi indiferencia ante la desgracia de los que me rodean, ante las lágrimas de mi país que se desangra y se corrompe. Más fácil era taparme los ojos, pero Cristo no vino a enseñarnos a seguir la ruta sencilla. Y ante esto, sólo me queda pedir perdón a los amigos que no apoyé cuando sufrían. Pero más que eso, a ese mundo que ignoré porque pensaba que su degeneración era irreversible.
Pero hay esperanza. “Haz tú lo mismo” (Lc. 11:37). Mi esperanza es la metanoia, el cambio de actitud. Y aunque he perdido muchos años, jamás será tarde para Dios.
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jueves, 15 de junio de 2006
Declaración interdenominacional norteamericana de preocupación sobre “libre comercio” y tráfico de personas
No retendrás el salario de las y los jornaleros pobres y necesitados, ya sean israelitas o extranjeros que habitan en tu tierra y en tus ciudades. Cada día les darás su jornal antes de la puesta del sol, porque son pobres y necesitan de él para vivir; de lo contrario ellas y ellos podrían clamar contra ti al SEÑOR, y se hallaría culpabilidad en ti. - Deuteronomio 24, 14-15
Creemos que los sistemas internacionales de comercio e inversión deberían respetar y promover la dignidad de la persona humana y asegurar el desarrollo y el bienestar de las personas en todas las naciones. Algunos acuerdos comerciales no tienen provisiones laborales y aquellos que contemplan medidas para velar por el cumplimiento de los derechos laborales, no afectan a las compañías que abusan de sus empleadas y empleados. Pedimos acuerdos comerciales que garanticen la dignidad de las y los trabajadores a través de normativas que obliguen no sólo a las naciones que incumplen con las leyes laborales sino también a las compañías que cometen abusos.
Desde la aprobación del tratado comercial entre Estados Unidos y Jordania en el 2000, las exportaciones de ropa desde Jordania hacia Estados Unidos han aumentado más del dos mil por ciento, de 52 millones de dólares a 1.1 billones de dólares en 2005. Desafortunadamente, las y los trabajadores de la industria del vestido en Jordania han sufrido abusos tremendos mientras trabajan para compañías que proveen ropa barata a empresas minoristas estadounidenses como Wal-Mart, Target, Kohl’s, y L.L. Bean, entre otras.
A pesar de que el tratado comercial entre Estados Unidos y Jordania fue presentado como un ejemplo de protección de los derechos de las y los trabajadores, un informe publicado recientemente por The National Labor Committee muestra que incluso con esas provisiones laborales, los tratados comerciales son incapaces de proteger a las obreras y obreros. El informe de 162 páginas detalla numerosos abusos infligidos a trabajadoras y trabajadores en Jordania, especialmente a quienes provienen de otros países. Realidades comunes que enfrentan estas y estos trabajadores incluyen jornadas de trabajo de 20 horas diarias y 109 horas semanales, atrasos en la recepción de sus salarios hasta de seis meses, golpes por reducir sus ritmos en la producción e incluso abuso sexual. Se documentó el caso de una mujer que se ahorcó luego de haber sido violada por un administrador. Algunas compañías están involucradas en el tráfico de personas – trabajadoras y trabajadores visitantes de Bangladesh y otros países pagaron sumas que fueron desde los mil hasta los tres mil dólares para trabajar en Jordania pero luego sus pasaportes fueran confiscados por los empleadores. Ellas y ellos se vieron de esta manera atados a sus trabajos y con frecuencia recibieron un pago menor al que les habían ofrecido, menor incluso al salario mínimo de Jordania, que es de 154 dólares al mes.
Los tratados comerciales con Perú y Omán, que llegarán al Congreso en las próximas semanas, no igualan siquiera los estándares laborales del tratado con Jordania. Las provisiones laborales en el acuerdo con Perú son idénticas, palabra por palabra, a las provisiones del CAFTA, mientras que el texto del tratado con Omán tiene cuatro modificaciones redaccionales que no alteran el significado de las provisiones. Los acuerdos exigen que los países cumplan sus propias leyes, pero apenas señalan sanciones mínimas en caso de que no lo hagan. Las únicas medidas coercitivas disponibles en estos acuerdos son multas de hasta 15 millones de dólares al año. Este dinero no debe pagarlo la compañía ofensora a las víctimas sino que es pagada por el gobierno que no logró velar adecuadamente por el cumplimiento de las leyes laborales. Peor todavía, el dinero es puesto en un fondo que luego será usado por ese mismo gobierno para proyectos relacionados con derechos laborales. Como contraste, violaciones de provisiones comerciales como los derechos de propiedad intelectual (DPI) implican sanciones más drásticas. Los bienes producidos en condiciones de incumplimiento de los estándares de los DPI deben ser decomisados y destruidos y podrían llevar a la cárcel a las y los ofensores; por otra parte, los países que no son capaces de hacer cumplir la ley podrían ser sujetos de ilimitadas sanciones comerciales.
Hacemos un llamado a las y los miembros del Congreso para que voten en contra de los tratados comerciales con Omán y Perú y pedimos que cualquier tratado incluya normativas laborales más severas que sean observadas tanto por las compañías ofensoras como por los países que no cumplen los estándares laborales reconocidos internacionalmente. Mientras tanto tenemos otras serias preocupaciones relacionadas con estos tratados, entre ellas: la falta de protecciones ambientales, la falta de transparencia, restricciones en la capacidad que tienen los gobiernos para elaborar políticas de desarrollo, políticas de DPI que limitan la creación de medicamentos genéricos y procesos de resolución de controversias entre inversionistas y Estados; creemos que una protección de los derechos laborales que tenga consecuencias reales para quienes los violan debe ser un parámetro mínimo en cualquier tratado comercial.
Organizaciones firmantes
Center of Concern
Columban Social Justice, Peace and Integrity of Creation Office
Holy Cross International Justice Office
Maryknoll Office for Global Concerns
Maryknoll Sisters Eastern U.S.A. Region
NETWORK – A National Catholic Social Justice Lobby
Presbyterian Church, (USA), Washington Office
Sisters of Notre Dame de Namur International Justice and Peace office
Sisters of the Holy Cross - Congregation Justice Committee
T. Michael McNulty, SJ, Justice and Peace Director, Conference of Major Superiors of Men
Unitarian Universalist Association of Congregations
Unitarian Universalist Service Committee
United Church of Christ Justice and Witness Ministries
United Methodist Church, General Board of Church and Society
Mayo 2006
Creemos que los sistemas internacionales de comercio e inversión deberían respetar y promover la dignidad de la persona humana y asegurar el desarrollo y el bienestar de las personas en todas las naciones. Algunos acuerdos comerciales no tienen provisiones laborales y aquellos que contemplan medidas para velar por el cumplimiento de los derechos laborales, no afectan a las compañías que abusan de sus empleadas y empleados. Pedimos acuerdos comerciales que garanticen la dignidad de las y los trabajadores a través de normativas que obliguen no sólo a las naciones que incumplen con las leyes laborales sino también a las compañías que cometen abusos.
Desde la aprobación del tratado comercial entre Estados Unidos y Jordania en el 2000, las exportaciones de ropa desde Jordania hacia Estados Unidos han aumentado más del dos mil por ciento, de 52 millones de dólares a 1.1 billones de dólares en 2005. Desafortunadamente, las y los trabajadores de la industria del vestido en Jordania han sufrido abusos tremendos mientras trabajan para compañías que proveen ropa barata a empresas minoristas estadounidenses como Wal-Mart, Target, Kohl’s, y L.L. Bean, entre otras.
A pesar de que el tratado comercial entre Estados Unidos y Jordania fue presentado como un ejemplo de protección de los derechos de las y los trabajadores, un informe publicado recientemente por The National Labor Committee muestra que incluso con esas provisiones laborales, los tratados comerciales son incapaces de proteger a las obreras y obreros. El informe de 162 páginas detalla numerosos abusos infligidos a trabajadoras y trabajadores en Jordania, especialmente a quienes provienen de otros países. Realidades comunes que enfrentan estas y estos trabajadores incluyen jornadas de trabajo de 20 horas diarias y 109 horas semanales, atrasos en la recepción de sus salarios hasta de seis meses, golpes por reducir sus ritmos en la producción e incluso abuso sexual. Se documentó el caso de una mujer que se ahorcó luego de haber sido violada por un administrador. Algunas compañías están involucradas en el tráfico de personas – trabajadoras y trabajadores visitantes de Bangladesh y otros países pagaron sumas que fueron desde los mil hasta los tres mil dólares para trabajar en Jordania pero luego sus pasaportes fueran confiscados por los empleadores. Ellas y ellos se vieron de esta manera atados a sus trabajos y con frecuencia recibieron un pago menor al que les habían ofrecido, menor incluso al salario mínimo de Jordania, que es de 154 dólares al mes.
