viernes, 20 de mayo de 2005

La hermenéutica de los amigos de Job

Nosotros vemos el mundo a través de nuestros paradigmas [i]
Joel Arthur Barker

Dice Jorge Luis Borges que el objetivo del escritor de Job fue “demostrar que el propósito del Libro de Job es que no podemos aplicar ningún epíteto humano a Dios; no podemos medirlo según nuestras medidas”, que es precisamente lo que Elifaz, Bildad y Sofar hicieron al argumentar y meditar sobre los males de Job y su “segura” causa. Racionalizar a Dios es algo que, de la misma forma que el problema del sufrimiento, trasciende toda época ya que mucha gente ha reflexionado en esto desde los tiempos babilónicos hasta la actualidad y la actitud tan humana de creer que Dios piensa como nosotros o que debería seguir un cierto patrón de conducta predefinido por los seres humanos es vista con diáfana claridad desde el patriarcado hasta, lamentablemente, nuestros tiempos modernos. Cuántos pastores claman desde el púlpito o desde las oficinas de consejería: “Dios dice que…” cuando en verdad no es el Señor sino un modelo teológico, una creencia particular, una postura, una premonición, o quizá un trauma infantil quien habla a través del pastor. Creamos un paradigma humanista con fragancia teocéntrica y lo elevamos a la categoría de divino sin más razón que la experiencia, la tradición o la sabiduría, como hicieron los amigos de Job. Este es un error viejísimo del cual Dios nos advierte y nos exhorta no caer a través de una lectura seria del libro de Job.

1.- Criterio Exegético

¿Qué pautas se pretende utilizar en el presente estudio para analizar el tema planteado? Martínez, con respecto al análisis exegético de Job, nos dice que es necesario “… [estudiar] las declaraciones de cada uno de los personajes que intervienen en el dialogo a la luz de su propia teología, y determínense hasta qué punto expresan una verdad totalmente válida, son una verdad a medias o constituyen un error. Tanto Job como sus amigos hicieron afirmaciones maravillosas; pero de los labios de todos ellos salieron grandes dislates. El intérprete ha de dar a cada frase el valor que le corresponde”
[ii]. Este principio fundamental será la referencia para auscultar las ideas subyacentes a los dichos de los amigos de Job.


2.- Teología de los amigos

El principio básico por el discurría el pensamiento de los amigos de Job era bastante antiguo y sobrevivió, inclusive, hasta los tiempos de Jesús
[iii]. Mackenzie nos ilustra al respecto y dice que “siempre se había tenido por axioma que Yahvé era justo y fuente de justicia. Pero esta justicia podía ser entendida en dos formas completamente distintas. Desde el punto de vista de los desamparados y oprimidos, la justicia significaba liberación, salvación; los jueces de Israel son los héroes y campeones, que salvaban al pueblo de Yahvé de la opresión… [por lo tanto] los participantes de su alianza debían tener, naturalmente, seguridad y bienestar. Pero si estos partícipes de la alianza se volvían desleales y actuaban como enemigos, entonces no tenían más remedio que conocer la otra cara de la justicia, que significaba destrucción. Esto fue, según los profetas, lo que le sucedió a Judá en el exilio… al mismo tiempo los maestros de la sabiduría subrayaban la eficacia de una vida justa. En sus esfuerzos por comprender la existencia humana, trataban de reducir los elementos arbitrarios e imprevisibles de la vida. Afirmaban la existencia de unas leyes morales que gobiernan la vida, cuyo custodio y garante es Dios” [iv]. Este principio o ley es llamado el de la justicia retributiva, a la que los tres amigos “en forma diversa pero muy similar… responden: a la culpa corresponde la pena, a la justicia, el premio” [v]. Esta diversidad de forma se sistematiza de la siguiente manera:

a) Elifaz: Teología de la Experiencia.

b) Bildad: Teología de la Tradición.

c) Zofar: Teología del Legalismo

Entonces tenemos una idea general con tres vertientes diferentes. Lo general es presentado por Elifaz en la forma de la teoría de la retribución “afirmando la universalidad de la pecaminosidad humana: todos somos pecadores (Job. 4:17-21), todos causan infelicidad (5:5-7), todos deben agradecer a Dios la prueba-purificación (5:17-26). “se cosecha lo que se siembra” (4:8). Quien ama el mal, recibirá lo que ama. Quien siembra el bien, cosechará bienes”
[vi]. Mackenzie menciona lo mismo pero en otra circunstancia del libro de Job también para el caso de Elifaz: “[Este] toma casi al azar la lista de crímenes sociales que podía cometer impunemente un individuo rico y poderoso en el mundo antiguo… [y llega a la siguiente conclusión]: como Job está sufriendo lazos, terror, tinieblas, diluvio, en consecuencia, ha tenido que cometer los pecados que se mencionan en 22:6-9”[vii]. Estos postulados son válidos para las expresiones de los otros dos amigos [viii].

