martes, 29 de julio de 2014

Del lado del sufriente

Muchos países han vivido situaciones en las cuales, por diversas circunstancias, han estado en -estatus de ocupación. En el Perú, por ejemplo, Tacna y Arica, estuvieron ocupadas por décadas –tras la derrota en la Guerra del Pacífico-, hasta que finalmente Chile devuelve Tacna y se queda con Arica en 1929. Es mucho más gráfico el caso europeo durante y tras la segunda guerra mundial, cuando primero los nazis ocupan Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Francia, y muchos otros países; y luego los aliados se dividen el control de Alemania tras la rendición nazi de 1945. Jamás fue cosa agradable el que un ejército extranjero controle el ir y venir de la gente de un territorio, en especial cuando el trato es ofensivo y denigrante, cosa en extremo común. Muchos de los recelos actuales entre países surgen por esa razón. 

El relato bíblico abunda en referencias del pueblo hebreo oprimido y ocupado. En Jueces, son constantes las invasiones de pueblos vecinos, que obligan al surgimiento de un caudillo libertador como Aod (Jue. 3:12-30), Gedeón (Jue. 6, 7, 8) o Jefté (Jue. 10:6-18; 11:1-40; 12:1-7). Mucho más violenta es la invasión de los asirios al reino del Norte (por ejemplo, Is. 36:1-22), y la babilónica al reino del Sur (ej. 2 Re. 25:1-7), la cual se transforma en ocupación persa algunos años después. El pueblo es deportado y la nación destruida. El retorno se hace bajo la soberanía persa, pero luego Alejandro Magno arrasa con el mundo y ocupa Palestina. En el período post-alejandrino sucede la gran profanación del templo de Antíoco Epífanes, quien sacrifica un cerdo (la abominación desoladora de Mateo 24:15) y coloca una estatua de Zeus en el templo. La independencia macabea es casi un suspiro en la larga historia hebrea, porque poco más de un siglo después llegan los romanos en plena expansión, estableciendo su dominio brutal. Su ocupación no fue nada grata, como lo atestiguan con claridad los evangelios. Las cosas terminan de manera muy violenta, sea si consideramos la destrucción del templo de Jerusalén por parte de Tito en el 70 d.C, o la gran insurgencia de Simón Bar Kojba en el 130 d.C, que acaba con Roma arrasando Judea. 

La Biblia no es ajena a los sentimientos del pueblo hebreo oprimido. Pensemos en el pequeño libro de Lamentaciones, o en Ezequiel, el profeta del exilio. También en algunos salmos. Por ejemplo, el Salmo 126 dice: 

 4 Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová
Como los arroyos del Neguev
5 Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. 

Hay muchos más textos. Lo que parece claro, desde ellos, es que es más que evidente que el relato bíblico, así como se identifica con todos los sufrientes y desvalidos del mundo, lo hace con aquellos que sufren ocupación militar o exilio violento porque padecen y mucho, tal como lo sufrió Israel por tantas veces en el Antiguo Testamento (del Nuevo Testamento ya no vale decir nada; es una tautología). ¿Quién sufre estos estragos hoy? Por ejemplo –y no es exclusividad de ellos- ahora la sufre el pueblo palestino. Es curioso cómo ciertos discursos privilegian el derecho de Israel a la tierra por encima de todo, en detrimento del sufrimiento enorme del pueblo palestino, inclusive desde entornos cristianos, cuando la Biblia pone su mirada en otra cosa: el sufrimiento, el dolor del pueblo lacerado

¿Cuánto ya se ha escrito sobre Gaza? Todo es cruento, es mediático (¿es acaso tan mediática la opresión marroquí sobre los saharauis, por ejemplo?), es recurrente, y parece eterno porque hay poderosos intereses que no quieren la solución al conflicto, que están bien manteniendo las cosas como están. De ambos lados. Hamás busca la destrucción de Israel, y el ala radical judía busca la destrucción del enemigo, su hostigamiento, su agotamiento. Su inevitable confrontación perpetúa sus posturas ante sus pueblos, que acaba aceptando sus preceptos. Esta espiral sin fin es el centro del poder de los señores de la guerra. Es triste, porque una de las muchas consecuencias es el sentimiento de venganza, de ambos lados, tan bien reflejado en el Salmo 137, cuando dice: 

