sábado, 23 de marzo de 2013

El voto santo

En el Perú existe poca tolerancia al voto ajeno. Nos cuesta aceptar que el otro tiene una lógica distinta a la hora de elegir. Más aún, para agravar el asunto nos invade una gran tendencia a etiquetar peyorativamente a la competencia: corrupto, ineficiente, mafioso, rojo, caviar, facha, progre, o lo que quieras. La sociedad sale magullada cada vez que tenemos que votar, aunque los políticos -sea el resultado que sea- acaben tomando un café en el Haití o cenando en Las Brujas de Cachiche, como los mejores amigos del mundo. Como si todo lo que se dijeran en campaña no fuera más que un libreto preparado para azuzar a las masas, para ponerle emoción, para conseguir los votos de los incautos que aman el formato talk show. 

Cuando hablamos del voto evangélico (si es que existe una cosa así) concurrimos a un panorama que no es muy distinto al de la sociedad como un todo, aunque el hecho de decidir por quién votar tiene sus justificantes particulares. Como a todos, cuesta aceptar otras lógicas a la forma de elegir, y también etiquetamos al otro. Sin embargo, existe un argumento más poderoso que, desde el punto de vista del que lo expone, es categórico: el hecho de que mi decisión electoral es avalada por mis principios cristianos y bíblicos. Dicho de una manera menos implícita: el aval lo de alguien más grande: el creador de los cielos y la tierra, el mismo Jahveh. 

¿Qué se puede decir ante eso? Muy poco, en realidad. La afirmación implícita de que Dios estuvo detrás de mi decisión electoral es categórica, y el punto de partida para la intolerancia más absurda a pesar del hecho obvio: dos personas con el mismo móvil (principios cristianos y bíblicos) votan distinto. La última elección limeña, por la revocatoria de la alcaldesa Susana Villarán, lo mostró con demasiada claridad. Como ella había participado en algunas marchas de colectivos pro-gays abogando por la no discriminación, el hecho de removerla de su cargo por apoyar algo tan pecaminoso era, hasta cierto punto, necesario para algunos. De esto se aprovechó el pastor Linares, juntándose con Marco Tulio Gutierrez, para recolectar las firmas necesarias para iniciar el proceso de revocación. Lo demás fue causa-efecto: votar SI (a la revocación) se hizo, para muchos, votar contra la iniquidad y la degeneración representada por la alcaldesa. En concreto, la causa anti-gay se hizo el móvil por el SI y las otras cosas, como la ineficiencia de la gestión municipal, fueron cuestiones secundarias. No importaba si los promotores de la revocatoria habían estado involucrados en actos de vil corrupción: el asunto gay estaba por encima de cualquier cosa. 

El voto, entonces, se hizo santo. Los cristianos que estábamos por el NO (a la revocación) nos convertimos, repentinamente, en defensores de Sodoma y Gomorra, en prácticamente no cristianos ante una masa agresiva de corte fundamentalista. Qué increíble suena eso, pero así fue. Pero ganó el NO, y se hizo una pequeña crisis. Si la Biblia dice que Dios pone y saca reyes, fue entonces su voluntad que la alcaldesa se quede en el cargo. ¿Está tolerando, entonces, a alguien que apoya a los gays? ¿Por qué, entonces, no seguir el ejemplo que el mismo Dios parece dar? ¿No había revelado Dios que el SI ganaría? ¿Es que Dios no reveló? ¿Quién lo hizo? ¿No será que, quizá, Dios deja en nuestra cancha los asuntos electorales, y no interviene? Este último parece reflexionar en el camino adecuado.

sábado, 5 de enero de 2013

Integralidad N°12




Les presento la edición N° 12 de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

martes, 1 de enero de 2013

Integralidad N°11




Les presento la edición N° 11 de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Esa noche


Esa noche. Común,
como cualquier otra
en apariencia.

El mundo atareado
en sus quehaceres
indiferentes.

En el silencio de un pesebre
Dios se hizo uno de nosotros.
Se encarnó.

Dejó privilegios, dejó lo sublime
reemplazándolo con pobreza
con dificultad

Nada de poder
ni riqueza,
ni ejércitos.

Y así lo hizo todo.
Así comenzó su camino
hacia el sacrificio.