La primera de las tres vertientes menciona a Elifaz como el adalid de la experiencia ya que “… él mismo ha contemplado cómo la justicia divina actuaba infaliblemente en el mundo”
[ix]. Su punto de vista discurre a través de la pequeña frase “he visto” de Job 4:8 y 5:3 pero además se menciona una revelación en la que no están de acuerdo los expertos. Si tratamos de condensar diríamos que “la experiencia y la revelación confirman [la] enseñanza (de la teoría de la retribución)”[x]. Por eso Elifaz pretende “convencer a Job de que éste ha de aceptar la sentencia de Dios que le declara pecador, tanto si entiende su pecado como si no”[xi].

La segunda de las vertientes se basa en que Bildad funda su argumentación en la experiencia. Job lo muestra en 8:8-10. “Pregunta a la generación pasada y medita en la experiencia de tus padres. Nosotros somos de ayer y no sabemos nada, pues en la tierra pasamos como una sombra. Pero ellos te enseñarán y te hablarán, expresarán para ti su pensamiento”. El reafirma la teoría de la retribución, por ejemplo en 8:4 (“si tus hijos pecaron contra él entonces él se encargó ya de ponerlos en manos de su maldad”) pero también en otros pasajes.

La última de las vertientes es la de Zofar que, en cambio, basa su autoridad en “la sabiduría misma, un conocimiento que se justifica por sí mismo, que él posee y que se identifica (al menos en su aplicación al vivir humano) con la sabiduría de Dios. Esta doctrina no es sólo clara y cierta en sí misma, sino también en el caso de Job… Sofar glorifica la sabiduría de Dios
[xii] (11:5: “¡Ojalá hablara Dios, te viniera a contestar (como lo hizo al final) y te revelara los misterios de la sabiduría, -que son maravillosos a nuestro entendimiento[xiii]-!)”


3.- El nivel de verdad de la Teología de los amigos

Usando las palabras de Martínez nos preguntamos ¿Cuál es el valor que corresponde a las palabras y argumentos de los amigos de Job? Detrás de los dichos de los amigos de Job hay actitudes que manchan su teología y que nos pueden dar pautas del nivel de certidumbre de sus dichos
[xiv]. Van Baalen en su conocido libro “El caos de las sectas” al hablar de Charles Russell, el fundador de los Testigos de Jehová, dice que “una mala teología procede de un mal corazón”. Podríamos parafrasear esta frase para nuestros intereses: “Una corazón con las motivaciones incorrectas provocará una incorrecta teología” y esto último es lo que sucedió con los amigos de Job. Mackenzie nos orienta al respecto:

a) Los amigos de Job “insisten en que son ellos los que declaran un juicio en nombre de Dios, que la sabiduría que ellos profesan tiene una garantía divina”
[xv]. Elifaz a ratos aparenta tener la seguridad de ser el oráculo de Dios y portador de sus palabras. Inclusive ve la justicia retributiva como una ley natural, inflexible y que definitivamente viene de Dios, sin errores ni manchas. En otras palabras, han reemplazado la palabra de Dios por un sucedáneo escuálido, sin vida, al que han elevado a niveles cuasi-divinos, convenciéndose de la verdad de él a punta de razonamientos incorrectos. Esto es precisamente lo que Dios quiere rebatir en el libro.

b) Elifaz “no ha querido examinar la posición de Job. Dicho brevemente: tiene una mente cerrada y se encuentra completamente satisfecho con su doctrina tan fácil de comprender, que aplica complacida y fríamente a Job”
[xvi]. El paradigma lo tiene incrustado de tal forma que no puede concebir una posibilidad diferente hasta el punto que tuve que intervenir Dios para trastocar su mente (leemos esto en el final del libro). Mackenzie dice que “desde el prólogo [nos damos cuenta] que el análisis que Elifaz hace sobre el caso de Job no es correcto, he hecho, al insistir tanto en el motivo utilitario, su postura se confunde con la del adversario”[xvii] (Jiménez Hernández lo dice de una forma más cruda: Los amigos, aliados de Satán). Por lo tanto, la ceguera de ellos les provocó un bloqueo intelectual y espiritual –que es muchísimo más terrible-, teniendo una posición parecida a la de los fariseos: creían que estaba cerca de Dios, que tenían la esencia de su verdad, pero realmente se habían convertido en enemigos de Dios al punto de ser llamados por Juan el Bautista “generación de víboras”. Dios no llega a este extremo ahora, pero conmina a los amigos a hacer un sacrificio al final.