8 Hija de Babilonia, la desolada,
 bienaventurado el que te diera el pago
de lo que nos hiciste.
9 Dichoso el que tomare y estrellare tus niños
contra la peña 

Bien decía Kohelet: “no hay nada nuevo bajo el sol” (Ecl. 1:9), así pasen miles de años. Por ello, como nada es nuevo, tampoco es nuevo el lado que nos corresponde: el del sufriente. Es esa la esencia de nuestra fe cristiana.

martes, 10 de junio de 2014

Integralidad N°16




Les presento la edición N° 16 de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

sábado, 1 de marzo de 2014

Integralidad N°15




Les presento la edición N° 15 de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

miércoles, 22 de enero de 2014

Es en nosotros

Jesús comienza su ministerio de manera abierta en algún paraje del río Jordán cerca a Betábara (Jn. 1.28), cuando su primo Juan el Bautista, de ya exitoso ministerio a esas alturas del partido, lo bautiza a pesar de su oposición totalmente razonable: “Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” (Mt. 3:14). El evangelista Lucas es más detallado sobre lo que había significado Juan el Bautista para su nación predicando casi sin nada en el desierto palestino, mendicante, sucio, pero con un giño gigante hacia la figura de uno de los profetas más grandes del Antiguo Testamento: Elías. El pueblo desesperado por la pobreza extrema, la violencia y los romanos, se vuelca a él, se entusiasma esperanzado de que quizá fuera el Mesías tan añorado, el que los liberaría del yugo opresor que los aplastaba. “Yo no soy el Cristo” (Jn. 1:20) les dijo de manera directa a los representantes del poder religioso local. Sin embargo, anuncia que aquel a quien ni siquiera puede atar las correas de su calzado anda por allí, entre la gente. Era, pues, inminente la llegada de un nuevo orden espiritual, de magnitudes impensables, que incluso abrió los cielos el primer día (Mt. 3:16). 

Cristo se bautiza, y pronto consiguió sus primeros discípulos según el relato juanino. Rápido se fue al desierto, a una dura jornada de ayuno, cosa poco común en nuestros tiempos tan edulcorados de malls repletos de consumismo y redes sociales adictivas. ¿Por qué hacerlo? No era tampoco un ayudo en reclusión, al amparo de la sombra, era en el sol furioso de medio oriente, que aturde inevitablemente. Luego de un tiempo largo, larguísimo, dice el evangelio que se acercó el tentador (Mt. 4:3a), quien de manera directa reta la naturaleza especial de hijo de Dios que tenía Jesús. Satisface tu hambre –porque tienes mucha-, deja que el Dios Padre te salve si te lanzas al vacío –lo dice la Biblia-, adórame –pero no gratis. ¡Tendrás poder!-. No eran cosas sencillas de resistir este apetitoso triplete. Demasiados han caído a través de la historia. 

Debemos ir mucho más allá de concentrarnos en la literalidad simple del texto, ya que es evidente de que no hay montaña desde la que pueda verse todo el mundo y tampoco era cosa simple el acceder al pináculo del templo de Jerusalén. La combinación del desierto, la soledad, el poderoso ejercicio espiritual previo al inicio del ministerio de Jesús nos dice algo en extremo claro, con una obviedad extrema: hasta para Cristo, el Emmanuel, el combate fundamental se gesta en uno mismo; en nuestro corazón se da el conflicto más importante de todos, donde resistimos, cedemos o morimos. Ya es claro el por qué Cristo se fue al desierto antes de la tarea tan enorme que ya estaba comenzando. Yo casi nunca fui a ese lugar de catarsis y templaza, y cuando lo hice fue para vivir otro tipo de aridez, muy distinta a la que sirve para aproximarnos a Dios.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Integralidad N°14




Les presento la edición N° 14 de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Dios en la esperanza