Los tratados comerciales con Perú y Omán, que llegarán al Congreso en las próximas semanas, no igualan siquiera los estándares laborales del tratado con Jordania. Las provisiones laborales en el acuerdo con Perú son idénticas, palabra por palabra, a las provisiones del CAFTA, mientras que el texto del tratado con Omán tiene cuatro modificaciones redaccionales que no alteran el significado de las provisiones. Los acuerdos exigen que los países cumplan sus propias leyes, pero apenas señalan sanciones mínimas en caso de que no lo hagan. Las únicas medidas coercitivas disponibles en estos acuerdos son multas de hasta 15 millones de dólares al año. Este dinero no debe pagarlo la compañía ofensora a las víctimas sino que es pagada por el gobierno que no logró velar adecuadamente por el cumplimiento de las leyes laborales. Peor todavía, el dinero es puesto en un fondo que luego será usado por ese mismo gobierno para proyectos relacionados con derechos laborales. Como contraste, violaciones de provisiones comerciales como los derechos de propiedad intelectual (DPI) implican sanciones más drásticas. Los bienes producidos en condiciones de incumplimiento de los estándares de los DPI deben ser decomisados y destruidos y podrían llevar a la cárcel a las y los ofensores; por otra parte, los países que no son capaces de hacer cumplir la ley podrían ser sujetos de ilimitadas sanciones comerciales.
Hacemos un llamado a las y los miembros del Congreso para que voten en contra de los tratados comerciales con Omán y Perú y pedimos que cualquier tratado incluya normativas laborales más severas que sean observadas tanto por las compañías ofensoras como por los países que no cumplen los estándares laborales reconocidos internacionalmente. Mientras tanto tenemos otras serias preocupaciones relacionadas con estos tratados, entre ellas: la falta de protecciones ambientales, la falta de transparencia, restricciones en la capacidad que tienen los gobiernos para elaborar políticas de desarrollo, políticas de DPI que limitan la creación de medicamentos genéricos y procesos de resolución de controversias entre inversionistas y Estados; creemos que una protección de los derechos laborales que tenga consecuencias reales para quienes los violan debe ser un parámetro mínimo en cualquier tratado comercial.
Organizaciones firmantes
Center of Concern
Columban Social Justice, Peace and Integrity of Creation Office
Holy Cross International Justice Office
Maryknoll Office for Global Concerns
Maryknoll Sisters Eastern U.S.A. Region
NETWORK – A National Catholic Social Justice Lobby
Presbyterian Church, (USA), Washington Office
Sisters of Notre Dame de Namur International Justice and Peace office
Sisters of the Holy Cross - Congregation Justice Committee
T. Michael McNulty, SJ, Justice and Peace Director, Conference of Major Superiors of Men
Unitarian Universalist Association of Congregations
Unitarian Universalist Service Committee
United Church of Christ Justice and Witness Ministries
United Methodist Church, General Board of Church and Society
Mayo 2006
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domingo, 11 de junio de 2006
Sufre, humano, sufre
Cuando tenía 16 años me encontré con esa frase deslumbrante de Camus que decía que el quid de la filosofía o el tema básico a plantearse era el suicidio, si esta vida en la que nos encontramos merece de verdad, valga la redundancia, ser vivida. Años después, me la volví a encontrar en uno de los últimos libros de Sábato cuando él, siendo existencialista, se encontró con la misma interrogante. Obviamente escogió la vida, y más aún, al puro estilo camusiano: comprometiéndose por completo por esta humanidad rota, partida en demasiados pedazos. Vida larga la suya que no se extingue pasada la base nueve.
Si nos enfocamos en lo miserable de la situación humana presa del temperamento destructivo que se ha venido demostrando a través de la historia, huelgan motivos para darles la razón a ambos. El sinsentido del vivir para padecer, para llorar y entrar en desesperación cunde inmisericorde haciendo dudar en algún momento hasta al de más fuerte fe –sino pensemos en Juan el Bautista, cuando desde su prisión en Macaero envió a sus discípulos a preguntarle a su pariente Jesús si era él el que había de venir (Mt. 11:2-19; Lc. 7:18-23)-. Es que todos sufriremos finalmente. Todos nos vamos a morir años antes o años después, todos nos vamos a enfermar de jóvenes o viejos, todos tenemos en distintos niveles conflictos interpersonales, a todos nos sale sangre y a todos nos duele el alma. Y si la vida se centra en eso, si no hay escapatoria y si nos convertiremos en gusanos una vez que nos llegue la hora, pues escojo el suicidio. Si las cosas son así, mi hermana tiene razón: la vida es basura.
Pero allí no se circunscribe la realidad de las cosas.
Todos los antecedentes se remontan al conflicto cósmico inicial que dio origen al pecado. Sin importar la hamartiología que tengamos, lo que la Biblia insinúa es que este conflicto se inició en las esferas espirituales y que, de alguna manera que para algunos es clarísima (los que asumen la realidad literal de los primeros capítulos del Génesis) y para otros no tanto (los que asumen la no literalidad de los primeros capítulos del primer libro de la Biblia), se derivó con la misma gravedad inicial a la realidad material y, por ello, dice Pablo que toda la creación “gime” a la espera de la restauración definitiva (Rom. 8:21,22). Desde el momento de esta irrupción aunque no lo parezca estamos involucrados en una guerra invisible gravísima que hiere a todos sin cuartel y sin excepción, la verdadera guerra mundial y la más devastadora, sin tregua ni capitulaciones. Nos hace morir, llorar, angustiarnos, temer de verdad. Lo peor del asunto es que no nos damos cuenta de nada.
Somos como judíos en la Alemania de inicios de los años cuarenta. No lo pedimos. Simplemente, como el comercial televisivo decía, las cosas son como son. Y en esa realidad, seamos cristianos, budistas, ateos, agnósticos, musulmanes o lo que sea, seremos víctimas de las esquirlas. Repito la lógica de líneas arriba: enfermarán los niños y jóvenes, moriremos en accidentes de tránsito, nos llenará el desamor y la ingratitud de la gente que nos ama, romperemos amistades y dañaremos a nuestras familias. Nacemos y vivimos en el mar del sufrimiento.
Si esa es la triste realidad, ¿Qué hace Dios al respecto?
Ya hizo lo necesario, pero por alguna razón que entenderemos cabalmente luego, cuando todo se consume, los efectos no son plenos ahora. Lo que sí sabemos con precisión es que la cruz de Cristo fue la solución al dilema cósmico planeada desde el inicio. Cristo se despojó de sí mismo, se hizo como nosotros, se hizo siervo, se hizo pobre, nadó en este mar y para resolver el conflicto, se sumergió en las aguas, usándola como camino necesario, yendo al igual que nosotros directo al destino de la muerte, como aquel siervo sufriente tan explícitamente descrito (Is. 53). Sabiendo que vivimos en la realidad innata del sufrimiento, Cristo la usa como elemento capital para nuestra redención mediante la cruz, con lo que el conflicto cósmico, causal del sufrimiento humano, quedaba resuelto. Así, además de redimirnos, culminó su proceso de identificación completa con la raza humana. Luego de la cruz, puede decirnos: “Consumado es” (Jn. 19:30), pero también “Yo también sufrí, al igual que tú, con tortura y laceraciones, hasta la muerte más despiadada”. Por esa razón en todo sufrimiento Él está allí porque realmente nos entiende. Esto no es demagogia ni eslogan de campaña electoral. Más todavía, porque en su caso lo hizo de manera completamente voluntaria. Caso contrario al nuestro, que buscamos la evasión en todo momento.
Se dice que de nuestros errores más groseros Dios puede sacar eventos de bendición para otros, aunque sería mejor que no fuera así. De lo más miserable Dios puede escoge lo que necesita para cumplir sus planes. Del sufrimiento abyecto de Cristo vino al final nuestra salvación completa. ¿Qué puede hacer entonces a posteriori con el sufrimiento que nos toca vivir?
Si nos enfocamos en lo miserable de la situación humana presa del temperamento destructivo que se ha venido demostrando a través de la historia, huelgan motivos para darles la razón a ambos. El sinsentido del vivir para padecer, para llorar y entrar en desesperación cunde inmisericorde haciendo dudar en algún momento hasta al de más fuerte fe –sino pensemos en Juan el Bautista, cuando desde su prisión en Macaero envió a sus discípulos a preguntarle a su pariente Jesús si era él el que había de venir (Mt. 11:2-19; Lc. 7:18-23)-. Es que todos sufriremos finalmente. Todos nos vamos a morir años antes o años después, todos nos vamos a enfermar de jóvenes o viejos, todos tenemos en distintos niveles conflictos interpersonales, a todos nos sale sangre y a todos nos duele el alma. Y si la vida se centra en eso, si no hay escapatoria y si nos convertiremos en gusanos una vez que nos llegue la hora, pues escojo el suicidio. Si las cosas son así, mi hermana tiene razón: la vida es basura.
Pero allí no se circunscribe la realidad de las cosas.
