martes, 13 de abril de 2010

Dejados atrás (6)

El año del cuy

Seguramente el pastor titular estuvo en la búsqueda de un pastor de jóvenes por meses. Una iglesia que pretendía convertirse en una de las referencias de la denominación en Lima o, inclusive, de toda la minoría evangélica peruana, no podía darse el lujo de no tenerlo. Sin embargo, la pesquisa no era fácil, y eso tiene que ver en especial con la idiosincracia de la congregación.

No es vano que la Biblia diga que es “más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos” (Mt. 19:24; Mc. 10:25; Lc 18:25). Una iglesia mayoritariamente de clase media-alta es muy distinta a las demás. En la congregación a la que asistía, por ejemplo, la mayoría de la gente fue a colegios de primer nivel de Lima, a las mejores universidades del Perú e, inclusive, varios estudiaron en el exterior. Conocen otros idiomas, han viajado a varios países del mundo, algunos tienen una nacionalidad adicional, el común tiene una activa vida social, pudiendo ―por ejemplo― tener casa de playa o alquilar una por varias semanas en el verano. La gente no se trata de “hermano” o “hermana”, sino que todos se llaman por su nombre, inclusive con los pastores. No existe una vestimenta formal; las mujeres se visten como cualquier chica normal de la calle, sin faldas largas, pelos largos o ausencia de maquillajes. La jerga evangélica se manifiesta tímidamente. Algunos son empresarios exitosos o funcionarios de compañías importantes, habituados al liderazgo de equipos. Si existiera un indicador de “dependencia de las opiniones pastorales”, el resultado sería abrumadoramente por debajo del promedio, y no existen cuestiones delirantes como pedirle autorización al pastor para comenzar una relación de pareja. La gente es independiente, más abierta, pero menos comprometida, “light” en cierta terminología. Las bodas pueden tener una gran fiesta con mucha comida, música y trago. La gente es exigente con el servicio pastoral, poco acogedora con los individuos nuevos, con tendencia a los grupos cerrados.

Ya escribí que fui un extranjero en la iglesia cuando llegué en 1992 ―quedaba a dos cuadras de mi casa, razón principal por la que comencé a asistir allá― porque yo no pertenecía a esa clase social. Estudiaba en un colegio público de la zona, vivía sin lujos, con ropa reciclada e incertidumbre sobre lo que sucedería el día siguiente económicamente hablando. Me costó tiempo acostumbrarme, liberarme de mis taras, pero finalmente lo logré. Cediendo, las puertas se abrieron de inmediato, convirtiéndose la iglesia en una comunidad real. Siempre la adaptación, a la manera de los misioneros, requiere sacrificios y padecimientos. Exige cambiar nuestra mente por amor al otro. Lo hice y los buenos tiempos se abrieron para mí.

Casi todos los pastores de la denominación vienen de un trasfondo de clase media para abajo, con una educación restringida a la teológica, con enormes prejuicios hacia las iglesias de la gente pudiente que se transmiten debido a las profundas divisiones sociales que aún existen en el Perú. Realmente son mundos muy distintos, con formas de pensar muy diferentes, con mutuas exclusiones. Si se buscaba a un pastor que venga de un entorno de clase media alta para arriba no se le encontraría porque la iglesia ya tenía a los únicos disponibles. No había otros en la denominación. Por esa razón, se tuvo que escoger entre la oferta existente, buscando minimizar el impacto. Yo ignoro completamente los criterios del proceso de selección del nuevo pastor de jóvenes, pero lo evidente era que se buscó a alguien con experiencia y con una actitud sumisa a las directivas del pastor titular, que tiene un temperamento sumamente dominante e impositivo.

8 comentarios:

Anyul Rivas dijo...

¿qué dice el pastor titular de la iglesia de esta crónica que escribes, Abel? ¿tienen conocimiento de tu blog?

Abel García García dijo...

Sí, conoce del blog; incluso, creo que durante un tiempo lo leía asiduamente. ¿Lo revisa ahora? La verdad, no lo sé. ¿Qué va a decir? Definitivamente no le gustará nada.

Anyul Rivas dijo...

ah, pero definitivamente tú has corrido con mejor suete que yo.

Seguimos acá. Gracias por compartir todo esto.

Abel García García dijo...

Lo más serio que sucedió es que predicaban de mí (y de nuestra comunidad independiente) con frecuencia... pero fue sólo por unos meses, y luego todo se tranquilizó.

romulo quispe tuco dijo...

tucotk@gmail.com

congratulaciones:
la descripción es fabulosa
La iglesia de hoy pierde su esencia
unos prefieren sus apostoles
otros sus profetas
otros sus pastores
otros iician un tour sin paradero
pasan de una iglesia a otra
la migración y acomodamiento es parte de la vida eclesiástica

¿que iglesia tendremos en el 2012?

Abel García García dijo...

Tendremos la iglesia que querramos construir. Todo depende de nosotros.

Un saludo,

Anónimo dijo...

Mi estimado Abel, sin referirme a este post...el contraste al final de tu blog es humano, solo eso.

Abel García García dijo...

La humanidad de la iglesia es algo que debemos reconocer. Jamás será perfecta, siempre estará repleta de falencias, pero no debe perderse el don profético, el amor por la gente, y la conciencia de ser parte del reino de Dios. Si olvidamos eso, estamos muertos.

Un saludo,