martes, 13 de febrero de 2007

El paradigma de la autoridad

La iglesia de Filipos era, en muchos aspectos, una iglesia ideal. Al leer el texto bíblico es fácil percibir el tono amoroso e íntimo de la carta, muy personal, sentida, mostrando un gran afecto y abriendo su corazón a sus hermanos en la fe. El único problema que trasluce la epístola son algunas distensiones (1:27; 2:1-4, 12, 14; 4:2), a pesar de su generosidad (Pablo normalmente para evitar que lo califiquen de interesado no recibía dinero y se ganaba la vida haciendo tiendas a la vez de ser un misionero) para con el apóstol y otras virtudes cristianas que Pablo no es mezquino en reconocer (1:5,9; 2:12; 4:10, 15).

Pablo no quiere polemizar, tampoco desea exhortar o corregir con severidad este problema de la comunidad filipense. Ante los malentendidos y divisiones, declara a la iglesia una obviedad: la clave para una correcta convivencia entre cristianos es la humildad, enfatizando la importancia de imitar el ejemplo de Cristo. Para acentuar esta idea, Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos revela una verdad que directamente nos llega al alma en 2:5-11 (Nueva Biblia Latinoamericana):

Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús:

Él, que era de condición divina
[i],
no se aferró celoso a su igualdad con Dios
[ii]
sino que se rebajó a sí mismo[iii] hasta ya no ser nada,
tomando la condición de esclavo,
y llegó a ser semejante a los hombres.
Habiéndose comportado como hombre,
se humilló, y se hizo obediente hasta la muerte
-y muerte en una cruz.
Por eso, Dios lo engrandeció
y le concedió El Nombre que está sobre todo otro nombre,
para que ante el nombre de Jesús todos se arrodillen en los cielos,
en la tierra y entre los muertos.
Y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor,
para la gloria de Dios Padre
.”

La carga teológica de este pasaje es abrumadora y no es intención del presente escrito concentrarnos en ella. Es, en estricto, otro misterio. Berkhof se centraliza en el término morphe (forma, condición) y afirma que se refiere a la existencia de Cristo “basada en la igualdad con Dios. El hecho de que Cristo tomó la forma de siervo no envuelve que haya puesto a un lado la forma de Dios. No hubo cambio de la una por la otra. Aunque él preexistía en la forma de Dios, Cristo no contó con su carácter de ser igual a Dios como un honor que no pudiera dejar pasar sino que se despojó tomando la forma de siervo. Y bien, ¿Qué significa que haya tomado la forma de siervo? Un estado de sujeción en el cual uno está llamado a prestar obediencia. Y lo contrario a esto es un estado de soberanía en el que uno tiene derecho de mandar. El estado de igualdad con Dios no denota un modo de ser, sino un estado que Cristo cambió por otro estado[iv] de manera absolutamente voluntaria. Dentro de la comunidad divina, eterna y presente en una realidad de igualdad absoluta, uno de sus miembros, la segunda persona de la Trinidad, de manera autoimpuesta, realiza un despojo[v]. No era compulsorio, nadie forzó a Cristo a realizar ese acto que lo llevó finalmente a morir en la cruz, pero lo hizo teniendo en cuenta que implicaba algo sustancial: la obediencia a un igual, a un equivalente. No obedeció porque la primera persona de la Trinidad era más que él, una especie de Dios de mayor categoría, de poder más especial, de “padre” en el sentido humano de la Palabra. No, nada de eso. Fue la igualdad absoluta, la homogeneidad, la sincronía, pero sobre todo el amor entre la comunidad divina y, desde ellos, al objeto creado –el hombre- que lo hizo todo posible. Más aún, Cristo decido hacerse un siervo dentro de la humanidad ya que, por amor y sólo por amor se identificó con el más humilde, sufrido y despreciado de los especimenes de la raza humana. Este deseo es algo que jamás debemos olvidar, es el “criterio de una vida realmente evangélica[vi]. Varios pasajes reflejan esta autosujeción de Cristo. La oración que Jesucristo exclama en el huerto de Getsemaní (Mt. 26:36-46 y similares) es clara cuando Jesús afirma que “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”, sometiendo su voluntad de manera completa. Llega a alegar, inclusive que “Voy y vengo a vosotros. Si me amarais, os abráis regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre es mayor que yo” (Jn. 14:28).