Todos los antecedentes se remontan al conflicto cósmico inicial que dio origen al pecado. Sin importar la hamartiología que tengamos, lo que la Biblia insinúa es que este conflicto se inició en las esferas espirituales y que, de alguna manera que para algunos es clarísima (los que asumen la realidad literal de los primeros capítulos del Génesis) y para otros no tanto (los que asumen la no literalidad de los primeros capítulos del primer libro de la Biblia), se derivó con la misma gravedad inicial a la realidad material y, por ello, dice Pablo que toda la creación “gime” a la espera de la restauración definitiva (Rom. 8:21,22). Desde el momento de esta irrupción aunque no lo parezca estamos involucrados en una guerra invisible gravísima que hiere a todos sin cuartel y sin excepción, la verdadera guerra mundial y la más devastadora, sin tregua ni capitulaciones. Nos hace morir, llorar, angustiarnos, temer de verdad. Lo peor del asunto es que no nos damos cuenta de nada.
Somos como judíos en la Alemania de inicios de los años cuarenta. No lo pedimos. Simplemente, como el comercial televisivo decía, las cosas son como son. Y en esa realidad, seamos cristianos, budistas, ateos, agnósticos, musulmanes o lo que sea, seremos víctimas de las esquirlas. Repito la lógica de líneas arriba: enfermarán los niños y jóvenes, moriremos en accidentes de tránsito, nos llenará el desamor y la ingratitud de la gente que nos ama, romperemos amistades y dañaremos a nuestras familias. Nacemos y vivimos en el mar del sufrimiento.
Si esa es la triste realidad, ¿Qué hace Dios al respecto?
Ya hizo lo necesario, pero por alguna razón que entenderemos cabalmente luego, cuando todo se consume, los efectos no son plenos ahora. Lo que sí sabemos con precisión es que la cruz de Cristo fue la solución al dilema cósmico planeada desde el inicio. Cristo se despojó de sí mismo, se hizo como nosotros, se hizo siervo, se hizo pobre, nadó en este mar y para resolver el conflicto, se sumergió en las aguas, usándola como camino necesario, yendo al igual que nosotros directo al destino de la muerte, como aquel siervo sufriente tan explícitamente descrito (Is. 53). Sabiendo que vivimos en la realidad innata del sufrimiento, Cristo la usa como elemento capital para nuestra redención mediante la cruz, con lo que el conflicto cósmico, causal del sufrimiento humano, quedaba resuelto. Así, además de redimirnos, culminó su proceso de identificación completa con la raza humana. Luego de la cruz, puede decirnos: “Consumado es” (Jn. 19:30), pero también “Yo también sufrí, al igual que tú, con tortura y laceraciones, hasta la muerte más despiadada”. Por esa razón en todo sufrimiento Él está allí porque realmente nos entiende. Esto no es demagogia ni eslogan de campaña electoral. Más todavía, porque en su caso lo hizo de manera completamente voluntaria. Caso contrario al nuestro, que buscamos la evasión en todo momento.
Se dice que de nuestros errores más groseros Dios puede sacar eventos de bendición para otros, aunque sería mejor que no fuera así. De lo más miserable Dios puede escoge lo que necesita para cumplir sus planes. Del sufrimiento abyecto de Cristo vino al final nuestra salvación completa. ¿Qué puede hacer entonces a posteriori con el sufrimiento que nos toca vivir?
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martes, 23 de mayo de 2006
Sacralizando los modelos eclesiales
Comunión, qué palabra ésta. Es tan importante en el contexto de la iglesia que descuidarla implica prácticamente el condenar a la gente a la apostasía. Es claro para todos que si no hay comunión, no hay crecimiento, no hay iglesia, no hay vida, no hay nada. Por ello la importancia de la iglesia no como organización eficiente e inexpugnable sino como comunidad abierta y abarcante. Como un lugar en donde exista una conglomeración de personas que apoye, que soporte, que ame, que corrija, que enseñe, que escuche, que festeje las alegrías y llore las penas, que ayude a crecer. Esta comunión brilla esplendorosa en cosas tan cotidianas como en la conversación uno a uno sentados en el pasto de un parque, en la charla telefónica, en el almuerzo de amigos, en la pequeña reunión de cumpleaños con los amigos más íntimos, en las salidas de distracción a algún lugar indeterminado, en la plática sobre Dios y sus cosas en un auto estacionado en la puerta de una casa.
¿Qué prácticas debe tener esta comunidad para incentivar, reflejar la comunión? ¿Qué debe hacer? Porque para ser sinceros, no se habla en la Biblia de cultos de adoración los domingos, de escuelas dominicales, de academia bíblica, de reuniones de grupos de crecimiento, células, grupo de jóvenes, matrimonios, retiros, encuentros, ni nada de esas cosas. Se menciona ekklesia, la comunidad, pero no se nos circunscribe a una práctica determinada, salvo la de guardar la comunión, evento directamente vinculado a la permanencia a un grupo estable y a la relación con éste.
¿Cómo debe ser la relación de un individuo con su grupo matriz? Ante esta interrogante han surgido siempre los modelos. Porque aunque quizá nunca lo pensamos, la forma en la que hacemos las cosas en la iglesia fue concebida en algún momento por alguien que las estableció, se objetivaron después, y finalmente se sacralizaron. La ropa de los religiosos, la forma de la alabanza, la estructura del culto, la supeditación de la prédica de un sermón a estrictas reglas homiléticas, la frecuencia y el modo de la Santa Cena, todo fue establecido en algún momento. Pocas cosas en tiempos bíblicos, mucho más en el transcurso de la historia. Muy adecuado y necesario todo esto, pero no deja de ser solamente un modelo. ¿Te reúnes en células para afianzar la comunión? El modelo celular está bien documentado y tiene sus variantes. Desde la distribución por grupos de edad, de género o de estado civil, como en mi iglesia, hasta los grupos de familias completas, como en Corea. Y ambas han funcionado en sus ambientes muy bien.
El problema es la sacralización del modelo. Nuestras cabezas limitadas, orgullosas y obcecadas han confundido la expresión pura y libre de la comunión con los modelos eclesiales, y eso es un gravísimo error. Supongamos una iglesia con modelo celular y una persona que, por algún tipo de escrúpulo personal, no quiere ir a las células establecidas. Inmediatamente es mal vista, es considerada anárquica, rebelde, malcriada. No importa si esta persona “revolucionaria” mantiene los vínculos de comunión espontáneos, o sea, se reúne con amigos en casa para conversar, orar, o simplemente apoyarse mutuamente, o mantiene lazos con algún cristiano de más años mediante su consejo. Nada interesa. Si no participas en la comunión mediante el modelo, estás fuera, te estás “enfriando”, tu vida espiritual es puesta en duda. Tomás de Torquemada revive y nos condena en el tribunal.
La inquisición se manifiesta en miles de formas, casi todas tan sutiles que nadie las percibe. Esta inquisición juzga a quien entiende la realidad de la iglesia de una forma distinta (en el caso del supuesto, quien comprende la lógica de los modelos y entiende a las células como uno más) y trata de hacer las cosas de un modo diferente (en este caso, no ir a las células). Esta inquisición lo aparta y lo expulsa. El que reflexiona, el que piensa un poco tomando una decisión respecto a su participación en la iglesia y no sigue a los demás como borregos es subversivo. Esta inquisición es tradicionalista, es temerosa, es letrista, es limitada en pensamiento porque no tiene la capacidad de dar el paso hacia adelante. ¿Es esta inquisición reflejo del amor de Dios? No es reflejo de este amor, sí de la limitada humanidad que cree tener siempre la razón
¿Qué prácticas debe tener esta comunidad para incentivar, reflejar la comunión? ¿Qué debe hacer? Porque para ser sinceros, no se habla en la Biblia de cultos de adoración los domingos, de escuelas dominicales, de academia bíblica, de reuniones de grupos de crecimiento, células, grupo de jóvenes, matrimonios, retiros, encuentros, ni nada de esas cosas. Se menciona ekklesia, la comunidad, pero no se nos circunscribe a una práctica determinada, salvo la de guardar la comunión, evento directamente vinculado a la permanencia a un grupo estable y a la relación con éste.
¿Cómo debe ser la relación de un individuo con su grupo matriz? Ante esta interrogante han surgido siempre los modelos. Porque aunque quizá nunca lo pensamos, la forma en la que hacemos las cosas en la iglesia fue concebida en algún momento por alguien que las estableció, se objetivaron después, y finalmente se sacralizaron. La ropa de los religiosos, la forma de la alabanza, la estructura del culto, la supeditación de la prédica de un sermón a estrictas reglas homiléticas, la frecuencia y el modo de la Santa Cena, todo fue establecido en algún momento. Pocas cosas en tiempos bíblicos, mucho más en el transcurso de la historia. Muy adecuado y necesario todo esto, pero no deja de ser solamente un modelo. ¿Te reúnes en células para afianzar la comunión? El modelo celular está bien documentado y tiene sus variantes. Desde la distribución por grupos de edad, de género o de estado civil, como en mi iglesia, hasta los grupos de familias completas, como en Corea. Y ambas han funcionado en sus ambientes muy bien.
