miércoles, 1 de febrero de 2006

"El Exodo no existió", afirma el arqueólogo Israel Finkelstein (*)

Por Luisa Corradini
Para LA NACION

TEL AVIV.– Israel Finkelstein es un hombre de suerte: aunque sus trabajos de arqueología cuestionan el origen divino de los primeros libros del Antiguo Testamento, judíos y católicos acogen sus hipótesis con auténtico interés y, curiosamente, no lo estigmatizan.

Este enfant terrible de la ciencia revolucionó la nueva arqueología bíblica cuando afirmó que la saga histórica relatada en los cinco libros que conforman el Pentateuco de los cristianos y la Torá de los judíos no responde a ninguna revelación divina. Dijo que, por el contrario, esa gesta es un brillante producto de la imaginación humana y que muchos de sus episodios nunca existieron.

El Pentateuco “es una genial reconstrucción literaria y política de la génesis del pueblo judío, realizada 1500 años después de lo que siempre creímos”, sostiene Finkelstein, de 57 años, director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv.

Añade que esos textos bíblicos son una compilación iniciada durante la monarquía de Josías, rey de Judá, en el siglo VII a.C. En aquel momento, ese reino israelita del Sur comenzó a surgir como potencia regional, en una época en la cual Israel (reino israelita del Norte) había caído bajo control del imperio asirio.

El principal objetivo de esa obra era crear una nación unificada, que pudiera cimentarse en una nueva religión. El proyecto, que marcó el nacimiento de la idea monoteísta, era constituir un solo pueblo judío, guiado por un solo Dios, gobernado por un solo rey, con una sola capital, Jerusalén, y un solo templo, el de Salomón. En sus trabajos, que han marcado a generaciones de la nueva escuela de la arqueología bíblica, Finkelstein establece una coherencia entre los cinco libros del Pentateuco: el Génesis, el Exodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio. Los siglos nos han traído esos episodios que relatan la creación del hombre, la vida del patriarca Abraham y su familia -fundadores de la nación judía-, el éxodo de Egipto, la instalación en la tierra prometida y la época de los Reyes. Según Finkelstein, esos relatos fueron embellecidos para servir al proyecto del rey Josías de reconciliar a los dos reinos israelitas (Israel y Judá) e imponerse frente a los grandes imperios regionales: Asiria, Egipto y Mesopotamia. El arqueólogo recibió a LA NACION en la Universidad de Tel Aviv.

-Durante más de veinte siglos, los hombres creyeron que Dios había dictado las Escrituras a un cierto número de sabios, profetas y grandes sacerdotes israelitas.

-Así es. Para las autoridades religiosas, judías y cristianas, Moisés era el autor del Pentateuco. Según el Deuteronomio, el profeta lo escribió poco antes de su muerte, en el monte Nebo. Los libros de Josué, de los Jueces y de Samuel eran archivos sagrados, obtenidos y conservados por el profeta Samuel en el santuario de Silo, y los libros de los Reyes venían de la pluma del profeta Jeremías. Así también, David era el autor de los Salmos y Salomón, el de los Proverbios y el del Cantar de los Cantares.

-Y sin embargo?

-Desde el siglo XVII, los expertos comenzaron a preguntarse quién había escrito la Biblia. Moisés fue la primera víctima de los avances de la investigación científica, que planteó cantidad de contradicciones. ¿Cómo es posible -preguntaron los especialistas- que haya sido el autor del Pentateuco cuando el Deuteronomio, el último de los cinco libros, describe el momento y las circunstancias de su propia muerte?

-Usted afirma que el Pentateuco fue escrito en una época mucho más reciente.

-La arqueología moderna nos permite asegurar que el núcleo histórico del Pentateuco y de la historia deuteronómica fue compuesto durante el siglo VII antes de Cristo. El Pentateuco fue una creación de la monarquía tardía del reino de Judá, destinada a propagar la ideología y las necesidades de ese reino. Creo que la historia deuteronómica fue compilada, durante el reino de Josías, a fin de servir de fundamento ideológico a ambiciones políticas y reformas religiosas particulares.

-Según la Biblia, primero fue el viaje del patriarca Abraham de la Mesopotamia a Canaán. El relato bíblico abunda en informaciones cronológicas precisas.

-Es verdad. La Biblia libra una cantidad de informaciones que deberían permitir saber cuándo vivieron los patriarcas. En ese relato, la historia de los comienzos de Israel se desarrolla en secuencias bien ordenadas: los Patriarcas, el Exodo, la travesía del desierto, la conquista de Canaán, el reino de los Jueces, el establecimiento de la monarquía. Haciendo cálculos, Abraham debería de haber partido hacia Canaán unos 2100 años antes de Cristo.

-¿Y no es así?

-No. En dos siglos de investigación científica, la búsqueda de los patriarcas nunca dio resultados positivos. La supuesta migración hacia el Oeste de tribus provenientes de la Mesopotamia, con destino a Canaán, se reveló ilusoria. La arqueología ha probado que en esa época no se produjo ningún movimiento masivo de población. El texto bíblico da indicios que permiten precisar el momento de la composición final del libro de los Patriarcas. Por ejemplo, la historia de los patriarcas está llena de camellos. Sin embargo, la arqueología revela que el dromedario sólo fue domesticado cuando se acababa el segundo milenio anterior a la era cristiana y que comenzó a ser utilizado como animal de carga en Medio Oriente mucho después del año 1000 a.C. La historia de José dice que la caravana de camellos transporta "goma tragacanto, bálsamo y láudano". Esa inscripción corresponde al comercio realizado por los mercaderes árabes bajo control del imperio asirio en los siglos VIII y VII a.C. Otro hecho anacrónico es la primera aparición de los filisteos en el relato, cuando Isaac encuentra a Abimelech, rey de los filisteos. Esos filisteos -grupo migratorio proveniente del mar Egeo o de Asia Menor- se establecieron en la llanura litoral de Canaán a partir de 1200 a.C. Esos y otros detalles prueban que esos textos fueron escritos entre los siglos VIII y VII a.C.

