lunes, 10 de diciembre de 2007

Hacia la tierra prometida (con escalas)

Los teólogos de la liberación han tomado al éxodo como evento fundamental dentro de su marco teórico de referencia. No es una idea descabellada ya que es uno de los grandes eventos bíblicos y punto de paso obligado para cualquier persona que quiera estudiar la Biblia con seriedad. ¿Cómo enfrentarnos al éxodo como hecho histórico utilizado por Dios y puesto por Él como hito en su día-a-día con la humanidad? Si se piensa en el éxodo es necesario, a mi entender, ir por lo obvio y partir desde el pueblo sufriente, silencioso al inicio, y clamoroso tras unas cuantas décadas (?) (Ex. 2:23). Este pueblo fue víctima de la opresión abusiva de Egipto a niveles de esclavitud (Ex. 1:14), situación desesperada que lo llevó a clamar a Dios por ayuda. Llama la atención la demora en su petición de socorro, lo que inmediatamente nos hace preguntar ¿Por qué tardaron tanto en clamar a Dios? No se sabe con certeza, pero lo que sí es conocido es que Dios les respondió enviándoles lo que necesitaban: un libertador con cobertura divina…

… que los liberó del yugo. ¿Todo bien desde ahora? No, porque ahora el problema fue la actitud del pueblo tras el éxodo de Egipto, es decir, tenían la libertad ansiada pero no les era suficiente por las carencias materiales: hambre, sed, calor, monotonía en los alimentos, enemigos, incertidumbre. ¡Preferían volver a Egipto con las cabezas genuflexas! ¿Por qué preferir la servidumbre a la libertad? Pienso, como otros, que el pueblo extrañaba la seguridad de la esclavitud en contraste con la poca certeza de la travesía en el desierto. Es un pueblo totalmente humano. ¿O es que eran superhombres? ¿Cuántas veces nosotros hemos sido igual a ellos? Yo lo soy con frecuencia.

El faraón es otro de los actores del drama egipcio. Obcecado, preso de su propia opinión, pensaba económiamente al no querer perder su valiosa mano de obra. Miles de esclavos no se podían conseguir de la noche a la mañana. Dios intenta varias veces dialogar con el soberano sin éxito. En el ínterin Faraón agrava la opresión del pueblo (Ex. 5:9) “para que no atiendan a palabras mentirosas”, es decir, ¡para que no piensen! Es la típica imagen del opresor –han pasado más de tres milenios y hay cosas que no han cambiado nada- la que nos muestra el relato bíblico, y lo peor del asunto es que por su actitud todo el pueblo de Egipto se vio afectado (por las plagas y la entrega de sus bienes de valor). Si estás en el poder, tu pueblo sufre por tus decisiones. Es este un mensaje vivo a los gobernantes de las naciones actuales que con frecuencia no piensan en el pueblo a la hora de disponer. Se van, destruyendo el país, ¡y luego quieren volver a gobernar! (a veces retornan, como Alan García. O lo intentan, como Fujimori o Menem)

Dios también está presente (vale la pena recordar el papel de Dios porque a veces se nos olvida). Su actuar en el Éxodo delimita una imagen que ha mutado desde el Dios personal, íntimo, de clan -que se deja ganar por un hombre-, del tiempo patriarcal, al Dios poderoso que reta al poder imperial con las plagas. Eso nos ayuda a entender algo: Dios tiene mil caras, se adapta a nuestras circunstancias, a nuestra vida, a nuestro andar paso a paso. Camina con la historia y según esta se vaya evolucionando Dios se manifiesta, cambia de rostro, enfatiza ciertas cosas de su ser Absoluto; en otro momento gira, muestra otro ángulo que aparentemente es contradictorio con el anterior pero que no es así. Es, desde nuestros ojos, un Dios variable (porque siempre observamos algo diferente de Él), pero desde su punto de vista, un Dios demasiado grande para nuestra comprensión que va resaltando aspectos diversos de Él según el ser humano, conciente o inconcientemente, lo requiera.