El problema es la sacralización del modelo. Nuestras cabezas limitadas, orgullosas y obcecadas han confundido la expresión pura y libre de la comunión con los modelos eclesiales, y eso es un gravísimo error. Supongamos una iglesia con modelo celular y una persona que, por algún tipo de escrúpulo personal, no quiere ir a las células establecidas. Inmediatamente es mal vista, es considerada anárquica, rebelde, malcriada. No importa si esta persona “revolucionaria” mantiene los vínculos de comunión espontáneos, o sea, se reúne con amigos en casa para conversar, orar, o simplemente apoyarse mutuamente, o mantiene lazos con algún cristiano de más años mediante su consejo. Nada interesa. Si no participas en la comunión mediante el modelo, estás fuera, te estás “enfriando”, tu vida espiritual es puesta en duda. Tomás de Torquemada revive y nos condena en el tribunal.
La inquisición se manifiesta en miles de formas, casi todas tan sutiles que nadie las percibe. Esta inquisición juzga a quien entiende la realidad de la iglesia de una forma distinta (en el caso del supuesto, quien comprende la lógica de los modelos y entiende a las células como uno más) y trata de hacer las cosas de un modo diferente (en este caso, no ir a las células). Esta inquisición lo aparta y lo expulsa. El que reflexiona, el que piensa un poco tomando una decisión respecto a su participación en la iglesia y no sigue a los demás como borregos es subversivo. Esta inquisición es tradicionalista, es temerosa, es letrista, es limitada en pensamiento porque no tiene la capacidad de dar el paso hacia adelante. ¿Es esta inquisición reflejo del amor de Dios? No es reflejo de este amor, sí de la limitada humanidad que cree tener siempre la razón
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domingo, 23 de abril de 2006
No me Judas con eso, no tiene asidero...
¿Qué es ese nuevo evangelio? Judas es un absurdo exceso de publicidad causada por Dan Brown y su "Código da Vinci", libro lleno de inexactitudes y de mitos que son plenamente conocidos por la gente involucrada en temas teológicos y específicamente en historia eclesiástica. Como el común de los mortales ahora está atento y sensible a esos temas, aparece un "Evangelio de Judas" dizque nuevo que dice que Judas fue bueno, que cumplió una misión divina y necesaria, y todos se emocionan y especulan profusamente. Pero la verdad es que, como ya dije arriba, esa información es plenamente conocida por expertos y existe literatura abundante sobre esto, pero especializada para ser francos. Quizá este puede ser parte del problema de la bola de nieve que estamos viviendo hoy: no se ha educado a la grey sobre esos textos antiguos, y cuando son “descubiertos”, causan furor.
Los evangelios y todo el resto del Nuevo Testamento fueron escritos en el primer siglo de la era cristiana. Lo último en ser escrito fue el Apocalipsis alrededor del 100 d.C. Sin embargo, otros cristianos escribieron otros libros que no están el la Biblia pero que fueron reconocidos como libros importantes (El Pastor de Hermas, la Didaché, las Cartas de Clemente, etc), pero hubieron otros evidentemente falsos escritos con el fin de desprestigiar a la naciente iglesia, a los que se les denomina en la literatura como los evangelios o libros apócrifos (el Apocalipsis de Pedro, las epístolas de Pedro, y una muy larga lista). A la vez de estos, y dentro de la categoría de apócrifos, hubieron otros textos escritos por sectas cristianas aparecidas en el siglo II o III que trataron de hacerlos pasar como hechos por los apóstoles con el fin de legitimar tanto al libro como a su contenido. Una de estas sectas era la gnóstica. ¿Qué creían ellos? En esencia –y vinculado al tema de este “evangelio”-, que Dios había creado tanto el bien como el mal - a diferencia de los cristianos, que pensaban y pensamos hasta hoy que el origen del mal no se encuentra en Dios-. Como Dios creó el mal, entonces figuras conmunmente estigmatizadas por su negatividad, como Caín, Esaú, Judas Iscariote o un poco María Magdalena, fueron consideradas como elementos importantísimos en el Plan de Dios, ya que sin su obra, el Plan Divino no hubiera podido llevarse a cabo. Entonces escribieron libros resaltando el papel de estos personajes y circularon por el mundo conocido en esa época, mezclados con los materiales genuinamente cristianos (tengamos en cuenta que el Nuevo Testamento tal como lo tenemos recién se oficializó en un concilio en el siglo V d.C). Estos apócrifos son fáciles de conseguir en muchas librerías cristianas o en una buena biblioteca de Teología.
Por ello me sorprende mucho todo el alboroto. Ese evangelio de Judas es evidentemente gnóstico, ya que exalta la figura de Judas que hizo un mal pero para traer un bien, ¡y no brinda información nueva a la que ya se conocía! ¡Todo ya se sabía! Hay apócrifos que hablan de que Jesús no murió (al igual que El Corán, que usó como fuente a uno de esos libros), otros hablan de una relación entre María Magdalena y Jesús (que Brown recoge en la leyenda del Santo Grial y la populariza) que dice cosas como los besos en la boca de Jesús a ella o que ella fue la que escribió el evangelio de Juan, otros que niegan la resurrección, y muchas otras cosas de ese tipo. Todo esto es conocido hace siglos. Claro, pero sólo por los conocedores. Ojalá aprovechemos la coyuntura y se eduque a todos al respecto.
Los evangelios y todo el resto del Nuevo Testamento fueron escritos en el primer siglo de la era cristiana. Lo último en ser escrito fue el Apocalipsis alrededor del 100 d.C. Sin embargo, otros cristianos escribieron otros libros que no están el la Biblia pero que fueron reconocidos como libros importantes (El Pastor de Hermas, la Didaché, las Cartas de Clemente, etc), pero hubieron otros evidentemente falsos escritos con el fin de desprestigiar a la naciente iglesia, a los que se les denomina en la literatura como los evangelios o libros apócrifos (el Apocalipsis de Pedro, las epístolas de Pedro, y una muy larga lista). A la vez de estos, y dentro de la categoría de apócrifos, hubieron otros textos escritos por sectas cristianas aparecidas en el siglo II o III que trataron de hacerlos pasar como hechos por los apóstoles con el fin de legitimar tanto al libro como a su contenido. Una de estas sectas era la gnóstica. ¿Qué creían ellos? En esencia –y vinculado al tema de este “evangelio”-, que Dios había creado tanto el bien como el mal - a diferencia de los cristianos, que pensaban y pensamos hasta hoy que el origen del mal no se encuentra en Dios-. Como Dios creó el mal, entonces figuras conmunmente estigmatizadas por su negatividad, como Caín, Esaú, Judas Iscariote o un poco María Magdalena, fueron consideradas como elementos importantísimos en el Plan de Dios, ya que sin su obra, el Plan Divino no hubiera podido llevarse a cabo. Entonces escribieron libros resaltando el papel de estos personajes y circularon por el mundo conocido en esa época, mezclados con los materiales genuinamente cristianos (tengamos en cuenta que el Nuevo Testamento tal como lo tenemos recién se oficializó en un concilio en el siglo V d.C). Estos apócrifos son fáciles de conseguir en muchas librerías cristianas o en una buena biblioteca de Teología.
Por ello me sorprende mucho todo el alboroto. Ese evangelio de Judas es evidentemente gnóstico, ya que exalta la figura de Judas que hizo un mal pero para traer un bien, ¡y no brinda información nueva a la que ya se conocía! ¡Todo ya se sabía! Hay apócrifos que hablan de que Jesús no murió (al igual que El Corán, que usó como fuente a uno de esos libros), otros hablan de una relación entre María Magdalena y Jesús (que Brown recoge en la leyenda del Santo Grial y la populariza) que dice cosas como los besos en la boca de Jesús a ella o que ella fue la que escribió el evangelio de Juan, otros que niegan la resurrección, y muchas otras cosas de ese tipo. Todo esto es conocido hace siglos. Claro, pero sólo por los conocedores. Ojalá aprovechemos la coyuntura y se eduque a todos al respecto.
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Religión
domingo, 16 de abril de 2006
La religión según Bachelet (*)
ROCÍO MONTES R.
La gobernante, que se declara agnóstica, tiene estrechos lazos con la masonería, es amiga de varios sacerdotes jesuitas, ha hecho gestos históricos al pueblo evangélico y el número de judíos en su gabinete es sólo superado por el Estado de Israel. Con la creación de la Oficina de Asuntos Religiosos inaugurará una modalidad distinta de diálogo con los diferentes credos.
Eran ya los últimos días de diciembre -jornadas en que la carrera presidencial entre Michelle Bachelet y Sebastián Piñera se encontraba en su punto más álgido- cuando la candidata de la Concertación recibió la más dura de las críticas que se haya pronunciado durante la campaña respecto de su agnosticismo: el alcalde de Independencia, el evangélico y militante de RN Antonio Garrido, dijo que la doctora del PS "era hija del Diablo" por no creer en Dios.