-El heroísmo de Moisés frente a la tiranía del faraón, las diez plagas de Egipto y el éxodo masivo de israelitas hacia Canaán son algunos de los episodios más dramáticos de la Biblia. ¿También eso es leyenda?

-Según la Biblia, los descendientes del patriarca Jacob permanecieron 430 años en Egipto antes de iniciar el éxodo hacia la Tierra Prometida, guiados por Moisés, a mediados del siglo XV a.C. Otra posibilidad es que ese viaje se haya producido dos siglos después. Los textos sagrados afirman que 600.000 hebreos cruzaron el Mar Rojo y que erraron durante 40 años por el desierto antes de llegar al monte Sinaí, donde Moisés selló la alianza de su pueblo con Dios. Sin embargo, los archivos egipcios, que consignaban todos los acontecimientos administrativos del reino faraónico, no conservaron ningún rastro de una presencia judía durante más de cuatro siglos en su territorio. Tampoco existían, en esas fechas, muchos sitios mencionados en el relato. Las ciudades de Pitom y Ramsés, que habrían sido construidas por los hebreos esclavos antes de partir, no existían en el siglo XV a.C. En cuanto al Exodo, desde el punto de vista científico no resiste el análisis.

-¿Por qué?

-Porque, desde el siglo XVI a.C., Egipto había construido en toda la región una serie de fuertes militares, perfectamente administrados y equipados. Nada, desde el litoral oriental del Nilo hasta el más alejado de los pueblos de Canaán, escapaba a su control. Casi dos millones de israelitas que hubieran huido por el desierto durante 40 años tendrían que haber llamado la atención de esas tropas. Sin embargo, ni una estela de la época hace referencia a esa gente. Tampoco existieron las grandes batallas mencionadas en los textos sagrados. La orgullosa Jericó, cuyos muros se desplomaron con el sonar de las trompetas de los hebreos, era entonces un pobre caserío. Tampoco existían otros sitios célebres, como Bersheba o Edom. No había ningún rey en Edom para enfrentar a los israelitas. Esos sitios existieron, pero mucho tiempo después del Exodo, mucho después de la emergencia del reino de Judá. Ni siquiera hay rastros dejados por esa gente en su peregrinación de 40 años. Hemos sido capaces de hallar rastros de minúsculos caseríos de 40 o 50 personas. A menos que esa multitud nunca se haya detenido a dormir, comer o descansar: no existe el menor indicio de su paso por el desierto.

-En resumen, los hebreos nunca conquistaron Palestina.

-Nunca. Porque ya estaban allí. Los primeros israelitas eran pastores nómadas de Canaán que se instalaron en las regiones montañosas en el siglo XII a.C. Allí, unas 250 comunidades muy reducidas vivieron de la agricultura, aisladas unas de otras, sin administración ni organización política. Todas las excavaciones en la región exhumaron vestigios de poblados con silos para cereales, pero también de corrales rudimentarios. Esto nos lleva a pensar que esos individuos habían sido nómadas que se convirtieron en agricultores. Pero ésa fue la tercera ola de instalación sedentaria registrada en la región desde el 3500 a.C. Esos pobladores pasaban alternativamente del sedentarismo al nomadismo pastoral con mucha facilidad.

-¿Por qué?

-Ese tipo de fluctuación era muy frecuente en Medio Oriente. Los pueblos autóctonos siempre supieron operar una rápida transición de la actividad agrícola a la pastoral en función de las condiciones políticas, económicas o climáticas. En este caso, en épocas de nomadismo, esos grupos intercambiaban la carne de sus manadas por cereales con las ricas ciudades cananeas del litoral. Pero cuando éstas eran víctimas de invasiones, crisis económicas o sequías, esos pastores se veían forzados a procurarse los granos necesarios para su subsistencia y se instalaban a cultivar en las colinas. Ese proceso es el opuesto al que relata la Biblia: la emergencia de Israel fue el resultado, no la causa, del derrumbe de la cultura cananea.

-Pero entonces, si esos primeros israelitas eran también originarios de Canaán, ¿cómo identificarlos?

-Los pueblos disponen de todo tipo de medios para afirmar su etnicidad: la lengua, la religión, la indumentaria, los ritos funerarios, los tabúes alimentarios. En este caso, la cultura material no propone ningún indicio revelador en cuanto a dialectos, ritos religiosos, formas de vestirse o de enterrar a los muertos. Hay un detalle muy interesante sobre sus costumbres alimentarias: nunca, en ningún poblado israelita, fueron exhumados huesos de cerdo. En esa época, los primeros israelitas eran el único pueblo de esa región que no comía cerdo.

-¿Cuál es la razón?

-No lo sabemos. Quizá los protoisraelitas dejaron de comer cerdo porque sus adversarios lo hacían en profusión y ellos querían ser diferentes. El monoteísmo, los relatos del Exodo y la alianza establecida por los hebreos con Dios hicieron su aparición mucho más tarde en la historia, 500 años después. Cuando los judíos actuales observan esa prohibición, no hacen más que perpetuar la práctica más antigua de la cultura de su pueblo verificada por la arqueología.

-En el siglo X a.C. las tribus de Israel formaron una monarquía unificada -el reino de Judá- bajo la égida del rey David. David y su hijo, Salomón, servirán de modelo a las monarquías de Occidente. ¿Tampoco ellos fueron lo que siempre se creyó?

