viernes, 24 de febrero de 2017

El sudor de la frente

Gracias a Integralidad, revista digital del Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) que dirigí por varios años, por la publicación de este texto.


sábado, 18 de febrero de 2017

La voz de los invisibles

Jesús paró un día en un pueblo llamado Sicar, en territorio no amigo. Era mediodía, y sus discípulos se habían ido a buscar provisiones. Él, en un pozo, esperaba y al rato una mujer se acerca a buscar agua. De manera sorprendente, le dirige la palabra y tiene un largo diálogo con ella, cosa tan rara que se dice que los discípulos "se maravillaron de que hablaba con UNA mujer" (Jn. 4:27, RV60). Ella tiene todo en contra: mujer, samaritana, sin marido, apartada -buscaba agua sola, a la mitad del día- pero a ella le dice con una claridad pasmosa: "Yo soy [el Mesías], el que habla contigo" (Jn. 4:27, RV60). Se acerca a ella, la escucha, y a una invisible revela lo más maravilloso de su mensaje, la naturaleza de su ministerio.

Tiempo después, Jesús entra en su centro de operaciones de su ministerio galileo: Capernaum. Cerca de allí vivía un centurión romano, extranjero, del imperio opresor. Es cierto que era converso y piadoso con los judíos, pero eso no implicaba que su posición particular en el ejército fuera ignorada por los demás. Por eso los ancianos judíos enviados tratan de persuadir a Jesús al comienzo diciendo que "ama a la nación y edificó una sinagoga para nosotros" (Lc. 7:5). Extranjero, finalmente, no tenía voz por sí mismo. Jesús va, y ocurre un evento de fe maravilloso, tanto que exclama que ni siquiera entre los hijos de Israel había encontrado tanta fe (Lc. 7:9). Un extranjero, fuera del perímetro del pueblo de Dios, recibe la atención de Jesús y una sanidad excepcional.

Pero no fue la única historia con un extranjero. Hay una más, igual de impactante. Jesús estaba por Tiro y Sidón, tierras norteñas fuera de Palestina. Se le acerca una cananea, extranjera, mujer, invisible. Ella lo sigue, grita, ruega por la sanación de su hija. Debió ser un escándalo tremendo ya que los discípulos llegaron a pedirle a Jesús que, por favor, le conceda el milagro, "que viene gritando detrás de nosotros" (Mt. 15:23 BJ). Esta mujer no era conversa -en contraste con el centurión-, era pagana, por eso el uso del término "perrillos" del v.26 (los judíos llamaban perros a los paganos y Jesús lo usa en esta ocasión), pero luego, de nuevo lo sorprendente: las muros existen, pero pueden ser franqueados, así seas extranjera, adoradora de otros dioses, mujer, escandalosa. El milagro le fue dado.

Quizá el desprecio que sentían los judíos por los extranjeros se intensificaba cuando alguien del propio pueblo decidía servir al imperio romano. Los publicanos eran lo más selecto en esta categoría del menosprecio. Jesús había sido provocador al elegir a un ex-publicano como Mateo en su grupo íntimo de doce discípulos, pero eso no era todo. Ya casi al final de su ministerio, Jesús hace su viaje ulterior a Judea y va a Jericó. Allí, las multitudes usuales, que clamaban por su cercanía. Entre ellos, Zaqueo, jefe de los publicanos, la concentración del vilipendio. A ese rico, pero marginal, Jesús le dice: "... conviene que hoy me quede yo en tu casa" (Lc. 19:5 BJ). Por supuesto, de inmediato llegaron los murmullos y la desaprobación general (Lc. 19:7) pero de inmediato las palabras del Maestro fueron categóricas: Él ha venido a salvar lo que está perdido (Lc. 19:10). Lo perdido, a veces, está en esa condición por la propia presión de los salvos, del pueblo de Dios. Sí, para ellos también es la salvación. Dios también puede quedarse en la casa de esos que están en los márgenes.