Cristo en la cruz clamaba por el desamparo de Dios Padre, desnudo frente a la multitud que lo aclamaba como a un rey días atrás y ese viernes pascual, extasiada, lo veía morir clavado como vil sedicioso cananista. ¿Negaremos este hecho? ¿Nos haremos de la vista gorda ante la realidad comprobada de que hay ocasiones en que Dios parece dormir, luciendo como si se hubiera ido de viaje, como si hubiera declarado asueto por un feriado largo? ¿Iremos en contra de la dominante alabanza que se concentra en las promesas, en el bienestar al lado de Dios, en declaraciones de victoria, de júbilo, en éxito? ¿Negaremos los tiempos oscuros, los valles de sombra de muerte, los escapes donde nos alimenta un mísero cuervo al lado de un arroyo escuálido? 

No nos hace menos cristianos el admitir la oscuridad que domina a veces a los senderos de la fe. Así, la sensación de desamparo la sentimos en la misma sangre, el sinsentido domina, el caos anda boyante, burlón. Dios brilla, pero por su ausencia helada, y parece que todo está perdido, que todo hiede, que no hay más que hacer. Parece que nos empujan a la rendición, a entregar el alma a la nada, a la renuncia irrevocable. ¿Es que, de verdad, no hay nada, realmente todo está perdido? ¿A dónde ver en tiempos agrios? ¿A la tierra prometida? ¿A la nube de fuego en la noche, que nos guíe? ¿A la tierra abandonada a la cual volveremos tras el exilio? ¿A dónde dirigir la mirada? 

 Quizá pidamos demasiado, quizá queremos que se nos abra el mar, o que rompa el velo del templo de arriba a abajo, algo así de contundente. ¡Queremos que nos lleven al cielo en carros de fuego! Y en realidad, el ver el firmamento en su inmensidad esperando la transformación de lo que nos está sucediendo hace que no veamos los márgenes desde donde Dios suele hablar, donde gusta manifestarse. No vemos el trajinar del padre, o el cielo azul recargado de las estrellas de medianoche. No escuchamos la voz amiga, el viento calmo a través de las palabras del confidente. No olemos el aroma reconfortante. No sentimos nada. Creemos que no hay esperanza, pero ésta surge de muchos pequeños lugares, y en todos éstos, está Dios, comunicándose con nosotros, animándonos a seguir respirando, recordándonos que está allí, hablándonos bajito y caminando con nosotros. A la esperanza no le gusta lo aparatoso. 

 Pero no queremos ver a Dios y seguimos ciegos en el gran túnel, ignorando las luciérnagas de la esperanza. ¡Siempre Dios es esperanza! Y ésta nunca se va, siempre está allí, pequeña a veces, grande también, pero siempre allí. ¿No es fuente de esperanza la sonrisa de la niña que nos hace bien a pesar de que el mundo se esté partiendo en dos? ¿No es fuente de esperanza la manifestación de Dios a través de la persona amada y el sentimiento compartido? Sí, eso y más. Por eso, a veces debemos dejarnos llevar y sentir la dulce palabra de Dios hablada desde lo pequeño, desde lo discreto, de donde nunca nos dijeron que era posible escucharlo.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Integralidad N°13




Les presento la edición N° 13 de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

sábado, 23 de marzo de 2013

El voto santo

En el Perú existe poca tolerancia al voto ajeno. Nos cuesta aceptar que el otro tiene una lógica distinta a la hora de elegir. Más aún, para agravar el asunto nos invade una gran tendencia a etiquetar peyorativamente a la competencia: corrupto, ineficiente, mafioso, rojo, caviar, facha, progre, o lo que quieras. La sociedad sale magullada cada vez que tenemos que votar, aunque los políticos -sea el resultado que sea- acaben tomando un café en el Haití o cenando en Las Brujas de Cachiche, como los mejores amigos del mundo. Como si todo lo que se dijeran en campaña no fuera más que un libreto preparado para azuzar a las masas, para ponerle emoción, para conseguir los votos de los incautos que aman el formato talk show. 