-Tampoco en este caso la arqueología ha sido capaz de encontrar pruebas del imperio que nos legó la Biblia: ni en los archivos egipcios ni en el subsuelo palestino. David, sucesor del primer rey, Saúl, probablemente existió entre 1010 y 970 a.C. Una única estela encontrada en el santuario de Tel Dan, en el norte de Palestina, menciona "la casa de David". Pero nada prueba que se haya tratado del conquistador que evocan las Escrituras, capaz de derrotar a Goliat. Es improbable que David haya sido capaz de conquistas militares a más de un día de marcha de Judá. La Jerusalén de entonces, escogida por el soberano como su capital, era un pequeño poblado, rodeado de aldeas poco habitadas. ¿Dónde el más carismático de los reyes hubiera podido reclutar los soldados y reunir el armamento necesarios para conquistar y conservar un imperio que se extendía desde el Mar Rojo, al Sur, hasta Siria, al Norte? Salomón, constructor del Templo y del palacio de Samaria, probablemente tampoco haya sido el personaje glorioso que nos legó la Biblia.

-¿Y de dónde salieron sus fabulosos establos para 400.000 caballos, cuyos vestigios sí se han encontrado?

-Fueron criaderos instalados en el Sur por el reino de Israel varios decenios más tarde. A la muerte de Salomón, alrededor del 933 a.C., las tribus del norte de Palestina se separaron del reino unificado de Judá y constituyeron el reino de Israel. Un reino que, contrariamente a lo que afirma la Biblia, se desarrolló rápido, económica y políticamente. Los textos sagrados nos describen las tribus del Norte como bandas de fracasados y pusilánimes, inclinados al pecado y a la idolatría. Sin embargo, la arqueología nos da buenas razones para creer que, de las dos entidades existentes, la meridional (Judá) fue siempre más pobre, menos poblada, más rústica y menos influyente. Hasta el día en que alcanzó una prosperidad espectacular. Esto se produjo después de la caída del reino nórdico de Israel, ocupado por el poderoso imperio asirio, que no sólo deportó hacia Babilonia a los israelitas, sino que además instaló a su propia gente en esas fértiles tierras.

-¿Fue, entonces, durante el reino de Josías en Judá cuando surgió la idea de ese texto que se transformaría en fundamento de nuestra civilización occidental y origen del monoteísmo?

-Hacia fines del siglo VII a.C. hubo en Judá un fermento espiritual sin precedente y una intensa agitación política. Una coalición heteróclita de funcionarios de la corte sería responsable de la confección de una saga épica compuesta por una colección de relatos históricos, recuerdos, leyendas, cuentos populares, anécdotas, predicciones y poemas antiguos. Esa obra maestra de la literatura -mitad composición original, mitad adaptación de versiones anteriores- pasó por ajustes y mejoras antes de servir de fundamento espiritual a los descendientes del pueblo de Judá y a innumerables comunidades en todo el mundo.

-El núcleo del Pentateuco fue concebido, entonces, quince siglos después de lo que creíamos. ¿Sólo por razones políticas? ¿Con el fin de unificar los dos reinos israelitas?

-El objetivo fue religioso. Los dirigentes de Jerusalén lanzaron un anatema contra la más mínima expresión de veneración de deidades extranjeras, acusadas de ser el origen de los infortunios que padecía el pueblo judío. Pusieron en marcha una campaña de purificación religiosa, ordenando la destrucción de los santuarios locales. A partir de ese momento, el templo que dominaba Jerusalén debía ser reconocido como único sitio de culto legítimo por el conjunto del pueblo de Israel. El monoteísmo moderno nació de esa innovación.


(*) Artículo original en http://www.lanacion.com.ar/775002

7 comentarios:

Guille, da maus dijo...

Segun ya tenìa entendido, los libros del Pentateuco no podian tomarse como material historiografico, pues como tradiciones que se "positivaron" apenas unos siglos antes de Xto, era muy remota la posibilidad que aludieran a hechos historicos verdaderos. Pero aunque remota, no podia descartarse esa pequeña posibilidad.
En todo caso no se puede afirmar tajantemente nada porque no solo es desconocida la verdadera historia de los pueblos semitas en esos tiempos, sino tambien buena parte de la egipcia.
Por eso declaraciones como la de este cientifico son poco serias y que aprovecha la tribuna privilegiada que tiene toda opinion de signo o tufillo "anti" en el mundo de los medios.

Abel dijo...

El científico no dice nada que ya no sea conocido. ¿Josías como compilador de la Ley? Es un consenso entre varios investigadores del lado católico, y en verdad yo lo creo así -quizá no en forma similar sino en el sentido que el Pentateuco acabó de diseñarse mucho tiempo después de lo que creen muchos creyentes, sobre todo del lado evangélico-. Podemos discutir la postura atea del arqueologo. ¿A eso te refieres con "Anti"?

Benjamín dijo...

He visto por encima tu blog y me he llevado una impresión un tanto humanista. Si algo he visto es que te interesa la biblia, no se con que fin. Permiteme la Pregunta, ¿Que le dijo Satanas a Eva respecto al fruto del conocimiento de lo bueno y lo malo?. Una de ellas es que no moririan y serian como Dios. Este personaje "Satana" tienes unos cuantos años de experiencia que dicho arqueologo, y dice el refran que mas sabe el diablo por viejo que por diablo. el esta intentando cuestionar la soberania universal de si Diós, Jehová, esquien nos ha de gobernar, o no. Lease el relato de Job capitulo 1. 2 corintios 4:4.

