miércoles, 14 de abril de 2010

Dejados atrás (7)

Si hago una descripción ABSOLUTAMENTE PERSONAL (pongo las mayúsculas para enfatizar esto) el nuevo pastor de jóvenes estaba ad-portas de los cuarenta años. Fue pastor de una iglesia de clase media de Lima, de otra en la segunda ciudad del Perú, más los años en su iglesia originaria de una pequeña ciudad a dos horas de Lima. Es decir, es provinciano, con toda la carga discriminatoria que esto supone. Creo que no estoy alejado de la realidad si infiero que creció en un ambiente con reglas estrictas y rígidas, tanto en casa como en la iglesia. Eso suele ser habitual en esa clase de contextos.

Una de las maneras mediante la cual creo que trató de validar su personalidad fue con la intelectualización, lo que lo motivó a ir a la universidad de su pequeña ciudad, al seminario, hizo que estudie una maestría en ciencias de la religión en una facultad vinculada a la denominación, y luego entre a estudiar filosofía en una de las principales universidades de Lima, aunque sin mucho éxito en el sentido que todo ese bagaje educacional no le dio la capacidad de armar un pensamiento estructurado, por lo que no entiende ni bosqueja con precisión ordenaciones complejas de ideas, reflejado esto en prédicas demasiado desordenadas, sin mucha coherencia, todo ello quizá causado por su endeble educación escolar. Con todo, eso fue suficiente para las iglesias en donde trabajó inicialmente, donde los feligreses son impactados con facilidad. Esto potenció tremendamente un narcisismo que lo llegó a desbordar, haciéndolo pensar sinceramente que es mejor que el resto de las personas, el dueño de la verdad, y por sus estudios llega a creer que sabe más, por lo que es natural que espere que los aconsejados hagan todo lo que él les dijera, como si fuera la palabra revelada, llegada directamente del trono de Dios. Vale la pena mencionar que esta actitud no es exclusiva de este nuevo siervo, sino que está ―lamentablemente― extendida en el gremio clerical como si fuera un virus que le saca la lengua a las vacunas más poderosas.

El ambiente eclesial en donde vivió lo llevó a concluir que esa verdad absoluta que creía tener debía ser aceptada por los demás, pagando, seguro con cierta frecuencia, altos precios por imponerla. Se le hizo imperioso escuchar un “tiene toda la razón, pastor”. Si no lo oía, podría, inclusive, llegar a utilizar procedimientos no aceptados, no éticos, con el fin de torcer la pata de la oveja obstinada. La admiración de la gente y la seguridad de tener siempre la razón le generó, en algún momento de su ministerio, una enorme dificultad para reconocer errores, llegando a jurar ante Dios ―de ser necesario― con el fin de sustentar sus palabras y decisiones. Era soltero (continúa siéndolo), una gran tara considerando la inmisericorde y tremenda presión social fuera y dentro de la iglesia, y las injustas limitaciones dentro de la carrera pastoral (es difícil que un pastor soltero llegue a ser titular de una iglesia), lo que seguro le generó una frustración muy fuerte, que limita mucho su labor consejera en especial a la hora de atender casos de parejas, aunque por su tendencia a la intelectualización y su narcisismo no se dio cuenta de ello. Tiempo después descubrimos su potente inflexibilidad, una cierta incapacidad de separar sus conflictos personales, sus luchas y miedos de su trabajo diario, y una facilidad a dejarse llevar por sus emociones, vez tras vez tras vez.

Venir a la iglesia en la que estaba yo era el gran éxito para él, ya que era una especie de culminación del proceso de “conquista de la capital” que muchos migrantes asumen como objetivo: él sería pastor de la clase media-alta de Lima. Lamentablemente, subestimó totalmente el choque cultural, asumiéndolo simple, creyendo que el escueto hecho de anunciar su título sería suficiente. Rápidamente se dio cuenta que no entendía a la gente, sin comprender porqué algunas personas no lo miraban bien, o porque otras simplemente no deseaban su amistad, cuando en otras congregaciones él era la figura estelar y la gente mataba por su atención, por una hora de su tiempo. Sus inseguridades rápidamente salieron a flote, porque tanto el pastor titular y el pastor asistente eran más preparados que él, mucho más inteligentes y con mucho más conocimiento, lo que lo impacta. Él llega a percibir esto, pero lo niega permanentemente en su inconsciente porque implicaría deshacer el icono que, sobre sí mismo, construyó por años. El ataque directo a esta autoimagen lo lleva a desconcertarse tremendamente, generando inconvenientes serios con mucha gente. Para reducir la brecha entre otros pastores y él, entra a una maestría en filosofía, aunque fue un intento fallido porque el diferencial se redujo apenas. Aunque no lo reconociera, llegar a mi congregación demostró que su narcisismo era vacío y sin sustento, que sólo respondía a las inseguridades que venían, probablemente, del pasado. El suelo se le había convertido en amarga gelatina.