c) Bildad “da por supuesto que las funciones de Dios son automáticas: los hombres son libres para elegir esto o aquello, pero en los juicios de Dios no queda lugar para el amor o la libertad”
[xviii]. Es más de lo mismo: Dios respeta la ley natural y no la viola bajo ninguna circunstancia.

d) Los tres amigos defendían un “concepto de una especie de justicia conmutativa entre Dios y el hombre, [y este concepto] destruye la trascendencia divina y tiende, en ese sentido, a rebajar a Dios a la altura del hombre”
[xix] Los amigos suponen una causalidad moral estricta en los actos humanos, idea que se deriva de la justicia retributiva.

e) Los amigos no están dispuestos a admitir que los actos de Dios resultan extremadamente misteriosos para el hombre. “Forzados por la situación, tratan de defender a Dios e términos humanos, y hasta llegan a mentir en el intento”
[xx]. Como muchos religiosos en todos los tiempos, trataron de racionalizar a Dios, pero fracasaron en su intento, ya que lo infinito no cabe en lo finito, como concluyeron tantos pensadores.

f) En todo el libro lo que hace Job es amenazar sus estructuras religiosas (claro de ver en 19:28-29: “Ustedes, que tratan de condenarme y buscan pretextos contra mi, teman que la espada los hiera a ustedes mismos cuando la cólera de Dios castigue sus culpas, y ustedes sabrán entonces que hay al fin justicia”), “y esto les hace sentirse crueles”
[xxi]


4.- El planteamiento triple

¿Podemos afirmar la validez o la inutilidad de la tradición, la sabiduría o la experiencia desde las afirmaciones del autor de Job? Si observamos bien, Job no critica jamás la triada de planteamientos. No rechaza a la tradición ni a la experiencia ni a la sabiduría per se, como elementos que Dios abomina para mostrar parte de su revelación, de su pensamiento. Lo que en verdad se critica es el paradigma de la justicia retributiva que llevó a los amigos a los extremos descritos: se critica su actitud de hablar por Dios, la autosuficiencia que da el pensar que tienen el punto de vista de Dios, se critica su ostracismo, su mente cerrada y el enorme pecado de limitar a Dios a un modelo mental humano.

No están mal las tradiciones. Si no fueran por ellas, mucho del conocimiento previo se perdería, y mucho de la mística y del camino recorrido por los que estuvieron antes de nosotros, no serviría de nada. Pablo mandó guardar ciertas tradiciones y el mismo Cristo se sujetó a las que estaban vigentes. La misma ley de Moisés en parte es un conjunto de normas que trascendiesen el tiempo y que tienen la forma de tradición y dentro de la soberanía de Dios estaba el uso de la ley en esa forma. Pero existe el peligro de colocar estas tradiciones al nivel de la Biblia, como es el caso de la Iglesia Católica-Romana o de los fariseos en los templos bíblicos. Basta afirmar lo que le dijo Cristo a ellos cuando les preguntaba: “¿Porqué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?” (Mt. 15:3) para tener una respuesta clara: hay un límite para la tradición, y es cuando empieza a ir en contra del mandato bíblico.

No están mal las experiencias. Si no fuera así no tendría sentido el argumento cosmológico que plantea la existencia de Dios y que Pablo explica en Romanos, en donde se nos dice que el universo es de por sí el testimonio del creador (nuestra experiencia al enfrentarnos al universo nos lleva a la idea de un Dios). Exhortaciones como la del autor de los Hebreos para que avancemos hacia la madurez no tendrían sentido si la experiencia fuera algo que debiéramos desdeñar, ya que la madurez es una función directamente proporcional a la experiencia. El problema es que comenzamos a centrar nuestro cristianismo sólo en las señales (un ejemplo de experiencia), y destinamos el fin de nuestra religiosidad a su búsqueda, pudiendo llegar muchas veces a tendencias místicas, por ejemplo. Mucha de la teología pentecostal del Espíritu Santo enfatiza demasiado las vivencias carismáticas diciendo que si uno no tiene tal o cual señal entonces tenemos un indicador de nuestra cercanía a Dios.

No está mal el ceñirnos a la Biblia. La Palabra de Dios debe ser el marco en el que se circunscriben todas nuestras acciones, y nuestra cosmovisión debe ser absolutamente bíblica. El problema es que nos podemos volver jueces y perder la humildad que debemos tener como seres humanos ya que existe sólo un Juez supremo. Nos volvemos literalistas y podemos llegar a perder el amor que el hijo de Dios mostró en la tierra que nos pide reflejar al mundo pecador.