En cuanto a la veracidad de la biblia, voy hacer referencia a una publicacion de la Watch Tower:

La Biblia... ¿la Palabra de Dios, o palabra del hombre?


cap. 4 págs. 37-54
¿Es creíble el “Antiguo Testamento”?
Capítulo 4
¿Es creíble el “Antiguo Testamento”?
En este capítulo y otros próximos consideraremos acusaciones que dirigen contra la Biblia críticos modernos. Algunos afirman que la Biblia se contradice y es “anticientífica”, y eso lo consideraremos más adelante. Pero, primero, considere la acusación común de que la Biblia es solo una colección de mitos y leyendas. ¿Tienen base sólida para tal crítica los adversarios de la Biblia? Para empezar, examinemos las Escrituras Hebreas, el llamado Antiguo Testamento.
UNA ciudad antigua está bajo sitio. Los que la sitian han cruzado como un enjambre el río Jordán y ahora acampan enfrente de los altos muros de la ciudad. Pero ¡qué extrañas tácticas de combate! Durante los últimos seis días, cada día el ejército invasor ha marchado alrededor de la ciudad en silencio, excepto por unos sacerdotes acompañantes que tocan unos cuernos. Ahora, en el séptimo día, el ejército marcha siete veces, en silencio, alrededor de la ciudad. De repente los sacerdotes tocan los cuernos con todas sus fuerzas. El ejército rompe su silencio con un vigoroso grito de guerra, y los elevados muros de la ciudad se desploman, levantando una nube de polvo; la ciudad queda indefensa. (Josué 6:1-21.)
2 Así describe el libro de Josué, el sexto libro de las Escrituras Hebreas, la caída de Jericó que tuvo lugar hace casi 3.500 años. Pero ¿realmente sucedió eso? Muchos representantes de la alta crítica responderían, muy seguros de sí mismos, que no. Ellos afirman que el libro de Josué —lo mismo que los cinco libros anteriores de la Biblia— se compone de leyendas que fueron escritas muchos siglos después del tiempo en que supuestamente tuvieron lugar los sucesos. Muchos arqueólogos también contestarían que no. Según ellos, pudiera ser que Jericó ni siquiera existiera cuando los israelitas entraron en la tierra de Canaán.
3 Esas son acusaciones graves. A medida que uno lee la Biblia, nota que sus enseñanzas están enlazadas sólidamente con la historia. Los mandatos de Dios se dan a un pueblo histórico, y él trata con hombres, mujeres, familias y naciones de la vida real. Los eruditos modernos que ponen en duda la historicidad de la Biblia ponen en duda también la importancia y la veracidad de su mensaje. Si la Biblia es realmente la Palabra de Dios, entonces la historia que contiene debe ser digna de confianza y no tener simplemente leyendas y mitos. ¿Tienen dichos críticos razones para desafiar la veracidad histórica de la Biblia?
La alta crítica... ¿cuán confiable?
4 La alta crítica de la Biblia empezó con ahínco durante los siglos XVIII y XIX. En la mitad posterior del siglo XIX el crítico alemán de la Biblia llamado Julius Wellhausen popularizó la teoría de que los primeros seis libros de la Biblia, entre ellos Josué, se habían escrito en el siglo V a.E.C.... unos mil años después de los sucesos descritos en ellos. No obstante, admitió que parte de su contenido se había escrito antes1. Esta teoría se imprimió en la undécima edición de la Encyclopædia Britannica, publicada en 1911, que explicó: “Génesis es una obra de un tiempo posterior al exilio, compuesta de una fuente sacerdotal de ese tiempo (P) y fuentes anteriores no sacerdotales que difieren notablemente de P en lenguaje, estilo y punto de vista religioso”.
5 De toda la historia registrada en la parte inicial de las Escrituras Hebreas, Wellhausen y sus seguidores decían que “no [era] historia literal, sino tradiciones populares del pasado”2. Para ellos, los primeros relatos eran solo un reflejo de la historia posterior de Israel. Por ejemplo, decían que en realidad no hubo enemistad entre Jacob y Esaú, sino que aquello reflejó la enemistad que en tiempos posteriores hubo entre las naciones de Israel y Edom.
6 Así pues, aquellos críticos creían que a Moisés nunca se le mandó hacer el arca del pacto, y en su opinión nunca había existido el tabernáculo, que fue el centro de la adoración israelita en el desierto. También creían que la autoridad del sacerdocio aarónico se estableció de lleno unos cuantos años antes de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, lo que los críticos creían que había ocurrido a principios del siglo VI a.E.C.3.
7 ¿Qué “prueba” tenían para esas ideas? Los de la alta crítica alegan que pueden dividir el texto de los primeros libros de la Biblia en unos cuantos documentos diferentes. Uno de sus principios básicos es suponer que, por lo general, cualquier versículo bíblico que usa la palabra hebrea para Dios (’Elo‧hím) por sí sola provino de un escritor en particular, mientras que cualquier versículo que se refiera a Dios por su nombre, Jehová, tuvo que haberlo escrito otro... como si un solo escritor no pudiera haber usado ambos términos4.
8 El que un acontecimiento se haya registrado más de una vez en un libro se toma también como prueba de que hubo más de un escritor implicado, aunque en la literatura semítica antigua hay ejemplos semejantes de repetición. Además, se supone que cualquier cambio de estilo significa un cambio de escritor. Sin embargo, hasta los escritores de hoy día suelen emplear estilos diferentes en diversas etapas de sus carreras, o cuando tratan materia diferente.
9 ¿Hay prueba verdadera para esas teorías? De ninguna manera. Cierto comentarista señaló: “La crítica, hasta en su mejor expresión, es especulativa e implica tanteo, algo siempre susceptible a modificación o a ser refutado y reemplazado por otra idea. Es un ejercicio intelectual, sujeto a todas las dudas y suposiciones que son parte inseparable de tales ejercicios”5. Especialmente es “especulativa e implica tanteo”, en sumo grado, la alta crítica de la Biblia.
10 Gleason L. Archer, hijo, muestra otro fallo en el razonamiento de la alta crítica. Dice que la dificultad está en que “la escuela de Wellhausen empezó con la suposición pura (que difícilmente se han molestado en demostrar) de que la religión de Israel era solo de origen humano como cualquier otra, y que tenía que ser explicada como un simple producto de la evolución”6. En otras palabras, Wellhausen y sus seguidores comenzaron por suponer que la Biblia era solo palabra del hombre, y en eso basaron sus razonamientos.