Habían otros invisibles. Están, por ejemplo, los niños, que al ser traídos ante Jesús son tratados al margen y los trataron de poner a un lado los discípulos. Seguro había gente más importante a la cual atender. Pero Jesús no entiende eso, Él dice: "dejen a los niños que vengan a mí, porque de los que son como niños es el reino de Dios". Aplastante esta sentencia. También está la mujer con el flujo de sangre por doce años, por lo tanto, ceremonialmente impura (Lv. 15:25) y con una poderosa imagen de pecado (Ez. 36:17). Tan sólo el tacto hacía impuros a los demás, y a pesar de eso, y seguramente muy cubierta, se mete en la multitud para buscar el milagro. Toca a Jesús esta pecadora, esta apartada, esta invisible, y lo hace impuro. Por eso su temor y temblor (Lc. 8:47) al declarar lo que había hecho. Estaba en falta evidente, pero Jesús le dice: "tu fe te ha salvado, ve en paz". La fe y la misericordia por encima de nuestras barreras.

O la historia de la sanación del leproso (Mt. 8:1-4), tras el sermón del monte, cuando a pesar de que sería impuro, él toca al leproso que estaba de rodillas ante él, y lo sana. Un leproso era un apartado, un paria, un muerto viviente (Num. 12:12), su condición está vinculada a una condición pecaminosa que resaltaba con la pureza que tenía que tener el pueblo, tenía que vivir fuera de los pueblos y sin contacto con el resto de la gente. Las reglas con ellos eran estrictas (ver Levítico 13) pero Jesús lo toca. Lo dignifica, lo regresa a la comunidad, lo vuelve visible.

¿Qué nos queda entonces? ¿Qué hacemos? Siempre pienso que debemos recurrir a ese caso de misericordia máxima: el pasaje agregado juanino de Jesús y la mujer adúltera. Allí, Él, único con el derecho de apedrearla, queda solo ante ella, y en lugar de ejecutar el juicio da su sentencia: "yo tampoco te condeno. Ve y no peques más" (Juan 8:11).

Jesús les dio voz a los invisibles. Les dio su escucha, su revelación, sus milagros. Al pagano, al extranjero, a la mujer, a los niños. Sin embargo, hoy tenemos piedras en nuestras manos listos para apedrear al invisible de nuestros tiempos, al que consideramos como pecador, como indigno de nuestra aparente santidad. Nos creemos con derecho de ello, nos arrogamos la potestad de ser los poseedores del llamado divino, arriando banderas aparentemente justas pero lastimosamente nuestro móvil está lejos del amor cristiano, olvidando de algo que Jesús repitió varias veces: misericordia quiero, no sacrificios (Mt. 9:13, Mt. 12;7, ambos inspirados en Os. 6:6). Que la misericordia ante todos sea lo que mande nuestro andar por la tierra, antes que el juicio, acogiendo siempre a los invisibles del mundo.


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-RV60: Reina Valera 1960
-BJ: Biblia de Jerusalén
-Fuente de imagen: http://bibliadenavarra.blogspot.pe/2011/03/jesus-habla-con-la-samaritana-jn-45-42.html

miércoles, 25 de enero de 2017

La raíz de todo

Hace unos días leí que los colectivos #conmishijosnotemetas comenzarían a manifestarse buscando que se elimine de los documentos oficiales toda mención a la palabra “género”, cambiándola por “sexo”, enfatizando que no solo es una cuestión semántica sino que la propuesta busca algo más profundo: la eliminación de la ideología implícita en las normas y manuales del gobierno peruano que busca -según ellos- dañar a los niños. Es una cuestión compleja cuando llevamos años orientando ciertas políticas públicas desde la teoría de género aunque todo puede cambiarse, por supuesto, y más cuando el presidente quiere minimizar sus problemas ante la ola verdeamarilla llamada Odebrecht que se le viene y que probablemente lo revuelque sin piedad.