La base de la obediencia es, recalco, la igualdad, no la superioridad o la “categoría especial” de uno sobre el otro, basada en el amor y la identificación profunda con la humanidad beneficiaria del proceso redentor de Dios.

Esta visión trinitaria de la autoridad sostenida en la igualdad se confirma con el sacerdocio de todos los creyentes, enseñanza que debe ser constantemente repetida para no olvidarla jamás. Sabemos que el sacrificio de Jesucristo en la cruz hizo caduco el pacto mosaico estableciendo uno nuevo (Hebreos 9:15-22) con mejores promesas (Heb. 8:6) cuando se ofreció a sí mismo (Heb. 7:27) como la perfecta víctima una vez por todas (Heb. 7:27), como nuestro substituto (Heb. 7:27) y rescate (Heb. 9:15). Por su muerte Él llevó nuestros pecados (Heb. 9:28), nos hizo perfectos (Heb. 10:14), obtuvo para nosotros eterna redención (Heb. 9:12), abrió un camino nuevo y vivo en y a través de Él al trono de gracia del Padre, y se sentó a la diestra de Dios (Heb. 10:12) e invita ahora a los creyentes con limpia conciencia (Heb. 9:14) a entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús (Heb. 10:19) para ofrecer continuamente sacrificios espirituales (Heb. 13:15, 16) como sacerdotes en Cristo[vii].

Todos los creyentes en Jesucristo, sin excepción, somos llamados a brindar nuestra vida completa en adoración listos para “ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (1 Pe. 2:5)”. Todo el pueblo de Dios es, sin ninguna clase de distinciones, sacerdotal y, por ende, categóricamente debo afirmar que no existe un clero que funja de casta especial dedicada al culto a Dios: ni cura, ni pastor, ni derviche, ni chamán, ni curandero, ni nada, ya que basados en el modelo que nos da el orden trino, somos todos iguales. Leonardo Boff aplicado a la iglesia católica también habla del mismo tema –ajustable sin demasiadas adaptaciones a la realidad evangélica latinoamericana-: “lo que es error en la doctrina sobre la Trinidad no puede ser verdad en la doctrina sobre la Iglesia. Se enseña que en la Trinidad no puede haber jerarquía. Todo subordinacionismo es aquí herético. Se enseña que las personas divinas son de igual dignidad, de igual bondad, de igual poder. La naturaleza íntima de la Trinidad no es la soledad, sino la comunión. La pericoresis (mutua relación) de la vida y del amor une a los Tres divinos con tal radicalidad que no tenemos tres dioses, sino un solo Dios-comunión. Sin embargo, de la Iglesia se dice que es esencialmente jerárquica y que la división entre clérigos y laicos es de institución divina. Un torniquete que se estrecha.

No estamos contra la jerarquía. Si ha de existir la jerarquía, ya que esto puede ser un legítimo imperativo cultural, será siempre, en un buen raciocinio teológico, jerarquía de servicios y funciones. Si no resulta así, ¿cómo se puede verdaderamente afirmar que la Iglesia es icono-imagen de la Trinidad? ¿Dónde va a parar el sueño de Jesús de una comunidad de hermanos y de hermanas si existen tantos que se presentan como padres y maestros cuando Él ha dicho explícitamente que tenemos un solo padre y un solo maestro (Cfr. Mt., 23, R9). La forma actual de organizar la Iglesia (no ha sido siempre así en la historia de la Iglesia) crea y reproduce demasiadas desigualdades en vez de actualizar y hacer posible la utopía fraterna e igualitaria de Jesús y de los apóstoles
[viii].