11 Allá en 1909 la obra de consulta judía The Jewish Encyclopedia señaló otros dos puntos débiles de la teoría de Wellhausen: “Los argumentos por los cuales Wellhausen casi se ha ganado por completo a todo el cuerpo de críticos contemporáneos de la Biblia se fundan en dos suposiciones: en primer lugar, que el ritual se complica a medida que la religión se desarrolla; en segundo lugar, que las fuentes más antiguas necesariamente tratan las etapas más primitivas del desarrollo ritual. La primera suposición va contra la prueba procedente de culturas primitivas, y la última no tiene apoyo de la prueba que viene de códigos rituales como los de la India”.
12 ¿Hay alguna manera de someter a prueba la alta crítica para ver si sus teorías son correctas o no? The Jewish Encyclopedia pasó a decir: “Los puntos de vista de Wellhausen se basan casi exclusivamente en análisis literal, y tendrán que ser complementados por un examen desde el punto de vista de la arqueología institucional”. A medida que pasaron los años, ¿tendió la arqueología a confirmar las teorías de Wellhausen? The New Encyclopædia Britannica contesta: “La crítica arqueológica ha tendido a comprobar que los detalles históricos típicos de hasta los períodos más antiguos [de la historia bíblica] son confiables, y a desestimar la teoría de que los relatos del Pentateuco [los registros históricos de los primeros libros de la Biblia] son simplemente el reflejo de un período muy posterior”.
13 En vista del débil apoyo con que cuenta la alta crítica, ¿por qué es tan popular entre los intelectuales de hoy? Porque les dice lo que quieren oír. Cierto erudito del siglo XIX explicó: “Personalmente acogí mejor este libro de Wellhausen que casi todos los demás; pues me pareció que al fin el problema apremiante de la historia del Antiguo Testamento se había resuelto en conformidad con el principio de la evolución humana, que me veo obligado a aplicar a la historia de toda religión”7. Está claro que la alta crítica concordaba con sus prejuicios de evolucionista. Y en realidad ambas teorías tienen un propósito similar. Tal como si se acepta la evolución no hay que creer en la existencia de un Creador, así el aceptar la alta crítica de Wellhausen significa no tener que creer que la Biblia fue inspirada por Dios.
14 En este siglo XX de tendencia racionalista, el suponer que la Biblia no es palabra de Dios, sino del hombre, les parece plausible a los intelectuales. A ellos se les hace mucho más fácil creer que las profecías se escribieron después del tiempo de su cumplimiento que aceptarlas como genuinas. Prefieren explicar como mitos, leyendas o cuentos populares los relatos bíblicos de milagros, más bien que considerar la posibilidad de que realmente sucedieran. Pero ese punto de vista manifiesta prejuicio y no da razón sólida para rechazar la veracidad de la Biblia. La alta crítica tiene fallos serios, y su ataque contra la Biblia no ha podido demostrar que la Biblia no sea la Palabra de Dios.
¿Tiene apoyo arqueológico la Biblia?
15 Como campo de estudio la arqueología tiene un fundamento mucho más sólido que el de la alta crítica. De muchas maneras los arqueólogos que excavan entre los vestigios de civilizaciones pasadas han aumentado nuestro entendimiento de cómo era la vida en tiempos antiguos. Por eso no sorprende que muchas veces el registro arqueológico armonice con lo que leemos en la Biblia. A veces la arqueología hasta ha mostrado que la Biblia tiene razón y sus críticos no.
16 Por ejemplo, según el libro de Daniel, el último gobernante de Babilonia antes de su caída en manos de los persas se llamó Belsasar. (Daniel 5:1-30.) Puesto que fuera de la Biblia no había ninguna mención de Belsasar, se levantó la acusación de que la Biblia estaba equivocada y que aquel hombre nunca había existido. Pero durante el siglo XIX se descubrieron en unas ruinas del sur de Irak varios cilindros pequeños con inscripciones en grafía cuneiforme. Se halló que contenían una oración por la salud del hijo mayor de Nabonido, el rey de Babilonia. ¿Cómo se llamaba este hijo? Belsasar.
17 ¡Así que había existido un Belsasar! Pero ¿era rey cuando Babilonia cayó? La mayoría de los documentos que se hallaron más tarde lo llamaban el hijo del rey, el príncipe heredero. Pero un documento cuneiforme descrito como el “Relato en versículos de Nabonido” arrojó más luz sobre la verdadera posición que ocupaba Belsasar. Informó: “Él [Nabonido] confió el ‘Campamento’ a su (hijo) mayor, el primogénito, ordenó que estuvieran bajo su (mando) las tropas de todas partes del país. Lo cedió (todo), confió el reinado a él”8. De modo que a Belsasar se le encargó el reinado. ¡Para todos los fines, eso de seguro lo hacía rey! Esta relación entre Belsasar y su padre, Nabonido, explica por qué, durante aquel último banquete en Babilonia, Belsasar dijo que haría a Daniel el tercer gobernante del reino. (Daniel 5:16.) Puesto que Nabonido era el primer gobernante, Belsasar mismo era solo el segundo gobernante de Babilonia.
Otras pruebas en apoyo
18 Sí, muchos descubrimientos arqueológicos han demostrado la exactitud histórica de la Biblia. Por ejemplo, la Biblia informa que después que el rey Salomón hubo recibido de David su padre el reinado, Israel disfrutó de gran prosperidad. Leemos: “Judá e Israel eran muchos, como los granos de arena que están junto al mar por su multitud, y comían y bebían y se regocijaban”. (1 Reyes 4:20.) En apoyo de esta declaración, leemos: “La evidencia arqueológica revela que hubo una explosión demográfica en Judá durante el siglo X a. de J.C. y después, cuando la paz y prosperidad que trajo David hizo posible la edificación de muchos pueblos nuevos”10.
19 Algún tiempo después, de una sola nación se desarrollaron dos —Israel y Judá—, e Israel conquistó el vecino país de Moab. En la ocasión de una rebelión de Moab bajo el rey Mesá, Israel formó una alianza con Judá y el vecino reino de Edom para guerrear contra Moab. (2 Reyes 3:4-27.) Un hecho extraordinario es que en 1868, en Jordania, se descubrió una estela (una losa con inscripciones) que contenía en lenguaje moabita el propio relato de Mesá sobre aquel conflicto.
20 Después, en 740 a.E.C., Dios permitió que el rebelde reino norteño, Israel, fuera destruido por los asirios. (2 Reyes 17:6-18.) Sobre el relato bíblico de este suceso la arqueóloga Kathleen Kenyon dice: “Pudiera sospecharse que parte de esto es hipérbole”. Pero ¿es así? Ella añade: “La evidencia arqueológica de la caída del reino de Israel es casi más gráfica que la del registro bíblico. [...] El arrasamiento completo de los pueblos israelitas de Samaria y Hazor y la acompañante destrucción de Meguidó es la prueba arqueológica real de que el escritor [bíblico] no exageró”11.