“Hay que ir a las razones de fondo de esta oposición” me decía una buena amiga. Ella centra las cosas en el fuerte machismo que impera en la sociedad peruana y, por supuesto, también en las iglesias. Es algo que desde pequeño se nos impregna a todos, haciendo que tengamos un terror enorme de tendencias que salgan fuera de los estereotipos machistas. Se nos enseña a ver lo diferente con recelo y a hacer mofa de eso. Vemos todos los días las consecuencias de la violencia doméstica, mujeres muertas por parejas o ex-parejas que no soportaron que ellas decidan terminar sus relaciones o poner un alto a los abusos. Ya estamos habituados a las noticias en la prensa, y las cosas son similares en la iglesia, donde muchas mujeres son alentadas a “soportar” los golpes de los esposos, a orar por un cambio de actitud, a “luchar” por la familia. Un triste estudio mostró una realidad dramática que muestra lo duro de la situación en el mundo evangélico. Sí, el machismo es un problema, que se agrava en las iglesias cuando tenemos una lectura literal de la Biblia, la cual fue escrita desde una perspectiva patriarcal y en una época patriarcal (y no hay otra opción porque es hija de su tiempo) y también interpretada desde una hermenéutica patriarcal: mucha de nuestra teología es formada en los siglos XVIII y XIX.

Considero que el machismo es una dificultad. Pero creo que existe un problema más de fondo en las iglesias, que es desde donde nace mucha de la virulencia del enorme y tenso debate actual: el sexo. Arrastramos viejos prejuicios que vienen desde hace cientos de años. No sabemos qué hacer. Todo es culpa: una emisión nocturna, masturbarse, disfrutar del sexo, ver un desnudo en una película, todo, todo está inmerso en la culpa. Tanto es así que tenemos serias dificultades de enfrentarnos al sexo opuesto. ¿Imaginan, en ese contexto, el enfrentarse a alguien con una orientación distinta? Nos rebasa. El sexo es algo que no se sabe manejar, de lo que se habla muy poco salvo incentivar la castidad hasta el matrimonio, y mucho menos en iglesias de corte más conservador. ¡La educación sexual en muchas iglesias es un desastre!


El sexo es la raíz de todo. Provoca el miedo que nos mueve, y como es así ya vamos perdidos. Primero, enfrentemos nuestros temores. Luego ya orientemos nuestra voz. 

miércoles, 11 de enero de 2017

La agresividad, ¿nuevo valor cristiano?

Lima está en ebullición por la discusión sobre la igualdad de género. Muchos grupos de corte eclesial se están manifestando haciendo sentir su opinión respecto al tema, utilizando el cliché “ideología de género”, de la misma forma que en otros países, para oponerse a ciertas políticas educativas que el gobierno quiere implantar en la educación básica peruana. La cantidad de desinformación que he podido percibir es brutal. Pocos entienden la materia que se discute: es la post-verdad en su máxima expresión.

Ha llegado la confluencia de posiciones antagónicas. El gran problema es que una gran parte de la iglesia evangélica no está acostumbrada a dialogar con el otro, con el diferente, sino más bien que está habituada al diálogo vertical y sumiso. El pastor o el líder determina, dice qué hacer; la iglesia o la teología implícita marca qué es lo correcto. Para agravar la situación, existe en la cabeza de muchos evangélicos la dualidad mundo-iglesia, en donde el mundo está condenado, basados en la teología construida por el apóstol Pablo y afianzada por el fundamentalismo cristiano. ¿Cómo dialogar con alguien que es un pecador y se irá al infierno? Si ni siquiera podemos dialogar con lo que piensan distinto dentro de la Iglesia, que es hermano nuestro, ¿podré realmente hablar con alguien a quien considero en la práctica un inferior? Otra cuestión es lo que un amigo me decía por la mañana: el pueblo evangélico está muy acostumbrado a espiritualizar la realidad, en la cual el que no cree en Cristo es un potencial instrumento de Satanás, y es nuestro antagonista porque nosotros somos luz, y es a la luz a donde ha venido la revelación. ¿Dialogar con las tinieblas? No hay manera, a las tinieblas hay que reprenderlas porque estamos en una literal lucha contra sus huestes. ¿Dialogo? En esta perspectiva se hace mucho más difícil.