La iglesia evangélica cree en el sacerdocio de todos los creyentes a nivel de confesión de fe pero lamentablemente en la práctica esto ha estado lejos de vivirla, salvo pocas excepciones. Lutero, el padre de esta enseñanza, decía que “todos somos consagrados sacerdotes a través del bautismo... Un sacerdote en el Cristianismo no es más que un funcionario... Si todos somos sacerdotes... y todos tenemos una fe, un evangelio, un sacramento, ¿por qué también no tenemos el poder de probar y juzgar lo que es correcto o errado en asuntos de la fe?[ix]”. Hasta aquí todo muy bien, pero el problema fue que nunca abandonó el modelo clerical católico, sino que más bien tomó tal cual, le quitó el celibato y el papel intercesor, y lo adaptó a las nuevas iglesias reformadas que se estaban instituyendo. Mantuvo la división entre el laico y el clero, tan lejana de aquel “sacerdocio universal de los creyentes que es pura expresión del sacerdocio del laico Jesús, como nos recuerda el autor de la carta a los hebreos (7, 14; 8,4)[x]”. De allí viene la expresión moderna del pastorado, que toma valor no por el principio de la igualdad, sino que resalta la superioridad de unos cristianos sobre los otros por el “llamado” hecho por Dios a tiempo completo e institucionalizado por los diplomas de los seminarios, abarcando funciones que miembros del cuerpo podrían hacer, atrofiando a la iglesia, acaparando tareas, ahogando los dones.

Por ello, es necesario a mi entender borrar la línea laico-pastor. Cada creyente ha recibido dones del Espíritu Santo para ejercer algún ministerio orientado al trabajo en la misión de Dios en el mundo y en la consolidación del reino de Dios en la tierra, por ello es fundamental que los descubra y desarrolle. Sin dones, la funcionalidad del cuerpo se atascará. Anulada la línea y disuelta la tensión[xi], la sumisión de la que habla la Biblia con respecto a los ancianos y pastores podrá darse de una manera más viva, más centrada en la realidad del ejemplo de la Comunidad Divina, ya que estará basada no en el hecho de la superioridad del pastor-profeta-apóstol-maestro, sino en la paridad entre los creyentes, el amor profundo, y el servicio abnegado, ese que es capaz de lavar los pies, ser el postrero y servir sin condiciones, ese que se despoja al igual que el Maestro sin importar nada, solamente el trabajo entregado para el reino de Dios.

Como Boff, digo que no estoy en contra de la jerarquía (la enseñanza paulina es bastante clara con los pastores y diáconos). Pero el verticalismo amante del organigrama que existe hoy en día en las iglesias no funcionará en comunidades que persigan el modelo trinitario y la enseñanza del sacerdocio de todos los creyentes. No funcionará jamás en comunidades que enfaticen “la creación y desarrollo de una comunidad que vive inmersa en su contexto, que adecua sus métodos de evangelización a la cultura sin perder de vista su misión y su fidelidad al Evangelio”. Por eso abrogo por una iglesia sin laicos y clérigos, sino por una iglesia simplemente compuesta de cristianos que viven su fe comunal y relacionalmente.

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[i] “Forma de Dios” en la RV60.
[ii] La Biblia de Jerusalén dice: “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios”. Sugiere también la posible traducción: “… no consideró como presa el ser igual a Dios”.
[iii] Literalmente “se vació a sí mismo”.
[iv] Berkhof, Luis. Ibid. Pag. 390. Resaltado mío.
[v] La teológicamente llamada kenosis
[vi] Comentarios sobre el pasaje de La Nueva Biblia Latinoamericana.
[vii] La secuencia de los versículos se extrae de http://www.geocities.com/Athens/Forum/7177/Vers_art_sacerdocio.html
[viii] Boff, Leonardo. Citado en http://jimzall.mx.tripod.com/BOFF
[ix] Citado en http://www.sgi.org/spanish/budismo/bactual/Actual001.html
[x] Boff, Leonardo. Ibid.
[xi] La tensión entre el laicado y el clero, que se ha dado en todas las épocas de la historia.

14 comentarios:

Alexander Rodríguez dijo...

Excelente escrito. Debemos de una vez por todas terminar con esa desigualdad ontológica entre el cuerpo de Cristo.

"Todos me conocerán, desde el más pequeño hasta el mayor", reza el Nuevo Pacto.

Me gusta mucho tu análisis basado en la comunidad Divina.

Es notable también compararlo con el racismo, el cual no empieza con echar una raza abajo, sino por elevar a una raza sobre las demás.