Todo comenzó esa noche.
Nuestra vida comenzó
esa noche


(12/01)

miércoles, 23 de mayo de 2012

Incertidumbre


Escucho la música de 1995, año tan determinante, donde me perdí en los infiernos y subí a los cielos. Fue un año bisagra, donde conocí el sinsabor de la depresión, pero también la vida de la conversión al cristianismo. Pienso en la experiencia, y aún me emociona (y se entiende el énfasis en el primer amor que hizo el apóstol Juan). Hoy, casi diecisiete años después, otra vez me encuentro en un punto de inflexión; la fe se cuestiona, y se reconstruye. Antes fue la aceptación de que Dios no hacía basura en este mundo: yo, por lo tanto, no lo era. Hoy, es distinto. De nuevo: la fe se cuestiona.

¿Por qué eso? Por años luché contra la idea de salir a la iglesia. Finalmente, logré el éxito en ese propósito, pero luego se me presentó un vacío extraño. Pensando en él, creo que se dio porque tenía la idea de replicar el pasado. Hablaba de cristiano sin iglesia, claro está, pero asumía eso como cuestión temporal, teniendo clara la idea de que pronto, tarde o temprano y en algún rincón de Lima, encontraría una comunidad estática, donde replicaría los años vividos en mi antigua iglesia. Buscama mi templo, mi púlpito, las clases de academia bíblica en un lugar más sano que el anterior. ¿De verdad sería así? ¿Eso me habían enseñado las variopintas experiencias del pasado? ¿No apuntaban mis reflexiones hacia otras direcciones? ¿Tanto pensamiento y texto para nada?

En realidad, quería calma, suelo duro y estable, escenarios perfectamente predictibles, pero eso no llegó a nivel de la fe. Superé la etapa de la iglesia local, pero no me di cuenta que añoraba algo de ella. Añoraba la firmeza, la predictibilidad, el control que sentía al entrar bajo su techo. Seguridad, a fin de cuentas. Sin embargo, el mundo me había enseñado, con golpes constantes, que la firmeza no existe. Que en realidad flotamos, que no existe certeza de las cosas. Somos hijos de la incertidumbre, y eso no me gustaba. Lo rechazaba. Siempre hacía esfuerzos para hacer mi vida lo más certera y estable, desde el lado económico, académico o religioso.Tomé a los golpes como enseñanzas, pero ignoraba uno de sus principales postulados. Luchaba con miedos de niñez, que allí se sentían, pero había que vencerlos.

La fe se cuestiona porque me resistía a entender y aceptar su componente de incertidumbre.

Entonces estoy en esas. Debo aceptar que no sé qué escenario vendrá. No se qué mundo aparecerá mañana, no sé si estaré aquí, no sé qué rostro de Dios paseará por Lima esta semana. Nada sabemos. Solo nos queda esperar que la incertidumbre nos favorezca. Y esto lo debo aceptar no solo en la cabeza, sino también en el corazón.

sábado, 19 de mayo de 2012

Entre tú y yo


Incrustado en el palo mayor del barco, con vientos huracanados que amenazan la vida de los tripulantes, así me siento ahora y te grito. Grito fuerte, desesperado, buscando tu respuesta. Te digo que no hundirás mi barco, te digo que la tormenta que trajiste es un juego de niños, insignficante como una burla de un desconocido. Grito por mi vacío, por mi marcha, porque no estoy encontrando nada en este caminar sigiloso y a tientas. Del vacío de la falsa religiosidad que te dice que la verdad te hará libre (pero es una libertad esclava) he pasado al vacío de tu ausencia. Porque sí, tu ausencia, la soledad de ti es vacío, aunque sea terco en decir lo contrario, aunque quiera disimular el espacio que he creado como si no existiera. Quiero decir que no importas, que no estás, pero mi corazón en lo más profundo sabe que eso es mentira. ¿Qué debo hacer para verte? ¿Qué debo hacer para reconciliarme contigo, para perdonarnos mutuamente? Porque en ese acto de perdón puede estar la llave que abra la puerta de contacto. ¿O es que debo ver la realidad de una manera diferente?

Puede ser eso. Mi percepción es errada: la culpa no es tuya, Dios; es un poco mía, un poco de los que se llaman tus representantes, un poco de los imponderables de la vida. Debe ser un error llamar inoperancia al no ver ningún accionar tuyo ante las actitudes escandalosas de tus llamados. Quizá sí operas en silencio o discretamente, quizá esperas el momento, quizá simplemente dejas que las cosas pasen, a la espera de que el azar y la probabilidad hagan su trabajo. Quizá todo lo veo mal, quizá deba replantearlo todo.

Y si quiero replantearlo todo, ¿por dónde comienzo? La teología no me ayuda. Estorba en esta andadura. Debe ser algo más íntimo, más cercano. ¿Cuál fue el primer momento en que sentí tu accionar? Era sensible a ti desde pequeño, lo recuerdo con claridad, pero quizá exista un momento en que te percibí actuando, en serio, con contundencia.