Es tremendo esto. Porque el gran crecimiento numérico de la iglesia evangélica y su evidente manifestación en las calles muestra un notorio empoderamiento. Ya no nos restringimos a las cuatro paredes de la iglesia, sino que ahora salimos, y nos manifestamos con la seguridad de poseer la verdad. Pero hay un problema: el empoderamiento está denotando una gran agresividad en muchos evangélicos. Las redes están llenas de insultos contra todo aquel que piense distinto, que sea el antagonista. Es, a fin de cuentas, la caída en la tentación del monte alto, del poder, y la caída en ella está clara en la actitud del dominio sobre el otro que no nos gusta, en el intento de aplastarlo. La agresividad parece haberse convertido en un valor nuevo del cual se nutren héroes de la fe del siglo XXI que pelean en las redes y en las calles por el cristianismo.

¿Cómo salimos de este nudo? Apelo al espíritu de los 500 años de la reforma de Lutero, que buscaba volver a los valores de Jesús. El que lee entienda.

domingo, 9 de octubre de 2016

Un paso a la vez

Uno aprende muchas cosas a lo largo de la vida. Lees mucho, vas a la universidad, haces postgrados, trabajas de sol a sol. Te llenas de información. Haces cosas complejas, que no cualquiera puede hacer. Por ahí te emocionas, te enorgulleces. Con los temas de la fe pasa lo mismo, más si fuiste un tanto obseso con el texto, leyendo mucho y avanzando lo más posible en el intento de comprensión de la Biblia. Cambian tus aproximaciones, evolucionas, información y más información.

¿De qué sirve tanta información si no se siente nada, si te alejas de lo sagrado? ¿De qué sirve tener habilidad teológica si en la práctica, si en el día a día, se vive como si Dios no importara, como si lo dejáramos de lado, como si no existiera, como si Sus preceptos fueran cosa irrelevante, antigua, descartable? Así he andado, por varios años.

Así, un día descubres que el avance no es tal, que en realidad estás mucho peor de lo percibido, que donde en verdad estás es en un foso, que haces cosas que te autodestruyen, que dañan al entorno que te ama incondicionalmente, que lo da todo por ti, que boicoteas la felicidad que se te está concediendo, que por años has estado ignorando la dulce voz que te llama y que clama tu regreso, que te dice con recurrencia, que es hora que regrese a donde pertenezco: al calor de la presencia del Señor, esa que sentí tan cerca esa noche de fines de 1990, cuando oré por un imposible, porfiando contra la muerte, y luego dulcemente, sí, dulcemente, Él respondió a la pueril oración con una concesión preciosa, indescriptible. ¿Cómo podía ser eso posible?

Y aquí estoy, hecho nada. Pulverizado y a los pies de Dios. Y esas cosas que hace poco decía con suficiencia que eran casualidades, aparecieron, y vino el texto a mis ojos, como una revelación:

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar;
Sobre ti fijaré mis ojos
                                                                                 Salmo 32:8
 

Mi propio camino, con Él a lo lejos, me ha dejado dando vueltas en círculos, incompleto, con la maravilla a mi costado pero sabiendo que todo estaba incompleto. Ya es suficiente, he de volver a Su llamado, y tristemente es a la manera del hijo pródigo: forzado tras el hambre, tras el daño. Las cosas han de construirse con Él al lado, no a la distancia. Ese error ya no se puede cometer de nuevo.