Cuando hablamos del voto evangélico (si es que existe una cosa así) concurrimos a un panorama que no es muy distinto al de la sociedad como un todo, aunque el hecho de decidir por quién votar tiene sus justificantes particulares. Como a todos, cuesta aceptar otras lógicas a la forma de elegir, y también etiquetamos al otro. Sin embargo, existe un argumento más poderoso que, desde el punto de vista del que lo expone, es categórico: el hecho de que mi decisión electoral es avalada por mis principios cristianos y bíblicos. Dicho de una manera menos implícita: el aval lo de alguien más grande: el creador de los cielos y la tierra, el mismo Jahveh. 

¿Qué se puede decir ante eso? Muy poco, en realidad. La afirmación implícita de que Dios estuvo detrás de mi decisión electoral es categórica, y el punto de partida para la intolerancia más absurda a pesar del hecho obvio: dos personas con el mismo móvil (principios cristianos y bíblicos) votan distinto. La última elección limeña, por la revocatoria de la alcaldesa Susana Villarán, lo mostró con demasiada claridad. Como ella había participado en algunas marchas de colectivos pro-gays abogando por la no discriminación, el hecho de removerla de su cargo por apoyar algo tan pecaminoso era, hasta cierto punto, necesario para algunos. De esto se aprovechó el pastor Linares, juntándose con Marco Tulio Gutierrez, para recolectar las firmas necesarias para iniciar el proceso de revocación. Lo demás fue causa-efecto: votar SI (a la revocación) se hizo, para muchos, votar contra la iniquidad y la degeneración representada por la alcaldesa. En concreto, la causa anti-gay se hizo el móvil por el SI y las otras cosas, como la ineficiencia de la gestión municipal, fueron cuestiones secundarias. No importaba si los promotores de la revocatoria habían estado involucrados en actos de vil corrupción: el asunto gay estaba por encima de cualquier cosa. 

El voto, entonces, se hizo santo. Los cristianos que estábamos por el NO (a la revocación) nos convertimos, repentinamente, en defensores de Sodoma y Gomorra, en prácticamente no cristianos ante una masa agresiva de corte fundamentalista. Qué increíble suena eso, pero así fue. Pero ganó el NO, y se hizo una pequeña crisis. Si la Biblia dice que Dios pone y saca reyes, fue entonces su voluntad que la alcaldesa se quede en el cargo. ¿Está tolerando, entonces, a alguien que apoya a los gays? ¿Por qué, entonces, no seguir el ejemplo que el mismo Dios parece dar? ¿No había revelado Dios que el SI ganaría? ¿Es que Dios no reveló? ¿Quién lo hizo? ¿No será que, quizá, Dios deja en nuestra cancha los asuntos electorales, y no interviene? Este último parece reflexionar en el camino adecuado.

sábado, 5 de enero de 2013

Integralidad N°12




Les presento la edición N° 12 de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

martes, 1 de enero de 2013

Integralidad N°11




Les presento la edición N° 11 de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Esa noche


Esa noche. Común,
como cualquier otra
en apariencia.

El mundo atareado
en sus quehaceres
indiferentes.

En el silencio de un pesebre
Dios se hizo uno de nosotros.
Se encarnó.

Dejó privilegios, dejó lo sublime
reemplazándolo con pobreza
con dificultad

Nada de poder
ni riqueza,
ni ejércitos.

Y así lo hizo todo.
Así comenzó su camino
hacia el sacrificio.

Todo comenzó esa noche.
Nuestra vida comenzó
esa noche


(12/01)

miércoles, 23 de mayo de 2012

Incertidumbre


Escucho la música de 1995, año tan determinante, donde me perdí en los infiernos y subí a los cielos. Fue un año bisagra, donde conocí el sinsabor de la depresión, pero también la vida de la conversión al cristianismo. Pienso en la experiencia, y aún me emociona (y se entiende el énfasis en el primer amor que hizo el apóstol Juan). Hoy, casi diecisiete años después, otra vez me encuentro en un punto de inflexión; la fe se cuestiona, y se reconstruye. Antes fue la aceptación de que Dios no hacía basura en este mundo: yo, por lo tanto, no lo era. Hoy, es distinto. De nuevo: la fe se cuestiona.