Las declaraciones del edil habían sido precedidas por las palabras del teólogo Fernando Moreno, quien había escrito que "es inmoral que un presidente de un partido que se llama Demócrata Cristiano pretenda imponer la votación por una candidata que es atea".
Por esos días, Michelle Bachelet realizaba sus últimas giras a regiones antes de las elecciones del 15 de enero. El 30 de diciembre se encontraba en la Octava Región. Allí, cuando el debate sobre la adhesión religiosa estaba ardiendo entre bacheletistas y piñeristas, la candidata de la Concertación se reunió con un grupo de 200 pastores y representantes de las distintas iglesias evangélicas en el centro de eventos Suractivo, de Concepción.
Fue ahí cuando anunció que de llegar a La Moneda crearía una Oficina de Asuntos Religiosos con el fin de garantizar que todos los credos se puedan expresar y comunicar con el Gobierno. Una entidad a la que nunca más se refirió públicamente, pero que, con Bachelet ya instalada en La Moneda, está comenzando a organizarse bajo el amparo del Ministerio Secretaría General de la Presidencia (Segpres).
Michelle Bachelet, a diferencia del ex Presidente Ricardo Lagos, no es bautizada. Proviene de una familia laica, y su padre y abuelo materno pertenecían a la Gran Logia. Su único matrimonio no fue por la Iglesia.
"Desgraciadamente, soy agnóstica", dijo en enero de 2002. "Creo que uno se acaba con la muerte, pero hay miles de cosas que desconocemos. No me cierro a aceptar otras posibilidades, pero mi formación médica se basa en evidencias".
Debido a su agnosticismo, pero sobre todo a sus escasas relaciones con personeros de los diferentes credos, la doctora del PS tuvo que comenzar a establecer vínculos con las distintas iglesias durante su carrera a La Moneda. Un alto miembro de su ex comando señala que "era bien complejo el tema, porque ella es mujer, agnóstica, separada, socialista y más encima vivió en la RDA".
Por ello, aun por sobre sus convicciones personales, en su programa de gobierno Bachelet no se impuso metas complejas desde el punto de vista valórico. "Con un gobierno de sólo cuatro años ella determinó no enredarse con temas que, por ejemplo, la podrían complicar con la Iglesia Católica", señala un asesor de La Moneda. "La suya es una agenda social, ésa es su prioridad. No una agenda valórica. Sabe que en lo primero le puede ir bien. Tiene el financiamiento y el piso político. Lo otro, en cambio, sería una aventura", dice.
Un hecho que se demostró esta semana, cuando el Gobierno determinó que no insistirá en reponer el veto sobre la Ley de Clonación y Genoma Humano, que se estaba tramitando en el Senado y que amenazaba con convertirse en el primer gran conflicto en temas valóricos con la Democracia Cristiana.
Sin embargo, en un hecho histórico, el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet se encuentra trabajando en la creación de una entidad que estará dedicada exclusivamente a las relaciones entre los diferentes credos y el Ejecutivo: la llamada Oficina de Asuntos Religiosos que dependerá de la Segpres.
Porque el tema de la igualdad entre las diferentes creencias tiene un especial interés para Bachelet. Así lo plantea en su programa y así se lo ha hecho saber también a los representantes de las religiones minoritarias en Chile.
En el documento, por ejemplo, jamás se habla de una única Iglesia, evitando darle supremacía a la Católica, sino que en todo momento se refiere a "las iglesias". "Promoveremos la libertad de culto, el desarrollo de todos los credos y velaremos por la libre expresión de los diversos cultos en la sociedad", dice el programa presidencial.
Por ello, la Oficina de Asuntos Religiosos -que se comenzará a diseñar una vez completadas las 36 medidas de los 100 primeros días de gobierno- promete tener un efecto "ecualizador" entre las diferentes religiones. Una especie de "ventanilla única" para nivelar los vínculos de los diversos sectores espirituales con La Moneda.
Un hecho que, según advierten en la Concertación, podría tener el riesgo de generar ruidos en la sensibilidad católica. Es que nuevamente, igual como ocurrió con la Ley de Libertad de Culto de 1999 -que prácticamente igualó los derechos y deberes de los distintos credos y en un principio provocó la protesta de la curia-, la institucionalidad que creará el gobierno de Bachelet podría estrechar la distancia existente entre la Iglesia Católica y los grupos religiosos minoritarios en Chile.
RAÍCES EN LA GRAN LOGIA
El homenaje de los masones al general Bachelet
La Presidenta tiene una relación especial con la Gran Logia. Su abuelo materno, Máximo Jeria Chacón -una calle de Ñuñoa lleva su nombre por ser el primer ingeniero agrónomo chileno- era laico y masón.
De hecho, fue por su influencia que el padre de la Mandataria, general Alberto Bachelet, ingresó a la Gran Logia en la década del '40, aunque provenía de una familia católica y conservadora. Ello no sólo le permitió ganarse la simpatía de su suegro, quien era un implacable antimilitarista, sino que además le permitió conocer a destacados políticos masones como Salvador Allende, a quien apoyó en sus cuatro intentos por llegar al Palacio de La Moneda.
El general Bachelet llegó a ser maestro de la masonería; es decir, tenía el grado 3. Eso le permitió ser parte de la directiva de la Gran Logia.
Debido al vínculo familiar, la doctora socialista ha tenido contactos especiales con los masones desde que era ministra de Lagos. Por ejemplo, mientras era titular de Defensa, inauguró el año académico de la universidad masónica La República, y en otra oportunidad participó en un homenaje que la propia casa de estudios le rindió al fallecido general Bachelet en el edificio Diego Portales.
De hecho, ella y su madre estuvieron presentes en la inauguración de una de las salas de la biblioteca central de la universidad que lleva el nombre del fallecido general FACh, ubicada en la sede de calle Cienfuegos. En esa ocasión (2003), los masones pusieron en el salón un retrato de Alberto Bachelet y, además, le regalaron a la hoy Mandataria un óleo con su rostro, copiado de una fotografía de los años '70.
Ya en la campaña presidencial, los masones tuvieron varios encuentros con Michelle Bachelet. Durante la precandidatura, por ejemplo, hubo dos encuentros: el 7 de enero, cuando su propio comando pidió una audiencia con el gran maestro Jorge Carvajal, y el 6 de mayo, cuando participó de un almuerzo de tres horas junto a 200 masones en la sede de la Gran Logia. Luego, el 7 de enero, ya en la campaña de segunda vuelta, nuevamente se entrevistó con Carvajal, a quien le entregó su programa de Gobierno. La última de las reuniones se realizó el 22 de enero, cuando la directiva masónica la visitó en su ex casa de Manquehue, estando ya electa.
IGLESIA CATÓLICA
Afinidad con los jesuitas
Fue a mediados del 2003 cuando Michelle Bachelet, siendo ministra de Defensa y posible candidata presidencial, conoció a los dos sacerdotes con que tiene más afinidad al interior de la Iglesia Católica: los jesuitas Fernando Montes, rector de la Universidad Alberto Hurtado, y Felipe Berríos, capellán del programa Un Techo para Chile.
Bachelet conoció a los religiosos en una de las reuniones de camaradería organizadas por el diputado Jorge Burgos (DC) y el actual presidente del Consejo de Defensa del Estado, Carlos Mackenney. Ambos, que se conocen desde los tiempos de la Parroquia Universitaria, son a su vez muy cercanos a los dos jesuitas: Burgos, porque toda la vida fue compañero de curso de Berríos en el San Ignacio El Bosque, y Mackeney porque estableció vínculos con los religiosos al haber educado a sus hijos en el colegio de la Compañía.
Por ello, habitualmente se reunían con los sacerdotes en alguna de sus casas, citas a las que, a su vez, invitaban a otros amigos en común, como los ex ministros Francisco Vidal y Nicolás Eyzaguirre. En una de esas tertulias, en la casa de Mackenney, llegó la entonces ministra Bachelet, quien tuvo sintonía inmediata con Montes y Berríos.
Fue la primera de una serie de encuentros entre Bachelet y el grupo. En otra ocasión, por ejemplo, se reunieron para celebrar un cumpleaños de Nicolás Eyzaguirre. Otra vez fue Bachelet quien se trasladó a las viviendas básicas donde residen los dos sacerdotes, quienes viven en una comunidad jesuita instalada en la parte de atrás de Infocap, en Departamental con Santa Rosa.
En los encuentros se hablaba de todo: desde temas cotidianos hasta problemas coyunturales, donde los sacerdotes entregaban su visión. En más de alguna ocasión, Bachelet y Eyzaguirre tocaron guitarra y Vidal trató de cantar, según dice uno de los comensales.