Clamo, como en mi oración reciente:

Apresúrate a ayudarme, Oh Señor, mi salvación
                                                                                 Salmo 38:22 

He de comenzar de nuevo en este camino con Dios, desde cero, como recién convertido, un paso a la vez, aunque tenga tantos años en esta fe que me ha salvado tantas veces. Redención he de buscar, y misericordia, toda la misericordia del universo.

domingo, 11 de enero de 2015

Ser o no ser (Charlie)

Ya a estas alturas del partido se ha dividido el mundo entre aquellos que son “Charlie” de los que no son “Charlie”. Es evidente que todos rechazan el feroz ataque terrorista en París (ver a Netanyahu con Merkel juntos es una cosa rara) porque es inaceptable que se asesine a alguien en el nombre de Dios, pero al conocer un poco más del estilo particular de la revista, tan ofensivo, tan anárquico y anti-religioso, ha aparecido una discusión distinta y necesaria, surgiendo la pregunta de hasta dónde debe llegar la libertad de expresión. ¿Es que acaso hay cosas de las que definitivamente no se debe hablar o se puede escribir sobre todo? ¿Qué hacemos con el libertinaje de expresión? ¿Qué se hace con los libertinajes en general? Muchas son las preguntas que salen al aire ante el terror de los execrables atentados terroristas en París. 

No puedo negar que me sentí muy incómodo con algunas de las viñetas de Charlie Hebdo, especialmente con un par en donde representan de una manera vulgar a la trinidad o el nacimiento de Cristo. Pero me es claro que, como leí por alguna parte, el castigo de la blasfemia le corresponde a Dios, no a sus seguidores. Es que la blasfemia puede ser cosa muy relativa. Yo no soy quien para excomulgar o tomar una AKM contra aquellos que ofendieron a Dios. Como el diluvio bien lo expone, él puede defenderse solo. Sin embargo, a pesar de eso, me queda en el aire la sensación de que cualquiera, en aras de lo que sea, puede ofenderme a mí o a cualquier persona. Pero, seamos sinceros, hay personas de ciertos grupos sociales a los que los ofenderán más. Los dibujos ofensivos parecían ser en particular insistentes por parte de Charlie Hebdo hacia una comunidad que en Francia es la más marginada junto con los subsaharianos: los musulmanes. Una especie de marcado desprecio por los arrabales. Una manifestación de poder, a fin de cuentas. 

Entonces, como se tiene cierto poder, que dibujen lo que quieran. Es esta la libertad de expresión. Yo no sé si eso lo sea, pero Cristo, al ser inquirido por un escriba, dijo que la segunda gran norma para nosotros es el “amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos” (cf. Mr. 12:31). El amor como eje de vida, como clave de la fe y el accionar diario. Ya bien sabemos quién es el prójimo por si tenemos dudas (Lc. 10:25-37, la parábola del buen samaritano) y por eso como cristianos nuestros ojos deben estar en el otro, en el darme a él, en hacer comunidad, en el encuentro, en manifestarme con amor hacia él. Como bien dice el mensaje lucano, ese otro puede ser alguien a quien la sociedad desprecia: otra raza, otra religión, otra clase social. De dónde provenga el prójimo es algo que no importa en el mensaje de Cristo. Por eso me es tan extraña la actitud de Charlie Hebdo, porque no es una actitud cristiana. Por eso no estoy de acuerdo con la actitud de sus dibujos. No hay amor, no hay prójimo. Por eso, no soy Charlie.

lunes, 4 de agosto de 2014

La teología que empodera

Hace tiempo que observo con atención este nuevo escenario de la iglesia evangélica, que ha pasado de un rechazo casi patológico al mundo, a no involucrarse con él en lo absoluto, al predominio de teologías escapistas que esperan el arrebatamiento y la segunda venida (y, claro está, el privilegio de las actividades evangelísticas como único contacto con el mundo), a esta situación actual en donde muchos pastores y creyentes entran en política de manera visible. ¿Qué cambió en estos pocos años? ¿Qué explica esta mutación radical de la manera en que la iglesia ve al "mundo"? ¿Cómo así llegamos a tener una Primera Ministra evangélica en el Perú? En la página “Teología Feminista” de Facebook, encontré este excelente texto de la teóloga paraguaya Esther Baruja, quien reflexiona sobre la relación entre la teología de la prosperidad y la participación de los evangélicos en la política. Dice ella:

