sábado, 25 de junio de 2011

Un punto de partida sobre la homosexualidad

Nadie lo habla. Nadie ha sabido de ningún caso en sus congregaciones. Si juego un poco con algunas estadísticas, en el Perú hay la misma cantidad de homosexuales y de evangélicos, y son subconjuntos con escasa intersección. Por supuesto, si la opinión generalizada de las autoridades eclesiales apunta a condenar la práctica, a arrinconar al homosexual al celibato obligado, a colocarle más candados a su closet, es evidente el por qué son pocos los homosexuales evangélicos. No parece ser una alternativa razonable de un espacio de desarrollo de su espiritualidad.

Yo anduve muchos años en una congregación de corte conservador, de mediano tamaño. Nunca supe de alguien que tuviera inclinaciones homosexuales. Es curioso, porque sin importar que la iglesia considerase como un pecado a la homosexualidad, a la manera del alcoholismo o la drogadicción, sí conocí a través de los años a algunos alcohólicos o drogadictos en recuperación. Por ahí se sabía de alguien que peleaba con la ludopatía u otro que sufría de algún otro problema importante, pero de homosexualidad, nada. O no había ninguno, o simplemente los pastores no querían que la congregación sepa o la presión era tan fuerte que los homosexuales cristianos ni siquiera se atrevían a hablar del asunto. Con los años me di cuenta que la respuesta iba por el segundo lado o tercer lado.

La iglesia es ser inmadura y no puede aceptar a homosexuales “convertidos”, podían decir algunos, pero la propia teología armada de unos cuantos versículos bíblicos, algunos muy antiguos y de etapas que rayan con la mitología, es endeble y sumamente ofensiva; por eso algunos, toman de manera cuidadosa los textos para su interpretación, y encuentran otros significados, incluso distintos a los de los teólogos homosexuales. Otros cristianos refuerzan su postura en lo que escribió el apóstol Pablo y desde allí tienen argumentos para rechazar a los homosexuales de manera radical. Concluyen que son depravados y llenos de pecado. Por ello el afán por curarlos y los risibles métodos que a veces se utilizan en ciertos entornos. Hay testimonios que en internet se pueden leer con facilidad, pero siempre dan la impresión de que son excepciones y no reglas. Es curioso, pero normalmente los que conocen de manera cercana a un homosexual son menos radicales en sus conclusiones que aquellos cristianos que nunca han tratado cercanamente a uno.

Esa actitud ofensiva siempre me pareció extraña. La agresividad no es una virtud cristiana, pero en realidad así es como se han dado las cosas. Con cierta base bíblica y una particular interpretación han apartado con saña a personas que igual son creación e imagen de Dios, marginándolas a la miseria espiritual. Algunos de ellos tienen deseos serios de conocer a Dios, pero hay pocas oportunidades de hacer comunidad con la iglesia de Cristo si las puertas se cierran en sus narices.

¿Qué aproximación bíblica es la correcta? Si somos sinceros y honestos, debemos decir que no hay respuesta sencilla. En una página no pretendo dar una solución. No se puede. Ante esta complejidad, queda siempre privilegiar los dichos de Cristo para podremos encontrar luces, a manera de clave hermenéutica. Y lo que se nos enseña, con insistencia, con prioridad en los evangelios, es la ley del prójimo. La parábola del buen samaritano es tan gráfica que no queda dudas de quién es el prójimo, y con eso en mente, deberemos reconocer la posición de un homosexual. Por lo tanto, antes de acercarnos a la casuística desde el punto de vista teológico-condenatorio, hay un punto de partida que Jesucristo nos enseñó: debemos aproximarnos pensando que ellos son nuestro prójimo. Con eso en mente podemos teologizar e, inclusive, hacer la pastoral. Inclusive si nuestra conclusión es condenatoria desde el lado de la práctica, la misericordia vencerá al espíritu de las cruzadas que a veces nos invade.

12 comentarios:

eclesiastes dijo...

amén.

hay una tendencia en los seres humanos a encuadrarse en grupos, y a colocar a otros como "los otros".
judíos y samaritanos creían en su deber de despreciar a "los otros"; y eso por ser los de verdad, los que hacían lo que dios quiere.

no es facil tomarse a lo serio lo de que tu projimo es el samaritano o el maricón. cuando se llega a estos mensajes evangelicos se tiende a tomarlos como elementos decorativos, no para tomarlos al pie de la letra.

reconfortante leerte, hermano.

Carlos "El Samurái" González dijo...

Yo tengo amigos homosexuales. Los quiero mucho, son grandes personas; inteligentes, amables, uno de ellos prodigiosamente culto y muy cuidadoso y cariñoso con mi hija. Mi esposa y yo los amamos mucho. Uno de ellos es cristiano desde los mismos días que yo. En ese entonces teníamos 16, hoy 40 años. Desde luego, la iglesia lo rechaza y aunque no estoy de acuerdo con ellos, los amo y moriré si es necesario para defender su integridad, sus derechos y la libertad que tienen para decidir, bien o mal, lo que quieren hacer. Si quieren dejar la homosexualidad, también nos tendrán cerca para ayudarles.

No haré el trabajo del Espíritu Santo, pero tampoco les negaré mi amistad y mi corazón, pues Dios no me negó el suyo a pesar de ser un miserable pecador.

Carlos "El Samurái" González dijo...