21 La Biblia nos dice que, más tarde todavía, los babilonios sitiaron Jerusalén, donde reinaba Joaquín, y la derrotaron. Hay un relato de este suceso en la Crónica de Babilonia, una tablilla con escritura cuneiforme descubierta por los arqueólogos. En esa crónica leemos: “El rey de Akkad [Babilonia] [...] puso sitio a la ciudad de Judá (iahudu) y el rey tomó la ciudad el segundo día del mes de Addaru”12. Joaquín fue llevado a Babilonia y puesto en prisión. Pero la Biblia indica que algún tiempo después lo pusieron en libertad y recibió una porción designada de alimento. (2 Reyes 24:8-15; 25:27-30.) Hasta esto tiene el apoyo de documentos administrativos hallados en Babilonia, que indican las raciones que se dieron a “Yaukín, rey de Judá”13.
22 Respecto a la relación entre la arqueología y los relatos históricos de la Biblia, el profesor David Noel Freedman observó: “Sin embargo, en general la arqueología ha tendido a apoyar la validez histórica de la narración bíblica. El amplio esquema cronológico desde los patriarcas hasta los tiempos del N[uevo] T[estamento] está en correlación con los datos arqueológicos. [...] Descubrimientos futuros probablemente sostengan la actual postura moderada de que la tradición bíblica tiene raíces históricas y ha sido transmitida fielmente, aunque no sea historia en el sentido crítico o científico”.
23 Entonces, respecto a los esfuerzos de los representantes de la alta crítica por restar crédito a la Biblia, dice: “Las reconstrucciones de la historia bíblica que han intentado efectuar eruditos modernos —por ejemplo, el punto de vista de Wellhausen de que la edad patriarcal era un reflejo de la monarquía dividida; o el rechazamiento de la historicidad de Moisés y del éxodo y la consiguiente reorganización de la historia israelita por Noth y sus seguidores— no han sobrevivido a los hechos arqueológicos con tan buen éxito como la narración bíblica”14.
La caída de Jericó
24 ¿Significa esto que la arqueología concuerda con la Biblia en todo caso? No; hay desacuerdos. Uno de ellos es el de la dramática conquista de Jericó que describimos al principio de este capítulo. Según la Biblia, Jericó fue la primera ciudad que Josué conquistó cuando introdujo a los israelitas en la tierra de Canaán. La cronología bíblica indica que la ciudad cayó en la primera mitad del siglo XV a.E.C. Después de la conquista, Jericó fue quemada completamente y luego quedó deshabitada por centenares de años. (Josué 6:1-26; 1 Reyes 16:34.)
25 Antes de la II Guerra Mundial, el profesor John Garstang excavó donde se creía que había estado Jericó. Descubrió que la ciudad de aquel lugar era muy antigua y que había sido destruida y reedificada muchas veces. Garstang halló que durante una de aquellas destrucciones los muros habían caído como por un terremoto, y la ciudad había sido quemada completamente. Garstang supuso que esto había ocurrido alrededor de 1400 a.E.C., una fecha que no dista mucho de la fecha bíblica para la destrucción de Jericó por Josué15.
26 Después de la guerra, la arqueóloga Kathleen Kenyon hizo otras excavaciones en Jericó. Llegó a la conclusión de que los muros desplomados que Garstang había identificado eran centenares de años más antiguos de lo que él creía. Sí identificó una destrucción grande de Jericó en el siglo XVI a.E.C., pero dijo que no había ninguna ciudad en la ubicación de Jericó durante el siglo XV... cuando la Biblia dice que Josué había invadido el país. Pasó a informar posibles indicaciones de otra destrucción que pudiera haber sucedido en aquel lugar en 1325 a.E.C. y propuso: “Si la destrucción de Jericó se ha de relacionar con una invasión bajo Josué, la fecha que la arqueología propone es esta [última]”16.
27 ¿Significa esto que la Biblia esté equivocada? De ninguna manera. Tenemos que recordar que aunque la arqueología abre ante nosotros una ventana al pasado, el cristal de esa ventana no siempre permite ver con claridad. A veces es indudablemente opaco. Como señaló un comentador: “Desafortunadamente, la prueba arqueológica es fragmentaria, y por lo tanto limitada”17. Esto es especialmente cierto de los primeros períodos de la historia israelita, pues la prueba arqueológica de esos tiempos no es clara. De hecho, la prueba es hasta menos clara en Jericó, ya que ese lugar ha sido muy afectado por la erosión.
Las limitaciones de la arqueología
28 Los arqueólogos mismos reconocen que su ciencia tiene limitaciones. Por ejemplo, Yohanan Aharoni explica: “En lo que se refiere a interpretación histórica o histórico-geográfica, el arqueólogo sale del ámbito de las ciencias exactas y tiene que confiar en apreciaciones e hipótesis para llegar a un cuadro histórico amplio”18. En cuanto a las fechas asignadas a diversos descubrimientos, añade: “Siempre debemos recordar, por lo tanto, que no todas las fechas son absolutas, y que son sospechosas en diversos grados”, aunque cree que los arqueólogos de hoy día pueden confiar más en las fechas que asignan que los arqueólogos del pasado19.
29 The World of the Old Testament (El mundo del Antiguo Testamento) hace la pregunta: “¿Cuán objetivo o verdaderamente científico es el método arqueológico?”. Contesta: “Los arqueólogos son más objetivos cuando desentierran los hechos que cuando los interpretan. Pero sus presuposiciones humanas afectan también los métodos que usan al excavar. No pueden evitar la destrucción de sus pruebas mientras excavan en las capas de la tierra, y por eso nunca pueden someter a prueba su ‘experimento’ repitiéndolo. Esto hace que la arqueología sea singular entre las ciencias. Además, hace que el informar sobre asuntos arqueológicos exija mucho cuidado y esté lleno de escollos”20.
30 Se ve, pues, que la arqueología puede ser muy útil, pero que también es falible, como cualquier esfuerzo humano. Aunque consideramos con interés las teorías arqueológicas, nunca debemos verlas como verdad indiscutible. Si los arqueólogos interpretan sus hallazgos de modo que parezcan contradecir la Biblia, no se debe suponer automáticamente que la Biblia esté equivocada y que los arqueólogos tengan razón. Se ha sabido que las interpretaciones arqueológicas han cambiado.
31 Es interesante que en 1981 el profesor John J. Bimson reexaminó la destrucción de Jericó. Estudió cuidadosamente la destrucción por fuego de Jericó que, según Kathleen Kenyon, ocurrió a mediados del siglo XVI a.E.C. Según él, aquella destrucción no solo armonizaba con el relato bíblico de Josué sobre la destrucción de la ciudad; el cuadro arqueológico de Canaán en conjunto también encajaba perfectamente con la descripción bíblica de Canaán cuando los israelitas la invadieron. Por consiguiente, sugiere que la fecha arqueológica que se ha dado está equivocada, y propone que dicha destrucción realmente tuvo lugar a mediados del siglo XV a.E.C., durante la vida de Josué21.