Aunque las reuniones se interrumpieron por la apretada agenda de Bachelet en la época de campaña, lo cierto es que la amistad con los dos sacerdotes sigue viva desde que ella llegó a La Moneda. De hecho, la propia Bachelet a los pocos días de instalarse en Palacio, llamó por teléfono a Felipe Berríos y sostuvo con él una larga conversación.
SECRETARIOS DE ESTADO
Los judíos y el gabinete
De acuerdo a Julio Froimovich, presidente de la Comunidad Judía de Chile, los contactos más directos con Bachelet comenzaron durante la campaña presidencial de 2005. Uno de ellos, por ejemplo, fue el que se realizó el 22 de agosto, cuando ya era abanderada única de la Concertación. Y el último, el que se produjo una vez que ganó la elección, el 23 de enero.
Ahí le plantearon tres temas que son prioritarios para la comunidad: la preocupación por la beneficencia, la lucha por los Derechos Humanos y la imperiosa necesidad de que se cuente con una ley contra la discriminación en Chile.
Sin embargo, aunque los vínculos son más bien recientes, lo cierto es que Michelle Bachelet tiene una fuerte presencia judía en su gabinete. De hecho en enero, poco después de darse a conocer el primer gabinete de Bachelet, el sitio web "Jerusalem Summit", destacó que, después de Israel, el de Chile es el Gobierno con mayor cantidad de judíos como secretarios de Estado. Nombraban a Eduardo Bitrán de Obras Públicas, Clarissa Hardy de Mideplan, Karen Poniachik de Minería, además del subsecretario de Relaciones Exteriores, Alberto Van Klaveren.
Con ellos, los judíos se configuran como la tercera tendencia religiosa al interior del gabinete, después de los católicos y los agnósticos.
Los católicos del gabinete son: Andrés Zaldívar, Alejandro Foxley, Isidro Solís, Álvaro Rojas, Martín Zilic, Sergio Espejo, Patricia Poblete y Laura Albornoz.
Los agnósticos son: Ricardo Lagos Weber, Andrés Velasco, Paulina Veloso, Ingrid Antonijevic, Vivianne Blanlot, Soledad Barría, Paulina Urrutia y Rommy Schmidt.
Osvaldo Andrade se ha declarado sin religión.
EVANGÉLICOS
Relación con protestantes
El pastor de la Iglesia Pentecostal Apostólica, Francisco Anabalón, coordinador del Consejo de Organizaciones Evangélicas (COE), cuenta que cada vez que han sostenido reuniones con Michelle Bachelet, le piden autorización para orar. Ella acepta, dice Anabalón, y en silencio escucha los rezos.
El pastor relata que con ella han tenido relaciones desde que era ministra de Salud, y que los vínculos continuaron una vez que se instaló en Defensa. De hecho, recuerda que cuando se fueron las tropas chilenas a Haití, ella hizo un gesto inédito para su credo: con el fin de que actuara como capellán, se preocupó de llevar en la comitiva oficial al pastor Roberto López.
Los contactos con este sector continuaron durante la campaña presidencial de Bachelet. De hecho, según señala un alto personero que participó de su comando, nunca se perdió de vista que más de 1,6 millón de chilenos profesa este credo.
También mantuvo vínculos con el obispo Bernardo Cartes, de la Unión de Iglesias Evangélicas (UNIECH), personero que encabezó el último Te Deum. De hecho, en el oficialismo se señala que fue este sector el que adoptó una postura más proclive a la candidatura de la doctora del PS. Tanto es así que el 29 de marzo el senador del PPD Guido Girardi organizó una comida en su casa de La Reina a la que invitó a Cartes y, entre otras personas, al vocero del Gobierno Ricardo Lagos Weber. Girardi, según uno de los asistentes al encuentro, durante su propia campaña senatorial había establecido fuertes vínculos con esta fracción evangélica y "la idea de la comida era que Guido sirviera de puente para que se conocieran y así se establezca una relación directa entre ellos y La Moneda".
CAPELLANES
Religiosos de Palacio
Son los llamados capellanes de La Moneda, quienes sirven espiritualmente a los que allí trabajan: el sacerdote católico Percival Cowley y el pastor evangélico Neftalí Aravena.
Ellos son los que realizan actos ecuménicos en fechas especiales como Navidad o, por ejemplo, la habitual conmemoración anual del 11 de septiembre.
Pero la dupla no estuvo siempre presente en Palacio. Fue recién durante el gobierno del ex Presidente Ricardo Lagos que la casa de gobierno abrió las puertas a un representante de la Iglesia Evangélica de Chile. Aravena, obispo metodista y ex integrante de la Mesa de Diálogo, asumió la tarea dos años después de haberse promulgado la Ley de Igualdad de Cultos, inaugurando con ello la cohabitación de religiones en La Moneda.
(*) http://diario.elmercurio.com/2006/04/16/reportajes/_portada/noticias/322A5A94-7D0F-45DC-AF52-88F1AFE0EAA4.htm?id={322A5A94-7D0F-45DC-AF52-88F1AFE0EAA4}
La gobernante, que se declara agnóstica, tiene estrechos lazos con la masonería, es amiga de varios sacerdotes jesuitas, ha hecho gestos históricos al pueblo evangélico y el número de judíos en su gabinete es sólo superado por el Estado de Israel. Con la creación de la Oficina de Asuntos Religiosos inaugurará una modalidad distinta de diálogo con los diferentes credos.
Eran ya los últimos días de diciembre -jornadas en que la carrera presidencial entre Michelle Bachelet y Sebastián Piñera se encontraba en su punto más álgido- cuando la candidata de la Concertación recibió la más dura de las críticas que se haya pronunciado durante la campaña respecto de su agnosticismo: el alcalde de Independencia, el evangélico y militante de RN Antonio Garrido, dijo que la doctora del PS "era hija del Diablo" por no creer en Dios.
Las declaraciones del edil habían sido precedidas por las palabras del teólogo Fernando Moreno, quien había escrito que "es inmoral que un presidente de un partido que se llama Demócrata Cristiano pretenda imponer la votación por una candidata que es atea".
Por esos días, Michelle Bachelet realizaba sus últimas giras a regiones antes de las elecciones del 15 de enero. El 30 de diciembre se encontraba en la Octava Región. Allí, cuando el debate sobre la adhesión religiosa estaba ardiendo entre bacheletistas y piñeristas, la candidata de la Concertación se reunió con un grupo de 200 pastores y representantes de las distintas iglesias evangélicas en el centro de eventos Suractivo, de Concepción.
Fue ahí cuando anunció que de llegar a La Moneda crearía una Oficina de Asuntos Religiosos con el fin de garantizar que todos los credos se puedan expresar y comunicar con el Gobierno. Una entidad a la que nunca más se refirió públicamente, pero que, con Bachelet ya instalada en La Moneda, está comenzando a organizarse bajo el amparo del Ministerio Secretaría General de la Presidencia (Segpres).
Michelle Bachelet, a diferencia del ex Presidente Ricardo Lagos, no es bautizada. Proviene de una familia laica, y su padre y abuelo materno pertenecían a la Gran Logia. Su único matrimonio no fue por la Iglesia.
"Desgraciadamente, soy agnóstica", dijo en enero de 2002. "Creo que uno se acaba con la muerte, pero hay miles de cosas que desconocemos. No me cierro a aceptar otras posibilidades, pero mi formación médica se basa en evidencias".
Debido a su agnosticismo, pero sobre todo a sus escasas relaciones con personeros de los diferentes credos, la doctora del PS tuvo que comenzar a establecer vínculos con las distintas iglesias durante su carrera a La Moneda. Un alto miembro de su ex comando señala que "era bien complejo el tema, porque ella es mujer, agnóstica, separada, socialista y más encima vivió en la RDA".
Por ello, aun por sobre sus convicciones personales, en su programa de gobierno Bachelet no se impuso metas complejas desde el punto de vista valórico. "Con un gobierno de sólo cuatro años ella determinó no enredarse con temas que, por ejemplo, la podrían complicar con la Iglesia Católica", señala un asesor de La Moneda. "La suya es una agenda social, ésa es su prioridad. No una agenda valórica. Sabe que en lo primero le puede ir bien. Tiene el financiamiento y el piso político. Lo otro, en cambio, sería una aventura", dice.
Un hecho que se demostró esta semana, cuando el Gobierno determinó que no insistirá en reponer el veto sobre la Ley de Clonación y Genoma Humano, que se estaba tramitando en el Senado y que amenazaba con convertirse en el primer gran conflicto en temas valóricos con la Democracia Cristiana.
Sin embargo, en un hecho histórico, el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet se encuentra trabajando en la creación de una entidad que estará dedicada exclusivamente a las relaciones entre los diferentes credos y el Ejecutivo: la llamada Oficina de Asuntos Religiosos que dependerá de la Segpres.
Porque el tema de la igualdad entre las diferentes creencias tiene un especial interés para Bachelet. Así lo plantea en su programa y así se lo ha hecho saber también a los representantes de las religiones minoritarias en Chile.