Chispas, corté el mensaje ante de decirte que me encantó tu escrito y lo estaré recomendando Abel. Gracias a Dios por personas sensatas como tú que leen la biblia y la usan como se debe, con el énfasis en lo que hay que enfatizar. Bendiciones!

Abel García García dijo...

Qué difícil, Eclesiastés, es el mensaje de Cristo sobre el prójimo. A mí se me olvida todo el tiempo, pero hay que insistir e insistir. Es, como mencionas, algo para hacer al pie de la letra.

Un saludo,

Abel García García dijo...

Yo he visto, Samurai, que los cristianos que jamás han tradado a un homosexual tienen en sus manos las antorchas de Torquemada y las espadas de los cruzados. Son los defensores de la pureza. En cambio, los que los han tratado, tienen otra actitud. Pueden estar no de acuerdo con lo que hacen, pero no tienen miedo a amarlos, respetarlos y aceptarlos. Dan ganas de decirles: "Oigan, conózcanlos, y luego hablamos". En realidad, eso es lo que deberían hacer, ¿no?

Me alegra que te haya gustado el texto y es un halago que lo recomiendes.

Un abrazo para ti.

Simón dijo...

Los homosexuales son hijos de Dios, como lo eres tú y como lo soy yo, tienen todo el derecho a existir y vivir como vives tú y como vivo yo. De modo que debemos tolerar su existencia, incluso debemos amarlos como nuestros prójimos.
Lo que sí no estaría bien tolerar es el mal comportamiento, la aberración, la vida inmoral y pecaminosa que muchos homosexuales llevan, del mismo modo que muchos heterosexuales llevan. De modo, que hay una gran diferencia entre tener tolerancia y ser tolerante.
Por lo demás creo que en todas, absolutamente en todas las religiones, han existido, existen y existirán homosexuales; algunas toleran su existencia y otras hipócritamente dicen tolerar su existencia, pero no hacen nada por estos hermanos.
Por lo menos en mi Iglesia existen programas para rehabilitar a los miembros homosexuales y a los que no son miembros.

Anónimo dijo...

Es cierto, toda la compasión para un homosexual, seguro Jesús también hubiera impedido que apedréen a alguno y lo despediría diciendo "vete y no peques más". El grave problema que enfrentamos los cristianos, es contra toda la anti-cultura gay, que quiere empujar a la sociedad a pasar por alto la agresiva apología a su estilo de vida, eso es poner tropiezo a los pequeñuelos, que dificil es esto, pues el pecado particular de alguien será confrontado por ese álguien y Dios, pero ¿la apología?

Abel García García dijo...

Simón:

Estoy de acuerdo contigo. El cristiano debe ser estricto respecto al rechazo de la inmoralidad. No debe aceptarla en su propia vida, pero sin olvidar la misericordia. Las iglesias, lamentablemente, juzgan apriori, y eso no es correcto. Si las cosas fueran así, no hubiera textos como el de la mujer adúltera o Jesús y Zaqueo, donde Jesús no evitó el contacto con pecadores abiertos. Y eso falta: la regla hoy es evitar a quienes consideramos pecadores, cuando no debe ser así. Que bien que tu iglesia considere programas para homosexuales. La gran mayoría de congregaciones evade olímpicamente el tema.

Un saludo,

Abel García García dijo...

Anónimo:

Esa es otra discusión, pero es sumamente relevante. Yo, en lo particular, pienso que cada persona tiene el derecho de llevar el estilo de vida que crea conveniente, asumiendo las consecuencias, y respetando a los demás. En otras palabras, creo que los homosexuales son libres de hacer lo que quieran con sus vidas, mientras respeten otros estilos de vida, como el cristiano evangélico, el católico u otros. Eso de imponer agendas y respetos... no sé, no me cuadra demasiado. Pero es algo que debemos discutir.

Un saludo. Gracias por comentar.

Sétimo WIIIM dijo...

Bendiciones a los lectores de este blog.
Hola Abel, es un tema importante el que tratas en este post, pero se advierte siempre tu resentimiento con la iglesia. De verdad, no se cual sea la realidad de la iglesia cristiana en el Perú, pero por estos lares, toda práctica pecaminosa es condenada, y a todo pecador se le abren las puertas de la iglesia. Pero entiendo que la presión de una sociedad moralista es fuerte sobre los homosexuales y lesbianas, y tal parece que su pasado les averguenza más que lo que parece avergonzarle el suyo a los adúlteros, ladrones, drogadictos etc. Por tanto, creo que el tema mas objetivamente tratado ha de considerar no solo la posible actitud negativa de la iglesia (solo lo cual haces tu) sino que ha de tratar la actitud de la propia persona que padece la condición de homosexualidad a si como otras aristas del asunto.

Abel García García dijo...

Sétimo:

Yo no tengo resentimiento hacia la iglesia, pero sí tengo una postura crítica hacia ella. Es evidente en mis escritos. En el caso particular de la homosexualidad, tengo múltiples referencias de maltratos y marginación de la iglesia hacia los homosexuales, en Perú y Latinoamérica. Me parece excelente que en tu iglesia la cosa sea distinta. No es muy frecuente, la verdad.

Estoy de acuerdo también sobre lo que dices: también es importante ver la actitud de la persona homosexual a la hora de aproximarse a la iglesia, pero mi enfoque ha sido por el lado de la iglesia, algo en que -a mi entender- se ha estado fallando clamorosamente.

Un saludo,

Michael Ayala Alva dijo...

Hola Abel:

Interesantísimo artículo y muy bien logrado. Me gustó mucho.

Saludos