Aunque parezca insólito, ese momento existe.

De ese momento partiré: Dios, por favor, comencemos de nuevo, vayamos a esa noche de fines de los ochenta, en que hice el pedido más inverosímil posible, y tú lo escuchaste. Allí me tuviste, aquí la sensibilidad a tus cosas que tenía desde pequeño se transformó en certeza de tu presencia, en promesa de tiempos mejores, en esperanza. Comencemos desde allí; esta vez sin pequeños grandes milagros (a menos, claro, que tú lo quieras hacer)

Y lo hiciste. Una de esas cosas cotidianas a las que antes prestaba atención, algo pequeñito, pero valioso.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Cuestión de imagen

Ya pasaron algunas semanas desde el gran escándalo que los medios periodísticos generaron por el particular juramento de la ministra evangélica Ana Jara y la posterior entrevista con Beto Ortiz en su noticiario mañanero. 






Nuestra mediocre prensa fue inmisericorde con ella, catalogándola –con un nivel supremo de ignorancia y prejuicio- como una fanática cucufata (esos fueron los términos más amables). Por supuesto, ellos, muy sabihondos, comentaban sobre lo que es el evangelicalismo, mezclaban términos con un profundo desconocimiento y de inmediato la tacharon, como si el hecho de tener una fe y profesarla fuera un causal potente para no ser un funcionario público de confianza. Hace años que perdí el respeto por la prensa peruana, y esta actitud parcializada que una vez más mostró no me sorprendió en lo absoluto. Como le comenté a una amiga por Twitter, si es tan evidente la desinformación de estos periodistas sobre lo evangélico, y a pesar de “estar en la calle” en los temas que comentan, tratan de mostrar una imagen de conocimiento ante sus lectores, ¿en cuántos otros temas pasa lo mismo? La respuesta se cae de madura: en bastante de lo demás. 

Fuera de ese asunto, hay varias cuestiones que han quedado manifiestas. La primera, la ya mencionada: la pobreza de la prensa. La segunda, la inocencia de la ministra, que en la entrevista con Beto Ortiz mostró una candidez política en sus respuestas que la hizo presa fácil de los buitres mediáticos. Lo tercero, la opinión generalizada de que la religión no debe intervenir en la política. Entiendo que el estado debe ser laico, que las iglesias como instituciones deben permanecer al margen de las decisiones políticas excepto la inevitable misión profética, pero de allí a satanizar a gente que cree en algún Dios, y mueve su vida de acuerdo a la forma en que interpreta a ese mismo Dios, es demasiado. Uno tiene una especial cosmovisión, y el hecho de que ésta sea teísta no me descarta para la función pública, en especial si tengo los conocimientos y habilidades profesionales necesarias (el cual es el caso de la ministra). ¿Por qué debe restringirse mi participación pública, a la cual tengo derecho como cualquier ciudadano, por el simple hecho de tener una cosmovisión teísta? ¿Qué la hace inferior a una cosmovisión no teísta? ¿Qué la hace descartable? ¿Por qué una cosmovisión personal que puede basarse en traumas y prejuicios sería necesariamente superior a una basada en la enseñanza de una iglesia de dos mil años de antigüedad? 

Además, creo que es necesario que se tome nota de esa percepción de una parte de la sociedad respecto a los evangélicos. Siempre existirá, por supuesto, una visión restringida de algunas personas a las cuales hemos contribuido con nuestras particulares taras, pero la pregunta real es si esa imagen que estamos dando es la adecuada en términos de participación política. Porque es evidente que la política nos empieza a interesar cada vez más, pero también es claro que la imagen que tanto ha servido para el crecimiento explosivo de las últimas décadas puede ser contraproducente desde el lado político, porque ser representante de una comunidad implica serlo de todos, no solo de los que son como uno mismo. Esto comienza en asuntos pequeños como el de someternos a un juramento o nuestro desenvolvimiento en una entrevista con un periodista complicado.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Integralidad N°10




Les presento la décima edición de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Inevitable obsolescencia

Supongamos la existencia de una realidad “R”. “R” está afectada por una serie de variables “X” en una relación de causalidad directa. Imaginemos que son tres mil las variables “X” que determinan la realidad “R”. Es decir: 