¿Por qué eso? Por años luché contra la idea de salir a la iglesia. Finalmente, logré el éxito en ese propósito, pero luego se me presentó un vacío extraño. Pensando en él, creo que se dio porque tenía la idea de replicar el pasado. Hablaba de cristiano sin iglesia, claro está, pero asumía eso como cuestión temporal, teniendo clara la idea de que pronto, tarde o temprano y en algún rincón de Lima, encontraría una comunidad estática, donde replicaría los años vividos en mi antigua iglesia. Buscama mi templo, mi púlpito, las clases de academia bíblica en un lugar más sano que el anterior. ¿De verdad sería así? ¿Eso me habían enseñado las variopintas experiencias del pasado? ¿No apuntaban mis reflexiones hacia otras direcciones? ¿Tanto pensamiento y texto para nada?

En realidad, quería calma, suelo duro y estable, escenarios perfectamente predictibles, pero eso no llegó a nivel de la fe. Superé la etapa de la iglesia local, pero no me di cuenta que añoraba algo de ella. Añoraba la firmeza, la predictibilidad, el control que sentía al entrar bajo su techo. Seguridad, a fin de cuentas. Sin embargo, el mundo me había enseñado, con golpes constantes, que la firmeza no existe. Que en realidad flotamos, que no existe certeza de las cosas. Somos hijos de la incertidumbre, y eso no me gustaba. Lo rechazaba. Siempre hacía esfuerzos para hacer mi vida lo más certera y estable, desde el lado económico, académico o religioso.Tomé a los golpes como enseñanzas, pero ignoraba uno de sus principales postulados. Luchaba con miedos de niñez, que allí se sentían, pero había que vencerlos.

La fe se cuestiona porque me resistía a entender y aceptar su componente de incertidumbre.

Entonces estoy en esas. Debo aceptar que no sé qué escenario vendrá. No se qué mundo aparecerá mañana, no sé si estaré aquí, no sé qué rostro de Dios paseará por Lima esta semana. Nada sabemos. Solo nos queda esperar que la incertidumbre nos favorezca. Y esto lo debo aceptar no solo en la cabeza, sino también en el corazón.

sábado, 19 de mayo de 2012

Entre tú y yo


Incrustado en el palo mayor del barco, con vientos huracanados que amenazan la vida de los tripulantes, así me siento ahora y te grito. Grito fuerte, desesperado, buscando tu respuesta. Te digo que no hundirás mi barco, te digo que la tormenta que trajiste es un juego de niños, insignficante como una burla de un desconocido. Grito por mi vacío, por mi marcha, porque no estoy encontrando nada en este caminar sigiloso y a tientas. Del vacío de la falsa religiosidad que te dice que la verdad te hará libre (pero es una libertad esclava) he pasado al vacío de tu ausencia. Porque sí, tu ausencia, la soledad de ti es vacío, aunque sea terco en decir lo contrario, aunque quiera disimular el espacio que he creado como si no existiera. Quiero decir que no importas, que no estás, pero mi corazón en lo más profundo sabe que eso es mentira. ¿Qué debo hacer para verte? ¿Qué debo hacer para reconciliarme contigo, para perdonarnos mutuamente? Porque en ese acto de perdón puede estar la llave que abra la puerta de contacto. ¿O es que debo ver la realidad de una manera diferente?

Puede ser eso. Mi percepción es errada: la culpa no es tuya, Dios; es un poco mía, un poco de los que se llaman tus representantes, un poco de los imponderables de la vida. Debe ser un error llamar inoperancia al no ver ningún accionar tuyo ante las actitudes escandalosas de tus llamados. Quizá sí operas en silencio o discretamente, quizá esperas el momento, quizá simplemente dejas que las cosas pasen, a la espera de que el azar y la probabilidad hagan su trabajo. Quizá todo lo veo mal, quizá deba replantearlo todo.

Y si quiero replantearlo todo, ¿por dónde comienzo? La teología no me ayuda. Estorba en esta andadura. Debe ser algo más íntimo, más cercano. ¿Cuál fue el primer momento en que sentí tu accionar? Era sensible a ti desde pequeño, lo recuerdo con claridad, pero quizá exista un momento en que te percibí actuando, en serio, con contundencia.

Aunque parezca insólito, ese momento existe.