De la misma forma, la torcedura jerárquica empieza por elevar un llamado ontológicamente sobre los demás.

En reposo, seguimos hablando,

A&R

webmaster dijo...

Excelente artículo, el concepto biblico de una comunidad de creyentes sin distinciones ni rangos especiales se observa con claridad meridiana dentro del nuevo testamento. Las influencias empresariales modernas han trastorando la visión original de Dios para su pueblo, convirtiendola en un supermercado espiritual.

Creo en la obediencia y la edificación mutua de los creyentes, mas que la forma pasiva que presenciamos hoy en día en nuestros cultos, más que todo por aquellas frases caprichosas de Pablo reflejadas en las expresiones "los unos a los otros".

Excelente figura la descrita en torno a la trinidad, no era conocida para mi, y de seguro será un buen argumento ante jerarquia autoritaria en el pueblo de Dios.

Por cierto, he escrito un articulo similar en mi blog

Saludos, me gustaría charlar contigo de manera mas personal a través del correo electrónico.

Bendiciones.

Jesus dijo...

Gracias por compartir esto. Es lo que he creído en años, la comunidad de creyentes es una comunidad de iguales, de personas pecadoras rescatadas por la sangre de Jesús, donde el pobre y el rico, el blanco y el negro conviven en el Espírtu. Una iglesia puede tener una gran estructura, pero si la igualdad, armonía y humildad carecen, entonces no son iglesia. Gracias nuevamente.

Carlosmares dijo...

Me pongo en la posicion de abogado del diablo, y les pregunto:
Ustedes creen en verdad que un conjunto de seres humanos imperfectos, con pecados errores, y con potenciales discordias; Porque asi sean cristianos, igual llegar a ese modelo de amor incondicional y sumision como hermano (o lo que hayas llamado al hecho de servir incondicionalmente en base a amor y fraternalidad) no seria algo irreal? Sin mayores autoridades ni un modelo jerarquico (en lo mas minimo), seria capaz una institucion formada por hombres, seguir una meta de manera armoniosa? Incluso al ir creciendo el grupo en numero?

Mi humilde opinion:
No al blanco y no al negro. Si no lo que mejor se adapte a la sociedad y a la comunidad en la cual vives, sin caer en extremos.
Suponiendo que el equilibrio ideal entre lo autoritario y el otro extremo es dinamico, y nuestros esfuerzos por alcanzarlos nos desplacen constantemente de un lado al otro de la balanza. Yo creo que probablemente ustedes, posteando estos comentarios y esparciendo sus ideas, son parte de las fuerzas que estan llevando a trasladar el equilibrio hacia el otro lado de la balance, ustedes son una manifestacion de que nos hemos acercado mucho al extremo autoritario (puede que si). En efecto, opino que se debe de reestructurar, proponer, construir, y seguir en la busqueda de ese equilibrio.

Otra pregunta:
Para esto sera necesario fundar una iglesia nueva?
Mi opinion:
Porque alejarte de todo cuando algo disgusta? Por que no intentar cambiarlo desde adentro?
A mi no me gustan muchas cosas sobre la sociedad actual, pero por eso no me aislo de ella. Al contrario, trato de ser el cambio que quiero ver dentro de ella.

Carlos M

Abel dijo...

Alex, como dices, en reposo seguimos hablando, avanzando en pos de esa iglesia que creo ambos soñamos, sin torceduras y llena del Espíritu de Dios.

Saludos,

Abel.

Abel dijo...

Anyul, ya leí tu artículo y te puse un pequeño comentario. Sigamos conversando y, como dirían por allí, soñando un poco en pos del reino de Dios.

Saludos,

Abel.

Abel dijo...

Jesús:

Muy de acuerdo. "Si la igualdad, armonía y humildad carecen, entonces no son iglesia" es una frase que nos debe llevar a la reflexión y la alerta permanente, porque si no nos convertimos en lo que sea: un partido político, una pequeña monarquía o hasta un club.

Saludos,

Abel.

Abel dijo...

Carlos:

Un gusto tenerte por mi blog. Vi que abriste uno, y espero poder leer pronto tus artículos e ir conversando de lo que comentes.