 
No tenemos idea de la ecuación exacta que relaciona las tres mil variables “X” con la realidad “R”. Jamás lo sabremos porque es imposible de determinar. Sin embargo, tenemos la necesidad de interpretar a “R”, de explicarla, de entenderla. Por eso, podemos hacer simplificaciones y tomar, en lugar de las tres mil variables “X”, solo tres o cuatro de ellas -cantidad de variables más manejable para nuestro intelecto limitado-, las más importantes a nuestro parecer, y con ellas establecer relaciones de causalidad. Por ejemplo, tendríamos lo siguiente: 

 
Son miles de posibilidades, y cada analista de la realidad puede tomar diferentes alternativas. La combinatoria es grande, y aunque es un número que puede calcularse, no es relevante para el propósito de este pequeño post. Lo que debemos tener en cuenta es que relacionamos a “R” con dos sets distintos pero limitados de variables “X”, ya no con las enormes tres mil variables apabullantes. Sin embargo, aparece un problema: yo no sé cómo se determina la relación entre las limitadas variables “X” y la realidad “R”. Se me ocurren las siguientes maneras a manera de ejemplo: 


Tendré miles posibles ecuaciones que intentan explicar “R”. Cada una de ellas es un modelo, esto es, una aproximación de la realidad. Dicho de una manera un poquito diferente, el resultado de mis ecuaciones será una simplificación, un modelo que tratará de explicar el funcionamiento de la realidad “R” de manera aproximada. Mis modelos jamás lograrán explicar a plenitud “R”, y esto es así porque no considero todas las variables. Siempre será lo siguiente, para cualquier modelo: 


Existirá una tendencia del modelo a la realidad, pero no llegaremos a ella. Ahora, imaginemos que nuestro set de variables es el siguiente: 


Las cuales son modelizadas de la siguiente manera: 


Supongamos que este modelo explica muy bien la realidad. Digamos que en un 95%. Somos felices con nuestro nivel de interpretación de “R”. Ahora imaginemos que la realidad “R” es dinámica, esto es, que las tres mil variables cambian en el tiempo, que las que eran importantes antes ya no lo son ahora, que las que antes eran despreciables ahora son relevantes, o que variables desconocidas aparezcan por modificaciones en el entorno. Digamos que estos cambios afectan a nuestro modelo, y dos de nuestras tres variables se hacen irrelevantes, y una de ellas sirve poco en el nuevo escenario. El poder de explicación del modelo ha bajado, digamos que a un 20%. El modelo ya no sirve, y debe ser reemplazado completamente, o quizá solo ajustado. Esto quiere decir que los modelos se hacen obsoletos, y tienen que ser cambiados cuando las variables “X” que explican a la realidad “R” son dinámicas, y cambian continuamente. Creo que no vale la pena explicar el hecho de que nuestro mundo es ferozmente dinámico. 

En resumen, podemos decir que: 

(1) Para explicar la realidad “R”, hago simplificaciones y solo tomo algunos aspectos relevantes de ella, descartando los demás. 

(2) Mis explicaciones, dependiendo de su nivel de complejidad, pueden ser simples opiniones o puntos de vista, pero pueden llegar a ser modelos o doctrinas sumamente elaboradas. 

(3) Estas explicaciones serán siempre aproximaciones a la realidad “R”. No pueden pretender abarcarlo todo por su origen simplicador. Nunca una explicación toma todas las variables. Pretender abarcarlo todo, explicando toda la realidad “R” con un modelo o doctrina, es un error serio. 

(4)La realidad es dinámica. Lo que antes era significativo, ahora no importa. Lo que hoy es fundamental, ayer no existía. 

(5) El hecho de que la realidad sea dinámica, significa que nuestras opiniones o puntos de vista, o nuestros modelos o doctrinas, se hacen obsoletos. Por lo tanto, deben formarse nuevas opiniones y puntos de vista, y deben hacerse nuevos modelos y doctrinas. Insistir con un modelo que puede ser caduco, es un error serio. 

“R” puede ser múltiples cosas. Puede ser, por ejemplo, las relaciones económicas. Las aproximaciones pueden ser, por ejemplo, teorías económicas como el neo-keynesianismo, la teoría neoclásica, el monetarismo, el marginalismo, el liberalismo o el marxismo. Todas, aproximaciones particulares de la realidad, todas simplificaciones, todas sujetas a la obsolescencia inevitable. “R” también puede ser la realidad teológica, y encontraremos la misma lógica: aproximaciones a la Divinidad que, inevitablemente, se harán obsoletas. Por eso, y como lección final, no se puede asumir un modelo o doctrina expuesta a la obsolescencia como un gemelo, un equivalente a una realidad dinámica. Mucho menos endiosarla. Eso ya es casi irracional, aunque, tristemente, es un mal generalizado.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Exilio que no es exilio