"Muchos pastores a lo largo de Latinoamérica han incursionado en la política y hasta han creado partidos políticos. En el Brasil por ejemplo hasta tienen bancada parlamentaria. Si van a sus iglesias escucharan sermones relacionados con el éxito y la prosperidad material que los "hijos de dios" merecen. Según esta teología, estas bendiciones vienen en premio a la obediencia. Obediencia a las reglas y a las interpretaciones dogmáticas de cada grupo. Entonces la obediencia es a la denominación, principalmente, y no a "dios" ya que las interpretaciones varían. Aunque se crea presión, miedo, y luego culpa si no se obedece. La explicación de la existencia de la pobreza, desde esta teología, es por la desobediencia y el alejamiento de "dios" de los infieles. No existe una reflexión sobre las estructuras sistémicas de opresión que van más allá de cumplir preceptos religiosos. El ir los domingos a las reuniones, diezmar puntualmente, asistir a conciertos de alabanzas y promover la idea del sexo como lo peor que pasó a la humanidad que sólo se redime con matrimonio heteronormativo son motivos para que "dios" "bendiga grandemente" a una nación.

La nación, sea cual sea el país en donde se encuentre el pastor en cuestión, será "cabeza y no cola", será "lumbrera para todas las otras naciones" y el pueblo prosperará de una manera inimaginable. Estos mensajes se repiten en todas las iglesias de todos los países que tienen este tipo de denominaciones de la teología de la prosperidad.

Siguiendo estas ideas los pastores entran a la arena política, con miles de seguidores ya influenciados con este sueño de partido teocrático, con la certeza de que "dios" debe dirigir el país con la "mayordomía" de estos "siervos", a los que no hay que criticar por cierto. En este escenario es fácil ver [por ejemplo, en Paraguay] como Arnoldo Wiens, pastor menonita, logró ser senador por el Partido Colorado, y ahora su hijo Esteban [está postulando a] un puesto en la intendencia de Ciudad del Este.

Quizá pueda haber comparación entre la elección de Lugo y Wiens. Pero creo que la [teología] católica y la evangélica de la prosperidad [crean] mentalidades diferentes. La primera es más sobre la esperanza hacia un caudillo, que por ser religioso, sea más justo. En el segundo caso es sobre poder, sobre crear una teocracia, sobre "exigir los derechos de príncipes por ser hijos del rey de reyes". El liderazgo político de los evangélicos que siguen esta teología, raya en lo mesiánico”

Yo no sé si por la teología de la prosperidad venga la explicación completa de estos cambios profundos, pero si creo que tiene influencia en todo esto. Esta teología es muy criticada por muchos de sus énfasis, pero si ella es parte responsable de este viraje, lo interpretaría como cosa positiva: sin quererlo directamente, empoderó a los fieles y los empujó fuera de las cuatro paredes de las iglesias. Solo espero que en el futuro no hayan más casos como los de Efraín Ríos Montt, o el de funcionarios menores vinculados a la corrupción generalizada de nuestros países, pero soy poco optimista al respecto.

martes, 29 de julio de 2014

Del lado del sufriente

Muchos países han vivido situaciones en las cuales, por diversas circunstancias, han estado en -estatus de ocupación. En el Perú, por ejemplo, Tacna y Arica, estuvieron ocupadas por décadas –tras la derrota en la Guerra del Pacífico-, hasta que finalmente Chile devuelve Tacna y se queda con Arica en 1929. Es mucho más gráfico el caso europeo durante y tras la segunda guerra mundial, cuando primero los nazis ocupan Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Francia, y muchos otros países; y luego los aliados se dividen el control de Alemania tras la rendición nazi de 1945. Jamás fue cosa agradable el que un ejército extranjero controle el ir y venir de la gente de un territorio, en especial cuando el trato es ofensivo y denigrante, cosa en extremo común. Muchos de los recelos actuales entre países surgen por esa razón. 

