miércoles, 15 de abril de 2026

La resurección que viene de lo alto

 

Jesús resucitó a Lázaro, resucitó al hijo de la viuda de Naín, resucitó a la hija de Jairo. Las tres resurrecciones son profundamente conmovedoras. El pasaje de Jairo rogando por la ayuda de Jesús ante la agonía de su hija me saca lágrimas, y es poderoso en mensaje: “No temas, cree solamente” ante los anuncios de que la niña ya había fallecido. ¿Se imaginan a Jairo? Una fe que va más allá del anuncio de la muerte, una confianza que rompe el sentido común. “No temas, cree solamente” se ha convertido en uno de mis ejes de vida y de fe. Cree, confía, Dios está en control de las cosas.


Y con la viuda de Naín, es una señal y enseñanza poderosa de que Dios tiene compasión, de que ve nuestro dolor, nuestras lágrimas, y que a pesar de lo aparentemente definitorio, a pesar de la muerte ya probada y visible, él puede resucitar, puede volver a construir un nuevo comienzo. La viuda no le pidió nada, él vio la necesidad, la carencia que venía, las lágrimas que no pararían nunca en la viuda. Que grande que es el poder de Jesús sobre la muerte, que grande que es la mirada de Jesús hacia los vulnerables.


Lázaro, que se levantó y andó luego de cuatro días de muerto. Todos pensaban que ya era tarde, que todo era irreversible, un milagro que ya era imposible. La hija de Jairo acababa de morir, pero Lázaro ya tenía tiempo fallecido. “Hiede ya” le decían a Jesús pero eso no importó, su poder sobre la muerte es absoluto y demostró que siempre es posible resucitar. Si lo hizo con unos huesos secos en Ezequiel, pues Dios lo puede todo.


Sí, podemos entender que hablamos de resurrección literal, de un muerto que pasa a vida. Es la esencia de nuestra fe. Pero voy más allá. No me quedo con el hecho de la resurrección como la vuelta de un cadáver a la vida, sino con el hecho que Jesús puede volver a la vida todo, tiene el poder de transformarlo todo, de incluso recuperar y hacer florecer lo que todos dicen que está muerto. “No temas, cree solamente” dijo él. Hay cosas muertas en nosotros, hay cosas muertas en nuestras relaciones, hay cosas muertas en el alma, pero Jesús tiene el poder de la resurrección, puede hacerlo, porque vino a sanar a los enfermos, porque se compadece de nosotros, porque somos sus amigos y nos llora. Pero esa resurrección no viene como un rayo del cielo, sino que nos pide la fe de Jairo que exige algo de nosotros: tomar la decisión de luchar por el otro o la otra, o nos susurra que acortemos distancias, o nos invita a abandonar la lejanía y elegir el servicio diario constante, la sensibilidad a la necesidad de los demás y la ternura como los canales por donde Dios vuelve a soplar vida. Creer en nuevos comienzos es un acto de fe monumental, y yo quiero creer.


La hija de Jairo es la muerte reciente. El hijo de la viuda es la muerte en tránsito, Lázaro es la muerte irreversible de varios días que ya es un hecho consumado. El mensaje es claro y lo recibo en el corazón: no importa en qué etapa de la "muerte" se encuentre nuestra situación de vida, el poder de Cristo es absoluto y puede resucitar lo que sea, ¡siempre!


Resucita, Jesús, las partes de mi alma que están muertas. Resucita, Jesús, lo que tengas que traer a la vida en mí. ¡Tú sabes lo que tienes que resucitar! Amén.


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