Moisés fue profundamente sensible a las necesidades de sus compatriotas aunque su impulsividad quiso solucionar el problema de inmediato, asesinando a un egipcio (Ex. 2:11-15), viendose obligado a escapar del país. Pasó 40 años en el desierto, donde ni siquiera pudo juntar su propio hato de ovejas ya que seguía pastando el ganado de su suegro, tras los cuales Dios lo llama a la misión de su vida. Se niega con diversas excusas: desconocimiento de él mismo, desconocimiento teológico, incapacidad, renuncia, pero al final va a Egipto, casi a regañadientes. Qué diferentes son los criterios de Dios a la hora de elegir un líder (en contraste con los parámetros del mundo o de muchas iglesias de la actualidad). Pero, a pesar de su gran obra, al final él no entra a la tierra prometida. ¿Por qué? La solución simplista –aunque cierta- es por su pecado tras el incidente en el desierto de Zin (Num. 20:1-13). Pero si vamos un poco más allá, podemos afirmar que Moisés no entró porque no le correspondía. Dios es el Señor de la historia, y cumple sus promesas o sus propósitos por encima de personas, naciones, creencias o teologías. A veces nos creemos dueños de la obra de Dios, nos autoimponemos el papel de voceros oficiales de Dios, nos creemos indispensables, pero nos olvidamos que sólo somos vasijas y que el que dispone finalmente es Dios.

Es en el éxodo donde se establecen los fundamentos de la religión de los hebreos con la Alianza como un basamento importante. Lo particular de las alianzas en esos tiempos es que se establecía una relación comprometida siervo-amo tal como estaba en el modelo hitita de los pactos. Un detalle de la alianza es la elección: Dios escoge a un pueblo para sí, no por sus virtudes sino porque así quiso, no porque fueren especiales (eran esclavos en Egipto) sino porque su Voluntad así lo decidió. No por las virtudes, no por los atributos. ¿Comprendemos la profundidad del concepto? ¿Por qué enfatizar en la elección y en la Alianza? Porque para los judíos eran elementos claves de su identidad, elementos que nunca perdieron en la historia. Si ellos son pueblo de Dios, lo son por la alianza con Dios que se hizo nueva en Cristo cientos de años después.

La historia es mucho más compleja de lo que dicen los libros. Muchos cristianos de hoy tenemos la tendencia a literalizar lo que dice la Biblia y a creer tal cual dice el texto sin hacer un sano proceso de interpretación. Nos olvidamos que la Biblia se escribió en un determinado contexto y con particulares intensiones, muy distintas en cada uno de sus libros. Dado esto, pienso que la idea, en el desierto, es declarar la profunda humanidad del pueblo con sus idas y venidas, la de Moisés como caudillo, la visión de Dios que protege y provee pero que también castiga la infidelidad; ya en la ocupación, se denotan los múltiples elementos variopintos en esta etapa formativa del pueblo hebreo: los muchos pueblos que contribuyeron a su evolución (abundantes elementos fueron prestados de otras naciones para su culto, el propio “mestizaje racial”), una ocupación lenta y tediosa -sin mucha épica- de la tierra prometida. Repito el mensaje: LA HISTORIA ES MAS COMPLEJA DE LO QUE APARENTA. Es algo que nunca debemos olvidar.

Si hacemos un salto temporal hasta el tiempo intermedio de la monarquía, veremos a un pueblo que basaba su estabilidad en la Alianza, en la elección de Dios, en la capital del país y en el templo de Jerusalén. En otras palabras, la nación creía que jamás les pasaría nada porque Dios está en el templo, son EL pueblo de Dios y nadie es capaz de destruir SU casa. La base de su fe era simplemente asuntos externos y no internos: la ética en tiempos monárquicos estaba bastante deteriorada. Estaban seguros, cómodos, pero todo se vino abajo con el exilio. ¡Destruyeron al pueblo de Dios! ¡Destruyeron el templo! ¡Ya no hay Jerusalén! Se eliminó toda la base de la fe y la estructura de la nación. La elite dirigente se fue a Babilonia y el pueblo, sin líderes, se quedó en Palestina. Surgieron preguntas incómodas porque el Dios de la liberación de Egipto los llevó a una nueva cautividad ¿Cómo responder a esta crisis? ¿Qué hacer? La amenaza sincrética, la influencia de otras culturas, y la actualización del mensaje se hicieron relevantes. Tras el exilio, el pueblo perdió la esperanza pues toda la magnificencia del Deuteroisaías sobre la victoria absoluta del pueblo de Dios no se cumplió. Sin embargo, el mensaje siempre se adaptó a las nuevas circunstancias (en este caso, por Hageo, Zacarías, Esdras y Nehemías).