En el documento, por ejemplo, jamás se habla de una única Iglesia, evitando darle supremacía a la Católica, sino que en todo momento se refiere a "las iglesias". "Promoveremos la libertad de culto, el desarrollo de todos los credos y velaremos por la libre expresión de los diversos cultos en la sociedad", dice el programa presidencial.
Por ello, la Oficina de Asuntos Religiosos -que se comenzará a diseñar una vez completadas las 36 medidas de los 100 primeros días de gobierno- promete tener un efecto "ecualizador" entre las diferentes religiones. Una especie de "ventanilla única" para nivelar los vínculos de los diversos sectores espirituales con La Moneda.
Un hecho que, según advierten en la Concertación, podría tener el riesgo de generar ruidos en la sensibilidad católica. Es que nuevamente, igual como ocurrió con la Ley de Libertad de Culto de 1999 -que prácticamente igualó los derechos y deberes de los distintos credos y en un principio provocó la protesta de la curia-, la institucionalidad que creará el gobierno de Bachelet podría estrechar la distancia existente entre la Iglesia Católica y los grupos religiosos minoritarios en Chile.
RAÍCES EN LA GRAN LOGIA
El homenaje de los masones al general Bachelet
La Presidenta tiene una relación especial con la Gran Logia. Su abuelo materno, Máximo Jeria Chacón -una calle de Ñuñoa lleva su nombre por ser el primer ingeniero agrónomo chileno- era laico y masón.
De hecho, fue por su influencia que el padre de la Mandataria, general Alberto Bachelet, ingresó a la Gran Logia en la década del '40, aunque provenía de una familia católica y conservadora. Ello no sólo le permitió ganarse la simpatía de su suegro, quien era un implacable antimilitarista, sino que además le permitió conocer a destacados políticos masones como Salvador Allende, a quien apoyó en sus cuatro intentos por llegar al Palacio de La Moneda.
El general Bachelet llegó a ser maestro de la masonería; es decir, tenía el grado 3. Eso le permitió ser parte de la directiva de la Gran Logia.
Debido al vínculo familiar, la doctora socialista ha tenido contactos especiales con los masones desde que era ministra de Lagos. Por ejemplo, mientras era titular de Defensa, inauguró el año académico de la universidad masónica La República, y en otra oportunidad participó en un homenaje que la propia casa de estudios le rindió al fallecido general Bachelet en el edificio Diego Portales.
De hecho, ella y su madre estuvieron presentes en la inauguración de una de las salas de la biblioteca central de la universidad que lleva el nombre del fallecido general FACh, ubicada en la sede de calle Cienfuegos. En esa ocasión (2003), los masones pusieron en el salón un retrato de Alberto Bachelet y, además, le regalaron a la hoy Mandataria un óleo con su rostro, copiado de una fotografía de los años '70.
Ya en la campaña presidencial, los masones tuvieron varios encuentros con Michelle Bachelet. Durante la precandidatura, por ejemplo, hubo dos encuentros: el 7 de enero, cuando su propio comando pidió una audiencia con el gran maestro Jorge Carvajal, y el 6 de mayo, cuando participó de un almuerzo de tres horas junto a 200 masones en la sede de la Gran Logia. Luego, el 7 de enero, ya en la campaña de segunda vuelta, nuevamente se entrevistó con Carvajal, a quien le entregó su programa de Gobierno. La última de las reuniones se realizó el 22 de enero, cuando la directiva masónica la visitó en su ex casa de Manquehue, estando ya electa.
IGLESIA CATÓLICA
Afinidad con los jesuitas
Fue a mediados del 2003 cuando Michelle Bachelet, siendo ministra de Defensa y posible candidata presidencial, conoció a los dos sacerdotes con que tiene más afinidad al interior de la Iglesia Católica: los jesuitas Fernando Montes, rector de la Universidad Alberto Hurtado, y Felipe Berríos, capellán del programa Un Techo para Chile.
Bachelet conoció a los religiosos en una de las reuniones de camaradería organizadas por el diputado Jorge Burgos (DC) y el actual presidente del Consejo de Defensa del Estado, Carlos Mackenney. Ambos, que se conocen desde los tiempos de la Parroquia Universitaria, son a su vez muy cercanos a los dos jesuitas: Burgos, porque toda la vida fue compañero de curso de Berríos en el San Ignacio El Bosque, y Mackeney porque estableció vínculos con los religiosos al haber educado a sus hijos en el colegio de la Compañía.
Por ello, habitualmente se reunían con los sacerdotes en alguna de sus casas, citas a las que, a su vez, invitaban a otros amigos en común, como los ex ministros Francisco Vidal y Nicolás Eyzaguirre. En una de esas tertulias, en la casa de Mackenney, llegó la entonces ministra Bachelet, quien tuvo sintonía inmediata con Montes y Berríos.
Fue la primera de una serie de encuentros entre Bachelet y el grupo. En otra ocasión, por ejemplo, se reunieron para celebrar un cumpleaños de Nicolás Eyzaguirre. Otra vez fue Bachelet quien se trasladó a las viviendas básicas donde residen los dos sacerdotes, quienes viven en una comunidad jesuita instalada en la parte de atrás de Infocap, en Departamental con Santa Rosa.
En los encuentros se hablaba de todo: desde temas cotidianos hasta problemas coyunturales, donde los sacerdotes entregaban su visión. En más de alguna ocasión, Bachelet y Eyzaguirre tocaron guitarra y Vidal trató de cantar, según dice uno de los comensales.
Aunque las reuniones se interrumpieron por la apretada agenda de Bachelet en la época de campaña, lo cierto es que la amistad con los dos sacerdotes sigue viva desde que ella llegó a La Moneda. De hecho, la propia Bachelet a los pocos días de instalarse en Palacio, llamó por teléfono a Felipe Berríos y sostuvo con él una larga conversación.
SECRETARIOS DE ESTADO
Los judíos y el gabinete
De acuerdo a Julio Froimovich, presidente de la Comunidad Judía de Chile, los contactos más directos con Bachelet comenzaron durante la campaña presidencial de 2005. Uno de ellos, por ejemplo, fue el que se realizó el 22 de agosto, cuando ya era abanderada única de la Concertación. Y el último, el que se produjo una vez que ganó la elección, el 23 de enero.
Ahí le plantearon tres temas que son prioritarios para la comunidad: la preocupación por la beneficencia, la lucha por los Derechos Humanos y la imperiosa necesidad de que se cuente con una ley contra la discriminación en Chile.
Sin embargo, aunque los vínculos son más bien recientes, lo cierto es que Michelle Bachelet tiene una fuerte presencia judía en su gabinete. De hecho en enero, poco después de darse a conocer el primer gabinete de Bachelet, el sitio web "Jerusalem Summit", destacó que, después de Israel, el de Chile es el Gobierno con mayor cantidad de judíos como secretarios de Estado. Nombraban a Eduardo Bitrán de Obras Públicas, Clarissa Hardy de Mideplan, Karen Poniachik de Minería, además del subsecretario de Relaciones Exteriores, Alberto Van Klaveren.
Con ellos, los judíos se configuran como la tercera tendencia religiosa al interior del gabinete, después de los católicos y los agnósticos.
Los católicos del gabinete son: Andrés Zaldívar, Alejandro Foxley, Isidro Solís, Álvaro Rojas, Martín Zilic, Sergio Espejo, Patricia Poblete y Laura Albornoz.
Los agnósticos son: Ricardo Lagos Weber, Andrés Velasco, Paulina Veloso, Ingrid Antonijevic, Vivianne Blanlot, Soledad Barría, Paulina Urrutia y Rommy Schmidt.
Osvaldo Andrade se ha declarado sin religión.
EVANGÉLICOS
Relación con protestantes
El pastor de la Iglesia Pentecostal Apostólica, Francisco Anabalón, coordinador del Consejo de Organizaciones Evangélicas (COE), cuenta que cada vez que han sostenido reuniones con Michelle Bachelet, le piden autorización para orar. Ella acepta, dice Anabalón, y en silencio escucha los rezos.
El pastor relata que con ella han tenido relaciones desde que era ministra de Salud, y que los vínculos continuaron una vez que se instaló en Defensa. De hecho, recuerda que cuando se fueron las tropas chilenas a Haití, ella hizo un gesto inédito para su credo: con el fin de que actuara como capellán, se preocupó de llevar en la comitiva oficial al pastor Roberto López.
Los contactos con este sector continuaron durante la campaña presidencial de Bachelet. De hecho, según señala un alto personero que participó de su comando, nunca se perdió de vista que más de 1,6 millón de chilenos profesa este credo.