Yo no hablo en el artículo de eliminar el modelo jerárquico. Por eso enfatizo que "Como Boff, digo que no estoy en contra de la jerarquía (la enseñanza paulina es bastante clara con los pastores y diáconos). Pero el verticalismo amante del organigrama que existe hoy en día en las iglesias no funcionará en comunidades que persigan el modelo trinitario y la enseñanza del sacerdocio de todos los creyentes". Eliminar la "jerarquía" sería irreal, caótico, una anarquía absoluta. Más bien argumento por un modelo más bíblico que ontológicamente (me gusta la forma en que lo coloca Alexander) no hayan diferencias entre el religioso y el profano. ¿Qué tan correcta es esa distinción clero-laico creada desde hace siglos? Pienso que la línea debe borrarse y la autoridad "democratizarse" aplicando un modelo basado en los dones del Espíritu. Claro que habrá "líderes", pero no será una pirámide, sino un plato hondo, donde la base sea el liderazgo y encima el resto de la comunidad. Lo pongo así porque "el que quiere ser primero que sea el postrero", y el que sirve lava los pies a los otros. La actitud de servicio máxima. ¿Vemos eso? Yo cuando fui tutor hace años nunca lo hice y pido perdón en esta ocasión por eso.

Pero, como dices, en la práctica depende, y allí habrá que recibir el consejo de Dios para cada caso particular. A veces, tendrás que dejar tu iglesia, a veces no. Todo depende de lo que Dios quiera. Nadie debe aislarse, sino que hay que seguir la voz de Dios. Y no dudes o te llenes de nostalgia si te dice "sal", porque la iglesia es más que la comunidad local: es trascendente en el tiempo y en el espacio, más que mis cuatro paredes y mi templo en la avenida 1 en Lima. Y si Dios te dice: "Quédate y sé el cambio en tu iglesia local porque desde allí impactaré el mundo", pues a quedarse y desde allí hacer tu parte en la misión de Dios aquí en la tierra.

Un gusto, Carlos. Ojalá podamos seguir conversando.

Saludos desde Lima.

Abel.

Anyulled dijo...

Abel, a la luz de este artículo que publicas, ayudame a encontrar una interpretación correcta de estos versículos:

1 Corintios 11:3 Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios.

1º Corintios 15:28 Y cuando todo haya sido sometido a Él, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.


Gracias por todo, Seguimos soñando...

Dario Mazuera dijo...

Es algo como para dar gracias a Dios haber entrado en este blog. Es una asombrosa respuesta de nuestro Señor a una muy profunda inquietud de mi alma desde hace ya años, ver como Ud, y otros muchos hermanos en la fe de Cristo, buscan también salir del "paradigma de la autoridad", al cual me abstengo por ahora de darle el calificativo que me merece. Solo quiero, en este momento dos cosas:
1) Dar gracias a Dios por permitirme conocer un poco de usted, hermano, si me lo permite, Abel, como de quienes participan con sus aportes y comentarios en su blog.
2) Aportar un poco, pues me conmueve lo que dice Anyulled, recordando cómo vengo haciendo ese ruego yo también: "ayúdame a encontrar una interpretación correcta de estos versículos, 1Cor.11:3 y 1Cor. 15:28" Entonces, tengo para decir cuánto me ayudó escuchar una conferencia de Samuel Perez Millos donde trató este tema de la Autoridad en la Trinidad. Allí tuve el cambio mas grandioso de mi vida, más grande aún que el de reconocer a Jesucristo como mi Señor y Salvador. Fué el comprender que: nuestra relación con Cristo como cabeza, que la relación de Padre, Hijo y Espíritu Santo, que la relación entre los miembros del cuerpo (Iglesia) no es autoridad sino Vida. Sí, Vida.
Vida eterna, lo que prometió Jesús. No autoridad.
Sugiero pues, pensar: en el trono de Dios y a la diestra de Dios está sentado el Cordero que murió para darnos Vida; ahora, el cimiento del trono de Dios es Justicia (Salmo 89:14). Pero el paradigma de la autoridad es: "el fundamento del trono de Dios es la autoridad". Vemos claramente cómo se ha formado con verdades aparentes o erróneas una "verdad" que defienden "a capa y espada" los amantes de tener y disfrutar de autoridad. Esto es largo y peligroso aún. Pero se siente un movimiento espiritual bajo "la superficie del océano" de los que buscan reinar. Es algo así como la "justicia que clama contra la autoridad".
Así que !no estamos soñando! La palabra de Dios permanece para siempre y es "La palabra de Justicia" lo que nuestra alma anhela. Gracias...