El problema en Job está en que los amigos usan precisamente el planteamiento triple para sustentar su errada perspectiva. Ellos ponen la teoría de la retribución como pensamiento de Dios y para argumentar a favor de ella usan herramientas que son colocadas al mismo nivel de su teoría. En otras palabras, en una forma sutil reemplazan a Dios por la tradición, por la experiencia o por la sabiduría con el fin de demostrar que su pensamiento es correcto. Elifaz, en este sentido
[xxii] tenía “la fuerza de su razonamiento en la experiencia, sujetando la verdad a ella”. En cambio, las palabras de Bildad “descansan en la autoridad de la tradición, en este caso, la Torah”, mientras que Sofar “usa la palabra pero incorrectamente, determinando una teología del legalismo… él era un biblista”. Entonces, elementos que son usados por Dios, como la reflexión basada en la experiencia diaria, son elevados por los amigos a la categoría de condicionantes de la verdad de Dios, hecho que invalida completamente su teología. Y eso es lo que tenemos que evitar.

Como lectores postmodernos de Job, en los tiempos en que se habla en Europa y Estados Unidos de una sociedad postcristiana, miremos a Job y en especial a sus amigos para no cometer el error herménéutico de tratar de justificar algún tipo de pensamiento eclesial o secular con ideas convencionales cristianas para reemplazar a la enseñanza de la Palabra de Dios. La Biblia es lo más valioso que tenemos, y aunque ella misma dice que “el cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán”, esto no quita el hecho que estemos vigilantes ante distorsiones que puedan ocurrir en nuestro entorno. Distorsiones al estilo Job.

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[i] Y podría añadir a modo de complemento que los amigos de Job lo estaban viendo a través del suyo, pero Dios ha sido y sigue siendo experto en romper paradigmas, sobre todo cuando estos se forman en el fondo del alma humana y reemplazan de una u otra forma a su Palabra y sus Decretos.
[ii] Martinez, Jose M. HERMENÉUTICA BÍBLICA. Terrasa, Barcelona-España: Editorial Clie, 1984. Pg. 348.
[iii] vv. Jn. 9:1-3, donde algunos discípulos de Cristo se interrogan sobre la causa de la ceguera de un individuo debido a que su enfermedad era de nacimiento. Este pasaje es mencionado también por Mackenzie.
[iv] R.A.F Mackenzie en “Comentario Bíblico San Jerónimo”, Tomo 2, dirigido por Brown, Fitzmyer y Murphy. Madrid: Ediciones Cristiandad. Pag. 449.
[v] Jiménez Fernández, Emiliano. JOB CRISOL DE LA FE. Madrid: Ediciones para la nueva evangelización, 1999. Pag. 86.
[vi] Ibid. Pag. 86.
[vii] Op. Cit. Pag. 483.
[viii] ¿Cómo una teoría de esa magnitud pudo haber sido creída sin problemas por los hombres de la antigüedad, sin ningún tipo de ambages? ¿Cómo un pueblo culto como el judío pudo tener una cosmovisión que incluya la teoría retributiva? Jorge Luis Borges, el gran escritor argentino, en una conferencia del año 1967 en el Instituto Cultural Argentino-Israelí sobre Job dijo: “Para nosotros esos amigos son personajes casi diabólicos. Pero Froude hace notar que por aquellos años se creía en un gobierno moral del mundo. Desde luego, a pesar de algún pasaje deliberadamente mal traducido, no se creía en la inmortalidad del alma, de suerte que, si admitimos un Dios justo y todopoderoso, entonces los males que afligen a los hombres son castigos por sus pecados, públicos o desconocidos, del mismo modo que su prosperidad es una recompensa”.
[ix] Mackenzie. Op. Cit. Pag. 461.
[x] Ibid. Pag. 462.
[xi] Ibid. Pag. 461.
[xii] Ibid. Pag. 469.
[xiii] Este último añadido lo menciona Mackenzie en op. Cit. Pag. 469.
[xiv] Por ejemplo, en el caso de Elifaz tenemos que en su primer discurso él suena tolerante y cuidadoso, pero no así en el segundo (en donde habla del destino de los malvados) y mucho menos en el tercero (en donde él se convence de lo mal del corazón de Job).
[xv] Ibid. Pag. 458.
[xvi] Ibid. Pag. 461.
[xvii] Ibid. Pag. 462.
[xviii] Ibid. Pag. 466
[xix] Ibid. Pag. 468
[xx] Ibid. Pag. 470
[xxi] Ibid. Pag. 477
[xxii] Las siguientes tres citas provienen de los apuntes de clase del curso de Literatura Sapiencial del Seminario Bíblico Alianza del Perú.

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