De ese momento partiré: Dios, por favor, comencemos de nuevo, vayamos a esa noche de fines de los ochenta, en que hice el pedido más inverosímil posible, y tú lo escuchaste. Allí me tuviste, aquí la sensibilidad a tus cosas que tenía desde pequeño se transformó en certeza de tu presencia, en promesa de tiempos mejores, en esperanza. Comencemos desde allí; esta vez sin pequeños grandes milagros (a menos, claro, que tú lo quieras hacer)

Y lo hiciste. Una de esas cosas cotidianas a las que antes prestaba atención, algo pequeñito, pero valioso.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Cuestión de imagen

Ya pasaron algunas semanas desde el gran escándalo que los medios periodísticos generaron por el particular juramento de la ministra evangélica Ana Jara y la posterior entrevista con Beto Ortiz en su noticiario mañanero. 






Nuestra mediocre prensa fue inmisericorde con ella, catalogándola –con un nivel supremo de ignorancia y prejuicio- como una fanática cucufata (esos fueron los términos más amables). Por supuesto, ellos, muy sabihondos, comentaban sobre lo que es el evangelicalismo, mezclaban términos con un profundo desconocimiento y de inmediato la tacharon, como si el hecho de tener una fe y profesarla fuera un causal potente para no ser un funcionario público de confianza. Hace años que perdí el respeto por la prensa peruana, y esta actitud parcializada que una vez más mostró no me sorprendió en lo absoluto. Como le comenté a una amiga por Twitter, si es tan evidente la desinformación de estos periodistas sobre lo evangélico, y a pesar de “estar en la calle” en los temas que comentan, tratan de mostrar una imagen de conocimiento ante sus lectores, ¿en cuántos otros temas pasa lo mismo? La respuesta se cae de madura: en bastante de lo demás. 

Fuera de ese asunto, hay varias cuestiones que han quedado manifiestas. La primera, la ya mencionada: la pobreza de la prensa. La segunda, la inocencia de la ministra, que en la entrevista con Beto Ortiz mostró una candidez política en sus respuestas que la hizo presa fácil de los buitres mediáticos. Lo tercero, la opinión generalizada de que la religión no debe intervenir en la política. Entiendo que el estado debe ser laico, que las iglesias como instituciones deben permanecer al margen de las decisiones políticas excepto la inevitable misión profética, pero de allí a satanizar a gente que cree en algún Dios, y mueve su vida de acuerdo a la forma en que interpreta a ese mismo Dios, es demasiado. Uno tiene una especial cosmovisión, y el hecho de que ésta sea teísta no me descarta para la función pública, en especial si tengo los conocimientos y habilidades profesionales necesarias (el cual es el caso de la ministra). ¿Por qué debe restringirse mi participación pública, a la cual tengo derecho como cualquier ciudadano, por el simple hecho de tener una cosmovisión teísta? ¿Qué la hace inferior a una cosmovisión no teísta? ¿Qué la hace descartable? ¿Por qué una cosmovisión personal que puede basarse en traumas y prejuicios sería necesariamente superior a una basada en la enseñanza de una iglesia de dos mil años de antigüedad? 

Además, creo que es necesario que se tome nota de esa percepción de una parte de la sociedad respecto a los evangélicos. Siempre existirá, por supuesto, una visión restringida de algunas personas a las cuales hemos contribuido con nuestras particulares taras, pero la pregunta real es si esa imagen que estamos dando es la adecuada en términos de participación política. Porque es evidente que la política nos empieza a interesar cada vez más, pero también es claro que la imagen que tanto ha servido para el crecimiento explosivo de las últimas décadas puede ser contraproducente desde el lado político, porque ser representante de una comunidad implica serlo de todos, no solo de los que son como uno mismo. Esto comienza en asuntos pequeños como el de someternos a un juramento o nuestro desenvolvimiento en una entrevista con un periodista complicado.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Integralidad N°10




Les presento la décima edición de la revista digital Integralidad, que trabajamos desde el Centro Evangélico de Misiología Andino-Amazónica (CEMAA) en Lima (Perú). Sus comentarios serán bienvenidos. Para acceder a ella sólo tienen que hacerle click a la imagen de arriba.