También mantuvo vínculos con el obispo Bernardo Cartes, de la Unión de Iglesias Evangélicas (UNIECH), personero que encabezó el último Te Deum. De hecho, en el oficialismo se señala que fue este sector el que adoptó una postura más proclive a la candidatura de la doctora del PS. Tanto es así que el 29 de marzo el senador del PPD Guido Girardi organizó una comida en su casa de La Reina a la que invitó a Cartes y, entre otras personas, al vocero del Gobierno Ricardo Lagos Weber. Girardi, según uno de los asistentes al encuentro, durante su propia campaña senatorial había establecido fuertes vínculos con esta fracción evangélica y "la idea de la comida era que Guido sirviera de puente para que se conocieran y así se establezca una relación directa entre ellos y La Moneda".
CAPELLANES
Religiosos de Palacio
Son los llamados capellanes de La Moneda, quienes sirven espiritualmente a los que allí trabajan: el sacerdote católico Percival Cowley y el pastor evangélico Neftalí Aravena.
Ellos son los que realizan actos ecuménicos en fechas especiales como Navidad o, por ejemplo, la habitual conmemoración anual del 11 de septiembre.
Pero la dupla no estuvo siempre presente en Palacio. Fue recién durante el gobierno del ex Presidente Ricardo Lagos que la casa de gobierno abrió las puertas a un representante de la Iglesia Evangélica de Chile. Aravena, obispo metodista y ex integrante de la Mesa de Diálogo, asumió la tarea dos años después de haberse promulgado la Ley de Igualdad de Cultos, inaugurando con ello la cohabitación de religiones en La Moneda.
(*) http://diario.elmercurio.com/2006/04/16/reportajes/_portada/noticias/322A5A94-7D0F-45DC-AF52-88F1AFE0EAA4.htm?id={322A5A94-7D0F-45DC-AF52-88F1AFE0EAA4}
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sábado, 15 de abril de 2006
El 79.2% de peruanos es católico (*)
Un estudio promovido por el Instituto Bartolomé de las Casas y el de Opinión Pública de la Universidad Católica del Perú reveló que el 79,2% de los peruanos manifiesta profesar la religión católica frente a otras creencias. Un 12.8% de peruanos asegura ser evangélico, pentecostal o cristiano no católico, mientras que un 3.7% dice ser adventista, testigo de Jehová, mormón o israelita del último pacto.
Según la encuesta realizada del 24 al 26 de marzo a 1.945 personas de 24 provincias urbanas del país, el 91% de los entrevistados dijo ser creyente (que profesa determinada fe religiosa), mientras que un 4.23% afirma no ser creyente y un 4.72%se considera indiferente. Del mismo modo, un 3.19% de los encuestados se reconocen como creyentes pero a la vez afirman no pertenecer a ninguna religión.
Asimismo, el 50,4% piensa que la Biblia está inspirada por Dios y que debemos tratar de comprender lo que nos dice, otro 36,1% dijo que la Biblia es la palabra verdadera de Dios y debe interpretarse tal como está escrita, mientras que el 10,5% consideró que es un libro antiguo de leyendas, historias y principios morales escrito por seres humanos.
Además, el 49,6% de los católicos, dice que ir a misa es una de las prácticas religiosas con las que más a gusto se sienten, mientras que un 29,7% respondió que trabajar con gente de su comunidad o grupo religioso para resolver algún problema de su barrio o localidad. Otro 14,2% de católicos dijo que participar en fiestas patronales.
Del mismo modo, el 73,3% de creyentes dijo que la honradez es el valor que debe ser parte de la formación religiosa. El 65,8% respondió la solidaridad con los demás, el 62,6% el respeto por los demás, mientras que el 59,1% la humildad. Asimismo, un 42,5% respondió que practicar la justicia, el 30,7% la obediencia, el 28,6% la confianza en los demás, el 23,1% la libertad, entre otras respuestas.
(*)http://www.elcomercioperu.com.pe/EdicionOnline/Html/2006-04-13/onlPortada0489012.html
Según la encuesta realizada del 24 al 26 de marzo a 1.945 personas de 24 provincias urbanas del país, el 91% de los entrevistados dijo ser creyente (que profesa determinada fe religiosa), mientras que un 4.23% afirma no ser creyente y un 4.72%se considera indiferente. Del mismo modo, un 3.19% de los encuestados se reconocen como creyentes pero a la vez afirman no pertenecer a ninguna religión.
Asimismo, el 50,4% piensa que la Biblia está inspirada por Dios y que debemos tratar de comprender lo que nos dice, otro 36,1% dijo que la Biblia es la palabra verdadera de Dios y debe interpretarse tal como está escrita, mientras que el 10,5% consideró que es un libro antiguo de leyendas, historias y principios morales escrito por seres humanos.
Además, el 49,6% de los católicos, dice que ir a misa es una de las prácticas religiosas con las que más a gusto se sienten, mientras que un 29,7% respondió que trabajar con gente de su comunidad o grupo religioso para resolver algún problema de su barrio o localidad. Otro 14,2% de católicos dijo que participar en fiestas patronales.
Del mismo modo, el 73,3% de creyentes dijo que la honradez es el valor que debe ser parte de la formación religiosa. El 65,8% respondió la solidaridad con los demás, el 62,6% el respeto por los demás, mientras que el 59,1% la humildad. Asimismo, un 42,5% respondió que practicar la justicia, el 30,7% la obediencia, el 28,6% la confianza en los demás, el 23,1% la libertad, entre otras respuestas.
(*)http://www.elcomercioperu.com.pe/EdicionOnline/Html/2006-04-13/onlPortada0489012.html
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sábado, 1 de abril de 2006
¿Desde cuándo los pastores son gerentes?

La pastoral, sea en el grupo religioso que sea, es un tema complejo. Esto a pesar que, dentro de un contexto cristiano, la enseñanza de Cristo pareciera ser categórica y suficiente como patrón a seguir en el desarrollo de la relación con las personas y el trato con respecto a su crecimiento cristiano, problemas personales y su relación con el Creador de todo.
En los últimos años, el crecimiento de la iglesia evangélica en todos los países de Latinoamérica ha sido explosivo. Esto ha generado iglesias más y más grandes y una organización eclesial más sofisticada debido a los grandes eventos que existen hoy en día, la formación de redes de iglesias interdependientes, nuevos centros de capacitación y la atención de miles de nuevos conversos.
Si soy optimista, puedo sugerir este proceso como uno de los provocadores de un cambio en la pastoral evangélica. Pastores, valga la redundancia, con la influencia de algunas tendencias aparecidas en la moderna bibliografía, empezaron a trastocar el ejemplo de Cristo y se empezaron a convertir en gerentes de la fe. Despachando en oficinas, coordinando actividades mediante el fax y el correo electrónico, viajando a muchos lugares para participar en diversos eventos, dirigiendo múltiples organizaciones especializadas, han cambiado todo. Lo más serio viene a la hora del trato hacia la gente. Nos olvidamos del pasaje bíblico aquel que cuenta del pastor que busca a la oveja perdida y lo cambiamos por la secretaria que te reserva una cita. Se ha modificado la visión del pastor que busca a la persona y la trae de regreso por el esquema de la persona que busca al pastor cuando tiene un problema. El gran peligro de esto es que la persona que se pierde se da cuenta de esto cuando ya está hundida hasta la coronilla, y recién pide ayuda. ¿Tarde? En ocasiones, sí.
Y no es que esté mal eso. En ocasiones las iglesias crecen y es complicado para el pastor atender a todas las personas y hay que poner un orden, delegando o estableciendo un liderazgo que empiece a asumir algunas funciones que por el tamaño de la iglesia no puede hacerlas una sola persona. Sin embargo, el gran problema es la actitud. La prioridad ya no es la atención de la gente sino es hacer reuniones, grandes eventos, enseñar clases o gestionar el material humano del que se compone el liderazgo, como un gerente de una empresa, haciendo el trato con la gente completamente impersonal. El pastor, simplemente recibe, escucha, dice lo que hay que hacer. Pero si la oveja se pierde, no hace nada. O muy poco. Pueden pasar años sin que el pastor converse personalmente con un miembro de la iglesia. Lamentablemente cambiamos el principio bíblico del lavado de pies de Cristo a los discípulos invirtiéndolo completamente. ¿Cuántos pastores y líderes de corazón repetirían lo que hizo el Maestro dos mil años atrás?
Vuelvo a ser optimista y diría que quizá se toleraría esto con pastores de alto rango. Quizá. Pero es más complicado cuando este comportamiento aparece en pastores del primer nivel, o sea, que dirigen iglesias pequeñas, que guían jóvenes en iglesias medianas o aquellos recién egresados de seminario.
Pero siendo realistas, en verdad es intolerable en todos los casos. El pastorado es un don que se siente como la vocación o el amor por la pareja, incontenible y claramente definido, y quien lo tiene no puede desligarse de aquel regalo hermoso de Dios. La gerencia en la iglesia va en contra de él, lo mata, lo tritura, lo desmenuza sutilmente, sin darnos cuenta y peor aún con una apariencia de piedad. A Dios gracias que hay muchos líderes que aún conservan la esencia del ejemplo de Cristo, pero no es en todos los casos. Y esto debe cambiar.
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