Estoy convencido que él arribó con buenas intenciones y el corazón dispuesto a amar a todos los jóvenes de esta nueva iglesia tan distinta a las otras que le había tocado pastorear. Venía con una expectativa sobre el trato que nosotros debíamos darle: un trato sumiso, respetuoso, sometido. Llegaba con la intención de transformar al grupo de jóvenes para hacerlo a su medida, como él quería, con la venia del pastor titular. Debido al fracaso del 2000, este pastor nuevo no debía fallar, y tenía autorización para hacer lo que fuera necesario, inclusive el retiro de líderes poco favorables a los vientos de cambio. No aterrizó con la intención de adaptarse y ceder; nunca pretendió aprender de nosotros. Nuevamente nos vimos en un escenario de profecía autocumplida: una nueva crisis era inevitable. Su objetivo era terminar con la nociva libertad que el pastor asistente impuso y poner todo en orden. Por ello, con demasiada rapidez empezó a tener problemas con la mayoría de jóvenes de la iglesia en su afán de exterminio de la libertad más su porfiada actitud de saberlo todo y tener la última palabra. Cada persona podría dar sus propias razones, pero en mi caso particular creo que hubo tres cuestiones importantes que generaron potentes anticuerpos que condicionaron nuestra relación; no los únicos, pero sí los que más recuerdo ahora.

4 comentarios:

sandrata dijo...

Hola Abel, siempre es grato leerte. Gracias en esta oportunidad por el ejercicio de exteriorizar, con la vista atrás, el fin de esta etapa.

Me parece increible ver tu punto de vista, y recordar el mío de todas estas cosas. Mi historia fue sólo de menos de 3 años, de finales 99 al principios de 2002, pero desde otro punto totalmente distinto. Me acuerdo que cuando viniste a Madrid, en el 2007, 2008? había cosas que no entendía de ese famoso GR (Grupo de Rebeldes) jajajaja... Y ahora lo veo con bastante más claridad. Definitvamente lo que dices del pastor titular, y el nuevo pastor de jóvenes, es para mí desconocido, pero igualmente me resulta chocante algunos adjetivos y descripciones.

He leído los (7) Dejados atrás seguidos, siempre con ganas de comentar algo, pero preferí llegar hasta este último para comentar.

Dos de mis más gratas experiencias a nivel espiritual tienen que ver contigo. La primera fue de Franccesca y yo orando todos los días a las 5 de la tarde en su casa, a partir que nos enteramos que tú y esos dos amigos más lo hacían a las 6 de la mañana. Creo que estuvimos el vernao del 2002 entero, antes que me viniera a Madrid. Y la otra eran tus clases de ... (no me acuerdo como se llaman), eran de la vida de Jeús. Realmente motivantes para mí, que debo confesar nunca he tenido una sed tan fuerte como la tuya.

Así que espero que la nueva etapa sea mejor que la anterior, en todos los sentidos, y sigas dando ejemplo de esa busqueda incesante de conocimiento.

un abrazo.
Sandra T.

Abel García García dijo...

Sandra:

La primera vez que estuve en Madrid fue en noviembre de 2006, en ebullición plena del llamado "GDR", sobre la que espero contar un poco más en una entrega posterior. Es soprendente el accionar de las personas cuando se sienten seguras y amenazadas, en todas las instancias, cuando lo que prima sobre todas las cosas es el espíritu de supervivencia. En ese análisis yo me incluyo, por supuesto. Lamentablemente uno a veces pierde la perspectiva celestial de las cosas, centrándose en cosas que a la larga no tienen importancia. Nos olvidamos que lo que realmente importa es construir el reino de Dios.

Gracias por tus palabras. Uno a veces pasa por el servicio en la iglesia sin saber si lo hecho fue útil o no, si todo ayudó a alguien o no; saber que al menos para ti fue importante, reconforta y me ayuda a entender que a pesar de todos los conflictos y situaciones que se dieron, Dios estaba entre nosotros, mostrando su rostro más cordial, amoroso.

La etapa nueva es mejor que la anterior, definitivamente, donde la visión se ha abierto, la libertad es real pero donde igual queda todo un mundo por descubrir. Este texto es una especie de despedida de lo que ya pasó, recodando los eventos tristes con el fin de encontrarles el sentido a las cosas, tratar de encontrar las huellas de Dios tras el huracán que nos remeció a tantos.

Un abrazo a la distancia. Gracias por tu comentario, y espero que nos podamos ver pronto. Un abrazo también para Jesús.

Abel.

Borrego Lanudo dijo...

Ola, amigo Abel!
Tengo leído tus comentarios sobre tu experiencia cristiana en su iglesia y me quedé sorprendido, porque descubri que es también muy bueno escriptor. Creo que deberias investir en esta carrera.
Un saludo a todos peruanos.

Abel García García dijo...

Me han dicho que debería escribir más, pero por ahora es este blog el que es que recoge una parte de mi afán por las letras, y una revista teológica, donde está el resto del afán. Ya veremos cómo van las cosas en el futuro.

Muito obrigado pelos comentários.

Até logo,