El relato bíblico abunda en referencias del pueblo hebreo oprimido y ocupado. En Jueces, son constantes las invasiones de pueblos vecinos, que obligan al surgimiento de un caudillo libertador como Aod (Jue. 3:12-30), Gedeón (Jue. 6, 7, 8) o Jefté (Jue. 10:6-18; 11:1-40; 12:1-7). Mucho más violenta es la invasión de los asirios al reino del Norte (por ejemplo, Is. 36:1-22), y la babilónica al reino del Sur (ej. 2 Re. 25:1-7), la cual se transforma en ocupación persa algunos años después. El pueblo es deportado y la nación destruida. El retorno se hace bajo la soberanía persa, pero luego Alejandro Magno arrasa con el mundo y ocupa Palestina. En el período post-alejandrino sucede la gran profanación del templo de Antíoco Epífanes, quien sacrifica un cerdo (la abominación desoladora de Mateo 24:15) y coloca una estatua de Zeus en el templo. La independencia macabea es casi un suspiro en la larga historia hebrea, porque poco más de un siglo después llegan los romanos en plena expansión, estableciendo su dominio brutal. Su ocupación no fue nada grata, como lo atestiguan con claridad los evangelios. Las cosas terminan de manera muy violenta, sea si consideramos la destrucción del templo de Jerusalén por parte de Tito en el 70 d.C, o la gran insurgencia de Simón Bar Kojba en el 130 d.C, que acaba con Roma arrasando Judea. 

La Biblia no es ajena a los sentimientos del pueblo hebreo oprimido. Pensemos en el pequeño libro de Lamentaciones, o en Ezequiel, el profeta del exilio. También en algunos salmos. Por ejemplo, el Salmo 126 dice: 

 4 Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová
Como los arroyos del Neguev
5 Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. 

Hay muchos más textos. Lo que parece claro, desde ellos, es que es más que evidente que el relato bíblico, así como se identifica con todos los sufrientes y desvalidos del mundo, lo hace con aquellos que sufren ocupación militar o exilio violento porque padecen y mucho, tal como lo sufrió Israel por tantas veces en el Antiguo Testamento (del Nuevo Testamento ya no vale decir nada; es una tautología). ¿Quién sufre estos estragos hoy? Por ejemplo –y no es exclusividad de ellos- ahora la sufre el pueblo palestino. Es curioso cómo ciertos discursos privilegian el derecho de Israel a la tierra por encima de todo, en detrimento del sufrimiento enorme del pueblo palestino, inclusive desde entornos cristianos, cuando la Biblia pone su mirada en otra cosa: el sufrimiento, el dolor del pueblo lacerado

¿Cuánto ya se ha escrito sobre Gaza? Todo es cruento, es mediático (¿es acaso tan mediática la opresión marroquí sobre los saharauis, por ejemplo?), es recurrente, y parece eterno porque hay poderosos intereses que no quieren la solución al conflicto, que están bien manteniendo las cosas como están. De ambos lados. Hamás busca la destrucción de Israel, y el ala radical judía busca la destrucción del enemigo, su hostigamiento, su agotamiento. Su inevitable confrontación perpetúa sus posturas ante sus pueblos, que acaba aceptando sus preceptos. Esta espiral sin fin es el centro del poder de los señores de la guerra. Es triste, porque una de las muchas consecuencias es el sentimiento de venganza, de ambos lados, tan bien reflejado en el Salmo 137, cuando dice: 

8 Hija de Babilonia, la desolada,
 bienaventurado el que te diera el pago
de lo que nos hiciste.
9 Dichoso el que tomare y estrellare tus niños
contra la peña 

Bien decía Kohelet: “no hay nada nuevo bajo el sol” (Ecl. 1:9), así pasen miles de años. Por ello, como nada es nuevo, tampoco es nuevo el lado que nos corresponde: el del sufriente. Es esa la esencia de nuestra fe cristiana.

martes, 10 de junio de 2014

Integralidad N°16




Les presento la edición N° 16 de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

sábado, 1 de marzo de 2014

Integralidad N°15




Les presento la edición N° 15 de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.