domingo, 8 de febrero de 2009

Cincuenta épocas, cincuenta dioses (3)

Menos abstracción

La historia es la sede en donde el ser humano se encuentra con Dios. Cuando el autor de la carta a los Hebreos realiza el recuento de los hombres de la fe (Heb. 11) lo hace, en primera instancia, para validar la realidad de la fe como eje de la vida cristiana verdadera. Sin embargo, en segunda instancia y de manera implícita, me da la impresión de que cada uno de los nombres allí consignados nos susurra que la historia ha corrido ―y corre, ahora con más rapidez― con eventos buenos y malos, con sangre, muerte, desolación y esperanza, y que en ella Dios ha actuado, en ella Dios ha intervenido, en ella Dios participa (Rom. 8:28).

Claro está, sin determinarlo todo. Yo pienso que la libertad que tenemos es mucho mayor de la que estamos dispuestos a asumir, por ello aparece un terror a la libertad tan tremendo que para enfrentarlo creamos modelos autoritarios que hoy están tan en boga en Latinoamérica, sea en la política nacional o en la iglesia. Por ello, conocer la naturaleza de esta libertad humana nos ayudará a comprender el verdadero papel del Señor, ayudando al cristianismo a reinterpretarse y a asumir con valor los retos que tiene de cara al futuro.

Según el relato bíblico, Dios nos dio espacio y nosotros hicimos lo que quisimos ignorando las palabras divinas, pero Él nunca nos abandonó a pesar de la expulsión del paraíso. Ese espacio sólo limitado por dos árboles me dice que Dios no ha determinado todos los eventos negativos que suceden a diario en nuestro mundo. No todo lo que sucede, positivo y negativo, es su voluntad. Él no ha previsto todo lo que pasará, porque ha resuelto construir la historia con su creación máxima renunciando a parte de su omnipotencia, como en la kenosis cuando inició el proceso de redención. ¿No es esto sorprendente?

Hay, entonces, una aleatoriedad de las circunstancias de la vida, y dentro de ella Dios marcha con la historia segundo a segundo; una historia que cambia de la misma manera que el hombre también cambia. La misión y obra de Dios no es un paquete que viene construído del cielo, completo, algo así como la nueva Jerusalén de la revelación juanina. Es, en cambio, una construcción que se hace ladrillo a ladrillo, a lo largo de la vida de la gente, de los pueblos y las sociedades, con J(-2000,N), J(-1400,N) o J(100,N) . Esto está de acuerdo a la naturaleza del Dios que siempre está con nosotros, en todas nuestras vivencias, a nuestro lado. Se puede decir, entonces, que construyó la Biblia de la misma manera que actúa normalmente en su interacción con la gente.

Algo interesante de la historia, casi axiomático, es que ella no es plana, no es una llanura constante donde no pasa nada, donde nos morimos de aburrimiento. Al contrario, la historia se parece más a una cordillera repleta de accidentes geográficos. Ya que la Biblia se escribió en el contexto de la historia es fácil afirmar que esta idea axiomática aplica para ella. Esto es, la Biblia tampoco no es plana, sino que está llena de eventos que motivaron respuestas y actitudes de un pueblo pero, a la vez, con un accionar de Dios que es distinto en cada ocasión. El mismo Dios muestra caras distintas para con su creación obstinada que crece, poco a poco, en el conocimiento de sí misma y de Él. Como si Dios se adaptara a las necesidades de su pueblo. Una cosa increíble: el Dios creador de todo el universo rebajándose al entendimiento de su creatura, todo por amor.

Pensando en la historia me interno en el supuesto que planteé líneas arriba: ¿Quién escribió E, un libro del Pentateuco? Si somos realmente humildes diremos que no hay respuesta categórica. Los que dicen, con aplomo, que fue Moisés porque así “lo dice el título de los libros en la Biblia” peca de simplista, de poco meticuloso. Los eruditos expertos en el tema no están de acuerdo, por lo que nos jugamos a afirmar lo más probable según el estado actual de las ciencias arqueológicas e históricas.Y lo que dicen estas ciencias en este momento es que lo más seguro es que la mayoría del Pentateuco fue escrito alrededor del siglo X antes de Cristo, cuando se consolida el movimiento yahvista en Israel, cuando todas las tradiciones orales existentes en el país toman forma escrita, tomando como referencia todas los cuentos y relatos, junto a viejos documentos que aún se conservaron, los cuales sirvieron de base para el Pentateuco que tenemos hoy (A+B+C+D). Fue una labor en extremo difícil. Tal como dice José Luis Sicre:

Quizá fue una noche de frío, junto al fuego, cuando comenzó a contarse la historia de Israel. Primero los ancianos, que recordaban las andanzas de antepasados famosos. Llegaron más tarde los grupos del desierto, relatando y exagerando las penalidades sufridas en Egipto, la terrible narcha hacia la tierra prometida, la revelación concedida por el Señor a Moisés. Vendrán luego los poetas populares, cantores de gestas realizadas contra los filisteos, que cambiaban batallas y ejércitos por una buena comida antes de seguir su viaje. No faltaban sacerdotes que, en las peregrinacionea anuales a los santuarios, relataban al pueblo cómo se apareció Dios en aquel lugar sagrado.