Nicolás Panotto acaba de escribir un texto en su blog sobre los cuestionamientos hacia las personas que hacen teología desde el exilio, esto es, fuera del cobijo de la iglesia tradicional. Desde que supe que reflexionaría sobre eso en Facebook, me interesé en su escrito de una manera intensa. La razón es evidente: hablaría de mí, alguien que asistió a una iglesia por dieciséis años, sirviendo activamente por más de la mitad de ese tiempo, y que demoró cinco larguísimos años en tomar la decisión de abandonar las paredes del templo a pesar de que la situación dentro era, en verdad, un real desastre, un conflicto abierto e inmisericorde que había dejado en el camino muchos muertos y heridos; yo, entre ellos. 

Recuerdo cuando hice unas pocas lecturas sobre las experiencias de muchos cristianos que, por una razón u otra, decidieron vivir sin la iglesia. Poco a poco observé el fenómeno con más atención, en paralelo a los tiempos de convulsión y enfrentamiento que vivía con el clero de mi iglesia local; no obstante eso, no consideraba la idea de dejar la iglesia. Tenía mis serios rechazos a cristianos independientes, lo reconozco hoy. No podía comprender cómo una persona fuera del fuego de un templo, podría reflexionar, enseñar, tener comunión con un Dios que dejó una enseñanza expresa respecto al congregarnos. No lo lograba entender. Tenía los paradigmas eclesiales aún incrustados en la cabeza. 

Un día llegué un punto en que no pude más. Luego de un tiempo en que, en la práctica, faltaba más domingos de los que asistía, dejé de jugar al visitante ocasional cortando completamente los lazos. Estaba fuera. Sin intenciones de volver. Auto-expulsado. Sin embargo, aún me interesaban los temas teológicos, aún me interesaba Dios, como cuando era niño y pedí con toda la inocencia de mis diez años por un imposible que al día siguiente por la tarde me fue increíblemente concedido. Me sentía aún cristiano, aunque no de la misma forma en que lo era diez años atrás. Las palabras de algunos amigos –orientados hacia afuera- se hicieron más relevantes. Aunque siempre me fue claro que es fundamental vivir en relación con otros cristianos, descubrí, con estupor y maravilla al mismo tiempo, que no necesariamente la iglesia es sinónimo de comunidad. Que la comunidad de fe puede encontrarse en lugares inimaginables, y que uno puede construir el reino de Dios fuera de los usuales convencionalismos: campañas, prédicas y retiros. Hay mucho más que eso. La cosa es que nos demos cuenta. 

Decidí salir para detener el daño, para evitar profundizar más las heridas, para curarlas. Afuera, sin necesidad de encontrar congregación nueva (el requerimiento de mucha gente, que me lo hacía saber con frecuencia) encontré una comunidad de verdad. Un lugar de apoyo desde donde la fe podía, a pesar de lo aplastante de la oposición de tantas cosas que este mundo tiene, ser cobijada. Esa comunidad, de una u otra forma, es sostén de la vida, del espíritu y el alma, convirtiendo el exilio en no-exilio. Esa comunidad me acoge desde Lima pero también de otros lugares, con gente que con el tiempo se ha hecho muy cercana. Junto a esta comunidad, en la que cada uno mantiene sus propias dinámicas en sus particulares espacios, he podido avanzar en la labor de hacer teología desde el camino y no desde el balcón. Se puede hacer. Y me atrevería a decir que se debe hacer, sin falta. En esos espacios también Dios se manifiesta.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Una mirada a los riesgos subyacentes del crecimiento eclesial

martes, 1 de noviembre de 2011

Siempre con cuidado

No me cansaré de repetir, a costa de parecer cansino y monótono, que el acercamiento al texto bíblico debe ser con mucho respeto, como penetrando en un lugar sagrado, con ansias de encontrar lo que Dios quiere decir. Acercarse a la Biblia debe ser reverente, debe motivarnos a prepararnos en serio, a no ser advenedizos, a conocer lo más posible del escenario histórico y social al que nos estamos aproximando, comprendiendo que la Biblia no es plana, que es muy distinta la situación de Abraham, de los tiempos de la judicatura, del exilio o de los años de la predicación de Cristo, siendo plenamente conscientes de nuestros particulares sesgos, evitando introducir categorías modernas en textos tan antiguos como, por ejemplo, la historia de Job. Para leer por leer está el periódico o Facebook.