Doy otro salto temporal y llego hasta Jesús. La visión cristológica la coloco dentro de su contexto de evangelio (buenas noticias) que debe ser proclamado (kerigma) y testificado (martirio). Es un mensaje que nos convierte al encontrarnos con Cristo (transmisor del mensaje que al mismo tiempo es el mensaje) y que nos libera, trayendo una perspectiva más amplia de ver el mundo. Cristo reinterpreta a la Torah, colocándola más rígida en la ética y más relajada en lo cultual, basándola totalmente en el amor y en una visión escatológica. Su libertad se sustenta en la cruz que todos debemos llevar, es decir, una libertad basada en el servicio, el sacrificio y no en el libertinaje.

Con todo el compendio anterior, ¿Puede armarse una teología bíblica del éxodo? Creo que sí. Elementos que estarían dentro de ella son:

a) Dios es un Dios de la historia, que camina con ella y en ella, paso a paso a nuestro lado.

b) Dios, como tal, muestra múltiples caras, como a los patriarcas (Dios personal, de clan), en el éxodo (Dios poderoso), la monarquía (Dios nacional), el exilio (Dios universal y único), o el Nuevo Testamento (Dios con nosotros). ¿Cuál es el rostro que tiene hoy con nosotros?

c) Dios siempre quiere liberar, tanto de la opresion economica y social (Egipto), del pecado (como dice el mensaje de Cristo), de la tristeza del desarraigo (Exilio). Es parte de un proceso que no termina nunca. Es una libertad múltiple y no exclusiva de sólo una de sus partes (resaltando una en detrimento de las otras). Hay que proclamar libertad, sí, pero completa. Hay que proclamar la libertad, sí, pero sin imposiciones ideológicas, ni de derecha ni de izquierda. Eso es inconcebible.

d) Dios quiere que siempre observemos sus múltiples caras y nos llama a ser partícipes de la reinterpretación de su mensaje según el contexto histórico: la ley de Moisés, la identidad de la monarquía, la crisis del exilio (y el nuevo fundamento del judaísmo sin templo y sin Jerusalén), el mensaje cristológico. Dios está en la historia, la historia fluye y el mensaje, siempre, según nuestro contexto, debe actualizarse.

e) Dios comprende nuestra humanidad, sabe que no somos perfectos y así nos ama: quejosos como el pueblo en el desierto, perdidos como en Babilonia, desanimados como cuando volvieron a Palestina, con la vision en otra parte como Pedro en la trasnfiguración, con mi dejadez cuando quiero orar un rato.

f) Cristo nos llama a una liberación basada en el amor a Dios y al prójimo, en una ética estricta, en tomar la cruz y en basar la libertad no como libertinaje, sino como servicio, sacrificio, entrega, humildad. Es esta la base de la verdadera liberación.

g) El mensaje liberador de Cristo no es pasivo sino que nos llama a la acción porque su visión está en la esperanza escatológica que nos llama a actuar hoy, en un ya (porque Cristo está aquí) pero todavía no (porque todo no ha llegado a su pleno cumplimiento).


Referencias

BRIGHT, JOHN. “La historia de Israel”. Edición revisada y aumentada con introducción y apéndice de William P. Brown. Bilbao: Editorial Desclee de Brouwer, 2003.

GUTIERREZ, GUSTAVO. “Teología de la liberación: Perspectivas”. 11va edición. Lima: CEP, 2005.

SICRE, JOSÉ LUIS. “Introducción al Antiguo Testamento”. 9na edición. Estella-Navarra: Editorial Verbo Divino, 2005.

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