La Biblia es historia genuina
32 Esto ilustra que muchas veces los arqueólogos difieren entre sí. Por eso, no sorprende que algunos no concuerden con la Biblia, pero otros sí. No obstante, entre los eruditos crece el respeto a la historicidad de la Biblia en general, si es que no en todo detalle. William Foxwell Albright representó la opinión de un grupo cuando escribió: “Generalmente se ha regresado a un aprecio de la exactitud de la historia religiosa de Israel, tanto en general como respecto a detalles de los hechos. [...] En resumen, de nuevo podemos ver que desde el principio hasta el fin la Biblia es un documento auténtico de historia religiosa”22.
33 En realidad la Biblia muestra en sí misma que es historia exacta. Los sucesos se enlazan con tiempos y fechas específicos, a diferencia de los sucesos de la mayoría de los mitos y leyendas antiguos. Muchos sucesos bíblicos tienen el apoyo de inscripciones que datan de los tiempos correspondientes. Cuando hay una diferencia entre la Biblia y alguna inscripción antigua, la discrepancia frecuentemente se puede atribuir a la aversión de los gobernantes de la antigüedad a llevar registro de sus propias derrotas, y a su deseo de exagerar sus éxitos.
34 En efecto, muchas de aquellas inscripciones antiguas tienen menos de historia que de propaganda oficial. En contraste, los escritores de la Biblia despliegan una franqueza excepcional. Se revela a personas prominentes de la antigüedad —como a Moisés y Aarón— con todas sus debilidades y virtudes. Hasta las flaquezas del gran rey David se revelan honradamente. Las faltas de la nación en conjunto se exponen vez tras vez. La franqueza que así se manifiesta sostiene la veracidad y fiabilidad de las Escrituras Hebreas y da peso a estas palabras de Jesús al orar a Dios: “Tu palabra es la verdad”. (Juan 17:17.)
35 Albright pasó a decir: “De todos modos, por su contenido la Biblia se eleva por encima de toda literatura religiosa anterior; y del mismo impresionante modo se eleva sobre toda literatura posterior por la sencillez directa de su mensaje y la universalidad de su atractivo para hombres de todos los países y épocas”23. Es este ‘mensaje elevado’, más bien que el testimonio de eruditos, lo que demuestra la inspiración de la Biblia, como veremos en capítulos posteriores. Pero señalemos aquí que los pensadores racionalistas modernos no han podido probar que las Escrituras Hebreas no sean historia verdadera, mientras que estos escritos mismos dan toda prueba de ser exactos. ¿Puede decirse lo mismo de las Escrituras Griegas Cristianas, el “Nuevo Testamento”? Eso lo consideraremos en el capítulo siguiente.
[Notas]
“Alta crítica” (o “el método histórico-crítico”) es una expresión que se usa para describir el estudio de la Biblia con el fin de averiguar detalles como quién escribió cada libro, de qué fuente vino la información y cuándo fue compuesto.
Por ejemplo, el poeta inglés John Milton escribió su elevado poema épico “Paraíso perdido” en un estilo muy diferente del que usó en su poema “L’Allegro”. Y el estilo de sus tratados políticos difirió del de estos dos poemas.
Hoy día la mayoría de los intelectuales tienden a ser racionalistas. Según el diccionario, el racionalismo es un “sistema filosófico, que funda sobre la sola razón las creencias religiosas”. Los racionalistas tratan de explicarlo todo en términos humanos más bien que tomar en cuenta la posibilidad de que Dios haya intervenido.
Es interesante que por la estatua de un gobernante antiguo hallada en el norte de Siria en los años setenta quedó claro que no era desconocido el que se llamara rey a un gobernante cuando en realidad tenía un título de menos categoría. La estatua era de un gobernante de Gozán y estaba inscrita en asirio y arameo. La inscripción asiria llamaba a aquel hombre gobernador de Gozán, pero la inscripción aramea paralela lo llamaba rey9. Por eso, no carecería de precedente el que en las inscripciones babilónicas oficiales se llamara príncipe heredero a Belsasar, mientras que en lo que Daniel escribió en arameo se le llamara rey.
[Comentario de la página 53]
A diferencia de las historias seglares antiguas, la Biblia contiene un registro franco de las flaquezas humanas de personajes respetados, como Moisés y David
[Recuadro de la página 44]
El valor de la arqueología
“La arqueología provee una muestra de instrumentos y vasijas, muros y edificios, armas y adornos de la antigüedad. La mayoría de estos pueden disponerse cronológicamente e identificarse de modo seguro con términos y contextos apropiados de la Biblia. En este sentido la Biblia ha conservado con exactitud por escrito su ambiente antiguo. Los detalles de las historias bíblicas no son fantasías de la imaginación de un escritor, sino reflejos auténticos del mundo donde se desarrollaron los sucesos que se relatan, tanto los seglares como los milagrosos.”—The Archaeological Encyclopedia of the Holy Land.
[Recuadro de la página 50]
Las limitaciones de la arqueología
“La arqueología ni prueba ni refuta la Biblia en términos concluyentes; más bien, tiene otras funciones, de considerable importancia. En cierto grado recobra el mundo material que se da por supuesto en la Biblia. Por ejemplo, el saber de qué material se construyó una casa, o la apariencia de un ‘lugar alto’, hace que comprendamos mucho mejor el texto. En segundo lugar, rellena el registro histórico. Por ejemplo, la Estela Moabita da el otro lado de la historia de 2 Reyes 3:4 y versículos siguientes [...] En tercer lugar, revela la vida y el pensar de los vecinos del Israel de la antigüedad... lo que en sí mismo es interesante e ilumina el mundo de ideas en el cual se desarrolló el pensamiento del Israel antiguo.”—Ebla—A Revelation in Archaeology (Ebla... una revelación arqueológica).
[Fotografía de la página 41]
Milton escribió en diferentes estilos, no en uno solo. ¿Creen los de la alta crítica que la obra de Milton sea de diferentes escritores?
[Fotografía de la página 45]
El “Relato en versículos de Nabonido” informa que Nabonido confió el reinado a su primogénito
[Fotografía de la página 46]
La Estela Moabita da la versión del rey Mesá del conflicto entre Moab e Israel
[Ilustración de las páginas 46 y 47]
Registros babilónicos oficiales apoyan el relato bíblico de la caída de Jerusalén