Abel García dijo...

El problema, como en tantas otras instancias de la vida y como bien lo sugieres también, son las estructuras de poder que existen en la iglesia, las cuales son defendidas con uñas y dientes con quienes lo ostentan. Esas manifestaciones del poder son las que hacen que nos alejemos del espíritu de lo que debe ser la comunidad de seguidores de Cristo. Eso hace que veamos cosas en la iglesia que son inaceptables. Ahora, no estoy diciendo que no exista la autoridad como tal (no en vano Pablo habla de apóstoles y obispos y diáconos), sino que ésta no es la base: en contraste, la base es la vida comunitaria, la fe, el anhelo por una vida mejor, el dar a otros, la visión que privilegie al prójimo, en contraste con la visión egoísta del mundo.

Un abrazo. Un gusto mantener contacto contigo por aquí.

Saludos.

Dario Mazuera dijo...

Gracias por el abrazo al cual correspondo gustoso en el espíritu.
Todo lo que hasta ahora he leído en este blog, me ha gustado, es decir lo veo muy acertado, como lo enseñaron los Apóstoles. Como dices terminando este tu último comentario: “sino que ésta (la autoridad) no es la base: en contraste, la base es la vida comunitaria, la fe, el anhelo por una vida mejor, el dar a otros, la visión que privilegie al prójimo, en contraste con la visión egoísta del mundo.” me permito preguntar si tiene algún escrito de su autoría sobre las palabras del Señor a sus discípulos en Mateo 20:25. O si no, ¿por qué no comparte con nosotros su comprensión de ese tema tan vital para la vida cristiana?

Abel García dijo...

Es un pasaje muy interesante ese de Mateo 20:25, un hito dentro de la reflexión de lo que debe ser la pastoral. No he escrito nada sobre él en realidad, pero por ahí podría hacer un post.

Dario Mazuera dijo...

Muy apreciado hermano en la fé de nuestro Señor Jesucristo.
Acabo de leer su proyecto de libro titulado “Cristiano sin Iglesia”. Me ha interesado tanto, que lo he de releer con mucho más detalle luego.
Como Ud. me ha invitado en el blog Teonomía, a comentar algo, me siento con libertad de enviarle estas líneas para expresar el gusto y aún gozo que me ha dado conocerle por este medio. En este momento debo ser muy breve y por lo tanto me limito un poco en lo que deseo decirle.
En primer lugar me ha hecho saber que, entonces, no soy el único con este tipo de experiencias, de inquietudes, de necesidades espirituales o de encontrar verdades sólidas, de desiluciones, sino que somos seguramente muchos. Es tan exacta su descripción de lo que Ud. sentía y pensaba y se veía obligado a actuar, que me veo retratado, completamente identificado, lo más maravilloso, en la forma de ver a Dios, es decir en la manera de concebir lo que El nos ha revelado de sí mismo, distinguiendo errores teológicos que vienen de mucho tiempo atrás, que siguen siendo sostenidos aún con violencia, en aras de la autoridad de Dios “en ellos delegada”. Ellos, quienes desean subir, controlar, crecer (no tanto en el conocimiento de nuestro Señor J.C.) sino en su propio enaltecimiento: autoridad.
Ud. escribe muy bien, deja bien claras las ideas. Debo decirle que aprenderé mucho de Ud. si Dios me lo permite. Una cosa sí me entristeció: la última frase del libro. Le digo que como título está bien, pero como especie de epílogo me confundió un poco. Pienso que el final es todo lo contrario. Una feliz seguridad. Una declaración concisa y gozosa de lo que realmente es El Cuerpo de Cristo, no vinculado a la Cabeza por autoridad y obediencia, sino Unido, indisolublemente Unido, por la Comunicación de Vida; mejor, de Su Vida.