Con pena, creo que tampoco dejaré de encontrar abiertas distorsiones al texto. Conste que la Biblia tiene harto espacio para la saludable discrepancia dependiendo del código hermenéutico que estamos utilizando. Por ello, existirán en muchos casos distintos acercamientos y conclusiones de lo dicho en la Palabra. Alguna vez me refería a eso como la teoría de las bandas, por donde sanamente pueden discurrir las interpretaciones que enfatizarán en una u otra cosa. Sin embargo, siempre se encontrarán textos y opiniones que rayan en lo no cristiano. Y, para hacer las cosas peores, los que dan estas opiniones suelen estar enfermos del virus sectario, esto es, creen que su interpretación es la única correcta, mirando con menosprecio y orgullo a los que piensan diferente. Son agresivos, maniqueos, obcecados; les es imposible ver la realidad desde otros ojos. Son ciegos en la práctica. 

Lo sé, es repetitivo. Pero real. La eisegesis que se lee es tan descarada, que sorprende que cristianos serios caigan al embrujo de antojadizas interpretaciones. Pero caen, y literalmente parecen como si estuvieran recién enamorados (la verdad, es impresionante el poder que tiene el pensamiento sectario en la gente), presos de una aparente buena nueva, que no es más que un espejismo que se hará real cuando las verdaderas intenciones de las personas salgan a la luz. ¿Qué hacer cuando nos encontramos con una situación como esta? 

Seriedad ante el texto, es y será lo más importante. No perdamos la diligencia y hagamos nuestro trabajo cuando estudiemos la Biblia. Pablo no dijo en vano que todo debe ser examinado, pero tras esa revisión de la oferta de enseñanzas, solo debemos quedarnos con lo que es de verdad bueno, lo que pasa las pruebas, lo que tiene valor, lo que viene de sanas intenciones. Examinar lo que quieren vendernos es una tarea irrenunciable, pero parece que con demasiada frecuencia, por flojera, dejadez, falta de tiempo, agotamiento, o por el carisma de los encantadores de serpientes, olvidamos eso, y terminamos tragando tremendos camellos que nos traerán mucho dolor en el mediano plazo. Muchos intentan justificar sus ideas o ideologías con textos bíblicos, casi siempre de maneras endebles y forzadas, y nuestro trabajo será siempre detectarlos. Y descartarlos, para bien de nosotros mismos, de nuestras comunidades de fe y de nuestras iglesias. Separar el trigo y la cizaña es una función que debe realizarse ¡siempre!

domingo, 4 de septiembre de 2011

Tensión

Nuestro mundo económico está tenso. Varias de nuestras concepciones están siendo puestas a prueba, y por ello el cierto desconcierto que se observa hoy. Por ejemplo, los libros hablan del mundo del cero riesgo, y normalmente se asoció la ausencia de riesgo al gobierno todopoderoso de los Estados Unidos; se creyó que era imposible que Estados Unidos no pague sus obligaciones. Hoy esa concepción ya no es real. Standard & Poor’s dice (basada en una autoridad que ha perdido hace años al errar calamitosamente en la evaluación de los títulos subprime, pero bueno, sigue haciendo su trabajo) que Estados Unidos no es AAA, que ahora es AA, que tiene más riesgo de incumplir sus obligaciones. ¿Y ahora cómo queda la teoría? ¿Los libros deben irse a la basura? ¿Cuándo se auscultará el papel de las clasificadoras de riesgo en esta crisis? 

Otra cosa que está sucediendo es que la teoría dice que los países con más riesgo (léase, los subdesarrollados como mi país) tienen que pagar más por el dinero que piden prestado. Esto tiene pleno sentido: si hay posibilidad de que no me pagues, entonces por asumir ese riesgo debo recibir más rentabilidad, debo ser compensado por la tensión de un posible default, por ese posible escenario en que no veré más el dinero que presté. Hoy en día un país como el Perú, aún pobre y con mucho por construir, puede endeudarse a tasas mucho más baratas que naciones más avanzadas como España o Portugal. ¡Cosa de locos! Eso va en contra de las concepciones que se tenían hasta hace poco tiempo. ¿Durará mucho este mundo al revés? 