Benjamín dijo...

Por cierto la publicación que mencione antes es de http://www.watchtower.org/s/publications/index.htm

Abel García García dijo...

Eso es lo que piensa la Watchtower. ¿Y qué piensas tú????

Benjamín dijo...

Yo me remito a los echos y referencias seglares que se refieren a las pruebas arqueologicas. Ahora si quieres un punto subjetivo en cuanto a cual es mi punto de vista pienso que la bliblia siempre a sido un mapa de la arqueologia, tome se como ejemplo la ubicacion de Ur de Ninibe ..., asi como tb nos enseñan en el cole a ver por ejemplo la veracidad del Mio Cid por la cita de lugares, fechas y nombre de presonajes historicos, la biblia tambien gana en veracidad pues tomese en cuenta a modo de ejemplo el libro de Daniel, asi como otros.

Esto es lo que yo pinso:
"toda casa es construida por alguien, pero el que ha construido todas las cosas es Dios"

Anónimo dijo...

La biblia no es histórica. Israel Filkenstein no es ateo, es judio. Porqué le es tan dificil a mucha gente entender que la biblia es un libro viejo que no contiene ninguna profecía ?(todas fueron escritas después de los ocurridos los hechos). Por ahí alguien dice que no es conocida la historia de los pueblos semitas, ni siquiera de los egipcios, eso no es cierto. Es un período que se conoce perfectamente bien, muchísimo mejor que muchos otros.Vamos a ver, para los que no hayan leído es libro les comento alguna cosas de él. Los antiguos Israelitas NO eran llegados de ningún sitio, eran Cananeos aborígenes.No conquistaron nada.No existió ninguna monarquía unificada.Ni las 12 tribus de Israel. Nada de gloriosos imperios por parte de David ni Salomón a lo más un pequeño cacicazgo en las serranias. Los antiguos hebreos no tienen nada que ver con los antiguos Israelitas, no son el mismo pueblo. Nunca fueron esclavos en Egipto. No existió el éxodo, bueno, un largo etc. El libro es excelente! y viene a confirmar los escritos de otros arqueólogos como Ze'ev Herzog (por mencionar sólo a uno). El concenso general a la fecha es que Filkenstein tiene razón. Inclusohay rabinos (ortodoxos) que ante el embate de la HISTORIA y la ARQUEOLOGIA han editado una nueva Tora, con comentarios sobre los hallazgos y aceptando la realidad. Bien por los rabinos! Ya es hora de que todos pongamos a descansar a la mitología de una vez por todas.Mitología, que de otro lado, todos los pueblos han tenido. Porqué Israel no? Porqué tendría que ser diferente?