domingo, 5 de junio de 2005

BREVÍSIMA INTRODUCCIÓN DE LA ECONOMÍA A LA TEOLOGÍA (*)

La economía es una ciencia fascinante, definitivamente la reina de las ciencias sociales a pesar de que busca convertirse, si no en exacta, por lo menos en una ciencia de la aproximación debido a su cada vez más profuso uso de los métodos estadísticos sofisticados. Los manuales básicos de economía (Paul Samuelson, Gregory Mankiw, Michael Parkin y otros) circunscriben su campo de estudio en la relación intrínseca entre producción, distribución y consumo de los bienes destinados a la satisfacción de necesidades y es justamente en este punto capital, en la base de todo el razonamiento económico, en el que la teología y la economía se relacionan. Dios nos creó como seres finitos, de necesidades que deben ser satisfechas en todos sus aspectos –inclusive antes de la caída- y pone las bases de la actividad económica cuando anuncia las consecuencias no imaginadas por Adán y Eva luego de la entrada del pecado en la creación material.

Pero hay más. Dios, aunque no coloca a la economía como centro de la vida del pueblo de Israel al decretar su Ley, la toma en cuenta. En palabras de Jung Mo Sung, teólogo laico brasilero, está interesado en que la satisfacción de necesidades por parte del hombre se haga respetando la dignidad humana: “Nuestro Dios se revela como el Autor de la vida humana y los que creemos en este Dios de la Vida, tenemos que defender la dignidad de este don en nombre de nuestra fe”. Se ve esto en la ley del Diezmo, en el año de Jubileo (donde todo se redistribuye y se restaura a su estado original) y hasta en normas aparentemente superfluas como aquella de “no pondrás bozal al buey que trilla”, eminentemente agrícola. Es claro que a Dios le interesa la economía, por eso, parte de nuestra reflexión sobre la divinidad se enfoca esos términos, y mucho más en tiempos en donde el rico es cada vez más rico así como el pobre es cada vez más pobre, ahondándose la desigualdad y tendiendo el mundo a un triste horizonte de exclusión – no exclusión. ¿Cuál es la respuesta teológica al modo en que los seres humanos desarrollan sus actividades económicas? Más aún, ¿Cuál es la respuesta cristiana? ¿Qué tiene que decir Dios, por ejemplo, a la lógica del libre mercado, paradigma absoluto del pensamiento económico contemporáneo al igual que su parangón, la democracia, desde el punto de vista político?
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(*) Una reflexión preliminar con la intención de ser ampliada. Algunas ideas se extraen de "Neoliberalismo y Mercado" de Lino Dolan (http://peru.op.org/dolan/neolib.html)

1 comentario:

Aniuxa dijo...

Es increíble como deshumaniza todo. Creo que al final, dios es algo humano. Es algo que nos hace o nos debe hacer mejores. Una religión que en lugar de hacer las cosas más justas , las justifique no creo que sea humana y por tanto, la divinidad es humana. Tu reflexión me acuerda a la teología de la liberación y a la frase de Helder Cámara "Si doy comida a los pobres, ellos me llaman santo.
Si pregunto por qué los pobres no tienen comida, me llaman comunista".

Saludos desde El Salvador.