También tenemos menos herramientas para enfrentar la recesión. La teoría keynesiana más elemental dice que cuando un país está en recesión una alternativa plausible –y necesaria- es aumentar el gasto público. Se ha hecho siempre con buenos resultados cuando la política se aplica bien. Hoy en día, los gobiernos se han endeudado de tal manera (y no solo los gobiernos, también el sector privado lo ha hecho) que tienen serios problemas para pagar lo que deben. Para cuadrar sus flujos de caja futuros, no han visto mejor alternativa que reducir sus presupuestos, esto es, gastar menos. Pero existe una poderosa amenaza recesiva. Por lo tanto, están gastando menos (para poder pagar sus deudas) cuando necesitan gastar más (para paliar la recesión). Se está privilegiando el interés del dueño del dinero a costa del interés del resto de los agentes de la economía que sufrirá una posible depresión económica. ¿Esto es bueno o malo? ¿Qué hacer? ¿Tratarán de dar incentivos de política monetaria cuando esa alternativa está en su límite (caso Estados Unidos)? ¿No es necesario cuestionar el papel de la política monetaria en esta crisis? ¿Demasiado tiempo con tasas bajas fue algo nocivo?

Por último, ¿los responsables de esta crisis mundial ya están pagando por esto? ¿O es que no hay responsables? Imposible, sí los hay. ¿Cómo pagarán?

viernes, 29 de julio de 2011

Lo mismo de siempre

Hace unas semanas inicié una secuencia de entrevistas con muchas personas vinculadas al ambiente evangélico, investigando sobre una serie de temas sobre los cuales pretendo escribir si las circunstancias lo permiten en los próximos meses: el papel evangélico en el fujimorismo primigenio de 1990, la actuación del CONEP y de iglesias locales y denominaciones hacia los delitos del fujimorato, la fundación del partido político semi-confesional Restauración Nacional, la fundación de UNICEP, y el tedeum bardalista. Ante la amplitud de los temas, decidí comenzar con el tedeum, quizá lo más contextual en el horizonte de un julio de cambio de mando. Además, hay muy poco escrito al respecto y abundantes cuestiones por aclarar. Y digo aclarar porque es una práctica muy común, de muchos miembros del alto liderazgo evangélico, el hacer cosas sin pensar en su efecto en los demás, de tomar decisiones zurrándose en lo que otros puedan pensar. De aquí, como pueden suponer, han nacido gruesos malentendidos; las grietas se han profundizado; la unidad, bien gracias, sólo va para el discurso.

La investigación está incompleta porque se me vino encima la maestría en finanzas, postergando un poco la secuencia de entrevistas que tuve. Además, aún me falta conversar con personajes claves en la organización del tedeum evangélico. Espero que ese artículo esté listo pronto; sin embargo, hay cosas que trascienden y que sí puedo ir comentando a pesar de que aún no tengo todos los cabos atados. En especial por los dimes y diretes que se han dado por estos días a raíz del tedeum 2011.

Hay la sensación generalizada de que el tedeum es un emprendimiento personal del pastor Miguel Bardales, que él organizó al margen de las organizaciones representativas de los evangélicos que hoy existen (léase CONEP y UNICEP). La inscripción ante Registros Públicos del Ministerio de Acción de Gracias donde él, junto a un pastor más, y las esposas de ambos figuran como miembros del consejo directivo, apunta en este sentido. Muchos creen que trató de mostrarse como un pastor importante ante la opinión pública, aprovechándose de algunos vínculos con Alan García y el fujimorismo. Por lo tanto, hay motivos para pensar en una personalización del evento. ¿Bueno o malo? La personalización es algo muy frecuente en los ambientes evangélicos, una de nuestras características negativas que más nos identifican. Por lo tanto, que Bardales haya hecho esto no sorprende en lo absoluto. Praxis le llaman.

Ahora, CONEP y UNICEP iniciaron gestiones para hacer otro tedeum hace poco, de forma independiente. Evidentemente, surge el conflicto con los organizadores del tedeum original. Se dice que Miguel Bardales buscó contactos con el gobierno entrante para continuar con la organización del tedeum, se dice que él se mostró como representante de todos los evangélicos ante ciertas instancias gubernamentales (esto es perfectamente posible ya que una de las intenciones de este Ministerio de Acción de Gracias es la de “representar a las iglesias evangélicas ante las autoridades políticas, militares y civiles, entidades públicas y privadas en el país y en el extranjero”), se comenta que se buscó una organización única del evento, pero como tantísimas otras veces la intransigencia se hizo presente, los acuerdos se hicieron imposibles (no en vano la atomicidad nos caracteriza), no se llegó a nada y el tedeum se hará pero muy cuestionado. Hasta comunicados irregulares circularon por allí. ¡Una vergüenza! Es triste que, en contra de lo esperado, los conflictos de poder sean idénticos a los de cualquier otro ámbito. Se pensaría que en la política pastoral-eclesial sean las enseñanzas del Maestro las que predominen sobre los beneficios y deseos personales, pero la realidad nos da una cachetada. Como ya he dicho en otros posts, es lo mismo de siempre.