Así, de boca en boca, transmitidas oralmente, comenzaron a conservarse y enriquecerse las tradiciones históricas de Israel. Hasta que surgió una clase más culta, en torno a la corte de Jerusalén, en el siglo X a.C. También le interesaban otros datos: la lista de los gobernadores de Salomón, los distritos en los que dividió su reino, el lento proceso de construcción del templo de Jerusalén y del palacio, con sus numerosos objetos de culto o adorno. Todos ellos comienzan a usar la escritura. No quieren que datos tan importantes se pierdan con el paso del tiempo.

Por último, dentro de esta tradición escrita, surgen verdaderos genios, que recopilan con enorme esfuerzo los relatos antiguos y los unen en una historia continua del pueblo. Algunos se concentran en los orígenes. Otros se limitaron a acontecimientos fundamentales de su época, como la subida de David al trono o las terribles intrigas que provocó su sucesión. Incluso hubo un grupo que emprendió la tremenda tarea de recopilar las tradiciones que iban desde la conquista de la tierra (s. XIII) hasta la deportación a Babilonia, componiendo lo que conocemos como “historia deuteronomista” (Josué, Jueces, Samuel, Reyes)” (1)


Referencias

(1) José Luis Sicre. Introducción al Antiguo Testamento. 9na edición. Estela-Navarra: Editorial Verbo Divino, 1995. Novena edición. Pág. 65

(2) Imagen: http://www.chasque.net/umbrales/rev136/biblia%20pag%2025.JPG

8 comentarios:

Ignacio Simal dijo...

"No todo lo que sucede, positivo y negativo, es su voluntad. Él no ha previsto todo lo que pasará, porque ha resuelto construir la historia con su creación máxima renunciando a parte de su omnipotencia..."

Abel concuerdo contigo... ¡Buena reflexión!

Abel García García dijo...

Ignacio:

Gracias por tu comentario. Espero que todo esté yendo bien por allá. Leí algo de vientos huracanados. ¿Es cierto eso???

Saludos,

Abel.

Monja dijo...

"La libertad que tenemos es mucho mayor de la que estamos dispuestos a asumir, por ello aparece un terror a la libertad tan tremendo que para enfrentarlo creamos modelos autoritarios que hoy están tan en boga en Latinoamérica, sea en la política nacional o en la iglesia. Por ello, conocer la naturaleza de esta libertad humana nos ayudará a comprender el verdadero papel del Señor, ayudando al cristianismo a reinterpretarse y a asumir con valor los retos que tiene de cara al futuro.

Más claro no se puede!
Es el núcleo de mi interés por el cristianismo y sólo entiendo a Cristo de esa libertad mayor incluso a la que estamos dispuestos a asumir.
Qué difícil y que fácil a la vez!

Abel García García dijo...

Como a ti, me interesa enormemente el que los cristianos asumamos la libertad que nos corresponde, con todos los activos y pasivos implicados. Ojalá que algún día podamos ver eso a plenitud, pero en eso andamos, ¿no crees?

Cambiando de tema, ¿qué paso con Teosubversión? Traté de entrar ayer pero sólo admitía lectores invitados.

Saludos,

Abel.

Material de Estudio dijo...

http://materialdeestudiocristiano.blogspot.com/2009/02/que-piensan-sobre-misiones.html

Monja dijo...

Clarísimo Mano. Yo sé y admiro y me hermano lo que te interesa.
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Teosubversion pasó a www.monjaguerrillera.com.ar

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Por el comentario de más arriba, en cuyo blog sólo hay copy paste de un libro de Stoll:
Cada vez que veo algo que se llama "estudio" entre cristianos, o le ponen el adjetivo de "bíblico", voy a ver de qué se trata. Es cómo ejercitar y mantener vigorosa la decepción....
Siglos y siglos demonizando el intelecto Ahora que alguno se entera que es necesario ponerlo en funcionamiento -que para eso estaba- nos encontramos con un panorama desolado. No se puede pasar de estar 500 años durmiendo a querer participar en un pentatlón. Se notan las patitas flacas del "estudio cristiano".
Nos lo tenemos merecido. La desidia nunca es gratis, también rinde sus frutos, y están ahora a la vista.

Abel García García dijo...

Gaby:

Me di cuenta, luego de escribir mi respuesta aquí, dónde está ahora Teosubversión (dentro de monjaguerrillera.com.ar), así que mi paseo diario irá nada más a ese blog.

De vez en cuando llegan esos comentarios o correos electrónicos que indican un enlace a un post copy-paste de alguna web o libro o artículo o columna, como si allí se encontrase la respuesta a las interrogantes fundamentales que nos aquejan (tú seguro que vives un incesante bombardeo, mucho más intenso que el que yo tengo). Lo que me consuela es que en otros ambientes de la vida se sigue la misma lógica, no sólo en la vida evangélica/eclesial. Consuelo triste, yo sé, pero es parte de la realidad.

Un abrazo fuerte para ti.

Abel.

Abel García García dijo...

PD: Algo adicional que me desagrada es cómo interpretan la obra de Stoll:

"Es interesante leerlo para conocer los pensamientos y postura acerca de misiones de aquéllos que no creen"

¿De aquellos que no creen???? El libro refleja las terribles prácticas misiológicas (y más) de nuestras iglesias, pero ¿muestra las posturas de los que no creen?... buena manera de exonerarse de la responsabilidad ante los hechos.

En fin, cosas de la "realidad" del cristianismo latinoamericano.

Otro abrazo.