domingo, 17 de julio de 2011

Unidad en serio

Cuando tenia menos años de edad pensaba que era un real escandalo que la cristiandad esté partida en miles de pedazos independientes entre sí. Me dolian las peleas, las guerras, los desplantes que unos cristianos le hacian a otros, las mutuas acusaciones de herejia, las excomuniones de un lado al otro. Claro esta, tambien pensaba que mi lado de la cristiandad (para dar una idea, ese lado podría definirse como el cristiano evangelico no pentecostal de transfondo conservador) era el que tenia las ideas correctas, las perspectivas mas sanas. Por lo tanto, de manera indirecta  pensaba que la unidad de la iglesia significaba que los demas debian converger al punto de vista de mi rincón eclesial.

Poco a poco me fui dando cuenta que muchos de los diferendos eran -con frecuencia- simples cuestiones de prejuicios y que, en realidad, la propia naturaleza humana permite una multitud de acercamientos a una misma cosa: la diversidad, por lo tanto, es inevitable, natural, en particular en aspectos eclesiales-teológicos. Por lo tanto, ante ese escenario, lo fundamental era el dialogo, la capacidad de lograr acuerdos, y la aceptación de la existencia del diferendo. Me di cuenta, también, que mi propia perspectiva era fruto de muy diversos factores, no necesariamente superiores a los de los demás, que creían lo que creían por muy distintas razones, que si yo hubiera nacido en sus zapatos sería como ellos. Los otros podrían aprender de mi y yo de ellos; se eliminaron gradualmente las ínfulas de control y superioridad que mi tendencia fundamentalista me había inoculado. Llegó el esfuerzo por entender al otro, por aceptarlo a pesar de que no estaba de acuerdo con sus puntos de vista, la posibilidad de hacer comunidad con el distinto. Harto difícil.
Mi entendimiento de la unidad cambió. Se convirtió de la imposición de la posición "correcta" a martillazos -de ser necesario- al intento conciente de la mejor convivencia, sin importar la actitud del otro que puede rechazarme o tiene actitudes-estilos-de-vida que simplemente son la antípoda de mi visión de la existencia, provocando el no-dialogo. Este intento es algo que, sinceramente, aún no aprendo y quizá no acabe de hacerlo nunca, pero apunto en ese sentido. Es una especie de política personal. 

Me es claro que la unidad impuesta no funciona, pero muchos no están de acuerdo. Si mi visión de la unidad es sacar de en medio a quien tiene distintas perspectivas, con el fin de dejar sólo a los que creemos lo mismo, ¿de qué unidad estamos hablando? Si mi visión de la unidad es conspirar contra los demás con un complejo de salvador de la iglesia, para separar el trigo de la vil cizaña, ¿de qué unidad hablamos? Si quiero que la iglesia dialogue y ande junta en pos de colaborar de la forma más óptima con la misión de Dios, pero lo hago marginando a los demás, ¿es esto unidad?

No es unidad. Es solo un discurso, una declaración de intenciones. La unidad de verdad es inclusiva, amorosa, pastoral. Busca el latido de los demás, y lo sincroniza con nuestros corazones. Conversa, busca acuerdos, convive con el otro. Bueno, al menos lo intenta: la intransigencia -propia o ajena- a veces es cruel y no permite nada de esto. Por eso, si de verdad queremos unir a la iglesia, debemos asumir que el camino es largo y doloroso. No me refiero a la fusión de las estructuras organizacionales, por ejemplo el adosamiento a una de las iglesias representativas, como la Iglesia Católica. Me refiero a la unión espiritual de la que mucho se habla pero de la que poco se ve: la que implica que todos los cristianos nos consideremos hermanos a pesar de nuestras específicas confesiones, algo en teoría más sencillo. La via crucis de la unidad implica tener plenamente controlada a la tentación del poder y del control del prójimo. Puede significar ceder mi voluntad, o aceptar las ideas de otro. Implica tener oídos prestos a escuchar y un corazón sensible a la necesidad. Requiere persuadir con argumentos válidos. Necesita evitar la manipulación y el uso de la gente para nuestro propio beneficio. Implica la inexistencia de dobles discursos. Se basa en un alma conectada con la voz de Dios, que nos alumbra el camino: buscar a Dios con el otro es parte de la agenda. Tristemente, lo que nos sale de nuestra humanidad es lo opuesto: por ello estamos tan distantes de aquella oración que pedía que "seamos uno". Quizá un día las cosas cambien; por ahora, andamos lejos de ese ideal.